lunes, 11 de abril de 2011

TEOLOGÍAS EN UN BAR DE COPAS

Discusiones teológicas en un Bar de copas




Se amontonan las visiones del Bosco estos días mientras escribo la historia de Don ENRIQUE EL DIFAMADO, padeces un bloqueo y entras en ese infiernos de las pasamanos del hola que tal estas a ver que va a ser los señores, the rough pubs of always, bloody drinking bloody hell y allí te encuentras a Perico el teniente coronel de alabarderos con un sombrero blanco. Me rindo, tío, no sé nada, sólo sé que no sé nada que nadie sabe nada, aferrate a tu Biblia que es la guía de perplejos. Vivo en un era que tiene un par de perendengues, hay que atarse los machos.

Para los judíos el mundo es eterno, es decir que no habrá juicio final ni segunda venida ni nada de nada. Perico con la fusta con que domaba potros en la remonta y creo que era campeón de hípica zurraba de lo lindo a los teólogos, se cachondeaba de la escolástica y entre chupito y chupito y bloodymarys se mofaba de Aristóteles. Falacias. Palabras, ciencia falsa. Silogismos. Es decir que Perico no espera ya la llegada del Mesías a no ser que venga acompañado de un harén de mozas y de aguardiente. La culpa de esta discusión teológica a tumba abierta la tuvo el orujo.

En el paraíso de Alá están las fuentes de leche y miel. Perico sirvió en Ceuta con regimiento de caballería al que llamaban el Fijo que estaba de plantón en el Hacho, prisiones militares, de allí se trajo las jarchas y sus andares de moro, todos los caballistas parecen andar como escocidos arqueadas las piernas. Pero ese paraíso del que me hablas, coronel, es el infierno, aquí estamos con todos estos jóvenes guardias civiles francos de servicio y un poco chispas que sacan fotografías con sus móviles de los sujetos que les parecen sospechosos. Oh falacia de las palabras oh gestos hipócritas de los que esconden su perfil. Los judios inventaron la relatividad en física que llevó a la bomba atómica y a la bomba de neutrones y la relatividad del conocimiento. Con el libro de Job en la mano y su tremendo pesimismo me grazna este coronel de caballería que si no sé si existe real pues a lo mejor es un espectro:

- Acuérdate que no eres más que un gusano.

La gracia no existe y Cristo era un impostor pues se pringó de la bajeza humana, lo que contradice la esencia divina. Perico considera que a Dios no se le habla ni se le menciona y que el conocimiento divino sólo puede entenderse por inducción e intuición y me cita en pleno bar me sopla al oído citas de Salomón: todo es vanidad, y del santo Moisés: no me verá el hombre y vivirá que las cosas invisibles de Dios se ven por lo que ha sido hecho.

- Perico con tanta sabiduría me acojonas.

- Los cristianos sois unos cretinos- me susurra el rabí. Aparentemente era un coronel de caballería algo pariente de los Borbones, enseñó a montar a caballo a las infantas y a doña Ficticia la asturiana.

- Yo soy el ratón y tú eres el gato. Lo que tú digas.

Las fotos de los diarios traían la foto de Felipe y señora muy compungidos ante el museo del Holocausto en la cabeza una yamulka bajas las cabezas. Los tenéis bien sometidos. ¿Reinará Felipe? Luego fueron a besarle la mano a don Simón el enterrador de las Españas. Se escuchan rumores de páginas de un libro. Alguien repasa las hojas de un libro. No son los papeles de Pickwick. Es el Pentateuco. El coronel de caballería me ha puesto la cabeza tarumba, pero como aquí nada es lo que parece y hasta yo mismo no sé si existo no es un militar sino un rabino el que tengo delante. Gruñen los puercos en esta hora lenta de la noche, llaten los perros, voznan los grajos, relinchan los caballos, rugen los leones y cacarean las gallinas mientras crascitan las cigüeñas en lo alto de las torres machacando el ajo. No, no habrá Apocalipsis. El mundo no se acabará nunca. Balan las ovejas en el aprisco, roncan los pastores que duermen, el camionero se hace a un lado del apeadero de la autopista y echa un sueñecito. Una mujer en un bar pregunta me das fuego, cariño. Aristóteles, san Bernardo la Sorbona, San Buenaventura los padres del Concilio razonaban como cuadrúpedos a base de silogismos.

-¿Y qué hacemos con Alcalá, con Salamanca, con el Trivium y el Qudrivium con los himnos eucarísticos de Tomas de Aquino, con la catedral de Sevilla, con tanto libro, tanta historia tanto afán, allí hay un orden una estructura, un método si Cristo no existió, Perico?

-Todos a la gehena.

-Tenían un método, una infraestructura, un sistema de vida y de pensar que vosotros estáis destruyendo con vuestras alianzas de civilizaciones y vuestros libros digitales, vuestra prensa basura y vuestra literatura. Cinco millones de parados. No hay futuro. Vuestros banqueros imponen el trágala a los fieles cristianos. Eso sí el único dogma de fe que nos imponéis es que creamos en el Holocausto. Es un sofisma histórico.

-¿Sofisma histórico dices? Mira te voy a matar.

Y a punto estuvo aquel energúmeno, que odiaba al Estagirita, y que pensaba platónicamente que conocer es descubrir algo que llevamos aprendido de una vida anterior de dejarme en el sitio en aquel bar de copas. Un rabino postergadas las filacterias saca la charrasca y la emprende a tiros. No tan platónicamente…

- La diferencia- le dije- entre usted y yo es que yo creo en la justicia de Dios, en el Juicio Final, y en un Cristo en majestad que vendrá a juzgar al mundo y separar a los buenos y a los malos, a las ovejas de los cabritos. Vosotros no creéis en El y por eso os volvéis tan pesimistas, tan destructivos, a lo único que dais valor es al dinero, nunca dejareis, por más que dominéis el mundo de ser un pueblo errabundo condenado a vagar sin suelo fijo. No os quiero nadie.

Y al punto apuré mi copa y salí del chiringuito. No sé si había estado bebiendo en el infierno o en el seno de Abraham pero el beodo que tenía delante bien pudiera ser Satanás. A pesas de tus blasfemias yo te perdono, Perico