2021-09-02

COMILLAS COBRECES LAS CALDAS DE BESAYA
















































































 

bodas de oro




 

es lo que dicen pero resistimos aguantando el tirón

 DELENDA EST HISPANIA

 POLIBI0

 

LEO UNA RECENSIÓN del historiador griego que contó la vividura de las guerras púnicas y fue testigo ocular del asedio a Numancia nueve años de bloqueo y los numantinos prefirieron suicidarse antes que rendirse a los EXTRANJEROS 153 a. c Polibio  que fue contemporáneo de lo hechos y seguramente formó parte de la plana mayor de PUBLIO CORNELLIO ESCIPIÓN el africano debió de estar allí y cuenta los hechos con una objetividad pasmosa. 

Quince mil iberos prefirieron arrojarse al fuego de una hecatombe en el foro de la ciudad antes que rendirse al yugo extranjero. Sus descendientes los celtíberos de ahora jamás imitarían a los numantinos. 

Están medio lelos con esto de la pandemia y, acojonados, nos largan el bien rollito del buenísmo. Polibio con ese clásico golpe de vista que tienen los mejores historiadores. Con estilo gnómico y sentencioso, cuenta la historia con la concisión y precisión de un narrador de altura, casi como un reportaje como aquel que dice.

 Aquellos moradores el alto cerro defendido por una carcava abismal se enfrentaron al Escipión Africano el que derrotó a Anibal Barca. El que pasó los Alpes a lomos de un elefante.

 Yo estuve en Numancia  hace muchos años, escribí uno de mis primeros reportajes. Alto de un cerro pelado todavía quedaban columnas basales ruinas de un templo y las lajas de las calles empedradas (strata) Era por san Juan y el sol pegaba de firme. Caída la tarde, admirado por la gesta de mis antepasados me fui a ver saltar la hoguera a los paisanos de Pedro Manrique. 

Pisaban las brasas y no se quemó ni uno.

Soria guarda misterios solemnes y sublimes de la patria viejo reducto de los várdulos, vacceos o vascos los ancestrales pobladores de España. Fue Cornelio Escipión el Africano a cuyas legiones aquellos trogloditas recién salidos de la Edad de Piedra a quien se enfrentaban aquel que gritaba delenda est Cartago.

Una voz interior a mí me decía no puede ser. Aquellos españoles eran de otra pasta. Hoy se escucha por los rincones de nuestra nación sumida en los  de la peste una similar proclama.

Delenda est hispania... destruyamos España.

Parece ser que estoy viendo su enemigo declarado aquel cartaginés que de niño fue obligado por su padre Amilcar barca a jurar odio eterno a los romanos a Aníbal acometiendo la subida a los Alpes con sus elefantes y la impedimenta de un ejercito formado por cien mil hombres.

 Las legiones lo pararon en Cannas y en Trashimeno el cartaginés estaba a tiro de piedra de los muros sagrados de Roma. Cartago así consumaba su promesa de odio eterno a los romanos.

Ecos de voces que resbalaron por las enciclopedias que estudié en mi infancia cuando don Ramón Alonso el capellán del hospicio, el que nos enseñaba geografía e historia, un curón con un cuerpo de gigante y cabecita de garbanzo, me hacía recitar pasajes en griego redactados por Polibio haría entonces más de mil años.

Delenda est Carthago sí. Yo sentí la furia de los carros el batir de las espadas, los gritos y blasfemias de los velites, el relincho de los caballos, el olor de la sangre, los yelmos aplastados, las adargas volando por los aires, el horror de la sangre derramada. El historiador retrata una batalla tal y como era cien años antes de cristo.

Polibio era un griego 254-183 a. c que fue hecho prisionero por los romanos en su guerra contra Grecia fue vendido como esclavo en la catasta de la Via Apia, un rico patricio le confió la educación de sus hijos y, ya manumiso, y con la libertad conseguida, se dedicó a escribir y viajar siguiendo a las legiones.

Es uno de los primeros historiadores que habla de España y de la ferocidad y sencillez de las costumbres de las tribus ibéricas que fueron sometidas a la férula del imperios después de muchos años y trabajos.

 Cataloga nuestras plantas, diseña nuestra geografía.

Somos gentes, dice, polirrizas, hijos  de muchas raíces y de muchas leches. Gracias a Polibio sabemos una cosa que las maquinas de guerra del Cesar tardaron casi veinte años en taladrar los muros de Numancia.

La plaza se rindió por sed y por hambre, y digo lo que el general Muñoz Grandes sobre el temple de los soldados españoles duro es el invierno ruso pero más dura es mi raza. Cuando aquel divisionario arengaba a sus tropas en enero de 1943 frente del Este parece que se estaba dirigiendo a los españolitos del año 21 sujetos a la poliarquia  gobierno de muchas taifas politiqueras donde todos quieren mandar.

Duras son las circunstancias pero sobreviviremos capeando el temporal. En eso de la estrategia los hispanos somo expertos. Los militares al arte de resistir lo denominan poliorcética. No se rinde pues la plaza

 

 

segun el diario de la mañana de lisboa el diablo hace pasillo por las estancias del vaticano. LO DEBE DE HABER TRAIDO ÉL

 

‘‘O diabo anda à solta no Vaticano’’, diz Papa Francisco

Papa confessa que tem medo dos diabos instruídos, aqueles que pedem licença para entrar em casa e se fazem amigos.
Paulo João Santos01:30
EXCLUSIVOS
Papa Francisco
Papa FranciscoFOTO: Reuters
"O diabo anda à solta no Vaticano”, admite o Papa Francisco, mas o que mais o preocupa são os “diabos instruídos”, confessou o chefe da Igreja Católica à rádio Cope.

“O diabo está em todo o lado, mas do que eu tenho mais medo é dos diabos instruídos, os que tocam à campainha, pedem licença para entrar em casa, fazem-se amigos”, diz o Papa.



LA HISPANOFOBIA DE MICER FRANCISO PRIMUS PATER. LA ENTREVISTA CON EL HERERA UNA PAGINA DE LA LEYENDA NEGRA

Herrera en la onda emisora de los curas le hizo  Francisco una interviú trampa. Fue por lana y volvió trasquilado porque ese señor que cse sienta en la silla de Pedro lo que quiere ser es un icono mediático. Con esa vulgaridad que caracteriza a los judios hizo una entrevista trufada de tópicos y lugares comunes, carece de ideas propias pero  maneja este pibe platense la vieja lanza de LA LEYENDA NEGRA. Es el mihi non placet Hispania que puso en orbita hace cinco siglos Erasmo de Roterdam ni quito ni pongo pero si no te gusta Erasmo o eres un fraile o eres un asno y este que se dice papa pontífice máximo tiene cara de burro. Es la insolencia personificada, se reía de nosotros ante las barbas del Herrera tan pulido como insensato. Mihi non placet Hispania, decía aquel holandés. Resuelvan ustedes sus propios asuntos, una forma velada de gritar la independencia con barretina, La entrevista larga fue un convite de catalanes por no decir una merienda de negros- A este jesuita le espanta el tufo de las sacristías, así que prefiere hablar de política. Es amigo del islam mentor de los MASONES y enemigo de Cristo. Sea anatema. De Francisco estamos los españoles hasta los cojones. Herrera en la onda se ha comido un marrón. (ay si los curas y frailes supieran la paliza que van a llevar saldrían del coro cantando libertad libertad libertad) lo que nunca hubo en la iglesia latina menos mal que nos queda la iglesia griega. Franciscus culus magnus no es vicario de Xto sino sacerdote del gran NOM

 

 El regreso de Rasputin

 

La noche del 11 de febrero de madrugada estaba yo leyendo un pasaje del Evangelio mientras escuchaba el canto del salterio que emiten por Internet los monjes de un lejano monasterio en Vologdá a través de la Red.

Suelo aprovechar la vigilia para escribir y leer cuando todo está en calma. El nocturno es un invitatorio a la reflexión.

De pronto percibo un ruido extraño como de campanas tocando a clamor. Mi celda se ilumina de una luz fogosa. Alzo los ojos del teclado de mi ordenador y veo detrás de mí asomándose por el montante que da al jardín de atrás a un hombre de rostro alargado unos ojos poderosísimos. Daba miedo mirarlos pues más que ojos parecían hierros candentes. Era como de mediana estatura los brazos muy largos y una mano carnosa como de campesino el pelo largo y partido por una raya en medio. Vestía la clásica sotana de los popes rusos ( r i a s a) de mangas anchas. En su pecho lucía la  (p a n a g i a) o pectoral labrado en oro con una cruz inversa.

Sentí pavor porque el icono de  san Nicolás de Radonezh que protege mi aposento de pronto se apagó. La mirada intensa como si tratara de escudriñar el alma del que mira me hizo temblar. Era Gregorio Efimovich que regresaba del infierno entre carcajadas y estruendo de cadenas que venía a darme un mensaje. Se inició entonces un dialogo entre los dos.

YO ¿Qué quieres de mí Padre Gregorio?

RASPUTIN Que no escribas mal de mí. A todos aquellos que hablan mal de mí les ocurre una desgracia.

 

YO: Precisamente, estaba leyendo las memorias del príncipe, el que acabó con la vida del pope, Yusupov el miembro de la familia imperial que te envenenó mediando cianuro en tu copa. El veneno no te hizo efecto y hubo de llamar al gran duque y a un agente del servicio secreto inglés. Ellos te acribillaron a balazos sin poder acabar contigo. Arrojaron tu cadáver al Neva.

El atestado de la policía dice que la muerte te vino por ahogamiento y no por las heridas de los disparos. Todo muy extraño, casi increíble

RASPUTIN: Soy un siberiano fuerte. Mi padre era cuatrero. Domé caballos antes de entrar en el convento.

Se santiguó con la mano izquierda y me lanzó una mirada horrorosa. Yo vi al demonio en aquellos ojos. Eran los ojos que hipnotizaban a las coquetas de Petrogrado y a las mujeres de la alta sociedad mi humilde aposento empezó a oler a azufre. Es el signo de la llegada del Malo.

 Sonaban sarcásticas risotadas de los demonios por el pasillo que da al almacén de la librería. Acto seguido Grigory se santiguó al revés. Hizo un garabato y continuó su plática

RASPUTIN: Yusupov el oficial de la guardia era marica y cornudo. Yo fui a su palacio porque quería presentarme a su mujer que era sobrina de la emperatriz. Caí en la trampa. Me tendieron una emboscada. El servicio secreto inglés espiaba mis reacciones al vino y al cianuro en el cuarto de atrás. Si el oficial de la guardia estaba enamorado de mí. Había oído hablar de mi descomunal verga de casi treinta centímetros. Quiso probarla como la probaron las encopetadas  damas de la corte imperial. Sucumbían a mis pidieres mágicos. Es la fuerza de la naturaleza. Eros y Baco dominan la tierra.

YO: Eres un fauno. Por lo que veo en Internet quieren canonizarte algunas mujeres y ponen la aureola de confesor en tu cabeza. Esto me parece un sacrilegio.

RASPUTIN: No desbarres, diacono. Aun quedan muchas discípulas mías. Son reliquias de mi secta de los "x i l i a c h i " (saltarines) bailábamos desnudáis en torno a una hoguera y luego copulábamos con las monjas. Estas danzas supusieron para mío estas heridas que llevo en la cabeza porque la compañera Gusseva la que   mi compañera en Prokoskovie la aldea siberiana donde nací quiso asesinarme por haberla abandonado y liarme con una monja llamada Heliodora (me mostró la cicatriz aun luminosa a través de la luz del alba que iluminaba el sotabanco)

YO: tú eras un yurodivi, un peregrino ruso, un aventurero del mal cínico e hipócrita que te hacías pasar por santo y era un sátiro.

RASPUTIN:

tengo poderes. mira mis manos (me mostró sus enormes manazas de muyik) estas manos curaron al zarevich y acariciaron los senos alemanes de la emperatriz Alexandra Fiodorovna o Alice von Hessen

YO: Vade retro. Calumniador y blasfemo.

Al decir esto apreté el rosario que siempre llevo conmigo junto a mi pecho. Una estruendosa carcajada se esparció por el jardín central despertando  vecinos que se disponían para comenzar su jornada laboral. Escuché el ruido de las persianas que se alzaban. Esta blasfemia era la mayor barbaridad que había escuchado en mucho tiempo. El zar Nicolás II era el mejor padre de familia el hombre más casto y mejor de la dinastía Romanov y aquel espectro diabólico se reía de los  ríos de sangre de su profanación angustiosa que costaría ─ya lo profetizó Fedor Dostoyevski─ con los estertores de la revolución y las dos guerras mundiales que costaron a la patria millones de cadáveres.

RASPUTIN: El zar era casto, bueno, un gran tipo pero un ser sin voluntad. Estaba dominado por su mujer, diácono.

YO: ¿Por qué me llamas diácono?

RAPUTIN: sé que lo eres.

YO: Soy un diácono de la literatura. quizás esté luchando contra molinos de viento pero en proseguir mi demanda soy feliz.

RASPUTÍN: Andate con cuidado. Mis adoratrices te tienen fichado.

YO: ¿Es una amenaza? No me importa ser mártir. De algo hay que morir. Dime cómo llegaste a la corte tú que eras un fraile giróvago que recorrías las aldeas engañando a los campesinos y acostándote con sus mujeres.

RASPUTIN Con la carta de recomendación de un obispo al que curé de un cáncer. Fui el mandamás en Tsarkoe Selo. Yo nombraba y destituía ministro.

YO: ¿Quién estaba detrás?

RASPUTIN: el káiser y su tropa de judíos alemanes. Dineros judaicos suizos financiaron la revolución. y por supuesto las mujeres que traen hijos al mundo pero con su debilidad paren catástrofes. Ellas son el arma con que Rusia de nuevo será derribada. mira todas las putas que se asoman a las paginas de Internet y enseñan sus muslos sus tetas y sus coños. la mayor parte son jóvenes rusas. viejas las hay también. le sirven de arma arrojadiza al sionismo. trajeron el odio y la disgregación.

Por primera vez el monje giróvago creo que estaba diciendo la verdad. Yo alcé el crucifijo adjunto a la pantalla de mi ordenador lo alcé miré a los ojos terribles de Grigory hizo una mueca tan espantosa que soy incapaz de describirla y desapareció entre ruido de cadenas. Seguía oliendo a azufre en mi habitación. Conque dije "no izwavi nas ot lykavago = sed libéranos a malo". Señor libranos del mal y no nos dejes caer en tentación. El diablo es poderoso como nunca. Siembra alianzas y compinches por doquier pero nunca podrá contra la fuerza del Señor Jesucristo nuestro Dios.

Crne de dolor humillado y ofendido

 ATASCO

 

 

Me dijo mi padre échalos en el olvido

rompí la puerta del baño del hotel

donde me sentía encerrado

salí de una celda color verde

golpeaba daba gritos

noche triste fue aquella

de San Miguel

ojos vacíos

los montes mostraban su joroba de fantasmas

llorban las cimas monte Naranco

yo tenía frío

he sido humillado, golpeado OFENDIDO

corona de espinas

y túnica morada

nazareno con capirote

hombre al agua

los esbirros me abofeteaban

jugando conmigo al infame juego

de adivina quien te dio

sólo faltaba la corona que escarnia

aun me escuece la deshonra

fui el risum teneatis

de las gentes

humillado y ofendido

algún día me levantaré

brumoso neptuno alzaba el tridente

y rezaban los monjes en la iglesia romanica

de San Francisco

el vino impidió ver el atardecer

propalaban los heraldos sus bandos desengaños

las dueñas candajonas andaban al visiteo

trayendo chismes y contando vidas ajenas

supe aquella noche a que saben los gargajos

en la escupidera de marfil

el vitriolo empañó mis ojos

y envejecí

cien años

enfrentándome al a verdad implacable

yo era un hombre enfermo y derribado

pero las horas de amargura

son nubes que pasan

échalo en el olvido, hijo

me, surgí y no me sumergí

y noté que la Providencia me llevaba de la mano

venido el día,9 la aurora

disipó el conjuro de la catástrofe

aprendí entonces a vivir dentro del misterio

de los Preservados

no era  prédito sino  bienaventurado

camino de la estación a tomar el tren escuché la canción

de un golorito que plañía entre los álamos

vaya me dije cuando el tren arrancó

salimos de atascos

la fresca brisa golpeando mis mejillas henchía mis pulmones

quedaba atrás la cárcel peristáltica

olvide aquel amor

en las contracciones de la mierda

todo se fue por la atarjea del retrete

 

HUMILLADO Y OFENDIDO PERFO EL DIOS DE ISRAEL VELÓ POR MI

 ATASCO

 

 

Me dijo mi padre échalos en el olvido

rompí la puerta del baño del hotel

donde me sentía encerrado

salí de una celda color verde

golpeaba daba gritos

noche triste fue aquella

de San Miguel

ojos vacíos

los montes mostraban su joroba de fantasmas

llorban las cimas monte Naranco

yo tenía frío

he sido humillado, golpeado OFENDIDO

corona de espinas

y túnica morada

nazareno con capirote

hombre al agua

los esbirros me abofeteaban

jugando conmigo al infame juego

de adivina quien te dio

sólo faltaba la corona que escarnia

aun me escuece la deshonra

fui el risum teneatis

de las gentes

humillado y ofendido

algún día me levantaré

brumoso neptuno alzaba el tridente

y rezaban los monjes en la iglesia romanica

de San Francisco

el vino impidió ver el atardecer

propalaban los heraldos sus bandos desengaños

las dueñas candajonas andaban al visiteo

trayendo chismes y contando vidas ajenas

supe aquella noche a que saben los gargajos

en la escupidera de marfil

el vitriolo empañó mis ojos

y envejecí

cien años

enfrentándome al a verdad implacable

yo era un hombre enfermo y derribado

pero las horas de amargura

son nubes que pasan

échalo en el olvido, hijo

me, surgí y no me sumergí

y noté que la Providencia me llevaba de la mano

venido el día,9 la aurora

disipó el conjuro de la catástrofe

aprendí entonces a vivir dentro del misterio

de los Preservados

no era  prédito sino  bienaventurado

camino de la estación a tomar el tren escuché la canción

de un golorito que plañía entre los álamos

vaya me dije cuando el tren arrancó

salimos de atascos

la fresca brisa golpeando mis mejillas henchía mis pulmones

quedaba atrás la cárcel peristáltica

olvide aquel amor

en las contracciones de la mierda

todo se fue por la atarjea del retrete