SAN DOSITEO TIEMPO DE
CUARESMA. VENEREMOS AL PATRÓN DE MEMBIBRE DE LA HOZ
Hoy 21 de febrerillo
loco es san Dositeo. Viernes de Cuaresma.
Escucho desde mi
ventana el chirrido de las becadas que han vuelto y vuelan migratorias hacia el
norte. Esta algarabía que escucho habitual año sí y otro no. Se esponja mi corazón
y me obliga a proferir un canto de alabanza a mi Creador.
¡Cuán grande es el
Señor¡ hasta las grullas alborotando en las antiguas eras al pie del castillo
de Villafranca prorrumpen en gritos de alabanza. Lent. Veliki Post. Tiempo de ayuno.
Sustine
et abstine. Guardar continencia. Años atrás no encendía pipa hasta el sábado
de resurrección. Ya no fumo por lo cual el caso ya no es tarea. Guardar continencia
ya no lo es. A mis 81 años y medio, los fuegos fatuos del erotismo se me han apagado.
La libido no sólo no
se enciende sino que me causa risa y yo soy un monje blanco, un fraile sin
monasterio, abad de mis propios deseos.
Guardo la Regla como
me da la gana y me extasío escuchando el canto primaveral de las grullas. Las cigüeñas
ya han vuelto aunque aseguran los ornitólogos que esas zancudas ya no se van, continúan
machacando el ajo en sus enormes nidos en lo alto de nuestras torres.
La becada scolopax rusticola es ave migratoria que
busca los humedales del norte de Europa hacia finales de febrero. Pero la
grulla, a mano contraria, regresa al norte. Vuela para criar en Finlandia y en
Suecia.
Dicen que es extremeña
pues en Cáceres tiene la invernada, con sus patas largas, sus elegantes
penachos, el alto copete. Son por unos días las reinas de la dehesa al pie del
castillo de Villafranca.
Su parloteo no se
interrumpe ni de noche. Es una maravilla que
me hace pensar en que lo bueno no se acaba. Me olvido de las locura, desaires y
desafíos de ese Mr. Trump que está medio loco y muy contento al volante de mi
buga me acerco hasta Membibre de la Hoz por ser hoy san Dositeo nuestro patrón.
En un par de horas cruzo la cordillera y me
planto ante el atrio de la iglesia de Membibre donde yo jugaba con los de mi
cuadrilla al chito y al zorro-pico-zaina y veo bajar una estantigua que desciende del cielo hasta posar sobre la puerta de
herradura cerrada a cal y canto.
Ya no hay gente, chiquitos, media docena de
vecinos y por el verano algo más.
Membibre para molinos, decía el cantar. Todos se han derrumbado. El río Hoz daba sartas de cangrejos. No queda ninguno.
La casa del abuelo Severiano larga de hechura con tejaroz que parecía un sombrero fue vendida al igual que las tierras de labor y lo mismo que el majuelo. Aquella viña era el ojo derecho del abuelo Parra. Mi padre y mis tios todos muertos: Silvino, Felipe, Ursino, Petra, Manahén y la Domitila que se murió al nacer.
Voy
recorriendo los letreros de las tumbas en este camposanto semiabandonado de mi
pueblo y aparecen nombres que no parecen
de estos tiempos sino que evocan la costumbre de bautizar a los recién nacidos
con el santo del día: Verulo, Secundino, Siricia, Servula, saturnina, Fortunato,
Venancio, Maximiano, Patero.
Severiano Parra, en honor al obispo y mártir de Escitopolis en
Palestina se llamaba mi abuelo.
Lo bautizó don Valerio
Ventolero un párroco que fue del pueblo a finales del siglo XIX. Le gustaba el
traguillo y las mozas. En la rectoral siempre servía un ama cojonuda que le
parió doce hijos a los cuales los metió en la inclusa.
─¿Cómo tú por aquí, Silvino?
─Yo soy Antonio.
─¿No eres tú el hijo
del sargento Parra?
─El mismo.
─Pues dispensa. Es que me ha dicho el oftalmólogo del Paraíso que he de ponerme gafas y ya le he dado un toque a san Pedro para que me compre unas gafas.
─¿Necesitáis gafas ahí
arriba también?
─Si eres corto de
vista, sí. Anda que no.
─Puaf.
─¿Y qué te trae por
acá?
─He venido a veros a vosotros.
─Pues aquí hay poco
que ver. Ya sabes. La España vacía. Pocos y mal avenidos como los galgos de
Zurita. Estando en estas bajaron dos ángeles y dijeron a Ambrosio metiéndole
prisas:
─Espabila. Que están
tocando retreta. Basta ya de darle a la húmeda. Recuerda que eres un difunto
Desapareció la visión.
Los trasgos se fueron. Membibre se quedó sin fantasmas y yo con mi melancolía y las ganas de saber más
pero nadie ha podido desentrañar hasta ahora los secretos de ultratumba.
Cuentan las crónicas
por ahí que los Parra somos judíos conversos y no sé yo. No me parece a mí. Lo único
que somos muy rezadores, algo mirados para el dinero sin ser tacaños. Cuando estamos
en oración balanceamos el cuerpo. Nos gusta estudiar. Vamos por el mundo
cargados de libros. Nos prueba el
traguillo. No somos lujuriosos pero nos encanta comer. Así que nos vendrá muy
bien el ayuno cuaresmal pero no nos queráis meter en el mismo saco que ese don
Benjamín el sacamantecas de niños palestinos o el Trump que es un venado. No los
Parra no pertenecemos a esa estirpe.
─ Puede que seáis los
de la Numero Trece perdida. ─Pues a lo mejor. Quién sabe. Nadie puede decir que
este cura no es mi padre.
sábado, 21 de febrero
de 2026