2021-03-04

 

LA MISOGINIA DE QUEVEDO TUVO UNA RAZÓN DE SER

 

Siempre me consoló y fascinó la vida del caballero de las espuelas de Oro en su misoginia en su rapidez mental la brillantez de su intelecto así como sus desdichas e incomprensiones que soportó con paciencia jobea en una vida de 65 años.

Fue rechazada por Lisi no sabemos quién era esta bella dama a la que dedica uno de los sonetos sublimes de la lengua castellana "amor más allá de la muerte". Fue la dama de sus deseos y pensamientos. ¿Qué mujer se esconde tras este pseudónimo? ¿Una dama de la corte tal vez la reina? ¿Una ramera? No queda constancia muchos de los papeles de Quevedo se han perdido y su biógrafo un jesuita pasa de puntillas sobre el asunto.

Lo casaron a cañonazos con una viuda aragonesa fea como un tormento doña Esperanza Aragón y Cabra señora de Cetina. Había sido barragana de un clérigo al cual no he conseguido localizar en mis pesquisas. El casorio duró menos de un año. Su obsesión eran las mujeres de la vida y los sastres. Las primeras quitaban la salud y menguaban la bolsa. "sastres vienen al infierno vamos" y es que Quevedo era muy gordo y cargado de espaldas por lo cual le quedaban las chaquetillas cortas pingando el ferreruelo y las bragas no le tapaban la cojera de sus dedos zambos. Sus relaciones con Góngora fueron pura rechifla. Sin embargo he descubierto en contra de lo admitido hasta ahora que el érase un hombre a una nariz pegado no iba dirigido al autor de las Soledades sino al cura de Villarejo de Salvanés cuyas napias le llegaban hasta los pies.

 Su gran enemigo fue Lope que envidiaba el desparpajo y la irreverencia del padre del Buscón la mejor novela picaresca que se ha escrito en el mundo pura carcajada. Fueron Lope y su escudero literario Pérez de Montalbán los que le acusaron de herejía e intrigaron en la corte para que fuese desterrado.

Sin embargo Quevedo es mucho más teólogo que Lope que Calderón y el propio Tirso de Molina. Caballero de la cruz colorada al pecho y profeso de la orden de Santiago y hermano del Cristo de Olivar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 



CUADRIGENTESIMO ANIVERSARIO DEL CAUTIVERIO DE QUEVEDO


Una gélida noche de las Témporas de Adviento próxima la navidad Quevedo leía en su aposento cuando se escuchan voces en la portada de su casa en la calle del Niño (hoy glorieta del mismo nombre): Abrase a la justicia del Rey, gritaron los corchetes. 

El escritor muy friolero próximo a acostar se arropaba en una manta cuando entraron los corchetes y se lo llevaron con lo puesto, uno de los alguaciles compadecido le prestó su ferreruelo y aherrojado lo metieron en una galera. 

Se cumplía la orden de destierro. El vehículo enfiló el camino de Aranjuez y no se detuvo hasta llegar un día después a la Torre de Juan abad en la Mancha.

 Por desgracia es una escena que se repite con harta frecuencia en la vida española: el destierro, la incautación de bienes, la inhabilitación social y en el peor de los casos el quemadero. Ya lo dijo mío Cid “Castilla face los omes y los desface” y fray Luis de León “aquí la envidia y la mentira me tuvieron preso” cuando sale de la cárcel de la inquisición de Toledo.

Se desconoce el tenor de estas acusaciones y de esta primera condena ─subsiguientemente habría otra más rigurosa: las prisiones que hubo de padecer don Francisco en una húmeda mazmorra en san Marcos de León a la orilla del río Bernesga “no sé ni cuando es de día ni cuando las noches son”─ se aduce por causa la aparición de un soneto en la servilleta de Felipe IV cuando iba a comer: “Católica y cruel Majestad/ que en la tierra Dios os hizo deidad/ un anciano pobre y honrado/ sumiso os invoca y os habla postrado etc.”

 Don Felipe por el cabo sexual era todo un caso clínico. Insaciable. Su avidez venérea sólo comparable al apetito sexual de las mujeres que padecen furor uterino, según el doctor Marañón. A lo que se don Juan Carlos I sigue en esa demanda.

 Se le contaron ochenta hijos naturales y le gustaban sobre todo las monjas. ¿Arte y arte del mito de don Juan o de esa tradición que refleja la imagen de grandes fornicadores adscrita a la monarquía hispana?

Otros aducen un juego de palabras en que se mentaba la cojera y los cuernos de la reina esposa de un monarca tan putañero como era el Cuarto de los Felipes. Sea como quiera, la razón de más peso de su destierro y de su encarcelamiento sería la especie difundida por los cortesanos envidiosos del genio sosteniendo que Quevedo había trabajado como espía de los franceses. El Conde Duque don Gaspar de Guzmán acababa de sofocar victorioso la rebeldía de los catalanes y sentía inquina a Quevedo. Se venga el todo poderoso valido. Busca el desquite. 

El destierro del autor de Los Sueños fue el desagravio o despique del Conde Duque a su rivalidad con el duque de Lerma mentor de Quevedo y quien también acabaría en la cárcel. El patadón en la puerta, llaman a la puerta y no es el lechero, la calumnia y el omecillo la mala convivencia de unos con otros son consuetudinarios entre nosotros. 

Se tapa la boca al disidente con argumentos frágiles, se le difama, lo atacan por donde más le duele, la honra y todo se echa a perder. 

La sátira y la sorna con que fustiga a la sociedad de su tiempo se vuelve contra la persona de este genio a mi juicio el mayor escritor de la lengua castellana. 

Lope de Vega no lo podía ver porque a su vera se sentía mediocre y consigue que su amigo Pérez de Montalbán, que es el que azupa los perros, incoe un proceso ante el Santo Oficio para sentar en el banquillo a Francisco de Quevedo por hereje, borracho, zambo putero y unas cuantas cosas más. 

La Inquisición reparando en la grandeza de un hombre que escribió “Los Sueños” archivó la causa. Pero la envidia es pecado que corroe a los españoles desde los visigodos. Precisamente a ellos les debemos eso que llamaban “morbo gótico”