miércoles, 1 de diciembre de 2010

VIDAL CADELLANS ESCRIBIÓ LA MEJOR NOCELA EN LOS 66 AÑOS DEL PREMIO NADAL

"NO ERA DE LOS NUESTROS" NOVELA CATÓLICA ENTRE LA ESPERANZA, EL EXISTENCIALISMO Y LA ANGUSTIA VITAL



El mejor pintor para mí Salvador Dalí al que tuve la suerte, el honor de conocer y entrevistar en una larga y accidentada charla en Nueva York. Uno de los mayores arquitectos, Gaudí, de todos los tiempos. Para periodista Eugenio D´Ors (Xenius) y José Pla, cuando no soplaba la tramontana de su imaginación que anulaba al buen payés que llevaba dentro de su inteligencia viva y sus ojos pugnaces y diminutos. Novelista a lo Flaubert fue Ramón Agustí y en su canto épico a Barcelona “La ceniza fue árbol” se acerca a la grandeza de Flaubert. Otro de los grandes incontestables fue el balear Villalonga con su obra maestra “Bearn”. Él es Mallorca y describe la isla de la calma que entusiasmó a Chopin, a Jovellanos y a Robert Graves La novela de posguerra pasa por Cataluña y eximio representante fue Joseph Vidal Cadellans que escribía también en catalán-lamentablemente esos textos no han llegado a nosotros- representa el existencialismo ante la preocupación y agita su pluma ante un mundo que viene con el desarrollismo, el turismo de masas, la secularización de la sociedad, la gran burguesía catalana que se derrumba después del movimiento Renaixança pero vuelve a resurgir después de la guerra civil. Franco-eso habrá que reconocerlo y aunque algunos lo tratan de negar de la misma forma que su apoyo a los judíos- se volcó con Cataluña y Vascongadas en detrimento de otras regiones. Y en esta lista uno no tiene más remedio que agregar a mosén Cinto VerdaguerMontañas de Canigó, y La Atlántida).
Vivió el tiempo apoteosico de los juegos florales y su poesía es una de las más grandes que haya producido ninguna otra lengua románica. Y sucedió que en su poema épico a la Atlántida orquesta el mejor y el mayor canto a España que escribió poeta ninguno.
 No en vano fue capellán castrense y estuvo embarcado en la fragata“Numancia” que sería hundido por los norteamericanos el 3 de julio de 1898 en la Bahía de Santiago. El capitán Villamil pereció pero el almiorante Cervera y él mismo fueron rescatados naufragos por un torpedero del almirante MacKinley. Llevaba a España en el corazón y supo cantarla en catalán.
A su regreso a Vic este gran admirador de Jaume Balmes fue perseguido por el clero nacionalista y el obispo Morgades, segun cuenta Castellani, le haría mil perrerías y creo que acabó sus días en la pobreza porque el prelado barcinonense le suspendió a divinis que para un cura es como quitarle el pan.
 Cataluña siempre ha contado con el fervor y la admiración del resto de los pueblos de España y yo creo que es un sacrilegio el mezclar el idioma con la política como postula el híspido, presuntuoso, engreído y odioso don Jorge Pujol. Uno seguirá leyendo a los grandes prosistas y poetas catalanes pese a todos esgtos antipaticos secesionistas qye no quieren a su patria, sólo a sí mismos, como Ausias March y Ramón Llull.
Por aquellos días esta nación nuestra vivía alegre y esperanzada bajo la consigna laborada en el escudo de los Reyes Católicos ex pluribus unus.
Ese mundo feliz se ha ido al traste a causa de la bajeza y el egoísmo de los políticos, la inconsciencia de una intelectualidad aturdida y temeraria y esos ejércitos de maniobra oculta que alzan zanjas diabólicas entre los pueblos rindiendo culto así a Satanás el Gran Separador. Por aquellos días cantábamos el “Noi de la Mare”por navidad y “Rosa de abril murena de la serra de Monserrat estel iluminá la catalana terra y guia nos cap al cel” por primavera, el "vinticinque de decembre fun fun” que institucionalizó la alegre y triste Nochebuena hispana y otros villancicos menos recomendables como “Al entrar en Barcelona dieron muerte a mi consuelo no eran cazadores eran artilleros” una canción carlista que tenía su vertiente verde jocosa en “Al pasar el Fondergat una noya i un soldat, etc”.
La amputación de Cataluña del tronco común que no creo en realidad que interese ni a la burguesía ni a la inmensa mayoría de catalanes de buena voluntad supondría seguramente la desaparición de España como nación para convertirse en un grupo de taifas.
 Sin embargo, a lo mejor es lo que interesa al gran capitalismo de la mano negra global que impone su férula mediante el terror, el miedo, la desconfianza planetaria de unos pueblos contra otros y el control mental vía prensa, radio y TV, la pornografía y el periodismo destructivo.
 La comunidad literaria española orientaba en mis años mozos el dardo de su saeta hacia Barcelona sede de las grandes editoriales. Hoy ya no es así.
Las imprentas barcelonesas fueron compradas por Hachette y otras casas anglosajonas establecen su marca y dictat de gustos anglosajones. La letra basura. La manipulación de los anales y la tergiversación pavorosa de cuéntame lo que pasó. Esa es la fija.
 Al releer “No era de los nuestros” de Vidal Cadellans, premio Nadal 1958, y para mi gusto el mejor Nadal (y dando por sentado el hecho de que este galardón quizás sea para los que escribimos en este país mucho más importante que el Nóbel porque en su concesión no predominaban los intereses políticos o los sectarismos de bloques, sólo la calidad literaria de los textos guardaba prelación) se me ha representado aquella atmósfera que yo entreveía desde mi camarilla de un seminario del norte leyendo este libro bajo las sabanas y a la luz de una linterna después del toque de oración. El tema o perioca principal podría ser centrado en lo que se llamaba a la sazón cine de autor o de valores humanos en que se levanta la tapadera de una sociedad hipócrita y se pregunta a la Iglesia Católica por qué es tan sanguinaria al arrojar a sus seminaristas a las tinieblas exteriores colocándoles en el capirote de malditos y de penitenciados por la inquisición. No era un ataque a los curas el que realizaba el ex seminarista sino una invitación a reconocer sus culpas, una amonestación a la conversión, a sabiendas de que un mundo nuevo se alzaba a través de los nuevos inventos como el utilitario, la lavadora, la heladora, la olla Express, el trasvase de las masas agrícolas a las ciudades, la venida en masa del turismo y para colmo la invención de la píldora abortiva.
 Han pasado menos de cincuenta años y la faz de la tierra se ha transformado. Después de los aviones a chorro de aquellos tiempos se dio paso a la primera huella del hombre en la luna, el mando a distancia, el ordenador, el móvil y la píldora del día después que ha traído aparejada la gran revolución feminista que el novelista catalán aunque borrosamente acierta a entrever. Lo dice en una prosa clara, neta, sin atauriques y con la sequedad de un catalán nacido en Terra Ferma en cuya estructura resuenan ecos del existencialismo de aquel entonces, Sartre, Gide y Bernanos en mezcolanza.
 “No era de los Nuestros” fue ingresada en el cupo de novela católica por la problemática que plantea pero hoy yo diría que es pura didáctica sociológica, estableciendo un estadillo de situaciones psicológicas con la reacción al desfalco y apertura de la caja fuerte de la empresa de su padre, y la huida de Jaime Arias a Francia con seiscientas mil pesetas. Las miserias y grandezas de cada uno de los personajes salen a la luz así como sus sueños, su amor al trabajo, sus virtudes y pecados, grandezas y sus miedos. Podría calificarse de Bildungroman o novela de iniciación.
Sin embargo, en su única novela Vidal plasma una obra maestra haciendo un alarde de imaginación, introspección, definición de caracteres, ambientación y esa garra que suelen tener gran parte de los premios Nadal y de los escritores del grupo de Barcelona (Bartolomé Soler, Tomás Salvador que aunque palentino fue de la escuela catalana con libros insuperables y hoy por desgracia descatalogados, Sagarra, Espriu, Xenius y otros muchos que escribieron en La Vanguardia o en el Diario de Barcelona, el rotativo más antiguo peninsular. Vaya para todos mi homenaje.
 Con la posguerra y durante el franquismo la Ciudad condal fue el emporio de la inteligencia en castellano y en catalán. La ciudad vivió un autentico siglo de oro que hoy muchos no quieren reconocer y que contrasta con el catetismo “pallus” de la actualidad.
Era entonces una ciudad abierta y se ha vuelto una sociedad cerrada. ¿Qué mano vil enterró nuestros sueños? Las barras de Aragón eran las señeras de la llibertat. Para libre Aragón, decía Gracián. El molt honorable Pichol ha convertido el viejo bastión de los gigantes en una tierra donde renquean los enanos. He is a dworf anyway y un ceporro muy lejos de la sabiduría y el buen trato de los catalanes a los que definía Cervantes como “archivo de la cortesía”. Confiemos en que su delfín don Arturo Mas no siga su ejemplo. Porque perdería Cataluña. Perdería España. Perderíamos todos. Su Cataluña agria, antipática, nadie tiene que ver con por contraste con esta Barcelona sudorosa que conoce la irrupción de los primeros turistas pero atrayente y amable que describe Vidal Cadellans en su denso libro. Apenas más de doscientas páginas. ERA UNA CIUDAD EN LIBERTAD a la que peregrinabamos con deleite y algun donaire los de la generación del 68.



miércoles, 01 de diciembre de 2010

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