EMBELECOS DE LA HORA PRESENTE
Luce el árbol de navidad en ca el vecino. Mañana toca
desmontar pero hasta san Antón pascuas son, mi piel es débil pero alguien la
curará y las putas virtuales siguen a los suyos, quieren hacer el amor por las
mañanas como las urracas, los perros y los periquitos. La cabrilleante risa de
tus labios me espanta. Dicen amar la paz y hacen la guerra y a mí las calles de
Madrid me duelen como una llaga. Hombres de grandes tripas y pequeñas cabezas.
Magterial sobrante, cuerpos enfermos en el hospital. Seguimos muchos años como
campos en barbecho, caímos en desgracia. Herodes viene acercándose a nuestras
casas y nos degollará como a los niños inocentes. Aparecen hombres cibernéticos
que son puras estantiguas y dentro de un poco cuando suene la medianoche en el
reloj de la torre sin campanas subiré por la escalera de caracol que tiene diez
siglos de tanto pisar sacristanes y hundiré mi cuerpo en el cadalecho que es
buena cama de ramas. Ya no gastaré más dinero en libros ni en rencores. Están
haciendo una pira con nuestras ilusiones nuestros sueños para calentar la pira
de los cuchillos largos. Un horizonte de zozobras se alza sobre el somo. Dios
no hace caso a mis plegarias. Y un ángel airado entontes me contesta:
─Gozaste, viviste, tuviste tu lote,
zorrocloco pero yo te ayudé en la conllevancia de tus persecuciones e
incomprensiones. Que cada palo aguante su vela
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