HARROWdrive12
QUIETORIUM
Envejecer es regresar a la infancia y no
sé dónde estoy, sumido en esta vorágine de los afanes y los días. Febrero fue
un mes fasto sin estridencias ni derivado del alcohol. ¿Vencí a la dipsomanía
secuela, madre que tú me dejaste con tu desamor? Me perdí por las tabernas y
las timbas jugando al rentoy o haciendo el tonto por las barras de los distrito
rojo buscando el amor que nunca me diste. Yo te perdono. Fui hijo en rebeldía desde la
primera leche que mamé. Ayer fui al cementerio y coloqué un ramo de guirnaldas
abre tu tumba, hice la consuetudinaria ofrenda de las Protelias a Diana y me
acordé de Otilia mi único amor a la que tú despreciabas. Me marcó casi
desde que era doncel cuando visitaba el pueblo este culto a los muertos. Vivo
cantando réquiem aeternunm y solazándome con las estrofas del Dies Irae El
quietorium o columbario donde se guardan las cenizas de papá, del
abuelo, del tío Perico y del pobre Agustín estaba dentro de la helgaduras de
los huecos de paloma del columbario y aquello me recordó a las catacumbas de
los primeros cristianos polvo en espera de la resurrección polvo pecador y
enamorado el eco de las risas de las voces de los llantos de los que se fueron,
hoy convertidos en ceniza que avienta el viento. Di voces para expresar mi
dolor y arrepentimiento:
— ¿Alguien ahí?
El tío Pedro tocaba la marcha real me
pareció ver sus dedos gafos pulsar el teclado del armonio como cuando al final
de las misas de tres curas interpretaba la marcha Real desde el coro y el abuelo
Benjamín afilaba las hoces antes de la siega, percibí el bamboleo de los carros
cuyos cubos cantaban al subir la cuesta de las Siete Revueltas y Elpidio
sentado en el trillo cantaba en tono de prefacio las jocosas diferencias
vernáculas, poniendo a cada pueblo un mote y su correspondiente retahíla
haciendo un recorrido por la contornada todas las aldeas, villas y anejos de la
Villa y Tierra: Castro los chivos Torreadrada las Cabras, Membibre para
molinos, Aldeasoña no vale nada, Sacramenia para albarcas, Fuentesoto
cagaberros que se crían en Peñacolgada donde se caga y se mea la zorra cuando a
ella la viene en gana. Todo ello en
el tono de prefacio de las misas de difuntos en latín. La melopea infinita
sonaba a lo largo de la tarde dorada bajo el sombrero del Elpidio que
era de paja mientras arreaba la yunta en la trilla; cuando al mulo le entraban
ganas de evacuar lanzaba un juramento y arrimaba una lata vieja de escabeche
bonito que le servía de zambullo:
─So, macho. Hoy debéis de haber comido
aceite de ricino porque no me explico tanta cagada─ decía el rapaz, aguantando
el tiro de las dos bestias. La tarde daba soñarrera y muchos trilladores se
dormían sobre su rudimentario vehículo. Eran los operarios de la hora undécima
y yo admirada el alabeo de aquel apero dotado de una batería de pedernales en
los bajos que tronzaban la paja y las cabezas de las espigas. Lo hacían
garbosos y ancestrales carpinteros de Cantalejo gente lista y sufrida como
ellos solos que parlaba una gacería incomprensible para los que no habían
nacido en aquel pueblo cabeza de las comunidades de Villa y tierra. El mejor de
todos los trilleros era Rufino Virseda héroe de la batalla de Brunete. Lo
cogieron los rojos prisioneros consejo de guerra y condena a muerte pero él era
tan simpático, tan mañero y con don de gentes que se granjeó la amistad de la
república. El general Miaja le nombró machacante particular, le limpiaba las
botas y le servía el desayuno. Al final de la guerra en Cantalejo lo dieron por
muerto pero cuando le cantaban el gorigori todos quedaron sorprendidos cuando
el trillero Rufino cruzaba el cancel del templo donde se oficiaban sus
funerales. He conocido la tecnología del
arado romano de la hoz la zoqueta el dalle y el trillo y ahora mis amigos me
mandan mensajes por guasaps puedo contemplar televisión interactiva y los
americanos se proponen colonizar Marte. Es evidente que el mundo ha cambiado muchísimo.
Es también innegable que los artífices del desarrollo de la ciencia aplicada
han sido judíos. Esto constituye el misterio de un oculto y misterioso
designio. Tú tienes una obsesión con esa gente. Por favor no seas antisemita.
Ellos han ganado la partida del progreso y la modernidad. No digas ni palabra
de lo que piensas sobre el Shoah aunque sus reservas sean verdad. Es una
actitud impolítica.
El mulo el animalito si hubiera podido
hablar le hubiera explicado al amo que las granzas del pesebre estaban un poco
tomadas de saín pero nada dijo. No era la burra de Balaán. El Elpidio,
recogidas las boñigas, las sacaba fuera de la parva y las tiraba a un
montoncillo estercolero que después serviría para abonar la suerte. Más de un
trallazo se había llevado el Elpidio de su abuelo el tío Aquilino cuando le
cogió in fraganti dejando a la yunta cagar y mear en la parva pues las manos
van al pan, chiquitos. La tarde se hacía menos largas cantando por Antonio
Molina o por Angelillo. Lo del prefacio era Canto gregoriano a la manera
aldeana. ¿Quien anda ahí? ninguna respuesta daban. Era mi imaginación que
percibía los sonidos, los olores de hacía más de medio siglo. Dando vueltas por
el mundo yo siempre regresaba a este cotarro donde debió de haber un monasterio
muy antiguo que hubo de ser evacuado y la iglesia destruida. Quedaba el campanario
de ojos fantasmales que parecía un obispo sentado en su cátedra y mis ojos
contemplaban el cielo radiante del páramo. Quedaba sólo el ábside de la iglesia
visigoda. Era el ombligo existencial. El somo donde se levantaban lasruinas de
San Gregorio constituyeron el epicentro de su vida. De allí irradiaban los
fulgores de la cuestión irremediable centrada en los dos supuestos paralelos:
el amor y la muerte. Los cantos de resurrección se conjugaban con los responsos
mortuorios millones de veces sonando en aquel risco. Abajo marcaban el paso los
danzantes al son del tambor y la dulzainaen las noches de ronda y de arrebolada
ancestrales costumbres que en estos tiempos del rock a las juventudes no dicen
nada. San Frutos pasó la hoja del calepino que estaba leyendo en piuedra y que
no acabará de leer hasta el día del Juicio por la tarde. Entonces sonará la
trompeta y se alzarán los muertos con los mismos cuerpos y las almas que
tuvieron. Es lo que dice la Biblia
El abuelo Benjamin allí estaba mirándome asomaba el gallo sobre las
tapias de la iglesia de San Gregorio convertida en solemne casa de todos.
Parecía yo verle cojear camino de misa. Tenía la pata chula por el reuma a
causa de la humedad del arroyo que discurría a la puerta de casa. Fue a una
curandera y le recetó ponerse en la rodilla la piel de un conejo. A los tres
días olía a rayos. Y no era el reuma. Era la próstata que se le llevó por
delante interfiriendo largos años los huesos. Se sentaba en un banco del lado
del evangelio compartido con el Tío Gregorin y el Tío Bernardo. Al darle de
alta en el hospital de la misericordia después de su primera operación
prostática se creía curado del todo y regaló a la iglesia de Fuentesoto un
Resucitado. Sin embargo la prostatitis volvió a la carga en medio de inmensos
dolores que soportó con paciencia “Es como si los perros me estuvieran
mordiendo los cojones, hijo” me decía y yo le ayudé a bien morir. Leyendole la
Recomendación del alma. Los tres Gregorin, Bernardo y Benjamín eran quintos y
los más veteranos del pueblo después del Tío Paulete que estuvo en la contienda
de Cuba y nos leía bvajo el bardal libros de autores del 98. Cuando la guerra
los tres se hicieron de Acción Popular el partido de Derechas. Gil Robles les
dejó en la estacada. Mi abuelo Benjamín era muy religioso sin ser beato fe
profunda de converso judío esos que no cambian. Su adscripción a la religión
católica no fue óbice para que un día saliera al encuentro de un cura muy malo
que tuvimos en el pueblo que se llamaba don Amancio cuando se enteró de que
aquel cuervo abusaba de mi tía Rosario. Fue a por él y el cobarde huyó en una
burra camino de Hontalvilla de donde era natural. Escribió al obispo y el
obispo que se llamaba Pérez Platero le mudó de parroquia pero no le suspendió a
divinis ni le quitó las caras dimisorias. Aquel Amancio era bueno y
barato en cuestión de mozas. Al coro de Acción Católica se las pasaba por la
piedra invitándolas ora al confesonario ora a la rectoral. Hacía a pelo y a
pluma porque según supe también cierto que otro monaguillo incauto cayó en sus
garras. Desde entonces he tenido prevención contra la clerigalla y a pesar de
mis ordenes sagradas creo que lo del celibato es una regla para engendrar
expósitos una perfecta añagaza porque han convertido el sexto mandamiento en
mandato de poder y abusos sexuales. Es una ley contra natura que sólo unos
pocos son capaces de sobrellevar a costa de acabar tarados. Caparse por
Jesucristo sería un summum bonum para alcanzar el monte de las
bienaventuranzas cuya cúspide únicamente unos pocos escalan y a estos tarados
hay que canonizarlos santos. Mi tía Rosario acabó en un convento de
Adoratrices. Fuimos a verla a Barcelona. A mí me quería mucho. Luego colgó los
hábitos y se casó con un guardia civil mi tio Manahén ese sí quera un santo.
Pues allí estaba mi abuelo apoyado en su cachava calada la gorrilla hasta las
orejas y mirándome con severidad. Sólo me sacudió el polvo una vez que fuimos a
melones y a mi me pilló el guarda y hube de pagar y tuvo que pagar una multa de
dos pesetas. Yo alegué que fueron los otros los que me indujeron a entrar en el
vedado porque yo era un niño muy inocente e incauto. Aun recuerdo aquella noche
de luna llena cuando yo me había quedado en el corral sin atreverme a entrar en
casa.
─ Pasa, hijo, que es hora de cenar
─ No quiero, no me da la gana
─ Como que no quieres no te da la gana. Ven acá
Me cogió e las orejas y aquella noche cené de la
cayada paternal. Fueron cinco cintazos en las nalgas. No me dio más pero desde
entonces no se me ocurrió ir a sandias ni a peras ni a por moras a Peñacolgada.
El abuelo Benjamín los tenía bien puesto. Era un labrador cabal, el que araba
más recto en toda la comarca, el que sabía binar las tierras imbuido de una
sabiduría ancestral. Un jueves vino a visitarme al seminario antes de morir y
me recomendó ser aplicado y diligente, no hacer mal a nadie pero defenderse
cuando a uno le agreden. “No quiero, Quintiliano, que te tomen por tonto”.
Soplaba una brisa que arrancaba las hojas
del espino milenario y la torre románica con sus dos ojos grandes que miraban
para el pueblo de forma enigmática advirtiéndole de los Novísimos. Caronte
aguarda, la torre de la antigua iglesia de San Gregorio miraba para la aldea
las cavidades vacías del campanario fijándose bien ofrecían el perfil de una
guadaña. El quietorium siempre en calma. Allí sepultaron a un quincurión romano
que desvió ruta cuando su falange se dirigía a Uxama. Tuvo la culpa el vino de
aquel extravío, confundir los miliarios el soldado. Se equivocó la paloma. se
equivocaba Cinco de sus vélites vinieron a recogerlo y querían reportarlo en
andas hasta la cohorte pero el centurión dijo enterradlo en la Foncalada y que
la tierra le sea leve. Luego quemaron incienso a los dioses. Aquellos páramos
guardaron para siempre el perfil augusto de Roma. Siglos adelante los
templarios fundaron en aquel monte sagrado un ara El vino de la tierra fue la
causa de aquel desvío. Paró en una bodega (caupona) de
Sacramenia de las que abren sus fauces en el cerro internándose en la montaña y
honró a Baco con profusas libaciones y subió hasta Foncalada dando tumbos. Al
legionario romano los campos se volvieron del revés; la tierra arriba y las
estrellas a sus pies le hablaban con emisiones catódicas a millones de
kilómetros de distancia. Parece que se reían y es que temblaban de la tajada
que acabó al perder camino. ¿Será esa la estrella de mi destino? Se preguntaba
el quirite borracho que perdió la senda y el camino. Caldos exquisitos de la
tierra. vinos traidores. Pero qué sería de la vida sin vino? Baco aleja
siquiera perentoriamente los pesares y zozobras del vivir. Mi Otilia a la que
traicioné me confortaba insuflándome al oído el veredicto de mi condena.
─Eres un fracasado. Todo te sale mal
porque cometiste el gran pecado de desamor. No busques disculpas ni añagazas,
ni eches la culpa a los judíos. En mi vida fuistes el sacerdocio del mal
─Te di un hijo: Helen the shining one.
Me dieron ganas de llorar. La torre de san
Gregorio estaba hueca, sus campanas se las llevaron los sarracenos para
convertirlas en lanzas contradiciendo el veredicto de Isaías: Convertiré las
saetas en rejas de arado. Grité entoces en alemán un salmo penitencial:
─Es reue mich. Mucho me pesa,
pesame,señor, de haberos ofendido.
─Mis plegarias no eran escuchadas
─Gospodi achisti grieji nas – murmuré con las palabras en eslavónico
del canon penitencial de la misa de san Juan Crisostomo
La cencellada de la noche castellana heló
sus huesos y sucumbió arrecido antes de alcanzar los castros de aquella tierra
alta mucho me impresionaron a mí desde niño aquellas cavidades ojos
vacíos de un campanario sin campana que se llevaron los soldados de Murat
cuando la francesada me hablaban del destino misterioso que a todos aguardan y
no cesaba de darme golpes de pecho en un acto de contrición. Una urraca voznaba
sobre el espino adyacente al camposanto. Alcé los ojos a lo alto. Sobre el
cielo nítido planeaba el halcón que merodeaba el palomar. Ya se sabe que la
ralea del halcón es la paloma, la del azor la perdiz y la del gavilán el
jilguero y yo era in pobre jilguero perseguido por los ojos puntiagudos del
gavilán. Mi existencia fue un episodio. Caí entre las garras de las caves de
presa (los curas, los políticos, las mujeres) como un pardillo. Muy altaneros
todos y yo humilde y acongojado sin saber hacia donde tirar. ¿Dónde encontraré
refugio? ¿Cómo me zafaré de mi propia inconsciencia? Quizás salvé siguiendo las
leyes de la casualidad y del instinto. Esta explicación no era suficiente. Un
arcángel tocaba la lira en lo alto del cerro. Era él quien me puso a cobro de
las acechanzas de los numerosos enemigos. La Virgen Santísima enjugaba las
lágrimas del llanto mío. De su mano pude cruzar los arroyos torrenciales y
ramblizos, aunque a la ramera y al juglar la vejez les viene el mal. Puede que
todo ello no fueren sino excusas para justificarme porque a lo largo me había
topado con muchos leguleyos y a los rábulas se les vencen dando la vuelta al
argumento. Es reu mich. Gopspodi achisti grieji nash. De pensamiento
palabra y obra u omisión. Mi confiteor sonaba rotundo y solemne aquella mañana
del 12 de marzo cuando la iglesia latina celebra el transito de san Gregorio
magno. fue el que introdujo en la iglesia la dulzura del canto gregoriano.
¡cuantas veces habré pulsado la cuerda de sus melismas y entonado las estrofas
del veni creator el himno a cuyo compás fui consagrado presbítero hace
muchísimos años
Mucho me pesa, Señor de haberte ofendido.
Y mi abuelo asomó el gallo. Por las
tapias del cementerio se alzaban las cabezas de gente que yo conocí, sombras
distantes la puerta cerrada del cementerio y el hastial solemne de sillares
como nuevo y tenían más de diez siglos. Habían exhumado los restos de mi
hermana Henar fallecida en 1941. Parte del antiguo templo había sido destruido.
Uno de los lienzos de pared mostraba las adarajas o quixaras devastados por la
morisma. Aquella era una tierra de frontera y el antiguo templo sucumbió a Una
razzia de primavera del moro Almanzor que pasó por allá tocando el tambor.
Traté de explicar esto a mis paisanos rabaneros por las fiestas de san Pedro
cuando di una conferencia pero me cortaron a media discurso. alegó el alcalde
que era muy largo el sermón. Dijeron que el parlamento era muy largo. Nadie es
profeta en su tierra. Bajé besando las cruces del calvario a un pueblo en
quietud que me resultaba extraño retomando los pasos perdidos de la infancia.
Escuchaba los carros cargados de hacinas, los cantos de la gente que iba a la
siega, el son de las esquilas de los asnos castrones, cuando a media tarde
llegaba el molinero de la Villa con su recua los costales de harina cargados a
lomos de los burros y el gruñir de los marranos en el henil. Corté el cordón
umbilical del cariño pero sigo unido a tu amor como el arado a la esteva, aun
estando desencajadas las belortas y la reja sin filo la esteva desencajada.
¿Con estos bueyes cómo ir a arar sin aguijada ni tralla en lucha contra los
elementos y contra todos? Soy yo, parlando desde una época que pasó,
hombre de ayer que no encentra resquicio pero no maldigo a los dioses, feliz de
haber llegado a viejo cuando mi infancia parece que fue ayer. Hados perversos
al ostracismo me condenaron y todos se ríen de mí. Ya lo hicieron con Job.
Propalo quimeras, redacto fantasías porque he visto dar vueltas a la cabeza
furibunda de la medusa quimérica y hermafrodita, melena de león el
cuerpo de cabra y la cola de dragón vagina de mujer y bálano viril las ubres
las arrastra por detrás y por delante, pega bandazos a diestra y
siniestra como el destino cruel y proclama al igual que el pregonero de la
gran manifestación del ocho de marzo la emasculación liberadora a petición de
los Coños Grandes Widecunts. En la fiesta de las vaginas las Euménides nos
cantan las marzas. Las gomias marimachos van seguidas de la peste en la gran
cabalgata de la Reina Ester. Tiempo de voraces tarascas aniquiladoras. Una
reina putona que le cortó a Haman la cabeza después de hacerle el amor quiere
enmendarle la plana a la doncella de Nazaret. Desfilan gritando consignas y
escupiendo gargajos contra la religión estas cabronas que se educaron con las
ursulinas, se ríen de la maternidad con un no es no y con mi cuerpo yo hago lo
que me da la gana. Son los postulados de una sexualidad insaciable e irascible
sin control. Carmen Fernández del Toro, la gran bollera, encabeza la gran
manifestación. Entran en las iglesias y descabezan las imágenes de la Virgen
María. Los buharros bailan mientras tanto en la plaza del Carmen su rigodón
banderas arco iris desplegadas al viento. Yo no iré nunca a esa demostración.
Lo mío es la fábula, el placer y el arte de las tres verdades que se
fraguan en mi imaginación y en mi ilusión inventora. Hijos sí padres
no. Pero esto es trágala, chiquitos. Nos adentramos en el reino de
las quimeras del que nadie vuelve con el cuerpo en condiciones. El alazán
apocalíptico trota al paso entre gritos y consignas y reportajes in situ de las
reporteras de la Telebasta. Allá van las féminas de la exaltación arrastrando
sus pies enfermos de quiropedias, vientres caidos los ojos con ptosis les
supuran las legañas, y sus labios malos que piden la lanceta del cirujano que
les haga una quiloplastia. Mujeres de silicato saltan a la red opíparos bustos
hinchados artificialmente. Acampa en el prado el sindicato de las peores
furcias. Es la hora de los coños grandes despiadados. Es cosa de arreglar todos
esos morros caídos a causa del desenfreno, les gusta demasiado chuparla. Hijos
sí maridos no. Vivan los vientres de alquiler. Las cotorras se suben a los
árboles empuñando el micrófono con punta de alcachofa y largan sermones
preñados de visceral oratoria anti varonil. Es el tiempo de Acuario. Vengan los
marimachos, mujeres al poder. Estoy triste con este desvarío pero me consuelo
cantando el evangelio mirando para Aquilón. El quiasmo de la cruz de
Constantino se perfila sobre el horizonte. Ellas no vencerán pues su grito es
contra la vida. La espada de Miguel acabará con el libertinaje pero han
conseguido ponernos a todos el bozal pandémico. En los cinco continentes seis
mil millones de seres humanos respiran a través de la mascarilla ¿Madre por qué
callas, por qué no te enfrentas y levantas el pendón de la verdad? ahí tenemos
al preste Zabulón haciendo misa en las campas de Iraq. Su antecesor fue el
responsable de la muerte de Hussein y de la gran efusión de sangre porque lo
mandaba el Gran Sanedrín y en el Vaticano os callabais por la cuenta que os
tiene. ¿Y el holocausto de Siria y las aguas del Éufrates y del Tigris que
bajan tintas de sangre de las víctimas de estas guerras? Madre no calles más.
Los enemigos de la iglesia se esconden bajo el halda de tu sotana blanca. Deja
de sonreír con tu cara asnal y de mover tu inmenso culo que emite cuescos con
olor a mate. Dice que el catolicismo no es la religión verdadera pues ahora sí
que estamos buenos. Uno no se desunce tan fácilmente de los genes. Hoy dije mi
misa como de costumbre y quedé en paz conmigo y con el mundo dispuesto a
trovar, aun con cierto rezago, las vivencias del pasado a título de inventario
nada más, sin ánimo de lucrarme o por prurito artístico pues soy un escritor
fracasado. Todo se fue por la posta. En el entierro de la sardina di a la
tierra lo que es suyo: mis sueños redentores. Sigo siendo cura. Mis manos
fueron ungidas por el obispo. Me separé de la iglesia con el Vaticano II. La
Virgen me apartó de esa patulea de clérigos fornicarios vagabundos y borrachos.
Tuve un amor o muchos amores pero fui leal y nunca cometí adulterio con la
sacristana ni con la mujer de cualquier feligrés incauto, esos curas que miran
con ojos de fauno y ponen en la cabeza el mirmillón como un saliente Príapo
protuberante en el casco. Con todo y eso la clemente Venus madre de todos los
hombres me devolvió a ese epicentro mágico (okolos), el tete manantial
de vida. Venimos de ese flujo que se derrama en esas eyecciones guarras que las
meretrices en pantalla tienen a gala mostrar coram populo. Hijos
somos de un excremento líquido y nos cagamos cuando exhalamos el último suspiro
Orgullosas de que les vino el latigazo consolador de pilas en ristre volviendo
los ojos de placer para poner los dientes largos de los mirones que pagan un
euro por contemplar el lastimoso espectáculo de estos estertores venéreos. ¿Y
qué dicen las feminoides? Nada. Estamos en la era de Acuario. Ya dijo
Protagoras que el hombre es la medida de todas las cosas cuando yace con hembra
placentera sobre todo. De esa creencia se mofaba Plauto en sus comedias.
¿Existen los dioses del Olimpo? ¿Serán las religiones una excrecencia de la
mitología pagana? las religiones separan pero estas hetairas liberticidas nos
vuelven a los hombres de toda calaña iguales. Son cosas del rasero igualitario
que endereza lo torcida y hará llanuras de las montañas, el milenario. No sé
pero a mí me gusta rezar la misa según el canon gregoriano. Mi alma se llena de
una tranquilidad venida de lo alto cuando me dispongo a consagrar. Luego
reconózcome pecador. Para distraerme pulso los portales porno de la red y miro
para las hembras y ¡qué hembras, Señor! Venus nació de la espuma y el primer
hombre fue extraído del barro. Fuimos concebidos en la inmundicia y rodeados de
corrupción y hedentina cadavérica nos vamos. Estoy asustado de semejantes
visiones lúbricas grandes vergas de todos los tamaños y colores, clítoris
rasgados o en escuadra. ¿No les dará vergüenza? Los cóhenes y macarras de este gran
puterío cinético hacen caja y no dan abasto cada vez hay más mujeres en el
mundo empeñadas en no esconder sus galas naturales lo que les dio Natura unas
por prurito otras por coqueteo otras por necesidad como las viudas milf puesto
que el porno manda. Recordemos que este es el tiempo de Acuario una
constelación húmeda que otorga el mando a las hijas de Eva. El hombre se siente
desterrado e impotente. Sexo y más sexo y exhibiciones procaces donde toda la
lujuria tiene cabida. Aúllan algunas como lobas. Otras más precavidas gimen
imitando a las gatas en el celo de enero. Aguardando el vestigial o denario con
que Roma pagaba a sus putas. Hoy es fácil irse de picos pardos. Basta con un
clic abrimos internet y ala allá están las señoras meretrices muy emperejiladas.
Hay una rusa que es la mujer más perfecta que yo alcancé a ver a lo largo de
mis muchos años de vida. Es muda y cuando recibe la moneda del mirón o sienten
la explosión de una sacudida en sus entrañas lanza un mayido, un alarido con su
voz de trapo un cuerpo perfecto de la Jengibre una hermosa ucraniana con el
pelo de estopa a la que apodan Gingerbread nunca vi carnes tan blancas ni ojos
tan azules. Está encinta y trata de disimular su gravidez poniéndose bañadores
negros. Es una superdotada. Despliega sus sebos al aire y calculo han de pesar
media arroba. Su mirada es entre triste y divertida. Todos los televidentes
muestran curiosidad por saber quién fue el afortunado que dejó la huella de su
virilidad en útero tan precioso y ella dice que fue en el privado de un chat,
un soplo aleteando por internet en sus alternancias binarias del yin y el yen.
¿Por virtud del espíritu santo? No lo creo. La preñez no fue virtual sino a
efecto de un contacto físico un polvo salvaje aunque haya dice que va a parir un
hijo cibernético. ¿Será Billy Gates el padre de la criatura? Esta mujer aun
desnuda sin embargo parece el paradigma de la castidad. En otras congéneres el
espectáculo se convierte en algo brutal libidinoso que incita al asco ante
semejante perversión coprologica. Al verlo muchos se acordarán de la sentencia
de Job tengo que insistir por ese cabo que me asusta la promiscuidad y falta de
recato sobre la mierda en que nacemos y envueltos en ella nos vamos, hijos
somos de una eyección excretoria, de un secreción vaporosa… “Et in
corruptione genuit mihi mater mea”. Pienso, madre, que tú no me pariste en
el dolor pero no en el alfaque de los bajíos de la secreción vaginal. Yo soy un
tío que mamé buena leche y de calidad. “A este lo crías con polvos finos,
Felicitas” oí decir al tío Matías el sacristán que era un borracho empedernido.
Tú no te colocaste en la cabeza el “pallolium” la mantilla corta con
la cual iban las mujeres de la vida caminando por las calles de Roma. A uno que
me llamó una vez hijo de hetaira le hinché los morros.
DOMINGO DE
GLORIALAS CAMPANAS DE SAN GREGORIO
Yo conocí a la tía Apolonia ya muy viejecita y
encorvada. Al final de la misa se quedaba rezagada haciendo un recorrido por
las imágenes de las capillas de la iglesia de san Pedro gira espiritual que
podría alargarse hasta media hora a veces tres cuartos y a mí me encargó el
cura don Frutos cerrar la iglesia. Al no ser mi intención distraerla de sus
piadosas plegarias a todos los santos de la corte celestial que a ella
bendecían desde su peana: san Isidro Labrador, la Virgen de Fátima, el
Resucitado que donó mi pobre abuelo Benjamín cuando sanó aparentemente del
cáncer de próstata, san Gregorio papa, la Virgen de los Dolores y sobre todo
san Pedro instalando en un trono del altar mayor debajo de la cara excelsa del
padre eterno que se asomaba entre nubes de purpurina ostentando la esfera
armilar o hacía sonar el manojo de pesadas llaves… Vamos tía Apolonia, vamos.
Aquella espera me hacía pensar en un cuento que se dejaba caer en labios de
los atrevidos y salaces en los
filandones del invierno. Se trataba de un cura que tenía un lío con la mujer
del herrero. Estos se comunicaban por medios de toques de campanas. Un repique
de siete badajadas significaba que el campo estaba expedito y que el buen
párroco podía acercarse a la herrería a cortejar su dama. Dos toques seguidos
que no. Que había moros en la costa. El romance tuvo prosapia y rigor de modo
que los toques se convertían en una composición musical. Desde la torre el
amante enviaba un mensaje a su adorada en aquellas fechas que no había
internet:
─Mariquita mi señora venga que ya es hora.
He aquí que el herrero interceptó la comunicación y
descifró el lenguaje críptico de la misma. Así que una tarde que estaba en la
fragua afilando una reja candente le mandó a su mujer que se sentase en la
bigornia. Al sentir el dolor del hierro candente en sus posaderas pega un
brinco que alcanza hasta el techo.
─Ay
─¿Está calentito eh? ─ exclamó el herrero entre
carcajadas.
En aquel momento sonó desde la torre la llamada del
amor. El párroco se estaba empezando a impacientar. Repique que campanas:
─Mariquita encantadora, ven que ya es hora.
Y desde abajo para que le escuchara todo el pueblo con
su vozarrón:
─Tiene el culo quemado no puede ahora
Algunos quieren estar en misa y repicando. No puede
ser.
Entonces se me acercó la tía Polonia la hermana del
cura don Cirilo. Sus ojos eran muy azules el pelo blanco no tenía dientes y se
parecía por la blancura al hopo de algodón que hilaban las mujeres de
Fuentesoto a la puerta. Dúctil sonrisa y un lobanillo en la comisura del labio
donde le había crecido un matorral de pelos negros.
─Ya es hora de encerrar. Vamos sí hijo sí. Tengo
tantas obligaciones, tantos difuntos que no doy abasto, tanta gente que me
aguarda ahí en eso (miró para el camposanto en el cerro), tanta gente que se me
murió que son centenares de padrenuestros de Réquiem. ¿Eres tú el Antonio el
nieto del tío Benjamín? ¿El que va para cura?
─Soy
Salimos al cancel y a la puerta de la iglesia
tomándome de la mano me dijo:
─Mira para arriba, Antoñito. Dirasme lo que ves
─La torre de San Gregorio el campanario sin campana.
Se las llevaron los franceses para fundirlas y convertirlas en balas de cañón.
Ya no la bolean los mozos ni tocan a clamor por los difuntos o rebato cuando se produce un fuego.
─Así es pero yo te voy a contar un milagro que ocurrió
el día de la Pascua de Resurrección. Habíamos venido mi hermano y yo don Cirilo
Sanz de Roma en peregrinación de ver al papa León XIII. Era domingo de Gloria.
Nos levantamos todos sobresaltados porque escuchamos el sonido de la campana
gloria que había mandado bendecir un rey muy antiguo el rey Alfonso VII el
emperador. Entonces el pueblo estaba arriba. Era un ribab o fortaleza para
defendernos los del sarraceno. Ese rey santo había ordenado construir un cordón
de monasterio en número de 24 desde
Sacramenia a Osma y Berlanga de Duero. Los musulmanes atacaron y destruyeron el
villar la iglesia quedó destruida pero las campanas seguían tocando a misa.
Cuando los franceses se las llevaron se dejó de escuchar el clamor en toda la
contornada. Mi hermano que era muy devoto de san Gregorio le pidió que antes de
morir querría oír aquel sonido. El Señor nos concedió esa gracia y aquella
pascua de resurrección bolearon a gloria como nunca habían sonado. Mi hermano
dijo una misa de acción de gracias y predicó un sermón en el que dijo: el
diablo nos arrebató las campanas pero no pudo con nuestra fe. Mientras esté ahí
el cementerio de san Gregorio seguiremos creyentes. ¿Te ha gustado, Antoñito?
─Como no tía Apolonia usted lo cuenta que parece que
lo ha vivido.
La anciana dibujó una sonrisa y se alejó paso a paso.
Había sido muy guapa de moza y tuvo muchos pretendientes a los que dio
calabazas porque creía que sirviendo al cura era como si profesase de monja y
se consagrara a Dios.
Yo lomé el pesado manojo de llaves y los llevé a la
rectoral. Don Frutos el cura en mangas de camisa cavaba en la cerca al lado del
molino. Sudaba como un pavo.
─¿Quieres almorzar?
─No me vaga. Tengo que hacer un mandado a mi tía
Paulina he de ir a la fuente a llenar la botija.
Le conté la historia al párroco según la tía Apolonia
me había referido y don Frutos muy gnómico sin dar un cuarto al pregonero
pronunció este veredicto cita del padre Astete en su catecismo:
─Fe es creer lo que no vimos
Desde aquel día cada año cuando llega la Pascua
Florida dentro de mi alma yo escucho las campanas de Resurrección que bolearon
en el campanario de San Gregorio resistente al paso de los siglos. No he
perdido el sentido del humor, tampoco la fe en lo que no vimos
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QUILOMBOS
Mi amigo Quintiliano Quindejas al que
llamábamos "Soguillas" cuando éramos guajes regresó de Fuentesoto
tras su visita al cementerio lugar más romántico y mejor ventilado no puede
haber en el mundo para dejar la carcasa con el ánimo entristecido y yo voy a
tratar de poner blanco sobre negro los puntos de su azarosa
biografía. Me llamo Eutimio Guzmán pero en el pueblo me llamaba
Quinolas por mi afición a la brisa. En esta parte de Castilla todo quisque
tiene un segundo nombre. A Quintín lo conozco muy bien. Fui su amigo de
infancia, fuimos juntos a la escuela e ingresamos en el seminario al mismo
tiempo. Él llegó a cantar misa. Yo colgué la sotana en primero de Teología. A
los dos nos une un estrecho vínculo de amistad y compartimos la afición por la
literatura, vivimos enterrados entre libros y nos fustiga la misma comezón
desalentadora por estar viendo morir al mundo en que vivimos y la destrucción
de nuestros sueños. Ya somos viejos pero hemos sobrevivido a la peste pandemita
y podemita que asuela toda la tierra. Aunque con diferentes ideas los dos hemos
sido periodistas. Somos en una palabra el yin y el yen hecho carne la tesis y
la antítesis sin que nuestras diferencias políticas empañen el vínculo de
nuestra amistad
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