CUMPLO 72 Y ME
MARCO UNA AUTO ENTREVISTA
▬¿Qué
se siente, don Antonio, al alcanzar edad provecta?
—Enorme
satisfacción. Doy gracias a Dios y esta vida que me dio por la intercesión de
San Antonio y de María Auxiliadora? Otros no llegaron a los 72. Los ángeles
rusos están cantando el "Akathistos", un himno a la Virgen que
ha de cantarse de pie, según los cánones griegos. Hay que dar un paso al
frente.
—Acabas de
publicar un libro "Corresponsal en Londres"
—Es mi mejor
novela. Hurgo en los cajones de la memoria y trato de contar una historia sobre
la vida en Londres en los tiempos de la movida de los 70. Ser periodista y
escritor significa ser capaz de contar una historia. Si no lo sabes hacer,
mejor dedicarse a otra cosa. Y yo me dediqué a juntar palabras negro sobre
blanco y no creo hacerlo mal pues no valgo para otra cosa. Llevo cincuenta años
en esa demanda.
—¿Qué
recuerdas de aquella Inglaterra en la que viviste nueve años?
—El hambre y
la pasión del amor que pasa por la vida del hombre una vez en la vida. También,
algunos personajes insignes que conocí y entrevisté Sir Alec Douglas Hume,
Eduardo Heath, Harold Wilson, Ian Praisley aquel norirlandés que parecía un
personaje de las guerras de religión que plagaron Europa en el siglo XVII.
Golda Meir que me dijo en una entrevista que para los judíos España no era un
país cualquiera sino algo especial. Y por supuesto a don Manuel Fraga. En la
embajada, en medio de grandes coctailes, saraos y conferencias se urdió la
transición. Yo asistí impávido a aquellos hechos. Fui testigo de cargo del
advenimiento de una nueva era en España y en el mundo. Recuerdo sobre todo la
tristeza de Londres del de Año Nuevo de 1973 cuando el Reino Unido se adhirió a
la CEE. Muchos británicos se oponían al "Brexit" y he aquí que ahora
como una serpiente de verano el monstruo vuelve a aparecer. Me acuerdo de un
segoviano ilustre José Antonio Plaza que era el corresponsal de TVE. Todo un prócer
y un pionero de las informaciones por televisión. Luego en Nueva York sería
compañero de otro paisano eminente, Cirilo Rodriguez, de quien podría contar anécdotas.
Era un crack. Londres fue la gran fiesta de la transición. Aquello parecía una
romería de políticos, hombres de empresa, periodistas, escritores, artistas. No
hay que olvidar que la guerra de España se financió desde la City. ¿Quien puede
olvidarse de aquel avión "Dragon Rapide" que voló, con
instrucciones del Foreign Office, desde Heathrow hasta Canarias donde Franco
inició la sublevación? Acto seguido, el
eje de operaciones se desplazó a Nueva York. Yo asistí a las conferencias que
dio Santiago Carrillo en Harvard y a las estancias de don Juan en Washington
invitado por el Departamento de Estado. Me cupo la suerte de oficiar de testigo
excepcional de aquel cambio y mis archivos acumulan al respecto no poca
información. Y la información es poder. El caso parece repetirse en la España
de hoy pero algunos no saben por donde se andan.
—Naciste en
Segovia.
—Sí en la
calle san Valentín número 4, Arco de san Andrés, Puerta del Socorro, al pie de
la muralla donde había un sillar de granito en el que ponía Iuvenalis Decurio.
Eso me marcó hacia la latinidad.
—¿Qué
recuerdas de la infancia?
—El olor de
las calles alfombradas de romero el Día del Corpus, aquellas procesiones, el
sol de los veranos, las casas torreadas como la del Marqués de Lozoya, los
soplillos y el vinillo que nos daba el cura por las catorcenas en Santa
Eulalia. También recuerdo a personajes inefables como Mariano Conejo
y Puchero el pintor que tenía un estudio y un puesto de cacahuetes en el
Portalón y al machacante de mi padre que venía del cuartel con un saco
cargado de chuscos y luego los repartía entre todo el vecindario de la Casa de
la Troya: esto es san Valentín número 4. La mayor parte eran refugiados
de guerra. Recuerdo el hambre y el perdón y los paseos en el seminario camino
de Baterías donde íbamos en fila de tres a jugar al balón haldeando
nuestras becas y sotanillas de curillas en agraz. Segovia me marcó con hierro
profundo. Todo ese mundo segoviano que se fue para no volver aletea por las
páginas de mis escritos. Son la mina de la cual extraigo el mineral de mis
libros. Escribir es transcribir la niñez.
—¿Acta est
fábula?
—No aún no. Me
siento pletórico de fuerzas y, si Dios me da vida, pienso publicar otro libro
sobre mis andanzas por América. Disfruto de mi "vejentud" y he
aprovechado la jubilación para escribir lo que me dé la gana. Soy un "slinger",
un "freelance" un francotirador que "paqueo"
la actualidad a modo. Soy un ser libre, por más que tenga que auto editarme
igual que el "Caballero Audaz" aquel escritor segoviano cuyos textos
están descatalogados y que de todo punto recomiendo.
Al terminar la
entrevista los ángeles rusos siguen cantando por Internet. Un diácono de voz
melodiosa bajo profundo dirige las letanías. Pese a todo, vivimos un mundo
maravilloso.
—Gracias a su
merced, don Antonio. "Ad multos annos"
—Y usted que
lo vea
N DE LA R: "CORRESPONSAL
EN LONDRES ESTÁ A LA VENTA EN LA LIBRERÍA DE DON FUILLERMO HERRERO LIBRERÍA
CERVANTES CALLE REAL NUMERO 14
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