viernes, 28 de julio de 2017

MI TIA ROSARIO IV ANI VERSARIO

DIMOS CRISTIANA SEPULTURA A MI QUERIDA TÍA ROSARITO LA CORDOBESA
 


Córdoba la llana, Córdoba lejana y sola, vergel del señorío, amo a la ciudad más bella de España, la sultana, vino de Montilla... deme vuesa merced un medio, camarero. Y fue el tabernero y me puso casi un tanque de dos cuartillos que calmó las tristezas de mi llanto. Córdoba perla de Andalucía fue siempre generosa; hoy dimos tierra en un hermoso, aseado y limpio cementerio entre cipreses, algarrobos eucarísticos, bien alineados los nichos y algunos hasta con sombrilla, a mi tía Rosarito la Cordobesa, hoy 10 de julio, falleció, habiendo vivido 89 años y ocho meses. En esta ardorosa mañana de verano hasta las campanas de la Mezquita lloraban. Junto a su esposo Manahén fallecido el 4 de septiembre de 1965 en el mismo niño la inhumaron. Asistimos a la exhumación de los restos de mi tío- hermano de mi padre, y Rosario hermana de mi madre- y no encontramos más que algo del charol del tricornio pues era un digno hijo del Duque de Ahumada y quiso bajar a la tierra con su uniforme, parte de las botas y una fíbula del correaje. Lo restante sólo polvo. Me acordé del salmo de Ezequiel "no permitas, Adonai, la dispersión de mis huesos" (et ossa mea non conteretur) pero también me acordé de que Manahén participó de la muerte y calvario de Jesús en la cruz de la leucemia y a Nuestro Señor los soldados romanos no quisieron quebrarle las piernas (cruciferagio) y a Manahén le quedó el charol de su tricornio. Participó de la misma muerte de Xto. ¿Participará de su resurrección? ¿Participaremos todos? Esa es mi esperanza. Canté el impresionante Kadish o responso con que ha despedido la Iglesia todos los duelos... requiem aeternam. Me salió de lo más profundo de mi ser. Vita mutatur non tollitur, cantaba el viejo prefacio de las misas de difuntos. Morir es cambiar de dimensión, el acceso a otro campo porque la vida no es arrebata, es eterna como el mundo, viejo postulado de la teología judía, y volvimos a casa desolados embargados por una serena tristeza que se conjugaba con una inexplicable alegría fraterna de ágape. Mi tía Rosario tuvo una muerte santa. ¿Muerte donde está tu victoria? ¿Muerte dónde está tu aguijón? grité con San Pablo. No me gusta la palabra muerte. Prefiero decir tránsito

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