lunes, 3 de abril de 2017

BECQUER EN EL MONASTERIO DE VERUELA ENCONTRÓ A XTO








BÉCQUER EN VERUELA BELLEZA DEL CRISTIANISMO

Cerraron sus ojos que aun tenía abiertos. Taparon su rostro con un blanco lienzo- y unos sollozando y otros en silencio de la fría alcoba todos se salieron” estos versos que debieran estar esculpidos en la historia de las literaturas con letras doradas fueron escritos en la fría celda monacal de Veruela. Son el registro más patético que del misterio de la muerte.
Debieron estar inspirados por la joven de Trasmoz que le servía fallecida durante su estancia. Luego el poeta que más y mejor cantó al amor etéreo en lengua castellana y muy enamoradizo las mujeres fueron su gloria y su perdición ▬ sus Rimas y Leyendas era el libro que regalamos, víctimas de una especie de sarampión platónico, a nuestras novias los mozos de mi generación se casaría con su hermana.
Fue un casamiento turbulento y desafortunado.
Los grandes hombres matrimonian con niñas que no son de su condición. Es la eterna dicotomía entre el buen amor del arcipreste de Hita y el amor villano y lunfardo. Celos, gritos, adulterios, hijos que no fueron suyos, broncas, palos. Un artista como él no merecía eso.
La muerte se lo llevó joven al héroe del romanticismo hispano no había cumplido casi los cruenta años. Es la amarga cara  de la moneda.
“Discreta y casta luna
copudos y altos olmos
paredes de su casa
umbrales de su pórtico
La heroína que inspira las rimas becquerianas es una ideal inasible. La poesía del genio sevillano parece condenada a gemir bajo el peso de lo que pudo ser y nunca se realizó.
cuando me lo contaron
sentí el frío de una hoja de acero
me apoyé contra el muro
y un instante perdía la consciencia
donde me encontraba
cayó sobre mi espíritu la noche
y en ira y en piedad
se anegó el alma
y entonces comprendía
por qué se llora
entonces comprendí por qué se mata”
El monasterio de Veruela marcó sus destinos. Allí le salió al encuentro esa belleza del cristianismo que es privativa del catolicismo y del que carecen otras religiones como el judaísmo desde la destrucción del templo  esto quia sea una maldición no le dan importancia al habitáculo desdeñan el lujo exterior pero los musulmanes. Sin embargo, según atisbó Bécquer, fueron los grandes alarifes que contribuyeron a la riqueza artística de Aragón y Andalucía. Teruel es muladí y Zaragoza aljamiada. A lo sumo esa descripción de la vida de los monjes blancos le hace soñar en un pasado cuando los frailes calzaban escuelas e iban a la guerra a caballo combinando el peto y la espada del guerrero con la cogulla monacal. Tropieza bajo el eco de las bóvedas.
Cimbras encajonadas, capillas donde reposa el último doncel de don Enrique el Doliente ▬ Veruela me salió al encuentro cuando pasé por allí con mi mini de regreso de Inglaterra y sentí la llamada de San Bernardo pero no quise hacer caso ay de mí pecador ▬ y de los arcos de medio punto del monasterio el eco de los cantos en gregoriano las misas a la virgen las plegarias y una actividad incesante de roturar los campos sarmentar las vides vendimiar trillar beldar. El vino y la plegaria son partes de esa herencia.
El evangelio guarda arcanos misteriosos que descubre el vate en las noches de luna entre el crujido de las puertas y el resonar de pasos fantasmales por los ánditos y tandas de los claustros abandonados.
Y obra al pie de las estatuas yacentes de guerreros como el condestable Atares al que enterraron de medio lado y aun luce su sepultura los colores medievales de su armadura de guerrear.
Allí una dama más allá la mitra de un obispo al que guardan en su sueño eterno de mármol dos dogos de su jauría inmortalizados en la piedra:

En la imponente nave
del templo bizantino
vi la gótica tumba a la indecisa luz
que temblaba en los pintados vidrios
las manos sobre el pecho
y en las manos un libro
una mujer hermosa reposaba
sobre la urna, del cincel prodigio
del cuerpo abandonado
al dulce peso hundido
cual si la banda pluma y raso fuera
se plegaba su lecho de granito
De la postrer sonrisa
El resplandor divino
Guardaba el rostro
Como el cielo guarda
Del sol que muere el rayo fugitivo
Del cabezal de piedra
Sentados en el filo
Dos ángeles, el dedo sobre el labio,
Imponían silencio en el recinto
No parecía muerta
De los arcos macizos
Parecía dormir en la penumbra
Y que en sueños veía el paraíso
M e acerqué de la nave
El ángulo sombrío
Como quien llega con callada planta
Sobre la cuna donde duerme un niño
La contemple un momento
Y aquel resplandor tibio
Aquel lecho que ofrecía
Próximo al muro
Otro lugar vacío
En mi alma avivaron
La sed de lo infinito
El ansia de la muerte
Para la que un instante son  siglos
Cansado del combate
En el que luchando vivo
Alguna vez recuerdo con envidia
Aquel rincón oscuro y escondido
De aquella muda y pálida mujer
Me acuerdo y digo
¡Oh qué amor tan callado el de la muerte!
¡Qué sueño el del sepulcro tan tranquilo! 

Este es Bécquer inmarcesible. Su lira a cuantos `pensamos y amamos en castellano conserva esa plasticidad del periodismo lírico que estremece. Veruela. El Cister. La Virgen María nuestro norte y guá y aquí topamos con lo inefable algo que sólo entiende el corazón, mas a la razón no se le alcanza.

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