https://youtu.be/AtsPfP37YX0?list=RDAtsPfP37YX0
2026-11-04
ELEGÍA Y CANTO A LAS 24 REDONDAS BLANCAS
Con el ordenador son 53 pero bien está traer a colación aquí el poema de Pedro Salinas a las 24 redondas blancas como punto de apoyo que mueve el propio movimiento:
"quietas dormidas están
Las treinta redondas blancas;
entre ellas sostienes el mundo"
En realidad estos sagrados templos de las Nueve Musas son- y es lo que quería decir Salines- son cariátides que sostienen empujandolo hacia arriba al globo de la esfera armilar. Como vehículos de la idea y ancilarias de la palabra. Sin palabra no hay ciencia ni comunicación ni progreso. El be de la cabra y el chillido del mono. ¿Es a lo que volvemos? Dios quiera que no.
Así, con este verso, el poeta Salinas en "La Voz a ti debida" entonaba una loa al tablero de la Smithson Corona, su maquina de escribir, ábaco del amor y del dolor, cifra y compendio de nuestros pensamientos, férula de nuestras vidas que en ellas ponemos al tablero, campos elíseos de las nueve musas, burladero con que hurtamos el cuerpo a las cornadas de esas vaquillas que son auténticos miuras morcillos, tan difícil de poner en suerte como a todo toro hembra, instrumento de trabajo de vates, abogados, periodistas, comerciantes, cronistas en general.
Alistair Cook sesudo radiofonista británico en una de sus emisiones últimas por la BBC(1)
en su "Carta desde América" propalaba la noticia de que la firma Smith&Corona cerraba sus puertas después de haber estado fabricando mecanografía desde hace 125 años. Sería una noticia que pase inadvertida. Los Massmedia se encuentran muy atareados por cuestiones de mayor momento a causa de una actualidad vertiginosa, en la cual parece que la historia se derrumba.
La firma patentadora de maquinas de escribir, cajas registradoras y otros instrumentos de cálculo más antigua de los estadounidenses, al cerrar sus dependencias y mandar a sus laborantes al paro, no es más que un nombre temblando en un papel, en la larga lista de fusilados a causa de este "alzamiento cibernético" que no cesa.
¡Ah, las redondas blancas, que se bañan en tinta y en sangre y a veces en agua clara! Las aguas del Tíber, como en los tiempos de cesar, siguen bajando negras con la sangre de tanto ahogado que grita antes de expirar: "soy poeta". Una empresa que fenece; su cadáver, en cambio, no es un fiambre como los demás. Surjan de nuestras gargantas cantos epicedios de los que lloramos la desaparición de estas treinta ninfas mecánicas que nos ayudaron a construir nuestros propios paraísos e infiernos. De papel.
Las anduvimos aporreando con ira revolucionaria cuando nos creíamos con algún poder para que todo esto cambiara. Recuerdo que Paco Umbral se fotografió una vez desnudo y su "pluma Olivetti 22"- la que utilicé yo- le servía de hoja de parra y así, in púribus, pero, a cubierto por el paño de pudor de las redondas blancas, apareció en la portada de uno de sus libros(2).
Las hemos acariciado con éxtasis. Con ellas hicimos el amor; tuvimos los mejores orgasmos.
Una idea feliz, una metáfora de contraste, un concepto de inspiración son como para correrse de gusto. Porque, desde el principio, sobre sus lomos cabalgaron nuestros primeros poemas de amor. Ellas son en verdad el amor. La novia que nunca cambiamos por otra. Ni nunca ella nos dejó. Amor a primera vista. Amor imperecedero. Aunque hoy ¿escribir para qué? Difícil respuesta: es difícil escapar al ojo panóptico de la Gran Cuadrúpedo Sinario. Le importamos poco los escritores.
Pero son muchos años amando y sufriendo, dándoles a la tecla, mucha cólera y no menos ternura de afanosas noches en blanco escuchando las retransmisiones del alma y las que llegan DX, voces amigas de sintonías efervescentes en la madrugada. ¿Todo esto para qué? Es el mensaje de la botella. Algunos dirán que esto que hacemos es un ejercicio inane pero a él estaremos sometidos los que no sabemos hacer otro (Cela dixit) hemos dejado la piel quemandonos las pestañas para que amenguara la vista, y gastando la yema de nuestros dedos.
Se atrofiaron los riñones, duelen las caderas y van las manos involuntariamente a atentar los cuadriles. Nos desriñonamos, vaya, entre sahumerios incesantes de nuestra cachimba y las tazas de café. La pipa ha sido otro de nuestros consuelo.
A la ingratitud de la existencia se vence con tabaco y humo porque acaso no otra cosa seamos que humo. Hemos sudado la gota gorda en este oficio que no guarda parangón con ningún otro. A ratos resulta suplicio y cadena. A ratos, deleite y fruición. Sueños que sueños son. Escribir es, ciertamente, una profesión pero también un vicio, del que no se descuelga uno sino con la muerte. Y a tal punto, que puede resultar más llevadero quitarse del trago o del tabaco que renunciar a esta grafomanía que nos penetra.
Nuestros sueños, pesadillas y realidades, se condensan en ese claustro apretado de las "treinta redondas blancas". Ahí está la vagina rasgada de la sonrisa vertical que lanza hijos de la imaginación al mundo. El peligro es claro está junto a los retoños sanos las paridas. Redactar una parida es como alumbrar un hijo tonto.
Por desgracia, éstas abundan lo suyo entre los "leguleyos" y plumíferos/as y plomíferos/as que engendran demonios. Sin embargo, el rodillo de nuestra portátil todo lo abarca: el tópico desangelado y la idea genial.
A veces este carro de fuego de nuestra Olivetti echaba chispas. Era un carro de fuego en el que Elías trepó hasta los cielos. Por la cinta de la fábrica de los sueños- verdaderos caprichos goyescos- salían hasta cascos de botella.
Pedro Salinas pasó a limpio el original de La Voz a Ti debida en la Smith Corona insertando en el rodillo cuatro copias al carbón. De la misma manera hicimos muchos españoles con nuestros primeros poemas. Nadie nos hizo caso y aquellas láminas olvidadas y amarillentas yacen olvidadas en la oscuridad de viejas maletas o en cartapacios y antiguos archivadores.
Es otro riesgo que hay que afrontar, máxime, en la actualidad, el anonimato y la oscuridad. Estamos condenados a re-escribirnos y a enviar mensajes a nosotros mismos. Por si acaso lo lanzamos a la Red formato HTML en la esperanza de ser leídos. "Escribe para ti mismo", dijo doña Machina la bibliotecaria de Logroño. En aquella frase me pareció escuchar una sentencias de muerte. Doña Machina era una mujer cruel como las Parcas mismas. Machina, máquina infernal, nos metió en buen mechinal. El poeta se queda sólo. Le han arrebatado la lira pero nunca le podrán quitar su voz.
Y nadie, mejor que el vate madrileño transterrado a Nueva York, supo cantar a la esbeltez y mutismo de cariátide de las Treinta Redondas Blancas. Mundo de cine black & white. Y por esa sendas seguimos los demás juntando palabras blanco sobre negro. ¿Tiene que ver un irritante como el café o como el tabaco con el hecho de la inspiración? Pisemos mayúsculas. Calquemos en la versal del acento. Lo esdrújulo y apaisado. Antonio, no te metas en ese jardín.
Las treinta fichas constituyen no sólo nuestro aval. Son igualmente le muro de carga del edificio de nuestros sueños y Wailing Wall de los que se sienten incomprendidos, maltratados, perseguidos y hasta trucidados por los Herodes de las épocas. El acto de escribir es un acto inocente pero a veces los escritores pasamos por terroristas.
Con esta tecla en nuestros dedos estamos echando un pulso a la Historia. Nos da en plena cara el viento del Espíritu y nos sentimos eufóricos cuando escribir resulta sencillo o consternado cuando se aleja la inspiración. No hay tormento mayor que el de la cuartilla en blanco que aqueja a todo escritor. Hay que contar historias. Las que merecen contarse, y las que no. El ordenador no ha hecho sino aumentar el campo de posibilidades (y feria de vanidades) de la escritura hasta límites increíbles.
Porque la mecanografía continúa siendo la abuela irreconocible de la telemática. Pisar la tecla mayúsculas/minúsculas de una "Underwood" o de la última computadora fabricada en China es realizar profesión de fe en el misterio de la palabra. Reyes del alfabeto tenemos la llave triunfal del abracadabra. El soplo del espíritu, ya decimos, se equipara con el duende de las imprentas inserto en la magia de las Treinta Redondas Blancas con su inmenso abanico de combinaciones. Que brindan la salida del laberinto. A través dellas rastreamos el hilo de Ariadna.
Mi portátil(3) hasta hace poco seguía emitiendo ese tableteo nervioso y seco de las ametralladoras. Ta. Ta. Ta. Y yo me sentía como el violinista en el tejado o como un francotirador - es lo que he sido toda mi vida, largando por lo independiente, yendo por lo libre- que asmaba la calle desde arriba y soltaba tiros contra todo lo que se movía. Contra esto y aquello. Esto y lo otro.
Ese sonido de mi Olivetti es para mí pobre escribir lo que la campanilla de las cajas registradoras que hacen poner los ojos chiribitas de los tenderos. Tilín. Tilín o el till que dicen los ingleses. Hacer la mili como servidor de ametralladoras es un buen empiece para un escritor. No me embromen con cuentos de hadas. Donde pongo el ojo, pongo la bala.
Me jacto de haber dominado este oficio a fuerza de tesón. ¿De qué me ha servido? Tuvimos la mala suerte de vivir en un tiempo perdido de persecución y de incomprensión. Este ha sido uno de los periodos más siniestros de la historia de España pero, si cabe, que los del Rey Felón. Que vuelva Goya y se hinche hasta la narices de estampar narices borbónicas, cayetanas y monarcas con cara de gilipollas, princesas facticias y ficticias y niños rubitos y archi guapos que dan muy bien en el Hola y dan de comer a Rocainfiel y otros de la cuerda.
Con su pan se lo coman. Mientras la patria desolada se muere de tristeza y de asco aunque todos nuestros súbditos a los que va la marcha están bajo la bota del control. Que acá no se mueve nadie.
Esto no es, desde luego, me huelgo decir que yo, francotirador, que estampo mi diuturno paqueo sobre el sobrepelliz de mis hadas madrinas que son las Treinta Redondas, donde pongo el ojo pongo la bala. Ni las ideas ni las palabras me son refractarias. Casi como Indurain cuando se monta en una bicicleta y llega al pódium del Parque de los Príncipes.
Hay días malos en que te entra la pájara y uno no tiene ni una triste historia que llevarse hasta las teclas. Sequedad informativa. Penuria inspirativa pero dejalas, hijo que ya vendrán. No entra nada en esas esfera maravillosa de las cuarenta pulsaciones por minuto. La mente parece bloqueada y entonces es como el cadoz de la noria de una alberca que se empeña en sacar agua de donde no mana.
A la maquina de escribir hay que aporrearla pero el ordenador parece que va solo. Se embala. Es una maquinaria de magia oculta que parece ajena al temperamento y a las veleidades humanas. El PC(4) no parece comprender los altibajos del plumilla que lo maneja. Es silencioso, de visión nictálope, superferolítico, eficaz, pero a veces nos muestra la cara hosca de sus manías. Es más inteligente, menos apasionado que la maquina de escribir, al tiempo que muestra un mundo plano.
Es todo cabeza porque de raza le viene al galgo. Lo dicen inteligencia artificial. La otra, todo corazón. Los que para escribir necesitamos barullo, humo, que suene la campana, que se atasque el rollo de papel que rechine el carro y que se cargue aun el tope de la justificación echamos de menos a la "Underwood" cuyo espaciador manejábamos con furia porque cada linea escrita aunque no nos la pagasen como a Agatha Christie o al perulero don Vargas Llosa que cobra una millonada por sus engendros en forma de articulito era una victoria.
Era como rescatar al Ser de la Nada. El que pone una idea en circulación en este país de modorros engendra y trae muchos hijos al mundo en diferentes partos múltiples. Echábamos para el compañero de al lado una sonrisa de satisfacción. Cáspita. Eureka. Lo conseguí.
Los que venimos de esta furia nos sentimos cohibidos por esta gollería silenciosa de la cibernética. La memoria artificial abrió para el escritor la cancela de otros mundos. Con ella puede llegarse al texto perfecto. Quitar. Añadir. Corregir. Sobrescribir. Formatear. Escindir. Proyectar. Subdividir. El cursor y la clepsidra. Todo aséptico y superferolítico pero uno siente nostalgia por aquel ambiente visceral, aquel humo, aquel hablar a voces. Hoy ya no se fuma. Es un mundo sin tabaco pero envenenado con otros tóxicos. Y todos vivimos enajenados por una vida sin ilusiones y sin amor. Mercurio derribó a apolo de su pedestal.
La última carta desde América de Alistair Cook-el hombre que narró para la BBC la entrada de los rusos en Berlín y la caída de la Montecasino-sus crónicas eran tan periodísticas que bastaba con escuchar el lead, después se perdía en juego de palabras y parecía que se escuchaba a sí mismo- me ha embargado de añoranza este domingo de agosto. El periodista británico cuenta lo difícil que es en Nueva York hacerse con una cinta(5) de maquina de escribir a gentes que, como él, siguen sin entender el ordenata.
¡Hay que ver las maravillas que inventa el hombre blanco! Aquí empieza el tránsito de lo digital a lo analógico. Las manualidades tienen poco espacio de vida.
En Nueva York nació precisamente la maquina de escribir el 1873 patentizada por un inglés que se apellidaba Remington. Este señor se había forrado fabricando cañones y armas cañones. Su caso era muy parecido al del magnate Nobel sueco que fundó los dichosos premios aquejado de un golpe de arrepentimiento por haber colocado en el mercado armas de todo tipo. No sabía el hombre que la maquina de escribir también puede ser un arma letal y cargada de futuro.
Puede causar bajas y barrer enemigos sin necesidad de pólvora u otro fulminante. Es un revolver y una navaja(6). Pero la mecanografía puede ser un atril para reclinar los santos evangelios. Se trata de una herramienta carismática para cuantos seguimos creyendo en la Buena Nueva. Me incluyo en el cupo de estos humanistas idealistas a los que el vulgo tacha de zumbados. Que siguen creyendo en la justicia y la solidaridad. ¡Rara avis!
Las treinta Redondas nos sirvieron de escalera para trepar a esas realidades excelsas a las que aspira el ser humano que son la Verdad y la Belleza. Pero acabamos rompiendonos la crisma. Luego nos levantamos, sacudimos el polvo de nuestras sandalias con la caída, nos limpiamos los petos pero pronto nos dimos cuenta de que no teníamos donde ir. Nadie nos oferta cobijo ni nos da un lugar para lamernos nuestras heridas.
Uno ha muerto para el mundo. Vive en su celda recluso servido por esas hurís sin cuerpo, dulces etéreas, a ratos hetairas, que nos sirven, nos lavan los pies derramando sobre nosotros ricos pomos de alabastro como hizo María de Magdala, que son las fieles Redondas Blancas. Autenticas cantineras para los escritores de infantería que somos los periodistas. Y de su mano seguimos escribiendo, soñando.
El 408 ya san Agustín poco antes de que los corceles de Alarico hundieran sus pezuñas sacrílegas en las lajas de la Vía Apia, alertaba, desengañado, que la verdad y la belleza sólo podrán ser gozadas en la otra vida porque "mi reino no es de este mundo".
De tejas abajo, sólo podemos aspirar a que ellas nos sirvan de cirineo para sobrellevar las tribulaciones y persecuciones que la vida depara o servirnos de escudo o talanquera para esquivar los muchos golpes y cornadas que nos lanza el enemigo. "Porque vivimos sojuzgados por un poder temporal en el que manda Lucifer", escribe el santo.
Pese a ello no claudicamos. Conscientes de nuestra derrota temporal, confiamos en nuestra recompensa eternal. Sabremos ser carne de cañón y carne de prostíbulo pero, asimismo, estamos abocados a ser carne de máquina de escribir.(7) Somos, en una palabra, los perdedores.
La voz rotunda, como de petulancia de Cook [British pasada por la trituradora del yanqui pangue, que los americanos hablan un poco por la nariz, y del acento meso-atlántico] nos sigue acompañando desde Nueva York. Es todo un icono de la famosa sede de Bush House. Él debe de haber pasado el Rubicón de los 90 en plena claridad mental. Quizás los buenos periodistas nunca mueren. Cook es la voz de la tía abuela o "auntie" que es como llaman los ingleses a la BBC. Quizás los buenos periodistas nunca mueren.
A mí desde luego siempre don Alistair me pareció un buen periodista aunque un si es no es petulante, uno de esos ingleses que miran a media humanidad por encima del hombro. Los buenos locutores quizás nunca mueran. Sólo se desvanecen y su voz sigue rodando a través del éter por toda la eternidad.
Cook es el oráculo de la crónica política internacional. Es un panegirista inglés de la América profunda y yo no diría de pensamiento independiente pues su discurso sonaba siempre algo "phoney"(8) pero creíble.
Se le cita como hombre de la CIA en Gran Bretaña. Su letra desde América es el Nueva York entrevisto desde un angular personal narrada con un impecable acento medio-atlántico, a caballo entre sendos mundos, que ni es inglés de las islas ni es yanqui, pero que conserva toda la nasalidad en la que se expresaban los Padre Peregrinos, al calor de las viejas palabras resucitada del Webster Dictionary.
Cuando yo vivía en Londres, allá por los felices 60, yo era un fan de Alistair Cook. Su emisión salía al aire en las tranquilas tardes de domingo inglés cuando al país se le para el reloj(9) y hay que darle el cuerda, limpiar la alfombra, lavar el coche, tomarse la enésima taza de té mientras atardece y las iglesias anglicanas de Londres recibían a los escasas fieles que acudían a las vísperas o Evening Song.
Tenía su magia el domingo inglés que era un verdadero sabath y la voz de aquel corresponsal de la BBC contribuía a la puesta en escena del English Sunday que era en aquellos tiempos toda un institución. Mi hija Helen de dos años, que ya por entonces debía de querer ser periodista, se sentaba a la máquina de escribir atraída por la magia de las Treinta Redondas Blancas. Miralas que solos están como el lagarto y la lagarta. Su madre se atareaba en la cocina y mientras daba el botón del conmutador Suzanne decía:
-My God. This bloke goes for ever(10)
Ella le había conocido de niña cuando era un anciano. La voz siguió repicando hasta bien entrado el siglo XXI y luego su cadaver experimentaría una historia rocambolesca. Alguien lo robó para extraer a don Alistair difunto algún órgano. A lo mejor fue la voz que la tenía bastante eufónica.
En 1995 seguir escuchando a don Alistair me llena de nostalgia con aquel mundo que dejé atrás en England, que fue mi secunda patria, mi segundo país y del que a veces me siento exilado. Un exilado soy del amor, de la verdad y de la belleza. My God. ¡Ha pasado tanto tiempo!
¿Qué sería de mi pequeña Helen a la que la madre me impidió visitar?(11) Pasó tanta tiempos, cayeron tantas hojas muertas que se llevaron a tantos amigos a lo largo de infinitos otoños. He llenado tanto papel. Emborroné tantos folios. A veces con menos eco del que esperaba y de lo que creo me merezco. Pero la vida es ansí (don Pío dixit)
Sin embargo, las redondas blancas siguen ahí y de ellas yo no estoy ayuno ni a blancas. Bien las conozco y ellas me conocen a mí. Conservan el magnetismo imponderable de la eterna juventud. Y esa inocencia que han de tener las bellas para ser bien deseadas.
Son
deidades a las que su castidad convirtió en Vestales del devenir.
Ellas serán vírgenes perennes mientras nosotros envejecemos
arqueando el lomo sobre la esteva y nos aquejan los achaques y los
ataques de malencolía pues ya nada será como entonces. Ellas nos
devolverán algún día el amor. Por su intercesión quizás tengamos
esa resurrección sobre la que converge todo escritor el cual
mediante la escritura quiere perpetuarse: resucitar, ser inmortal. El
ábaco, los abecedarios, las teclas y la escala musical son entes sin
tiempo. Soñemos, alma, soñemos.
Antonio Parra
6 de agosto de 1995
transcrito
8 de agosto de 2008
1. 1995. Alistair moriría en los inicios del siglo XXI
2. Francisca Umbral falleció en septiembre de 2007
3. Máquina de mecanografiar. Entonces la portátil no era el ordenador. No había surgido.
4. Personal computer. No partido comunista.
6. Yo cerca de un ordenador puedo ser un tipo peligroso. Sorry
7. Quizás no sea un rasgo que beneficie decirlo pero el mundo de la prostitución se encuentra íntimamente conectado con el de la literatura
9. Recuerdo aquella lectura de los dominicales arrellanado en el sofá fumandome mi pipa o mi Number 6. Muchos reportajes los recortaba. Me hice periodista mirando para los ingleses. Entonces los admiraba. Hoy ya no tanto. Me aburrí de pirámides informativas y llegué a la conclusión de que los anglosajones proclamando la objetividad de las seis W pueden convertirse en sectarios. Empecé siendo periodista de agencia y me convertí en periodista de chispa.
10. Santo Dios. Este tipo parece que no se va a acabar nunca. Parece que tiene gas para rato.
11. Para los curiosos de mi biografía diré que a fines de 2005 di con su paradero y hablé con ellas. Suzanne es pensionista profesora jubilada en Cornualles y Helen es matron
ALCAZUZ DE VALDlEPIELAGOS
El alcazuz de Valdepielagos
Raíz que no cuajó
Una buena novela es como un gran amor
Que ninguno la escribió
El viento del mal
Sus gérmenes malhadó
Ego scriptor
No soy más que un loro escribidor
Tongue in cheek
deslenguado
Ironías del destino
Jostling in the Madrid tube
!We are so many!
Wistful and yearning for the good old London
days
Que se fueron para no volver
Me pierdo en el vórtice
Este gran remolino
De letra escrita
Páginas e ideas doy al pregonero
Es el mensaje de la botella
Mis cartas no son leídas
Nadie contesta
Caminando voy por
subjuntivos y voces perifrásticas
Que ponen el mundo del revés
Cuando todo es fascinación y pacotilla
De Internet
Entre medias sonrisas voces de pito
De la locutora
Que está como un tren
¿Quién será su padre putativo?
Con elocuencia parlotea del coño la Bernarda
La actualidad rosa es un vaivén
De casamientos divorcios y funerales
Entre rancajos y astillas
Yuxtaposición copulativa
Que vivimos en vilo
De una copula
Pedritos y Rociítos
Sacan de la morgue a la tonadillera coplera
Los estúpidos jornalistos
Bailan el agua a su memoria
Cuando la
Ruperta iba pa el hórreo
A su amante buscará esa jodida
Ávida de encamar entre la paja del narvaso
miércoles,
04 de noviembre de 2026
DIA DIA DE LA UNDAD PATRIA RUSA
CELEBRAN los rusos el día de la Unidad Patria. cuanta envidia me da. El nexo de unión, el zeugma, es la iglesia ortodoxa. En Moscú hubo procesiones y en el templo de la Dormición de la Virgen o Asunción una liturgia magna. Y por las calles los coros y danzas venidos de toda las partes del inmenso país hombres y mujeres de todas las razas, de todos los aspectos, el calmuco con el ruso blanco, el cosaco y en transcaucasica, Definitivamente, Rusia tan calumniada y atacada por nuestros periódicos es un ais grande que a costa de muchos sacrificios y de sangre estáganando la batalla a las fuerzas oscuras ditigidas por ese Zelenski el hombre de paja, el titere sin cabeza de Alemania y de Washington
GOGOL EN MEDIO DE LAS
CONTRADICCIONES DEL EVANGELIO (3)
La puerta es estrecha y lleno de
contradicciones y de renuncias está el Reino de los cielos. Cristo no era de
este mundo, estaba en el mundo, vino a los suyos y los suyos y no lo recibieron.
Es más difícil que un rico se salve que un camello pase por el ojo de una
aguja. A esas me atengo para refutar a los tramposos y los prevaricadores a los
que se arrogan virtudes que no les pertenecen. El orgullo y la soberbia matan.
Los lujuriosos se arrojan al precipicio de las carnales pasiones y santifican
la sodomía. Se vuelva yerma su esperma. Feministas que adoran a la serpiente.
Surgen cataclismos y hay angustia entre las gentes. Ayer vi cómo un capador emasculaba
a una verraco símbolo de los ateos que se tienen la tea y hacen equilibrios en
la cuerda floja de la ingratitud, hijos de los abismos, pájaros de fantasía y
políticos de todos los colores, bajo el predominio de lo hodierno. Otro toro
que ese no vale. Vamos a unas elecciones generales en que se sabe quien será de
antemano el ganador. Están engañando al pueblo con sus perversiones. Dos
embajadas muñeron el enredo de convertir a esos pijoflautas y descamisados en
ganadores, con su varita mágica de trocar lo blanco en negro y de convertir el
agua en vino. Mientras don Tancredo se pone de perfil, España se asemeja a las
Bodas de Caná con mucha química donde te aniquilan enviándote por correo un
maletín infectado de virus que inyectan en el cuerpo del que molesta células
cancerigenas. ¿Ha llegado la hora del Apocalipsis? Mensajes dentro de la
botella, cartas al vacío, y bostezos.
Por eso leemos, con buen criterio,
a los buenos escritores rusos como Goncharov, apóstol de la indolencia y de la
accidia, y nos recostamos en el diván televisivo viendo pasar imágenes. Nada se
puede hacer. Nuestra voluntad está inhibida y nuestra mente alienada por los
sitcoms. Mejor, no pensar. Que inventen ellos. Ahora entiendo a Unamuno.
Gogol hacía examen de conciencia
sobre nuestras pesadillas diurnas y nocturnas. Monstruos imbéciles, reinas de
las mañanas, vestidas de faralaes, atontadas que cantan viejas coplas que ya no
inspiran a nadie.
El gran autor ruso ucraniano
imbuido de espíritu mesiánico se propuso salvar al mundo.
Decepcionado el 11 de febrero de
1852 echó al fuego sus libros. Se perdieron sus mejores escritos en aquel auto
de fe personal. Diez años después fallecería victima de un cáncer en medio de
atroces sufrimientos. Sin embargo, su arte se refleja en las obras que se
salvaron de la quema Las Almas Muertas
y los Cuentos de Nochebuena. Al mundo lo salvará el látigo de un cosaco.
Este genio ruso a través de la palabra tuvo una visión anticipada del edén
cabalga de nuevo. En el cielo los ángeles ríen. Gogol quiso transportar el
sentido del humor y la sátira a ese paraíso ortodoxo que tan bien describe a
través de la fe de sus atamanes.
Tal vez, enmendándole la plana al
Salvador, porque los cristos están rotos de dolor y de cansancio, no prorrumpen
jamás en carcajadas, quería inculcarnos una espiritualidad amable e incluso
cómica. Son lirios puros del campo, sin embargo, esos cristos curan y salvan y
están en la historia coronando la cúpula del gran sabaoth.
2026-11-03
dimitió Oscar Puente ALBRICIAS
ATIENDENOS SEÑOR ESCUCHA NUESTRAS SUPLICAS
PENITENCIAL DEL RITO HISPANOVISGÓTICO EN LATIN
Posted: 07
Jan 2018 05:28 AM PST
Attende Domine, et miserere, quia
peccavimus tibi.
Ad te Rex summe,
omnium Redemptor,
oculos nostros
sublevamus flentes:
exaudi, Christe,
supplicantum preces.
Dextera Patris,
lapis angularis,
via salutis,
ianua caelestis,
ablue nostri
maculas delicti.
Rogamus, Deus,
tuam maiestatem:
auribus sacris
gemitus exaudi:
crimina nostra
placidus indulge.
Tibi fatemur
crimina admissa:
contrito corde
pandimus occulta:
tua, Redemptor,
pietas ignoscat.
Innocens captus,
nec repugnans ductus;
testibus falsis
pro impiis damnatus
quos redemisti,
tu conserva, Christe.
Attende Domine, et miserere, quia peccavimus tibi
ESPAÑA
MI NATURA
LA VIDENTE DE TRUMP QUE CREE QUE ES EL MESÍAS
TRUMP Y UNA VEORA DIABOLICA COMO ASESORA
El Trump es
un loco. Asesorado por gentuza, judía fundamentalista. Se cree el Mesías y es
la viva imagen diabólica de Judas. Si yo fuera norteamericano, me avergonzaría
de lo bajo que ha caído ese país. Una tal Paula White es el nombre de la veora
o vidente. Creo que Hitler al lado de don Donaldo Trampas era una hermanita de
la caridad
STOLAM CHARITATIS. ORNAMENTOS BIZANTINOS
ornamentos liturgicos
bizantinos
En la Iglesia
Ortodoxa, los miembros del clero se revisten de ropa especial para la celebración de los oficios
litúrgicos. Existen dos vestimentas fundamentales: el alba y la estola. La primera de ellas, el alba o stijarion, es la túnica bautismal. Todos
los sacerdotes y obispos se ponen esta túnica durante la divina liturgia. Es de color blanco, ya que representa la “túnica de la salvación”; la misma túnica blanca en que todo cristiano se reviste en el día de su bautismo, simbolizando la nueva humanidad de Jesús y la vida en el Reino de Dios (Apocalipsis 7,9 ss).
La segunda vestimenta esencial del clero cristiano, la estola o epitrajilion,
que va alrededor del cuello y sobre los hombros, es signo del ministerio
pastoral. Originalmente se confeccionaba de lana, simbolizando las ovejas, es
decir, el rebaño de Cristo, por quienes los pastores son responsables
espirituales. Tanto los obispos como los sacerdotes llevan esta vestimenta al
ejercer su ministerio pastoral, dando testimonio de que los ministros de la Iglesia viven y actúan única y exclusivamente para cuidar y servir los
miembros del rebaño de Cristo Jesús el Señor. A través de la historia de
la Iglesia, se aumentaron y se desarrollaron más los ornamentos
litúrgicos empleados por el clero. Los obispos, sacerdotes y diáconos comenzaron a usar unos puños especiales o epimaniquias, diseñados
para mantener las vestimentas en forma ordenada durante los oficios. En el momento de revestirse con estos puños litúrgicos, los clérigos rezan versículos de los Salmos que les recuerdan que sus manos pertenecen a Dios [1].
También comenzó a usarse un cinturón para sujetar los ornamentos. Al colocarse
el cinturón, los clérigos rezan salmos que les recuerdan que es Dios quien les
da la fuerza para llevar a cabo su ministerio. Solamente los obispos y
sacerdotes utilizan este cinturón litúrgico [2].
La túnica que llevan los diáconos, hipodiáconos y lectores también se llama stijarion. Probablemente tiene su origen en la misma
túnica bautismal, sólo que de forma más ricamente elaborada. Los diáconos e
hipodiáconos también llevan una estola llamada el orarion. Esta estola
probablemente fue, en su forma original, un largo pedazo de género en que
fueron escritas las letanías litúrgicas y otras oraciones. Esta vestimenta recibe su nombre del verbo orar.
En los oficios litúrgicos hasta el día de hoy, el diácono levanta el orarion en
gesto de rezar cuando entona las partes del oficio divino que le correspondan.
El hipodiácono, en cambio, lleva su orarion atado por la
espalda en forma de cruz.
Los sacerdotes además de la túnica bautismal blanca, de su estola pastoral,
puños y cinturón, también llevan una túnica exterior grande llamada felonion
o casulla. El felonion cubre toda su espalda, y por delante le cubre hasta la
cintura.
Esta vestimenta seguramente fue desarrollada en base del vestuario formal de la
temprana era cristiana y, bajo la inspiración bíblica, llegó a identificarse
con el llamado de la vocación sacerdotal. Al revestirse del felonion, el sacerdote reza las
siguientes palabras del Salmo 132:
Tus sacerdotes, oh Señor, se revestirán de justicia, y los santos se regocijarán con alegría ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amen.
Es probable que antiguamente los obispos también llevaran el felonion, y sobre
él se colocaban el omoforion, la vestimenta que es emblema de su ministerio
episcopal como pastor principal de la Iglesia local. Sin embargo, cuando el imperio cristiano fue capturado por
los turcos en el siglo 15, a los obispos cristianos del oriente les fue confiado
el poder civil sobre todos los cristianos bajo dominio turco. Entonces, debido
a que el imperio cristiano ya no existía, los obispos adoptaron el uso de la
insignia imperial y comenzaron a vestirse de la misma manera que antes lo
habían hecho los gobernadores civiles cristianos. Utilizaron, entonces, la
túnica imperial, el sakkos, y la corona imperial, la mitra.
También comenzaron a pararse sobre el orlets (el águila; una pequeña alfombra
con la imagen de una águila en ella) durante los oficios divinos y a llevar
el báculo, que simbolizaba más su poder civil y seglar, que su ministerio pastoral.
Fue también en este período que comenzó a usarse la palabra déspota al dirigirse uno a los obispos, palabra que significa soberano, un
título para el poder temporal y no espiritual. Y los clérigos comenzaron a
llevar pelo largo, también signo de gobierno terrenal en tiempos antiguos. En
el siglo 17, durante la reforma del Patriarca Nikon, estas mismas costumbres fueron adoptadas por la Iglesia Rusa para sus obispos.
A través de los años, algunos de estas nuevas insignias en la Iglesia fueron
“espiritualizadas”, y se les otorgó un significado bíblico. Así, la mitra llegó
a entenderse como señal de la victoria cristiana, pues los santos reciben sus
coronas y reinan juntos a Cristo. (Apocalipsis 4,4) El águila comenzó a
comprenderse como signo del vuelo hasta la Jerusalén celestial, ya que es el clásico símbolo bíblico de San Juan y el Cuarto
Evangelio. (Apocalipsis 4,7; Ezequiel 1,10) El báculo llegó a representar la vara de Aarón (Éxodo 4,2), y así sucesivamente. Se debe entender, sin embargo, que estas
particulares insignias del oficio episcopal son de un desarrollo más tardío y
accidental en la historia de la Iglesia. A las vestimentas de los obispos y
sacerdotes es necesario agregar el epigonation, pieza de tela en forma de
rombo. Este es una distinción que simboliza la “espada de la fe” y el Verbo de Dios.
Los sacerdotes reciben este símbolo cuando el obispo les confiere la bendición que los autoriza a realizar la Confesión
Sacramental. En relación a la participación del obispo en los
oficios divinos, también se desarrolló el uso de dos candelabros especiales con
que el obispo bendice a los fieles. Uno de estos candelabros tiene tres velas, y se llama el trikiri; la otra
tiene dos velas, y se llama el dikiri.
Estos candelabros representan los dos misterios fundamentales de la fe cristiana ortodoxa: que hay Tres Personas
Divinas en un solo Dios; y que Jesucristo, el Salvador, tiene dos naturalezas, siendo Dios perfecto y hombre perfecto.
Existen también dos clases de gorros litúrgicos que tienen significado especial
en la Iglesia Ortodoxa: uno en punta, y otro cilíndrico. Generalmente, todos
los sacerdotes de las iglesias de tradición griega o árabe se usa el gorro de
forma cilíndrico, pero en iglesias de otras tradiciones locales es usada sólo
por algunos como una distinción especial.
Los obispos y monjes la utilizan con un velo negro que cae por la espalda. El gorro en
forma de punta es utilizado por los monjes y, según la tradición rusa, por
algunos miembros casados del clero como signo de alguna distinción especial.
También en la tradición rusa, ciertos miembros casados del clero reciben el
honor de llevar la mitra durante los oficios litúrgicos. En otras iglesias
ortodoxas, sin embargo, la mitra es reservada únicamente para los obispos
y abades de los monasterios, los archimandritas.
El uso de estos gorros litúrgicos, como se puede ver, varía entre las distintas
tradiciones locales de las iglesias, y no es universal. Hoy en día, su
utilización en la Iglesia ortodoxa está en regresión. Por último es necesario
señalar que tanto los obispos como los sacerdotes se ponen una cruz pectoral. Además, el obispo lleva un medallón o encolpion con la imagen de Cristo,
de la Theotokos con
el Niño Jesús, llamada la Panagía, que quiere decir, la Toda Santa. Ciertos dignatarios
tienen el derecho de llevar dos medallones, uno a cada lado de la cruz
pectoral.
En cuanto al uso de la cruz por los sacerdotes, de acuerdo a la tradición rusa
todos los sacerdotes la llevan, mientras en otras tradiciones locales como la
griega y la árabe, es utilizada litúrgicamente sólo por aquellos sacerdotes a
quienes ha sido otorgada como una distinción especial.
La Iglesia Ortodoxa firmemente sostiene que el uso de vestimentas litúrgicas es
esencial a la práctica litúrgica, experimentada como la realización de comunión
con el glorioso Reino de Dios, un Reino que aun ha de venir, pero que a la vez ya está junto a nosotros
en el misterio de la Iglesia de Cristo. Sin embargo, la tendencia actual es que
las vestimentas sacerdotales tengan mas simplicidad, más próximas a la
inspiración bíblica y sacramental de las primeras comunidades cristianas.
Notas
1 Al colocarse el puño en la mano derecha, el sacerdote reza lo siguiente: “Tu
diestra, oh Señor, se glorifica por la fortaleza; tu mano derecha, oh Señor,
aniquiló a los enemigos y en la multitud de tu gloria, ha borrado a tus
adversarios.” Para la mano izquierda reza: “Tus manos me han creado y me han
formado; instrúyeme y aprenderé tus mandamientos.”
2 Al colocarse esta vestimenta, el celebrante reza: “Bendito sea Dios, que me
ciñe de fortaleza, y ha hecho inmaculado mi camino. Haz que mis piernas sean
como las del ciervo y colócame en las alturas.”
ESPAÑA MI
NATURA
(de mi libro SEMINARIO VACÍO DE SEGOVIA)
Bajábamos al refectorio hambrientos después de las preces la misa
conventual y los puntos de la noche anterior en que nos obligaban a meditar en
la muerte. Silencio sepulcral. Sólo se escuchaba el entrechocar de los
cubiertos y el borbotar de las cafeteras humeantes y maternales que servían en
calderos por las mesas alinedas los semaneros. El presidente se sentaba en la
consola circular preferente que llamábamos “rostrum” y el prefecto se paseaba
por las aleas del comedor mirada en ristre y un breviario de piel rusia y
cantos de oro bajo el brazo.
Era don Marciano Monroy un clérigo elegante que vestía sotanas entalladas
de cachemir y olía a agua de colonia. Usaba loción “Varón Dandy”.
Tenía la boca pequeña y la mano lista para repartir cachetes a los
rezagados los desaliñados los “díscolos e incorregibles” según el reglamento.
Con él de vigilante no había que salirse de la fila.
Podías comulgar sin ir a misa.
Por menos de nada te caía una “hostia” de la mano regordeta del prefecto.
De vez en cuando se metía por medio de las ternas y corría la
baqueta. Zas. Fuego a discreción. Había sido don Marciano capellán castrense de
un barco de la marina de guerra que se llamaba el “Furor” y de los sargentos
había aprendido aquella odiosa técnica de sacudir el polvo a los educandos. La
letra con sangre entra.
Creía nuestro prefecto que todo en esta vida se arregla con un buen
sopapo. Nos tenía a los trescientos y picos tíos que integrábamos el seminario
menor, derechos como velas. Zas.
—Pero si no hice nada, don Mariano.
—Pórtate bien ,te dije.
Y al que protestaba volvía a solmenarlo de refez.
Tenía una mano gruesa de cavador, de Valladolid, y cuando te daba con lo
gordo hacía daño. Pero olía a buen tabaco y a agua de colonia.
Sus cigarrillos americanos Winston, Chester, Camel, sahumaban de perfume
los pasillos de los tránsitos. Porque hedía un poco a montuno en todo el
seminario.
Así, purificamos el ambiente, alegaba don Marciano.
Entonces, el lector de semana se subía al púlpito y declamaba la
página del martirologio romano que correspondía a los santos del día, con el
brío y el entusiasmo del pregón pascual.
El mejor de todos los que leían en aquel seminario de postguerra era un
alumno pequeñito de quinto al que apenas se le veía sólo la cabeza porque era
muy corto de estatura. Le llamaban rompetechos pero andando el
tiempo llegaría a ser un predicador de campanillas.
Tenía una voz poderosa y una dicción perfecta. Era de un pueblo que llaman
Valdesimonte.
No se me olvidaría aquel lector, que consiguió cantar misa, uno de los
pocos, y aprobaría las oposiciones a canonjías. El cabildo le nombró deán de la
catedral de Segovia.
Sus lecturas matinales al igual que las novelas de Emilio Salgari que
leería con una exactitud pasmosa, lo vivía, y a través de su voz que
escuchábamos, embaídos, vivíamos las aventuras de los mares del sur y la muerte
gloriosa y violenta de los casi un millón de mártires que tuvo la iglesia en
las nueve persecuciones acometidas por los nueves cesares contra los
cristianos.
Nos aprendíamos no solo el santoral nombres y hazañas increíbles sino
también lugares de una toponimia que despertó nuestra imaginación: Bitinia,
Treveris, Cilicia, Capadocia, Numidia, Siria donde se derramó antes que en
ninguna otra nación la sangre por Cristo, etc.
Valdesimonte solía terminar su alocución con esta coletilla que traían
todos los menologios con un lacónico “Y en otras partes otros muchos santos
mártires confesores y santas vírgenes”. Entonces don Marciano daba una
palmada y empezábamos a desayunar: tostadas con mantequilla y café con leche en
polvo, un regalo de los americanos.