2015-12-25

PLA Y DANIEL EL CATALÁN PRIMADO DE TOLEDO FUE EL VERDUGO DE EUGENIO GARCÍA SERRANO EL GRAN ESCRITOR FALANGISTA


EUGENIO GARCIA SERRANO

Eugenio o la proclamación de la primavera; tuve la suerte de conocer a los falangistas de la última hornada, los auténticos y García Serrano además de majete y buena persona era un falangista cabal. Eugenio era mi director cuando yo servía a España en tierra de infieles y de transfugas rodeado de cañones enemigos que preparaban el contubernio. Carecía de desenfilada y tenía que recurrir a mi valor personal para poner en ridiculo a aquellos "democratas" que acudían al Té de la Embajada.
 A punto estuve de sacar los puños que no las pistolas por él cuando un mindudi de Cuenca me estampó ante mis propias narices:

▬Vosotros los fachas no sabeis escribir

▬¿Cómo? Repite eso que dijiste.
El tal Martinez se volvió atrás.
Mi interlocutor no se atrevió a insultar a mi "dire". Nos miramos el uno al otro con ojos alataneros llenos de desprecio. El tal Martinez trabajaba para un periódico dirigido por un falangista que era hijo de Concha Espina y luchó contra los comunistas en el Blau. Sin falangistas no hubiera habido Escuelas de Periodismo y ellos se hubieran quedado sin profesión. Estos que tanto difaman han crecido y medrado a la sombra de la herencia que les legó el Caudillo.

Fuese y no hubo nada pero aquel sujeto larga melena y pantalones campana moda de los sesenta dios los cría y ellos se juntan y de la abundancia del corazón habla la boca ha desaparecido del estadillo y su nombre no figura ni en las hemerotecas aunque gozara de cargos y enchufes, vera imagen del perfecto gilipollas... Eran tiempos en que  cada uno defendía a su señorito, estaba de moda, menudo eran los de “Pueblo”. Yo vi a Raul del Pozo casi romperle, por meterse con Emilio Romero, de un botellazo la cabeza al pobre Federico Abascal el corresponsal de La Vanguardia que ejercía por entonces de “rojo”.
Eramos demasiado exaltados lo reconozco pero no me arrpentí de nada ni me arrepiento (sólo me arrepiento de aquella chinita que hacía frufru cuando la hacía el amor en Hong Kong) y es mi estilo sacar la cara por alguien ante el insulto y la provocación.
Si lo que llevas dentro es bilis y serrín, irás vomitando reconcomios por las esquinas en perenne borrachera. 
España empezó a llenarse de resentidos.
Aquel día en la reunión de la embajada me di cuenta de que hay dos Españas irreconciliables. Yo pertenecía a la de Eugenio o la proclamación de la primavera, era la España verdadera, la otra es un sucedaneo, un “Ersatz” como los de Podemos. Los americanos que controlan la SER y gran parte de los medios se han sacado un conejo de la chistera, un conejo con coleta, veremos a ver lo que dura.
Sin embargo, por aquellas calendas defendíamos los garbanzos a nuestra manera.
Hoy como los sueldos y las pensiones están asegurados por el momento el personal no protesta. No te pases que diría el Goyo Gonzalez, aquel tipo siniestro, un machacante de cierta agencia que cortaba el teletipo y ahora tiene un hijo en la Cope Herrera en la Onda; pues bueno. 
Él también me insultó y estuve a punto de tirarlo por las escaleras. Entonces como ahora, estaba solo, rodeado de viejos fantasmas del pasado que hacen difícil la convivencia, atalajada con frases rimbombantes, Y DE LLAMADAS A LOS PACTOS Y AL CONSENSO, que esconden un odio ancestral. España y yo somos así, señora, y la Patria no se negocia. 

Yo leía los libros de mi director “La ventana daba al rio”, “La fiel infantería” “Plaza del Castillo” en mis viajes de largo recorrido dentro del tubo londinense dejando que otros se ocupasen de Kafka de Proust y toda esa clase de literatura disolvente y dirimente que pusieron en órbita los “pseudo demócratas” y globales que copan actualmente las editoriales y ejercen de comisarios del pensamiento.

Nunca, hay que decirlo por mucho que les duela, se produjo en nuestras letras un reventón literario tan importante como durante el franquismo con y a pesar de la censura. Fue una floración mucho más importantes que las generaciones del 27 y del 98 sólo igualable a la efervescencia que hubieron las letras castellanas en el siglo de oro. García Serrano demostraba estar en poder de una prosa inimitable.

La fiel infantería , con todo y eso, no pasó la censura ni tampoco “La Colmena” sus autores dos falangistas que nada tenían que ver con la Santa Casa.

El primado de Toledo aquel catalán bajito calvorota lentes redondos de concha un tipo avieso represor y reprimido que se llamaba Pla y Daniel mandó recoger la obra alegando que en el libro se decían demasiadas palabrotas. “examinada serena y objetivamente –dice el decreto “obstat” de don Enrique Pla y Daniel otorgado en Toledo a 15 enero 1944- la novela del sr García Serrano resulta

1) que se proponen como necesarios e inevitables los pecados de lujuria de la juventud (págs. 195 y 302); describiéndose escenas de cabarets y de prostíbulo

Que está salpicada toda la novela de expresiones obscenas e indecorosas

2) aun cuando varios personajes de la novela manifiestan sentimientos religiosos aparecen éstos como algo rutinario con añadidos de sabor escéptico anticlerical  y volteriano aun en labios de soldados nacionales. (¡Pero qué cosas dice su Eminencia Reverendísima, si aquellos guripas peleando en el frente no sabían quien era Voltaire, algunos no habíkan cumplido con la escuela cuando fueron llamados a filas!)

3) decretamos pues que este libro nocivo a nuestra juventud sea prohibido por atentar contra la moral y las buenas costumbres y lo denunciamos públicamente cumpliendo con nuestros deberes pastorales”

La fiel  infantería aparecería años más tarde en una edición de 1964 alcanzando tiradas casi millonarias en la Editorial Planeta.
He aquí un libro que haría rico al editor pero no a su autor el pobre Rafa que moriría, si no pobre como una rata, en su piso de la prolongación del general Mola, aferrado a sus banderas de falange.

Don Marcelino Oreja, otro meapilas del contubernio vasco, el pequeño Marcelino aquel ministro cabezón que ocupó la cancillería de Exteriores y llegó a dar con su rotunda cabeza en un pesebre, cerró la agencia Pyresa y dejó a mi director sin indemnización y sin subsidios. 
A mi ex director le visité varias veces y hasta me concedió una entrevista al ser galardonado con el premio Espejo de España.

Era el mismo de siempre talante alegre los bigotes caídos de alabardero. Publicaba una columna en el Alcázar su único medio de subsistencia algunos de sus artículos pueden calificarse de antológicos y de lectura obligada en las clases de redacción y de la historia de periodismo. Rafael García Serrano era un español de casta bonancible y de gran cosecha de la añada de 1918, tenía una vocecita de clarisa que contrastaba con la virilidad robusta de sus libros, escritor macho que no machista.

Su personalidad nada tenía que ver con la agresividad y aspecto de comecocos el sambenito que le endosaron sus enemigos. Tenía la voz atiplada ya digo y aspecto de viejo soldado de los tercios de don Juan de Austria, que, recogidas sus banderas, se retiró a escribir y a cuidar de su extensa familia, algunos fueron musicólogos y folkloristas acumulando la gran tradición de canción popular instaurada por la Sección Femenina y el más pequeño Eduardo García Serrano es hoy uno de los periodistas con más gancho en el mundo de la Radio.

Su tertulia es de las pocas que merezcan (todo gran trabajo tendrá sus mermas no siempre estoy de acuerdo con sus puntos de vista)   escucharse. Es más elegante y más florido que su padre pero tan ocurrente y pugnaz como él. Un valiente. Se refugió y casi fue el punta de lanza de la Inter aquella emisora fundada por Serrano Suñer siguiendo las normas de la Rundfunk germana. 
Aquellos humildes soldados de la Fiel Infantería que refleja este libro en los campos de Brunete el Jarama la Universitaria o el Ebro por una vez plantaron cara al monstruo de siete cabezas y lo derrotaron.  No `perdamos la esperanza. Semejante proeza humillando a los señores del mundo es algo  que no nos perdonarán nunca y ahí está la maula. He ahí el quid de la cuestión. ¿Podemos o no Podemos? Sea lo que Dios quiera. 

Es ahí donde ha de hallarse la grandeza de este gran libro prohibido escrito en el ardor de la juventud. No estamos ante una gran novela sino ante un cuadro de costumbres que relata las penalidades de unos soldados que soportaron la dureza de las trincheras con alegría y estoicismo. No alcanza los grandes registros de “Madrid de Corte a Checa” o “División 250” y “Cabo de Vara” o “Cuerda de presos”.  Pero es el libro más alegre y más simpatico de cuantos se escribieron en la década de los cuarenta.
Foxá y Salvador fueron los grandes prosistas, y García serrano el mejor cronista porque Eugenio fue un periodista a rajatabla que proclamó la primavera hasta la muerte, de aquella gran generación que fueron la gloria de España, luchando contra viento y marea. En medio de cruel aventura de salvar a su Patria y a quienes la democracia descataloga ahora y niega el pan y la sal.
Con la iglesia hemos topado Sancho.

 
 

1 comentario:

klypeus dijo...

Muy enriquecedor es este artículo... por el cual mucha gente se enterará de

qué gran escritor y patriota fue Rafael García Serrano, que nació en 1917 y murió en 12 octubre de 1988.

Ver

https://es.wikipedia.org/wiki/Rafael_Garc%C3%ADa_Serrano