lunes, 27 de junio de 2016

un periodista testigo de una epoca


EUGENIO SUÁREZ Y EL HOLOCAUSTO

 

Murió Eugenio Suárez (Daimiel 1919-Salinas 2014) ha pasado a la historia como el director del “Caso” ganó mucho dinero se hizo millonario obtuvo en la profesión fama de tacaño jamás pagaba un café. Sin embargo en su primera etapa de la renegaría escribió a mi juicio un libro importante “Corresponsal en Budapest” (lo fue del “Arriba” cuando los alemanes se retiraban de Hungría y de Rumania) que viene a decir que el régimen de Franco  salvó la vida a muchísimos judíos. Testigo de cargo. Estuvo en el ojo del huracán. No fue solamente Sanz Briz ni se trata de una iniciativa personal sino de todo el gobierno en conjunto. La lectura de aquella obra descatalogada me animó a redactar “Franco y Sefarad un amor secreto”. En sus páginas se hacen muchas reservas y se colocan “caveats” a la historia de los campos de concentración nazis algo que hay que aceptar como un dogma de fe. Si lo niegas vas a la cárcel pero el deber de todo historiador es evitar la parcialidad sólo apasionarse por la verdad y la verdad está por encima de los intereses económicos los prejuicios políticos o las claves de un pensamiento único universal. Además de las cónicas húngaras de Eugenio Suárez cotejé los relatos personales de divisionarios de la Azul (Rodrigo Royo, Tomás Salvador, Dionisio Ridruejo, Laín, Berlanga, el mismo Sanchez Covisa hombre integérrimo abogado y fiscal) que disentían de la versión oficial que dieron los ingleses grandes propagandistas del “Shoah” cosa curiosa porque no fueron los británicos los liberadores de Auschwitz sino los rusos que se mostraron más comedidos acaso porque los soviéticos en revancha cometieron tantas o más atrocidades que los nazis. España fue el puerto de salvación a los perseguidos de entonces y se mostró generosa y derramó su ayuda jugándose muchas veces la vida y el prestigio precisamente cuando ni Roosevelt ni Churchill movieron un músculo o pagaron un centavo por salvar a un judío y esa es la tesis que expongo en mi libro. No obtuve sino disgustos amenazas incomprensiones relevamientos sospechas ataques personales (los espías del general Manglano y del general Sanz anduvieron al copo los tuve pegados a mis calcaños) y persecuciones. Suárez se olvidó pronto de su libro renunció a sus principios josé-antonianos y se dedicó a ganar dinero.  

En los años del estraperlo pasó a ser el típico señorito de derechas modelo de tránsfugas que renunciando a sus ideales de juventud pidió el ingreso en el PC. Se lo negó Semprun. Está claro que no era ningún pensador de Falange ningún idealista. Sólo un plumilla el clásico individuo antipático del bigotito de la camisa azul y mirada altanera que se lucraba un buen pasar a costa de la revolución pendiente. Como otros muchos que se beneficiaron de la irrupción providencial de don Juan Aparicio que abrió las puertas del periodismo a cantidad de jóvenes, el manchego entró en los periódicos de la cadena y pronto se especializó en sucesos una sección que daba pocos quebraderos de cabeza.

Mal se lo pagaron pues a don Juan Aparicio aquel gordo bonachón de Guadix al que otros del gremio recordamos con veneración por su benevolencia.  Pero este es el pais de la ingratitud y el chaqueterismo de cloaca. Cuando cambiaron las tornas a partir del año 58 de aquel prócer accitano fundador de la revista el Español y promotor de la Prensa del Movimiento que fue el afrecho donde abrevaron los progres de salón no quisieron saber nada, mudaron la camisa azul por la blanca o se hicieron del Opus. Juan Aparicio trajo de Guadix un jonsismo generoso y perdonador obsesionado con la cuestión social el pan el trabajo y la justicia – sus héroes eran Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo- que tenía que ver poco con José Antonio el Eterno Ausente mucho más citado que leído por sus pedisecuos que fueron precisamente los padres de la casta política que manda en la actualidad.

Para mí este manchego de Daimiel recalado en Asturias era el epitome de la trashumancia  política de mal gusto  chaquetera. Nunca conviene hablar mal de los muertos y Dios me libre del día de las alabanzas pero el colega que acaba de fallecer la víspera de san Silvestre siempre me pareció un poco cara dura. Dios lo haya perdonado.

Tuvo negros y lamerones que le bailaban el agua: Juan Caño y Julio Camarero; con ambos tuve yo encontronazos y anécdotas desagradables.

De la misma manera que Emilio Romero tenía sus incondicionales capaces de partirse la cara por él (Julio Merino, Raúl del Pozo, La Torre etc.) el director de “Sábado Grafico” el que introdujo la prensa de colorines el bulevar las tetas los culos y los divorcios las comidillas de quien se ha muerto quien se acuesta y con quien se levanta y el morbo vende todo su afán era que leyeran sus publicaciones la porteras, practicaba un cierto vasallaje paternalista. Morbo al canto y en esas seguimos hoy. En esta profesión me he encontrado a lo largo de mi luenga vida profesional con los mejores y con los peores lo selecto y lo canalla. No en vano la llamaban la “canallesca” y el conde de Romanones decía:

-Pasen los periodistas y coman

Alguna vez le vi pasear por el malecón de Salinas cara siempre de jefe de mala leche, nariz ganchuda de sabueso de la información y ojos que se te clavaban pues era un gran escéptico y mejor indagador. Grafómano de las 24 redondas blancas cabalgando sobre el teclado de su “Olivetti”. Era refractario al ordenador. Escribió un libro importante aunque escupió sobre su memoria. Creo que fue un buen periodista lo que no quiere decir que fuera buena persona. Nos trajo lo tremebundo del “Caso” y lo cursi del “Hola”. Fue un pionero del colorín, la entrepierna y la maté porque era mía. Descanse en paz

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