2021-10-26

 DIETARIO MIKELMAS 2021

 

Wednesday, October 27, 2021

 

Día glorioso de San Frutos, paseo por las calles de Oviedo a la búsqueda del tiempo perdido. No ha pasado el santo de anacoreta la hoja del libro que está leyendo ni al Cristo de les Oreilles de la catedral ovetense dio de mano a la bola del mundo que sostiene. No es todavía el din del mundo aunque suba el pan los carburantes la luz los comestibles y la peste del Covid siga viva aunque en recesión. Él sigue arriba mirando a la pobre humanidad con sus ojos grandes saltones, hieráticos, del románico ramirense, cuna del jacobeo. Ojos que expiden piedad. San Frutos tampoco pasó la hoja. Parece que no acaba de terminar de leer el libro que tiene en la mano. Oviedo y Segovia son dos ciudades literarias que marcaron mi existencia como Dublín o el Londres de Kings Roads. No eres de donde naces sino de donde paces.

Deambulé este 25 de octubre a dos meses vista de la navidad por el querido Oviedín que ya no es tan pequeño y acusa unos grandes niveles de contaminación rodada pues todo el mundo va en coche pese a las cortas distancias a la recherche du temps perdu. Pero esta alegre mañana de otoño no me guiaba Proust sino Dolores Medio una voz mágica que retumba en mis oídos. “Nosotros los Rivero” es una de las grades novelas escritas a mediados de la pasada centuria, para mi gusto aventaja a la tan traída y llevada “Nada” de Carmen Laforet. Es sin duda el mejor premio Nadal.

Dolores radiografía la ciudad desde su vivencia de la Revolución del 34, la guerra del 36 y los inicios del desarrollo económico. En sus páginas me encuentro con “Choni” el compañero de juegos de infancia de la autora el cual vino a detener a su familia que regentaba una humilde tienda de ultramarinos “La uva de oro” convertido en miliciano pistolero de requisas. A Ger, el hermano de Mag la protagonista, el estudiante de Derecho que se unió a la revolución y muere en una trinchera de la Tenderina por los disparos de los artilleros de Varela implacable en la represión.

Vemos a los pobres seminaristas fusilados, arder a las iglesias y la ciudad destruida y a los moritos de Regulares con el tarbús y el jaique desfilar airosos por la calle Uría invocando a Alá en la triste mañana del doce de octubre de 1934. ¡Qué arte narrativo el de esta mujer!

Creo que la poesía carece de género, es lo mismo en hombres que en mujeres pero Dolores Medio con sus sensibilidad femenina capta los más mínimos detalles de su entorno descritos en un lenguaje poderosamente eficaz, cinematográfico, definitorio y definitivo al plasmar cada escena, en la ternura y limpieza del alma con la que cuenta uno de los momentos más dolorosos de la ciudad destruida.

Ella  que nació de una familia de indianos venidos a menos.

El padre luchó en la guerra de Cuba y tuvo una hija mulata de aquella relación que se convierte en polo de atracción galante del elemento masculino pero al mismo tiempo es blanco de murmuración del “todo Oviedo” por ser negra.

Magdalena la protagonista nació en la calle san Francisco frente a la  estatua del inquisidor Valdés. De niña le gustaba columpiarse con Choni en las cadenas clavadas frente a la puerta. Cadenas que trajo un obispo de Oviedo que peleó en las Navas de Tolosa.

 Paso por la Corrada del obispo, los trascorrales la catedral, y me acerco a la estatua de la Regenta donde ruego a una turista mexicana que tire una foto  de mí del bracero de doña Ana Ozores.

—¿Tiene la bondad?

—No faltaba más

Explico a la señora quien era aquella mujer que acabó teniendo un asunto con el magistral catedralicio que espiaba sus movimientos desde la torre con catalejo.

—Ah pues no lo sabía. Lo buscaré en Internet.

—Calque el botón de la derecha, y viva Mexico.

—Ya está.

—Muchas gracias.

—Encantada.

Los turistas han tomado posesión de la ciudad de Oviedo una de las ciudades más visitadas de España.

Me dice que está encantada de España por su hospitalidad y belleza de sus paisajes y que Oviedo es una hermosa ciudad. Los españoles, advierte, y los mexicanos somos iguales en las virtudes y los defectos pese a los denuestos hispanofobos  de Lopez Obrador.

Ah la Regenta yo me enamoré de una Regenta de la cuenca minera pero la cosa salió mal por mi propia inconsciencia. Avanzo hacia laCorrada del Obispo y allí san Tirso que está allí en efigie ostentando la palma del martirio en una imagen de piedra, hornacina desgastada por los siglos cabe la puerta.

 Aparece en el testero el misterioso alfiz visigótico de tres arquillos, un enigma para los historiadores. Doce siglos os contemplan; el templo fue consagrado por Alfonso el Casto en el siglo IX.

Camino hacia el barrio húmedo. Cuesta abajo hacia el barrio húmedo lamiendo  la vieja muralla... aparecen pintadas emborronadas  por el latigo de los grafitos no sé que significa esta escritura en la pared: ¿síntoma de la modernidad y aviso apocalíptico? Las rondas y reveille del botellón no dejan dormir a los vecinos y hay manifestación.

Es el sector urbano más castigado de la folixia. Sin embargo el barrio está todo tranquilo. A la bajada antes de acceder al campillín entro en un chigre donde yo acostumbraba a tomar café. Pregunto por el dueño un paisano  pequeñín y muy gallaspero. No está. Falleció hace dos años.

Dios guarde su alma.

Tuvo la culpa una cirrosis que ya apuntaba en su cara demacrada y como chupada la última vez que lo vi. Se acabaron aquellos culines del tiempo que pasa. Un tanto aprensivo y nostalgico por la noticia subo al Fontán a sentarme en una terraza:

—¿Se puede fumar?

—No señor.

—Pues vale, cumplamos la norma de la municipalidad pero le participo que a mí me salvó la vida del Covid el tabaco. Purificó mis pulmones el saumerio de la cachimba.

Me acurruco entonces, un poco triste por el fallecimiento de mi amigo el tabernero aquel paisanín del que nunca hablará la historia, frente a las estatuas de las dos lecheras.

Debían de ser aquellas lecheras que cantaba Gerardo Diego y que bajaban por la calle Leopoldo Alas con el cántaro encima de la cabeza. Todo el barrio escuchaba el sonido de sus madreñas de madrugada.

 —Hora de levantar. Ya pasaron las lecheras...

Y me fumo un vegero de celebración por estar vivo yo mientras pienso en Tigre Juan y en Pérez de Ayala otro de los grandes vates que ha dado Oviedo (el estro de su numen que no cesa) a las letras hispanas.

Siguiendo ruta en el patio de la Universidad saludo a don Fernando Valdés el Inquisidor General contemplo las arcadas que custodian el empaque de su aula magna y escucho retumbar el cantarín traqueteo de las ametralladoras de de la Revolución. En el fuste de las columnarias las balas dejaron su impronta como aviso de que no vuelva a pasar.

Yo pisé suelo asturiano el verano de 1968 venía a hacer las practicas de periodismo en LNE. Ya ha llovido. Pero recuerdo que bajando al volante de mi seiscientos me detuve en el pueblo de Pajares había romería. Escuché por primera vez la danza prima y probé mi primer culín. Desde entonces Asturias se me clavó en el alma.

Y sigo degustando las dulzuras del “mexu d´angelin” hasta que Dios quiera. La sidra cantarina bien tomada, escanciada y bien llevada es un lujo, deleite de ambrosía. Sobre el vaso mea un ángel

 

Wednesday, October 27, 2021

LOS BUZOS DEL EJERCITO ESPAÑOL TUVIERON CUATRO BAJAS INTREPIDOS HOMBRES RANA DEL DIARIO DE ESPAÑA

 

Descansen en paz, nuestros buceadores militares fallecidos, el pasado día trágico, del 16 de octubre. Por Miguel Sánchez

MIGUEL SÁNCHEZ - 21 OCTUBRE 2021

Un fallo bajo el agua te puede costar la vida: la dura preparación de los buceadores militares españoles. La Escuela Militar de Buceo, con sede en Cartagena, prepara a unos 500 militares al año para trabajar en ambientes submarinos: no todos los "cachorros" llegan a ser buceadores

«¡Señores, tienen cinco minutos para cambiarse, ponerse el equipo y embarcar!», grita el subteniente al mando del ejercicio de hoy, una prueba eliminatoria en la que no se admiten fallos. No superarla supondría causar baja en la Escuela Militar de Buceo (EMB) y no continuar con la formación para convertirse en buceador. 

Nadie dijo que ser buceador militar fuera fácil.

Nos adentramos en un aula de la escuela. Un soldado lleva el cinturón de plomos –al menos 6 kg de peso– puesto por encima de la ropa. Desde hace varios días le acompaña allá donde va –a correr en los ejercicios matutinos, a la cantina–, solo se lo quita para dormir. No es un capricho ni un amuleto. Falló en el último ejercicio de inmersión que hizo y ahora debe cargar con él varios días.

Otros llevan las aletas colgadas al cuello o las gafas de buceo en la cabeza. Todo para que no se les olvide que, al igual que sucede bajo el mar, cualquier fallo se paga, aunque en este última circunstancia el fallo les puede costar la vida.

«Las condiciones psico-físicas del buceador deben ser óptimas debajo del agua. El cansancio, la fatiga u otros no pueden ser un problema más añadido a lo que ya es desenvolverse en un medio hostil como es el subacuático», me explica el Teniente de Navío Ignacio Llanos Hervella, profesor en la EMB.

Aquí hombres y mujeres comparten los mismos requisitos físicos de acceso (altura, peso, fuerza…), unas condiciones que son muy exigentes, así como los propios cursos en sí, física e intelectualmente. No todo el mundo consigue superar la formación.

En la EMB al buceador no solo se le enseña a bucear –buceo básico, técnico, de combate, de desactivado de artefactos explosivos–, también se le adiestra en verificación de instalaciones de equipos a presión, medicina y enfermería en ambiente hiperbárico y un largo etc. Desde 1970, la Escuela de Buceo, con sus distintas denominaciones, ha formado a más de 13.000 buzos, buceadores, personal de sanidad y de apoyo al buceo, tanto nacionales como extranjeros.

Mientras los aspirantes a buceador preparan el equipo, un grupo de «cachorros» –como de forma cariñosa se llama a los alumnos– se entrenan en el dique de La Algameca. Un duro ejercicio en la piscina de agua salada. Consiste en saltar correctamente y salir del agua con el puño en alto. Quien no lo hace, repite. Hasta aquí es más o menos fácil. Lo duro comienza a continuación. Una vez dentro de la piscina, los cadetes se agarran a una cuerda con las manos, sueltan sus gafas y las llenan con agua salada.

Desde aquí envío mi pesar a los familiares de los dos buceadores militares fallecidos;

a).- D. Andrés Martín Pérez, Cabo del Regimiento de Ingenieros nº 1 de Burgos, ha fallecido este sábado durante las prácticas del curso de buceo en Cartagena, de 28 años, sufrió una parada cardiorespiratoria y los servicios médicos no pudieron hacer nada para salvarle la vida en el hospital Santa Lucía de Cartagena.

 b).- D. Mario Quirós Ruíz, Sargento, que falleció realizando el Curso de Buceador de Asalto, en el pantano “El Grado” de Huesca.

Descansen en Paz, ambos militares que han dado su vida por España y me uno en tan triste desenlace a sus familiares, compañeros y amigos.

¡Qué nuestros Señor, los tenga en su Gloria, por toda la eternidad!

 

¡VIVA CRISTO REY!

¡VIVAN NUESTROS MILITARES, QUE LUCHARÁN POR SALVAR A LA PATRIA!

¡ARRIBA ESPAÑA!

 

Un fallo bajo el agua puede costarte la vida: la dura formación de los buceadores militares españoles

Buceadores de combate (1968) - Cazadores de minas. Buceadores de ataque, Buzo militar

LVI Buceador Elemental NASAR 2018.

 

La muerte no es el final.

AL SIERVO BUENO Y FIEL QUE ROGANDO SIN CESAR CONSIGUE BIENES ETERNOS DE LA INFINITA BONDAD. EL ENTRAÑABLE HIMNO DE SAN FRUTOS PAJARERO SONÓ BAJO LAS BOVEDAS DE LA CATEDRAL

 

San Frutos devuelve la alegría a Segovia

Los segovianos desbordan las previsiones de participación en la fiesta en una jornada marcada por las medidas de prevención

El trascoro de la Catedral volvio de nuevo a albergar a voces y musicos para interpretar el villancico del patron de Segovia
El trascoro de la Catedral volvió de nuevo a albergar a voces y músicos para interpretar el villancico del patrón de Segovia. / NEREA LLORENTE

Entre la relación de hechos milagrosos que hacen de San Frutos un santo al que poder apelar para el logro de empresas difíciles, habrá que añadir a partir de este año el de devolver la alegría a la ciudad que desde hace siglos se pone bajo su patronazgo. Tras un duro año marcado por la pandemia y sus nefastas consecuencias sanitarias y económicas, la fiesta del Santo Eremita hizo que los segovianos recobraran la sonrisa y se lanzaran a la calle para recuperar la celebración de las tradiciones con las que no solo honran a su patrón, sino que sirven para ‘hacer piña’ y vertebrar la sociedad.

La mejoría en la situación epidemiológica y la masiva vacunación han dado sus frutos y las autoridades han podido relajar las restricciones hasta niveles casi de normalidad, lo que hizo posible que el ‘día grande’ del patrón de Segovia pudiera celebrarse casi en plenitud, teniendo siempre en cuenta el uso de mascarilla y el respeto a la distancia social marcado por las recomendaciones sanitarias.

Todo ello, sumado a un extraordinario día otoñal con un cielo tan limpio como azul, hizo que los segovianos vencieran sus reticencias y se entregaran a la fiesta, desbordando con su masiva participación las prudentes estimaciones de participación de las autoridades municipales. Así, lo que en años de normalidad hubiera supuesto un problema por la limitación de aforos o la obligatoriedad de esperar largas colas de acceso, en este año se resolvió con la comprensión y la colaboración ciudadana, consciente de que la pandemia exige mantener el pulso para evitar nuevos y graves repuntes.

La prueba de fuego que delimitó el nivel de colaboración de los segovianos fue el ‘Paso de la Hoja’ que en los primeros minutos de la fiesta convocaba en esta ocasión a los segovianos en el enlosado de la Catedral, donde se concretó de nuevo el milagro del libro del santo, ilustrado este año por el artista segoviano Gregorio Herrero, que dejó en sus páginas la imagen de un libro hojeado por pajarillos y un mensaje para la esperanza en el que invitaba a no olvidar el valor de la libertad a pesar de las circunstancias. Posteriormente, en la fachada de la Catedral, se proyectó un ‘videomapping’ en el que se recreaba la imagen de San Frutos y su vinculación con Segovia.

📷 GALERÍA | La fiesta de San Frutos, en detalles

Las 400 sillas instaladas por la organización para presenciar el audiovisual fueron insuficientes para albergar al numeroso público allí congregado, por lo que el Ayuntamiento optó por ofrecer un segundo pase, aunque muchas personas optaron por seguir la proyección desde las calles aledañas al enlosado.

Lo que no pudo resolver la organización fue el reparto de las ‘sopas del Santo’, elaboradas por la Asociación de Cocineros con los soportales de la Casa Consistorial como improvisada cocina. Así, las previsiones señalaban la confección de cerca de un millar de raciones de este típico plato de la noche sanfrutense, pero al final decenas de personas se quedaron sin degustarlas ya que la participación desbordó los planes iniciales.

Mientras tanto, la música de El Puntillo Canalla y Chicuelina Mascarilla ponían la ambientación festiva a la noche, a la que puso el brillante colofón La Banda del Búho, con su espectacular selección de música de rock, soul y blues de todos los tiempos que, en la fría noche, sirvió para caldear el ánimo de los segovianos.

A mediodía, el trascoro de la Catedral recuperó su función para reunir a los cerca de 200 segovianos y segovianas que interpretaron el villancico dedicado a San Frutos compuesto en 1847 por Antonio Hidalgo. Los huecos en el graderío del coro señalaban alguna que otra ausencia entre los habituales de la interpretación, que no restó ni un ápice de brillantez a la composición, dirigida con pasión y vehemencia por Francisco Cabanillas, y que por primera vez en la historia del templo contó con una voz blanca femenina para el solo, cuyo resultado fue del agrado de todos los asistentes. Para acceder al templo hubo también limitaciones de aforo, y el público tuvo que escuchar la pieza sentado en las sillas habilitadas en los alrededores del trascoro.

Fuera del templo, donde tuvo lugar la misa solemne en honor de San Frutos presidida por el obispo César Franco y concelebrada por los sacerdotes del cabildo Catedral de Segovia y Ávila, el público disfrutaba de una hermosa y soleada mañana, donde hubo oportunidad de contemplar una selección de setas, hongos y boletus de la Sociedad Micológica Segoviana; así como de rocas y minerales llevados por la Asociación Micológica Segoviana.

Sobre el quiosco de la Plaza Mayor, la Unión Musical Segoviana ofrecía un concierto de música tradicional y de bandas, y también fue el lugar elegido para que la Cofradía del Paso de la Hoja entregara el premio ‘Amigo de San Frutos’ a Jesús Hernández López, impulsor del Camino de San Frutos, en reconocimiento a su esfuerzo para divulgar y dar a conocer esta ruta.

La Cofradia del Paso de la Hoja entrego sus distinciones al artista Gregorio Herrero a Emilio Montero y Jesus Hernandez
La Cofradía del Paso de la Hoja entregó sus distinciones al artista Gregorio Herrero, a Emilio Montero y Jesús Hernández. / NEREA LLORENTE

Invitación

La alcaldesa Clara Luquero hizo entrega del premio –una pieza en estaño del artesano Jesús de la Cruz– a Hernández, que en su intervención hizo posible que los asistentes pudieran recorrer con la mente los 80 kilómetros de un camino de “libertad y solidaridad” a través de sus diferentes etapas, aunque invitó a los segovianos a “realizar esta peregrinación, aseguir las huellas de San Frutos y recorrer nuestra querida provincia para compartir lo que tenemos con esa Segovia vaciada que entre todos podemos llenarla”.

Asimismo, indicó que el Camino de San Frutos“ha sido, es y debe ser un instrumento para la solidaridad, para hacer renacer en cada persona los valores que nuestro Santo Patrón predicó con subida, como son la humildad, el esfuerzo, la contemplación, la ayuda a los que más lo necesitan, el cuidado del medio ambiente y el amor a la naturaleza”.

Antes del premio, Emilio Montero puso voz con emoción y empaque al ‘romance del Santo Eremita’ que cada 25 de octubre recuerda el milagro de San Frutos a orillas del Duratón.

La interpretación del ‘Himno a Segovia’ fue el emotivo colofón a una jornada que insufló optimismo y alegría a una ciudad necesitada de estímulos positivos, que llegaron de la mano del ‘siervo bueno y fiel’ en un nuevo guiño de amor a la ciudad a la que protege.

Voz para la historia

Con sólo 10 años, Silvia Callejo Martín demostró aplomo y seguridad en el solo del villancico, por el que pasará a la historia de esta pieza por ser la primera voz blanca femenina en interpretarlo. Procedente de la feraz cantera de la Escolanía de Segovia -cuya responsable Marisa Martín acompañó a su alumna en todo momento-, la joven cantante reconoció estar “un poco nerviosa” a la hora de intervenir en el villancico, aunque también aseguró estar “contenta” por el resultado.

Han sido semanas de ensayos para encajar todos los detalles, que Silvia llevó con disciplina y la emoción de formar parte de una de las tradiciones musicales más importantes de la ciudad, pero la responsabilidad no le pesó en ningún momento y su voz sonó firme y segura para cantar las glorias del ‘siervo bueno y fiel’. Entre el público, sus padres y familiares sigiueron con emoción la que sin duda será una actuación que recordará toda la vida.

📷 GALERÍA | La fiesta de San Frutos, en