Asistentes atendiendo las explicaciones de Juan Pertejo. / E.A.
Asistentes atendiendo las explicaciones de Juan Pertejo. / E.A.
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Medio centenar de senderistas han podido disfrutar de la primera de las cuatro marchas preparadas por el Área de Promoción Económica de la Diputación para este invierno. Los participantes han tenido la oportunidad de descubrir las lagunas y fuentes de Martín Muñoz de Las Posadas en un recorrido de 14,5 kilómetros.
Martín Muñoz de las Posadas se enclava en la Campiña, rodeado de campos de cultivo y pequeños retazos de pinares que crecen donde el manto de arenas es más espeso. Su término municipal se alarga hasta la ribera del río Voltoya, un valle abierto y suave de gran valor ecológico, que forma parte de la RED Natura 2000 como ZEPA y como LIC.
De la sabia mano de los guías Juan Pertejo y María del Mar García Martín, los caminantes, entre los que se encontraba el diputado de Promoción Económica, Jaime Pérez, han podido conocer importantes detalles sobre la geología, la fauna y la flora de la zona.
La ruta ha transcurrido por una pista que sale del pueblo hasta llegar a un ecosistema de lagunas en la zona de la Fuente Vieja y el Carrizal, donde siempre se pueden avistar algunas aves de humedal como la focha, el azulón o la garza imperial. De ahí han seguido por la senda existente hasta el río Voltoya y el puente de La Irvienza, quizá la zona más pintoresca del recorrido.
Entre las lagunas que han podido ver, también la de Los Herreros, un pequeño humedal que mantiene la lámina de agua durante todo el año gracias al aporte de una fuente colindante. En la orilla es frecuente observar el suave vaivén de las lavanderas a las que se suman los azulones que revolotean en la orilla.
El camino asciende entonces a un pequeño cotarro que lleva a la Fuente Vieja, uno de los lugares más frecuentados por los vecinos del pueblo, especialmente en los días de verano. Tras atravesar una pequeña zona de pinar en la que conviven pinos resineros, piñoneros y encinas, el camino desciende bruscamente dejando a la derecha una antigua cantera en la que aflora el agua formando una laguna en la que crecen carrizos y eneas. El pinar lo sobrevuelan milanos reales y algunos buitres leonados.
El río se cruza por un pequeño puente hasta el viejo caserío de Soto de la Esperanza, uno de los muchos que cubrían la zona y que respondían a una forma de organizar el territorio en el que las tierras eran propiedad de señor que las controlaba desde el caserío. Junto a él se encuentra la fuente de la Teja de la que mana el agua a media ladera, rodeada de enormes sauces y grandes fresnos.
Se retrocede para continuar por el margen izquierdo del río Voltoya, entre los pinares que quedan a la izquierda y la vega del río. Entre los rastros que se pueden observar los de zorro, jabalí y corzo (un ungulado cuya población se ha extendido en toda la provincia). Atrás se deja la laguna del Carrizal (seca durante la mayor parte del año) para llegar al molino de la Irvienza y el Puente del Naranjo, uno de los enclaves más singulares de todo el recorrido, especialmente desde el punto de vista de su geología ya que aquí conviven pizarras, cuarcitas y granitos de diversos colores. El puente, construido en ladrillo, es uno de los más singulares de la campiña.
Tras realizar la parada para el almuerzo, se continúa por el camino en dirección a la Fuente del Fresno y poco después a la ermita de nuestra Señora de la Cabeza, que luce encalada en mitad de un prado de pastos. A partir de ahí se encuentran varios grupos de antiguas huertas en las que se conservan las “casillas” donde las familias de hortelanos pasaban las temporadas de más trabajo en la huerta. Sus productos se vendían en los pueblos y ciudades cercanas y de fama eran sus cebollas, por lo que los habitantes de Martín Muñoz se les conoce con el gentilicio de cebolleros.
De regreso al pueblo han tenido la oportunidad de visitar el Palacio Episcopal del Cardenal Espinosa, una de las joyas del patrimonio local.