2026-10-04

ON THE DEATH OF MY BELOVED BROTHER IN LAW ROGER HUGH

 MY TRIBUTE TO ROGER HUGH

A seagull crosses

Through the air

Flying with my thoughts

To the Devon sea

And I tried to signal you from the cliff

At Artedo

No one answered

The echo of my voice was lost in the ocean

Today I feel your death as that of a brother

I always admired your elegance

And your kindness beneath an irreverent air

You didn't care that I was a foreigner

I am certain

That you flew to heaven

With that seagull that came flying

All the way to Cudillero

Suzanne was the love

Of my life

But I was nothing more than a bohemian

In my heart, Roger,

There is a cherub weeping for your death

Singing at your funeral with a honeyed voice

Will we meet again in the afterlife?






















0tra maravillosa misa pontifical en rito eslavo en Lubin. la bestia qyiere destruir a la santa iglesia mas no lo conseguirá la guerra ucrania orquestada por zelenski y sus comparsas en ub intento

 https://youtu.be/bjPen7fDSsY?si=NqI9hrEUmdRb4n9f


El 8 de noviembre de 2025, se celebraron ceremonias parroquiales en honor al santo patrón en la iglesia ortodoxa de San Demetrio de Sołuki en Buczyn. Los fieles se congregaron en gran número para orar juntos y celebrar este día tan especial del calendario litúrgico.

 


MILAGROSOS ATISBOS PROFÉTICOS DE MI LIBRO SOBRE TERESA DE LISIEUX

 

Fue mi primer libro, editado en una editorial de cuyo nombre no quiero acordarme una verdadera estafa. Tuve que poner el dinero. El trabajo y editarlo por mi cuenta en aquellos albores de la cibernética. Le pagué 2000€ a un tipo que para mayor sorna me dijo el día de San Miguel que era muy malo. 

No tuve corrector de pruebas y sólo a fuerza de codos salió adelante. 

Empezaban a cumplirse los augurios de aquella visión que tuve en Londres cuando vi flotando sobre las aguas negras del Támesis a una monja vestida toda de blanco que sabía secretos de mi vida. profetizaba mi futuro, y me decía, llamándome por mi nombre:

▬Antonio, Antonio, no lo hagas. Tú eres un poeta. Escribirás maravillas sobre mí

Me había subido al pretil del malecón con la idea de tirarme al agua y suicidarme.

En las navidades de 1986 me desplacé a Inglaterra para ver a la hija de mi primer matrimonio. Mi ex no quiso recibirme, mis pobres suegros tampoco me abrieron la puerta. Asumí este dolor por mis pecados. 

Me robaron el dinero y una cámara fotográfica. Sin embargo, el billete de avión de Iberia que coloqué en una faltriquera cosida a la camisa que me hizo mi madre no lo tocaron. Anduve millas y millas por el condado de Essex, me salieron ampollas en los pies. A pie marché finalmente hasta el aeropuerto de Harrows. 

La voz y el semblante de Teresita me consoló en aquella noche sin consuelos.

 Somos carne de dolor. Supe cuál sería mi destino: escribir y hacer correr mi pluma hasta el infinito. "La Historia de un alma" que leí, ávido a mi regreso a mí Madrid, fue el primer peldaño de la escalera como escritor que empecé a escribir emborronando páginas y páginas. 

Mi libro "Lloviendo rosas" no tuvo éxito" porque no era un panegírico ni la vida de un santo de estilo amanerado. Era toda una crítica al catolicismo. León XIII se negó a recibir en audiencia a Teresita cuando fue a ver al pontífice en una peregrinación de Alensón. 

Dije que la iglesia esotérica, la mundana, la que camina con pies de plomo bien firmes en el suelo y combaya con el mundo, no tiene que ver con la exotérica, la mística, la que está trascendida e iluminada por la luz del Espíritu Santo.

 Supe que se avecinaban tiempos de persecución para mí: en el trabajo, entre los vecinos, en la vida conyugal. Muy duros han sido estos tiempos de oclocracia en España. Nos zarandean, pero no nos dejaron caer. 

Y tengo para mí que esta labor salvífica se la debo a esta dulce monja francesa cuyo retrato preside mis actividades literarias en mi hura, este chiscón húmedo al cual visitan a veces las ratas, esta dulce celda cuyos barrotes me impiden ver la luz cenital. 

Soy un trainera, un bogavante, un galeoto, un forzado del espíritu amarrado al duro banco de mi mi galera; ángeles y demonios me acompañan. Son parte de la chusma. 

Lo mío es bogar y bogar. Escribir y escribir. No aparto el remo de mi mano ni dejo caer la pluma. Ella me salvó. Trazó el destino mío. 

Escalera espiritual, infancia espiritual. 

Si no os hicierais como niños no entraríais en el reino de los cielos, un consejo desatinado para los tiempos en que vivimos, pero ,al luchar contra el más fuerte, nuestra debilidad cobra bríos.

 Aguantamos desaires, insultos, condenas al ostracismo, y la soledad dentro de la multitud, de este guirigay de noticias que nos inunda. Un exilio interior.

 Teresita de Jesús es una de las mayores santas de la cristiandad. 

Vivió sólo 23 años precisamente para contradecir a la Bestia que pide larga vida y camino de flores sin abrojos. Ella eligió la puerta estrecha.

 Por sus cartas supimos que en el Reino de los Cielos se entra de costadillo. 

Gracias, gracias una vez más, gloriosa patrona de la gente sin rumbo, de los escritores afligidos, incomprendidos y perseguidos, pues ella dijo; pasaré mi cielo en la tierra, haciendo bien a la humanidad. 

Entonces llovieron rosas y siguen lloviendo constantemente. Amen.

 

domingo, 04 de octubre de 2026

 

 


TERESITA DE LISIEUX SANTA PROTECTORA DE LA CRISTIANDAD

 

 EL ENIGMA DE LA PEQUEÑA FLOR

Antonio Parra

Encontré entre los talegos de una vieja mochila de mi hija menor algo que me impresionó: un rosario carmelitano de cuentas de madera con una estampa de la “Pequeña Flor” que es como llaman los expertos en Mística a santa Teresa de Lisieux. Mi Cris había asistido en compañía de un grupo de jóvenes de Getafe a una de las clamosorsas visitas a España cuando el huracán Wojtyla arrasaba multitudes arrastrando tras sí a los jóvenes. Pasó el sembrador y la semilla no cayó en barbecho sino en tierra fértil. Sólo que quedó oculta en el fondo de un armario. Ahora su madre teme que nuestra Cris se nos vaya monja, pues, sí se nos va, bendito sea Dios.

Pese a todo, esta generación, muy a diferencia de cómo éramos nosotros, que nacimos aferrados a las cuentas del Santo Rosario y el avemaría a flor de labios, no está muiy acostumbrada a rezarlo. Hubimos de enseñarla a pasar los dieces. Sin embargo, los jóvenes no acaban de acostumbrarse. Han venido al mundo con el ratón de un ordenador entre los dedos y esta plegaria hesicástica que siempre anduvo en la boca de sus abuelas y  cuyo orígen se remonta a la oscuridad de los tiempos no la acaban de entender.

No importa. Eso es lo de menos. Lo de más, el símbolo. En este hallazgo al que asistí emocionado he encontrado yo una manifestación del Espíritu que sopla por donde quiere y cuando quiere. Su aliento está detrás de nosotros aunque no lo percibamos. Bien por Teresita. Su vida y su obra que creo conocer bastante bien puesto que dediqué muchas horas al estudio de “Historia de un alma” y cuya biografía publiqué  en Lloviendo rosas,[1] un texto en el cual no narro la vida heroica de esta santa francesa sino también en parte de la mía y los favores que le debo a su intercensión milagrosa, es un espejo en el que se mirarán las futuras generaciones y nos enviaba una señal sobre el triunfo definitivo del amor que vencerá a la cólera y al deseo de venganza y de reivindicación. Gracias a ella estoy vivo, no me arrojé a las aguas negras del Támesis, ni he quemado las filacterias en los momentos críticos de la persecución que padecí en los años ansarinos.

Teresita pasó los veinticuatro años de su existencia en un lóbrego y húmedo carmelo normando escribiendole al dulce Jesús cartas de amor, nos enseñó el camino de la renuncia y del abandonó en manos del Esposo. Su teoría sobre la infancia espíritual, basada en la recomendación evangélica si no os hiciéreis como niños no entraréis en el Reino, utilizada como vademecum para escalar la áspera cuesta de la perfección, confunde y sorprende a los doctores. Los criterios mundanos  piden vida larga y aconsejan el brillo en los salones, la nombradía, los dineros, el lujo, el poder, el fervor de las masas, la salud, la belleza, todo lo que sea de buen tono y  la corrección política. Cristo marca a esa partitutura otro tono; se rebeló contra los pontífices. Era el hijo de Dios, pero proclamaba un mensaje impolítico que Roma no acababa de entender y que enfurecía al Sanedrín. Herodes mandó taparle la boca y le impuso la túnica de loco. Ese manto púrpura de ignominia lo he ceñido yo sobre mis lomos. También lo portó Teresita sometida a una maestra de novicias, sor Genoveva, un revirago de gestos hombrunos quien la martirizó todo lo que quiso al parecer por no querer acceder a sus inclinaciones bolleras. Y lo llevó san Francisco que se quedó ciego en Jerusalén y los caterinatti de santa Catalina, esa loca que denunció la corrupción de la corte pontificia en Aviñón. Es la locura de los yurodivi rusos que iban por la estepa anunciando la buena nueva y con solo el Evangelio de san Juan en la escarcela.

Pero con tales armas venció Cristo a la bestia desdeñando lo que el mundo más ansía y llevandole la contraria al diablo en su ambición desordenada. Teresita lo mismo que Francisco de Asís, Bernardo de Claraval, Juan Bosco o el gran vasco y maestro nuestro, Ignacio de Loyola, adalides de todas estas renuncias y campeones de la causa del Crucifijo, al predicarnos un amor que nada tiene que ver con el de los instintos inferiores, se sitúan en la otra ribera. Quieren llevarnos un poco la contraria. De qué os aprovecha ganar el mundo si perdéis el alma... El que busca su vida la perderá.

Ellos forman parte del alma y de la fuerza oculta y formidable de la Iglesia. Son esas legiones secretas por las que preguntaba Stalín, quien por cierto sólo fue capaz de estocar a la bestia hitleriana merced al apoyo que recibió del patriarca Sergio. No fueron los comisarios ni los trotskistas los que dieron sus vidas por ganar la libertad sino los “cristianos” (una palabra que quiere decir campesino y también ruso hasta las cachas) Son estas comunidades orantes, de monjes y de beguinas olvidadas quienes desde la oscuridad de una vida sin ningún relieve el antemural de la Iglesia de Cristo. De santa Teresita dijeron sus biógrafos que no hizo nada importante en esta vida. No la conoció ni el Tato. Únicamente por el descuido de una religiosa que estaba a punto de quemar sus escritos supimos algo de este tesoro. Hubiera pasado como con las obras de Kafka.  Que se hubieran perdido para siempre. Sólo que en este caso el albacea era el Divino Paráclito.  

 Resulta que mientras los vaticanologos y futurologos pasan lista y se entregan a especulaciones de todo género acerca de quién será el hombre que ocupe la Silla nº 265 de la cátedra del Pescador yo me he dado de bruces con ese rostro eternal y oculto, la verdadera faz de Cristo en la enigmática sonrisa de esta monjita francesa, campeona del  verdadero amor del que surge de la renuncia y del sacrificio, ante un siglo de odios y plagado de guerras y de desastres como la que ella conoció. Su retrato pendía en las alcobas familiares del testero de las camas como talismán protector y su estampa la llevaban al frente los soldados de las dos últimas guerras mundiales como el mejor detente bala. ¡Qué fuerza tuvo y sigue teniendo Teresita! Dijo al morir pasaré mi cielo en la tierra haciendo bien. Y esta promesa parece haberse cumplido. Un caso único de taumaturgia en la historia de la cristiandad y que avalan que la Iglesia de Roma es la verdadera.

 Pocas mujeres en tan corta vida consiguieron abarcar tanta plenitud. Ella lo despreció todo, hasta la vida larga y la salud –murió tuberculosa a los 24 años- y la autoestima, para conseguir el amor. La presencia de estos campeones de la fe en un siglo descreído avala y garantiza el futuro de la SRI en mitad de los avatares que aguardan. Son lo exotérico. Lo de adentro.

Lo esotérico, la cáscara, está en el Vaticano, uno de los principales centros de poder, y en consecuencia de intriga, en el mundo, lo que demuestra por una parte la consistencia y la fiabilidad del legado de la Resurrección y por otra las flaquezas de la carne en su ambición y devaneos de la política. ¿Por qué tuvo Teresa de Jesús, la verdadera inspiradora del alma de Lisieux – la Teresita pequeña hace una versión más moderna y adaptable a los tiempos de la “Teresona”- tantos dimes y diretes con el Nuncio y con sus confesores, hombres rapaces y dados al mando, muy pagados de sí mismos? Por esa dicotomía de la que hablo y cuyas enseñanzas se barruntan algo en  Las Moradas de la santa abulense.

En la víspera del Conclave todos son visiteos, especulaciones, ideas fuerza lanzadas en forma de globos sonda y de campañas propagandísticas de lo más recio y solapado pues el mundo vive expectante y con el corazón en vilo pendiente de la chimenea sobre el tejado de la Capilla Sixtina. ¿Fumata blanca para un papa negro?

Echemos un vistazo a la lista de papables. A mi juicio, los que salen con ventaja son el arzobispo de Paris Luztinger o el propio Raztinger, si la Iglesia quiere proseguir con la Teología del Holocausto en su acercamiento, casi sumisión a la Sinagoga. Pero puede optar por la segunda vía que sería un pòntífice del Tercer Mundo. Si no hay compromiso, Rouco se consolida como una candifatura al trono de Pedro. Pero lo más probable – es una experiencia que acumulamos de muchos años de amoroso escrutinio, lo que no quiere decir eulogía perpetua de la historia eclesiástica donde las cosas humanas andan muy entreveradas con las cosas de Dios- es que los cardenales electores despues de cantar el Veni Creator se salgan por peteneras y designen a un italiano. Al final de un conclave siempre meten mucho ruido los baldaquinos de las misericordias sinodales. Sólo uno quedará en su sitio. ¿Quién será?  Sobre sus hombros echarán el peso de una gran cruz. En cualquier caso contará con el respaldo firme del kerigma y el carisma de santos inmortales como Teresita. Todos sabemos que se avecinan tiempos duros para la Iglesia. De persecución incluso si les sale a los poderes ocultos un Papa respondón y que no se avenga facilmente a sus apetencias.

En vísperas de un nuevo Conclave (gracias, Señor, por haberme dejado en esta tierra para ser testigo del sexto que yo recuerde y que me he chupado ya) en el interregno que se conoce como Sede Vacante y el tiempo de ad eligendum Papam et ad petentam fidem creo que viene bien hacer estas reflexiones invocando el auxilio de la Pequeña Flor que nos inició en la aventura del amor sin límites a la Cruz de la Redención, que es la verdadera vida de la fe. Es lo único que no pasará. Todo lo demás son fárfaras. Es en el amor, signo divino y tan difícil de cumplir, pues nos ordena que amemos incluso a nuestros propios enemigos, es la cabeza de ventajas del Catolicismo sobre el resto de las religiones. Cristo no puede abajarse a parlamentar con Mahoma o con Moisés en pie de igualdad. Es superior. Pero sin duda este principio cuando sea invocado levantará ampollas, rasgaduras de vestiduras y cristofobia. Veo en el horizonte agitarse como cabecean al viento las espigas de trigo con fronda las palmas triunfantes del martirio. Mientras en una orilla de mi escritorio en el retrato enmarcado de Sta. Teresita observo una sonrisa. La Pequeña Flor está segura de que al final vamos a ganar.

17/04/05



[1] Lloviendo Rosas por Antonio Parra Galindo Ed. Opera Prima 1997. Madrid- guaflex, ilustraciones ,15x12cm, 3.75 euros más  gastos de envío contrareembols