ANTONO PELAYO
Me muevo yo entre el emuná judío y el carisma cisterciense. Me llega la noticia con dolor de que mi compañero de COMILLAS Antonio Pelayo ─somos de la misma quinta. Él acaba de cumplir 82 y a mí me llegan en junio─ va a ser procesado en Roma por un lío de pantalones.
No me consta. Subjetivamente los
que acusan a la SRI ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el suyo. Hipócritas,
sepulcros blanqueados. Estamos hartos de ver en la radio, la TV, los periódicos
homenajes al vicio nefando y cuando salta un caso de posible homosexualidad
entre los clérigos se rasgan las vestiduras y preparan la de dios es cristo. Un
ten con ten, señores.
Objetivamente, he de decir que en
el curso de Retórica 1950-60 cuando éramos compañeros de terna y al pasar lista
iba detrás de mí después de Perea, jamás dio un escándalo, ni nadie pudiera señalarle
por perder aceite. Ni era de esos grupos profesos en amistades particulares, que
se la meneaban tras el biombo de la camarilla.
Ahora, eso sí, era uno de esos efebos guapos, semblantes eternos de la pintura de Fra Angelico y Boticelli. Creo que era de familia aristócrata de Valladolid por lo cual los padres jesuitas le tenían buen concepto. Estaba entre los adelantados de la clase aunque el primero era un tal Aburto, vasco, una eminencia en matemáticas, en Física y Química, en latín y en Oratoria. Años del concilio se produjo la desbandada.
Quedaron vacíos
los seminarios y de aquel curso, en que yo estaba, sólo cantaron misa él y
Aramburu un bilbaíno que era el que mejor jugaba a pala. De ellos nunca volvía
a saber más nada, pero una tarde me encontré con Antonio Pelayo en el Gijón y me
pagó una copa al tiempo que me contaba sus andanzas y yo presenté al viejo
colega corresponsal a todos los de mi cuadrilla.
─Velay nuestro gran colega. Es el
mejor conocedor de las cavernas vaticanas─ dije yo con frase de una novela de
André Gide
─Roma doma─ contestó Antonio
Fue lo único que hablamos al cabo
de casi medio siglo.
Le dije que yo había sido
corresponsal de Pyresa en Londres y NY y que leía sus crónicas en el YA y en
Cope para enterarme de lo que pasaba en la curia. Un laberinto difícil. Siempre consideré que la vaticonología era aún más ardua que la kremlinología, pero nuestro colega como viejo corresponsal se movía como Pedro por su casa siendo testigo de los grandes cambios para mí traumáticos cambios que ocurrieron con el “aggiornamento”. Nunca perdí la fe, pero desde que ocurrió esta involución esta fe mía se ha
vuelto la fe del carbonero.
─Galileo Galilei ¿la tierra es
redonda?
─Pues sí. E por si muove…
Así que me muevo entre las
escarpadas sendas del emuná o inspiración judía y el carisma cisterciense. Quienes
tratan de convertir el cristianismo sean anatema. Vayan todos al infierno. Son unos
cabrones. Me solidarizo pues con Antonio Pelayo que debe de estar pasándolo mal
en estos tiempos de tribulación por más que yo ya no tenga nada que ver ni con
el YA fenecido ni con la Cope emisora de los obispos ni con tanto cenizo episcopal.
Con Cristo sí. El único que entiende y perdona al pecador. Sospecho que alguien
dentro de las esferas vaticanas ha querido bajar de su pedestal a este
corresponsal vallisoletano un eminente vaticanista.
jueves, 29 de enero de 2026