- JUAN ANTONIO PAYNO
UN BUEN NOVELISTA DE LA GENERACIÓN DEL 68
- portugal vencerá a Croacia. Apuesto por Ronaldo
- LUCHA GRECORROMANA EN LEÓN
- EL MEJOR GOL DE LA EUROCOPA
- ITALIA GANARA LA EUROCOPA
- UNA COPLILLA DE CELA
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JUAN ANTONIO PAYNO UN BUEN
NOVELISTA DE LA GENERACIÓN DEL 68 Posted: 25 Jun 2016 05:05 PM PDT La literatura española en particular la que se
publica desde los años 40 a los 80 del pasado es un bosque animado que
demuestra el espiritu creador e inquieto del temperamento español. Desde
Barcelona publicabánse muchos y buenos libros en la colección Destino. He vuelto a releer al cabo de cincuenta años
el Curso, de Juan Antonio Payno y en sus páginas me he visto
retratado el joven que fui: aquel estudiante que cogía a las ocho la
mañana el F en la Glorieta de Cuatro Caminos y bajaba a la Facultad de
Filosofía, con un paquete de "Celtas"cortos en el
bolsillo, cargado de apuntes y de proyectos. Toda una vida por
delante. Por dentro una crisis espiritual ocasionada por la falsa
educación sentimental que nos dieron los curas. Los colegios de monjas eran
igual o mucho peor pero la igualdad de oportunidades y las becas con que
estudiabamos los pobres serían circunstancia desencadente de que las aulas
estuvieran llenas. Franco y la Falange nos liberaron de los curas en cierto
modo, pero no había manera de desenredarse de nuestro cacao mental. Si
teniamos plan para el domingo, saliamos a dar una vuelta. Si no, nos
encerrabamos en casa a preparar examenes, repitiendo los temas en voz alta
una cuadrilla de cuatro o cinco en el piso de uno o en la casa de otro.
Algunos nos presentaban a sus hermanas y entonces creiamos haber encontrado
-tan ernecidos de sexo- estabamos el amor de nuestra vida, pero ellas
por lo general no "tragaban". Antes de pasar a mayores habia que
tener labrado un porvenir. España era dueña de su destino y, terminada la
carrera, todos teniamos trabajo. Harina de otro costal era la crisis
afectiva. Los chicos con las chicas decía una canción de los 60 pero la
verdad que entre el sexo masculino y el femenino se asistía una
descordinación, una falta de entendimiento. La novela de Payno me ha recordado aquella angustia
sexual, con sus estrecheces, sus angustias, sus tonterías. Había que
estar en casa a las diez, ellas tenían que llegar virgenes al matrimonio y
ellos se divertían con las americanas y las inglesas que eran,
supuestamente, más fáciles. Esta gran novela escrita por un
precoz estudiante de Económicas de 19 años y que ganó el Premio Nadal
arrasó en los sesenta. Están muy logrados sus personajes: Darío es la
estampa de la época, lo mismo que su novia Bele el noviazgo acaba en
desastre. Fue la novela más vendida despues de Un millón de Muertos de
Gironella y Exodo. Insolito caso de revelación y de
madurez literaria, que sorprendió y arrasó. Payno era sobrino del poeta
Damaso Alonso. Apenas hay sexo en la novela pero la reacción le acusaría de
libidinoso descritor de orgías y bacanales de guateque fin de semana. El más
ruin jabalí come la mejor bellota y nosotros teniamos un tocadiscos en casa
para escuchar a los Brincos y a los Pekeniques. Ciertamente, El Curso me
ha recordado al Gran Gatsby como colofón de una época, vivimos en transitivo,
un aire de fin de fiesta; porque pinta un mundo de los sentidos pero
tambien pudo ser la piedra de escandalo del incoformismo y de la marea
revolucionaria que se opuso al Regimen y lo tambaleó hasta casi caer con las
algaradas estudiantiles del 68. Los personajes de Payno no han llegado a
eso. Todos pacediamos angustia vital influidos por La Nausea de Sartre. Se mantienen en el perfil de hijos de papá que
fardan ante las chavalas con el 600 que les regaló su padre y se sientan en
las hamacas de Rosales con sus respectivas que se dejan coger la manita, más
no, o van de mesones y preparan guateques en piso por el barrio de
Arguelles y Recoletos. Payno después de aquel éxito enmudeció, se fue a
Inglaterra a fregar platos y allá vivió ocho años - su biografía se parece a
la mía- regresó y consiguió ganar unas oposiciones a catedratico de
Economía em la Universidad Alfonso X el Sabio. Lo echaron y mantuvo con el
claustro un litigio que ganó, fue restituido en sus funciones y hoy está
jubilado. |
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portugal vencerá a Croacia. Apuesto
por Ronaldo Posted: 25 Jun 2016 11:53 AM PDT Viva Portugal el
país hermano. La afición española te saluda. Ronaldo ese chico de Madeira
está como las maracas de Machín. Es un niño que se cdivierte con la pelota.
Da gusto verle jugar. Es lo mejor que tiene el Real Madrid. Espero que sea lo
mismo con la selección lusitana. Mi pronóstico es un 2-1 aunque puede haber
prórroga. Lo celebraremos con una copiña de Oporto y veremos a
Ronaldo bailar un fado con el balón. Paz y biewn y salud a Portugal
y a los portugueses. |
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Posted: 25 Jun 2016 11:49 AM PDT
ALUCHE O EL
VIEJO YUDO ASTUR LEONÉS por antonio parra Muchos madrileños habrán
tomado el suburbano hasta Aluche, la estación pasado los Carabancheles en la
linde con Campamento. Muy pocos, empero, sabrán lo que significa ese término
que designa a una de las estaciones más populares de nuestras
barriadas allende la Casa Campo. Quiere decir en las provincias de
Asturias y Santander pelea. Quizá allí donde desde tiempo inmemorial
estuvo instalada la fuerza de asiento que guarnecía la Capital
hubiese corrales - algo así como nuestros modernos polideportivos
pero mucho más rudimentarios e incómodos- habilitados para la práctica de
este deporte cuya ascendencia se remonta a tradiciones y costumbres
mozárabes. Era una diversión popular
que solía tener por marco las parvas de las eras, pasado verano, junto a las
trojes o en el mullido pasto de una dehesa boyal o boal (en Asturias), al
objeto de que la caída de uno de los contrincantes, al que se debía trabar
por el cinto de cuero y reducirle con una de las muchas llaves de este juego[1], tan complicado como antañón, pues
revierte a la lucha grecorromana, amortiguase el golpe, al dar en blando,
sobre la paja o sobre la hierba. El aluche es el yudo
leonés, lid competitiva en la cual medían sus fuerzas y probaban músculo
desde el tiempo de los visigodos los mozos del antiguo reino leonés, antes de
alistarse como mesnaderos. Alfonso III el Magno, el monarca que trasladó la
capital de Oviedo hasta León, era muy aficionado a él y grandes torneos de
esta viril pugna se celebraran bajo su mandato a lo largo y a lo ancho de su
jurisdicción: ciudades, villas y pueblos de aquellos reinos, desde
el valle del Buelna hasta las rías del Sil y del Eo, en toda la cornisa
cantábrica, particularmente, en la fiesta de san Froilán, a primeros de
octubre. Ese día lo
celebraban por todo lo alto las merindades. Se distinguían por el interés que
despertaban las competiciones que se desarrollaban extramuros de las murallas
de Lugo y en el ejido del Boñar. Coincidían con las fiestas de la
recolección, según una vieja costumbre céltica (haerfest, harvest o herbst)
simbolizada por Hera, la esposa y hermana de Zeus[2], Ceres romana o la gran Deméter griega, por otros
nombres, símbolo del matrimonio, de lo que nace y lo que muere. De la vida
misma.
Los púgiles
vencedores eran coronados con ramo de laurel o gratificados en especie con
algún fruto de la tierra, el grano ya metido en la panera y la uva en los
lagares o a punto de ser vendimiada. Estos gladiadores incruentos utilizaban
por tatami un cuadrilátero enmarcado por hitos de los que ninguno de los
contrincantes podía ser desplazado ni desplazar al contrario en las eras a
pie enjuto. Los que se presentaban a la lid con abarcas o en alpargatas que
se llamaban crépidas quedaban descalificados. La antigua lucha leonesa, lo
más parecido al judo, pero con otras técnicas y no con tanta cortesía,
proscribía los golpes bajos, las zurras de castigo disimuladas, puñadas y
patadas. Era falta atentar contra el cuello y los genitales. Unas buenas
caderas hacían falta para practicar aluche, tobillos recios y agilidad felina
para evitar que el otro te agarrara por los cuadriles y te tumbara. En el
mencionado ejercicio se adiestraban los mozos que habrían de engrosar las
levas contra el sarraceno. Fue durante muchos siglos junto con la petanca, el
chito y los bolos, deporte nacional, entretenimiento favorito de nobles y
plebeyos. A los contendientes se les
llamaba “moricos” pues muchos no habían sido bautizados, o bien porque eran
de corta edad, o porque procedían de otras etnias, hubieren capitulado de su
religión, o fuesen mercenarios. Hay sitios como algunos lugares de Segovia,
Valladolid y Palencia donde se llama todavía moritos a los niños que no han
recibido las aguas crismales. Muchos eran
imbeles o adolescentes y no habían entrado en quintas. Con edades oscilando
entre los catorce y los veintidós años. Su practica les afianzaba en las
técnicas del cuerpo a cuerpo. Y curtía sus espíritus para la brega de la
existencia. Estos luchadores nutrían las vanguardias de las tropas de asalto
y fueron base medular de la famosa infantería española que debió sus éxitos
en Flandes a estos soldados entrenados en las habilidades de la antigua lucha
greco romana. Una hija mía, Henar, buena judoka, refiere que a “las de León”
nadie las derriba, pues son duras de pelear. Deben de ser los genes. Un
deporte practicado durante generaciones sin parar crea una predisposición
ingénita en los que lo ejecutan, asegurándose de esa manera una buena cantera
de duchos gimnastas. Desde la colonización
de Cesar era la competición favorita en la España Citerior y Ulterior, en un
arco de distancia que comprende desde el Señorío de Treviño y Vizcaya
(también los vascos conservan las costumbres célticas) a la Ría de Arosa, y
desde Tarragona hasta Coimbra. En la arena los púgiles leoneses despuntaban
por su superioridad técnica. Llaves que levantaban en vilo. Placajes capaces
de desriñonar al oponente. El aluche era atávico patrimonio de la estirpe.
Muchos de los que lo cultivaban acababan en Roma de gladiadores divirtiendo a
la plebe con su pericia circense en el foso del Coliseo.
De continuo,
tuvieron fama los “butuarii” que manejaban en los juegos públicos la espada
con los ojos vendados y repartían mandobles de ciego; los “andábatas” o
suplentes que opugnaban, -macabra costumbre recordatoria de soltar a los
sobreros de nuestros ruedos en sustitución del que había muerto o no habían
dado juego-, siendo sacrificados ipso facto y córam populo por los viruleros. Los “sectores” de la Legio
VII saltaban al albero ensangrentado con una idea fija: segarle al rival el
penacho de plumas que lucían en el yelmo. De Emérita Augusta viniera toda una
escuela gladiatoria que se caracterizaba la habilidad y contundencia con que
esgrimían el cestus[3](una especie de puño de hierro forrado con arena o con
piedras por dentro). Esta región no solamente
fue reserva de espadachines y de jinetes o desultores que hacían las delicias
del público asistente los anfiteatros durante el imperio, sino que también
nutrió los lábaros y estandartes de las legiones cesaristas con
los famosos milites, vélites y équites que se distribuían a su vez en
escuadras, manípulos y cohortes bajo las banderas imperiales. Contribuyó a la
gloria de Roma con algunos de sus más insignes emperadores que nacieron aquí:
Galba, Tiberio, Trajano. De hecho León debe su nombre a una de éstas. España
es apasionada. Al principio, impermeable a la romanización, y renuente a
aceptar la férula romana. Más tarde, entusiasmada con el proyecto latino, se
fundiría con el estilo de vida y la forma de pensar de sus invasores. ¿La
afición a los toros en estas tierras donde de largo se viene rindiendo culto
a Minotauro no será un atavismo del “panem et circenses” que pedía el
populacho tras el Tíber a sus gobernantes? ¿La devoción a las imágenes y las
medallas no nos vendrá dado del politeísmo del Lacio, tan variado como
fetichista? ¿Ese apego a la familia y al terruño, por último, no será un
bagaje reminiscente de todo aquel acerbo de creencias cristianizadas? Para cada ocasión y para
necesidad ellos tenían un dios preciso. En torno a los gladiadores y púgiles
de aluche surgían bandos. Unos eran de Indibil. Otros, de Mandonio. Los de
más allá de Ursus el Hispanus. Surgieron las consabidas peñas como
las de Joselito y Belmonte. Tal discrepancia de gustos forma parte
de la enjundia del talante ibérico. El vulgo quiere
olvidarse de la realidad, con frecuencia ingrata que le circunda, mediante la
asistencia a las carreras y espectáculos y cuando se ve en un apuro se
encomienda a alguna de las deidades asignadas. Sin deporte no hay
progreso. El aluche curtía no sólo los miembros del cuerpo sino que a la vez
templaba y curtía el espíritu. Roma, madre de pueblos, que tenía en la
inefable Hispania su granero y su almazara de suministro frumentario. León
fue un puesto significativo y un hito importante en la ruta del itinerario de
Antonino que conectaba las Galias con la Lusitania y la Tarraconense.
La calzada se dividía en
jornadas correspondientes a otras tantas mansiones o centros de
avituallamiento distantes unas de otra a unos cuarenta kilómetros que era lo
que solía recorrer un cuerpo de ejército con su impedimenta a las costillas
en un día. A razón de un millar de pasos, o lo que es lo mismo
6666 varas que suman, a su vez, diez leguas de posta. Todavía puede admirarse
esa pasión romana por la linea recta en los encachados de algunas estradas
como la que asciende serpeando por el Puerto del Pico, Ávila. Las lajas de su
pavimento que aun resisten los siglos se cansaron de oír rodar las ruedas de
los “plaustra”[4]o el ajetreo de los bueyes y jumentos uncido al yugo
de las bigas y fueron testigo del estruendo de los carromatos soporte de las
helépolis de asalto y otras máquinas de guerra, del crujido de los
cascos de los caballos o el paso firme de las botas de los soldados, los
vivanderos y los acemileros y escoltas de las tropas de refresco. En las
conducciones también venían elefantes y todo tipo de fieras que eran
utilizadas en el asedio a las ciudades. Las mansiones o
apeaderos se llamaban Mirobriga (Ciudad Rodrigo), Clunia, (Coruña del Conde),
Lacobriga (Carrión de los Condes), Septem Publica (Sepúlveda)
Lancia, ciudad romana en Asturias cerca de la sierra de los Ancares
(¿Tineo?), de la calzada de Antonino o itinerario regio, cuyas lajas vieron
el paso de tantas legiones. Este camino que desembocaba
en la Vía Apia era denominado en Roma el Trayecto de los Gladiadores de
Hispania. Las más hermosas “parthenae”
o muchachas que se paseaban por la catasta, luciendo jeme y
medidas diez en aquellos primitivos concursos de belleza o desfiles de
modelos, celebrados en la catasta[5]del Capitolio, según referencias de Plinio, eran las
nubias egipcias, negras y elegantes como la reina de Saba, y las
“puellae Hispaniae”. Todo un precedente del ignominioso tributo de las Cien
Doncellas reclamado por Almanzor. Eran llevadas
a Roma como botín de guerra y vendidas como preseas del deleite
aunque pronto muchas de ellas alcanzaban la manumisión y se casaban con los
propios amos que las habían comprado en aquellas almonedas de la carne a la
cual eran demasiado aficionados los senadores. La fama de la hermosura de
estas adolescentes causaba asombro. Asimismo, la habilidad y fuerza de los
combatientes de Clunia y los púgiles de Asturica Augusta (Astorga) se hicieron
famosos en el hemiciclo del Coliseo.
El aper o jabalí del
Bierzo con su carne exquisita que era llevada a Roma en salazón fuera
degustado como bocado suculento en los triclinios de Lúculo y nada se diga de
los vinos de las riberas del Órbigo. Flamines y quirites se emborrachaban,
pues lo tenían por costumbre con el “vinum hispánicum”, transportado hasta
Ostia a bordo de las naves onerarias, en los figones y tabernas cerca del
Foro allá por las fiestas sigilarias o las saturnales. “Temulentos que adementan”
llama Plinio a los caldos de Oronia (Urueña, cerca de Rueda. Para un romano,
de suyo muy aficionado a las libaciones en la crátera sagrada, esto de por sí
constituye un piropo. El nombre de
Hispania que iba y venía en los labios de los centuriones y decuriones de la
Legio VII Gémina, Pía por otro nombre, suscitaba nostalgias y añoranzas en el
Senado y el Pueblo Romano. ¿No dijo Pablo de Tarso que la vida milicia es?
Ciertamente, pero hay que tomarla deportivamente como el aluche de los
campeones bercianos. A este deporte lo llamaban pugna grecorromana pero es de
León de pura cepa. Como el mismo san Froilán, patrono de todo su reino. Con
una excepción, Zamora, donde protege en exclusiva san Atilano obispo y
confesor. ANTONIO PARRA 2
de abril de 2002 NOTA PARA FRANCISCO
VALCARCEL ROBLES: EL DIRECTOR DEPORTIVO, REAL FEDERACIÓN ESPAÑOLA
DE JUDO, CONSEJO SUPERIOR DE
DEPORTES CIUDAD UNIVERSITARIA, MADRID Estimado amigo Y
Compañero, soy el padre de dos judokas eximias, Henar Parra y Cristina Parra
Tuya. Como testimonio de agradecimiento de lo que está haciendo la FEDERACIÓN
DE JUDO por mis hijas, le envío este pequeño trabajo. Tal vez para Vds,
expertos en la materias, tenga algún interés. Soy periodista, aficionado
a la historia, algo latinista, y algo de todo, y tengo mucha curiosidad por
enterarme de este deporte el judo, que ha curtido las voluntades de mis hijas
y les ha encarrilado hacia el futuro. En cualquier caso,
disculpen la osadía de enviarles este trabajo cuya redacción ha sido solaz
para mí. Quizás me podrían facilitar alguna bibliografía sobre el viejo
ALUCHE de nuestras tierras que tiene curiosas concomitancias con Judo. Atentamente y con mi
agradecimiento por sus desvelos.
Antonio PARRA GALINDO,
Sr D. Fernando Ibáñez y
Antonio Gibello ACTUALIDAD MILITAR 26 de marzo de 2002 Muy respetables y
entrañables colegas: Me llega vuestra carta,
tan puntual, y tan hermosa como todo lo que es noble y bello en esta augusta
España, y de lo cual por desgracia va quedando poco. Pase lo que pase, no nos
rendiremos. La Guardia Civil, esa
benemérita y sacrificada agrupación integrada por españoles de bien, nació
para la defensa de las libertades. Ha tenido que servir a muchos amos y
vertido la sangre de no pocos de sus hijos en defensa del bien común, sin
pedir nada a cambio. Ni reclamar siquiera el oportuno agradecimiento, en su
irrefragable voluntad de servicio, pues como decía, siempre tan tribunicio él
y contundente en sus frases de tenor apodíctico, Emilio Castelar: “Amo la
libertad por encima de todas las cosas pero si no puedo salir a la calle por
falta de seguridad, ¡de qué me sirve!”.
Un estudio de su hermosa
historia y de su sobresaliente y limpia ejecutoria nos acercaría
al epicentro de una de las claves del laberinto español. En una
nación tan apasionadamente maravillosa como es la nuestra y sujeta a tantos
vuelcos y curvas de fricción, tanto sube y baja en el tobogán del diábolo
patrio el Benemérito Instituto ha sostenido el tipo sin apenas merma de su
aliento fundacional. Rectificaciones sí pero nunca cambalaches. Siempre
garante de la paz. Al servicio del orden público. Con apenas medios viviendo
en regímenes de comunidad en las casas cuartel, como una gran familia.
Derrochando abnegación en aras de la libertad y el bienestar común. Polvo de
los caminos en sus borceguíes, polvo de España en sus correajes. Mucha
carretera y manta. La manta terciada naturalmente y el fusil al hombro cuando
se va de patrulla y en suspensión - ¡cuanto pesara el chopo, Dios santo!-, si
la salida es de correría. La pareja pintando con el perfil de sus tricornios
el horizonte forma parte de nuestro paisaje rural. Siempre que paso por la
Casa Cuartel de Soto de Luiña[6]en el concejo de Cudillero, Asturias, y saludo a la
bandera que yergue su humilde mástil y la roja y gualda ondeando, un poco
desmarrida e incluso desleída por sus bordes, a compás de los tiempos que
corren, ferozmente regionalistas (las rachas huracanadas de furia independista
se abaten sobre ella amenazando desgarrarla, jamás lo conseguirán, tente
firme, trapo mío), pienso que el Duque de Ahumada era un
verdadero caballero andante. Y la Guardia Civil es la
última y mayor de las ordenes de caballería. Tiene toda la sabiduría
del Temple. La hospitalidad y espíritu de ayuda a los demás de Malta. La
españolidad, señorío y alcurnia de la de Santiago o la de Calatrava. La
disciplina y rigor en sus estatutos de la Teutónica. Ese espíritu monacal y
de dedicación al servicio, que hace que los guardias civiles siendo los
mejores hijos de nuestro pueblo y los vástagos de la riñonera de la cepa
hispánica, no parezcan casi españoles. Por lo insobornables. Por lo cortés y
lo sobrio. Y también por lo valiente.
Apolítica y sin idearios
estrictos, a no ser el reglamento y el Derecho Penal que algunos números del
Cuerpo se saben al dedillo, tanto como el mejor juez, ha tenido que sacarles
las castañas del fuego a los ricos, estando al servicio de gobiernos y
regímenes de varia índole y color, pero también defender al pobre en más de
una ocasión frente a los abusos y las prepotencias del poderoso, y siendo en
todo caso garante de la unidad nacional que nos legaron los Reyes Católicos.
En Casas Viejas tuvo que obedecer la orden de tiros a la barriga y en Labajos
un oficial de Línea de la Comandancia de Villacastín ejecutar en la misma
cuneta de la carretera a la salida del pueblo a uno de los mejores
falangistas, Onésimo Redondo. Siempre el brazo de la ley. A las duras y a las
maduras. Ni miñones, ni los forales de Valencia a los que llaman migueletes,
ni los mozos de escuadra, han tenido esa visión de conjunto y global de lo
que es España. Acaso la Guardia Civil la ama y la sirve como la conoce,
aunque sin demasiadas alharacas ni aspavientos. Con ideas claras y sujetando
en todo momento las emociones. Lo primero el rigor, el reglamento, a un lado
el corazón, pero nadie como ellos ha sabido tener misericordia de los
pobrecitos e incluso apiadarse de los delincuentes cuando tenía que hacer uno
de sus servicios más ingratos, la cuerda de presos, que rememoraban la
estampa de los galeotes camino de los puertos de la escuadra. Su fundador le dotó
del espíritu de lucha contra el bandolerismo rampante y los abusos de la
nobleza corrupta y prepotente del medievo. Fueron nuestros guardias los
albaceas significados y gloriosos de los “manga verdes” de la Santa
Hermandad, los que pacificaron el país al cabo de ocho siglos de reconquista.
Y eso sin alharacas ni demasiados cuartos al pregonero. El cuerpo armado
siempre estuvo en el punto de mira del odio de forajidos, ladrones,
arrebatacapas, contrabandistas. Sin embargo, la gente de
bien al ver allá acercarse al tramontar una loma del camino a la Pareja
respiraba con satisfacción. Los dos números fusil al hombro con sus
tricornios charolados o forrados de lona, guardia rural que velaba
por la seguridad de nuestras aldeas en la España profunda haciendo los
servicios más increíbles con la nieve llegandoles hasta los zaragüelles o el
polvo impregnando su borceguíes: busca y captura de parricidas y
asesinos, guarda de fronteras, diversas misiones de salvamento y descubierta,
a veces también cuerda de presos y conducciones carcelarias, un menester
ingrato en que la compasión por el reo, con el que compartían las pocas
vituallas que llevaban en la escarcela, el frío y la sed de las sendas de la
hermosa España, no tendría que ser merma de las garantías de la misión
encomendada: velar por su seguridad en el traslado hasta el próximo
destacamento o presidio. Esta estampa novelesca de
la rueda en ruta bajo la custodia de los miembros de la Benemérita
apareciendo como almas en pena por algún rincón del paisaje camino de
Santoña, San Miguel de los Reyes de Valencia, Ocaña o el famoso penal de
Santa María, fue un tema atrayente y fuente de inspiración
narrativa en el pasado. Lo abordaron con éxito grandes plumas: Eduardo
Zamacois, Lera, Felipe Trigo, pero sobre todo y ante todo Tomás Salvador, el
gran fabulador y prosista de la gran generación de escritores de postguerra,
Tomás Salvador.
Como demuestra en su
“Rueda de presos” y “Cabo de Vara” el escritor palentino y afincado en
Barcelona, tenía alma de guardia civil, su padre era guardia civil, y él
mismo en la juventud fue comisario de la Policía Armada. Esa experiencia le
permitió dar a sus relatos una impronta de ternura y humanidad para con el
delincuente del que suelen carecer los fríos y asépticos cultivadores del
género policíaco. Tomás Salvador era un “civilón” que escribía con el
corazón, y un español que amaba a su semejantes. Su obra postergada y
olvidada, intencionadamente, debería volver a nuestras vitrinas. Tenía el
carisma de la palabra y pertenecía a una generación de colosos. La de
aquellos reemplazos de 36 que hicieron la guerra para salvaguardar y devolver
la paz a España. El predicamento, crédito y
autoridad que han gozado los hijos del Duque de Ahumada entre el pueblo es un
hecho irrefutable. Aunque tampoco hay que obviar su parte de
leyenda negra a la que contribuyó como nadie un poeta de origen gitano y que
acaso robó gallinas en su juventud, Lorca. Su famoso estribillo “Guardia
Civil caminera lo llevó codo con codo” ha sido deletéreo y falso en muchos
aspectos. La mayor calumnia que ha recibido esta institución a lo largo de
más de siglo y medio de historia. No son las manos
atrailladas por las esposas, ni el brete de los que arrastran cadenas, ni los
tobillos maneados a la pihuela la imagen que mejor cuadra a los tricornios
sino respirar hondo y dejar de percibir el miedo cuando estemos en un descampado
o la vista de un peligro la imagen que asocio a los tricornios. Cada vez que
veo venir a la pareja me descubro y les doy las buenas tardes, yo siento una
sensación de seguridad. Y pienso en la frase del ínclito Castelar en su
reflexión sobre la libertad sin seguridad. Aunar y
compatibilizar ambos vocablos ha sido un poco el lema de la
Guardia Civil en su limpia y brillante hoja de servicios. Ni los migueletes,
ni los miñones, ni los escopeteros de antiguamente, ni los “bobbies” londinenses
ni los “cops” neoyorquinos o los “kippos” alemanes cuentan en su haber con un
historial tan envidiable. Si no fuese por ellos que velan a todas
las horas del día y de la noche, quizás los españoles nos destripásemos unos
a otros. La Guardia Civil conoce las grandezas y servidumbres de
nuestro pueblo y es consciente de que a veces la convivencia entre nosotros
no es muy armónica ni nuestra conllevancia perfecta. Mas, en fin, de menos nos
hizo Dios. Ahora se le está encomendando la vigilancia de las fronteras, precisamente
cuando unos cuantos negreros del poder oculto, amenazan con convertir el
problema de la inmigración legal en un asunto de invasión arrasadora y
programada. En toda Europa los timbres de alarma han empezado a sonar. ¡Guardia Civil baluarte de
democracia que siempre supo servir lo mismo en la paz y en la guerra, cuando
pintan oros, lo mismo que cuando vamos de nones; en los calores de Andalucía
lo mismo que en los hielos del Rabizo y la Robla; siempre de puesto,
infatigable vocación altruista y generosa de los que visten su uniforme y
conociendo el percal, protegida bajo el manto de la Virgen del Pilar, no nos
dejes solos! 26 de marzo de 2002
EL
MESONERO Tenía buen pelo pero los
pulmones ya no respondía. Le había dado harto al fumeque. ¡Has visto algún
burro calco? Pero qué cosas dices Gaciño. Primero fue zapatero. Cambió el
oficio y abrió un chigre. Comidas caseras. Platos del país. Alubias con
almejas era su especialidad. Los arrieros y tratantes y los ruteros camino
del Confín fueron los primeros en engrosar su clientela TOMÁS SALVADOR, RAPSODA EN PROSA DE
LA GUARDIA CIVIL por antonio parra Cuerda de
Presos, fechada entre los meses de marzo a junio de 1953, es una de las
grandes obras de imaginación que se editan en la postguerra. Un verdadero
poema en prosa, análisis psicológico que revela grandes conocimientos del
alma humana por parte del autor, y un homenaje a los abnegados hombres,
escogidos entre los más selecto del pueblo llano que integran la Benemérita.
Además de un canto a España en el paisaje de la solana de las montañas
cantabro-astúricas. El argumento
se basa en la conducción o cuerda de un preso que realizan pocos años después
de ser fundado el Instituto desde la localidad de Villablino en la raya del
Bierzo hasta Vitoria, donde es reclamado el interfecto por una serie de
asesinatos ocurridos en la región alavesa entre 1872 y el 76. Los dos
números del comando son Serapio Pedroso Bujá, ya veterano y con muchos años
de servicio, que corresponden a bastantes leguas de andadura, y muchos soles
y muchos hielos en la hoja de servicio, peinando los caminos y Silvestre
Abuín Corvino, bisoño y recién ingresado en el cuerpo. Ambos
adscritos al puesto de línea de Murias, en la primera compañía de la
comandancia de Villablino, han de realizar esta misión de conducir al preso
Garayo a manos del juez. Se trataba nada menos que del Sacamantecas, famoso
asesino en serie. Para los dos
guardias civiles es un servicio más en medio de las dificultades y aperreo de
la andadura. Para el penado un paseo hasta la horca. Su captura en tierras
gallegas había significado para el pobre Garayo, una mente morbosa y enferma,
niño maltratado por su madre y que tenía dificultades en su relación con las
mujeres, un paseo hasta la horca.
Durante el
viaje duradero once días justos el lector convive con las particularidades y
manías de unos guardias civiles retratados al natural y acaba
por entender el por qué custodios y custodiados llegan a
comprenderse y hasta tenerse simpatía, aunque el conducido sea un criminal
que tuvo atemorizado en su día a todo el Condado de Treviño, sin menoscabo de
las obligaciones del servicio y de los planes que urde el convicto para
escapar. Una noche en
Cistierna aprovechando el pervigilio y la fatiga de sus vigilantes lo intenta
pero su conato de fuga es abortado a culatazos. A partir de ahí, ya es un
hombre vencido que marcha con la cabeza hundida entre los hombros, los codos
trabados y el gesto sumiso. Ha de caminar siempre delante: -No vayas tan
deprisa, Garayo que no vas a ningún baile. -Sí, señor
guardia. Esta corriente
de simpatía es algo más que el síndrome de Estocolmo. Tomás Salvador que ha
realizado un buen trabajo de campo y que con pluma maravillosa describe las
vicisitudes de estas andanzas por el antiguo Reino de León bucea en la pisque
profunda del criminal donde hay un alma dulce y desdoblada por la violencia
de unos instintos asesinos que el Sacamantecas no puede controlar. Es como el
dispositivo de un resorte. Cuando ve una mujer, en desquite de
algún agravio inferido allá en la infancia o váyase a saber, se acerca a ella
con las peores intenciones. Fue un caso
parecido al del famoso Destripador de Londres y de muchos otros violadores a
los que su personalidad depara la corbata de hierro. Aquí se demuestra que
son víctimas ellos mismos de una mala inclinación que no es otro cosa que una
enfermedad mental. Las ideas
fijas, las fobias, las obsesiones que asedian su imaginación definen a Garayo
como un psicópata. El libro es un tratado de metodología carcelaria y, amen
de eso, bueno para saber geografía u ensanchar conocimientos. Serapio
Pedroso se nos muestra como un arquetípico civilón del XIX: duro de pelar,
que no ha de bajar nunca la guardia. Con la disciplina, el uniforme, el libro
de firmas, y los registros y partes de novedad. Cuando se brinda la ocasión,
trata de leerle la cartilla a su compañero Silvestre al que aquel servicio
arranca de los brazos de su novia gallega. A la par se sirve darle algunos
consejos: -Las mujeres
son como Dios quiere que fuera. No hay por qué estrujarse los sesos.
La tercerola
pesa lo suyo y el uniforme te hace ser austero y concebir la vida de otra
manera. No es tampoco granjería el destino de la cónyuge de cualquier miembro
de la Benemérita. Siempre con los bártulos de un lado para otro y viviendo
sin comodidad pero en la camaradería de las casas
cuartel. Compartían con sus maridos un magro pasar y una
existencia de penurias y de sacrificios. El servicio es
el servicio. Y la pareja lo realiza en jornadas de treinta kilómetros, a
veces un poco más, siempre y cuando no protesten demasiado los tobillos. Una
conducción era de los de más responsabilidad y compromiso campo a través.
Arriesgado porque el agro español era avispero de bandidos. La comitiva tenía
que bordear los pueblos y evitar las ciudades. La vista de los reclusos
inspiraba en los lugareños piedad mientras para los guardias que los llevaban
esposados con las manos a la espalda eran objeto de mofas e invectivas,
cuando no eran recibidos a tiros. No se trataba
de un cometido fácil. Los números habían de caminar con la tercerola al
hombro. Hay un cuadro de Fortuny que revela lo dramático de la escena de
estas conducciones cuando los presidiarios habían de ser arrancados
materialmente de las manos de sus mujeres e hijos. Los haberes y
gratificaciones por este concepto eran de unos céntimos por lo que los
celosos y beneméritos funcionarios tenían que compartir el pan
duro, la cebolla y algún tarugo de queso con los conducidos. El mismo agua,
el mismo sol. Era igual el cansancio. Al término de cada marcha
que debía ser efectuada bajo luz cenital, nunca de noche, los tricornios de
capas negras y correajes amarillos deberían hacer entrega del prisionero a la
autoridad competente, que lo encaminaba al calabozo. Ellos pernoctaban en la
casa cuartel, si lo había. Si no, en la posada. Hay
sociología, geografía y lírica en estas páginas. En las que se
deslía una verdadera poesía a la sierra del Bierzo y al río Duero de aguas
claras y molineras que en la provincia de hace guerrero y prevenido en
frontera. Pero sobre todo, Tomás Salvador exhibe una caudal de conocimientos
sobre la historia de aquellas tierras a las que ama. Era hijo de un
hijo del Cuerpo. Había nacido en Villada (Palencia) y a la legua se nota que
llevaba a la Guardia Civil en los tuétanos. Y esto determina que en su pluma
impasible no anide jamás el resentimiento. Los civiles conocen a España y
España les conoce a ellos. Este índole de conocimientos les permite fijar el
fiel de la balanza en un término medio. Ni el entusiasmo delirante. Ni el
pesimismo a ultranza. Su política es, siempre que se pueda, pasar de largo y
dejar las cosas a su aire. En aras del bien común conviene hacer la vista
gorda.
Sin embargo
resulta difícil no dejarse llevar por la emoción cuando la pluma de Tomás se
mete en el alma de sus tres andariegos personajes: don Quijote y Sancho detrás
de la sombra de un hombre arrepentido y vencido, pero con el mosquetón al
hombre. Por si acaso, a sabiendas de que a la pareja en el descampado siempre
puede aparecersele un delincuente. ¡Cuántos de sus abnegados números
impunemente perdieron la vida en emboscada al ser sorprendidos por
salteadores que acechaban con su naranjero o los retacos metidos entre la
faja, detrás de una peña o a la salida de una cárcava! Por eso mismo,
conviene cabalgar con tiento. Paso corto y vista larga. Y ojo al cristo que es
de plata. Es añadido de algunos para cuadrar la máxima. En Andalucía dado lo
quebrado de su geografía y para hacer frente al bandolerismo de Sierra Morena
iba montada. Se les llamaba “los de a caballo”. Nutrían sus escuadrones
contingentes jinetes bien apercibidos en la monta de caballos árabes. Años adelante,
la Guardia Civil se haría de infantería. El atuendo típico: borceguíes o
piales, rara vez almadreñas, leguis o polainas, guerrera verde y pantalón de
tela del mismo color, una escárcela para los partes de ruta y hoja de
servicio, que también hacía las veces de morral para guardar el vino y una
botija de agua (se les prohibía el vino cuando salían de correría),
cartucheras de cuero, camisa de hilo, capote azul marino con forros y vueltas
rojas sobre correaje amarillo, tricornio forrado de tela, mosquetón y machete
a la cintura. En traje de gala, tan apuesto y donde los sastres se esmeraron
por realzar la hombría de bien y la belleza varonil, el calzón es blanco y el
tricornio va adornado con lengüetas gallonadas. Y una manta de Palencia para
combatir los relentes que se solían terciar como todos los
soldaditos. Era el uniforme acostumbrado de la infantería española que se
inspiraba en el ejército napoleónico. “Es bueno
andar.-escribe- el alma parece que se libera y deja de sentir las pesadumbres
del infortunio”. Soldados de patrulla, peatones del bien común, fuerza armada
que vela por la paz, y que ha servido a muchos amos por poca paga y
dedicación constante. Guardias que conocen la sed, el polvo y las
incomodidades de la inclemencia meteorológica, pero siempre en su puesto. Sin
despear. Sin derecho a la protesta. Su perfil se hace familiar apareciendo
por la cintura del horizonte allá a lo lejos o de sorpresa al revolver de una
garganta, surgiendo de una loma o alzando sus siluetas inconfundibles por el
fondo de un barranco. Son la sombra
misma de Juan Español. Carretera y
manta. Paso corto y vista larga. Los civiles han por nombra no
murmurar unos de otros ni hablar mal del compañero. El Duque de Ahumada
pensaba que la política era un mal necesario, menester al cual se dedicaban
los más serviles. Aunque era consciente de que tenía que rendirles vasallaje
en aras de la lealtad a la patria y su vocación de servicio.
Serapio y
Silvestre hacían las rutas de las viejas legiones romanas, dejando a un lado
la Ruta de la Plata, se desvían hacia Ciestierna por el Itinerario de
Antonino. Es un viaje lleno de aventuras novelescas y de vicisitudes varias
que dan lugar a que el autor se luzca al describir sobre el mapa las
costumbres, tradiciones e idiosincrasias de esta parte septentrional del
Reino de León que él conocía bien. “La Cuerda” es a la vez un libro de viajes
al uso de aquellos años de comienzo de la década que marca los comedios del
siglo XX: “Judíos, Moros y Cristianos” y “Viaje a la Alcarria” de Cela, “Pata
de Palo”, de Bartolomé Soler, primorosas narraciones de andar y ver, pero,
como novela la del Sordo de Villada parece que aventaja a las demás. Por el camino
el uno al otro hablan de sus cosas o se cuentan historias como los viejos
peregrinos. El libro en cuestión tiene algo de novela de caballerías y de
“morality”. Para entretener la caminata el guardia Pedroso draga sus
recuerdos. En estos apólogos quien más sale a relucir es su abuelo, “un arriero
muy listo cuando estaba sereno, pero muy poco cuando había bebido más de la
cuenta”. Anotan toda la vida que les sale al encuentro. Por ejemplo, es
memorable la entrada de un convoy de ferrocarril que entra en el andén de La
Robla un amanecer de octubre o la descripción de la fiesta de san Froilán
patrón del reino leonés en el Boñar. Los juegos de bolos y el chito o las
peleas de aluche. Al llegar a
Villadiego Tomás salvador nos ilustra sobre una cuestión de filosofía
histórica y nos refiere cómo a los judíos nadie les quería por la usura y los
continuos desmanes que su presencia ocasionaba en las ciudades. Los bandos de
Pedro I fueron los síntomas de un
primer alzamiento sionista contra los cristianos. El
pueblo pronto les escogió como culpables de sus males. La corona
de Castilla hubo de intervenir poniendo a las aljamas bajo
jurisdicción real. Fernando III
otorga una premática en virtud de la cual todos los judíos podrían acogerse a
sagrado en la iglesia de san Lorenzo de aquella villa. De ahí viene la famosa
frase de “tomar las de Villadiego”. Uno corre el
peligro de perderse en soliloquios extasiado ante la insólita maestría de
esta obra al seguir los pasos de estos tres seres humanos. Un criminal camino
del patíbulo y sus vigilantes. Tres hombres que dan pasos por el sendero. Con
ellos aprende a resguardarse del frío y del calor, a aguantar la fatiga y el
hambre. Fijandose en la estrella Polar emprende el derrotero del norte. En
Villalón se inicia en los secretos de la fabricación quesera. Que por cierto
el cuajo que se derrama por las cinchas le vale al guardia Pedroso para
alivio de su conjuntivitis. “Cerca de Poza de la Sal - el pueblo de Rodríguez
de la Fuente- la vista le empezó a dar guerra. Parecía tener arena en los
ojos”. Una buena mujer le saca una tarriza llena de cuajada y con ella se
unta los ojos enfermos. “Ya no tendrá que pedir la baja”. En lo alto de
la torre de la iglesia de Mora dos cigüeñas parecen estar jurándose amor
eterno mientras que con las dos tarreñas de su prolongado pico machacan el
ajo. Es otoño pero por las noches en el campo se escucha machacona la
estridulación de los grillos. Unos arrieros, ahítos de vino, discuten a la
vera de un camino. Han desenganchado y sus monturas descansan y rumian al pie
de los brancales de un carro. Pero al ver venir los guardias cesan al punto
la riña y se quitan las boinas con respeto.
-Buenas tardes
y menos voces. ¿Adónde se camina? -A tierra
Gordaliza del Pino para lo que quieran ustedes mandar. -Con Dios. -Vayan en su
compañía, señores civiles. Poco más
adelante, unas lavanderas restriegan su colada a la sombra de un alisal
ribera del Órbigo y lanzan miradas subrepticias para Silvestre el guardia
joven, pero su compañero profiere un comentario jocoso y aguas que no has de
beber dejala correr pero el guardia Silvestre Abuin no puede por menos de
sentir saudade de la novia que dejó allá cerca de Ponferrada. El deseo
siempre tira. Unos lavancos festejan posar entre los carrizos de un cilanco y
luego espantados emprenden un viaje raudo y multitudinario como si fuesen de
boda. El preso les mira con envidia y sus acompañantes se hacen a un lado
para dejar a las aves pasar. Erasmo Soria,
natural de Salamanca, hablaba en verso y cuidaba de los encuartes o corrales
de relevo de la antigua diligencia en la mansión o descanso de la ruta que
conectaba en poco menos de 24 horas a Burgos con Bilbao. El trío hace un
trayecto corto en este medio de locomoción y se sienten volar. A Pedroso lo
encajonan en la rotonda o compartimento vigilando al conducido mientras su
camarada trepa a lo alto del pescante con el delantero y el postillón. Se
escucha el golpear de la tralla y el bramido de las ruedas, una revolución de
flejes y muelles que se disparan hacia adelante y hacia atrás. La diligencia
era el último grito de la velocidad. Tomas Salvador hace un nostálgico canto
a este carruaje al que por aquellas fechas le quedaba algo más de medio siglo
de vida. Las
descripciones que realiza lo mismo que las observación son las de un genio.
Lo mismo hay que decir de la acción y el interés que reclama la atención del
lector. Todas estas virtudes le confieren el título de novelista mayor de su
generación. Dio a la estampa tres obras maestras, tres clásicos, de una
tacada: “División 250", una de las mejores historias de la segunda
guerra mundial, “Cabo de Vara”, y “Hotel Tánger”. Sus producciones no se
parecen ninguna entre sí. Cultivó no sólo el tema psicológico y la
literatura carcelaria sino también obras de ficción y hasta literatura para
niños. A Tomás Salvador, al que recuerdo embutido en su camisa azul poco
antes de morir, en un reportaje que le hizo Lalo Azcona, con su cara de
comisario pachón, no le perdonaron ciertos desvíos de lo que hoy se considera
la corrección política aunque no fuese de ningún bando. Él no devolvió la
pedrada. Era un guardia civil con un concepto de servicio de Estado.
Decepcionado de la política y por los vencedores, colgó la chapa y se dedicó
íntegramente a la literatura. No tuvo dificultades para publicar pero nunca
ganó dinero. Se ganaba la vida con un quiosco en las Ramblas.
Tenía un
concepto humilde de su oficio y en “Cuerda de Presos” llega a aparecer él
como uno de los múltiples personajes del retablo según una tradición de
colarse de rondón en sus propios libros. Ya lo hicieron Cervantes, Petrarca,
Bocaccio y el Dante. Él se convierte en zapatero. Escribir una novela lo
comparaba a hacer un par de zapatos. Un novelista no viene a ser
sino un maestro de obra prima, pero, ojo, que él lo bordaba. Abordó,
insistimos, todos los géneros desde el infantil hasta el de evasión pasando
por el histórico. Con mucho “Cuerda de presos” nos parece su entrega mejor.
Labra en él un monumento a la sufrida Benemérita. Escrito con el corazón
grande de un buen hijo del cuerpo, el final es enternecedor. Cuando entrega
Pedroso a los miñones a su pupilo siente como un cosquilleo en los adentros
al tiempo que le entrega todo el tabaco y todas las vituallas que porta en el
morral. Siente una pena infinita y demuestra que el Sacamantecas no es más
que un pobre diablo. Su obsesión con las mujeres le venía de los malos tratos
e inseguridad incoada en las palizas recibidas de mano de su madre, pero el
mundo es así. Está mal hecho y hay cosas que no tienen solución. Hay gente
que nace para ser carne de presidio y de horca. Gargayo, verbigracia. ¿No
habrá un Dios que se apiade? Y si El no se apiada, porque está lejos o
demasiado alto, ¿ no nos tendremos que apiadar nosotros que también somos
victimas y viruleros de grado o a contramano porque la humanidad no cambia?
Esa parece ser la tesis de esta pequeña gran obra de arte escrita desde la
resignación y majestad cervantina.
En el camino
de vuelta y ya de correría, no de conducción penal, Tomas Salvador sentado en
la tajuela de su chiscón de zapatero, los vio pasar. Les dijo adiós con la
mano y volvió a su lezna y a su bramante. Un buen libro se
confecciona igual que un par de zapatos a la medida. Con paciencia. Con
tesón. Metiendo el tirafondo con maestría. Que ensamblen todas las piezas y
que el conjunto ofrezca la impresión de un totum continúum a prueba de
tropezones y caladuras.
En estos días
críticos de sobresaltos, amenazas y revanchas, cuando suenan clangores de
guerra en lontananza, la obra del Sordo de Villada (consecuencia de los
estampidos artilleros de cuando estuvo en Rusia en el Voljov) es un referente
de perdón y de misericordia cristiana. Pocos han entendido igual que él lo
que es un guardia civil ni nos han demostrado a lo largo de toda una saga de
historias que nos elevan el animo y nos hacen sentir mejores la grandeza de
ser español. Hoy es un autor olvidado y preterido. Algunos hasta
lo llamaron loco. Ni sus propios camaradas lo entendieron. Por impolítico.
Sin adscripciones determinadas ni bandos y eso aquí parece que no lo
perdonan.
ANTONIO PARRA
11 de abril de
2002
[1]echar la trabilla con el fin de revolcar o voltear. [2]El estupro incestuoso no cuenta, a lo que se
ve, para los viejos dioses. [3]Una especie de manopla en forma de urna o cesta que
acoplaban al dorso de la mano para golpear con mayor contundencia. El puño de
hierro americano en el cestus romano se inspira. [4]Plaustra, carros aljibes o cisternas de
aprovisionamiento [5]Estrado público donde se exponían los esclavos y
esclavas en venta. [6]Es una de las casas cuartel más antiguas de España,
inaugurada por el propio Duque en 1865, como reza el epígrafe en el dintel de
la entrada. |
|
Posted: 25 Jun 2016 09:52 AM PDT Gran encuentro el
Suiza-Polonia. Los apasionados del futbol pudimos admirar el maravilloso gol
de tijereta del suizo-turco Shakiri por toda la escuadra. Suiza no mereció
perder en la tanda de penalties. Polonia hizo un gran futbol estilo alemán
pese a que alemanes y polacos no hayan sido muy amigos a lo largo de la
historia. Levandoski el jugador del Bayern estuvo desdibujado y bajo el
control de Claudio Rodriguez un argentino que tira golpes francos estilo
Messi. Gran partido. Enhorabuena Polonia y lo siento por Suiza. Ambos
conjuntos nos regalaron un soberbio espectáculo |
|
Posted: 25 Jun 2016 04:48 AM PDT España mi natura,
Italia mi ventura y Flandes mi sepultura.
Cualquier español bien nacido ha de preciarse de amor a Italia que
culturalmente fue la fuente de nuestra vida y nuestro idioma. Los italianos
son artistas, pedisecuos de la belleza inscrita en su caracter. Es el único
país de Europa que nos entiende a pesar de los del "saco de
Roma" porque fuimos el baluarte de la catolicidad sin ser
demasiado devotos aunque tenaces en nuestra fe. Creo que mañana los Cellini
los Schiliachi y los Buffon dejarán a la Roja a los pies de los caballos.
Ellos son unos artistas con el balón entre las botas. Expertos en el "catenaccio".
No hacen un futbol brillante pero sí inteligente, de tal suerte que ganan
todos los partidos. Será un honor para los pupilos de Don Vicente ser
derrotados por la "squadra azurra". Creo que los italianos
belle belle ragazzi algunos recuerdan por su estructura al David de Michel
Angelo se alzarán con la victoria y portarán a Roma la copa de Europa. Forca
Italia. Viva Italia, el pais de Petrarca, de Passolini y del Dante. Grande
populo Romano. Los quirites y senadores del arte del balonpie. |
|
Posted: 25 Jun 2016 04:37 AM PDT UN gallego, mirando |
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