2021-04-04

BULGAKOV LA GUARDIA BLANCA

 BULGAKOV


POR ANTONIO PARRA

 

Bulgakov la guardia blanca.

Por las páginas de la "Belaia Kvard" galopan los caballos del Apocalipsis abierto el séptimo sello confluyendo dos planos el ideal y el real el pretérito y lo porvenir en una gavilla de grandes frases y fulminantes palabras. He aquí otro ucranio profético. 1918 año terrible grandes hambres en Ucrania guerra civil el fantasma de la hambruna; en las aldeas los mujiks se comían las cortezas de sus abarcas de abedul y de antropofagia se dieron casos. Miguel Bulgakov era un ruso blanco hijo de un pope. Su escritura fue admirada por Stalin. Los judíos conspiradores querían mandarle a Siberia y había muchos de ellos en el politburó.

Fue un meteco un exiliado interior en el país de los soviets, habida cuenta de sus orígenes cristianos determinaron acaso la persecución de que fue objeto después de haber escrito "EL MAESTRO Y MARGARITA" y después de ser el autor que más obras tenía en cartel en Petersburgo  años 30. Botas altas a la moda gorros aplastados pasan los cadetes de ingenieros... las sandías no pueden asarse con jabón▬el absurdo forma parte de nuestra realidad▬ que vencieron los norteamericanos y no es posible sentarse sobre un erizo. Bulgakov el nuevo Gogol que siendo ucranio hasta las cachas escribía en ruso hace en esta novela enigmática un canto al mundo que desapareció con los húsares elegantes dolman cruzado al pecho de terciopelo y una pluma en el ros para romper los corazones de las damiselas.

La Guardia Blanca estaba integrada por la crema de la crema de la aristocracia militar el regimiento Preobrazhenski. El hetman se monta al caballo desenfunda el sable y grita a su sentnia

 Hurra, muchachos.

Mijail Bulgakov revive las experiencias de su infancia dorada en Kiev la santa.

Su familia vivía a la bajada  de la ulitysa Aleseyeski pretendiendo ocultarse tras los visillos de su santuario el miedo a los soviets del gorro frigio.

Desde el jardín se ven las cúpulas doradas de la catedral de santa Sofía. Esta novela me hizo revivir el dolor que sentí desde mi amor a Rusia y a Ucrania no entendí los postulados de la revolución naranja ¿Soros metió la zarpa en el granero de Europa; las tierras negras de Ucrania siempre tuvieron la apetencia de las grandes naciones, Hitler la pretendía. Kiev la Santa tuvo un problema con el semitismo. El tercer ángel derramó la copa sobre los ríos y sobre las fuentes y se convirtieron en sangre. Viva Rusia, viva la autocracia, me enamoré de Rusia leyendo a sus grandes escritores pero ella es una dama misteriosa no me quiso yo era gordo y feo. Los alemanes eran cobarde y apoyaban al forajido Petliura. La guerra primera guerra mundial trajo a Ucrania los piojos el hambre y la blenorragia. Miguel Bulgakov pasaba consulta a los enfermos de sífilis de Moscú enfermedad que él contrajo dios sabe donde y de la que moriría  cocainómano. Los grandes genios de la literatura rusa y puede que la universal fueron desdichados. Todo pasa pero a él le tocó ver la caída del zarismo anegado en un mar de supercherías y de corrupción... llegaban los periodistas de Moscú gente venal ávida y cobarde. Cocotas. Honorables damas de aristocrático apellido y jóvenes pederastas pasivos (bardajes y buharros). Llegaban príncipes del tres al cuarto poetas y prestamistas gendarmes y actrices de teatros imperiales que se movían alarmadas por el futuro eléctrico de la humanidad. Es rotundo y profético Bulgakov.  Su táctica es la repetición y el salto de página como los troparios del canto diaconal bizantino. Saca la mano a pesar para arremeter contra la insensatez y cursilería de sus contemporáneos y abre los fuelles bajos de su voz de chantre para cantar las verdades del barquero. Un judío predicaba junto a la iglesia de san Vladimiro la revolución y entonces entraron los bandidos en alabanza y yo me fui... Esta es la visión cínica y lírica de un testigo presencial de la revolución de octubre que volvió a revivirse casi un siglo después en la revolución naranja en Kiev la Santa. Como buen ucraniano es Bulgakov muy hábil con las palabras que esgrime en su doble interpretación semántica de las dos grandes lenguas eslavas. Fue para mí un maestro desde que leí la Guardia Blanca traducida por el hermano de Lain Entralgo. Se adelantó a Kafka. Novela moderna a gran escala.



 

Biografía[editar]

Fue el primogénito de los siete hijos de Afanasi Bulgákov, profesor asistente en la Academia de Teología de Kiev, prominente ensayista ruso ortodoxo, pensador y traductor de textos religiosos. Su madre fue Varvara Mijáilovna Bulgákova (de soltera Pokróvskaya), profesora. Sus abuelos fueron ambos clérigos de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Afanasi Bulgákov nació en la óblast de Briansk (Rusia), donde su padre fue predicador y se mudó a Kiev para estudiar en la academia. Varvara Bulgákova nació en Karáchev, Rusia. Desde su niñez, Bulgákov estuvo atraído por el teatro y la opera. Escribía comedias, que sus hermanos y hermanas representaban en casa. Desde 1901 hasta 1904 Bulgákov asistió a la Primera Escuela Secundaria de Kiev, donde mostró interés por la literatura rusa y europea, y sus autores favoritos en ese tiempo fueron Gógol, Pushkin, Dostoyevski, Saltykov-Schedrín y Dickens. Los maestros ejercieron una gran influencia en la formación de su gusto hacia la literatura. Después de la muerte de su padre en 1907, su madre, muy culta y una persona extraordinariamente diligente, asumió la responsabilidad de la manutención de la familia. Después de su graduación en 1909, ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Kiev, la cual finalizó con una recomendación especial. Ocupó un puesto de médico en el Hospital Militar de Kiev.

En 1913 Bulgákov contrajo matrimonio con Tatiana Lappa. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial se ofreció como voluntario en la Cruz Roja como médico y fue enviado de inmediato al frente de guerra, donde fue herido de gravedad al menos en dos ocasiones. Sufriría las secuelas de estas heridas durante bastante tiempo, sobre todo un dolor crónico a nivel del abdomen. Para paliar su dolor crónico abdominal, se suministró morfina. Se cree que durante el siguiente año su adicción fue en aumento. En 1918 dejó de inyectarse morfina y nunca más volvería a hacerlo en el futuro. Su relato titulado Morfina, publicado en 1926, da testimonio de su adicción.

Retrato de los años 1930 firmado por el propio Bulgákov.

En 1916 se graduó del Departamento de Medicina de la Universidad de Kiev y dirigió un pequeño hospital público en la provincia de Smolensko. Esta experiencia le inspiró el libro de relatos Diario de un joven médico. Se alistó con sus hermanos en el Ejército Blanco y en 1919 fue enviado al norte del Cáucaso.

Después de la Guerra Civil y la toma del poder de los sóviets, una parte de su familia se exilió a París. Mientras, Mijaíl y sus hermanos se encontraban en el Cáucaso, donde él comenzó a trabajar como periodista. A pesar de su situación relativamente privilegiada durante el régimen de Iósif Stalin, cuando se le invitó a trabajar como doctor por los gobiernos de Francia y Alemania se le impidió emigrar de Rusia debido al tifus. Fue entonces la última vez que vio a sus hermanos varones y a su madre.

Aunque sus primeros intentos por escribir ficción fueron hechos en Kiev, no se decidiría a dejar la medicina para dedicarse a su amor por la literatura hasta 1919. Su primer libro fue un almanaque de folletines llamado Perspectivas Futuras, escrito y publicado ese mismo año. En 1921, Bulgákov se mudó a Moscú con su esposa, sin dinero y donde probablemente pudieron sobrevivir a su primer invierno gracias a poder alojarse en una habitación que el marido de su hermana Nadia tenía alquilada en un piso comunal. Vivió cerca de los Estanques del Patriarca, lugar donde se situaría gran parte de su posterior novela El maestro y Margarita.Testimonio de la admiración de los moscovitas por la novela son los grafiti que a mediados de 1983 comenzaron a inscribirse en el portal y las escaleras de dicha vivienda; al año siguiente se podían contabilizar unos 1000, entre dibujos de personajes, episodios y citas de la novela además de poemas dedicados a Bulgákov. Cuatro años después (en 1925) se divorciaría de su primera esposa, para contraer matrimonio con Lyubov Beloziórskaya. Publicó novelas y artículos durante la primera mitad de los años 20, y en 1926 estrenó la adaptación teatral de su novela La guardia blanca, con el título Los días de los Turbín debido a la censura. Fue un éxito de público, pero las críticas fueron adversas desde un punto de vista ideológico y se inició una campaña contra él en este sentido que duraría toda su vida. Apenas un mes más tarde estrenó su segunda obra, El apartamento de Zoia, una sátira del mundo de la delincuencia durante el período de la NEP. Desde 1927 su carrera comenzó a sufrir debido a la constante crítica de que era demasiado anti-soviético. Para 1929 su carrera estaba arruinada, y el gobierno había censurado y prohibido la publicación de cualquiera de sus trabajos y la puesta en escena de cualquier de sus obras.

En 1932, Bulgákov se desposó por tercera vez, con Yelena Shílovskaya, quién sería la inspiración del personaje Margarita en su novela más famosa. Durante la última década de su vida, Bulgákov continuó trabajando en El maestro y Margarita, escribió obras de teatro, críticas y relatos y realizó varias traducciones y adaptaciones teatrales de novelas. Muchas de ellas no fueron publicadas y otras fueron destruidas por la crítica.

Bulgákov nunca apoyó el régimen, y se mofó de sus deficiencias en varias de sus obras, lo que le supondría diez años de ostracismo. La mayor parte de sus escritos permaneció en los cajones de su escritorio durante varias décadas. En 1930 escribió una carta a Stalin solicitando permiso para emigrar de la Unión Soviética si es que esta se negaba a valorarlo como escritor. Como respuesta recibió una llamada personal del propio Stalin, pidiéndole explicaciones acerca de su petición. El escritor contaría en su diario cómo fue este uno de los momentos más dramáticos de su vida pues, conmocionado, no se atrevió a reiterar su petición en aquel momento, limitándose a reiterar que un escritor no puede vivir lejos de su patria. Stalin, sin embargo, había disfrutado una de sus obras, Los días de los Turbín, por lo que le encontró trabajo en el Teatro de la Juventud obrera de Moscú (Театр рабочей молодёжи o, abreviado, TRAM), y luego en el Teatro de Arte de Moscú.

En el teatro, donde estrenaría algunas de sus obras, tuvo que soportar un constante acoso por parte del NKVD, que llegó a registrar su domicilio y a detenerle en más de una ocasión, siendo boicoteada la publicación de sus obras. Bulgákov murió a causa de un problema renal hereditario en 1940 y fue enterrado en el cementerio moscovita de Novodévichi.

Primeras obras[editar]

La Casa de Bulgákov en Moscú.

En vida, Bulgákov fue conocido sobre todo por las obras con las que contribuyó al Teatro de Arte de Moscú de Konstantín Stanislavski. Incluso después de que sus obras fueran prohibidas, Bulgákov escribió una comedia grotesca haciendo aparecer a Iván el Terrible en el Moscú de los años treinta. Este hecho pudo salvar su vida en el año fatídico de 1937, en el que casi todos los escritores que no apoyaban el liderazgo de Stalin fueron purgados.

Bulgákov comenzó a escribir prosa a principios de la década de 1920. A mediados de la década sintió admiración por la obra de H. G. Wells y escribió varias historias con elementos de ciencia ficción.

Cuentos[editar]

Museo Mijaíl Bulgákov de Kiev.

Están recogidos en muy distintas colecciones. Notas en los puños son un bello ejemplo de los relatos breves del autor. Muchos cuentos suyos, que puede leerse como ficción novelesca, vertebrado en torno a las primeras aventuras médicas de un joven graduado en Medicina, trasunto del propio Bulgákov, la mayoría de los relatos dan testimonio del médico rural que fue el escritor, Estos relatos recuerdan los de William Carlos Williams, con su anecdotario de partos, amputaciones, traqueotomías, curaciones de sífilis, fracasos clínicos, pero existe la diferencia entre un ruso y un norteamericano, aunque sean de épocas muy contiguas. Destaca la voluntad narrativa de Bulgákov, que acredita una notoria capacidad introspectiva y de distanciamiento respecto a la propia persona, con un toque inevitable de cierta comicidad. Todo ello en medio de un paisaje dominado obsesivamente por la nieve y relatado con agilidad y calidez.

Mención aparte merece el relato Morfina. Se trata del diario de un compañero del protagonista, el médico Poliakov, que deja a su muerte el estremecedor relato de esas páginas confesionales, que son la crónica de una destrucción, referida en términos turbadores (al parecer, Bulgákov fue morfinómano durante un tiempo). Escribía al comienzo de su terrible experiencia: «No puedo dejar de alabar a quien por primera vez extrajo la morfina de las cabecitas de las amapolas. Es un verdadero benefactor de la humanidad», este mismo sujeto acaba por confesar que «Me he destruido solamente a mí mismo». En su confesión afluyen momentos estremecedores: «La muerte de sed es una muerte paradisíaca, beatifica en comparación con la sed de morfina». Consciente del personaje que dibuja, el diarista anota: "En realidad no es un diario sino una historia clínica". O bien: «Si yo no estuviera marcado por mi formación de médico, afirmaría que normalmente el ser humano solo puede trabajar después de una inyección de morfina».

Corazón de perro[editar]

No menos interesante es “Corazón de perro", una novela corta en la que Bulgákov abiertamente (y con un cinismo e ironía impresionantes) critica los años 20 del poder soviético. El libro, no vio la luz sino hasta fines de los 80. La historia se centra en un perro vagabundo que es recogido por un científico, quien lo opera y le injerta parte de un cerebro humano; una ironía del “nuevo hombre soviético” que promovía el gobierno. Un relato que en tono humorístico refleja la dureza de una vida forzada por un ideal.

El maestro y Margarita[editar]

La novela satírica El maestro y Margarita (Мастер и Маргарита), publicada por su esposa veintiséis años después de su muerte, en 1966, es la que ha otorgado la inmortalidad literaria a Bulgákov. Se publicó, censurada, en la revista Moskvá por entregas, la primera con una tirada de 150 000 ejemplares que se agotó en unas pocas horas. La censura había eliminado unas sesenta páginas mecanografiadas, que pronto se distribuyeron clandestinamente en Moscú. En 1973, treinta y tres años después de la muerte de Bulgákov, se publicó íntegra. En opinión de muchos, El maestro y Margarita es una de las mejores novelas del período soviético. La novela contribuyó a crear varias frases hechas en lengua rusa, como por ejemplo, "los manuscritos no arden". Un manuscrito del maestro, destruido, constituye un importante elemento de la trama y, de hecho, Bulgákov tuvo que volver a escribir la novela de memoria, tras haber quemado el manuscrito él mismo. La reconstrucción posterior de Marietta Chudakova es considerada ahora la versión más autorizada, y existen tres traducciones al español, la de Amaya Lacasa Sánchez (1967), Julio Travieso Serrano (2001) y la última, de Marta Rebón.1​ (2014) Algunos críticos consideran que la novela está inacabada pues Bulgákov murió antes de poder revisar la segunda parte y hay que tener en cuenta que escribió al menos seis versiones de la misma, que empezó a elaborar en 1928.

Esta novela sirvió de inspiración a Mick Jagger, cantante de la banda británica de rock The Rolling Stones, para componer la controvertida canción Sympathy for the Devil.

Relatos breves[editar]

  • Salmo
  • El fuego del Jan
  • Los cuatro retratos
  • El holandés errante
  • Un tipo abominable
  • El agua de la vida
  • Tratado sobre la vivienda
  • Un día de nuestra vida
  • Una historia de diamantes

Obras de teatro[editar]

Novelas[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Morfina. Granada, Traspiés, 2014. ISBN 978-84-942534-0-9 Traducción: Charlaine Mira; ilustraciones: Zaafra.
  • Notas en los puños; Iván Vasílievich. Barcelona, Alfabia, 2009. ISBN 978-84-937348-0-0 Traducción: Selma Ancira.
  • La guardia blanca. Quarzo, 2006. ISBN 978-970-732-149-6
  • Las aventuras de Chíchikov. Los huevos fatídicos. Vigo, Maldoror, 2007. Traducción: Jorge Segovia y Violetta Beck.
  • Correspondencia (1926—1940). Vigo, Maldoror, 2006. Traducción: Jorge Segovia y Violetta Beck.
  • Relatos de Moscú. Vigo, Maldoror, 2006. Traducción: Jorge Segovia y Violetta Beck.
  • El Maestro y Margarita, Madrid, Alianza, 2003. Traducción: Amaya Lacasa.
  • El Maestro y Margarita, Nevsky Prospects, 2014. Traducción: Marta Rebón.
  • El Maestro y Margarita, Navona_Ineludibles, 2020. Nueva traducción: Marta Rebón. ISBN 978-84-17978-66-2
  • Morfina, Barcelona, Anagrama, 2001.
  • Corazón de perro; La isla púrpura. Galaxia Gutenberg, 1999. ISBN 978-84-8109-248-6
  • Corazón de perro. Mármara 2020. Traducción: Marta Sánchez-Nieves. ISBN 978-84-120080-5-0
  • Los huevos fatales/ Maleficios, Madrid, Valdemar, 1990. Traducción Silvia Serra
  • Cartas a Stalin, con Y. ZAMIATIN, Grijalbo-Mondadori, col. El Espejo de Tinta. Madrid, 1991.
  • Vida del señor de Molière. Barcelona, Montesinos, 1983. Traducción: Ricardo San Vicente.
  • Los días de los Turbín. ASOC. DIRECTORES DE ESCENA, 2002. ISBN 978-84-95576-17-0
  • Don Quijote. ASOC. DIRECTORES DE ESCENA, 1992. ISBN 978-84-87591-24-2
  • Salmo y otros cuentos inéditos. Editorial Nevsky Prospects. 2011. Traducción Raquel Marqués García. ISBN 9788493824617
  • Diario de un joven médico. Alianza Editorial, 2016. Traducción: S. Casanova. ISBN 978-84-9181-71

LAS CAMPANAS DE SAN GREGORIO EN LA PASCUA DE FUENTESOTO

 


DOMINGO DE GLORIA LAS CAMPANAS DE SAN GREGORIO

Yo conocí a la tía Apolonia ya muy viejecita y encorvada. Al final de la misa se quedaba rezagada haciendo un recorrido por las imágenes de las capillas de la iglesia de san Pedro gira espiritual que podría alargarse hasta media hora a veces tres cuartos y a mí me encargó el cura don Frutos cerrar la iglesia. Al no ser mi intención distraerla de sus piadosas plegarias a todos los santos de la corte celestial que a ella bendecían desde su peana: san Isidro Labrador, la Virgen de Fátima, el Resucitado que donó mi pobre abuelo Benjamín cuando sanó aparentemente del cáncer de próstata, san Gregorio papa, la Virgen de los Dolores y sobre todo san Pedro instalando en un trono del altar mayor debajo de la cara excelsa del padre eterno que se asomaba entre nubes de purpurina ostentando la esfera armilar o hacía sonar el manojo de pesadas llaves… Vamos tía Apolonia, vamos. Aquella espera me hacía pensar en un cuento que se dejaba caer en labios de los  atrevidos y salaces en los filandones del invierno. Se trataba de un cura que tenía un lío con la mujer del herrero. Estos se comunicaban por medios de toques de campanas. Un repique de siete badajadas significaba que el campo estaba expedito y que el buen párroco podía acercarse a la herrería a cortejar su dama. Dos toques seguidos que no. Que había moros en la costa. El romance tuvo prosapia y rigor de modo que los toques se convertían en una composición musical. Desde la torre el amante enviaba un mensaje a su adorada en aquellas fechas que no había internet:

─Mariquita mi señora venga que ya es hora.

He aquí que el herrero interceptó la comunicación y descifró el lenguaje críptico de la misma "A esta la caliento el canto yo" pensó. 

Así que una tarde que estaba en la fragua afilando una reja candente le mandó a su mujer que se sentase en la bigornia. Al sentir el dolor del hierro candente en sus posaderas pega un brinco que alcanza hasta el techo.

─Ay

─¿Está calentito eh? ─ exclamó el herrero entre carcajadas.

En aquel momento sonó desde la torre la llamada del amor. El párroco se estaba empezando a impacientar. Repique que campanas:

─Mariquita encantadora, ven que ya es hora.

Y desde abajo para que le escuchara todo el pueblo con su vozarrón:

─Tiene el culo quemado no puede ahora.

Algunos quieren estar en misa y repicando. No puede ser.

Entonces se me acercó la tía Polonia la hermana del cura don Cirilo. Sus ojos eran muy azules, el pelo blanco no tenía dientes y se parecía por la blancura al hopo de algodón que hilaban las mujeres de Fuentesoto a la puerta los veranos. Dúctil sonrisa y un lobanillo en la comisura del labio donde le había crecido un matorral de pelos negros.

─Ya es hora de encerrar. Vamos sí hijo sí. Tengo tantas obligaciones, tantos difuntos que no doy abasto, tanta gente que me aguarda ahí en eso (miró para el camposanto en el cerro), tanta gente que se me murió que son centenares de padrenuestros de Réquiem. ¿Eres tú el Antonio el nieto del tío Benjamín? ¿El que va para cura?

─Soy

Salimos al cancel y a la puerta de la iglesia tomándome de la mano me dijo:

─Mira para arriba, Antoñito. Dirásme lo que ves

─La torre de San Gregorio el campanario sin campana. Se las llevaron los franceses para fundirlas y convertirlas en balas de cañón. Ya no la bolean los mozos ni tocan a clamor por los difuntos o  rebato cuando se produce un fuego.

─Así es, pero yo te voy a contar un milagro que ocurrió el día de la Pascua de Resurrección. Habíamos venido mi hermano y yo don Cirilo Sanz de Roma en peregrinación de ver al papa León XIII. Era domingo de Gloria. Nos levantamos todos sobresaltados porque escuchamos el sonido de la campana gloria que había mandado bendecir un rey muy antiguo el rey Alfonso VII el emperador. Entonces el pueblo estaba arriba. Era un ribab o fortaleza para defendernos del sarraceno. Ese rey santo había ordenado construir un cordón de monasterios defensivos en número de 24  desde Sacramenia a Osma y Berlanga de Duero. 

Los musulmanes atacaron y destruyeron el villar; la iglesia quedó en ruinas pero las campanas seguían tocando a misa. Cuando los franceses se las llevaron se dejó de escuchar el clamor en toda la contornada. Mi hermano que era muy devoto de san Gregorio le pidió que antes de morir querría oír aquel sonido celestial. El Señor nos concedió esa gracia y aquella pascua de resurrección bolearon a gloria como nunca habían sonado. Mi hermano dijo una misa de acción de gracias y predicó un sermón en el que dijo: el diablo nos arrebató las campanas, pero no pudo con nuestra fe. Mientras esté ahí el cementerio de san Gregorio seguiremos creyentes. ¿Te ha gustado, Antoñito?

─Como no, tía Apolonia, usted lo cuenta que parece que lo ha vivido.

La anciana dibujó una sonrisa y se alejó pastito a paso a su casa que estaba frente al berral. 

Había sido muy guapa de moza y tuvo muchos pretendientes a los que dio calabazas porque creía que sirviendo al cura era como si profesase de monja y se consagrara a Dios.

Yo tomé el pesado manojo de llaves, cerré el templo y  llevé el manojo de llaves a la rectoral. Don Frutos el cura en mangas de camisa cavaba en la cerca al lado del molino. Sudaba como un pavo.

─¿Quieres almorzar?

─No me vaga, señor cura. Tengo que hacer un mandado a mi tía Paulina, he de ir a la fuente a llenar la botija.

Le conté la historia al párroco según la tía Apolonia me había referido y don Frutos muy gnómico sin dar un cuarto al pregonero pronunció este veredicto cita del padre Astete en su catecismo:

─Fe es creer lo que no vimos, hijo.

Desde aquel día cada año cuando llega la Pascua Florida dentro de mi alma yo escucho las campanas de Resurrección que bolearon en el campanario de San Gregorio resistente al paso de los siglos. No he perdido el sentido del humor, tampoco la fe en lo que no vimos