Ana Blagovo Chejov
My
heart bleeds, sangra mi corazón en todos los desconsuelos
al verme rodeado por la injusticia, la estupidez, la tiranía, el odio y el
desquite pero me refugio en los libros de mi juventud.
Antón Chejov es como un arcángel
que me acoge bajo sus alas, me hace llorar y reír, recuerdo aquellos cuentos
que leía en la
colección Austral y aquel “Historia de mi vida” en cuyas páginas guardé una
fotografía en la cual yo niño rubito vestido de marinero aparecía acompañado de
mis padres y del coronel Tomé jefe del regimiento cuando nos dieron la llave de
nuestra casa en el Puente de Valdevilla.
Los rebaños de la mesta por los otoño
cruzaban el puente romano, se escuchaba de noche balar a los corderos y ladrar
a los mastines. Chejov nos cuenta en la historia de sui vida que fue un poco la
mía porque en los grandes escritores siempre aletea un numen profético pues
cuenta cómo desdeñando el trabajo intelectual opta por el manual.
Se convierte
en albañil y le vemos trajinar en lo alto de las cúpulas de cebolla de las
iglesias ortodoxas arreglando goteras. Esta decisión causa escándalo en una
ciudad lejana de provincias en los últimos días del zarismo. Su padre lo
maltrata, lo llama canalla, sus hermanas se desentienden. Únicamente hay una
persona que lo entiende y que lo ama: Ana Blagovo que fue su amor platónico, la
mujer fiel, casta, que se ruboriza cuando Antón se dirige a ella.
El protagonista
huye de su padre. No habrá más insultos y palizas al joven barín. Acabarás mal,
le dice su abuela. Ana Blagovo le mira con compasión. Él prefiere ser un obrero
que acude al trabajo de amanecida con su tarterilla donde porta el té y la comida
y acaba enamorándose de Virginia que es la contradicción de Ana Blagovo, la
mujer fatal, caprichosa como el instinto sexual la cual después de un tiempo y
al poco de nacer una niña se fuga a los EE.UU con el mejor amigo del escritor.
Esta es en resumidas cuentas la simple trama de esta novela que yo perdí una noche
aciaga cuando fui llevado a la comisaría de Oviedo. Había caído en las garras
de la mujer fatal pero el amor de Ana Blagovo me liberó y fui un manumitido del
sexo y la literatura. Me volví soñador, un soñador que busca siempre en la vida
un ideal lejos del fango las corruptelas de la política, de la religión
concebida como poder de denominación y no símbolo evangélico (me hice tolstoyano
en cierto sentido).
Blagovo me libró del estelionato, los peculados y las
perversidades de esta vida donde para medrar hay que mentir, engañar, aplastar
cabezas. Cuando leo cualquier libro de Antón Chejov me siento un poco mejor,
más tolerante, más melancólico, miro a mis semejantes con compasión. Dios perdone
nuestros pecados. Otro libro que perdí fueron las obras completas de Chejov en
aquel paritorio del hospital Princesa Beatriz de Londres. Estaba muy nervioso,
me sentía perdido. Vino al mundo mi hija Almu. Fue un parto difícil.
3 de enero 20 26, sábado
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