miércoles, 7 de septiembre de 2016

REQUIEM POR UN PERIODISTA OVETENSE

Los diaños bajaron hoy por la gamellera de la chimenea y se llevaron a Nacho, un gran periodista de LNE, un carbayón de pro. Estoy triste.
 Ignacio Gracia Quintana era un profesional de la vieja escuela del diario de Calvo Sotelo 7 de la cual me considero formar parte y cuyos maestros fueron Pérez de las Clotas, los hermanos Cereceda, Carcedo, Lalo Azcona,  su padre Ladis Arribas, Ponte Mittelbrun, y otros eximios profesionales de los periódicos del Movimiento  pero sin ejecutorias de hidalguía porque en sus páginas pudo siempre escribir todo el mundo.
Se creó un rotativo que fue el buque insignia de la cadena, que ganaba dinero; políticamente ambidextro que dio acogida a asturianistas, liberales, comunistas y todo el espectro de la gente de derechas.
Gracias a ellos y aquel franquismo paternalista  fue posible toda aquella revolución tecnológica y mental del 68: la píldora, el 600, el acceso a la universidad masificada, las sentadas, las movidas, las canciones del "No pasarán" o "Al vent la cara al vent" de Raymond y la lucha por las libertades que hoy cuestionamos. ¿Tanta lucha para qué?
El mundo sigue y España como decía don Laureano es un país pendular tan pronto entusiamado como desilusionado o crispado. Pero el mundo sigue.
Conocí a Ignacio Gracia Noriega una tarde que yo volvía de Londres a Oviedo por ver la moza después de visitar al pobre Pedro Pascual. Llevaba un saco cargado de libros aunque joven de aspecto y con el pelo rizo su conversación transmitía esa bonhomía ovetense de bon vivant. Era cachazudo y con mucho recacho. Le gustaba llevar la contaria tal vez porque sabía mucho y había leído lo suyo. Su conocimiento de Asturias era enciclopédico y de Oviedo lo sabía todo, practicamente todo.
Su risa era un poco la de Falstaff y su mirar el de Chesterton. Pero el continente bonachón. Noriega yo pensé debía de haber nacido en una casa solariega con blasón en la antojana. 
Conocía bien la literatura anglosajona y creo que era un experto en Stendhal (se había licenciado en Francés).
Le envié algunos de mis libros y tuvo la gentileza de escribir una crítica, bastante acerba por cierto. Nos carteabamos no sin cierta aspereza y alguna vez comimos juntos en el restaurante Casa Mariño de la Concha de Artedo. Luego se enfrió la amistad aunque nunca la admiración por su talento. Ametrallaba la máquina de escribir escribiendo sólo con un dedo, como los redactores de raza. Tenía en su casa de Llanes cuatro consolas y en cada una de ellas escribía un artículo, una novela o un libro de ensayos, prodigiosa capacidad de trabajo y fertilidad aunque por el apresuramiento en algunas de sus obras se notara el cansancio y la facilidad de pluma que siempre son un peligro para el escritor, lo que no era obstáculo para que discrepase de sus planteamientos porque a mí me parecía demasiado ligado al PSOE, más por compromiso que por afinidad ideológica. Tanto su versatilidad, gallardía e instinto político lo libraron de las purgas que trajo aparejado el rodillo socialista y que algunos de nosotros que nunca quisimos vendernos a los mercachifles y heraldos de la corrección política (creo que el tiempo me ha dado la razón) padecimos. "Alabate boroña que no hay quien te coma". Pues eso. Que siete horas llevamos por el camino los mulos cansados y se acabó el vino.
Sin embargo, los buenos periodistas como los buenos soldados nunca mueren. They only fade away. Descansa en paz Nacho pues pervivirán tus obras y todo aquel afán. Dios nos libre, Ignacio G. Noriega del día de las alabanzas.

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