2026-03-17

quebrado el cerco, al trump lo matarán, los cubanos podrán de nuevo tomar un ciuucuruchito de café en algún bar de la habana voeja

 

Foto: Susana Antón

Santiago de Cuba.–Proyecciones al fin, no es extraño que sean esperanzadoras las perspectivas sobre el cultivo del café, su valor en mercados foráneos y los niveles productivos; pero lo cierto es que, a ojos de los consumidores nacionales, los resultados están todavía muy lejos de las expectativas.

En Santiago de Cuba se decide la producción cafetalera, «pero no llega ni a la bodega. Yo he tenido que pagar hasta 40 pesos por un cucuruchito, que equivale a media copita de una cafetera pequeña», dijo con nostalgia Argelia Castellanos Jiménez, una octogenaria que, junto a su esposo, se ha resignado «a tomar el “buchito” de las mañanas, solo cuando podemos porque la chequera no da para más».

Es menester acotar que, en la provincia, solamente el municipio de Mella no es cafetalero, «aunque la Cooperativa de Producción Agropecuaria (cpa) Oscar Lucero Moya posee cerca de dos hectáreas produciendo desde hace varios años. En nuestro sector está el grueso de cada cosecha», destacó Adalgenis González Cuevas, miembro del buró de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (anap) en el territorio, que atiende la esfera agroalimentaria.

William Gómez Sánchez, jefe de la sección de café forestal en la Delegación del Ministerio de la Agricultura (Minag) en la provincia, precisó a Granma, a inicios de la actual contienda, que el estimado rondaba las 4 000 toneladas, «de las que 575 corresponden a la variedad arábica, siendo la robusta la de mayor peso. En el municipio de Tercer Frente se pactaron unas 2 000, y se consolida como el mayor productor del país».

 

Y sin embargo…

A la altura de febrero del presente año, en Santiago de Cuba apenas se alcanza el 65 % de lo pactado, «y eso tenemos que impulsarlo entre todos, pero sin pausas y con las manos en los cafetos, porque el grano está ahí», dijo Beatriz Johnson Urrutia, primera secretaria del Comité Provincial del Partido, al evaluar la problemática, en el contexto de la Asamblea Provincial xiii Congreso de la anap, efectuada el pasado 8 de marzo.

En ese escenario, el avezado caficultor Pedro Manuel Cabrales explicó que la cpa Carlos Manuel de Céspedes, «está al 95 %, no renunciamos a cumplir y que nuestro municipio de Tercer Frente alcance el millón de latas recogidas», al tiempo que se acordó revertir la situación. La anap y el sistema de la Agricultura, encabezados por las autoridades políticas y gubernamentales de la provincia y los municipios, «están llegando a cada finca y estructura para constatar la marcha de la cosecha, es un compromiso, sobre todo, con el pueblo», añadió González Cuevas.

El proceso de beneficio (despulpe y secado) del café se realiza por parte de los campesinos y empresas agroforestales. Mientras, en la Procesadora Rolando Ayub, de la empresa mixta BioCubaCafé, con sede en Contramaestre, se realiza el molinaje, la selección y la venta, «en función de suplir las demandas para la canasta familiar normada y los compromisos para la exportación», argumentó el jefe de la sección de café forestal en la Delegación del Minag.

Como se logró «certificar el primer café orgánico del país, lo que le otorga mucho más valor al rubro, la aplicación del concepto de ir directamente al productor, y de implementar pagos justos y en tiempo y forma, es prioridad», agregó Michelle Curto, presidente de la Agencia Italiana para el Intercambio Cultural y Económico con Cuba y de BioCubaCafé.

No obstante, Nidia Calunga, de la cpa Teodoro Bandera, de San Luis, con 38 cosechas cafetaleras, afirma que no se ha sido tan consecuente, «cuando se compara, por ejemplo, el precio de una libra de frijol y el tiempo que lleva obtener esa producción, con la de una lata café –con el tiempo que lleva y las atenciones culturales–. Un simple cálculo demuestra que no hay correspondencia; en mi caso, con la variedad robusta, el más elevado asciende a 260 pesos. Además, estamos en las montañas, donde la vida se torna aun más difícil que en el llano».

Ya no abundan, como antaño, los caficultores ni la fuerza de trabajo calificada; tampoco los recolectores en las montañas, y hay que movilizar, desde las zonas urbanas, a cientos de personas que, por lo general, no dominan el proceso de recogida, e implica más gastos.

Los campamentos, aquellos en los que se albergaban los estudiantes

–cuando los planes de la escuela al campo– y el resto de los movilizados para la recogida, chapea y fertilización de cafetales, no están en su mejor momento: «la mayoría en condiciones deplorables, aunque hay un movimiento encaminado a su recuperación, al menos en la Sierra de Cristal. Figúrate que la zona de Sumidero, en la cual se llegó a recoger 100 000 latas de café –cada una hace entre 28 y 30 libras–, había diez campamentos, más las viviendas de campesinos en función de la cosecha», rememoró Euris Zapata de la Torre, oriundo de El Naranjal.

Como se comprobó, la relación positiva entre los costos es un tema pendiente, «y uno de los asuntos que más desmotiva», aseveró Nidia. Una lata de boniato u otra producción supera a la de café, y no se tiene en cuenta el tiempo, esfuerzo y sacrificio que requiere mantenerse en las plantaciones.

Persisten las dificultades con los pagos, los llamados mandatos de café; son decenas los productores que no han recibido la justa retribución de lo entregado, «y eso implica que, como hay que vivir y sostener a la familia y a la finca, se destina el producto al mercado informal», tal y como se expresó en la Asamblea Provincial de la anap.

Norlan Morán Rodríguez, viceintendente para la esfera Agroalimentaria en el Consejo de la Administración del municipio de Tercer Frente, detalló que el plan establece 355 060 latas de café, y se ha logrado acopiar 229 212. Entre las causas está, como en el resto del país, los bajos precios de compra que se ofrecen por la lata de café. «El déficit de insumos necesarios es un problema: apenas hay algunos fundamentales como sacos, machetes y limas; cuando están disponibles, suelen ofrecerse a precios elevados en las mipymes, lo que dificulta aún más la labor de los productores».

La carencia de dinero en efectivo puede detonar en la pérdida de la cosecha. «Los que podemos, invertimos nuestros recursos económicos propios, y eso no da la cuenta; no se aseguró el pago en tiempo para efectuarlo, luego de la recolección, en las cabezas de los campos», expuso un campesino que prefirió el anonimato: «es un secreto a voces».

La bancarización en estas zonas, muchas de ellas alejadas, no tiene el efecto esperado, con apenas funcionalidad. El vínculo entre empresas y funcionarios con las bases productivas y campesinos es endeble; hay que llegar a los lugares, conocer las problemáticas que afectan la cosecha en el lugar, «y eso es una tarea que la anap ha tomado en serio y que no debe descuidarse, como sucedió en otros momentos», asumió el miembro del Buró Provincial, de la organización campesina, para la esfera Agroalimentaria.

La escasez de combustibles y electricidad también incide en la calidad de café, el tiempo dilatado en los secaderos, el tiempo para ser acopiado y una lista que, por mucho, es larga. Desde el punto de vista científico, Elsy María Rivero González, directora del departamento de desarrollo de la Empresa Agroforestal San Luis, se refirió a otras causas, «empezando por el cambio climático extremo, que influye en las floraciones y rendimientos del cafeto; la sequía y las condiciones económicas difíciles que atraviesa el país –que dificulta, notablemente, la entrada de fertilizantes minerales, potasio, magnesio, fósforo– no son despreciables».

Los bioproductos, y sus archiconocidas bondades, no sustituyen en su totalidad los aportes de los fertilizantes: desde hace más de una década, los cafetales no reciben este tipo de compuestos. De acuerdo con la especialista, «en cada cosecha, la planta de café exporta del suelo entre el 40 % y el 50 % de los nutrientes, que incluye esos minerales, fundamentales para el desarrollo de las nuevas plantas. Si no lo incorporamos cuando estamos en la campaña de agrotecnia o siembra, entonces cada año decaen los rendimientos».

La solución más viable, como en muchas otras actividades socioeconómicas, está en volcarse hacia esa producción, preparar y asegurar la próxima campaña desde la actual, proveer atenciones culturales, a las comunidades y a los productores que se mantienen al pie del cafeto, independientemente de las dificultades.

Mucho podemos hacer, planificar, prever; pero el verdadero resultado solo será palpable cuando el tradicional «buchito» diario de café esté al alcance de todos; o volvamos a decirle ¡Hola! al paquetico mestizo que antes –aunque tarde– llegaba  a la bodega... hasta que nos dijo ¡Adiós!

 

En Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar escribió: «En el caso de la mayoría de los seres, los contactos más ligeros y superficiales bastan para contentar nuestro deseo, y aun para hartarlo. Si insisten, multiplicándose en torno de una criatura única hasta envolverla por entero; si cada parcela de un cuerpo se llena para nosotros de tantas significaciones trastornadoras como los rasgos de un rostro; si un solo ser, en vez de inspirarnos irritación, placer o hastío, nos hostiga como una música y nos atormenta como un problema; si pasa de la periferia de nuestro universo a su centro, llegando a sernos más indispensable que nuestro propio ser, entonces tiene lugar el asombroso prodigio en el que veo, más que un simple juego de la carne, una invasión de la carne por el espíritu».

Quien la lee se estremece, recuerda, anhela, subraya. Hay algo casi místico en encontrarse en la palabra por otros escrita. Y aunque cada uno viva de forma diferente el texto ante el que se halle, según las experiencias a sus espaldas, pocos seres humanos son insensibles a la conmoción bien dicha, condensada.

Cuando Nicanor Parra asegura: Hoy es un día azul de primavera / Creo que moriré de poesía, sabemos muy bien a qué se refiere; así como cuando Rosalía de Castro pone en letras una aspiración sentida al menos una vez en cualquier vida humana: «¡Como el hombre, los astros con ser eternos sueñan!»

Por eso la poesía, la literatura, el periodismo, nos han sido sustanciales: por la posibilidad de revivir lo ya vivido, de experimentar nuevas sensaciones, entender al otro y sus realidades, y desentrañar mejor las nuestras.

Escribir es una responsabilidad, por el peso de las ideas que se sustenten y también por la belleza con que se haga: justo eso nos pone en contacto con lo mejor de la especie, lo protege y lo ensalza.

De ahí el malestar, pequeño primero, creciente después, cuando leemos una y otra vez, en redes sociales, textos muy semejantes entre sí en sus estructuras y giros. Nada hay al parecer que señalarles, no tienen faltas de ortografía, erratas ni errores gramaticales. Y, sin embargo, dejan una sensación de carencia difícil de ignorar; son, de cierta forma, indigestos.

Por muy interesante que sea la anécdota, por muy enaltecedora que se muestra la enseñanza, les falta alma. Y no es delirio romántico, la inteligencia artificial puede escribir de cualquier cosa, y responder con rapidez y limpieza a las indicaciones de su usuario, e incluso imitar estilos, pero echamos de menos la originalidad y riqueza de una espiritualidad abatida, exultante, o repleta de anhelos.

No es preciso volver a la caverna. Bienvenida, como aquel primer intento de cuchillo con una piedra afilada, la inteligencia artificial que corrige los textos, que sugiere arreglos; pero que no sustituya la agonía y el gozo de poner en palabras la voz interior, con la imperfecta huella humana.

¿Quién quiere textos asépticos, sin masa y sin raíces, cuando puede aspirar a que la Yourcenar le diga: «Es el amor una forma de iniciación, uno de los puntos de contacto de lo secreto y lo sagrado»?

CUBA CELEBRA EL DIA MUNDIAL DE LA POESÍA

 

El poeta Luis Lorente. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Dice Luis Lorente (Cárdenas, 1948) que, aunque siempre leyó, su vocación inicial anduvo distante de la palabra poética, por otro lar: el deporte, la pelota, el básquet…

«La literatura me salvó del fracaso deportivo, y entonces comencé a leer con más inquietud», contó acerca de sus inicios –cuando aún no era lo que hoy, una figura central de la lírica cubana contemporánea– en el espacio Todas las voces, todas, que convoca la sección de poesía de la Asociación de Escritores de la Uneac, en la sala Villena.

Sería el año 1968, o el 69, cuando se encontró en un taller literario: «alguien me llevó, o me invitaron o yo fui», explicó al ser entrevistado por David López Ximeno, conductor de la cita. Y, aunque hay quien ha denostado los talleres, «nunca hoy a negar que a mí me sirvió», aseguró Lorente.

Ya para 1971 pertenecía a un grupo literario en Matanzas, en el que descollaban grandes escritores: «Me inquietaba mucho compartir con todas esas figuras».

No obstante, en la actualidad, a punto de cumplir los 78 años, el poeta –Premio David de Poesía (1975) y Casa de las Américas (2004 y 2021)– desprende la seguridad de quien se ha sacudido todo lo prescindible: «No voy a dejar de ser desorganizado, la organización cada vez me gusta menos», confesó mientras buscaba qué poemas leer; al tanto que recordó que no se considera un pensador profundo para tocar grandes temas, sino que le interesa hablar de la vida, el acontecimiento diario, la cotidianidad.

«Todas las mañanas, después de que desayuno, me siento un rato a escribir en la mesa del comedor. A veces escribo. A veces borro. A veces ni escribo ni borro. Pero quedo bien conmigo mismo sentándome a escribir», agregó el autor de Las puertas y los pasos.

En la ocasión fue presentado el más reciente libro publicado del autor, Migraciones, concebido por la Editorial Letras Cubanas. La directora de ese sello –el cual cumplirá 50 años el 1ro de enero del año próximo–Yanelis González Leyva, remarcó de la obra que en unos cien poemas está contenida «la novela de la vida de Luis a través de la poesía».

Lorente, por su lado, aseguró que el libro tiene sus otros autores, como Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro, «hacer un libro de poemas de casi 300 páginas es duro»; Israel Domínguez, quien concibió el orden de los textos, de tal forma que dialogaran entre sí no por un mero orden cronológico; y su compañera, la poeta Charo Guerra.

MY FOOLISH HEART

¿Te acuerdas de Alma Adams?

¿Te acuerdas de Alma Adams cantando “My foolish heart”?

La luz del seguidor la buscaba en una especie de juego por el telón de boca hasta encontrarla apenas apoyado el brazo en la banqueta alta y circular donde después finalizaba la canción.

¿Te acuerdas de su cara de luna, la piel de arena fina en la mano

moviéndose según su gesto breve?

Tenía cara de luna y el pelo como césped recién cortado

que se peinaba dócil, clásica y sobria.

Para “My foolish heart” ella usaba un vestido prusia inolvidable,

como una de esas cosas fijas por los clavos de bronce

que a veces utiliza la memoria a su antojo.

Olía a delicadeza, una delicadeza incorporada por mi sangre

hasta llegar a la respiración, nerviosa, entrecortada,

mientras bailábamos con atracción de imanes, como hiedras,

un cuerpo único, indisoluble, flotando a la deriva, como un nudo

amarrados, haciendo de nosotros una consagración.

El jazz band propiciaba un sobrecogimiento, una atmósfera

de misterio magnífico expandido por todo el cabaret.

¿Será que nadie que no sea un hiperbólico, un idealizador

con una siquis atrayente y llena de arrogancia como la mía

se acuerda de Alma Adams?

¿Tú tampoco te acuerdas? ¿No la viste salir nunca del mar

cuando las plantas de sus pies trataban de aplastar en vano,

esas pequeñas crestas de olas residuales que llegaban

a la orilla en estado de desintegración?

¿No la viste en la noche posesiva donde era su costumbre

reconocer un sitio para ir habitando la viña del señor,

la casa del Alibi, algún viento que llegara a circular por sus pupilas?

¿Fue alguien realmente esa mujer, tuvo los atributos propios

de una persona, acceso a las palabras, extremidades, vientre,

senos orgullosos que te miraban siempre por encima del hombro,

la espalda como un cielo azul de oro?

¿No fuimos Alma y yo juntos a Camagüey?

¿Yo dispuesto a morir fabricando delirios y otras mitologías?

Cuando logro dormir, martes y jueves, la siesta los domingos,

en un determinado lugar nos encontramos y la ambiciono

tanto que la pierdo de vista como si se escurriera, volviéndose borrosa, transfigurada en algo interrumpido que se aplaza

hasta que logra desaparecer.

Palabras. Tú no sospechas.

No me hagas caso, ¿y dónde,

detrás de ti quién se esconde 

que de nada te aprovechas 

para abrir puertas y brechas, 

para hablar o enmudecer, 

para siendo tú, no ser, 

la noche que ayer no tuvo 

valor donde nunca hubo 

ganas de irse y volver?

HE LEÍDO LOS LIBROS Y EN NINGUNO TU NOMBRE

He leído los libros y en ninguno tu nombre.

Mientras juego a los naipes entre sombras chinescas,

en momentos cruciales, en un álgido clímax,

entre los dientes de un tenedor de alpaca,

en una algarabía de perros callejeros con hambre,

en la semipenumbra, bajo ese ventarrón amenazante,

he leído los libros y en ninguno tu nombre,

sin embargo recuerdo que tus pies eran trémulos

y sufrían avatares como llamas de un fósforo,

como un barco que transporta imprevistos

y deriva azotado frente a la costa donde estuvo tu casa.

En la página ochenta de Así empieza lo malo,

no se sienten tus pasos inequívocos regresar

de los días devastados y sin antonomasia

donde tú no mañana serías presa, reincidente,

capricornio olvidado, mitológica musa de ausencias

perdurables como tu pensamiento inspirado

en una idea que no podemos expresar, treinta

y nueve años después de vivir afligidos,

en los parques, en la carpa de un circo, en el vaivén

del agua, soterrados, en la fronda de un árbol

Dos figuras anónimas implicadas en el telón

de fondo de un teatro desierto como una campiña

que el sol quemó a su antojo, semejante a una pelota

de trapo que tiraban los niños para manchar los techos,

para romper las puertas de cristales, la angelicalidad

reinante en los retratos. Era la época de la canción

protesta, lo trascendentalista, algunos visionarios,

yo buscaba entre líneas, entre capas y espadas,

en aquel primer día terminada la guerra,

levantándose el alba y era en vano.

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Foto: Tomada de la Jornada

De nueva cuenta, la presidenta Claudia Sheinbaum respaldó la iniciativa para recaudar fondos para apoyar al pueblo cubano que está sufriendo por un bloqueo comercial y ahora de importación de hidrocarburos. Descalificó a los adversarios que han cuestionado la solidaridad con Cuba, que resiste desde hace décadas este bloqueo

Señaló que fue una iniciativa originalmente difundida por La Jornada con el respaldo de personalidades como Elena Poniatowska, Enrique Semo, Marcos Rotiman, Carlos Pellicer, Laura Esquivel y otras personalidades, la que respaldó ahora el presidente López Obrador.

Subrayó que con esta iniciativa se creó una cuenta en Banorte que está regulada por las autoridades de la secretaría de Hacienda y Crédito Público, como ocurre con todas las cuentas, no está excluida de las regulaciones al respecto porque la oposición ya están cuestionando la cuenta abierta por la organización Humanidad con América Latina, que previamente solicitó ser reconocida como donataria, a fin de que la captación de este dinero pudiera destinarse para la compra de alimentos, medicamentos, plantas de luz para el pueblo cubano.

Durante su conferencia, explicó que este llamado solidario de López Obrador y muchas personas pretende apoyar a Cuba para enfrentar un bloqueo que nada tiene que ver con ellos, sino que tiene que ver con un aislamiento desde hace décadas de un bloqueo comercial y recientemente de un bloqueo de combustibles.

- ¿Llamaría usted a hacer alguna donación?

-Si puede ser de manera personal. Yo creo que sí, de manera personal.

A pregunta expresa condenó la mezquindad que caracteriza a la derecha frente a la fraternidad que reivindica el humanismo. Cuestionó la oleada de bots que se desprendieron ayer en redes sociales tras el pronunciamiento de López Obrador, «dijeron una cantidad de mentiras tremendas».

«México es un pueblo fraterno que siempre da la mano al que sufre. Eso nos caracteriza. Nuestro pueblo y nuestra historia, no lo podemos perder nunca, dejaríamos de ser lo que somos

México fue el único país que se opuso al bloqueo a Cuba frente a todas las presiones, Una luz en el horizonte Siempre ha sido solidario con el pueblo cubano, pero la mezquindad está por encima de todo».

-¿Que piensa del régimen cubano? Se habla de violaciones a derechos humanos

-Le corresponde al pueblo de Cuba así como respetamos al presidente Trump porque le corresponde a l pueblo de Estados Unidos. A  veces decimos cosas que no estamos de acuerdo de la relación bilateral. Lo respetamos. Igual que no estamos de acuerdo con el presidente de Argentina pero lo respetamos porque lo eligió su pueblo, Como presidente nos corresponde respetar la autodeterminación. Cuando hay golpes de estado es distinto, Ya va contra la decisión y determinación. Del pueblo cubano Queremos una buena relación con Estados Unidos, siempre vamos a buscarla.

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Foto: Ilustración de Michel Moro

Hace pocos días el Gobierno de España anunció la creación de una herramienta llamada Hodio, acrónimo de Huella de Odio y Polarización. El sistema pretende analizar cómo circulan los mensajes de odio en las redes sociales y medir hasta qué punto esos contenidos son amplificados por las plataformas digitales. La iniciativa, presentada en Madrid durante una cumbre internacional contra el odio, busca producir indicadores periódicos para entender mejor un fenómeno que ya forma parte de la vida pública contemporánea.

A simple vista, la idea puede parecer abstracta. ¿Cómo se mide algo tan difuso como el odio? Pero en realidad no se trata de medir emociones privadas, sino de observar hechos concretos: qué mensajes se publican, cómo se difunden, quiénes los empujan, qué nivel de alcance tienen y de qué manera los algoritmos contribuyen a convertir determinados contenidos en tendencia. En otras palabras, no se estudia lo que una persona siente en su intimidad, sino cómo ciertos discursos hostiles se convierten en corrientes visibles de presión, agresividad e incitación a la violencia.

Esa preocupación no existe solo en España. En muchos países se ha vuelto evidente que las plataformas sociales pueden amplificar las voces más agresivas y tóxicas. Su arquitectura técnica favorece, muchas veces, aquello que provoca reacción inmediata: la indignación, el insulto, la simplificación extrema, la consigna agresiva. Lo que genera conflicto circula más; lo que divide, engancha; lo que hiere, se comparte con velocidad. Por eso el odio no aparece solamente como un problema moral o político, sino también como un producto que el propio diseño digital puede estimular.

En ese contexto han surgido observatorios y sistemas de monitoreo que intentan estudiar el problema de manera más rigurosa. No basta con lamentarse después de cada episodio de violencia o de acoso. Hace falta detectar tendencias, seguir campañas coordinadas, identificar núcleos de amplificación y comprender cómo determinadas narrativas se normalizan hasta parecer parte del paisaje cotidiano.

Para entender la utilidad de este tipo de herramientas basta mirar algunos hechos recientes vinculados con Cuba. El intento de infiltración terrorista por las costas de Villa Clara no puede analizarse solo como un hecho aislado. Algunos de sus participantes habían dejado en redes sociales rastros previos de radicalización: discursos de odio, mensajes de exaltación violenta e incluso imágenes en las que aparecían con las armas que más tarde usarían en la acción paramilitar. Esos contenidos no fueron un detalle secundario. Formaban parte de un clima, de una preparación simbólica, de una construcción previa en la que la violencia iba siendo presentada como algo legítimo.

Algo semejante puede advertirse en el caso de Morón, donde el asalto a la sede del Partido estuvo precedido por incitaciones a la violencia y por un lenguaje anticomunista cada vez más agresivo. Nadie debería confundir la discrepancia con la legitimación del ataque. Una cosa es criticar y otra muy distinta es alimentar un lenguaje que deshumaniza al adversario y convierte la agresión en una salida aceptable.

Ahí reside la pertinencia de observatorios como Hodio. Su valor no está en sustituir a la justicia ni en censurar opiniones, sino en ofrecer instrumentos para comprender cuándo el odio deja de ser una expresión marginal y empieza a operar como fuerza organizada de intoxicación del debate público. Medirlo permite hacerlo visible. Y hacerlo visible es un paso necesario para enfrentarlo.

Porque el odio digital no se queda siempre en la pantalla. A veces prepara el terreno, enardece, legitima y empuja. Defender una conversación pública más sana es una necesidad política, cultural y de seguridad social.

En tiempos de redes, cuidar el lenguaje público es una forma de proteger la convivencia.

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