2026-05-16

POR SER AYER SAN ISIDRO ME VOY A LOS TOROS

 ANDE YO CALIENTE, RIASE LA GENTE PERO LA GUERRA CONTRA EL NARCOTRAFICO Y LAS LANCHAS ASESINAS ES TAREA DEL EJERCITO QUE DEFIENDE NUESTRAS COSTAS Y NO DE LA BENEMERITA

 

Toda España practica la moral del avestruz y encerrada en su concha practica la moral de Góngora:

─Ande yo caliente ríase la gente

Pues todos los días de funeral y ahí está la ministra de los papos caídos que no dice nio mu. Que la Guardia Civil se coma el marrón y aguante mecha. Nuestros soldados son para mandarlos a Ucrania o para escoltar los portaviones gringos. Pero bueno saliendo de mi concha más abroquelada que la de un galápago me voy a los toros. La plaza de las Ventas de bote en bote. Suenan clarines y timbales. Vuelve la fiesta. Tres espadas con sus cuadrillas saltan al albero para jugarse la vida frente a seis toros astifinos. 

Son valientes, guapos, derramando juventud y ágiles que cuando aprieta el morlaco ellos de un brinco saltan la barrera. Ayer cogió a un espada y por poco le salta el ojo.

 El diestro fulminó a su enemigo a la primera después de curarse en la enfermería. Pañuelos al viento. Aclamaciones por todas las andanadas repletas y una oreja. El quinto de la tarde prendió a un banderillero. Lo levantó por los aires y rehiletes al suelo. 

Fue un susto pero hay que tener agallas para enfrentarse a esos morlacos cuatralbos. San Isidro labrador estuvo ayer en las Ventas y milagrosamente evitó tres cornadas mortales. Pero esta es España.

 Que siga la fiesta. 

Me fumé un veguero de buena vitola en el tendido y vine contento para casa mientras uno de los diestros abría la puerta grande y era portado a hombros

 

16/05/2026

 CIRUELAS CLAUDIAS

Bebíme un piezgo de sidra anteanoche y hoy me aflige el “clavo” de la resaca. Salí a la huerta, espléndida mañanita de mayo y encontré consuelo mirando para los tres ciruelos damascenos que dan escolta a las hortensias en un ángulo del jardín. Enveraron ya a punto de dar fruto.
Bajé a la bodega y tomé un tarro de mermelada de las ciruelas claudias que ocupan otro lugar árbol salutífero. Tres cucharadas mojadas en vino y se me pasó como por ensalmo la resaca. Confío en los remedios que al pobre mortal ofrece la naturaleza. Según los naturistas la ciruela endrina en su jugosa drupa en tiras de mucilago y carnosidad vegetal lleva un analgésico que hace el oficio de detente bala a los hervores de la ebriedad del día después.
Es un analéptico que restablece las fuerzas esquilmadas por los eufóricos vapores del alcohol. Por esto y por otras razones soy un amante de este árbol rosáceo de flores blancas que vino a Europa desde Siria (el ciruelo de Jerusalén da óptimos cascabelillos los mejores en el mercado pues dicen los Apócrifos que aplacaron la sed de Nuestro Señor cuando le dieron ganas de beber).
Existen cerca de un centenar de especies, de muy diverso sabor y consistencia del parénquima o pepita: Ciruela patrón, ciruela roja y gualda (según la cara donde le dé el sol), ciruela claudia, ciruela sin almendra, delfina, temprana que madura en agosto, de pernigón, mirabel, damascena, de flor negra, de flor blanca, ciruela uterina muy pequeña de una pulgada que madura a fines de mayo, ciruela albaricoque. Y otras muchas.
Sobre todo es de su fruto benéfico y salutífero su arrope. Recomendable para hacer pis y para hacer pos.
El mejor laxante y un remedio cabal contra la anuria óptimo excipiente diurético que recomiendan para la imposibilidad de la secreción urinaria. Que te conozco, ciruelo. Ya lo dice el refrán popular…
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Jorge Iso