martes, 6 de septiembre de 2016

MI ENCUENTRO EN CARNE MORTAL CON SANTA TERESA DE CALCUTA









MI ENCUENTRO CON SOR TERESA DE CALCUTA

 

Una tarde de invierno de 1971 yo era un periodista freelance, me fui a Belfast para narrar in situ los disturbios del Ulster. Donde conocí en carne mortal a la madre Teresa de Calcuta. Apenas la vimos unos minutos dos reporteros ingleses, otro alemán y un servidor.

Salió a recibirnos a la puerta de un piso en Falls Road una no go área o zona de combate. En la esquina del edificio habían tenido lugar los acontecimientos del Domingo Sangriento o Bloody Sunday.

La calle olía a pólvora y el lugar no podía ser más deprimente. La monja albanesa nos saludó juntando las palmas de las manos a la manera budista ya digo pero se negó a hacer declaraciones envuelta en su sari azul y blanco como la bandera de Israel. Su sonrisa gélida se transfiguraba a la vista de un niño y los rasgos de su rostro eran duros. Pobreza y patetismo alrededor. Saqué mi pentax y apreté el obturador varias veces. Una de las hermanas acompañantes de rostro aceitunado protestó por mi alarde, yo quería simplemente un "scoop". Las fotos, sin embargo, se velaron. Se me frustró la exclusiva.

Un taxista que debía de ser del IRA nos había acercado cobrándonos un dineral por la carrera hasta la residencia donde se alojaba la madre. Sor Teresa de Calcuta era un manojo de nervios ojos penetrantes y sonrisa forzada y misteriosa. No photos please. Sin embargo, accedía a programas de la BBC y un famoso escritor Malcolm Muggoridge agnóstico y de origen protestante la presentaba como modelo a seguir en el ámbito de las personas consagradas. Se decía que David Rockefeller había aportado importantes sumas de dinero para su fundación en la India. Lo mismo que Henry Kissinger. ¿Querían estos patrocinadores de las hermanas trasformar la caridad cristiana por la filantropía laica? Yo me hice esa pregunta muchas veces cuando supe que iba a subir a los altares de forma tan acelerada bajo la fórmula del "santo súbito". Los procesos de canonización en la Iglesia hasta el Vaticano II tardaban decenios y a veces siglos.

Por aquellos días de la canción protesta Joan Baez era el numero uno del hit parade británico con su balada “Bangladesh” y el musical “Oh Calcuta” arrasaba en los teatros del West End.

Regresé al hotel desolado. Belfast era una ciudad destartalada, la más fea de Inglaterra, llena de odio y a mi modo de ver las cosas por aquel entonces, Madre Teresa de Calcuta no representaba el modelo que yo me había forjado de la santidad. Quedé un poco decepcionado tras el encuentro y salí a la calle dispuesto a regresar a pie a mi hotel.

Entonces se oyó una enorme detonación y vi correr a mucha gente. Cerca del Hotel Europa donde me alojaba (dos noches consumieron mis ahorros) había estallado una bomba. El centro de la calzada y las lunas de los escaparates rotos eran una alfombra de cristales que se hicieron zarzamillo con la explosión. Un paisano con el pelo alborotado y el rostro desencajado iba ofreciendo té a los soldados y diciendo “I am British” (yo soy inglés, muchachos). Debía de ser un protestante. La bomba la habían plantado los católicos

Enristré mi maquina fotógrafa y accioné el flash. En ese momento,  venía hacia a mí un blindado de los Royal Fusilers. Enfoqué. Apareció en mi objetivo un soldado apuntándome con un M16. Disparé y el fusilero en lo alto de la torreta del Saraceen[1] hizo lo mismo deslumbrado por el flash y en la creencia de que yo era un terrorista.

En ese preciso instante el camión blindado cogió un bache y la bala me pasó por cima de la capucha de mi abrigo. Alcé los brazos, y, manos arriba, grité:

Dont shoot please, I am only a journalist. (No dispares sólo soy un periodista)

El carapintada me miró con rostro de odio. Dijo:

—You bastard! (hijolagranputa)

Y el trompy siguió su carrera. Creo que salvé por los pelos de una muerte segura.

Ahora, al cabo de cuarenta y cinco años de aquella noche de perros en la capital de Irlanda del Norte, me asalta la duda de si Santa Teresa de Calcuta no hiciera un milagro conmigo. Aquel bache me salvó la vida. Los santos del cielo son así aunque en la tierra nos parezcan monjas insignificantes de aspecto antipático. La experiencia de aquellos azares y gurrumías fueron contadas en mi biografía no autorizada sobre Teresita del Niño Jesús en mi libro “Lloviendo rosas”. Santa Teresa de Calcuta ora pro nobis.

 

 




[1] Vehiculo de la infantería motorizada que los españoles llamamos “trompy”


 cronica en los periodicos de su canonizacion en Roma
 
 
 
Todo está preparado en la Plaza de San Pedro para que la madre Teresa sea hoy proclamada santa, en la ceremonia más importante del Jubileo instituido por el papa Francisco para recordar la necesidad de Misericordia, la que buscaba transmitir la religiosa por las calles de Calcuta.
La ceremonia de canonización de hoy domingo será el evento más importante y con mayor simbolismo de este Año Santo y combinará la tradición del rito, con sus fórmulas en latín, con las más altas tecnologías y despliegue de medios para la transmisión del evento por el Centro Televisivo Vaticano.
La canonización de la madre Teresa, que será la primera Premio Nobel en subir a los altares de las Iglesia católica, se ha preparado en el Vaticano con las misas en diferentes idiomas celebradas en la basílica de Santa Anastasia en Roma, donde fieles pudieron venerar la reliquia de la beata que mañana será trasladada al altar de San Pedro durante la ceremonia. Además, el papa Francisco celebró una audiencia con los operarios y voluntarios de la misericordia en la Plaza de San Pedro y recordó la importancia de esta canonización al invitar a imitar el ejemplo de madre Teresa de Calcuta «para aliviar el sufrimiento del mundo».
«Tendremos la alegría de ver a madre Teresa proclamada santa. Este testimonio de misericordia de nuestro tiempo se añade a la innumerable lista de hombres y mujeres que han hecho visible con su santidad el amor de Cristo», recordó el pontífice.
Y entonces pidió a los fieles imitar su ejemplo, y pedir «ser instrumentos humildes en las manos de Dios para aliviar el sufrimiento del mundo, y dar la alegría y la esperanza de la resurrección».
La madre Teresa de Calcuta es para la Iglesia católica el símbolo de lo que debe ser la misericordia sobre la que Francisco ha querido poner hincapié en este Año Santo

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