2026-10-29

HOMENAJE A VERDAGUER EL GRAN VATE CATALÁN

 

Quin somni tingi tan dolç

Un dematí a punta d´alba

Ja fag mig segle, y o tinch

Tan present com si fos ara.

 

Somni qu´en brecol d´or

Un angelet me breçava:

Eren blavenchs els seis ulls

Sa cabellera era llarga,

Sa cara era un pom de flors

Que ab mis llavis jo rosaba

 

Perquè jo dormís a `pleren sus dits tenía una arpa

Plena de noves canços

Plena de velles tonades

Que rajavan a bell raig

Com del Canigó les aygues

Acabades les cançons

Me desvetlla una besada

 

Una mare era l´angelet

Aquel breç la seva falda

Y la arpa n´era eñ seu cor

Le cor que tant méstimava

 

Ay aquella arpa del cel

Pos després m´es trencada

Y aquelles canços

Rassonen dins la meva anima

Encara mon cor ne viu

Encara ma lira canta

Si les arroibo a oblidar

Seré un anucellet sin ales

 

Mes ay l´hermos angelet

Que breçantme les cantava

Tot breçantme en un breç d´or

Un demati a punta d´alba

Al volarsen capa al ce3l

¿per qué en la terra´m dexava?

 

 

2026-10-28

 

UNA CATASTROFE FERROVIARIA. CHOQUE DE TRENES CIEN MUERTOS. EN ESPAÑA TODOS LOS DÍAS DE FUNERAL

 

Había decidido dejar de escribir porque mis ideas a redropelo y mis pensamientos libres caen en barbecho. Voy contra corriente. 

Esto es una verdad a medias porque las visitas a este blog se han disparado casi en un 400%. 

Una vieja conseja castellana advierte que en tiempos de piojos no cambies de camisa. Las noticias de esta mañana al levantarme se me partía el corazón, cuando surgió la noticia de que en Urda al fin de los montes de Toledo, habían chocado dos trenes, uno de alta velocidad.

 Cerca de cien muertos y doscientos heridos en el descarrilamiento. Lo indignante es que el “Orangután del Pisuerga” no dimite, un maniluvio y echa la culpa al maquinista y a la torre de control. 

Oscar Puente es un ministro de transportes que se dedica a insultar y dice que la extrema derecha a la que piensa ajustar las cuentas en vez de a regir su departamento. 

Una de las gangas de este sistema que llaman demócrata pero que en verdad es un contubernio  es que se elige para los cargos de mayor responsabilidad a los ineptos, una ministra de transportes que es lo menos castrense que pasó por los cuartos de banderas, un ministro del Interior ex letrado que rezuma odio homofóbico en su departamento y nada se diga de Abalos el putero que dejó la cartera de Transportes convertida en un lupanar.

 El Sánchez sólo sabe gritar, amenazar y enriquecerse. Un caso tan grave como el que nos ocupa en Inglaterra, por ejemplo, cuna de las democracias, y a las dos horas hubiera caído todo un gobierno. 

Hoy, como muchos españoles, lloro sin consuelo esta tragedia. El desencanto y la desesperanza se adueñan de mis poros.

 

jueves, 29 de octubre de 2026

roma basó su imperio en su gran ejercito. Una descripción de cómo estaban organizadas las legiones.. No se extikende cómo se ha esparcido la aversión hebrea al latín

 

Antesignarios y lictores

 

Ojeo de vez en cuando los textos en latín en los que trabajé mi adolescencia. La guerra de las Galias es uno de mis favoritos. Julio Cesar me inspira la idea de que la vida es un perpetuo combate porque glosando a San Pablo vita militia est y Gallia divisa est in partes tres quarum una… etc.

Por mi mirada retrospectiva veo el tránsito de las legiones. Delante marchan los lictores enarbolando el lábaro. PSQR. Pueblo senado y ejército. Luego dando comparsa a los sagitarios o saeteros los antesignarios primera fuerza de choque, casi todos ellos esclavos o mercenarios; eran los primeros en sucumbir en la arremetida. La eterna y sufrida infantería (vélites, peditati) y luego las clades divididas en secciones o manípulos. A continuación, cornetas y tambores.

Los centuriones vigilan las escuadras flotando al aire los penachos de sus gáleas, las corazas labradas en cuero o en bronce en las que no faltaban amuletos e imágenes de deidades particulares, un blindaje contra el infortunio, pues muy supersticiosos eran los romanos pues el dardo que te ha de matar nunca avisa.

Cubrían las partes nobles y el vientre con un coselete hecho con túrdigas de camisa de boa o tiras de cuero macizo pero las piernas iban, como se aprecia hoy en lanceros escoceses, al aire para dar libertad a los pies alados que calzan las cáligas con correas.

Al cinto, la espada o gladium y en la mano la framea o lanza. Vienen mezclados con los funditores mallorquines (honderos mallorquines que con una pedrada mataban a un hombre y derribaban un caballo a la carrera, los triarios con sus venablos unos sobre la aljaba y otros llevan las tragula o dardos del tiro con arco. Si pertenecían a las filas de vanguardia, cabe los hastati, avanzaban con un harpagón o gancho que clavaban en las almenas y a partir de ahí se iniciaba la peligrosa escala del muro. Los primipilos o centuriones de la cohorte al frente de los triarios cubrían a estos hábiles trepadores las espaldas a la hora de encaramarse a la lucha cuerpo a cuerpo.  

En gran parte la fuerza de las clades o clases alineadas en formación de combate son hispanos de las tropas auxiliares a las que reforzaba las turmas o escuadrones de la caballería germánica. En último término vienen los pontoneros que arrean reatas de transporte máquinas de guerra como las torres de asalto o helipolis y al final los acemileros ( res asinaria) con la impedimenta. Víveres, pertrechos munición e indumenta a base de pieles de buey y las cocinas transportadas a lomos de elefante es lo que llevaban.

Al paso de las legiones se escuchaban gritos en todas las lenguas del mundo porque los romanos manumitían de la esclavitud a los soldados de los pueblos que conquistaban asimilándolos a su ejército.

Este vistoso desfile formaba parte del decursus o parada era una manifestación de fuerza a la vista de una ciudad o campo enemigo.

Caminaban las legiones acompañadas por los clangores del tambor (tympanum) y al son de las tubae (trompetas).

Cuando hay que tomar una ciudad fortificada las divisiones se organizan en testudos (escudos blindados) que les protegen la cabeza de los dardos defensivos y sobre todo de las derramas de aceite hirviendo, cuando el ariete empezaba a golpear las puertas de la ciudad sitiada. los équites o caballería cubren las alas y una multitud de fosores armados de pico y pala para excavar trincheras lo que llama Cesar ad fodiendos puteos. Y en caso extremo para sepultar a los nuestros. Son los cavadores sobre los que recae el peso estratégico del cerco a una fortaleza.

Fodere, cavar, joder. Esa es la raíz semántica de la palabra que los españoles pronunciamos cada dos por tres.

-Nos ha jodido…Mayo

Los curas de ahora creo que se han vuelto cerriles por resistir a celebrar la misa de San Pío V desobedeciendo las órdenes del papa reinante. Una pena también: que la gente no quiera saber nada del latín la lengua que más odian los hebreos desde el año 78 cuando las legiones de Tito arrasaron Jerusalén, según Cristo profetizara, y los veteranos de aquella expedición se presentaron en la Vía Apia como tributo  o exvoto de guerra, con un candelabro de siete brazos, así como con un grupo de prisioneros judíos presentados al emperador Vespasiano como dones de conquista, según explayan los frisos de la columna rostral de Trajano.

Porque al menos se hubieran enterado de la dimisión del papa. El pontífice utilizó la lengua del Lacio para anunciar su retirada y sólo lo supo una periodista italiana que se encontraba en la audiencia en el Vaticano.

Sólo esta aplicada latinista consiguió el scoop dejando en la estacada a los sabuesos de la CNN y del periodismo anglosajón que parecen saberlo todo, manejarlo todo, pero que en realidad son informadores de poco pelo. Ante la elección de un nuevo obispo de Roma yo me pregunto angustiado sobre si la conspiración universal logrará ganarle la batalla al Espíritu Santo y recuerdo con añoranza aquellos tiempos en que traducía a Cesar bien pertrechado con el Raimundo de Miguel y otros diccionarios en mi regazo.

En el fondo no he dejado de ser aquel estudiante de Retórica el alma sonriente de utopía y lleno a de amor a la Iglesia al que la vida vapuleó lo suyo. Sigo soñando en aquella utopía única ancla de amarre. Al fin y al cabo tal vez sólo nos salvará la poesía. Hay que volver a la Guerra de las Galias

 

2026-10-27

 

От матерних пелен мудреhttps://youtu.be/85-zTCuk8PE?t=23

LA BATALLA DE MAJADAHONDA

 Como a un kilómetro y medio al suroeste del casco histórico de Majadahonda, se encuentra La Dehesa. Este bosquecillo es lo que queda de un antiguo encinar que ha podido llegar hasta nuestros días gracias a las diversas repoblaciones (principalmente de pino) efectuadas a lo largo de las últimas décadas.


La Dehesa de Majadahonda es una zona protegida incluida dentro del “Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su Entorno” (aunque no por ello, como suele ser habitual, deja de sufrir agresiones de diverso tipo). Ocupa una superficie aproximada de 80 hectáreas y, aunque su acceso puede resultar un tanto tortuoso, la visita merece la pena. En su interior, además de otras especies autóctonas, aun es posible contemplar algunas encinas centenarias. También son de destacar los lagartos ocelados, que en los meses de calor, pueden sorprender al caminante con su rápida y zigzagueante huída.

Respecto al tema que nos interesa en este blog, la guerra civil en el noroeste de Madrid, hay que señalar los diversos restos de atrincheramientos pertenecientes al Ejército Nacional que aun resisten el paso del tiempo en este lugar. Es de suponer que las tropas de Franco, desde que ocuparon la zona en enero de 1937, debieron de tener en cuenta las alturas de la Dehesa de Majadahonda en su dispositivo defensivo. Sin embargo, hasta la fecha, las primeras referencias documentales que he podido localizar de estas posiciones, datan de julio de 1937, momento en el que, concluida la Batalla de Brunete, cada ejército reorganizó sus respectivos sistemas defensivos en el sector.

Entre otras disposiciones, y “de manera primordial”, el Alto Mando del Ejército Nacional va a ordenar la construcción de diversos puntos de resistencia en la orilla izquierda del arroyo Plantío, cuyo curso discurre, desde su nacimiento en Las Rozas, hasta su desembocadura en el río Guadarrama, a la altura de Villafranca del Castillo. La misión principal de estas posiciones era la de “asegurar por completo la prohibición de filtraciones de elementos enemigos por dicho arroyo.”

De esta manera, todas las alturas de importancia entre el arroyo Plantío y Majadahonda, van a ir siendo fortificadas, constituyendo una segunda línea del frente que contará con algunos de los mejores observatorios del sector.

Los restos de algunas de estas posiciones, en cuyo estudio e interpretación aun tengo que profundizar, son visibles en diferentes puntos de la Dehesa de Majadahonda, aunque eso sí, cada vez están más deteriorados por el paso del tiempo. Por si la acción propia de la erosión no fuera suficiente, en los últimos meses, estos atrincheramientos han sufrido una irreparable agresión. Las últimas repoblaciones forestales efectuadas en la zona se han llevado por delante importantes tramos de trincheras, que, en algunos sitios, han sido aprovechadas para plantar los arbolitos. Nunca estaremos en contra de que se repueble la zona con especies autóctonas, pero es lamentable que, por unos motivos u otros, los vestigios de la guerra civil sean siempre objeto de agresiones y destrucciones.

Además de sus trincheras, la Dehesa cuenta con otro pequeño y desconocido recordatorio de la guerra civil. Se trata de una solitaria cruz de granito ubicada en su extremo occidental, en cuya base puede leerse la siguiente inscripción:

ANTONIO
MARTÍNEZ
SANTA-OLALLA
12-VIII-1909
BURGOS
8-IX-1936
TORREJÓN DE ARDÓZ

Durante mucho tiempo, este monumento fue una incógnita para mí. Estaba claro que hacía alusión a una persona fallecida durante la guerra civil (la fecha coincidía con las primeras jornadas de la Batalla de Madrid), pero no contaba con ninguna otra referencia que me sirviera para confirmar su relación directa con el conflicto.

Sin embargo, esos apellidos no me eran del todo extraños. No sabía dónde, pero ese nombre, lo había escuchado o leído en algún sitio. Mis primeras consultas no dieron ningún resultado, y la cuestión, poco a poco, fue quedando casi olvidada. Sólo cuando volvía a la Dehesa de Majadahonda, y me topaba otra vez con la cruz de granito, la curiosidad afloraba de nuevo. Pero de nuevo también, mis pesquisas terminaban sin encontrar ninguna respuesta satisfactoria.

Durante varios años, el nombre de Antonio Martínez Santa-Olalla, y las referencias cronológicas que aparecen en el pedestal de la cruz, permanecieron apuntados en una de mis libretas de notas, a la espera de que algún día apareciera la pista aclaratoria del misterio. Y al final, un día, la pista apareció.

Pero esa primera pista, al contrario de lo que había pensado, no la encontré en los libros o publicaciones sobre la guerra civil, sino en el campo de la arqueología. Un día, revisando algunos de los apuntes que años antes había cogido en alguna clase de la Facultad, me topé con el apellido Martínez Santa-Olalla. De primeras, me pasó lo mismo que me había sucedido la primera vez que vi la cruz de la Dehesa de Majadahonda, el nombre me sonaba, aunque no sabía bien de qué. Pero pensando un poco, me acordé. Rebusqué entonces entre mis carpetas y papeles hasta dar con la referencia que años antes había anotado, y efectivamente, era el mismo apellido, aunque, como pude comprobar también, el nombre no coincidía.

El que aparecía en mis antiguos apuntes de clase era Julio Martínez Santa-Olalla, mientras que el que estaba grabado en la cruz de Majadahonda era Antonio. El misterio no estaba aclarado, pero parecía haber dado por fin con una buena pista que seguir y, algunas cosas, empezaron a salir a la luz.

El nombre que aparecía en mis apuntes de clase, Julio Martínez Santa-Olalla, correspondía al de un personaje poco conocido hoy en día, pero que en su momento, contó con cierto prestigio, y que, durante el franquismo, llegaría a ocupar cargos de importancia en el campo de la arqueología y la antropología nacional. Julio había nacido en Burgos en 1905, y era hijo del general de Aviación José Martínez Herrera y de Consuelo Santa-Olalla Cadiñanos. Su padre, que era amigo personal de Franco, había ocupado temporalmente la alcaldía de Barcelona, en sustitución de Pi y Sunyer, tras el intento revolucionario de octubre de 1934, en el que Companys, llegó a proclamar (aunque solo por un día) el Estado Catalán de la República Federal Española.

Doctorado en la Universidad de Madrid, Julio Martínez Santa-Olalla fue profesor de la Universidad de Bonn entre los años 1927 y 1931. Al igual que tantos otros intelectuales españoles de su época, desarrolló un fuerte sentimiento germanófilo, que en su caso, le llevaría a simpatizar e identificarse con muchos de los principios del nacional-socialismo, cuyo auge y ascenso pudo vivir en primera persona durante su estancia en Alemania. A su regreso a España, ocuparía la cátedra de Historia del Arte, Arqueología y Numismática de la Universidad de Santiago de Compostela.

Parece ser que para 1936, Julio Martínez Santa-Olalla es ya militante de Falange Española. La sublevación militar de julio le sorprenderá en Madrid, donde es detenido y trasladado a una de las peores checas existentes en la zona republicana, la checa de Fomento, situada en los sótanos del Círculo de Bellas Artes, en la calle Alcalá nº 40.

Rápidamente, sus amigos y colegas de profesión se movilizan para intentar ayudarle. Parece ser que fue el propio Julián Besteiros (catedrático de Psicología, Lógica y Ética, y que, como es sabido, fue un destacado político socialista durante la Segunda República), el que conseguiría finalmente su liberación. Buena parte de la guerra, Julio Martínez Santa-Olalla, la pasaría refugiado en la Embajada francesa de Madrid, hasta que en 1938, logró pasarse a la zona nacional.

Tras la contienda, Martínez Santa-Olalla, fue nombrado Comisario General de Excavaciones Arqueológicas, cargo que ocuparía hasta 1956. Fuertemente influenciado y atraído por las ideas nazis sobre la expansión de los pueblos germanos en Europa, entabló una intensa relación con algunos de los miembros más destacados de la Ahnenerbe ("Herencia Ancestral Alemana"), institución alemana creada por los nazis, entre los que destacaban personajes tan siniestros como Wolfram Sievers, o el mismísimo comandante en jefe de la SS, Heinrich Himmler, con quien Martínez Santa-Olalla se carteaba personalmente y al que acompañó durante la fugaz visita que el jerarca nazi realizó a España en 1940, según cuentan, interesado en la búsqueda del Santo Grial.

En aquellos años, Julio Martínez Santa-Olalla, basándose en el supuesto pasado celta de la península, desarrolló su teoría sobre la "arianización” de España. También dio gran importancia a la etapa visigoda, un tema, el de la expansión de los pueblos germanos tras la desintegración del Imperio Romano, muy del agrado de los nazis.

Hoy en día, las teorías e interpretaciones sobre la Prehistoria de la Península Ibérica realizadas por Julio Martínez Santa-Olalla (fallecido en Madrid en 1972), están totalmente superadas y, en buena medida, desprestigiadas. Quien desee profundizar más en la biografía y obra de este arqueólogo español, recomiendo el trabajo de Alfredo Mederos Martín, "Julio Martínez Santa-Olalla y la interpretación aria de la Prehistoria de España (1939-1945)", que puede ser consultado en el siguiente enlace:


Respecto a Antonio Martínez Santa-Olalla, en cuya memoria se levanta la cruz de granito existente en la Dehesa de Majadahonda, la información que he podido recopilar es la siguiente. Antonio era el hermano menor de Julio Martínez Santa-Olalla, y como señala la inscripción de la cruz, nació en Burgos en 1909. Desde antes de la guerra, militaba activamente en Falange Española, perteneciente posiblemente a la 5ª Bandera de Madrid. Como señalado camisa vieja, tras el fracaso de la sublevación en la capital, fue detenido e ingresó en la Cárcel Modelo de Moncloa, donde permaneció hasta noviembre de 1936, momento en el que se produjeron las conocidas sacas de Torrejón de Ardoz y Paracuellos del Jarama. Según las investigaciones realizadas por Gibson, entre la noche del 6 al 7, la tarde del 7, y la noche del 7 al 8 de noviembre, en estos pueblos fueron fusilados 968 presos políticos de la Cárcel Modelo. En las listas correspondientes a las sacas del 8 de noviembre, aparece el nombre de Antonio Martínez Santa-Olalla que, como señala la cruz de Majadahonda, fue fusilado aquel día en Torrejón de Ardoz.

Lo que de momento no he sido capaz de saber, es cual era tipo de relación que Antonio Martínez Santa-Olalla mantenía con Majadahonda como para que, terminada la guerra, se levantará una cruz en su memoria, y el por qué de que se eligiera precisamente la Dehesa de este pueblo para ubicar dicho monumento.

Quizás, con el tiempo, encuentre nuevas pistas que aporten más luz a este asunto. O quizás, alguno de los lectores o lectoras de este blog, conozcan algún otro dato interesante y quieran compartirlo con todos nosotros.

La Historia está repleta de dudas y preguntas sin respuesta. De momento, la cruz de granito y las trincheras de la Dehesa de Majadahonda permanecen en sus respectivos lugares, como recordatorios de un trágico y triste Pasado.


JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ


Fotografía 1) Panorámica de la Dehesa de Majadahonda (JMCM)
Fotografía 2) Algunos restos bélicos encontrados al pasear entre las trincheras de la Dehesa de Majadahonda: metralla, vainas, peines, cartuchos y bala Mauser (JMCM)
Fotografía 3) La cruz de granito levantada en mem

LA BATALLA DE BRUNETE PARA ENTRR EN MADRID FUE LA MÁS IMPORTANTE Y SANGRIENTA DE NUESTRA GUERRA CIVIL

 

86) DEHESA DE MAHADAHONDA





Como a un kilómetro y medio al suroeste del casco histórico de Majadahonda, se encuentra La Dehesa. Este bosquecillo es lo que queda de un antiguo encinar que ha podido llegar hasta nuestros días gracias a las diversas repoblaciones (principalmente de pino) efectuadas a lo largo de las últimas décadas.

La Dehesa de Majadahonda es una zona protegida incluida dentro del “Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su Entorno” (aunque no por ello, como suele ser habitual, deja de sufrir agresiones de diverso tipo). Ocupa una superficie aproximada de 80 hectáreas y, aunque su acceso puede resultar un tanto tortuoso, la visita merece la pena. En su interior, además de otras especies autóctonas, aun es posible contemplar algunas encinas centenarias. También son de destacar los lagartos ocelados, que en los meses de calor, pueden sorprender al caminante con su rápida y zigzagueante huída.

Respecto al tema que nos interesa en este blog, la guerra civil en el noroeste de Madrid, hay que señalar los diversos restos de atrincheramientos pertenecientes al Ejército Nacional que aun resisten el paso del tiempo en este lugar. Es de suponer que las tropas de Franco, desde que ocuparon la zona en enero de 1937, debieron de tener en cuenta las alturas de la Dehesa de Majadahonda en su dispositivo defensivo. Sin embargo, hasta la fecha, las primeras referencias documentales que he podido localizar de estas posiciones, datan de julio de 1937, momento en el que, concluida la Batalla de Brunete, cada ejército reorganizó sus respectivos sistemas defensivos en el sector.

Entre otras disposiciones, y “de manera primordial”, el Alto Mando del Ejército Nacional va a ordenar la construcción de diversos puntos de resistencia en la orilla izquierda del arroyo Plantío, cuyo curso discurre, desde su nacimiento en Las Rozas, hasta su desembocadura en el río Guadarrama, a la altura de Villafranca del Castillo. La misión principal de estas posiciones era la de “asegurar por completo la prohibición de filtraciones de elementos enemigos por dicho arroyo.”

De esta manera, todas las alturas de importancia entre el arroyo Plantío y Majadahonda, van a ir siendo fortificadas, constituyendo una segunda línea del frente que contará con algunos de los mejores observatorios del sector.

Los restos de algunas de estas posiciones, en cuyo estudio e interpretación aun tengo que profundizar, son visibles en diferentes puntos de la Dehesa de Majadahonda, aunque eso sí, cada vez están más deteriorados por el paso del tiempo. Por si la acción propia de la erosión no fuera suficiente, en los últimos meses, estos atrincheramientos han sufrido una irreparable agresión. Las últimas repoblaciones forestales efectuadas en la zona se han llevado por delante importantes tramos de trincheras, que, en algunos sitios, han sido aprovechadas para plantar los arbolitos. Nunca estaremos en contra de que se repueble la zona con especies autóctonas, pero es lamentable que, por unos motivos u otros, los vestigios de la guerra civil sean siempre objeto de agresiones y destrucciones.

Además de sus trincheras, la Dehesa cuenta con otro pequeño y desconocido recordatorio de la guerra civil. Se trata de una solitaria cruz de granito ubicada en su extremo occidental, en cuya base puede leerse la siguiente inscripción:

ANTONIO
MARTÍNEZ
SANTA-OLALLA
12-VIII-1909
BURGOS
8-IX-1936
TORREJÓN DE ARDÓZ

Durante mucho tiempo, este monumento fue una incógnita para mí. Estaba claro que hacía alusión a una persona fallecida durante la guerra civil (la fecha coincidía con las primeras jornadas de la Batalla de Madrid), pero no contaba con ninguna otra referencia que me sirviera para confirmar su relación directa con el conflicto.

Sin embargo, esos apellidos no me eran del todo extraños. No sabía dónde, pero ese nombre, lo había escuchado o leído en algún sitio. Mis primeras consultas no dieron ningún resultado, y la cuestión, poco a poco, fue quedando casi olvidada. Sólo cuando volvía a la Dehesa de Majadahonda, y me topaba otra vez con la cruz de granito, la curiosidad afloraba de nuevo. Pero de nuevo también, mis pesquisas terminaban sin encontrar ninguna respuesta satisfactoria.

Durante varios años, el nombre de Antonio Martínez Santa-Olalla, y las referencias cronológicas que aparecen en el pedestal de la cruz, permanecieron apuntados en una de mis libretas de notas, a la espera de que algún día apareciera la pista aclaratoria del misterio. Y al final, un día, la pista apareció.

Pero esa primera pista, al contrario de lo que había pensado, no la encontré en los libros o publicaciones sobre la guerra civil, sino en el campo de la arqueología. Un día, revisando algunos de los apuntes que años antes había cogido en alguna clase de la Facultad, me topé con el apellido Martínez Santa-Olalla. De primeras, me pasó lo mismo que me había sucedido la primera vez que vi la cruz de la Dehesa de Majadahonda, el nombre me sonaba, aunque no sabía bien de qué. Pero pensando un poco, me acordé. Rebusqué entonces entre mis carpetas y papeles hasta dar con la referencia que años antes había anotado, y efectivamente, era el mismo apellido, aunque, como pude comprobar también, el nombre no coincidía.

El que aparecía en mis antiguos apuntes de clase era Julio Martínez Santa-Olalla, mientras que el que estaba grabado en la cruz de Majadahonda era Antonio. El misterio no estaba aclarado, pero parecía haber dado por fin con una buena pista que seguir y, algunas cosas, empezaron a salir a la luz.

El nombre que aparecía en mis apuntes de clase, Julio Martínez Santa-Olalla, correspondía al de un personaje poco conocido hoy en día, pero que en su momento, contó con cierto prestigio, y que, durante el franquismo, llegaría a ocupar cargos de importancia en el campo de la arqueología y la antropología nacional. Julio había nacido en Burgos en 1905, y era hijo del general de Aviación José Martínez Herrera y de Consuelo Santa-Olalla Cadiñanos. Su padre, que era amigo personal de Franco, había ocupado temporalmente la alcaldía de Barcelona, en sustitución de Pi y Sunyer, tras el intento revolucionario de octubre de 1934, en el que Companys, llegó a proclamar (aunque solo por un día) el Estado Catalán de la República Federal Española.

Doctorado en la Universidad de Madrid, Julio Martínez Santa-Olalla fue profesor de la Universidad de Bonn entre los años 1927 y 1931. Al igual que tantos otros intelectuales españoles de su época, desarrolló un fuerte sentimiento germanófilo, que en su caso, le llevaría a simpatizar e identificarse con muchos de los principios del nacional-socialismo, cuyo auge y ascenso pudo vivir en primera persona durante su estancia en Alemania. A su regreso a España, ocuparía la cátedra de Historia del Arte, Arqueología y Numismática de la Universidad de Santiago de Compostela.

Parece ser que para 1936, Julio Martínez Santa-Olalla es ya militante de Falange Española. La sublevación militar de julio le sorprenderá en Madrid, donde es detenido y trasladado a una de las peores checas existentes en la zona republicana, la checa de Fomento, situada en los sótanos del Círculo de Bellas Artes, en la calle Alcalá nº 40.

Rápidamente, sus amigos y colegas de profesión se movilizan para intentar ayudarle. Parece ser que fue el propio Julián Besteiros (catedrático de Psicología, Lógica y Ética, y que, como es sabido, fue un destacado político socialista durante la Segunda República), el que conseguiría finalmente su liberación. Buena parte de la guerra, Julio Martínez Santa-Olalla, la pasaría refugiado en la Embajada francesa de Madrid, hasta que en 1938, logró pasarse a la zona nacional.

Tras la contienda, Martínez Santa-Olalla, fue nombrado Comisario General de Excavaciones Arqueológicas, cargo que ocuparía hasta 1956. Fuertemente influenciado y atraído por las ideas nazis sobre la expansión de los pueblos germanos en Europa, entabló una intensa relación con algunos de los miembros más destacados de la Ahnenerbe ("Herencia Ancestral Alemana"), institución alemana creada por los nazis, entre los que destacaban personajes tan siniestros como Wolfram Sievers, o el mismísimo comandante en jefe de la SS, Heinrich Himmler, con quien Martínez Santa-Olalla se carteaba personalmente y al que acompañó durante la fugaz visita que el jerarca nazi realizó a España en 1940, según cuentan, interesado en la búsqueda del Santo Grial.

En aquellos años, Julio Martínez Santa-Olalla, basándose en el supuesto pasado celta de la península, desarrolló su teoría sobre la "arianización” de España. También dio gran importancia a la etapa visigoda, un tema, el de la expansión de los pueblos germanos tras la desintegración del Imperio Romano, muy del agrado de los nazis.

Hoy en día, las teorías e interpretaciones sobre la Prehistoria de la Península Ibérica realizadas por Julio Martínez Santa-Olalla (fallecido en Madrid en 1972), están totalmente superadas y, en buena medida, desprestigiadas. Quien desee profundizar más en la biografía y obra de este arqueólogo español, recomiendo el trabajo de Alfredo Mederos Martín, "Julio Martínez Santa-Olalla y la interpretación aria de la Prehistoria de España (1939-1945)", que puede ser consultado en el siguiente enlace:


Respecto a Antonio Martínez Santa-Olalla, en cuya memoria se levanta la cruz de granito existente en la Dehesa de Majadahonda, la información que he podido recopilar es la siguiente. Antonio era el hermano menor de Julio Martínez Santa-Olalla, y como señala la inscripción de la cruz, nació en Burgos en 1909. Desde antes de la guerra, militaba activamente en Falange Española, perteneciente posiblemente a la 5ª Bandera de Madrid. Como señalado camisa vieja, tras el fracaso de la sublevación en la capital, fue detenido e ingresó en la Cárcel Modelo de Moncloa, donde permaneció hasta noviembre de 1936, momento en el que se produjeron las conocidas sacas de Torrejón de Ardoz y Paracuellos del Jarama. Según las investigaciones realizadas por Gibson, entre la noche del 6 al 7, la tarde del 7, y la noche del 7 al 8 de noviembre, en estos pueblos fueron fusilados 968 presos políticos de la Cárcel Modelo. En las listas correspondientes a las sacas del 8 de noviembre, aparece el nombre de Antonio Martínez Santa-Olalla que, como señala la cruz de Majadahonda, fue fusilado aquel día en Torrejón de Ardoz.

Lo que de momento no he sido capaz de saber, es cual era tipo de relación que Antonio Martínez Santa-Olalla mantenía con Majadahonda como para que, terminada la guerra, se levantará una cruz en su memoria, y el por qué de que se eligiera precisamente la Dehesa de este pueblo para ubicar dicho monumento.

Quizás, con el tiempo, encuentre nuevas pistas que aporten más luz a este asunto. O quizás, alguno de los lectores o lectoras de este blog, conozcan algún otro dato interesante y quieran compartirlo con todos nosotros.

La Historia está repleta de dudas y preguntas sin respuesta. De momento, la cruz de granito y las trincheras de la Dehesa de Majadahonda permanecen en sus respectivos lugares, como recordatorios de un trágico y triste Pasado.


JAVIER M. CALVO MARTÍNEZ


Fotografía 1) Panorámica de la Dehesa de Majadahonda (JMCM)
Fotografía 2) Algunos restos bélicos encontrados al pasear entre las trincheras de la Dehesa de Majadahonda: metralla, vainas, peines, cartuchos y bala Mauser (JMCM)
Fotografía 3) La cruz de granito levantada en memoria de Antonio Martínez Santa-Olalla (JMCM)

8 comentarios:

  1. Saludos: He leído su blog, relativo a los hermanos Martínez Santa-Olalla (Julio y Antonio). Fuí amigo íntimo de Julio, por los años 50. De aquí que supiera cosas importantes que Vdes.desconocen y que por supuesto lo que dán como conocido no se ajusta a la realidad. Mi correo es: alíastoledo@hotmail.es

    Responder
  2. Hola Ángel.

    Le he escrito un correo a la dirección que indica en su comentario, pero debe de haber algún error, pues me ha sido devuelto.

    ¿Sería tan amable de revisar si la dirección es la correcta o de enviarme alguna dirección alternativa para poder contactar con usted?

    Muchas gracias y un saludo.

    Responder
  3. Gracias por el blog. Me parece una interesante iniciativa. Debemos conocer la Historia para no repetir los errores del pasado.

    Responder
  4. Muchisimas gracias por tu investigación. Desde muy pequeño siempre me preguntaba a quien perteneceria la cruz cada vez que pasaba por la dehesa. Se agradece de verdad. Saludos

    Responder
    Respuestas
    1. Me alegro que te haya resultado interesante este artículo y gracias por tu comentario.

      Espero que sigas disfrutando de este blog y encuentres en él más cosas interesantes.

      Saludos.

  5. Muchas gracias por la investigacion. Muchas veces me preguntaba por esa Cruz pero no hice nada por conocer su historia

    Responder
  6. Recientemente he visto que la cruz ha sido objeto de una pipntada que reza "fuera símbolos franquistas". Consideraciones políticas aparte, creo que se trata de un acto de vandalismo que debería condenarse.

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  7. Hola! Muy muy interesante la historia. ¿Descubriste algo más? ¿Por qué está la cruz en Majadahonda?

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