martes, 23 de agosto de 2016


CAMARA SANTA DE OVIEDO

 

Reliquias sagradas que conservan el misterio de la historia de España. El año 79 fui a venerarla un día de lluvia. Después me prosterné ante el altar sagrado múltiples veces. Siento un pálpito especial. Ante el altar se arrodillaban peregrinos franceses una familia. Los apóstoles de la imposta seguían imperturbables su conversación de piedra que dura siglos. Una cháchara en éxtasis pero con esa sonrisa inefable de la juventud, parecen misacantanos. San Pedro con las llaves del reino. Y san Juan imbele. La imagen de san Andrés  ostenta una poderosa cabeza coronada de rizos y del aspa de su martirio. No son testas semitas o dolicocéfalas sino braquicefalas, europeas: san mateo y san marcos parecían hermanos mielgos desenrollando el pergamino de la escritura. Y un apóstol a otro le habla con dulzura casi como si le contase un chiste o le hiciera una carantoña. Santo Matías se aparece con el número 24, simbólico guarismo de los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Es el calvo de la cuadrilla. Había tres cabezas decapitadas sobre el arcosolio del pórtico y la cruz de los Ángeles era un ostensorio de esmeraldas, togas largas, técnica de paños mojados con sus plegaduras, un descubrimiento del arte gótico; gestos hieráticos a fe que no eran unos rudos pescadores pero en el cuadro pervive la serenidad y la risa de Israel pido a dios que no sea mofa.

Las estatuas de la cámara santa de Oviedo guardan, a juicio de los expertos, cierta preeminencia e incluso prelación a las del pórtico de la gloria son menos estáticas que las compostelanas, dicho sean sin detrimento del gran escultor de quien solo el nombre conocemos: maestro Mateo.

Eutrapelia eucaristía es el sentimiento que suscita en el espectador esta visión; es el bien sentir y bien hacer entre la humedad de los siglos este pequeño recinto donde se dijeron misas por primera vez para honrar a la virgen Eulalia emeritense. Esta labor de orfebrería representa un excelente trabajo. La mandorla mística, de la cual surge la figura sedente de cristo salvador en medio de un cerco de cabujones del díptico del obispo Gonzaga, asombra. Este es el haz pero en la contrahaz o envés repujado destaca un calvario.

El oro y el marfil enmarcan tales joyas lo mismo que servían de adorno a la urna de san Julián y san Serrano hoy perdidas como la de san Vicente mártir o la de san Eulogio y san Julián santos todos ellos románicos a la cual los muzárabes profesaban una devoción ancestral. "Tomaron las reliquias todas las que hubieron y fueron por Castilla y así la defendieron" (romance del Cid) los huesos del tabernáculo y la lauda sepulcral de Leocadia, me extasío ante la arqueta de las ágatas en torno a la cruz la rosa de los vientos una cabeza de hombre que surge de las alas de un águila enfrentándose a un grifo fabuloso, el cual, mirándolo, bien resulta un toro con alas.

De cómo llegaron a Asturias esa cruz y estos exvotos es una historia que forma parte de una peripecia tan fantástica e increíble como el viaje del cuerpo del apóstol Jacobo a Compostela en una barca de piedra. Al cabo, en la huida de los cristianos extremeños al norte quedaron depositados en Monsacro para su transporte y reposo definitivo a san Salvador de Oviedo. Don Maximiliano Arboleya Martínez deán que fue de esta catedral (sería fusilado en agosto de 1936) refiere en un opúsculo que a raíz de la persecución de Cosroas rey persa contra los cristianos que destruyó Jerusalén por segunda vez algunos huyeron hacia Alejandría  llevando consigo la cruz del redentor. Allí un obispo piadoso Juan el limosnero los acogió. Egipto acto seguido fue arrasado por los árabes y de nuevo los cristianos hubieron de embarcarse hasta Cartagena y de allá fueron traídas nadie sabe cómo hasta el Monsacro. Alfonso II el Casto las expone por primera vez en Oviedo y manda construir la cruz de los Ángeles 808. Fruela II 950 agrega la cruz de las calcedonias y Alfonso VI rey de de castilla y de León manda abrir el arca santa el 13 de marzo de 1075. Y desde entonces hasta la fecha el arca santa ha sido baluarte de nuestra fe superviviendo a guerras fuegos inundaciones, robos, expolios, asonadas y cuarteladas, estas reliquias guardan entre sus joyas el destino de España y demuestran que San Salvador fue el gran foco de peregrinaciones de las cristiandades europeas. Forma parte de nuestro testamento. Quizás tales huesos o el polvo que queda en medio de piedras preciosas sean nuestro salvoconducto y baluarte en la peregrinación de Asturias cuna de España por la historia.

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