2026-05-14

 PEPITA JIMENEZ VALERA FUE EMBAJADOR EN PETROGRADO

 

Leo a Juan Valera recios calores del veranillo de san Miguel. Pepita Jiménez era un libro prohibido en aquellos seminarios de los cincuenta del pasado siglo. Si decían que estaban “pensándoselo” es que habían rociado su espíritu de la doctrina de este libro librepensador. Es un tratado de psicología algo melifluo.

Entre tarros de miel don Juan Valera vierte cuartillos de ponzoña de forma subrepticia, oculta. Paralipómenos. El amor divino se enfrenta al amor humano. Un joven seminarista a punto de recibir las órdenes mayores durante unas vacaciones conoce a Pepita a la que pretende su padre, a quien va a quitar la novia. Viudita rica que con un ojo llora y con el otro repica. Paseos a caballos, merendolas en el campo, el juego del tresillo y el roce de las piernas de Pepita con las del aspirante al sacerdocio que se quería ir a África o a la India a convertir negritos y pasa lo que tiene que pasar.

Don Luis y Pepita hacen cacharritos. No podía ser de otra manera. A los veintidós años un hombre es un torrente de hormonas.

No conoce la vida y mucho menos a las mujeres que son harto complicadas.

Veladamente Valera  denuncia uno de los males de la iglesia latina en su prospecto de producir maricas y homosexuales con un lirio en las manos o verracos, garañones, depredadores sexuales.

Es el caso de ese  cura malacitano que se pasaba por la piedra a sus feligresas previamente de dormirlas administrándolas un brebaje.

Ahora bien, los que intentan convertir a la SRI en una cuestión de bragueta son unos tarados mentales.

La iglesia triunfó en España pese a estas minucias y para demostrarlo ahí están elevándose en cada pueblo esas torres de las humildes espadañas o las agujas atravesando el cielo de las catedrales medievales, esas ermitas, esos humilladeros esparcidos por media Europa, esos monasterios de acogida al peregrino esas universidades. Todas esas obras de arte.

Todas esas sinfonías y polifonías. El esplendor de su liturgia. En la labor educadora la iglesia es imbatible. Nos enseñó a rezar y a pensar a muchos de nosotros. En mis libros yo hablo de una iglesia esotérica lo místico lo de adentro y otra iglesia exotérica la cáscara, lo de afuera: cánones, obispos, sínodos, política,  encíclicas, visitas pastorales, happenings como el del Día de la Juventud, concilios.

Detrás de todo ello esto se esconde (paralipómenos) maraña muy complicada e inextricable la cara de Xto.

¿Qué tendrá que ver ello con ese párroco salido que le toque la pilila al monaguillo o al arcipreste que se acuesta con una de las  Hijas de María?

El volteriano Valera ataca a los curas por su flanco más débil y cuenta con muchos seguidores más de un siglo después de su muerte.

A punto de celebrarse el bicentenario del autor egabrense 1824-1905 merece la pena consignarse algo importante. Que el desastroso reinado de los borbones Fernando VII, Isabel II, María Cristina, Alfonso XII y Alfonso XIII no fue óbice para que la literatura española viviese un nuevo siglo de Oro: Mesonero Romanos, Galdós, Pereda, Bécquer, Clarín, Fernán Caballero, Espronceda, Menéndez y Pelayo que remata en los del 98.

Valera escribía unas novelas lineales, optimistas, donde todo acaba bien y tutti contenti es el caso de don Luis que se casa con Pepita y viven felices y comieron perdices.

No es un genio. SÓLO UN INGENIO pero todo el aseo de su prosa contrasta con la vida de su juventud. Asiduo visitante de los burdeles de Madrid junto a su amigo M. Pelayo y como embajador en la corte de los zares tuvo no pocos líos con marquesas y duquesas rusas pero apenas queda nada de su gestión como agregado del plenipotenciario del gobierno de Madrid ante la corte de Nicolás I. tiempo adelante se desplazó como representante de Isabel II Washington. Y a orillas del Potomac se lo pasó tan bien como en las del Lena.

Se cuenta que tuvo una amante estadounidense a la cual abandonó y ésta, despechada, se suicidó. Sus cartas a M. Pelayo que también era buen eje se hallan plagadas de anécdotas sobre lances sexuales y conspicuas visitadoras. ¿Era el egabrense un sátiro, un calavera? En sus escritos ponderados y eutrapélicos no se aprecia atingencia en el sentido de sus aficiones donjuanescas. Murió ciego en Madrid y a lo que parece nunca cesó en su afición al sexo y al trato torpe con visitadoras. Se había paseado por los mejores burdeles de España y del extranjero. Parece ser que las que más le agradaban eran las mulatas portuguesas. Amigo del general Serrano, también fue embajador en Lisboa.   

DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS ESPADACHÍN DEL IDIOMA

 QUEVEDO LOS SUEÑOS FICCIÓN Y REALIDAD

 

Tenía 28 años era un minorista catedrático recién licenciado de la universidad de Alcalá donde se especializó en las Sagradas Escrituras, es el autor clásico conoce la lengua hebrea mejor que ningún otro. ¿Era Quevedo judío? No lo sabemos. Lo que sí que es cierto es que se erige en paladín de los santiaguistas que ridiculizaban a los cristianos nuevos y querían proclamar patrona de España a Teresa de Jesús echando a las calderas de Pedro Botero al Hijo del Trueno. Los Sueños es una gira por los distintos lugares del infierno. Visión escatológica. Quevedo bosqueja con la pluma lo que el Bosco traza con el pincel. Es una meditatio mortis adobada de sátira y de critica social.

A Quevedo no le gustaban los sastres ni los boticarios, se ensaña contra los quirománticos, a los abogados los toma a cachondeo y se mofa de las mujeres y de los maridos engañados. Desgraciadamente su misoginia anuncia una realidad profética como la que vive España cuando la lucha de clases fue reemplazada por la lucha de géneros; “un mal casado tiene en su mujer una herramienta para la muerte porque el matrimonio puede ser un infierno portátil”. En los Sueños sale a relucir las habilidades de un espadachín del idioma. Quevedo sondea las posibilidades del idioma castellano haciendo esgrima con los conceptos. Es difícil seguirle en muchos casos porque en su habilidad idiomática sorprende. Es sin duda el mejor escritor en la lengua castellana

 

HORREOS CALCÍDICOS

 

A ti te canto

Horreo calcídico del bardal

Cabe el aljibe y la antojana

Derribado por el viento

Guardabas los trastos viejos y el pan de borona

Los inútiles aperos

el bombín del abuelo cuando marchaba a Oviedo

En un baúl las cartas de amor

Del indiano que marchó a Cuba

Sabías de muchas lunas de enero

Bodas y bautizos

Mis antepasados muertos

Calcídico edificio

Te hizo un carpintero

Una fecha en el dintel

Y un nombre

Fizolo Lucas Fernández

1789

etiamsi

bello y sagrado como un sacramento

cuéntame lo que sabes

hórreo derribado por el viento

Etiamsi, madera de castaño

Cantaba el colorín y la xana

Mas tu guardabas silencio

RELACIONES MADRID-MOSCÚ VIA TEHERÁN Y LA RUTA DE LA SEDA

 

RUSIA ESPAÑA RELACIONES

 

Quizá no sea políticamente correcto hablar de las relaciones entre Rusia  y España cuando cunde tanta rusofobia a cuenta de la guerra entre Kiev y Moscú. Sin embargo, fue precisamente un ucraniano profesor de la universidad de Leningrado Mijail Alexeiev uno de los grandes hispanistas deshaciendo prejuicios y demostrando que el pueblo ruso y el español tienen mucho en común pese a su alejamiento geográfico. El primer documento que maneja es una carta del embajador de Carlos V en Petersburgo en el cual da cuenta en 1490 al arzobispo de Novgorod sobre la monarquía de los Ausburgo “ le pertenecen, dice, Castilla, Vizcaya, Cataluña, Córcega y Cerdeña. Son todos cristianos pero que pugnaban contra la herejía protestante y que las posesiones de algunos sacerdotes, obispos y parte del clero y la nobleza fueron confiscadas por Isabela la reina imperante. Sin embargo, las practicas inquisitoriales no medraron en el reino de Moscovia. Durante el siglo XV hubo algunos mercaderes  que viajaron a España en el comercio de pieles. Los chales de marta cibellina eran muy apreciadas por las damas de la corte de Felipe II y para demostrarlo ahí están las hermosas señoras que pinta el Greco. En 1525 visita Toledo la primera embajada rusa en la corte de Carlos V. España era la primera potencia Europea y su interés por los rusos es acercarlos en su círculo en sus luchas contra el imperio otomano. Hubo negociaciones en 1588 entre Felipe II e Iván el Terrible. Interesaba la ruta de la seda y a este respecto consta, a decir de Aleksiev, el sha de Persia envió legados a Valladolid y el jefe de la legación Uruk Bek se hizo bautizar en la catedral y éste escribió un libro de viajes sobre la vida de los rusos traducidas del persa al español. Abbas II sátrapa de los persas nombró a Nicolás de Melo, un jesuita que había sido jesuita en Teherán su plenipotenciario en Madrid. Era portugués pero escribió un libro sobre la sublevación de Cataluña. Y luego lo enviaron a la corte del zar donde fue denunciado por católico y espía, Boris Godunov lo desterró al monasterio de Solovki en el Mar Blanco. La vida de Melo, tan azarosa, inspiró un drama de Lope de Vega El gran duque de Moscovia publicado en Barcelona el año 1617. Calderón en la vida es Sueño habla también del  Duque de Moscovia. Astolfo y Segismundo parecen pensar y comportarse como rusos aunque fuesen polacos. Quevedo se refiere asimismo al ducado de Moscovia en la Hora de Todos en la cual retrata el triunfo de un rey justiciero per justo. Los españoles de la Armada Invencible liberaron a soldados rusos que habían caído en manos de los tártaros de Crimea y militaban en las galeras turcas. Los Baños de Argel autobiografía de Cervantes en la cual narra su cautiverio en Constantinopla que fue manumitido por un fraile mercedario. Aquel heroico alfaqueque de Arévalo que no sólo pagó su rescate sino que se colocó en su lugar como prisionero fue un libro traducido al ruso y muy leído. Constitutivamente, el extrañamiento persiste aun cuando entre los dos pueblos epígonos de la Cruz en el Oeste y el Este posean una `sicología análoga resistente al dolor, la credulidad, la socarronería y el escepticismo que se transforma en la afición a los refranes. La paremiología es muy análoga entrambos. Con una diferencia muy marcada por la importancia de la iglesia. La ortodoxia bizantina conserva los primores de la liturgia bizantina con su aparato de gran solemnidad. El rito católico es más lacónico y escueto aunque los españoles oraban a la manera griega hasta la supresión de esta lengua por los cistercienses cuando fue abolido el rito hispano visigótico tambien llamado mozárabe. La diferencia entre dos cristianismos a mi juicio es que los rusos tratan de humanizar al ser humano, por el contrario los católicos pretendemos divinizar al hombre, de una manera más pretenciosa. ¿Pecamos de presunción? Por lo demás esta ignorancia no exenta de odio rusofóbica a mí me desconsuela.

continuará

el abuelo benjamin ( DE MI LIBRO "CÁNCER DE PRÓSTATA)

 ABUELO BENJAMÍN

El abuelo Benjamín era otra cosa. Casi fue el que me crió en la aldea de Fuenesoto pueblo también románico con una vega triunfal camino de los monasterios de Cardava a la cual se asomaban los somos, cañadas y eriazos. Por lo menos no me tiraba piedras cuando pisaba sus viñas que el otro estuvo a punto de deslomarme de un cantazo. Aquellas vivencias hicieron de mí un escritor, acaso un escritor iconoclasta y a redropelo del sentir general. Mala cosa llevar la contraria pero yo siempre me mantuve en mis trece seminarista fracasado pasado por el filtro de la literatura pero mi alma se moldeó en aquel seminario cuyas vivencias rememoro cuando estoy aquí postrado en la cama del hospital recién operado de la próstata. Las ideas se agolpan, quieren salir a toda prisa, pues siempre pensé y escribí a gran velocidad y me aturullo me atasco y pierdo el anhélito, vuelve el ritmo pero mi vida es un eterno combate con las ideas y los formularios volcados en palabras, angustia vital, desazón, vértigos, el vértigo del escritor que sólo se cura pufando pipadas de humo o camino de la despensa, somos propensos a criar carnes, la furia del español sentado en su sillón que se desgañita contra la injusticia contra esto y lo otro. Extraño mi cachimba que ha sido compañera de mis largas vigilias, mi ametralladora, mi “novia” y mi tormento, que a veces no me deja ni respirar. Saltan las imágenes de un lado a otro, se enredan las palabras. Viene Maite la dulce enfermera. ¿Cómo estás, cariño? Quisiera fumarme una pipa, no se puede, corazón. Dentro de un rato vendremos a hacerte una extracción, más tarde la compañera te tomará la tensión. La urraca del patio central faltaba poco para acabar de construir su nido. Las noches se hacían largas e insomnes. A la madrugada el diligente córvido seguía su labor. Pronto te darán de alta. Esto no ha sido nada. ¿Nada? Un cáncer, hoy el cáncer si se coge a tiempo es curable. Más duro lo tenías si fuese de pulmón. Era lo que temía yo, pero el tak que me hicieron revelaron que estaban limpios. Soy un fumador empedernido. El vicio lo cogí a los catorce años con un mataquintos que sabía horrible. Me vio mi padre que venía del cuartel y apagó la targanina de un sopapo. Zas.

Ando en desacuerdo con Andrés Laguna autor desconocido y al que yo he descubierto como autor críptico del “Lazarillo de Tormes” gloria inmortal de la novela picaresca y que he sacado de pila librándole del anonimato de siglos, que dijo:

 ─Se escribe por la honra pues la fama es la orla de la artes.

No señor hoy se escribe para echar los demonios fuera, lanzar pestes contra los nazis y los judíos que pueden ser consistentes en el mismo perjuicio los extremos se tocan la serpiente cambia de piel. Eso de ser escritor famoso debió de ser antaño, hogaño el vulgo vierte suspicacias sobre nosotros. Nos mira mal. Somos delincuentes y nos desprecia o nos compadece como enfermos bipolares, o adictos a un vicio tan inconfesable como el onanismo. Escribir consiste en masturbarse con palabras y eyacular proposiciones y asuntos que no son de recibo. La gente lo que quiere es que la dejen en paz, que no la vengan con historias. Tú no te pases, mira lo que te digo. El escaparatista de Arévalo un martes de mercado me largó está pregunta a bocajarro:

─¿Sigues escribiendo?

─Sí

─¿Y te la meneas?

─¿Por qué no?, de vez en cuando

El librero Gomis un tipo un malauva el cual me ha maltratado, timado y puesto en berlina todo lo que ha querido me recibió con una frase que es todo un dardo al bandullo de un poeta.

-Tus libros no se venden, deben de ser muy malos.

-Si no los pones en el ecaparates y los tienes ocultos en la acristía ¿cómo se van a vender cacho cabron?

Le hubiera dado al librero de lance un garrotazo en los hocicos pero no estaba de nones sino de pares. Por lo demás buenas tragaderas he. En una bella mañana de octubre no merecía la pena meterse en reyertas con un hijoputa. Escribir es llorar larra dixit hay que estar dispuesto a ser crucificado y coronado de espina cuando no de gargajos como le ocurrió a Lazaro de Tormes en la novatada de Alcalá. La desconsiceración la mala esducaciñon y el morbo visigótico o envidia es ek estigma de esta nación. Tengo que confesar a mis degtractores para que se calmen y no se pongan nerviosos que yo solo emborrono papel para dejar de fumar o el que se divierte con papiroplaxias o pintando monigotes. Así nos las van a dar todas en un carrillo.

El abuelo benjamín era otra cosa. Sólo me pegó una vez con el cinto. Habíamos ido a melones y nos pilló el guard Melares, quien a la noche se presentó en casa y dijo tu chico fue cogido in fraganti haciendo destrozos en la finca de la tía Piquilaya. Son cinco pesetas de multa. Ah si, bajate los pantalones, chiquito. Diez vergajos con la correa ni uno más ni uno menos. Desde entonces no se me ocurrió ir a melones, ni a peras, ni a sandías. Fueron los chicos del pueblo que me malmetieron y yo inocente de mí caí en la lazada.

 

Era tan inocente que me creía todas sus infamias. El Pedrete el del tio herrero, el Elpidio, el Agustín mi primo hijo del sacristán y su hermano el Maudillo, el Micha hijo del sastre que era tan pequeño que no podía con las albarquillas, el Julián el de la tía Pilar y el tío Pedro Sancha pero el más cruel de todos era Pedrete. Fue el que me encomendó la tarea de asaltar el melonar de Piquilaya.

─Entra ahí en eso, segoviano, y arramplas con un par de melones.

─Tengo miedo, mi abuelo me dice que hay que respetar lo ajeno.

─Tú ¿miedo? Eres hijo del sargento Parra.

─Yo no tengo miedo a nada

Y salté la cerca. Fue entonces cuando vi venir al Melares pegando voces y juramentos apuntándome con su tercerola. Del canguis que me entró se me cayeron los melones del regazo que no estaban maduros, eran badeas. Los otros habían puesto pies en polvorosa, me dejaron solo como siempre. Por las orejas y yo llorando como una magdalena aquel esbirro me condujo al cuartelillo, vino el juez de paz el tío Bernardo. ¿Qué ha hecho el chico? Robar melones. Vaya una educación. Que se avise al tioBenjamin Galindo. Mi abuelo el pobre estaba avergonzado y corrido de mi “hazaña”. El juez de paz era su amigo. Eran quintos, él, el tio Dominguín y mi abuelo. Nacieron en 1885. Se ufanaban de ser quintos del rey Alfonso XIII.  sentabanse en un banco de honor en el presbiterio durante las ceremonias religiosas. La noche que recibí la somanta de palos con la correa del abuelo era una noche de luna lo recuerdo bien. Al otro día tomamos el coche de línea y para Segovia.

─No podemos contigo. Así que te mando a tu padre a que te dome.

Cuando regresamos a Valdevilla la colonia militar donde vivimos mi madre me recibió con la zapatilla. Asi te comportas, dijo y me puso el culo como un tomate. Yo no tuve la culpa fueron el Pedrete y el Agustín los que me mandaron asaltar la cerca de la tia Caya. ¿Robar? Vaya un hijo. Traté de escapar y anduve perdido por los peñascales de Valdevillarecorriendo los andurriales del río Clamores llorando mis desdichas, esta vez temiendo la correa de papá. Venida la noche, llamé a la puerta de la casa que era verde y de madera de pino con mucho tiento y sigilo. Me estaban buscando. Mandó mi padre al machacante por ver si me encontraba. Pero en vez de la correa fui recibido con besos y abrazos. El sargento Parra saltaba de alegría.hijo, hijo. Por donde te has metido, donde anduviste. Tu madre y yo creíamos que te había ocurrido algo. Me senté a la mesa. Huevos con patatas fritas. El abuelo había traido un clarete que pasaba bien al cabo de tantos sinsabores por culpa mía.

─Bebe, Silvino.

─Gracias, señor suegro, de hoy en un año.

Y tentó la bota embelesado con un largo trago. Por la provincia de Segovia los casados llaman al padre de su mujer “mi señor”. El chico es un poco mostagán pero hay que meterlo en vereda. Hay que llevarle al seminario. El dictamen del abuelo se cumplió al cumplir yo once años. Había habido muchos curas en la familia. Estaba don Linos pariente suyo que ejercía el arciprestazgo de Calabazas, el P. Galo que se fue de misionero a Africa y nunca se volvió a saber más de él o don Priscilo cuñado suyo nombrado por oposición canónigo magistral de la catedral de Burgo de Osma. Tanto los Parra como los Galindo tenían fama de beatos y no existen dudas de que esta veta tan clerical y bíblica les venía de su ascendencia. Aquel rincón extremo de la provincia segoviana había sido repoblada por moros y judíos y se produjo el milagro de que Alá, Moisés conviviesen en plena armonía practicando usos y costumbres, ritos, intercambiables, diciendo ojalá cuando les acuciaba un deseo de que algo ocurriese, o pronunciando el nombre de Jesus al estornudar al besar el pan cuando la hogaza se caía de la mesa

 

 

A LAS ARMAS VICTORIOSAS EL EPIGRAFE DEL ARCO DE TRIUNFO QUE DA ENTRADA A MADRID POR MONCLOA Y MIS PROFESORES DE LATIN

 

CALDERÓN LA CENA DE BALTASAR

 

 

El doctor Valbuena era un hombre cordial, recuerdo haberle visto en una mesa del Bar de Filosofía fumándose un “celta” largo, charlando con los alumnos, yo mismo le invité a un chato de tintorro que el maestro jovial y próvido en nuestros desvelos con la literatura aceptó. Mostraba ese desaliño del intelectual machadiano los ojos cansados de tanto leer y de ver pasar la vida. Mariner Bigorra no mostraba esa familiaridad con el alumnado. Era un tarraconense de derechas. Calvo como Cesar. Le poníamos por un suponer la toga curial y allí aparecía un senador romano. Se movía por la tarima de la cátedra con agilidad y siempre aparecía con las manos empolvadas de tiza. Su pensamiento funcionaba a mayor velocidad que sus palabras y por eso analizaba cada palabra latina escribiendo el encerado su raíz evolutiva. Los dos eran hombres de gran bondad. Valbuena como se jubilaba aquel año otorgó aprobado general. No ansí Mariner que tenía fama de hueso y a mí lo que on las cosas tan entusiasta con la lengua del Lacio desde mis años de seminario me dejó para septiembre.

Pero siempre que paso por Moncloa y alzo los ojos a la cuadriga del Arco de Triunfo me acuerdo de él. El monumento entrada a Madrid. Está en un estado lamentable, destrozado y pintarrajeado con ignominiosos graffiti donde escribe el diablo consignas furibundas con su fatídico dele. Sirve de paraninfo y punto de reunión a los del botellón. Mane tzel fares y todo para ultrajar la memoria del anterior régimen.

Estan las losas levantadas y las puertas de bronce maltratadas por la chusma, no pudo menos de traer a mi memoria el entusiasmo de sus clases: “Armis hic victoribus mens jugiter victura monumentum hoc… munificentia ab Hispaniorum regis restaurata aedes sapientiae complutensis florescit in conspectu Dei”. Lo esculpió él haciendo gala del laconismo ciceroniano.

No se puede acumular tanta grandeza en epígrafe tan lacónico. Sería una pena que el Arco de Triunfo abandonado y en deterioro por el odio a los que ganaron la guerra civil fuese dejada caer. En esas estamos. Valbuena por su parte especialista en Calderón creía que el mejor drama por él escrito no era la vida es sueño sino La Cena de Baltasar. Es teatro profético y poético. Un desafío a Moloch rey de los Ammonitas monarca cruel que sacrificaba niños y jóvenes para aplacar a la divinidad. Guerra de Ucrania. Zelenski es un baldón para el pueblo de Israel y su mayor profeta. Daniel (Juicio de Dios) narra la historia de la liberación del pueblo elegido de las garras de Nimrod el tirano que construyó la torre de Babel. Los personajes de la obra son Baltasar el que vio desìes de una cena opípara escrito su destino en la pared: “esta noche morirás”. Mane tzel fares. La Idolatría. El pensamiento. La vanidad. Daniel y la Muerte. Ay España mía...

 

Patadas al nido

 

Hay marea alta

Y andamos todos de cabeza

Pegándole patadas al nido

Se llena de ternejales y valentones

El coso taurino

Redondel de las Cortes

Lo suyo es viltrotear

El mulo pega coces y respingos

Y el arraez de esta nave nos tunde las costillas

A golpes de rebenque

Y de noticias atorrantes y aterradoras

Échate al lado que viene la apisonadora

Se ergotiza y parlamenta

El pez tiene escamas

Y pinchos el tomillo burrero

Y vamos remando a pareles

Por un mar de insidias y borrascas

No es bueno arriar vela

Ni pegar patadas al nido

Tú verás.