NIHILISMO DE CHEJOV IVANOV Y LA
GAVIOTA
Acostumbraba yo a acudir al
teatro del West End londinense en los 70 del pasado siglo. Antón Chejov era uno
de los autores favoritos. Adaptaciones impecables y vibrantes. La lengua rusa y
el inglés se parecen en la teatralidad como si estuviese hecha la una para la
otra. La “Gaviota” (chaika) me haría llorar. creo que refleja la biografía y el
alma de Chejov un autor triunfador pero afligido por el tedio, el paso del tiempo,
la incomunicación entre los seres, la glotonería, el vodka o la consideración
de la belleza que se marchita y la vida que fluye y pasa para no volver más. Literariamente
Antón Chejov es grande y amplio como el Volga pero humilde y sencillo como un doctrino. La Gaviota es su testamento
literario. “Siento pasión por escribir. Escribo un cuento, una novela.
Otra y otra, me lo paso bien redactándolas y corrigiendo las pruebas pero ya en
la imprenta y una vez publicada me olvido de ella. Nunca releo lo que escribo. Me causa desazón.
Alguno dirán es un gran escritor pero no es Tolstoi, describe la naturaleza
pero no es Turguenev” todo un vademecum. Me pasa a mí al cabo de miles de páginas.
No doy un cornado por lo que dice la crítica e mí. Tuvo un éxito rotundo en la
Rusia de su tiempo. Eso no me pasa a mí. Soy un incognito. Expulsado a las tinieblas exteriores de la autoedición o
agregado a la lista de las horcas caudinas de los sin nombre. En estas dos
obras magistrales antes de caer el telón
suena un disparo. Los protagonistas se suicidan. Ese nihilismo de Chejov sin
embargo caló en mis huesos. Me perpetra. Cuando leo a Chejov me entran ganas de ser mejor, me entra cierta
desgana, una tristeza, mi anosmia se conjuga con la astenia. ¿Quién soy yo?
¿Para qué nací? La gaviota que volaba
libre sobre las olas es abatida por un cazador aburrido. Inane acto de
perdición. Nadie guisará una gaviota. Su carne es muy dura y esquelética.
Entonces ¿para qué? El arte de Chejov tiene algo de litúrgico. En sus novelas y
en sus comedias es como si asistiéramos a una misa cantada en las bellas
ortodoxas rusas. Suena la voz de un
diacono recreándose en la octava baja mientras al otro lado de la epístola el
protodiácono suelta un do de pecho leyendo el evangelio. Sí Chejov aunque
nihilista es evangélico. Su obra plasma un mundo irredento pero en espera de la
rendición. Al término del drama aparece un obispo con mitra y casulla recamada
de oro para darnos la bendición mientras suena la maravilla de los coros
bizantinas. El humo de los incensarios al husmo del tintinea se elevan hacia
las cúpulas e imploran con majestad la plegaria de un perdón