jueves, 25 de febrero de 2016

AMBIGÜEDADES TOPONÍMICAS


Entre pinto y Valdemoro

 

Llaman a la provincia Madrid la bella desconocida porque hay pueblos que guardan secretos jardines. Dejando atrás los montes del Pardo y los berrocales graníticos de Galapagar orillas de Manzanares la tierra de Madrid se amansa y se hace otras. El Jarama Aulencia Guadarrama, y Manzanares abordan otros modos y tierras calizas. La calera sustituye a la cantera. Los llanos de Getafe avisan de aires manchegos en el horizonte. A Pinto así le llamaban por un vino tintorro de fuerte graduación y Valdemoro a menos de media legua por esconderse entre un valle y una cumbre el cerro de su iglesia de traza tan castellana y que albergó enterramientos. En Pinto había buenas posadas y en Valdemoro buenos figones para dar besos al jarro y beberse toda la sangre del cordero pascual tan generosa.

Pegas un brinco y ya estás en Pinto. Por eso se dice cuando hay una situación ambigua, ▬cosa frecuente por estos tesos▬, andar entre Pinto y Valdemoro esto es que de remate aun no cuajó la cosa.

¿Estoy en Pinto? ¿Estoy en Valdemoro? Y un beodo una tarde de Jueves Santo que no hizo otra cosa que visitar al Santísimo y recorrer las siete estaciones de otros tantos “monumentos” al final del recorrido no sabía dónde se hallaba.

Estaba caminando sobre el filo de la navaja. Voy a Valdemoro con frecuencia. Tiene el alma de guardia civil por ser la patria del Duque de Ahumada y una iglesia renacentista de buenas hechuras donde hasta hace poco voleaban la melena de una campana enorme.

En el presbiterio un cuadro de Goya la comunión de san Felipe y otras muchas cosas importantes que ahora no me da la gana descubrir por ser materia reservada. Desde la torre me hace señas heliográficas el sol rutilante en la vaguada y paseo sus campos apoyados en un roten que me legó mi padre que el pobre era muy andarín cuando iba de correría o marchaba por campamentos y descampados a la búsqueda de malhechores y maquis.

Mi padre en el frente vio caer a su lado a muchos camaradas y parece ser que a él las balas en los blocaos lo respetaban.

Por eso estoy yo por aquí que heredé su cachava. Anduvimos entre Pinto y Valdemoro pero, al final, gracias a Dios, se aclaró la cosa.

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