2021-09-12

PRIMERA LECTURA DEL DIARIO DE SATÁN

 Leonidas Andreiev el diario de satanás

 

 

 

Como un regalo de Pentecostés he vuelto a leer a Andreiev autor ruso del cupo de los nihilistas muy traducido al castellano años veinte, una obra que tenía olvidada y que es de sumo interés a la hora de entender los avatares por los cuales atraviesa la SRI y el cristianismo en general. En el “diario de satanás” se muestra Andreiev clarividente y profético acerca de la crisis que aflige a la iglesia romana de la misma forma que en “Sacha Yegulev” pronosticó la guerra de Yugoslavia con todo lo que traería aparejado dicho conflicto (desasosiego interior, pansexualismo terrorismo, antisemitismo) como una execrable panacea en la que vivimos paganizada Europa, perdidos de los antiguos valores”. En el primer caso, redactado en 1914 poco antes del estallido de la guerra.

 

Se trata de un viaje realizado por un rico banquero de Illionois a la Ciudad Eterna, un tal mr. Wunderhood que no es un hombre de negocios como los demás. Sino el mismo Belcebú. La gira comienza el 18 de enero de 1914 y el personaje no huele a azufre ni es peludo o aparece con pezuñas, se presenta como un gentleman de buenas costumbres y de gustos exquisitos.

 

A bordo del buque que le transporta a tierras europeas, “el atlante”, dice que ha vuelto a la tierra a mentir y a recitar. En Roma el millonario se encuentra cual pez en el agua porque ama el poder y el lujo, se entrevista con los dos papas reinantes- un poco como el día de hoy- y se hace amigo de los cardenales.

 

Con un miembro de la curia tiene un romance homosexual pero obras son AMORES QUE NO BUENAS RAZONES dejémonos de opiniones, los hechos a la derecha y las ideas a la izquierda porque el lugar de donde viene él- el infierno- se halla empedrado de buenas intenciones. Tiene un escudero, Tuppi, al cual gusta el diablo de besarle detrás de la nuca en el occipucio. ¡Cosas  del pateta! La obra tiene un halo misterioso y febril que hace pensar en las cuartetas de Nostradamus.

 

Tuppi declara que su amo no ama a los hombres que eso del amor es una debilidad y que llega de un país donde se están fabricando cárceles y patíbulos en cantidad. ¿America? Allí lo importante es el oro y el progreso. Ha transformado el odio y el interés en la moderna religión. El ángel caído encontrará no pocos adeptos a su propuesta.

 

Wunderhood, aficionado a la crisopeya alquimista y al ocultismo, ha encontrado una forma para transformar las cabezas de ganado de cerda en oro. Y vengan piaras y más piaras que pastan en las montañas de California pues hay que dar de comer a los cerdos. Entonces el magnate le regala al arzobispo Magnus un sacacorchos porque a su juicio la verdad está en el vino “porque la cordura sirve solo para los pobres de espíritu.

 

Encuentra un extraño hedor en la capital del imperio. “Roma huele a Nerón y a antorchas humanas” (¿Se refiere al Shoah?) y habla también de la mercancía –mujeres traídas de todas las partes para ejercer la prostitución- y de los rincones oscuros en la penumbra de los templos que incitan al trato torpe en el confesionario.

 

Andreiev parece intuir el panorama cien años antes los escándalos sexuales que afligen e la actualidad al Vaticano. El diario de Satanás es un prontuario en el que el autor anota visiones y profecías, escribe sobre el disgusto que siente ante los reporteros con su nuevo periodismo salaz enojoso y destructivo que institucionalizado lo mundanal y “estos pobres redactores a mi servicio no saben que yo soy el amo del mundo”. Resuenan las carcajadas del diablo en la capilla Sixtina y advierte, blasfemo, que todos esos Pios y Sixtos que se llaman a sí mismos vicarios de Cristo no son más que un legado de la paganizad romana.

 

No son más que sacerdotes del legado de Júpiter y sus “bendiciones valen tanto como los besos que le doy yo a mi escudero en el occipucio”. Hasta la tiara que portan sobre la frente los papas es una herencia de la cidaria o mitra con ínfulas por detrás de aquellos pontífices romanos que se consideraban el puente entre los hombres y la divinidad en las religiones sincretistas.

 

La novela tiene un ritmo deslavazado como si hubiera sido redactada en medio de un rapto o frenesí diabólico. Una borrachera continua.

 

Cabe recordar que el príncipe de las tinieblas es un ángel caido y no piensa como los hombres sino que su poderoso intelecto va más allá a la manera de los espíritus puros. Va abriendo compuertas secretas de las cámaras vaticanas,  analiza signos ocultos, realiza astutos guiños de una manera similar a André Gide que también lanzó una novela que resultó prohibida contra el poder eclesial de los guardianes de la tumba de san Pedro, llegando a la conclusión de que el colegio cardenalicio es pura propaganda. Su negocio es la muerte. “mientras exista la muerte la Iglesia será indestructible. ¿Y el pueblo?

 

-Vulgus vult decipi (el pueblo quiere ser engañado) le contesta al diablo un monseñor con la cara afeitada de mona. Terrible propuesta pero el vulgo quiere ser engañado mediante las orgías, los cuentos, la religión, el pan y el circo. La gente no quiere complicarse la vida porque el pensamiento allega dolor y en este caso, a falta de la certinidad de las verdades eternas, la fe del carbonero sería lo mejor.

 

Andreiev parece darle la razón al padre Astete cuando contesta en su catecismo a una pregunta difícil con el remoquete de eso no me lo preguntéis a mí que soy ignorante doctores tiene la Iglesia, etc… “La Santa Sede necesita dinero mister Wunderhood. ¿No es usted socialista? Hoy todos somos socialistas, al lado de los hambrientos. Que se coma mejor  y cuanto más saciados estén, más muerte, ¿me comprende? Contesta irónico Belcebú al cardenal X. Todos buscan la libertad pero libertad y muerte son sinónimos apostilla el príncipe de la iglesia en este pasaje memorable. Tales paradojas deslumbrarán a cualquier lector ávido de buena y profunda literatura.

 

No hay que negar que los del colegio cardenalicio son gente enterada y sibilina. Les gusta leer el Libro Mayor e las cuentas más que el evangelio.

 

Sin embargo en medio de esta vorágine de dislates y de invectivas contra la institución eclesial verdaderas en parte va a ocurrir un milagro: el Enemigo del Género Humano va a encontrar a una muchacha que habita en la villa Orsini a la vista de una hermosa muchacha virgen por nombre María de la que se enamora y tratará de seducir. He aquí el nudo de la cuestión de esta genial obra de pensamiento que sólo puede salir de la pluma de un ruso y cuyo desenlace veremos en la siguiente entrega

 

 

 

Ha de continuar

 

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DIARIO DE SATANÁS

 

A Leónidas Andreiev lo leí en tiempos de tribulación, no hice mudanza, me quedé estático aguantando el chaparrón aceptando las desdichas que llovieron sobre mí a finales de pasado siglo. Este ruso que murió de melancolía en Helsinki un incomprendido el desencanto de la revolución sobre sus carnes es uno de los grandes maestros de la escritura. Como buen ruso ortodoxo sintió que la sociedad en la cual había soñado en torno se derrumbaba. El desmadre bolchevique el pueblo ruso sufriendo los males que apareja la guerra el hambre la peste y la sangre derramada (cerca de cincuenta millones de seres humanos perdió la URSS en las dos guerras mundiales). Para unos Leónides es un genio para otros un loco. En su extensa obra (escribió hasta el agotamiento en perpetua luchas contra el hambre y la pobreza) se formulan augurios proféticos sobre el avenir: el fuego como arma revolucionaria es el tema sobre el cual gira su novela “Sacha Yegulev”. Arderá la tierra. Los Balcanes se convirtieron el año 92 en una pavesa. Los fuegos de este verano que asuelan nuestros bosques. Volverá el temible Ocnos el dios que quema. Andreiev anticipa el derrumbe de Yugoslavia y escucha las estridencias de la caída del muro de Berlín sellando una etapa en la cual a lo largo de más de medio siglo su patria se desangra. “El Diario de Satanás” su libro más enigmático y que fue publicado póstumo en 1914 coincidiendo con el estallido de la guerra mundial representa al diablo vestido de cardenal todo él embutido de púrpura. Anuncia la llegada de un clérigo con cara de mona y grandes posaderas. Mirada diabólica y rostro taimado cara de jesuita ¿No os suena? Con su verborrea diabólica sellará el fin de la era cristiana. Pero ─siempre hay un pero─ no hay que perder la esperanza y descartar la fe en la providencia divina. La ortodoxia rusa presentará batalla a este obispo con cara de mona. Por eso será tan escarnecida y difamada Rusia. Un líder surgirá en la estepa que se alzará como abanderado de los que siguen al Crucificado. ¿Putin? También me suena. En esta novela enigmática de difícil lectura Leónidas Andreiev pasea su pluma por la Via Tiburtina la Via Apia y los barrios bajos de Suburra. La acción se centra en la Ciudad Eterna el año 1914. Bajan negras las aguas del Tiber. El diablo encarnado por varios personajes un millonario de Illinois míster Wunderhood  y Tomas Magnus, cambia de chaqueta y el cardenal con cara de mona que es cruel déspota y vengativo. Y viejo. Ya los antiguos llamaban “Vetus” al Pateta. Tiene un programa político: destruir a los hombres haciéndoles felices a fuerza de Derechos Humanos. Mundus vult decipi, afirmaba san Jerónimo. El vulgo quiere ser engañado. Como buen ortodoxo ruso hace una crítica a la iglesia romana. Trata de descorrer el velo de Isis pero no es antisemita ni anti islamista. Cada pueblo está en su derecho a adorar a Dios según su tradición y sus creencias porque allí donde reina la bondad el buen acuerdo y el entendimiento está Jesucristo. Habla del deshielo de los casquetes polares del amor inverso del feminismo torcaz autodestructivo y del flagelo de la peste que vendrá a causa de los pecados y desvíos del ser humano por el cual siente el autor una compasión infinita. No es misoneísta. Cree en el progreso, los nuevos inventos la radio, el teléfono y atisba la llegada de Internet. El diablo siempre muda de piel. Hay que estar vigilante. Se le vence con el ayuno, la plegaria y sobre todo con el amor y el perdón. Yo leí el Diario de Satanás hace más de un cuarto de siglo como un exorcismo. Cristo es el gran exorcista, el que cura y salva a la humanidad. Y el colegio cardenalicio no es más que un corral  de papagayos donde las risas se vuelven relinchos. Esta novela me abrió compuertas, reveló arcanos y misterios ocultos del mundo abriendo horizontes de esperanza. El mal no puede durar eternamente.

 

13/09/2021