2020-06-05


CAMINUM IGNIS
Cuco cuquiello
rebiquín de escocba
ya me dirás
cuanto me queda
para mi boda
luces magnas
noches sagradas
del mes de enero
cuando la gata del Roxu
tuvo ya el celo
la noche es día
en la Concha de Artedo.
Y al rescoldo
de la chimenea
que templa los huesos frios
de la provecta senectud
Cantemos a los caldos
de las Caldas
de Narcea
El vino vitrix es vida
Gaudeamus igitur.
Doy besinos al xarro
cada trago
un recuerdo
de la mocedad
del ayer
Cada osculo un consuelo
Vinum bonum
alarga la vida
del viellu.
Cuco cucliellu
rabicán de escoba
cantando en mi huerto
dime cuanto queda
para mi entierro.
Oyendo tus silbos sonoros
quedo trashoguero
al amor de la lumbre
en la tarde de enero
Asciende el humo
miro extasiado consumirse
el tuero que fue rama
del árbol caído en el monte
mientras brama
la mar toda
en el hondón del Cudeiru

ERASMO PATRÓN DE LOS HUMANISTAS. LA IGLESIA DEBÍA CANONIZARLO.

Si no te gusta Erasmo o eres fraile o eres asno solían decir los humanistas de Alcalá la que tuvo un talante más liberal y reformista a la sombra de Cisneros. Salamanca era otra cosa. Erasmo no tuvo buen cartel en España y el sentimiento era mutuo. Le dio calabazas al emperador que le ofrecía una mitra en Sicilia, no quiso nunca cruzar los pirineos.  “Un obispado no vale lo que vale mi libertad”. Non placet Hispania.
No le gustaba España y aquí sus secuaces fueron muy perseguidos bajo la sospecha de herejes (los hermanos Valdés, el metropolita Carranza primado de Toledo y del autor de ese libro tan delicioso que es el Lazarillo lo publicó anónimo por miedo a la inquisición.)
Sin embargo, se hace lenguas de los ingleses a los que alaba sus costumbres, su mejor amigo fue Tomás Moro. Pasó los mejores años de su vida en Londres y se sorprendía de que en aquel país todo el mundo besase a todo el mundo. La Arcadia. La utopía. Mihi praestat Britannia quia suavis est sicut osculum.[1] Le besaban los ingleses lo besaban las inglesas. Fue el primer anglófilo de la literatura universal pero toda su obra está en latín.
Su pasión eran los libros en cuya compañía en un rinconcito se sentía en compañía. Porque un libro es el mejor amigo. La frase es suya. Más muchos que pocos y cañuto más mejor. Te hacen ser tolerante y compasivo. Escribió mucho… cuanto más escribo más gusto y mejor lo hago. Amaba a los hombres pero lejos.
He aquí un hombre de pensamiento más que de acción.  A man for all the seasons como su amigo Moro.
De la huida y del andar de acá para allá hizo un lema vital. Erasmo fue un holandés errante. Siempre anduvo con la mosca en la oreja y a la espantadiza. Una de cal y otra arena. Corrían tiempos recios y no era bien quisto sobre todo en España y en Italia. Donde Scaligero le larga sus buenas andanadas tachándole de epicúreo y sibarita.
Para la escuela de Salamanca siempre fue sospechoso de herejía y la Sorbona le declara persona non grata por haber criticado a la escolástica que enseña a discutir y a regañar pero no a razonar.
 Le salvó su ética, su pasión por el centro-virtus in medio est- y su sentido del humor que fue el mejor contraveneno para vivir aquellos lustros emponzoñados. Cruzó media Europa cabalgando en mulas prestadas cargadas de libros y en Dover le confiscan todo el dinero que llevaba los aduaneros ingleses que para esto son muy suyos- Erasmo no había leído a Shakespeare que conocía bien a sus paisanos[2]. No obstante lo cual no mermó nunca la anglofilia de Erasmo que acababa de escribir “La educación del Príncipe” tomando por modelo a Enrique VIII.
Siempre tenía frío, escribía sin parar. No es lo que se dice un religioso modelo. No decía misa todos los días y “se fumaba” el coro siempre que podía.  Pero pocos humanos han penetrado en la grandeza de la obra y la figura de Cristo como él. Sus libros cobran una singular relevancia en estos tiempos tan parecidos a los del siglo XVI, de reformas, de nuevos inventos.
 Es por lo que merecería tener un lugar en los altares.

continuará
 viernes, 05 de junio de 2020



[1] Me gusta Inglaterra y su campiña que son suaves como un beso
[2] Tienen la cara de ángeles y el alma de diablos. William Shakespeare sobre los ingleses.