EL LAZARILLO FUE ESCRITO POR ANDRÉS LAGUANA
PRÓLOGO
"Vives semper vivas" y
habría que decir "Doctor Laguna seas inmortal". Literariamente este
médico segoviano que firmaba sus obras de Medicina y de Hierbas con el
pseudónimo del "Segobiensis" era un emboscado que se disfrazaba con
otros nombres de guerra para zafarse de
las sospechas de converso, poniéndose a cubierto de los dicterios del
cristiano viejo.
Uno de sus alias era el de Cristóbal
de Villalón "Viaje a Turquía", obra de rabiosa, actualidad pero el
"Lazarillo" no lo rubricó, igualmente, por miedo a la Inquisición.
El critico francés Marcel Bataillon
demostró que "Viaje a Turquía" es obra de Andrés Laguna nacido
bautizado y criado, hijo de un cirujano, en Segovia, y que está enterrado junto
a la olma de san Miguel dentro de la iglesia del mismo nombre.
Del nido al ovillo, a lo largo de mis
extensas veraniegas lecturas, he vuelto a las páginas del "Crotalón"
y he encontrado sorprendentemente similitudes de estilo, de humor, de aventuras
y desventuras entre los coloquios de un gallo y un zapatero en veinte cantos o
capítulos y las acaecimientos narrados en "La vida del Lazarillo de
Tormes, sus fortunas y adversidades" de autor anónimo. Tales
coincidencias de forma no se dan, pongamos por caso, en las Crónicas de la
Guerra de Granada o en la Propaladia de Diego Hurtado de Mendoza en
quien la crítica histórica ha querido ver al padre de la novela moderna e
inventor de la picaresca. Las desventuras de los personajes del Crotalón y del
Viaje a la tierra de los turcos no sólo parecen las mismas sino que reaccionan
igual y la trama parece seguir el mismo hilo conductor de resignación cabe
padecimientos y contrariedades que les depara su escasa fortuna. Idéntica
sorna, el mismo garbo y escepticismo. En todas ellas alientan la crítica a la
iglesia oficial pero nunca al cristianismo y a las buenas costumbres. Son
tratados de reforma y dentro de la sátira el lector se encontrará siempre con
un sabor moralizante. A lo largo de los capítulos del Crotalón un cura al que
por sus pecados los dioses (pues duro se muestra en sus sentencias inapelables
Júpiter) lo condenan a andar a cuatro patas, primero, sobre las de un cerdo;
luego en las de un asno y por fin en las de un gallo— el pobre clérigo adquiere
la categoría de bípedo y se acerca a la idea de hombre aunque con pluma—. Este
gallo de la quintana a lo largo de la novela dialogada no deja de aturdirnos
con sus bocinazos. El Crotalón es una larga letanía alectoria, disuasoria y
moralizante. Cantos del Barquero mientras el Lazarillo de la crónica del
desamor de un pobre mancebo que sirve a muchos criados y acaba en galeras.
Micilo despierta a la parroquia con
sus fuerte quiriquíes subidos de tono, propios de un erasmista, en crítica
despiadada y, desapoderadamente, incisiva, a las relajadas costumbres de los
clérigos y de las mujeres.
Esto es el crótalo, un instrumento de
percusión que utilizaban las hetairas griegas. Música de castañuelas para el
que las quiera oír. Alertando de su presencia a los eventuales clientes cuando
pasaban por las calles de Atenas. Al guía del ciego le tocó hacer sonar las
tablillas de san Lázaro.
"La Vida de Lázaro de
Tormes" ha sido atribuida a Diego Hurtado de Mendoza, el autor de las
"Guerras de Granada" militar y embajador en Roma que
representó a España durante las sesiones del Concilio de Trento y en sus
archivos se encontraron unos papeles con correcciones de imprenta a los textos
de la gran novela picaresca, según demostró reciente la filóloga catalana
Mercedes Aguilló.
Sin embargo, y sin animo de
menoscabar su labor de varios lustros desentrañando papeles y escudriñando
ligarzas por todos los archivos del mundo, y, sin deseo de entrar en polémicas,
pues digo lo que dijo Sancho al tomar posesión de la Ínsula Barataria "desnudo
nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano", a la investigadora catalana se
le olvidó un detalle importante: obvió decir que Andrés Laguna era amigo
personal, protegido y residente en su casa, de Hurtado de Mendoza, cuando fue
nombrado médico de cabecera del papa Alejandro III. Casi con toda seguridad las
correcciones que revisa son del texto del Lazarillo, escrita por su amigo. Pero
la dio a los tórculos sin firma auténtica.
Es esta etapa italiana, su época de
catedrático de Anatomía en Bolonia, la más productiva del Segobiense. Entonces
fue cuando se decidió a escribir en castellano porque anteriormente el cúmulo
de sus escritos los había vertido en latín. ¡Y qué latín y qué castellano,
madre mía! Acre y rotundo como las hojas del árbol del picapica. Que así
llamamos a los frutos de este arce que crece en las riberas del Eresma.
Volver al Discorides es (porque allí
el lector se topa con plantas que curaban y hierbas que Laguna cuando era guaje
recolectaba por las parameras de Tejadilla) reencontrarse con esa calidad y esa
llaneza del habla de los segovianos del siglo XVI que siempre tuvimos a gala
llamarle al pan y al vino, vino.
He aquí que este buen europeo y gran humanista "el
segoviano errante" que recorrió las cortes de Enrique VIII, fue amigo de
Erasmo en Flandes, galeno de fama reconocida en la Sorbona y catedrático en
Bolonia, no se muerde la lengua.
Se alza como gran defensor de la fe
católica frente a Lutero y postula una reforma de costumbres. Es un hijo de la
raza, vástago de la estirpe, que alentó en nuestra ciudad. Su padre, que
provenía de la aljama de Burgos fue bautizado por el capellán de la Reina
Católica. Yacen los restos de Laguna con los de su padre Lucas Fernández Laguna
en un capilla de la iglesia juradera de San Miguel junto a la Plaza Mayor. Toda
su obra está empañada de un tinte profético. El "Viaje a Turquía"
plantea temas de hoy cuando Turquía vuelve a situarse en candelero de actualidad.
En ese libro analiza el autor las
costumbres otomanas sin haber pisado jamás las calles de Istambol únicamente
exhibiendo las profundidades de sus conocimientos librescos. De la misma
forma, se conserva otro texto que
redactó en latín " Europa Heautemtimorumenos", (el que a sí
mismo se auto flagela) glosando una comedia de Plauto, donde los personajes
tienen la manía de atormentarse a sí mismos podía formar parte de los debates
que entablan ahora los tertulieros acerca del Brexit o la amenaza yihadista.
¿No es este un mensaje para los europeos de 2016? Adonai concedió a su pueblo
el don de profecía y el amor a la ciencia a través de los universales y la
palabra. Tal vez el Sion de ahora tenga poco que ver con el de los profetas
pero estos son enigmas de la historia y doctores tiene la Iglesia que diría el
P. Astete. Por ahora bástenos saber y tengamos por cierto que el Lazarillo,
inmortal sátira y todo un galardón de la mentalidad picaresca de los españoles,
fue seguramente escrito por el galeno de Segovia que murió relativamente joven
a los 58 años, fue protomédico del emperador Carlos V y dedicó sus libros a
Felipe II.
Soy consciente que estoy sirviendo a mis lectores toda una
"bomba" que estallará entre mis manos y herirá los sentimientos de
esos muchachos de buena crianza, de esos caciques culturales que en el mundo de
nuestras letras, disimulando su pereza mental o su impotencia y su fracaso,
pues acostumbran a caminar por senderos trillados, conque se rasgarán las
vestiduras al ver mancillada su sensibilidad autoritaria. Mansuetos personajes.
Mandarines de la literatura. Me van a disparar con bala. Sé que no soy santo de
su devoción, por impolítico, y a redropelo de sus creencias venerables, pero a
mí siempre me gustó ir a mi aire. Escotero. A pecho descubierto lo que es muy
peligroso en un país aquejado del morbo visigótico que es la envidia. Yo nunca
me hice de los godos y me hice pasar por lo que no soy, como el Guzmanillo al
cual mantearon en Génova por hacerse pasar por hijo de un grande de España. Yo
he sido siempre un "slinger" un "freelance" durante mi vida
profesional que fue el periodismo. Cierftamente, el Lazarillo de Tormes, si se
cotejan los giros, el donaire y las similitudes en lo formal y en la carga
conceptual, en el mensaje, se comprobará que ambos textos nacieron del mismo
nido y volaron con las mismas plumas. Existe entre estas tres obras: —Lazarillo,
Crotalón, Viaje a Turquía, — una anónima, y dos seudónimas, sorprendente
paralelismo
CAPUT I
ANDRÉS LAGUNA, AUTOR DEL LAZARILLO. POR CINCO
RAZONES
Uno de los enigmas de la literatura castellana es
la autoría de la gran novela que inaugura el género picaresco. La cual no fue
suscrita por razones aducidas anteriormente pero la crítica moderna a través
del erudito francés, Marcel Bataillon, identifica a Andrés Laguna
con Cristóbal de Villalón que fue el autor de Viaje a Turquía. Y demuestra con
rotundidad que eran la misma persona. A su vez, la archivera barcelonesa Mercedes
Aguiló, y que vive desde hace
años en el Puerto de Samtamaría trabajando en el archivo de la Duquesa de
Medina Sidonia, atribuye la paternidad del Lazarillo a Diego Hurtado de
Mendoza embajador del emperador Carlos V en la Santa Sede, basándose en las
correcciones a una copia u original del texto que parecieron sin firma en el
archivo de Bolonia. Esta investigación, tan meritoria como exhaustiva, a nuestro
juicio la consideramos errónea, porque no se tiene en cuenta que el escritor y
médico segoviano autor de otras obras tan señaladas como el Dioscorides,
vivía en la casa de Don Diego en calidad de cirujano y medico del Papa.
1.- El estilo del Lazarillo está muy lejos del de
las crónicas sobre la guerra de Granada de Hurtado de Mendoza, un libro
circunspecto y de tono elevado aunque de un gran valor histórico porque refleja
la pugna de la corona de Castilla para someter a los moriscos. 2.- Sin
embargo, en la forma de redactar y en la riqueza expresiva y por la propiedad
de su lexicografía, Lázaro de Tormes habla de una forma casi paralela a como se
expresa el Gallo Micilo en el Crotalón o en el mismo tono desenfadado
del narrador del Viaje a Turquía.
3.- Se trata de tres obras
escritas en castellano como divertimento a las sesudas observaciones del
Dioscorides sobre medicina, nociones farmacológicas y anatómicas, sin olvidar
sus andanadas contra la corrupción eclesial, que Andrés Laguna dio a la
estampa en latín, publicándolas en Amberes, Londres, Bolonia y Paris. 4.- El Crotalón
y el Lazarillo ponen en solfa las ideas erasmistas y de reforma de la
iglesia anterior al concilio de Trento a cuyas sesiones asistieron Diego
Hurtado de Mendoza como embajador pontificio y Andrés Laguna en calidad de
facultativo de cabecera de Su Santidad.
5.- Si Lazarillo sirve a un
clérigo, a un buldero y a un hidalgo, Micilo entra como fámulo en el
palacio de un obispo que le ordena de presbítero: "cansado de esta
miserable y trabajada vida, fuime a ordenar para clérigo, después de haber sido
mozo de ciego. Gané su voluntad con seis conejos y otras tantas perdices que
llevé al provisor, y, ansí, mascando un Evangelio que me dio a leer y,
declinando al revés un nominativo, me pasó. Le dijo al escribano que me había
de ordenar: andai que es pobre y no tiene para vivir"... "Y elegí ser
sacerdote que es gente sin ley... mi padre me encomendó como criado y monacino
(acólito) de un capellán que servía un beneficio tres leguas de acá... En ninguna
cosa muestran estos capellanes ser aventajados sino en comer y beber en lo cual
no guardan tiempo ni medida ni razón. Con él estuve dos años que me enseñó a malhacer
y malpensar y mal perseverar. A leer me enseñó lo que él sabía, que era
harto poco, y a escribir una letra que parecía sino era arado el papel con
patas de escarabajo. Yo era buen mozo de quince años y entendía que, para no
ser tan asno, como mi amo, debía saber algo de latín. Y ansí me fui a Zamora a
estudiar alguna gramática" (Argumento del IV Canto del Gallo.)
Compárense estos párrafos con alguno que aparece en
los capítulos del Lazarillo, y se comprobarán que son identitarios,
tanto por el donaire y desenfado de la sátira, como su acerba critica a los
curas disolutos. Existe un parecido sorprendente. Parece un libro de hoy. Sin embargo, y a vueltas tras de lo mismo, el
Lazarillo fue atribuido a otros literatos. Uno de ellos fue un franciscano de
Alcalá, el cual siguiendo la tradición de la época como ocurrió con el
Cervantes de Avellaneda, el Marcos de Obregón de Espinel y el Guzmán de
Alfarache de Mateo Alemán, los cuales todos ellos tuvieron continuadores de
alubión, aprovechando el tirón de popularidad que alcanzaron dichos textos en
la España del siglo de Oro, voló sobre
estos textos el cuco, robándole los huevos a la madre verdadera bajo
nombre supuesto. Del franciscano de Alcalá se sabe poco aunque dentro de las
posibilidades del refrito es de un tenor
donoso. Porque los españoles somos todos
un poco criaturas hechas a la medida del Lazarillo
“La caridad subió al cielo y quedamos
a medias noches… ay, Lazarillo, que el gran secreto para vivir mucho es comer
poco… si esas tenemos, mi amo, yo seré inmortal” son frases que suenan en
mi memoria y el eco de la voz gangosa de aquel canónigo don Tirso que nos daba
preceptiva literaria en el seminario de
Segovia y no se oía una mosca cuando él con no poca facecia y mucha vivacidad
nos leía pasajes de esta obra inmortal al final de la clase. Aun resuenan los
dictados rotundos y compasivos entre la crudeza y la compasión del espiritu
nacional y ese carácter gnómico y senequista que caracteriza a los españoles.
Que todos somos hijos del Lazarillo, que es tanto como decir "de la
piedra". Un poco santos y pecadores. Galloferos e inocentes más que un
cubo. Piadosos y descreídos, a medias entre don Pedro el Cruel doña Juana la
Loca y don Enrique el de las Mercedes o don Enrique el Impotente que debía de
ser un tío imponente. A su vez, tacaños y de una irritante generosidad y un
poco parecidos por lo estirados y solemnes que ese hidalgo de Toledo (el tercer
amo), quien, para disimular que comió, se espovoreaba una cuantas migajas de
pan sobre la pechera, pero también follones y truculentos, crueles y
misericordiosos a un tiempo, matasietes y valentones entre nosotros y
cobardicas con el extranjero, pero un pueblo vital, casta de hidalgos y de
truhanes; todo al de por junto. Escépticos y a veces demasiado crédulos. Por
eso nos engañan y acabamos luchando contra los molinos de viento. No tenemos
cura. La obra escrita el año 1525 cuando entre el emperador Carlos V en Toledo
retrata el carácter y la vida en Castilla la Nueva, tierra de conversos. Ya lo
advierte, cuando al cabo de la calabazada contra el toro de piedra a la entrada
del puente del Tormes en el dialogo entre el ciego y su escudero, cree escuchar
adentro en la barriga del buey el sonido de las olas del mar y atienta los
cuernos que le han de acompañar toda la existencia. Son su sino pero, para
curar las heridas de aquel cabezazo, el maldito ciego con sopilla utiliza el
vino como ungüento. Otro vaticinio. A veces un vaso de buen clarete sirve de
bálsamo a las puñaladas que da la existencia y van dejando un poso en el alma.
El héroe a redropelo de la crudeza de su
primer amo, no le guarda ningún rencor puesto que le está reconocido y lo tiene
por maestro ya que las consejas, avisos y refranes del ciego le sirven para
graduarse en la universidad de la vida. Lázaro de Tormes representa a la España
de los de abajo, el hombre común sin alcurnia, que será un sempiterno aprendiz
de la sabiduría de la calle, lo que denominan en Manhattan street wisdom.
Sin embargo tiene que vengarse de su primer amo por el coscorón del puente y el
golpe brutal que lo deja desdentado, cuando, ingeniándosela con el vino, perfora
un agujero en el jarro que tapa con cera y absorbe luego absorve el tinto interior mediante una
pajilla. En medio de sus transportes etílicos cuando estaba probando las
delicias del paraíso de Dionisio con la mano del ciego que le estampa el jarro en
la cara ve las estrellas y baja a las cavernas infernales del Leteo. Era una
técnica de la pedagogía medieval utilizar el dolor y la burla como medio de
aprendizaje. La letra con sangre entra. Lo veremos en el Buscón, en Guzmán de
Alfarache, en el "Donoso" de Alcalá, en Espinel y en todos los
autores que han cultivado la novela picaresca, un género autóctono español. Al
pobre zagal se le quebraron a causa del golpe un colmillo y un par de muelas.
Ir por lana y quedar trasquilado. Beber a morro y quedarse sin dientes:
— Lázaro engañado me has
—Tío, no oliste el poste como oliste la
morcilla— contesta el infuriado. Ahí te quedas.
Era la venganza. Así que deja tirado al
mendigo en Escalona en medio de una tormenta. Llovía a mares y había que
buscarse la vida.
Protagonista de este maravilloso
librito, una verdadera joya historico-literaria y una obra de arte, es el
hambre y la carestía en que viven los españoles en su tiempo más glorioso. La
acción pivota en torno a las andanzas de un hijo de la piedra o un hijo del
arroyo porque literalmente nació a orillas del Tormes de una pobre mujer que,
muerto su marido en la batalla de Orán en 1510, ha de azotar la calle teniendo
que amancebarse con un negro del que le nacería a Lázaro un hermano mulatillo.
Los golpes y los desengaños que da la vida marcan el contrapunto a la trama que
es una crónica de desventuras que han de ser aceptadas con paciencia y
resignación cristiana pero sin desesperar y sin perder el buen humor y esa
zumba o mala sombra que tienen los grandes libros escritos en castellano: El
Quijote, el Buscón, El Libro del Buen Amor... todos ellos andariegos y de y de
trato ambulante. El genio castellano se nos mostró siempre peripatético Su
autor va haciendo circular el espejo a lo largo del camino. La ruta es de
Salamanca a Toledo con paradas en Escalona, Méntrida, Borox, Torrijos. Se nos
dice que los toledanos son más ricos que los castellanos pero menos limosneros.
Se hace una critica de la Iglesia y de
las costumbres de la época. El siglo XVI a decir de los historiadores fue el
del amor pero aquí falta mucho de eso y sobra gazuza. En el instinto de
conservación del ser humano lo primero es atender a las necesidades de
alimentación. La reproducción es secundaria o se da por sobrentendida. A él
solo acceden los poderosos, los que han la barriga llena o tienen derecho de
pernada, los poderosos y no se daba importancia a lo de ajuntarse con fembra
placentera por el relajo y la tolerancia de costumbres. Más difícil era haber
mantenencia que buscar coyunda. Tampoco hay paisaje ni descipciones galantes
pero sí bastante propospopeya y prosopografía (descripción de las caras de los
personajes que aparecen.)
Esa es la primera conclusión que sacamos
de la lectura de esta novela donde no hay sexo y la trama es la aventura. Todo
sucede un poco a la buena de Dios. Su último amo un arcipreste probablemente de
Talavera le obliga a casarse con su sirvienta la cual había ya parido del cura
tres veces. No hace el pobre desdichado ascos a cargar con la manceba del
presbítero con tal de tener un lecho donde guarecerse y comer caliente,
olvidándose de su honra y las hablillas de qué dirán aun teniendo que pasar
“algunas malas noches en vela esperando a su mujer que no salía de la rectoral
hasta los laudes” cuando inician el primer reclamo del día las alondras. De
esta forma tan sutil indica el género de vida que llevaba su parienta: era
prostituta. Tuvo que poner oídos de mercader a las murmuraciones y dar de lado
a “sospechuelas” —más que sospechas hechos irrevocables— y cantar aquello de:
—Uvas tiene uvas tiene la parra del
cura; uvas tiene, a ver cuando maduran.
Cuernos van y cuernos vienen y se
acuerda lo que le dijo el vil ciego cuando le sacudió la morrada contra el
cornúpeta de Salamanca y comprendió cuál sería su destino. Pero más cornadas da
el hambre. Él sabe reírse de su infortunio. Esta actitud en aquella España de
alcurnias donde la honra era más importante que la vida debió de sonar a
herejía pero con el “Lazarillo de Tormes” se está iniciando la novela moderna
El libro parece planteado para un
recorrido más largo y muchos más capítulos. Después de abandonar al mendigo
invidente la acción se precipita y algunos capítulos como el del mercedario muy
andariego ya que “gastaba más en zapatillas que todo el convento” quedan
cercenados o de vivo intento o por miedo a la inquisición. El autor conocía
bien la vida y milagros de las órdenes mendicantes, muy cuestionadas a la sazón
y que causarían muchos desvelos al cardenal Cisneros. De esta orden saldrían un
grupo de predicadores que iban por los pueblos atacando la corrupción de
costumbres y pregonando que el emperador Carlos V era el anticristo, un
movimiento comunero reformista que cala en el clero regular sobre todo en
Segovia y en Toledo donde Bravo y Maldonado fueron los cabecillas de aquel
movimiento, instigado por los Mendoza, una familia de nobles conversos. Ellos
fueron los patrocinadores en la corte de los Reyes Católicos y del emperador
Carlos V, los que arroparon a los judaizanes. Laguna se encontraba en el cupo de
inelectuales protegidos. El Lazarillo fue escrito, insistimos, después de la
derrota de Villalar y se nos recuerda que el padre del protagonista fue muerto
en Guelbes por lo que debió de formar parte de la expedición a Argel de
Cisneros. Una guerra interna estalló en los conventos franciscanos, los
claustrales relajados y los observantes más estrictos de la Regla del de Asís
que arremeten desde el púlpito contra la simonía, la crueldad, y los embustes de los curas de aldea. Esto
explica por qué Lazarillo al clérigo de Maqueda nos lo describe como mucho más
bestia y taimado que el propio ciego “Escapé del trueno y di con el relámpago”.
El personaje es un anticipo del Domine Cabra quevediano, avaro, vil,
desconfiado, hipócrita (el pasaje en que cuenta los bodigos mientras canturrea
responsos o celebra misas porque era de los que hay que estar al santo y a la
limosna es uno de los pasajes más hábiles y castizos de toda esta crónica de
desaires) de malas pulgas y peor trato. Lázaro consigue burlarle fabricándose
una copia de la llave que abre el arcaz donde el miserable guarda sus bodigos
todos contados y bien contados pero con tan mala suerte que la llave que se
introduce en el paladar lo delata una noche al roncar y hacer pasar el aire por
la llave que se convierte en un delator silbido. El cura cree que es una
serpiente contra la que quiere descargar tal golpe que deja muy maltrecho y
quebrantado al pobre fámulo. Éste se consuela con algunas reflexiones
filosóficas nos cuenta Lázaro pues la novela está escrita en primera persona
—senequismo hispano— “cuando la desdicha ha de venir por demás es diligencia”;
esto es no se puede luchar contra el destino inevitable. Otro detalle: el cruel
sacerdote al despedir a su sirviente por robarle el pan del arca hace la señal
de la cruz “como si yo estuviese endemoniado”. Debía ser el párroco de Maqueda
poco caritativo. Humanamente nada fiable y en lo social poco recomendable. El religioso reformista que lo da a la
estampa por encima de las pendencias y trifulcas entre observantes y
claustrales que conmueven a los frailes menores en aquel entonces. A lo largo
de sus capítulos realiza un atestado y una diagnosis sobre la Castilla del XVI
poco antes del Concilio de Trento y la contrarreforma, uno de cuyos focos de
irradiación es la ciudad del Henares en la cual se graduó el Doctor Laguna.
También Segovia comunera. Por sus páginas desfilan alguaciles, verdugos,
porquerones, corchetes, curas de misa y olla, bulderos, maravedíes, blancas,
echacuervos, del hambre y el frío que pasaban en aquellos pueblos, quebrando el
ojo al diablo a lo mejor cada quince días en ayuno perenne, de putas,
mesoneras, bodegueras, turroneras, de ensalmadores, hidalgos de gotera que no
tienen donde caerse muertos.
Se nos habla de sisas, embelecos,
advertencias, alusiones a Plinio pero tambien de recetas culinarios como era el
moreto o almodrote (queso, ajo, aceite que se echaba en las salsas) de las
espadas de Cuellar, y de visitadores corruptos que predicaban la santa cruzada
y prometían la vida eterna y la exención del ayuno a cambio de dineros. La fe
sin obras que proclamaba Lutero. Ante la mirada del autor pasa todo un pueblo.
Y traza un retablo de crítica social desde la óptica del donaire. Al que le
atañe el dicho de jodidos, bien requetejodidos, gente enrevesada de moriscos
cristianos judios y contrajodidos pero contentos. La prosa del libro de fácil
lectura aún a día de hoy alcanza los mayores registros del castellano y es
inimitable tanto en su aspecto exterior o forma como por su garbo interior o contenido,
que es la clave del libro.
Hijo de padre soldado y madre puta a lo
que se ve el inmortal protagonista fue uno de los muchos huérfanos que dejaron
las guerras de religión en Europa. Se adiestró con el ciego, aprendiendo las
mañas de la calle, el arte de la supervivencia y la maldad. Iban pidiendo por
los descampados, sentándose a la puerta de las iglesias donde su amo que se
sabía más de cien plegarias, recitaba la oración del Justo Juez a la puerta de
las catedrales, siendo recompensado por los alardes de su voz gangosa y ojos
moribundos. Y mucho te quiero poquito, pero de pan poquito. Reciten vuesas
mercedes la confesión general que yo las encomiendo a las Ánimas
De este libro la protagonista es el
hambre. Sabemos que en Toledo vivía gente la más rica de Castilla pero era poco
limosnera. El mendigo y su acompañante se hartaron de uvas en Morox (Almorox).
Vid, vida. Se sentaron al borde de un camino en este pueblo de nombre moro y se
dieron un atracón de pintonas valencianas y hasta agraces haciéndole un corte
de manga al Profeta que prohibió a los devotos del Corán que se abstuvieran del
fruto de la vid.
El Lazarillo de Tormes no es tan sólo
una crítica contra la Iglesia sino un
canto a la libertad, a la alegría de vivir vagando por las suertes de Castilla,
aceptando con resignación los sinsabores y amarguras que deparan los viajes a
ninguna parte. Por mis maldades me vinieron no pocas persecuciones,
reconoce el mozo. Busca consuelo por las tabernas y las cicatriceras o
cantineras que venían jubiladas de los tercios viejos. Estas santas mujeres
curaban a los esforzados mílites de los males del alma y las necesidades del
cuerpo. Por otro nombre se las conocía como soldaderas. Estas bravas
hembras de la raza iban al frente y compartían las miserias, los sufrimientos,
los piojos de la inmortal infantería española, siendo mujeres de todo, mitad
esposas mitad hermanas. El lector irá al encuentro de los barracheles
fementidos, enemigos de aquellos pobres licenciados de los Tercios Viejos. El
barrachel era el corchete mayor en las villas castellanas, el jefe de los
alguacilillos... Narra los naufragios y surge aquel portugués que en medio de
una tormenta cuando la galerna rugía y la nave daba bandazos, llevando consigo
un saco de nueces. Se las comió una a una y dijo:
—Será
la última de mi yantar.
“La caridad subió al cielo y quedamos a
medias noches… ay, Lazarillo, que el gran secreto para vivir mucho es comer
poco… si esas tenemos, mi amo, yo seré inmortal” son frases que suenan en mi
memoria y el eco de la voz gangosa de aquel canónigo don Tirso Rodao, que nos
daba preceptiva literaria en aquel viejo caserón del Seminario de Segovia, y no
se oía una mosca cuando él con no poca facecia y mucha vivacidad nos leía
pasajes de esta obra inmortal al final de la clase de Preceptiva Literaria,
poco antes de bajar al refectorio a desayunar (¡qué hambres, Dios, cuanto dolor
de tripas!) resuenan rotundos y compasivos entre la crudeza del espíritu
nacional y ese carácter gnómico y senequista que caracteriza a los españoles.
Que todos somos hijos del Lazarillo. Un
poco santos y un poco bellacos. Galloferos e inocentes, más que un cubo.
Piadosos y descreídos, a medias entre don Pedro el Cruel doña Juana la Loca y
don Enrique el de las Mercedes, tacaños y de una irritante generosidad y un
poco parecidos por lo estirados y solemnes domines, imitando a ese hidalgo de
Toledo (el tercer amo) que para disimular que comió se echa unas cuantas
migajas de pan sobre la gola; pero también follones y truculentos, crueles y
misericordiosos a un tiempo, matasietes y valentones entre nosotros y
cobardicas con el extranjero, pero un pueblo vital, casta de hidalgos y de
truhanes todo al de por junto. Escépticos y a las veces demasiado crédulos.
Por eso nos engañan los extranjeros y
acabamos luchando contra los molinos de viento. No tenemos cura. La obra
escrita el año 1525 cuando entre el emperador Carlos V en Toledo retrata el
carácter y la vida en Castilla la Nueva tierra de conversos. Ya lo advierte
cuando al cabo de la calabazada contra el toro de piedra a la entrada del
puente del Tormes y el escudero cree escuchar adentro en la barriga del buey el
sonido de las olas y atienta los cuernos que le han de acompañar toda la
existencia. Son su sino pero para curar las heridas de aquel cabezazo el
maldito ciego con sopilla utiliza el vino como ungüento. Otro vaticinio. A
veces un vaso de buen clarete sirve de bálsamo a las puñaladas que da la
existencia y van dejando un poso en el alma. Por ejemplo, en El Estebanillo
que es hermano gemelo del anónimo Lazarillo aprendemos que de una borrachera
estuvo 40 horas de ayuno, dos días pues de resaca sin bajar al refectorio.
El mozo del ciego un punto ha de saber
más que el diablo. “Hijo, Lázaro- dijo el ciego- sé que no te he de ver más”.
Así fue. Ahí te quedas. El guía del pordiosero se vengó por lo del cabezo y el
golpe del jarro que le rompió tres dientes. Lo abandonó en el paso de un río a
merced de la corriente.
—Morra Marta e morra farta.
Este pasaje es lugar común en las
novelas picarescas. Mateo Alemán, El Estebanillo y Marcos de Obregón lo
mencionan. La novela picaresca es una novela de aventuras al revés. Libro de
infortunios inspirados en las penurias que los galeotos y otros condenados han
de padecer. Tormes en las mismas circunstancias de navegación en borrasca da
cuenta de una pipa de moscatel que llevaba el barco en la bodega. La resaca le
duró dos días. Muera Marta y muera harta. Si hay que ir al trasmundo vayamos
alegres y contentos con el vigor que infunde en el cuerpo la malvasía de un tonel.
Náufragos, derrotados de la vida que se alistan de romeros a Compostela. La
peregrinación era una forma de picaresca. Contra ella arremete Pedro de
Urdemalas en las primeras páginas del Viaje Turco" el camimo real que
lleva al cielo son los diez mandamientos y cumplir la Ley de Dios a maza y
escoplo".
Muchos de ellos acabarían con la pihuela a los
pies con la tralla del rebenque ululando sobre sus cabezas, la voz de los
cómitres y los porvidas del arráez. Cía. Cia. Bogar y bogar. Eso es la vida.
Esta novela es un retrato de la vida misma contada por un forzado, en
fraternizad con los atunes. “El agua es lo que menos me gustaba”. Ya sé que
abomina del diluvio y prefiere lo que nos legó Noé. Y no faltan las buenas
consejas:
—Sois como la encina que no dais
bellotas sino a palos- decía un cómitre
—Celos es enfermedad de locos. Pues esto
de los hijos es cosa de aprensión. Muchos aman a los que piensan ser suyos sin
ser dellos más que de nombre. —Cornudos, sed pacientes
Toda una filosofía de vida. En realidad
el pícaro es un místico que se desprende de las cosas del mundo, del poder, de
la gloria, del sexo, el oro. Circula por los caminos que conducen a la imperial
Toledo con esa filosofía, producto del dexamiento. Nada merece la pena.
Nada es importante. Le salen encuentros bellacos y mondongueras (las gordas de
la ciudad imperial) las mulas del diablo que son las coimas de los arciprestes
y arzobispos andando por casas llanas y tabernas.“A todas contaba mis cuitas”.
"Unos se dolían. Otros se burlaban de lo mío”. Conoció cofradías de
verriondas o las putas del camino. Monjas del amor en la casa del poco trigo;
el alfolí estaba cerrado a prueba de ratones y de ladrones. Por ahí cabalga
Juan Pito. Todos se ríen de él. Quiso hacer el Tajo navegable. Debía de ser Juanelo.
Otro motolita. En cada lugar hay un tonto de oficio. Riámonos de él a destajo.
El mozo se arrimaba a los eclesiásticos por ser gente, casera, secreta y rica.
Sirve a un ermitaño que era padre y cuando le preguntaba pues cómo, él
respondía que es voluntad de Dios que el hombre no esté solo. Otra invectiva
contra el celibato. Según las últimas noticias, han encontrado un documento en
que dice que Cristo estuvo casado con una de las santas mujeres. ¿Será un rollo
como el de los manuscritos del mar muerto todo un ataque a la línea de
flotación de la barca de Pedro o una verdad? De verdad tiene sus visos porque
en el mundo judío en el que vivió Jesús sólo quedaban fuera del matrimonio los
impotentes y los tarados pues era aquella una cultura patriarcal. A ver si va
llevar razón el Lazarillo en su soflama feroz contra la hipocresía y
perversidad de ciertos ensotanados.
“Las hice mas monerías de gata triguera
a un alcalde y más promesas que el que navega en borrasca”. Por doquier,
estudiantes y frailes cucarros prófugos de su Regla, pero sobre todo soldados
de leva, que eran el terror de los campesinos y el pavor de las mozas, y se
lamentan de sus caudales vacíos:
—Oh dineros que no sin razón la mayor
parte de los hombres, no sin razón, te tienen por dios. Tú eres la causa de
todos los bienes y el que acarrea todos los males.
Esta exclamación es un remedo que en su
Libro del Buen Amor, acaso el primer gran ejemplar de la literatura picaresca,
que dijo de la Ciudad Eterna: “yo vi allá en Roma do es la Sanctitá que todos
al dinero facían homildat".
No apunta sus dardos contra la Iglesia.
Su sátira se dirige hacia los clérigos. El peor amo que le tocó en suerte fue
el capellán de Maqueda con el que toparon mis pecados. No sólo le mataba
de hambre pero al enterarse que le robaba el pan del arca y los bodigos de las
mandas le pegó una paliza que a punto estuvo de matarlo. Inmortal y ocurrente
es el episodio de la llave que guardaba Lazarillo entre los dientes. Una noche
empezó a pitar en sueños y el cura se levantó de la cama y entró en el aposento
armado de una estaca. Vive Dios que creía que era una serpiente la que silbaba.
No hay tal cosa en el mundo para vivir mucho que comer poco. Por dicho de eso,
yo nunca moriré. El eje de la marcha de la acción es el estomago y las tripas
insatisfechas y siempre regoldando, muy cantarinas ellas y poco contentas son
las telarañas de la inedia. Nunca confundirás, chaval, el hambre con las ganas
de comer.
Pero cuando la desdicha está de venir
sobra cualquier diligencia. Es la sabia reacción del pícaro ante su infortunio.
Aprende el niño a pedir con baja y enferma voz y desparrama buenos consejos a
lo largo del libro. El buen aparejo hace buen artífice. Quebremos el ojo al
diablo. Digotelo yo. Ojo, Pablos que asan carne. Y este mendrugo pa
endispués.
El libro es un reportaje de la vida en
España secular en sus grandezas y miserias pero campa la fuerza y el ingenio.
Cruzan por las páginas hidalgos pobretones, preclaros varones en la ruina,
mendigos, bulderos… el buldero era el mayor cuentista que vi ni ver espero.
Estamos ante el libro de un converso que se mofa de aquellos clérigos errantes
que venían desde Roma a vender indulgencias. Prometían el perdón de los pecados
a cambio de sumas de dinero. El asunto se iba a convertir en piedra basal de la
teología protestante. Esta venalidad tiene poco que ver con el Espíritu Santo;
son añadidos, prótesis, pegotes temporales que nada han de ver con la
iluminación trinitaria que hace navegar, viento del Espíritu, que sopla, y a
veces recio, por en medio de mares aborrascadas la nave de San Pedro. Buenas
son las cuadernas, las quillas, el velamen, los palos de mesana, pero harán
falta dineros y ahí entran las apetencias de poder, la codicia y la ambición
humana. Lutero quizás llevara razón en parte a través de sus demoledoras
críticas al Vaticano y las denuncias simoníacas.
Sirve a un capellán y a un aguacil y a
un ermitaño que hacía penitencias pero cuando no le veía nadie bajaba a ver a
su coima en la ciudad disfrazado de peregrinante a Compostela. Tenía una larga
familia con aquella mujer. Otra crítica al celibato. Pero quien bien tiene y
mal escoge, por mal que le venga no se enoje. El summum bonum de la dicha
sería para Tormes comer como fraile convidado, beber más que un saludador e ir
vestido con el lujo de un teatino. Su realidad era mucho menos hermosa. El
arcipreste del Salvador ratonaba el pan. Era muy avariento y cruel aquel
sacerdote.
El héroe a redropelo de la crudeza de su
primer amo, no le guarda ningún rencor puesto que le está reconocido y lo tiene
por maestro ya que las consejas, avisos y refranes del ciego le sirven para
graduarse en la universidad de la vida. Lázaro de Tormes representa a la España
de los de abajo, el hombre común sin alcurnia, que será un sempiterno aprendiz de
la sabiduría de la calle, lo que denominan en Manhattan Street wisdom.
CAPUT II
VILLALÓN
EN DEFENSA DE LAS MUJERES Y EL AMOR LIBRE
En la gran biblioteca de Diego Hurtado de Mendoza que regaló
a Felipe II y daría pábulo tiempo adelante a la creación de la Librería del
Escorial, un verdadero patrimonio de la humanidad, el doctor Laguna abrevó sus
sueños familiarizándose con los clásicos. Don Diego fue protector de conversos
y uno de los personajes fundamentales en la España Imperial. Trento. A la muerte
de Carlos V, su heredero inicia una política de total sumisión al papado, lo
que da lugar a las guerras de religión. Felipe II no agradeció esta lealtad de
su vasallo y embajador en el Vaticano que moriría desterrado en su Granada
natal en medio de crueles suplicios. Hubieron de amputarle una pierna
gangrenada. Su confesor el dominico fray Domingo Soto también segoviano dijo
que el ilustre soldado tuvo una muerte santa.
En una primera época de juventud, el escritor segoviano
recién licenciado en Artes y en Anatomía por Salamanca (es posible que tomase
órdenes sagradas puesto que no se casó, un hermano suyo era canónigo de la
catedral de Segovia y otro llegaría a obispo)[1]
al albur de la mitología griega escala las cumbres del Olimpo y se familiariza
con aquellos dioses paganos, que tenían virtudes y poderes ocultos para
mantener en vilo la gran fábrica del mundo pero también defectos. Se
emborrachaban, aniquilaban, fulminaban, llevados del furor de su capricho, a
los pobres mortales, se acostaban con las diosas, o con las mujeres de los
humanos, cometían raptos y estupros para luego vengarse de la infidelidad de
sus amantes traicioneras. La SRI se contamina de las miasmas de esta paganía en
el arte pictórico, la escultura, la música, el arte de la oratoria, la poética.
Cristo al fin y al cabo era un judío helenizante que se sublevó contra el
sanedrín. Tales tendencias mitológicas marcan regreso a una era anterior al
tiempo de gracia y a los dictámenes de la Escritura, la cual copia o adapta en
parte algunos postulados de las leyendas mitológicas. Estamos en los tiempos de
Miguel Ángel, de Bruneleschi y Donatello. Los obispos eran señores feudales que
vivían en palacios y tenían su propia corte. Los papas eran señores de la
guerra. No celebraban misa todos los días. Encargaban de las labores
eucarísticas a sus ca`pellanes, excepto en las grandes fiestas en que oficiaban
de pontifical.
El mito de Dafne a la cual Júpiter convirtió en laurel se
plasma en esta obra de Andrés Laguna que publica con el seudónimo de Cristóbal
de Villalón. Lejos de los avisos de la moralidad cristiana y como testimonio de
la presencia renacentista de los dioses oscuros, en la preocupación de los
autores del siglo XVI y su pasión por el griego y latín que constituyen la
lengua franca o idioma culto, hablado en la Sorbona, en Oxford, Bolonia,
Alcalá, Salamanca o Brujas, Villalón,
con nombre de pluma, publica “La
Tragedia de Mirrha. Novela corta y dialogada. Una adaptación he aquí del
texto de Ovidio que inspira y traslada al romance. El asunto había sido
abordado ya en dramas comedias y poemas por Plauto, Ovidio y Marcial: un rey de
la antigüedad, Ziniras, tenía una hija, Mirrha, muy bella a la cual acosan y
celebran por su belleza no pocos pretendientes.
La hermosa, un día, se enferma y, cuando se recupera de su
calentura, cae en un marasmo de furor uterino,
enamorándose locamente de su progenitor. Lo que empezó como un deporte y
coqueteo termina en frenesí. El arrebato la conduce al único objetivo de ser
poseída por su padre. Es la historia de un incesto que nos hace recordar la
secuencia bíblica de las hijas de Noe —el Génesis y los textos sagrados de
Israel que se nutren de las historias de la mitología pagana— y, para consumar
su objetivo, Mirrha, al igual que las hijas del patriarca Noé, emborrachó al
rey. Harto de vino, Ziniras consuma el acceso carnal con su primogénita. La
carne engendra en el vientre que salió de sus entrañas, y del coito va a nacer
un niño al que los dioses arrojan a la laguna Estigia (¡pobre chaval!) y luego,
enfurecido, el padre incestuoso maldice a Mirrha. Quiere asesinarla pero los
dioses, clementes, intervienen otra vez y —proceso de metempsicosis: nacer de
nuevo, reencarnarse —dejan que la muchacha sea para siempre un mirto de hoja
perenne. Dafne se convirtió en laurel y Mirrha en mirto. Danos y danos hasta
que no te conozcamos… Así le plugo a
Júpiter y así lo certifica Ovidio para quien Natura no discierne entre el bien
y el mal, ni entiende de reglas convencionales. ¿No cubre el macho cabrío a las
recentales que parieron las hembras de su rebaño? ¿No monta el gallo a las
pollas de su misma sangre? Las fuerzas del amor, dice, dependen del instinto y
actúan de manera aleatoria. Fedra se acostó con Hipólito hijo de su marido.
Venus puso los cuernos a Júpiter con Hipomenes pero éste, padre del universo,
haciendo a pelo y a pluma—la homosexualidad era frecuente en el mundo
grecolatino como bien saben los que hayan leído a Virgilio— se encapricha del
hermoso Ganímedes. Por ese cabo, Febo resplandeciente tuvo un lío de pantalones
con Jacinto.
La acción de la novela es precisa y discursiva por más que un
tanto embarullada. Resulta atiborrada de cuestiones olímpicas pero en el desenfado y el donaire de su prosa
abigarrada se nos vuelve un tema innovador e interesante, muy de hoy. Nihil novum sub solis. Asunto manido y “deja vu”.
Los seres humanos en sus virtudes y en sus vicios trillan la misma parva.
Siempre más de lo mismo. No conviene juzgar con rigurosidad sus dislates sino
compadecerlos con gesto circunspecto.
Los modernos no han descubierto nada. Todo esta inventado en
la naturaleza humana. Saqueando los fondos de la biblioteca de su tutor, Diego
de Mendoza, y, estibando información de estos apretados textos de la
prehistoria, el doctor Laguna encuentra entronques solapados en medio estas
fábulas del Olimpo y las creencias cristianas.
Las diosas se transforman en vírgenes cristianas. Tal es el
caso las fiestas de Zamarramala el día de Santa Agueda a las que debió de
asistir de niño y a las que cita. No se trata de un embaimiento o encantamiento
baladí de las caprichosas deidades sino una costumbre cierta del culto a Ceres
en las Lupercales que data de los tiempos ancestrales, cuando Augusto construía los arcos del Acueducto.
Por un día las féminas mandaban a los maridos, podían hacer lo que quisieran e
incluso elegir pareja. Pero el resto del año “las dueñas han de estar no sólo
limpias de pecado sino también libres de toda sospecha porque la mujer del
César no sólo ha de ser casta sino parecerlo”.
El 5 de febrero, al día siguiente de las fiestas del Purim o
las Candelas, se infringe la norma pues no hay regla sin excepción. De suerte
que se permitía a las doñas zamarreñas echar una canita al aire. Hércules y
Antheo se nos muestran en plena faena. Y nadie se escandaliza. Baco el
despeinado nació del muslo de Júpiter. Venus de su cabeza.
Otra de las obras menores de Villalón es el “Escolástico”. Es otra defensa de las
mujeres. El segoviense sigue los pasos de Luis de Vives, de Fray Luis de León y
de Erasmo a este respecto. Una tarde se presenta en el foro romano de una
elocuente oradora por nombre Clariquea.
Venía de Atenas. Empieza a hablar y recrimina a los padres conscriptos su vil
comportamiento con las mujeres. Las dueñas pueden ser reinas tan valerosas como
Semiramis o guerreras como Zenobia quien al fente de sus ejércitos conquistó
Persia. Tomiris se enfrentó a Ciro. Clodia,
vestal romana, cabalgando con las amazonas, pasó el Rubicón. “Si se quisiera
escudriñar, hallarán más hombres bobos que mujeres necias”, apostilla por boca
del autor latino. Realiza un alarde de feminismo Andrés Laguna en pleno siglo XVI
adelantándose en sus reivindicaciones a las Fem,
pero con un poco más de decoro. Polla Argentina mujer sabia ayudó a Lucano a
componer la Farsalia y Lelia Sabina abrió una escuela grecolatina en la Via
Apia. Aspasia, Diotina, y Targelia,
todas ellas hembras sapientes y valerosas, fueron la honra de los romanos. En
el discurso de Clarfiquea echa por tierra la tesis tan en boga en los tiempos
prehistóricos y que adopta la escolástica medieval. Según dicha teoría, las
mujeres carecían de alma y se las consideraba adscritas a un estadio entre
medias de los seres racionales y las bestias. En este librito muchos han
querido ver una diatriba contra las súmulas tomistas. El Escolástico defiende al bello sexo. Las mujeres no son solo el alma
del hogar, saben ser fieles y aguardar al esposo como Porcia la cual no
pudiendo soportar la ausencia de su marido que partió a las guerras se tragó un
tizón encendido y murió. Las esforzadas heroínas de la Ilíada y de la Eneida
frente al despecho y el trato infame del varón conservaron la dignidad. Por
boca de Plutarco, Clariquea increpa a los señores de la baila con estas
parrafadas: “Queréis ser vosotros los
señores y nosotras las esclavas cautivas y vosotros hacer una y ciento y a
nosotras que no nos toque el viento”
CAPUT III
VIDA
Y OBRA DE LAGUNA
No hay muchos datos de referencia en la biografía del insigne
facultativo, segoviano universal porque él mismo los ocultó, o se han perdido.
Unos dan la fecha de su nacimiento c.1499 y otros 1510. La de su muerte se fija
en 1560 falleciendo en Colmenarejo cuando iba de camino acompañando al cortejo
de Isabel de Valois que se iba a desposar con Felipe II. Su último mal fueron
unas almorranas sangrantes. Hoy el diagnóstico sería cáncer de colon. Su padre
era físico de los Reyes Católicos Diego Fernández Laguna. La familia habitaba
la calle del Sol puerta con puerta de la sinagoga mayor en la aljama con vistas
al encante, lo que hoy hemos conocido como el Salón y al Pinarillo donde estaba
el osario judío. La sinagoga pasó después a ser convento de franciscos uno de
los tres que había en Segovia. Recientemente fue descubierta en los bajos de
ese convento una sala con un Menorah y los Rollos de la Ley. Es posible que los
conversos en su intimidad siguieran practicando los ritos y abluciones de su
Ley y que colgasen jamones y ristras de morcillas al alfeizar de sus ventanas
para demostrar que eran cristianos viejos. No obstante, la convivencia entre
las tres culturas en la Ciudad del Acueducto, sin ser un lecho de flores, se
conservó en un ambiente de tolerancia, libertad y segovianía. Habría que pasar
alto algunas fricciones como el sacrificio ritual de un niño en cristiano en
Viernes Santo en la judería de Sepúlveda. El rabí fue castigado, según cuenta
Colmenares y hubo, por supuesto, el milagro del corpus que daría lugar a la
devoción de la Catorcena. Los hechos al parecer no han podido ser demostrados
históricamente más que a través de habladurías y consejas del vulgo. Puede que
fueran bulos, y los bulos se convierten en leyendas para luego alcanzar la
categoría de mitos.
El marqués de Lozoya don Juan de Conteras uno de los más
eximios investigadores de la historia de nuestra ciudad, refiere que no hubo
persecución antisemita en Segovia pero que los judíos siempre estaban alerta
prevenidos contra la persecución. “Ojo, Pablillos, que asan carne” leemos en el
Buscón. Quevedo hace nacer a su
personaje cabe la puerta del Socorro cerca de las Escalerillas de San Roque, lo
cual serviría de base de demostración del fuerte implante que cobró entre
nosotros la religión del Candelabro por la importancia económica y política que
tuvo Segovia a finales de la Edad Media y principios de la Moderna. De hecho,
las grandes familias de la alcurnia local presentaban ascendencia del pueblo
elegido: el obispo Arias Dávila, el que introdujo la imprenta en España, los
Coronel, los Soto, los De Mercado etc. Fueron regidores, alcaides, canónigos,
obispos, jueces e incluso inquisidores. Torquemada tampoco era al parecer de
sangre limpia. Si no les puedes vencer únete a ellos, dice el adagio y esto fue
lo que pasó. Segovia fue también el lugar donde nació, por ese doble sentido,
por esa ambivalencia, esas recá,aras del baúl de los recuerdos, cuando todo
puede ser y no ser al mismo tiempo, cuna de la novela picaresca. El credo
mosaico, a diferencia de la religión cristiana y del mahometismo, considera el
martirio y la auto inmolación una herejía. Lo primero, lo básico entre los
judíos, es salvar la vida. De ahí, no suele ser frecuente el suicidio entre los
judíos. La conversión en masa de estos hebreos, unos por conveniencia y otros
por convicción, porque aceptaron a Cristo como Mesías. He aquí uno de los misteriosos enigmas de la
historia de España. Y también una gran paradoja.
Diego Fernández Laguna y su esposa doña Catalana Velazquez
tuvieron cinco hijos: Isabel a la cual sacó de pila la Reina Católica fallecida
en 1568; Andrés que era el segundo. Luego vino Gaspar que fue canónigo de la
catedral de Segovia, Melchor que hizo una gran carrera eclesiástica. Llegó,
después de regentar la mitra de Plasencia, a primado de Toledo y, por último,
María casada con Gregorio Suárez. Falleció en 1585.[2]
El primogénito, según la tradición castellana, que era destinado a la iglesia,
y el segundón a las armas, pudo haber sido ordenado in sacris, al menos como
minorista. Los indicios son que accedió a las ordenes mayores conservando el
celibato. No queda constancia de que contrajera matrimonio. Existe un pleito en
la clerecía de Mozoncillo, publicado por don Cristino Valverde, el que fuera
archivero de la catedral, en el cual Andrés Laguna demanda a otro clérigo por
un beneficio que tenía en el cabildo de Mozoncillo. Llevó su causa a Roma y el
papa Julio III falló en su favor.
Laguna debió de tener una infancia feliz de la que le
vinieron recuerdos imborrables. Hizo lo que hemos hecho todos nosotros de
chicos bañarse en las pozas del Eresma, cazar lagartijas por el Terminillo y la
Lastrilla y perdernos por aquellos andurriales. Pronto despierta en él su
pasión por la farmacopea y refiere cómo iba con otros amigos de su cuadrilla a
recolectar majuelas, los frutos del espino blanco u Oxicanta, que recetan los
médicos contra la hipertensión: “Había
gran copia de estas moras por todas partes principalmente por el valle de
Tejadilla que está junto a Segovia mi tierra a do me acuerdo siendo muchacho ir
a coger majuelas”. Ir a moras era una distracción de las tardes de agosto
circulando entre las jaras, el fragante aroma del tomillo, el cisto y la
mejorana
El padre lo mandó a una escuela en el barrio de san Andrés
regentada por un maestro de primeras letras: Sancho Villavesano. Uno de sus
compañeros de clase fue el dominico fray Domingo de Soto el que sería luz de
Trento. Aun siendo su concepción del cristianismo radicalmente opuesta a la de
Laguna, ambos fueron buenos amigos toda la vida. Al “martillo de herejes” lo
que demuestra que en Segovia con frecuencia la amistad se encuentra por encima
de la disparidad de criterios políticos.
Don Sancho Villavesano debió de ser un maestrescuela chapado
a la antigua con puntos y ribetes del Domine Cabra, partidario de que la letra
con la sangre entra. A fuer de mojicones salió Laguna buen latino aunque
después a lo largo de sus días no se cansa de criticar este tipo de educación
cerril y disciplinaria. Y en esto como en otros aspectos ya apunta maneras de
pensamiento independiente. Le gustaba tener criterio propio. Iba a su aire No
debió de ser un alumno aventajado sino más bien díscolo. Le pasa a los genios
que, aun siendo afables, se muestran poco sociables. Aborrecen ser del montón y
esta es una de las notas que observo en el estudio de su carácter fuerte. Enviado por don Diego a Salamanca no
consigue terminar la graduación en Artes y marcha a la Sorbona. En el famoso
colegio Montagu traba contacto con los primeros jesuitas. Allí estudiaban
Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Acquaviva, pero también Erasmo y
Calvino, Luis Vives, su paisano Antonio Coronel, Domingo de Soto, fray
Andrés de Maderuelo, fray Antonio de Conteras, Diego de Cáceres. En Paris
publica su primer libro “Método anatómico”
dedicado al obispo de Segovia, Diego de Rivera. Pero le desplace el ambiente
retrogrado de los escolásticos que impartían clases en la Sorbona. Con que,
regresa a España —de hechura inquieta e itinerante— y llamado por Rodrigo de
Reynoso, que regentaba la cátedra de Prima, se instala en la Complutense. De
paso se hace minorista. ¿Llegó a cantar misa? Era costumbre que al final de
carrera, al paso que recibían las habas doctorales, los guantes blancos y la
muceta al acorde de las notas del Gaudeamus Igitur, fuesen llamados al altar
por el obispo el cual les imponía las manos y les concedía el presbiterado o
cuando menos la tonsura. Alcalá marca un hito importante en su biografía. Al
poco es llamado por Carlos V como médico de cabecera de la emperatriz Isabel de
Portugal. La reina malparió y murió de fiebres pauperales, cosa habitual en
aquella época. Parece ser que algunos echaron la culpa a los doctores que la
asistían. Otra vez la hégira. Ojo, Pablos, que asan carne. Se embarca para
Inglaterra. En Londres conoce el boato y la magnificencia de la corte de
Enrique VIII anfitrión generoso y del que dice que le gustaba la música y tenía
en la capital británica varios palacios. Conoce a Erasmo que hacía algunos años
había dado a la estampa un libro dedicado a su amigo Tomás Moro “Elogio de la Sandez” y se entrevista con
el valenciano Luis Vives que enseñaba Filosofía en Oxford. ¿Tuvo este viaje
alguna misión secreta para establecer una entente cordiale entre el emperador y
el rey inglés en perjuicio de los franceses?
Sea como fuere, a los pocos meses de estancia en Londres se dirige aFlandes.
Carlos V lo recibe en Gante y en Bruselas empieza la redacción del Dioscorides
en el que defiende la moderación en la mesa y la bebida. Hizo suyas aquella
sentencia castellana de al agua como buey y al vino como rey. Conviene la
templanza. Para él los alemanes son un mal ejemplo de los daños de la
embriaguez y de las borracheras entre clérigos. Parece ser que Lutero como buen
fraile agustino era muy inclinado a empinar el codo y su “mente era poseída por
el viento solano maniaco furioso que engendra locura” Los luteranos le
consideran un espía de Carlos V y otra vez ha de tomar el olivo encaminándose
hacia Italia que representa para Laguna su tierra de promisión. España la mía natura, Italia mi ventura y
Flandes mi sepultura, proclamaban los veteranos de los tercios viejos.
El siglo XVI el siglo del amor galante pero también el del
terror vacui. Se produce un cambio climático paulatino. La peste y el hambre se
cebarán sobre los grandes núcleos de población. A Carlos V los comuneros
castellanos le tomaban por el anticristo y desde el púlpito los frailes
ladraban sermones incendiarios contra la corrupción de costumbres, la simonía y
la inmoralidad de los eclesiásticos. El movimiento de los caterinati hace reverdecer la furia milenarista. El fin se acerca.
Savonarola es ahorcado pero uno de sus discípulos Giacomo de Fiore esparce la
creencia de que el Islam es un flagelo enviado por Dios para castigar los
pecados de la cristiandad. Para él Solimán es un nuevo Atila, el azote de la
destrucción. Fuera verdad o fuera mentira, la pluma del Segoviense se pone en
acción. Erasmo había dicho del turco en su “Elogio
de la sandez”: “ellos son vil patulea que se ufanan en poseer el más
ardiente fanatismo y se burlan de los cristianos a los que motejan de
supersticiosos. Sin embargo, los judíos son gente pacífica que esperan con
desesperación la llegada del Mesías y obstinadamente guardan la memoria de
Moisés”. Entonces da a la estampa su obra más difundida “Viaje a Turquía”
intentando poner las cosas en su sitio contra toda superchería milenarista. A
tal fin se sirve de mapas y de libros que encuentra en los estantes de su
mecenas el embajador ante el Vaticano, Diego Hurtado de Mendoza. Tanto
Bataillon como Hernando asienten que el autor jamás pisó territorio otomano ni
se prosternó en el umbral de la Gran Puerta del Cuerno de Oro, ni se asomó a la
cúpula de Santa Sofía. Fue todo logro de su inventiva. Cabe conjeturar que el
poco de turco que sabía y de que hace gala uno de sus personajes Pedro De
Urdemalas lo aprendió de boca de un sefardí amigo de la infancia y de una
familia de huidos en 1492.
Su etapa italiana es la más productiva (allí permaneció nueve
años) la universidad de Bolonia le da el grado de doctor, el papa Julio III le
nombra su médico de cabecera. En la Ciudad Eterna escribió con toda seguridad el
Lazarillo. En la biblioteca del eminente embajador fueron encontradas unas
pruebas de imprenta de esta obra que sería dada a la estampa en Amberes. Pero
tampoco descuidó la farmacopea. Recorre los campos de Roma a la búsqueda de
plantas oficinales. El embajador Mendoza era un apasionado de los libros. Portó
consigo copias de la Celestina y del Amadís de Gaula y hay referencia a las
palabras de un cardenal que diría un tanto hiperbólica y despectivamente que
estos libros eran mucho más divertidos e importantes que las Epístolas de san
Pablo en las cuales se apoyó Lutero para promulgar el cisma. El propio papa
Julio II se había despachado con otra burrada por el estilo años antes y se
refería a los evangelios como “esos cuentos y patrañas grandes embaimientos que
nos han hecho a los curas ricos”. Este era el ambiente que se vivía en la Roma
de los Borja y del Saco de Roma. El pontífice era tan sólo un monarca absoluto
que competía con el resto de los reyes a los que hacía la guerra o concertaba
tratados de amistad.
A la muerte de Julio III, su valedor, vuelve a surgir el
judío errante. Laguna regresa a los Países Bajos. Corría el año 1516. Publica
el Dioscorides. En 1557 se declara la peste en Flandes y regresa a España, ya
estaba enfermo. Sus biógrafos vuelven a perderlo de vista. Lo más fácil es que,
sintiendo ya la llamada de la tierra, regresara a Segovia aunque todavía lo
vemos cerca de la corte acompañando a la princesa Isabel de Valois a punto de
casarse con el príncipe heredero. Felipe contraía nupcias por segunda vez. Su
casamiento con María Tudor en la abadía de Westminster — ¿asistió también
nuestro doctor a aquella boda londinense? — había fracasado. El año 1558 muere
el emperador en Yuste y camino de Guadalajara el cortejo acompañante de la
novia Isabel hizo un alto en Colmenarejo. Se le reventó un furúnculo, los
médicos no pudieron atajar la hemorragia, tampoco Laguna era partidario de las
sangrías y falleció a últimos de diciembre del 59 o primeros días de enero del
año siguiente. No hay certificado de defunción. Quiso ser enterrado junto a su
padre en la iglesia de San Miguel donde había labrado un sepulcro de buena
fábrica en la capilla lateral y allí están desde entonces sus huesos. Gracias a
él el Lazarillo dejó de ser un libro apócrifo.
EL DOCTOR LAGUNA Y CERVANTES
Cristóbal de Villalón es uno de
los seudónimos usados por el eminente físico segoviano para firmar sus obras de
divertimiento, según muchos conjeturan.
Existe, no embargante lo cual, un parangón de estilos e
inequívocos paralelismos que le hacen acreedor de la autoría del Crotalón y de Viaje a Turquía.
Ambas obras entusiasmaron a Cervantes, el cual cita con
frecuencia a Pedro de Urdemalas, uno de los personajes de esta novela
dialogada. Uno y otro — Villalón y Cervantes— gozaron, pese a la
diferencia de edad, del mecenazgo del Conde de Lemos.
A dicha personalidad dedica Cervantes su
obra mayor la que creía superar al Quijote "Los Trabajos de Persiles y
Segismunda". La crítica
consideró los Persiles un libro confuso, obra de senectud, e inferior a Don
Quijote.
Manuel Serrano Seco cita a un Cristóbal de Villalón
bachiller en Salamanca en 1525, preceptor del citado señor de Lemos.
El Viaje a Turquía fue publicado en Amberes en 1557 y está
dedicada a Felipe II rey de España y de Inglaterra, Nápoles y rey de la Nueva
España (México.
Seco descubre que Pedro de Urdemalas era un clérigo de
Granada rector del Hospital de la Resurrección de Valladolid y Juan de
Votoadios representa a un tal Alonso del Portillo. Pero ¿quién era Mátalascallando?
Son datos para conjeturar soluciones al enigma. En el
prologo despliega el autor sus conocimientos lingüísticos al tiempo que
previene al monarca de los peligros del Islam, inserta frases en turco y
habla de ciertas profecías como la de la manzana
colorada (Constantinopla).
Cuando ésta caiga, como fruta madura del árbol de la vida,
se instalará el reinado de Mahoma en el mundo, según una profecía del alcorán,
y, una vez alcanzado el dominio absoluto del Islam, será el fin del mundo. Es
la hora occidua y una versión arábiga del Apocalipsis ¿Se trata una
anticipación de lo que está pasando en nuestros tiempos? Hay una preocupación
religiosa, una preocupación política y consejos salubérrimos para una vida sana
y frugal. Aconseja comer poco e ingerir cordiales cuando media cristiandad se
moría de hambre y la otra de gota, el mal que
se ensaña con los poderosos. El papa Julio III le llama a su cabecera y
el doctor Laguna le aplica cordiales para curar la litiasis. Piedras en el
riñón son lo que tuvieron Carlos V y su hijo Felipe II. Al final de sus días no
se podían mover a causa de la tumefacción de sus pies. Aprovecharía su estancia
en Roma para escribir la segunda entrega del Dioscorides y el Viaje a Turquía.
Vive apartado en la campiña romana en una casa con jardín donde crecen alisos,
laureles y el estoraque llorón, cuyas hojas son buenas para el reuma. Pero
aprovecha su estancia en la Santa Seda para litigar con Antonio de Olmedo por
un beneficio que tenía en el pueblo segoviano de Mozoncillo. Lo gana y asigna
la canonjía a su hermano Gaspar. Este litigio nos llevaría a suponer que Laguna
fuese sacerdote católico. Escribió algún tratado de teología para llegar a la
conclusión de que los médicos son más útiles a la sociedad que los teólogos
metidos en camisas de once varas de silogismos y conclusiones sin base objetiva
ni soporte experimental. Roma estaba por aquellos días muy concurrida de
clérigos pleiteantes y de rameras. Era la sede de Pedro una corte de apelación.
Recuérdese que Cisneros también marchó a ka Ciudad Eterna. Estaba metido en un contencioso con su obispo y
primado de Toledo, Alonso de Carrillo, por una prestamera en el curato de
Torrelaguna. Ganó el juicio transcurridos varios años recorriendo los pasillos
de la curia. Ésta falló a su favor y regresó a su diócesis muy contento pero
cuando presentó el rescripto papal al arzobispo Carrillo éste las mandó quemar
y metió preso a Cisneros en la cárcel de san Torcaz. Allí estuvo trece años a
la sombra. Y como no hay mal que por bien no venga esta cárcel fue uno de los
motivos de la conversión de Cisneros a la vida monacal. Cuando salió, pidió el
habito de san Francisco. Un siglo antes al arcipreste de Hita le ocurrió un
paso parecido con el cardenal Gil de Albornoz. Cristóbal de Villalón deja
correr la pluma con un aire de melancolía pero sin resentimiento ante tales
abusos curialescos. Pedro de Urdemalas el protagonista refiere que tuvo peor
trato entre los cristianos que entre los muslimes. Sin embargo, Laguna nunca
pierde los estribos ni moja su cálamo en veneno, como hizo Erasmo. Estaba
cargado de razones pero no quería la destrucción de SRI sino su morigeración y
reforma. Pese a estos supuestos se hizo muy popular en la corte pontificia y
las amantes de los cardenales le llamaban para curar sus dolencias casi todas
ellas relacionadas con pecados de la carne. Era un humanista en el sentido
paulino de la palabra, al cual nada de lo humano le era ajeno. El leitmotiv del
Crotalón es un cuento de Plauto en el que se cuenta la historia de un ateniense
simplón que quería ser rico, tenía un gallo, Micilo, que cubría a las gallinas
con esmero pero era muy alarmista. Una noche el dueño de la finca tiene un
sueño dulce. Vivía en un palacio lleno de oro y piedras preciosas atendido por
hermosos efebos y mujeres deslumbrantes pero en medio de la noche le despiertan
los cantos alectorios de su ave de corral. Entonces quiere dar muerte a Micilo.
Se lo impiden los dioses. El Viaje a Turquía equiparablemente sirve de pretexto
para dar una lección de moralidad a un papado que es poco congruente con los
presupuestos evangélicos. En el dialogo que sostienen Urdemalas y
Matalascallando sale a relucir la corrupción y el puterío… los cardenales sirven damas y portan espadas y pasean a sus mujeres en
carro triunfal. Hay en Roma matronas muy hermosas y muchas de ellas a diez
ducados por noche, las cuales tenían muchos negocios haciendo mohatras y cuando
no podían simonías. Vi muchos clérigos negociantes que habiendo estado algunos
años allá vuelven cargados de calongías y deanazgos. En sus siete iglesias
gananse mil perdones. Contrasta la ampulosidad
detallista con que se describe la ciudad de Roma en su magnificencia con
la precariedad de información que aporta el libro sobre la estancia del
protagonista en Constantinopla. Muchas de los suntuosos palacios e iglesias que
se ven en la ciudad eterna habían sido labrados gracias a los sufragios de los
españoles y de sus monarcas. Abundando en esto, viene a ser Laguna implacable
con esta Roma corrupta y meretriz. “Yo vi
allá en Roma do es la Santidad que todos al dinero facían humildad” parece
decir este clérigo correcaminos de lo que ven sus ojos con frase prestada del
Arcipreste de Hita. ¿Cómo es el Papa? Pregunta uno de sus interlocutores
y él responde: El Papa es un hombre como los
demás. Que primero fue cardenal y luego lo elevaron a la cátedra de San Pedro.
“Es de hechura de una cebolla y los pies
de cántaro, come solo, y nunca va con sus pies a ninguna parte, llevanlo a
hombros sentado en una silla de manos
que llaman gestatoria”.
Sus reparos no se dirigen contra la
religión, van contra sus indignos ministros contra que abusan del poder de la investidura.
Pues en Viterbo—prosigue— hay un
convento donde guardan el cuerpo de una santa incorrupta. Las monjas venden una
cinta y las mujeres que se las llevan conciben al poco tiempo. ¿Cómo es eso?
Pues llevan el lazo a bendecir a un fraile que las recibe a solas en su celda.
El padre prior aprieta la estola y todas quedan preñadas, no se escapa una. El
fraile es mozo y bien dotado, apostilla Matalascallando, con sorna picaresca.
Los personajes hablan con la espontaneidad rotunda y el candor del Lazarillo.
El autor más que una novela de costumbres de la época dibuja a brocha gorda un
reportaje o más bien un cuadro pintado al pastel por un intelectual inquieto al
que le gusta la introspección y la descripción de los paisajes y de las gentes
con las que se cruza en ruta. Laguna aparte de medico es políglota. Resucita
viejos vocablos o acopia palabras nuevas: vigolero (verdugo), borrachear,
recamo, pañales, lapislázuli, erístico (discutidor), retartalillas, burlería
etc.
Aunque dice que los españoles en
Italia no son bien quistos el texto es un canto de amor a la venturosa Italia
en sus hermosas ciudades: Bolonia que le proclama doctor, Suca, Parma, donde
las dueñas hiñen un queso muy sabroso, Plasencia, Pisa con su torre inclinada,
Venecia, Génova y sobre todo Milán “donde se muestran menos hoscos que en otras
ciudades del Lacio con los hispanos” En el Milanesado se hace lenguas del
primor con que los herreros fabrican espadas que superan a las de Toledo con su
talabarte dorado y los gavilanes labrados de ataujía primorosa en oro. Toda la tierra cercana a las riberas
del Po es un paraíso, cuajado de alamedas y de vides. Como ordenado in sacris,
detalla las diferencias existentes entre el rito ambrosiano y el romano “porque allí alzan la hostia dos veces y
todos los sacerdotes llevan luengas barbas como los popes orientales. Allá los
clérigos no se raen la baba. Acá cada semana”. Villalón rehúsa la retórica
y el estilo enmarañado. Tiene una sabrosa manera de narrar. Por eso sus libros
en castellano son un cuadro de costumbres de época que el lector moderno sigue
con pasión de vivencia personal. En eso estriba su personalidad. Conoce bien el
mundo universitario. La más populosa por aquellas fechas era la Sorbona con
treinta mil alumnos matriculados, seguido de Salamanca, ocho mil; Bolonia, seis
mil; Alcalá, seis mil y Oxford, dos mil.
CAPUT V
CINCO
SIGLOS DEL DIOSCÓRIDES
La farmacopea y la botánica tienen en el Segoviense a uno de
sus epígonos. Esta obra de un sabio griego fue publicada por primera en París
en 1516.
Dos años más tarde, en 1518, y casi al mismo tiempo que la
Biblia políglota se imprime versión latina en Alcalá bajo la dirección de
Nebrija. Quien, a su vez estaba encargado de la cátedra de botánica junto con
la de retórica, bajo el título de Lexicón de Medicamentos pero el primero que
lleva a cabo una versión castellana del celebre tratado fue Andrés Laguna
trasladándolo del griego y abordando materias ya contempladas por Galeno,
Plinio y Aristóteles. El axioma es que a todo mal físico sigue un remedio en el
reino vegetal, mineral o animal. En el herbolario existe la propiedad del antídoto sobre la base de que todo lo que
enferma cura. La ciencia estriba en conocer su cualidad y en qué dosis. Se trata principio rudimentario de la
medicina cuando todavía no era inventada la física ni la química y mucho menos
los rayos X pero los antiguos buscaban remedio a sus males en las hierbas,
siguiendo las reglas de la homeopatía. Escrito en un castellano claro y
elegante. Con mucha chispa y ese interés que atrapa, el cual recuerda por su
elocuencia al Lazarillo al Viaje Turco
o al Crotalón, nada farragoso y
castizo, se lee con interés a cinco siglos de haber salido a la luz el
Dioscorides. Consta de un prologo o epístola nuncupatoria que maravilló a los
toscos prácticos en medicina de aquel entonces. Aporta observaciones
interesantes como, por ejemplo, cuando dice que el veneno de las víboras solo
mata por inoculación pero es inocuo por vía oral… un gato que come almendras
amargas revienta al poco y lo mismo le ocurre a raposo… la cicuta mata al
hombre pero hace revivir al estornino y otras muchas recetas que pueden
resultar chocantes a nuestros oídos, o sonar a superchería al hombre moderno,
pero reveladoras de la gran pasión de
este hombre por las plantas oficinales, sus experimentos, cocciones, alambiques
y recetas.
El Dioscorides de Laguna se publicó en Amberes en la imprenta
de Juan Latio en septiembre de 1555, utilizando como pauta de referencia los
postulados complutenses de Antonio de Nebrija y otros galenos famosos de su
tiempo en su mayor parte de origen hebreo. Papas reyes y emperadores cuando
enferman piden ser atendidos por facultativos judíos. Laguna aunque de origen
converso se sentía profundamente católico. Ende más, a causa de sus
convicciones cristianas tuvo un enfrentamiento con su maestro, el portugués
Amato, un físico que impartía lecciones de Anatomía en Salamanca. Maestre Amato
desde le púlpito hizo una defensa apasionada de la Ley Vieja y decía que el
Nuevo Testamento era una fábula. Llegando a calificar a Europa como “infierno
en la tierra”.
No puede decirse del
Dioscorides en sus tratamientos, en sus diagnósticos quirúrgicos bestiales
—cuando los cirujanos cortaban piernas y brazos a lo vivo— posean ahora más
vigencia que la curiosidad y la rareza pero las apuntaciones tomadas del
natural de su autor hoy resultan interesantes. Y son la base de la gran
aportación al ser humano a la Medicina y la Farmacia. ¿Quién dijo que nunca
hubo ciencia española? El fuerte de
Laguna es la farmacopea. Toda su vida se la pasó, estando ya en Paris ya en
Londres en Metz o en Flandes o los alrededores de las ciudades por él visitadas
cosechando plantas curativas. De chico iba a por moras a la Lastrilla, —lo
cuenta en la Epístola Nuncupatoria—,
o en busca del espino blanco que se sigue majando en pequeñas dosis para
aliviar a los pacientes de hipertensión. En estas excursiones por los aledaños
de la capital también cortaba flores resineras por el Pinarillo donde estaba el
osario o cementerio judío, extramuros de Segovia o recogía marjas por los zarzales del Valle de
Tejadilla “ que los muchachos las cogen y
las zamarriegas ensartan en gavillas que venden por las calles… la rubia es
planta muy conocida en aquellas partes (rubia victoria) principalmente en
tierra Segovia, mi ciudad, donde hay tintoreros… Quiero pasar por alto, para
salir adelante en mi empresa, cuantos y cuán altos montes subí, cuantas cuestas
bajé, arriscándome por barrancos y peligrosos despeñaderos, gastándome en el
empeño buena parte de mi caudal”.
Empezó obra la en Roma en 1554
y la completó en Amberes al año siguiente dedicándosela al príncipe de
Asturias, que a los cuatro años se convertiría en Felipe II, fecha de su
publicación, según aduce su biógrafo Don Teófilo Teofilo Hernando.
Los flagelos de aquella sociedad al final de la edad media y
a las puertas del renacimiento eran el hambre, la guerra y la peste. Luego
vendría la sífilis que Laguna no considera mal francés sino una importación
ultramarina. “La portaban unas mujeres de acarreo, indias, que trajo en su
barco Colón”. Prescribe como tratamiento antiluético el palo santo, la quinina
y el mercurio y los baños de vapor. Al hospital de Antón Martín regentado por
los frailes de san Juan de Dios lo llamaban el hospital de la sabana blanca. Se
arrollaba el cuerpo de los pacientes en un lienzo recalentado con vapor y se
les hacía sudar. Las lues no remitían con facilidad porque “¡la buba es muy
tenaz!" Lo expresa en un verso Cristóbal de Castillejo ex cisterciense y
soldado del emperador al que le pegó las purgaciones su novia vienesa;
“Mira que estoy
encerrado
En una estufa metido
De amores arrepentido
De los tuyos confiado”
El autor de la Lozana
Andaluza, Francisco Delicado Baeza, un clérigo de la Peña de Martos (Jaén) murió por lo
visto de dicha aflicción. En el Viaje a Turquía, abundando en esta materia,
Urdemalas certifica que, al visitar la ciudad de los papas, no encontró más que
mozas de partido. Debían de ejercer cerca del Vaticano el oficio más antiguo
del mundo cerca de trece mil rameras.
Como afrodisiacos recomienda el bedelio, la hierbabuena, los
mejillones, los huevos, la hiel de diversos animales, el cuerno de rinoceronte
que despierta la virtud genital y es
bueno para los holgazanes. La eselaria o diente de león con sus propiedades
oclusivas serviría para componer virginidades perdidas (esta oración la tachó
la censura); en tiempo de Laguna la ciencia y la religión no podían evadirse
del fantasma de la fantasía y de la superstición. Muchos autores del siglo de
Oro se burlan de los galenos “compadres de la sepultura abierta” les denomina
Quevedo y Góngora: “buena orina buen color y cuatro higas al doctor”. La ruda
es compañera de viaje de hechiceras y alcahuetas. Lo dice el refrán: “eso es
más viejo que la ruda” aunque muchos modernos creen haber descubierto el “andao
palante”.
El Dioscórides causó impacto y registra muchas ediciones. Era el libro de
cabecera de los galenos y los boticarios. Felipe II debió de ser un gran lector
del Dioscorides porque fue un rey ecológico que lleno España de parques
naturales: Escorial Valsaín Aranjuez, el Pardo. Porque consideraba que la
Ciudad de Dios que el rey intentaba construir debía de ser paraíso de árboles y
de vergeles que hicieran a los españoles añorar la tierra Prometida.
VI CAPITULO
COSTUMBRES
TURCAS
La fe de mahoma no admite apostasías. Al renegado del Islam
le cortan la cabeza. Cuando tantos hablan ahora de tolerancia y de la belleza
del Alcorán —una religión que no admite más que una interpretación, un pueblo
que sólo lee un solo libro forzosamente ha de ser proclive al
fanatismo—convendría recapitular sobre algunos conceptos expresados en este
texto con 450 años de antigüedad para reafirmarnos en la convicción de que la
fe católica con sus mermas sigue siendo la única y verdadera por más que los
que gobiernan el planeta se hayan lanzado a una campaña a tumba abierta para
descristianizarnos. Entre los agarenos no se da un san Jerónimo un san Agustín
ni siquiera un Erasmo o un Galileo o un Einstein. Los mullahs lo hubieran
cortado la cabeza. No hay vuelta de hoja para un creyente Alá es dios criador
de todas las cosas y Mahoma su último profeta. “La illa he hilda de Mahamed
resuluba” lo dice Laguna en arábigo para que nos vayamos enterando. Lenguaje
apocalíptico que no admite réplica. Explica que la base es la oración cinco
veces al día, la limpieza o “zalea” (la palabra zaleo en castellano debe de
provenir de ahí) la limosna y la peregrinación a la Meca una vez en la vida.
“Lo primero que se restriega un turco cuando acude a la mezquita son sus partes
pudendas, después los pies y por último la cara. En todas ellas hay aguamaniles,
jofainas y jícaras para tales pediluvios. Limpiarse el culo con una piedra
nunca con un papel, comenta jocosamente, con un papel, como hacemos los
cristianos, pecado gravísimo es, porque dicen que Alá hizo el papel de la
Escritura y malo es hacer un uso tan infame dél. En sus iglesias no hay santos
porque aborrecen las imágenes, aborrecen las campanas y un almuédano llama a
voces todo lo más fuerte que puede a la oración. Tampoco hay bancos ni
reclinatorios se sientan sobre unas alfombras llamadas alcatifas. No tienen
relojes. Saben la hora qué es por la voz del mohecí. Al invocar a su dios caen
de hocicos, nunca se arrodillan, buscando la quibla donde se encuentra la
piedra de Kaaba, se prosternan y besan la tierra diciendo “Saban, Alá” por tres
veces que significa dios misericordioso, tocanse todos los ojos y la barba con
las manos y así acaba la oración. En cuanto a las postrimerías, dios promete un
paraíso donde comerán y beberán y tendrán amor con diez mil vírgenes. Entonces
Matalascallando se le ocurre realizar al viajero una pregunta capciosa “y si
tanto comen y tanto beben ¿no cagarán el edén? ¿No nacerán niños de tales
encuentros? Sé por donde vas, replica Urdemalas, pues no porque son espíritus
puros por toda la eternidad y Moisés y Mahoma serán los mejores librados de los
banqueteos y amor a esgalla. ¿Y Jesucristo? Está en segundo plano. Todos los
judíos y todos los cristianos que fueron buenos hasta la llegada del Profeta se
salvarán. El resto irá al infierno por infieles. Existe purgatorio o limbo que
será la casa de acogida de los creyentes que no fueron ni buenos ni malos sino
regulares. Tales majaderías de un credo seguido por millones de seres humanos
daría por buena la tesis de Erasmo en el Elogio de la locura: hay espíritus
religiosos donde el misticismo está rodeado por la sandez. Stultorum numerus
infinitus. En ruso la palabra cristiano es sinónimo de alma de cántaro,
campesino idiota. Si no os hacéis como niños esto es entupidos e ingenuos no
entrareis en el reino de los cielos. Pero más sandios hacen estas suras del
Alcorán que las historias de la Biblia, observa el relator de tales
menudencias, dotado de una acucia insuperable, buen acumen y ojo crítico. La
blasfemia contra Mahoma se castiga con la muerte. Contra Alá cien palos. ¿Entonces
Mahoma es más que dios? Lo que pasa es que Alá como es dios puede perdonar pero
Mohamed es sólo un hombre el mejor de los mortales pero un hombre. Luego pasa a
describir a los derviches que son hombres estrafalarios que portan anillos de
hierro en las orejas y colgando del pene una sortija de metal que pesa tres
libras. No paran de andar pero los viernes se sientan en un prado a festejar y
toman cáñamo indio que les hace estar los más alegres del mundo como borrachos
(se chutan con marijuana), a veces opio; y son sobre todo grandísimos
bujarrones y la homosexualidad no está mal vista hasta que se casan porque sus
mujeres andan veladas y tapadas en el harén, no salen nunca a la calle a no ser
acompañadas por el eunuco. Ahora bien, Villalón en esta su relación
circunstanciada del mahometismo deja entrever que se trata de una religión
practica, un orden de vida, donde hay respuestas para todo. Hecha a la medida
de los mortales mientras los cristianos que tanto aspiramos a lo divino caemos
en la hipocresía, la doblez, la envidia y la falta de amor unos con otros. A
juzgar por lo que ve en Estambul los turcos practican la caridad y la limosna,
hay tolerancia y conllevancia y carecen de la garrulería de nuestros clérigos.
Haz lo que yo digo. No hagas lo que yo hago. Desconocen la simonía y son más
sencillos en sus liturgias que nosotros. Guardan mejor a sus mujeres y en el
matrimonio son pragmáticos. Pueden casarse con varias mujeres a la vez. Si
alguna esposa no está a la altura de sus expectativas dan a ésta libelo de
repudio. El adulterio es castigado con cien azotes y a veces las dilapidan como
hacen los judíos pero no suele ser mortal este castigo. Ahora bien para el
adultero aguarda pena de muerte por decapitación.
A la meca han de peregrinar una vez en la vida. El viaje lo
realizan en camello que es su mejor carguerio[3] para atravesar el desierto. Un animal que
puede pasarse muchos días sin comer ni beber. Los peregrinos ayunan por el
camino y llegados a Medina se bañan en un río piara purificarse de sus pecados
luego adoran al zancarrón que es el zapato que dejó marcada su impronta en una
piedra desde la que ascendió el Profeta a los cielos. Son los turcos muy
creyentes de su credo y muy limosneros. El Islam es un amasijo de creencias
cristianas, judías y paganas recibidas de los persas que veneraban a todos los
astros del firmamento. Creen en Miriam la Virgen María y en el ángel Gabriel en
Abraham y en Moisés y en Jesucristo al que consideran como uno de los grandes
profetas y no al Hijo de Dios que fue. Las bodas y velorios son parecidos a los
de acá. La organización del ejercito es formidable presidido por el santjaque
maestros de campo o coroneles. En la tropa militan los jenízaros todos ellos
hijos de cristianos griegos turcos o esclavones sometidos al Gran Turco. Van a
pie armados de escopeta lanza arco y partesana, y ninguno puede ser casado. ¿Y
llevan putas?[4] En
todo el ejército de ochenta mil hombres no vi ninguna. A los oficiales les
llaman “spahu”[5].
Villalón está bien informado y apunta sus dardos a los militares españoles para
que tomen nota. Esta novela corográfica también pudiera ser calificada de
espionaje. Son diestros jinetes y cabalgan al trote largo o estradiota.
Capanlos por eso en las cuadras de sus caballerizas se están los equinos quietos
y sin tifar. El invierno es muy frío en Constantinopla y los veranos tórridos
por estar situada la gran ciudad 55 grados de longitud y 45 de latitud norte.
No menos frío que en Burgos o Valladolid. A las mujeres no les dan la
importancia que les damos aquí y eso que se ahorran los turcos en desafíos
duelos y cuchilladas “En una sola cosa viven los turcos en razón y es esta: que
no estiman las mujeres y hacen más caso dellas que de los cuchares cazos y
calderos que tienen colgados de la espetera; en ninguna cosa tienen voto ni
admiten consejo suyo” pero las mujeres no son negras sino blancas y muy
hermosas y se afeitan el vello de sus partes pudendas. La mayor parte
descienden de doncellas aprehendidas en las correrías de los países
conquistados griegos, búlgaros, rumanos y eslavos”. Andan tan galanas y con
tanta pompa como en Castilla pero no se las puede conocer porque van todo
cubiertas con un manto de la cabeza a los pies como hábitos de monja con mucha
modestia y rebozo viven en las dependencias del serrallo. ¿Son celosos los
turcos? Los mayores celosos que hay pues como son todos bujarrones ellas buscan
sus remedios. Las guardan los eunucos del harén “siendo el mayoral dellos un
negro, capado” centinela del aposento de la mujer del bajá mi amo que tenía 63
mujeres… les cortan las turmas y suprimen el miembro… y cuando tienen un
muchacho que quieren mucho luego les castran de tan salvaje manera para que no
les nazca la barba. El mayor presente que se puede dar al príncipe es un
eunuco. Otro dato de humor que relaciona el estilo paralelo del Viaje a Turquía
con el Lazarillo hele aquí: habiendo yo
de entrar en el cerraje de las mujeres para visitar a la sultana, llamaba a la
primera puerta de hierro, como los encajamientos del Amadís, saliame a
responder el eunuco y visto que yo era mandabame esperar allí y él iba a dar la
nueva a la segunda puerta que el médico estaba allí. Después de un segundo
portero, venía otro el tercero que era el mayoral, éste tomaba un bastón en la
mano y a todas las mujeres hacía retirar, que se escondiesen y allí no quedara
más que la enferma y si alguita, por sus pecados, quisiera no ocultarse, el
eunuco pegabale golpes con el bastón en la cabeza… el capado venía a por mi y
llevabame a presencia de la reina; Y no valía ir mirando a las musarañas sino
con los ojos bajos como fraile y cuando la tomaba el pulso tenía las manos
revueltas con unos tafetanes para que no se la viese parte del cuerpo alguna
sólo vía los dedos y la muñeca quéjeme al bajá señor, de mí sabe vuestra excelencia
que se puede fiar; este mal negro no me deja trabajare y por no ver el rostro
pierdo lo más de la cura” cuando quería dormir con alguna le decía al negro
tráeme esta, traíasela y dormía con ella aquella noche y tornábase a su
palacio. Por vida de Zeus y con ¿sesenta y tres tenía cuenta? Pues sí hacia a
todas la cata como si fuera un melón. Cuando quería premiar a un esclavo
débasela por mujer pero ya digo la hogaza ya fue encentada. Bizarras costumbres
turquesas. Ante la narración de Urdemalas sus dos interlocutores españoles
quedaban con la boca abierta. “Paréceme que estos señores tienen a gala ser
cornudos” “No hay allá ninguno que no lo sea por la gran libertad que tienen
las mujeres de ir arrebozadas a los baños. En cualquier portal de Istambol podréis
encontrar mujeres las más hermosas del mundo y podéis comprar a una por
cincuenta ducados. “Válame el Señor san Pedro allá vale menos una moza que acá
un asno con jáquima y albarda… de esta manera no hay que preguntar si allá hay
putas. No pensemos tal que ellas son la salud de la república. No hay pueblo en
el mundo sin putas y alcahuetas. Existen burdeles y muchas son cíngaras,
cristianas y judías y otras ejercen el oficio en la calle de cantoneras.
CONSTANTINOPLA
CIUDAD DE LAS TRES CULTURAS
Andrés Laguna derrocha ingenio donaire y perspectiva
histórica. Es la ingenuidad y sutileza que comprobamos en el Lazarillo.
Cotéjense sus textos. La amenidad y el interés es un don que dieron los dioses
a los buenos escritores. Al propio tiempo despliega, con solercia de
prestidigitador mano izquierda velando sus ataques en forma de chascarrillo a
la inquisición española. Es un informante, un espía su personaje, súbdito de la
corona de España y leal a su Emperador. Formula un aviso a navegantes porque ni
son todos los que están ni están todos los que son descubriendo la manera de
ser, la estrategia política del Gran Turco. Ni ellos son tan malos como nos lo
ponen ni nosotros tan buenos como nos creemos. Esa es la idea. Imprescindible
referirse a la manida cuestión de las tres culturas tan a la page y que no es
invención de ahora. La Escuela de Traductores de Toledo bajo el mandato de
Alfonso VII ya quiso recabar ese objetivo y este entendimiento o pretensión de
tolerancia la observa Laguna en la gran metrópoli, que le recuerda a la Córdoba
del siglo XI, una ciudad en la cual convivían como vecinos 65.000 familias
musulmanas, 40.000 cristianas y 10.000 judías. Todo deja vu. Tendría c. 1554
cuando se relatan los hechos alrededor de 300.000 almas la más populosa del mundo
después del Cairo. Había libertad de cultos, se permitía la práctica de la
religión cristianas por griegos y armenios y los venecianos abrieron una
iglesia en el barrio de los Galatas en la parte europea de la ciudad cerca del
puerto. Allí desembarcaban a los prisioneros cristianos aprehendidos en el
asalto a las galeras españolas e italianas. Laguna desmitifica la leyenda áurea
de los mercedarios. Estos frailes se movían también por dinero y su
comportamiento no era del todo heroico salvo en algunos comp. Pudo ser el de
fray Juan Gil el libertador de Cervantes. Los mercaderes venecianos y genoveses
nada querían saber cuando escuchaban ruido de cadenas. En las atarazanas y
cerca del arsenal estaban las mazmorras. Los arraeces turcos se servían de los
prisioneros como esclavos para sus tareas domésticas. Por boca de Urdemalas el
narrador no guarda rencor a sus aprehensores antes bien cargado de buen sentido
alaba las buenas costumbres de los otomanos: “sacante que no consideran a
Cristo como el Redentor nunca me topé en el mundo con gente tan virtuosa y
además son muy limpios, se bañan dos veces por semana, se acuestan dos horas
después del ocaso y se levantan con la aurora, sus camas son pequeñas y
estrechas y andan descalzos por toda la casa pisando alfombras de buena
urdimbre, se sientan a la morisca hincando las nalgas sobre los calcañares pero
cuando llega un cristiano le ofrecen una buena silla”. Y refiere que los
embajadores no se preocupan de los soldados cristianos que están en el
cautiverio, a no ser que venga el alfaqueque con un buena bolsa de dinero. Como
se lavan tanto y son tan limpios comentan que los cristianos son sucios y
huelen mal y en ello no les falta razón porque los cristianos sentimos horror
al agua fría y nos lavamos como los gatos. Un baño al nacer y otro al morir es
lo único que muchos conocen en la vida.
El viajero encuentra
en los umbrales de la Gran Puerta muchos españoles, oye hablar en ladino en
boca de los moriscos que huyeron del reino de Aragón y de Valencia escapando de
las garras del Santo Oficio y a no pocos judíos, uno de ellos protegido de la
portuguesa Beatriz Méndez que cambió el nombre por doña Gracia de Luna et tota Hierosolima cum illa.
Constantinopla se convierte en la plaza de las tres culturas. Un español Juan Micas
para casarse con su hija se circuncidó y heredó la dote de cien mil ducados y
pasó a llamarse Josef Nasi renegando de su bautismo cristiano. A Urdemalas le
desplace que sus súbditos que vinieron con él de España Pedros y Juanes
adquiriesen nombres bíblicos como Samuel Abraham y Salomón. Los sefardíes
adquirieron predicamento en la corte del Sultán y muchos eran muy ricos. Nasi
luego sería el iniciador del primer estado judío en Palestina bajo el mandato
del imperio otomano. La idea no cuajó pero supuso una primera baza de la
creación del Eretz Izrael o movimiento sionista. Los judíos tenían ascendiente
con venecianos y ginoveses. Eran los mercaderes que les abrieron las puertas de
Europa por las cuales el pueblo elegido estuvo siempre entrando y saliendo.
Los turcos veneran a san Juan cuya fiesta celebran el 24 de
junio y rinden culto a san jorge el 23 de abril el caballero que aplastó la
cabeza del dragón y es un bienaventurado guerrero turco al que llaman Hedrelez.
No son tahúres. Su religión les prohíbe los juegos de azar con lo que no
pierden el tiempo en contiendas y disputas a los que son tan aficionados los
cristianos. Laguna hace esgrima de retruécanos y juegos de palabras mediante
sus grandes conocimientos lingüísticos. Así por ejemplo en cierta ocasión que
actuaba de intérprete de un personaje cometió un error al confundir “gequier” azúcar con zequier, homónimos pero con opuesta semántica. El primero significa
azúcar y el segundo joder con perdón. Esta confusión provoca la hilaridad de la
audiencia; todas las señoras prorrumpieron en carcajadas y una galana me
preguntó que si zequier… y yo la dije no por falta de ganas pero estas no son
horas.
Y aman tanto a los baños y al agua que Istambol está lleno de
fuentes y el que malgaste el agua peca mortalmente. Tienen excelente vino que
venden a los griegos ciruelas regañadas, albérchigos, higos, nueces y uvas
pasas. En Anatolia dice haber visto monjes encuevados. En aquella región vivió
el preste Juan de las Indias que instauró una religión entre medias del rito
griego y romano donde los curas son casados y viven de su trabajo. Es
impresionante a tal respecto la descripción del monte Santo (Athos) que visita
al regreso de su cautiverio aunque seguía teniendo más miedo al cristiano que
al turco porque estos denunciaban a los prófugos y “les metían las cabras en el
corral”. Se nota que fue el doctor Laguna sacerdote porque se fija mucho en los
ritos y describe las diferencias entre las liturgia bizantina y romana con
acuidad. Las vísperas duran cuatro horas y rezan cantando los 150 salmos. El
estilo y el desarrollo picaresco de la narración y las costumbres de aquellos
monjes también pedigüeños hace pensar en pasajes del lazarillo de Tormes
relacionados con el hambre canina que pasaban aquellos reverendos que ayunaban
cuatro largas cuaresmas y nunca se cortan el pelo ni las barbas que les llegan
hasta los pies y algunas cabelleras hasta la cintura. Andan diciendo siempre
kirie eleison y se santiguan a la inversa. “Teníamos olla de unas arvejas que
llaman frijoles y aceitunas, con casco y medio de cebolla. El pan era algo
durillo pero no malo y duro tenerlo hian
para que no se comiese tanto. Pide al abad al que llaman idumeo que le oiga en
confesión para contarle el caso y el confesor le despide con cajas destempladas
y se niega a ayudarles y le envía a otro monasterio de los veintidós que había
en el monte santo. Y así estuvo el pobre ex cautivo entre Herodes y Pilatos
yendo y viniendo más de una semana. Va disfrazado de peregrino “prosquinitis”. La estancia es
oportunidad para recubrir formas del rito oriental que aun se conservan. La
mañana de resurrección es la fiesta de todas las fiestas se dicen unos a otros
o Zeos anesti formulario de
salutación de la alborada pascual después de una misa que dura toda la noche,
al que hay que responder “allezós anesti”
(resucitó verdaderamente) pero no se recata en decir que aquellos frailes con
esas barbazas espeluznantes parecían hombres salvajes “y la puta que les parió
a sus santidades” ¿A que viene eso de santidad? Porque es la forma de dirigirse
al compañero aunque sea el zapatero o el herrero del convento siempre
conservará el título de santidad. Laguna exhibe sus conocimientos de griego. Le
preguntaban:
—Po pai, iago sini su
pater agiotaje[6]
Y yo muerto de hambre y con unas alforjazas a cuestas
respondía entre dientes: << la puta
que os parió con vuestras santidades>>. Siempre le brotan de su pluma
resabios de novela picaresca y el “Viaje a Turquía” es también del género
aunque en un tono más moralizante e intencionado que el Lazarillo que debió de
ser novela de juventud. Viajes y aventuras con el arranque de una gran pluma
que sabe contar historias sin que en ningún momento decaiga el interés
CONDENADOS AL REMO.
EL VIAJE A TURQUÍA CONTINUACIÓN DEL LAZARILLO
Podría considerarse el Viaje Turco como la continuación de
las Aventuras de Lázaro de Tormes. El primero empieza con el prendimiento al
abordaje de un navío cristiano por los sarracenos donde termina el anterior. El
desventurado mozo del ciego viaja a Sanlucar por ver al duque predios del
marqués de Ayamonte y dominios del Duque de Medina sidonia gran arraez de la
escuadra española para convivir en fraternidad con los atunes.
La víspera de la Virgen de las Nieves Navegando de Genova a
Nápoles a bordo del “Sancta Maura” con el devoto propósito de peregrinar hasta
Jerusalén la nave de la escuadra de Andra Doria es asaltada al abordaje por
piratas de Zinan Bajá. Fue un ataque por sorpresa y en número de más de diez
contra uno por lo que los marinos del Emperador no pudieron apenas ofrecer
resistencia. Los asaltantes irrumpían por todas partes y aparecían incluso por
los sollados. Izaron la enseña verde del Islam al palo mayor. A unos los
ahorcaron a otros los tiraron por la borda y a los más desgraciados los “espetaron
por el fundamento como si fueran sardinas”. El empalamiento es el más cruel y
doloroso de los castigos. El peregrino Pedro de Urdemalas consigue sobrevivir
haciéndose pasar por médico de orina y pulso. Eso era un grado más importante
que el de cirujano y cirujanos era lo que pedía el capitán de la fusta turquesa
o nave oneraria que portaba la impedimenta parte de los víveres y hacía las
veces de buque hospital, pero esta clase de medico según se explicaba un turco
dándoselas de entendido asume la labor primordial de curar “sin tener que
cortar o sajar”.
Los condenados al remo los que bogaban con la chusma en los
navíos del rey constituyen un género literario de importancia en la literatura
castellana del siglo de Oro pero pocos como Laguna encuentran el modo de contar
satíricamente las particularidades de la perra vida de los amigos de los atunes
y los bogavantes, enamorados de las ballena sujetos al brete y la argolla de
hierro que les uncía al duro banco. La nave se movía mecida por el viento e
impulsada por la tracción de sangre de aquellos penados quienes por la gracia
de Su Majestad habían sido indultados de morir en el cadalso sustituyéndose el
castigo por el de galeras. Vivían entre ratas y siempre bajo los ojos del
cómitre que les espoleaba a golpes de rebenque. “Más apriesa, más. Más, cía y
boga marinero. Pese a las penalidades era mucho más sano el bando del remo que
yacer en presidio. Vivían más tiempo, echaban músculo y sudar a mares les
libraba de contraer enfermedades mediante la eliminación de toxinas y además no
tenían que pagar el honorario de un gimnasio para machacarse y estar en forma.
Comían miel, aceitunas, galletas y nueces. En la flota turca contraviniendo las
suras del Profeta les suministraban aguardiente y vino. La mayor parte de los
encandelados eran cristianos que habían sido aprehendidos. “A mí tocome la
bancada de la banda al lado de la necesaria o privada, acostúmbreme a la
hedentina y pronto me subieron a cubierta porque el arraez me palpó los brazos
y vio que era flojo”. ¿Cómo dormíais? Al sereno. Teniendo por dosel las
estrellas y por frazada el aire marino. Soberbia y lacónica descripción. Las
galeras eran las cárceles flotantes. Muchos cristianos viejos renegaron de su
religión. Con tal de salvar el pellejo trocaron a Jesucristo por Alá pero iban
contentos en las bancadas sujetando el remo al lado de la ballestera. Cada
galera tenía 28 bancadas y otros tantos ojos artilleros. En cada banco tres
hombres amarados pero en las naves capitanas hay cuatro hombres por cada
bancada. En total 150 forzados. Soldados 110 y doce gentiles de popa amigos del
capitán. La sala de fuerza le parece a Villalón un infierno abreviado con tanta
gente en tan poco espacio. Lo peor el olor de los cuerpos que transpiran y el
ace3cho de las ratas que saltaban por cubierta y subían y bajaban desde la
bodega. Todos reniegan de su suerte y son la gente peor del mundo aunque se
digan cristianos. Los más bellacos. Pero cuando hay viento prospero cesa la
boga y ellos se entretenían con trabajos de manos. Una gaveta les servia de
duerno donde comían todos y por la noche de zambullo para hacer sus
necesidades. Esa era la vida en las galeras del rey. Aquella flota que
esperaban en Sevilla con sus áureos cargamentos y sus marineros enfermos de
escorbuto. Aquellos mareantes fueron la base del poder marítimo que tuvo España
en el Mediterraneo y luego aguas arriba y aguas abajo del Atñantico en la
carrera de Indias y serán los literatos conversos (Estebanillo, Guzmán de
Alfarache, la Picara Justina, Delicado Baeza, El Buscón, el Diablo Cojuelo) los
que den cuenta de este afán mesiánico del Emperador a quien sirvieron en
Flandes como soldados o marinos de la mar Oceanía o como exploradores de las
Américas. Creían tener entre mano una sagrada misión civilizadora que se truncó
en parte por la difidencia del Vaticano y la calumnia de la Leyenda Negra. En
Castilla no existió en verdad problema judío como lo hubo en Inglaterra en
Francia o en Alemania. Los judíos estuvieron yendo y viniendo y como cuenta
Erasmo son gente buena que siguen esperando la llegada del Mesías y aferrados
las enseñanzas de la biblia, celosos de sus costumbres y tradición. Hubo una
conversión en masa misteriosa e inexplicable de la mayor parte de los judíos
castellanos andaluces y los del Reino de Valencia al final de la Edad Media e
influyeron de forma determinante en el catolicismo romano. A partir dellos todo
cambió. Vosotros sois la sal de la tierra. Las historias de la expulsión, de la
llave que se llevaron consigo de las casas de su posesión asi como el numero de
sefarditas que prefirieron ewl exilio a cambniar de religión —la versión del
cura de los palacios que los ve embarcarse camino de Marruecos fija el numero
de deportados en dos mil— pertenecen a la fábula más que a la historia.
A Urdemalas no le duelen prendas acerca del comportamiento
maligno de ciertos clerigos, los disparates del culto a las reliquias, o las
peregrinaciones a Santiago. Piensa que es una leyenda urbana el que algunos
romeros portasen consigo la tralla con que eran golpeados por los cómitres de
la banda para ofrecérselo al apóstol como exvoto. “Imposible porque aquellos
bellacos jamás daban de mano el rebenque con que nos molían a palos.”
Estas veneras sin embargo dieron pábulo a la picaresca y a
los libros de viajes. Hogaño los romeros de Compostela caminan más por deporte
por ver el paisaje o sentir la emoción de la naturaleza que por creencia
religiosa. Y el que va de romería se arrepiente al otro día y de aquellas
conchas estas veneras.
LOS
CANTOS DEL GALLO MICILO DEL CROTALÓN
Son veinte quiquiriquíes correspondientes a otros tantos
capítulos de un bravucón poco amigo de los curas siquiera su anticlericalismo
se encuentra fundamentado en la corrupción de costumbres de los consagrados.
Alza su cresta el masto y despierta a las cristiandades desde lo alto del
gallinero. A sabiendas de que en cualquier momento lo desplumen. Se basa en las
negaciones de san Pedro en el pretorio: “Prius
Quam gallus cantet ter me negabis”. Antes de que el gallo cante tres veces
tres veces les dirás que no me conocer “Et
continuo gallus cantavit”…“et
eggressus foras Petrus flevit amare”… y salió fuera el apóstol y lloró
amargamente uno ve los pasos de la pasión de Cristo en estos textos que a mi me
recuerdan la recitación monódica como se hizo durante siglos en las catedrales
españolas a tres voces. Cristo. Pueblo y
Sinagoga. Concisa narración de la tarde de Viernes Santo, sublime mensaje… pase
de mí este cáliz pero de esta forma se consuma la redención. “El Crotalón de
Cristóforo Gnosofo y de los ingeniosos sueños del gallo de Luciano famoso
orador griego” es la escenificación de aquel drama en que Cristo vuelve a
llorar por los pecados de la iglesia. Similarmente tiene algo de libro de
caballerías y de novela bizantina que parece inspirada en los cuadros del Bosco
y los brochazos de Bruhgel… la humanidad marcha camino del infierno de espaldas
al Gólgota y al Sinaí. La inquisición poniendo bozal a nuestras desventuras nos
manda cerrar el pico. Usted se calla. Que he dicho que te calles. Taceat mulier in synagoga. Bueno, bueno,
no es para ponerse así. Más quisiera ser yo predicador de vereda que arzobispo
de Toledo. Van desmandados. Los caminos del infierno son anchos, afables y
espaciosos, se circula cuesta abajo. Por el contrario las sendas de la virtud
son calles estrechas muy empinadas llenas de piedras picudas, sendas de
abrojos. Erasmo había dicho que santos y sandios vienen de la misma raíz y que
estos que se dicen bienaventurados o se arrogan el título de filósofos son
tontos. El mundo mundial se encuentra bajo el dominio de la locura y de la
sandez. Y todavía quedan algunos que quieren ponerle puertas al campo. Vive y
bebe, hermano, no te compliques la vida. Reza cuando puedas pero no las tengan
muy seguras acerca del valor de tu plegaria porque Él está muy arriba. No nos hacen caso. ¿Por qué no escuchan,
señor? ¿Siempre fue así? ¿No hay enmienda? No. La trulla vocifera. Prefiere ser
engañada toda la chusma. Vulgus vult
decipit (Jerónimo)[7]
pero hay que vivir sobre aviso y recatados como hacía el padre del escritor,
Diego Fernández Laguna que recibió las aguas de gracia en la iglesia de san
Miguel. Su padre era físico de loa Reina pero su abuelo regentaba una de las 24
tablajerías que había en la ciudad de Segovia años 80 del décimo quinto siglo.
Luego se mudaron a la calle del Sol cabe la sinagoga nueva. Se supone que la
rama de olivo del crecal de Israel infundió nueva savia a aquella Castilla de
los bandos y las coplas cada señor en su castillo y cada familia en su casa
torreada esplendoroso encierro. En el Crotalón hay atisbos de los proverbios
sapienciales que son la base del Talmud. Retumban entre sus páginas las
carcajadas de Israel al ver entre los cristianos tanto desamor, tanta
superstición, tanta ridiculez. Sus fiestas no son una santificación del sabat
sino verdaderas saturnales para dar rienda suelta a los vicios, Tal vez
filosofar sea el único consuelo del pobre pero es peligroso alzar el gallo más
de la cuenta y que retumbe el eco de tus quiquiriquíes por el espacio infinito.
Por menos de nada te despluman como acontece en el capitulo vigésimo a un gallo
con crestas roja muy orondo y con muchas plumas lo desplumaron las vecinas— ah
las dueñas antañonas chismosas y alcahuetas— y después se lo cenaren al de por
junto y en comandita daca acá el gallo dame tu cola y Demofón dice que como las
animas al morir se reencarnaban en el cuerpo de otro a Pitágoras lo hicieron
león y Micilo se convirtió en cura. ¿El milagro que hizo cristo cuando expulsó
aquella legión de demonios del cuerpo de un poseído no demuestra que el Verbo
Encarnado no es un símbolo de la metamorfosis que hará a los seres peregrinar
eternamente en el cuerpo de otro ora rana ora perro ora obispo? En el Crotalón
se lee la cartilla a las mujeres y todo el libro adolece de cierta misoginia,
el gallo nos anima a andar prevenidos contra las santidades fingidas, las
romerías, procesiones, peregrinaciones, tanto colegio tanto hospital y tanta
capellanía de las monjas de la que se sirven algunos clérigos lascivos para dar
rienda suelta a su lujuria disimulada. Con motivo de una misa nueva son
invitados los párrocos de las catorce iglesias de la ciudad[8]
algunos prebendados empinan el codo más de la cuenta el cura de santo Tomás
chocarrero él quiere hacerse el gracioso y derrama un jarro de morapio sobre la
pechera de Maguncia que es la madre del misacantano. La juerga termina a palos.
El cura de san Nicolás y el vicario de san Martín empiezan a discutir. Derraman
el vino. La ira se hace presente pero no ha de darse demasiada importancia a la
clerical borrachería, los sátiros tratan de conmover la virtud de Lucrecia y
gorman las manos recién consagradas del misacantano. Era su hijo, su único
hijo. En la torre de la iglesia de Cabezuela flameaba la bandera blanca de las
misas nuevas. El vino acaba calentando las orejas del abad—esta es una novela
clave con un mensaje censorio a las malas costumbres de ciertas sotanas— pues
donde está el bien también el diablo anda por allá; se mete dentro de las
cajoneras donde se guardan las casullas, nos mea en la pila del agua bendita y
menea el rabo saltando de una a otra por las cornucopias, en juego de espejos,
de las sacristías. Los sátiros hinotopades, plisos, alados grifos y agripones,
seres míticos, se irán esta tarde por ser san Pedro con las dueñas al campo
preparan la cabalgada de los centauros. En Europa resucitan los gigantes
¡malhaya los domingos con sus mañanas de misas cantadas y sus tardes
enfurecidas por el vino y noches de bacanal! Villalón nos da ración doble de
ingenio en este libro. La filología comparada dictaminaría que nos diría que
las aventuras del Lazarillo son muy parecidas a los cuentos del gallo Micilo,
ambos textos manaron de la misma pluma. Ojala regresaran aquellos tiempos
porque Europa medio pagana o media cristiana se divertía y se toleraba hoy nos
constreñimos alrededor de una jaula y el gran cofrade suelta estupideces o nos
grita consignas. Si te sales de la línea marcada te envía a los gendarmes. Al
gallo Micilo no le gustan las mujeres a veces se deja llevar por un furor
misógino quien lo diría si tiene todo una harén para él pero es más celoso que
un turco aquí traérmela aquí quiquiriquí. Les larga un mensaje a sus dueñas
venís al mundo a parir cumplid el encargo. Ellas no son muy discretas y andan
ventaneras luciendo palmito tiñéndose los brazos de alheñe entregadas a sus
manicuras y sus afeites y luciendo palmito quitándole la honra a los maridos lo
poco que tienen. Van por la calle con contoneos y meneos deseando las miren
luciendo sus joyas pulseras de oro y pendientes collares ajorcas aljófares
trencillas pregoneras del sexo y la lascivia, las cristianas le parecen menos
recatadas que las moras y las judías. El gallo de Sócrates entonces emite por
las fauces y sin mancharse el pico una alectoria terrible hijas de Jerusalén no
volváis a Sodoma por el pecado de los hijos de Israel vendrá el castigo. Este
gallo toma el rábano por las hojas. No se anda con chiquitas. ¿Quién encontrará
a la mujer fuerte? Los avisos suenan por todos los corrales pero la chusma no
hace caso. Comamos y bebamos dicen y que no se quede en el fondo del arca el
pan de trastrigo. Atropos personaje mítico es la voz clamando en el desierto.
Un arquero dispara blasfemias contra el cielo, sus dardos van a perderse en el
fulgor de las estrellas. Pero escupir al cielo es arte de zarlería. Llueven
después gargajos sobre las cabezas de los mortales. Mientras el barco de la
fantasía cruza las aguas con su matalote de sueños. Mira qué oronda navega la
nave oneraria llevando en la panza galeotes cristianos. El doctor Laguna más
que percusor del género picaresco es su inventor y otras literaturas europeas
la inglesa Tom Jones o Walter Shandy o los franceses Gil Blas de Santillana
seguirán ruta elaborando sus textos con un estilo clásico elevado al que se
incorporan voces de la calle. Es el habla de los perailes tundidores y
cardadores de Segovia que se sentaban bajo los arcos del Azoguejo los jueves
del mercado y estaban siempre a verlas venir. Su modo de escribir estéticamente
posee la claridad y los aires puros de Segovia ciudad baluarte y de altos
empeños.
ERASMO
PATRÓN DE LOS HUMANISTAS. LA IGLESIA DEBÍA CANONIZARLO.
Si no te
gusta Erasmo o eres fraile o eres asno solían decir los humanistas de Alcalá la
que tuvo un talante más liberal y reformista a la sombra de Cisneros. Salamanca
era otra cosa. Erasmo no tuvo buen cartel en España y el sentimiento era mutuo.
Le dio calabazas al emperador que le ofrecía una mitra en Sicilia, no quiso
nunca cruzar los pirineos. “Un obispado
no vale lo que vale mi libertad”. Non placet Hispania.
No le
gustaba España y aquí sus secuaces fueron muy perseguidos bajo la sospecha de
herejes (los hermanos Valdés, el metropolita Carranza primado de Toledo y del
autor de ese libro tan delicioso que es el Lazarillo lo publicó anónimo por
miedo a la inquisición.)
Sin
embargo, se hace lenguas de los ingleses a los que alaba sus costumbres, su
mejor amigo fue Tomás Moro. Pasó los mejores años de su vida en Londres y se
sorprendía de que en aquel país todo el mundo besase a todo el mundo. La
Arcadia. La utopía. Mihi praestat Britannia quia suavis est sicut
osculum.[9]
Le besaban los ingleses lo besaban las inglesas. Fue el primer anglófilo de la
literatura universal pero toda su obra está en latín.
Su
pasión eran los libros en cuya compañía en un rinconcito se sentía en compañía.
Porque un libro es el mejor amigo. La frase es suya. Más muchos que pocos y
cañuto más mejor. Te hacen ser tolerante y compasivo. Escribió mucho… cuanto
más escribo más gusto y mejor lo hago. Amaba a los hombres pero de lejos.
He aquí
un hombre de pensamiento más que de acción. A man for all the seasons, al igual que su amigo Moro. Un hombre
para la eternidad que no duda en verter su cáliz de hiel y vinagre contra los
curas y los frailes. Certero en sus juicios expresados con rotundidad aunque a
veces siente que se le va la pluma. Era desmasiado inteligente y se adelantaba
a su época.
De la
huida y del andar de acá para allá hizo un lema vital. Erasmo fue un holandés
errante. Siempre anduvo con la mosca en la oreja y a la espantadiza. Una de cal
y otra arena. Corrían tiempos recios y no era bien quisto sobre todo en España
y en Italia. Donde Scaligero le larga sus buenas andanadas tachándole de
epicúreo y sibarita.
Para la
escuela de Salamanca siempre fue sospechoso de herejía y la Sorbona le declara
persona non grata por haber criticado a la escolástica que enseña a discutir y
a regañar pero no a razonar.
Le salvó su ética, su pasión por el
centro-virtus in medio est- y su sentido del humor que fue el mejor contraveneno
para vivir aquellos lustros emponzoñados. Cruzó media Europa cabalgando en
mulas prestadas cargadas de libros y en Dover le confiscan todo el dinero que
llevaba los aduaneros ingleses que para esto son muy suyos- Erasmo no había
leído a Shakespeare que conocía bien a sus paisanos[10].
No obstante lo cual no mermó nunca la anglofilia de Erasmo que acababa de
escribir “La educación del Príncipe” tomando por modelo a Enrique VIII.
Siempre
tenía frío, escribía sin parar. No es lo que se dice un religioso modelo. No
decía misa todos los días y “se fumaba” el coro siempre que podía. Pero pocos humanos han penetrado en la
grandeza de la obra y la figura de Cristo como él volviendo a sus raíces
paulinas e inspirándose en la Carta a los Corintios que fueron textos
inspiradores y motor de arranque de la reforma luterana; nadie tan poco atacó
con tanta furia y clarividencia a la iglesia romana a la cual considera una
caricatura del ideal cristiano epicentro de la impostura, el contubernio, el
veneno, la corrupción y la arrogancia. Sus libros cobran una singular
relevancia en estos tiempos tan parecidos a los del siglo XVI, de reformas, de
nuevos inventos.
“Encomio
de la locura” que ha sido mal traducido en occidente ya que su original griego
“Morias Egkomion” en realidad significa elogio de la sandez. El numero de
tontos es infinito y los sandios, aquellos que vegetan en la nube del no saber
de Nicolás de Cusa suelen vivir largos años, felices en su ignorancia y en su
estupidez. Si no os hacéis ignorantes (como niños) no entrareis en el reino de
los cielos. Mientras que los sabios, los filósofos, los grandes escritores
llevan una existencia de pobreza y persecución. Cristo viene a decirnos este
fraile holandés despreciaba las riquezas pero también la concupiscencia de la
inteligencia el afán de saber y de conocer. Compara la concupiscencia del alma
a la concupiscencia de la carne. De qué os vale ganar el cielo y la tierra si
al final perdéis vuestra alma. El Evangelio tiene un lado oscurantista. Con su
tesis Erasmo asustó a los teólogos de Oxford, de Lovaina y de la Sorbona. Sus
libros tuvieron magna difusión a primeros de aquel siglo. De hecho, fue
invitado a enseñar Teología en Alcalá en 1508 pero rehusó con la celebre frase
“mihi non placet Hispania” luego serían prohibidos por Cisneros. El erasmismo
creó escuela en Castilla alrededor de los círculos del emperador, fueron una de
las causas religiosas de las guerras de las comunidades e inspiran con ciertas
reservas a toda la literatura picaresca... este canónigo de Utrecht al que le
gustaba la vida cómoda, comer y beber bien y tener su celda bien caldeada
porque era algo friolento y de ahí dimana la tibieza de su carácter fue un
incendiario. Siempre son algo peligrosos los hombres de las medias tintas del
centro. Se asustó. Intentaba al final de sus días amainar velas pero ya era
demasiado tarde. El cisma estaba en camino... nació fuera de tálamo de la unión
del obispo de Stein con una hebrea. El odio hacia el padre al cual no conocería
nunca sembró en su corazón la inquina hacia el papado, las órdenes mendicantes
y un marcado desprecio hacia las costumbres paganas de los cristianos
flamencos. Si no te gusta Erasmo o eres fraile o eres asno. Retumban en sus
escritos las carcajadas de Israel. No supo entender el carácter sagrado de toda
religión que tiene una componente externa y otra interior. No supo entender ese
carácter íntimo por donde fluye la gracia. A fuerza de exaltar a los tontos cae
Erasmo en los mismos vicios a los que fustiga. Vierte el veneno con vehemencia y
solicitud contra esa iglesia que es puro ropaje exterior integrada por obispos
fornicarios, papas corruptos o malvados, siempre al servicio del poder. Llevan
en parte razón los autores proféticos rusos que anunciaban la llegada del
anticristo en la personalidad de un pontífice que se convertiría en ministro de
Asuntos Exteriores de la Gran Organización. Niño de coro de la catedral de
Utrecht debió de sufrir algún abuso sexual que determinaría su misoginia y la
inclinación hacia personas del mismo sexo. Sus libros constituyen un
inteligente y despiadado sobresalto sin pasar por alto que con frecuencia se
pasa de listo. Estallan sus invectivas antieclesíasticas con la rotundidad
tonante del pedo de Príapo dormido al pie de una higuera que asustaría a las
musas. Canidia y Sagana las dos musas lascivas que querían coquetear con Príapo
huyeron espantadas. Echa por tierra toda la teología escolástica. Los sabios y
los santos le resultan antipáticos. Conjunto de fracasados en la vida… “cómo agrada a los doctores solemnes, los
doctores sutiles, los doctores melifluos, los doctores seráficos, doctores
santos e irrefutables que arrojan como si fuera carnaza arrojar al vulgo ignaro
los silogismos mayores y menores, las conclusiones, los corolarios, las
suposiciones y toda esa retahílas de estupideces escolásticas… tienen las
mujeres muchas razones para amar a los frailes; encuentran en ellos un bálsamo
que les consuela de sus disgustos conyugales”. El mundo está lleno de locos
y la receta contra esta estupidez general es un tisana hechas con hojas de
elaboro que sirve para curar la locura. Y también el vino porque los niños y
los borrachos y los tontos son los que dicen la verdad. “Vivid y bebed” es la
recomendación que hace al final de su obra “Elogio de la locura” obra que
estuvo dedicada a un santo mártir de la iglesia católica santo Tomás Moro, que
era amigo suyo y al que Enrique VIII mandó degollar por oponerse a su
matrimonio con Ana Bolena. Está escrita en un latín elegante al igual que su
otro gran libro “Los Adagios”. Todas ellas puestas en el Índice por el Concilio
de Trento.
SEMINARIO DE SEGOVIA MI ALMA MATER
Vuelo a Segovia regreso a mi alma
mater y me encuentro en las escalerillas de la muralla de la Huerta con el
espectro del Padre Laínez que se dirige a mí en tono afable mientras subo los
peldaños desgastados de la escalera a dos vertientes donde los centinelas de la
edad media montaban guardia en la garita ante un paisaje de montañas nevadas.
La mujer Muerta al fondo yace en su
túmulo de basalto. Escucho en la lejanía las notas de un rabel que entona un
romance. El maestro Joaquín Díaz la música callada de las noches serenas de mi
infancia debe de andar entre las filas de los seminaristas que pasean en su
“deambulatio” de Tercia la hora de la quiete, se rompe el silencio, el padre
prefecto da una palmada y estallan las voces juveniles de la estudiantina:
▬Benedicamus
Domino
▬Benedicamus
y al cielo vayamos.
▬Tira,
Parrita, venga, va.
Mi amigo Filemón el de Escarabajosa
me tira un balonazo y empieza la partida de futbol entre “Gurriatos” y
“Galapagos”.
Dos acacias en mitad del patio hacen
las veces de improvisados postes, yo jugaba de portero. He regresado, a la
recherche du temps perdu, a una mañana como esta del Día de San Frutos de hace
sesenta años.
Los punta de diamante de los merlones
de la muralla se alzan enhiestos y vigilantes y una cigüeña planea hacia los
tejados de su nido que se alza en la misma espadaña de la torre del Conde de
Cheste, lamiendo casi con sus alas la vertical del Acueducto. Estoy en casa.
He venido al encuentro del tiempo
redivivo y arropado por la sonrisa del padre Laínez siento el renacer de viejas
ilusiones mías, cuando soñábamos en voz alta, cantábamos recio nuestras salves
en latín y esperábamos la llegada de un mundo feliz.
Diego Laínez nació en la villa
soriana de Almazán, fue la eminencia gris y mano derecha de san Ignacio, el
tercer Prepósito General de la Compañía. Hablaba siempre en portugués porque en
Lisboa estaba entonces la capital de España y los jesuitas con el quinto voto
reciben el don de un quinto sentido para saber dónde se encuentra el poder.
Fue el fundador de esta casa
convertida tiempo adelante en Seminario Conciliar. Fue uno de los primeros
cuarteles que estableció la Sociedad de Jesus en Europa reinando Felipe II.
Todo está casi igual que entonces. La huerta se ha convertido en aparcamiento.
Era la Huerta del Judío trasera a la Casa de los Picos donde se alzaba la Torre
Carchena
Son más frondosas las acacias,
algunas malas hierbas incluso un ailanto crece en las junturas del adarve, se
llevaron o ha desaparecido la alberca o pilón de sólidos sillares de granito un
vestigio romano donde se recogía el agua de la conducción del acueducto. La
fuente manaba por un caño y allí nos bañábamos en calzoncillos algunos
seminaristas por el verano.
Pero la espira solemne y triunfal de
la “Aceitera” (así llamábamos a la torre de la antigua Casa de la compañía) se
yergue solemne y triunfal sobre el skyline mirando al mundo con un aire de
orgullosa melancolía. Se encuentra en el punto más alto de la ciudad.
“El padre Laínez era pequeño de
cuerpo, la color blanca aunque un poco ortigado, de alegre rostro y con una
perenne sonrisa apacible en la boca, la nariz larga y aguileña, los ojos
grandes y vivos y muy claros. Fue de delicada complexión aunque bien compuesto
y ancho de pecho y no menos de corazón. Fue desde muchacho quebrado y ya siendo
hombre muy fatigado de dolor de ijada y de riñones, y algunas veces, aunque,
pocas, de gota, pues comía poco. Su ingenio fue exuberante, grande, agudo,
profundo, vehemente, claro, robusto. Tenía una sed insaciable de leer; así leía
continuamente y pasaba libros escribiendo de su mano y sacando lo que le
parecía bueno dellos. En esto servía a la Iglesia y al Bien común. Pasaba un buen
tomo de las obras del tostado en muy pocos días y hacía extractos dél con
extremada aplicación y diligencia”
Esta es la semblanza que traza sobre
aquel gran general de los jesuitas uno de sus biógrafos. No se puede calar más
hondo en el difícil arte de la prosopografía, trazando un verdadero retrato
psicológico de este alabardero de Cristo, martillo de herejes y confutador de
la herejía calvinista.
Predicó por toda Italia y la Auvernia
francesa. Estuvo a punto de morir la noche de San Bartolomé. Siendo niño le
pidió a Dios el don de la sabiduría y el señor parece ser que se la concedió
sin dejar pasar por alto que como buen jesuita fuese un hombre controvertido.
No fue muy larga su vida. Murió en Roma a los 53 años.
Sus biógrafos añaden otro detalle: nunca
probaba la carne, siempre el pescado. El matrimonio le parecía el mayor de los
tormentos. Sin embargo, en el ambiente corrupto de la Roma de los papas del
Renacimiento no escapó a las tentaciones de la carne▬ era la misma que nos
describe Delicado Baeza en su “Lozana andaluza” ▬ cuando una cortesana vino a
tentarle “presa de una ciega y desapoderada pasión” pero él dejó a la serpiente
con el silbo huyendo de las trazas y halagos. Parco en el yantar, muy tranquilo
en las contiendas y trabajos que hubo de soportar en defensa de la fe.
Recomendaba a sus novicios libros devotos y edificativos aunque fueran escritos
en bajo estilo y con poca elegancia de palabras.
No quiso ser obispo de Mallorca y
renunció a la silla arzobispal de Pisa. Asimismo, se escapó de Roma cuando le
propusieron para sucesor de san Ignacio. No se llevó del todo bien con el papa
Paulo IV el famoso papa “Caraffa” pues fue un luchador incontrovertible contra
la simonía y el nepotismo, males endémicos de la curia por aquellas calendas. En
algunos retratos que de él se conservan alienta una mirada profunda de jabalí.
De ahí el mote que le pusieron algunos curas desafectos a la Compañía: “aper”
(jabalí). Sin embargo, este augusto intelectual soriano que a lo mejor hoy
hubiese sido un cura progre era la vera efigie de la mansedumbre, en el trato
era afable y volviendo a sus biógrafos estos hablan de la “comitas” (dulzura)
de su carácter, aunque insobornable.
Este encuentro virtual con mis raíces
me ha sacado del tiempo presente y por el espejo retrovisor de la vida
contemplo mi pasado, la vida transcurre deprisa. No sé si se me ha aparecido el
padre Laínez o es una obsesión que me invade, desde tantos años atrás, entre
libros dándole la vuelta al aire jugando con las ideas al compás de mis sueños
y de mis fracasos pero es el legado que recibí de mi alma mater ese afán de
leer e indagar esa constante búsqueda de la verdad apasionada.
En esto que una voz joven me saca de
mis ensimismamientos espectrales. Alguien me llama la atención. ¿Habré metido
de nuevo la pata?
▬ Eh oiga usted ¿Es todo esto suyo?
Baje inmediatamente, está prohibido. Esta parte de la muralla es del
Ayuntamiento no pertenece al seminario.
▬Estaba sacando unas fotos y
recordando viejo tiempos▬ contesto.
Desciendo, acto seguido, muy solemne
por la escalera imperial a dos aguas por donde subía y bajaba el relevo de la
guardia romana de la muralla y ya más amigable le explico al joven (mea culpa)
que me he colado aprovechando que se abría al paso de un coche la puerta
automática de la huerta para colarme en el recinto. Estoy disfrutando a mis
anchas con mis recuerdos.
▬Pues,
si cae usted, o le pasa algo en menudo lío que nos mete. Han puesto un pleito
al obispo por estos terrenos que son de la Iglesia desde tiempo inmemorial.
▬¿Quién
puso la demanda?
Mi interlocutor se encoge de hombros.
▬Ah,
no sé.
▬Lo
quieren todo estos tíos, todo es suyo▬ le digo al joven que se llama Rafa y que
es nada menos que el vicario del Obispo y hace las veces de cancerbero,
vigilante, portero, recoge las llamadas, está al tanto y tiene fama de ser muy
buena persona entre el clero segoviano. Episcopein en griego quiere decir
obispo el que anda a la mira. Rafa, hijo haces bien. Aprecio en este buen cura
la humildad y cumplimiento del deber que nos inculcaron y que viene a ser la
marca de la casa. Creo que Rafa que es sacerdote joven sería un buen obispo
para estos tiempos difíciles que vivimos. Como
heredero del legado que nos legó Laínez a los que por acá estuvimos y
damos ahora pasos perdidos en un mundo lleno de controversias y de esperanza.
Veo ahora al cabo de tantos años sus
ojos claros y distantes bajo el gorro bisunto ocultando la gran calva. Ardua es
la santidad que un ojo en el cielo y otro en el suelo. Ejemplo de lo que quise
ser y no pude a la sombra de la Torre de la alcuza, la entena que quería
agujerear el cielo con nuestras preces, rosarios y sabatinas. Todo aquello para
qué, me pregunto y, sin embargo, creo que de algo ha servido. Jamás perdí la
decencia ni renuncié a los ideales. “Sic, ad ardua” y yo soy desde entonces un hombre de oración
y de introversión. Los escolásticos me enseñaron esa rebeldía y desde aquel día
ando negando la menor. La Aceitera era la torre más alta de la ciudad escarpada
y altiva después de la catedral. Maestro Laínez, tú me leíste la cartilla.
Recito el pensum de los clásicos, canto cuando el sol alza su oblea de oro por
el horizonte el Iam lucis ortus sidere y
esa oración me ayuda en mi fe. Un ojo en el suelo y otro en el cielo. Desde
entonces quise vivir en jesuita. Los libros y la escritura son baluarte de mi
fe sin fetichismos ni idolatrías. Estoy ad latere. Sagrado Corazón de Jesús en
vos confío. Con esa oración en sus labios murió mi padre y es el saludo con el
que quisiera yo despedirme de la vida cuando la hora llegue. Ese orgullo
intelectual que me domina viene también de mi maestro Laínez. La lápida de
mármol en la que ponía “aquí vivió Diego Laínez” estaba cerca del ventanuco de
mi camarilla. Muchas veces en mi visita a mi ciudad me he sentado en aquellas
escalerillas de granito junto al estilóbato de la fachada apoteósica del más
genuino estilo herreriano. En el dintel se divisa el escudo episcopal en
colores una tiara y las ínfulas
revolteadas junto al báculo. Tres puertas hoy
cerradas de pino pintado de verde abren la entrada de la gran iglesia
hoy vacía. Símbolo trinitario. Por ellas entrábamos procesionales en las noches
de sábado. Un diacono portaba el cirio pascual
y entonaba el Lumen Cristi. El coro respondía Deo gratias. Nadie
supondría que medio siglo más tarde todo aquello se derrumbaría, y el templo
olería a cagadas de gato y los silogismos que estudiáramos con todo ahínco no
valdrían para nada. Siempre me han impresionado tanto las iglesias vacías como
las puertas cerradas, quizás un resabio de mi infancia. Sentía pánico cuando al
regresar de la escuela a casa llamaba y no me habría. No estaba mi madre y
tenía que esperar en la escalera. Fue aquello el presagio del tiempo que
vendría aunque todo esto que ha ocurrido ni nos lo podemos imaginar. ¿Habrá
empezado el Apocalipsis? ¿El timón de la
barca de Pedro quien lo dirige? Son sospechas que rondan mi cabeza y he
arriesgado mi situación y mi prestigio por denunciar esta situación que nos
merodea. Tampoco conviene perder la perspectiva. Confiamos en el Salvador sin
hacer reserva de que de mucho de lo que está pasando, por ejemplo el registro
ayer mismo del palacio del obispo de Bruselas, la culpa la tienen los clérigos
indignos. Dios confunde su soberbia. En la Iglesia ortodoxa, empero, no se dan
tales conflictos. Reflexionemos, pues. Hay que ser lógico y deductivo como era
el Padre Laínez, aquel soriano de Almazán al que sus compañeros no podían ver
porque decía la verdad y se mostraba irreductible en cuestiones sustantivas a
la armadura del dogma. Lo demás era sustancia y en esta época estamos
confundiendo el accidente y la sustancia y el trigo y la paja se entreveran. Es
la fragilidad del barro de nuestra condición y la gallinaza y la mierda que
taponan nuestros ojos. In dubio pro reo era una de las máximas suarecianas de
cuya teología se mostró partidario el segundo prepósito general de los
jesuitas. En aquella recoleta plazoleta del seminario se aposentan mis
principios. Era mi alma mater. Diego Laínez (1512-1565) era un lector
empedernido y un escritor incombustible. Sólo vivió 53 años bien aprovechados y
al final de sus días se jactaba de haber leído un libro cada veinticuatro
horas. Un ojo en el cielo y otro en el suelo. Dicen sus biógrafos que los
papeles perdidos y apuntes del buen discípulo de san Ignacio si se recuperaran
no cabrían en un edificio de tres alturas. San Ignacio apenas escribió nada
sólo los Ejercicios Espirituales un libro mal escrito donde resuenan las
concordancias vizcaínas pero que ha sido un best seller místico para todos
aquellos que querían emprender la ruta de la santidad, y el más famoso después
del Kempis pero inculcó en sus hijos el afán de la literatura como un acto de
servicio. De ahí que pocas veces se hayan tenido noticias de miembros de la
compañía con fama de lerdos o torpes que tanta abundan incluso hoy en día en
nuestros curitas sabelotodo, y que son herederos de aquellos curas de misa y
olla, un tanto cerriles y oscurantistas, los predicadores de vereda que tanto
encocoran al padre Isla otro jesuita injustamente perseguido y expulsado de
España pero que nos legó una obra que es un segundo Quijote el “Fray Gerundio”,
una obra que yo recomendaría a los tertulianos de nuestras teles que tanto
hablan sin saber nada y a otros agentes del agit prop de la democracia. La
norma jesuítica de “en tanto en cuanto” se adapta a concebir la literatura como
un servicio a la Fe. Por eso, los miembros de esta ordenes, los guardias de
Corps de la Iglesia, tuvieron fama de listos. Laínez es un enigma. Nació en
Almazán de padres conversos y llegó a ser luminaria en Trento. Este hecho se
compadece con la idea de que el catolicismo español conserva una huella
sefardita de forma indeleble. Llevó una vida austera, propia de un rabino, en
aquella Roma de los papas corruptos del Renacimiento, dominada por la avaricia
y la lujuria, según nos la describe Delicado Baeza en su “La lozana andaluza”.
Roma putrefacta se estremeció ante los martillazos que un predicador agustino
daba a las puertas nieladas de la catedral de Wittemberg. Contra la simonía,
las bulas, el absentismo episcopal, la disolución de costumbres en los de vida
consagrada. Lutero con su exégesis fundamentalista, de vuelta a los principios,
y sus teorías sobre la Biblia a palo seco (nuda escritura) llevaba razón en
muchas cosas pero le perdió su soberbia de fraile marimandón y con aquellos
clavos sobre la puerta de la más airosa de las catedrales alemanas de nuevo
crucificó a Cristo. Pero la iglesia, obra de judíos reformados (Pedro, Pablo y
Andrés) volvió a ser salvada gracias a este converso soriano, integérrimo en
sus costumbres que cumplió la regla ignaciana con sus cuatro postulados:
castidad, pobreza, obediencia y el cuarto voto de servicio al papa a
rajatablas. Esa castidad, esa pureza de vida que me enseñaron en aquel
seminario que fue casa de la compañía fueron mi norte y mi vida y he profesado
aun habiendo renunciado al celibato porque para mí el sexo es una función
procreadora y para la conservación de la especie, algo que no entiende el mundo
moderno. La idea la mamé dentro de aquellos muros pues no sólo la castidad es
un privilegio del celibato. A Laínez no se le conocieron líos de faldas ni de
pantalones, renunció al capelo cardenalicio y a los episcopados de Pisa y de
Mallorca. Él instituyó la costumbre de que los jesuitas no puedan ser obispo,
excepto en casos excepcionales. Gozó de las preeminencias del papa Paulo IV,
que favoreció a la Orden, pero su sucesor el cardenal Caraffa se constituye en
uno de sus detractores y los jesuitas, la quinta columna de la Iglesia,
estuvieron a punto de ser disueltos.. Su obra magna no ve a luz, “Disputationes
Tridentinae” no ve la luz hasta 1866 y de ellas escojo esta perla: “Melius est
Deum collere quam contumelias impetrare” (es mejor servir a Dios que hacer caso
de lo que diga la gente)
28/09/2016
ALFONSO DE VALDÉS. EL SACO DE ROMA
La situación en que se encuentra este
planeta en agosto de 2013 con esa primavera árabe que ha florecido en capullos
siniestros y mortandades en Libia, Egipto, Irak, Siria, Túnez, naciones en las
cuales se fundamenta el origen de la cristiandad (un ángel negro, el Azrael
bíblico ángel del mal, ha metido la mano en el avispero del Islam) a no pocos
creyentes obligó a volver la cabeza hacia el trono de San Pedro pero en
Francisco sólo encontró simpatía macanuda propia de un cura de barrio
bonaerense que va por ahí besando bebés, gestos ambiguos propios no de un
"primus pater" o Papa, sino de un político, nadar y guardar la ropa y
guardarse muy mucho de enojar a la mano oculta que mece la cuna de tales
revoluciones, para que no lo asesinen y permanecer en el cargo, siguiendo la
senda de su predecesor Wojtyla que nunca se atrevió a condenar la guerra de
Iraq. La debacle y todo lo demás. Ningún pontífice romano cuando están ardiendo
los templos coptos, matan a los sacerdotes sirios, violan a las monjas en
Nigeria parece entusiasmado con la idea del martirio ni la de enfrentarse al
tirano, denunciarlo, condenarlo. Bergoglio ha optado por el doble sentido, la
pauta de dos cabos y la ambivalencia. La carga de su ministerio implica
obligaciones mucho más arduas que la de besar bebés y cruzar la Plaza de San
Pedro en olor de multitudes haciéndose el simpático. ¡Macanudo, che! y luego te
vas a Ostia y dices una misa en la playa tomas el sanguis en un cáliz de madera
bendices la inmigración masiva que no es inmigración sino verdadera invasión y
dejas a los curas acojonados porque ya no podrán tener un mercedes ni darse la
vidorra de solterones egoístas como el padre Fortea que es la niña del
exorcista, se declara anglofilo en su blog y defensor de los intereses
norteamericanos pues ahora sí que estamos listos. La mayor parte de los
arribados en patera son musulmanes. Las Enejes les dan mantas y hasta agua
bendita pero no se ha logrado ni una sola conversión. El Islam muy bien, Santo
Padre, pero juntos que no revueltos y aquí paz y después gloria y cada uno en
su casa y Dios en la de todos pero aun cuando la religión de Mahoma cuente con
las bendiciones del Supercofrade Obama, los sarracenos adoran tal vez a un dios
verdadero pero a través de un falso profeta. Eso nos lo enseñaron cuando
dábamos el Ripalda pero claro está doctores tiene la iglesia y a lo mejor
andamos todos un poco confundidos y seamos un rebaño sin pastor en estos
momentos.
¿Hablamos en lenguas de doble filo?
¿Bendecimos actitudes de dos pautas? Nadie puede servir a dos señores. No se puede
servir a dos señores, luego vas y te echas en mano de los rabinos y compadreas con ellos en la sinagoga de tu
barrio, che, que bueno que viniste, macanudo pero olvidas el peso de la purpura
cuando te coronaron te dieron el título de siervo de los siervos pero no valen
meramente los gestos externos porque servir a la iglesia es proclamar la verdad
del evangelio y no uncirse al yugo del poderoso, a ver si nos entendemos y
ahora que lo pienso esto me está saliendo en plan elegiaco un poco como las cartas
al papa Celestino de Papini. Nos habían enseñado que la religión de la cruz era
la única verdadera que fuera de ella no hay salvación pero luego tú vas y haces
de tu capa un sayo y dices según se mire todo en tanto en cuanto pernicioso
relativismo y filantropía que está despoblando los monasterios vacía las
iglesias interrumpe el culto divino seca las fuentes de los sacramentos y es
que tengo que dar la razón a fray Martin cuando clavaba sus tesis a la puerta
de la colegiata de Wittemberg arrogarse el título de vicario de Cristo es un
pecado muy gordo, casi una blasfemia que confundió a Iñigo de Loyola con ese
postulado de las dos banderas que tanta lata nos dio cuando hicimos los
ejercicios. El rey temporal. El rey espiritual. Pues bien, san Ignacio, como
buen vasco, tenía algo de etarra, terminó hasta las narices de los castellanos
que se reían de sus concordancia vizcainas y cambió de lealtad. Un monárquico
empedernido un carlista renegó de su vasallaje al emperador Carlos V para
entrar a servir al poder espiritual. No sabía el pobre donde se metía porque el
Papa era también un rey temporal con su corte, con su ejército, con sus
castillos pero así se hizo la contrarrevolución o contrarreforma dentro de un
espíritu diríamos antiespañol. Los jesuitas asumieron parte de las tácticas de
los protestantes. Suprimieron el coro, crearon su propia liturgia rezada nada
de cantar y se inclinaron por la oración mental nada de frailes nada de
monasterios pero con esta táctica de desdeño de lo temporal todo el oro y las
riquezas del mundo van a parar a sus cofres. estoy jugando, claro está, al tute
con ideas que no son de ahora, pertenecen al siglo XVI pero puede servir de
baremo y saber a qué atenernos. Los papas vienen y van. La adustez jesuítica
consideraba que suprimiendo la farfolla la institución sobreviviría a las
acechanzas. Y los buenos padres de la compañía el gorro bisunto, unos cojos,
otros bizcos pero con mirada de águila iban y venían por San Juan de Letrán.
Nadie les batía en los pasillos, siempre se les dio bien eso del lobbying
porque la regla suele dar buenos políticos. Las dos banderas. El rey temporal.
El rey eterno. Lo efímero y lo permanente. Eso está muy bien pero lo que decía
Laínez un ojo en el cielo y otro en el suelo. paradójicamente son los introductores
de las ideas erasmistas ganándose la enemiga de los frailes. Se los acusó
siempre de hipócritas y de antiespañoles favoreciendo los intereses del papado
frente a los imperiales. Su quinto voto de obediencia de cadáver al sucesor de
San Pedro idolatra una falsa premisa el mensaje es el medio y el fin justifica
los medios y es la iglesia un medio ¿o un fin? basado en el carácter divino de
la sede apostólica. Aunque la historia nos dice lo contrario: que el papado es
una institución carolingia en la que Jesús no tomó arte ni parte parece ser que
quedan pocas dudas entre los historiadores aunque los romanistas en defensa de
la supremacía y de sus privilegios se agarran como un clavo ardiendo a las
palabras conferidas a Pedro en Tiberiades "tú eres Pedro y sobre esta
piedra edificaré mi iglesia" tomando la parábola del Señor que todas
tenían un sentido traslaticio al pie de letra. Cristo hablaba en metáforas.
Carlomagno cuando fue coronado por
san León en Nochebuena como emperador de romanos representa el poder venido de
lo alto y que se esparce en dos potestades: trono y altar. Nada tiene que ver
semejante regalía en que se funden la espada y la cruz con la humildad,
mansedumbre y pobreza del Galileo ni con las epístolas de San Pablo que el
heresiarca Lutero va a estudiar a conciencia descubriendo a su vez el lado
infame de los muchos pecados eclesiales: la simonía, el episcopado guerrero,
los abusos de las indulgencias, el regalo en que vivían los pontífices,
cardenales y príncipes de la iglesia, el absentismos de los obispos, el
relajamiento monástico, la hipocresía y la doble moral de los clérigos, los
abusos sexuales. La corrupción de los mejore amen de ser un escándalo para el
pueblo acarrea grandes males para la república.
allende desto si no quiero tener
mujer propia, cuantas mujeres hay en el mundo hermosas son mías. Mantenedlas
vosotros y gocemos mostros de ella... yo rezo mis horas y me confieso a dios
cuando me acuesto y cuando me levanto; no tomo a nadie lo suyo, no doy a logro,
no salteo camino, no mato a ninguno, ayuno cuando la manda la iglesia, voy a
misa. ¿No te parece que esto basta para ser cristiano? Eso de las mujeres al
fin y al cabo todos somos hombres y Dios es misericordioso (discurso del
Arcediano)
Carlos v era alemán y desde el principio
se muestra preocupado por el descontento contra los excesos eclesiales de sus
súbditos y como heredero de Carlomagno considera que el Papa es un príncipe
más, a lo sumo un primus inter pares.
En España empieza a nacer por otra
parte una idea mesiánica emanada del mundo converso plasmada en los versos de
Hernando de Acuña unum ovile et unum pastor. Trono y altar, dando por
descontado que el poder viene de dios, han de converger en la persona del
emperador.
Los erasmistas por un lado y por otro
los españolistas como Acuña, Ginés de Sepúlveda, , el propio Castiglione
insisten en el aspecto divino y cesáreo del emperador de romanos. En Roma este
concepto no gozó de mucho beneplácito y ha sido motivo de discordias y de
antipatías hacia los hispanos. "Hasta las piedras se levantan contra
nosotros" se queja Valdés y se repite a lo largo y a lo ancho de toda
nuestra literatura del siglo de Oro desde Cervantes al Estebanillo, la Lozana,
Vicente Espinel, pasando por Quevedo y por Lope de Vega, el primero superviviente
de la conjura de Venecia y el segundo de la Invencible. ¿Por qué? Los papas
casi todos de origen italiano se inclinan por favorecer a Francia y a
Inglaterra. El favoritismo pontificio es piedra de escándalo para Carlos V lo
mismo que lo fue para sus abuelos los Reyes Católicos que hubieron sus peleas
con Sixto IV. Los Borjas como Alejandro VI o León X van a sumir como legado el
lema de Erasmo de Rotterdam mihi non placet Hispania. No sé por qué nos odian y
nos envidian tanto pero ¿qué le vamos a hacer? Ningún otro país en el mundo
hizo tanto por la catolicidad, venció al Islam a lo largo de nueve siglos de
Reconquista, dominó a los judíos y llevó la fe de Cristo a 19 países de
Hispanoamérica. ni una palmadita en el hombro, ni siquiera un mil gracias por
los servicios prestados. Únicamente Pío XII se descuelga en una encíclica con
aquella frase de halago Deus qui hispanos aspicit benignos. ¿Por qué será? Yo
albergo una teoría y aquí la digo. La Leyenda Negra lleva toda la hechura de
ese odio africano del pueblo semita. ¿La factura que tenemos que pagar por
haber expulsado a los judíos y a los moriscos? Es una flor negra de alberca o
albañal que yo he visto crecer en Praga en los jardines de Essex, en el propio
París y que se ha convertido en un arbusto que puede crecer hasta alcanzar la
altura de un árbol del mal brotando de los labios de ese judío de nación y de
raza el llanito Fabián Picardo que nos azupa los perros y nos amenaza desde la
cubierta de un barco inglés como principal ministro de la colonia de Gibraltar.
Mas el catalanista también debe de ser del pueblo maldito, está asesorado por
su mujer que llegó desde las brumas infaustas de Praga y gracias a todos ellos
la España de hoy tiene algo de novela kafkiana. Pero repasemos la historia. Las
relaciones entre la iglesia medieval española y el Vaticano nunca fueron
demasiado fluidas.
En cualquier caso, las suspicacias
del alto clero español e incluso del bajo fueron continuas durante la edad
media sobre todo a partir del cisma de occidente en que la primacía se decanta
hacia Francia e incluso Inglaterra en detrimento de España. Cisneros, Giménez
de Rada, el arzobispo Carrillo que en Alcalá se jactaba de decir que las bulas
pontificias él se las pasaba por el forro, Fernando de Valdés, Cisneros y Mendoza.
Para estos obispos Roma era la última
corte de apelación en caso de pleitos y acuden a la ciudad eterna para
solucionar sus litigios curiales o a la procura de un beneficio. Allí todo lo
podía el dinero como bien advierte el Arcipreste de Hita en su libro del buen
amor. Yo vi allá en Roma do es la santidad que todos al dinero hacían humildad.
El Saco de Roma de 1527 cuando los
tercios de Flandes que venían victoriosos de haber derrotado a los franceses en
Pavía y ante la postura del papa Clemente VII que declara la guerra al césar y
sin haber cobrado las pagas, acontece en este contexto.
Vida y obra
del Estebanillo González hombre de buen humor compuesta por él mismo
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en Flandes… porque desestimando los hispanos lo bueno que encierra su patria
sólo dan estima a las raterías extranjeras. Estas son frases de esta novela
picaresca, la más completa, acaso la más ácida y desvergonzada, la de un
soldado de los tercios viejos, aunque siempre procuraba hurtar el cuerpo a las
balas alemanas o suecas o haciendo los más bajos oficios cuarteleros como
ranchero o furriel, bien cargada la escopeta de donaires y estratagemas, pues
nos dice que la misión de un soldado es sobrevivir pero en esta supervivencia
afanosa el autor anónimo hijo de un converso va demasiado lejos criticando la
heroicidad de aquellos militares al servicio del rey.
No cree
en el heroísmo del Miles Gloriossus (su autor debió de ser un clérigo
que conocía la obra de Plauto) el buen Esteban pero se muestra tan ingeniosos
en sus salidas que consigue el perdón de su coronel, del almirante y hasta del
verdugo porque formó parte de la tripulación del maestre Colona y
posteriormente en el ejercito del Cardenal infante. Peinó el viento y fatigó
las selvas, navegó todos los mares y combatió en todas las ciudades de Europa:
Milán, Nápoles, Rocroi, Innsbruck, Brujas, Nimega por más que siempre
procurando cobertura en la retaguardia como marmitón o jefe de cocina en
campaña. Su testimonio bufonesco y deformado-una furibunda diatriba contra los
estragos de la guerra- fue recogido por los partidarios de la leyenda negra. El
Estebanillo no es la obra de un motolito.
No era
un tonto y parece bien informado aunque, de lo que se desprende de tanta
correría que hacen del protagonista un mílite ubicuo, no pudo tener los dotes
de la bilocación mística. La narrativa da la sensación de que se metió en
batalla y que estuvo en todo los fregados.
Las
escenas de su novela parecen copiadas del cuadro de la Rendición de Breda vista
desde la óptica de un pícaro, de un mandria, que fue machacante de los
sargentos del mariscal Espinola ese que pinta Velázquez en la rendición de
Breda.
En todas sus hazañas se muestra indiferente a
la adversidad, taimado, descreído, antisocial o poco solidario como se dice
ahora[11]
con las miserias ajenas y las propias, sucio y desnudo sin demasiada afición a
la honra, la riqueza, los amores lo que la sociedad de su tiempo en tanto
aprecio colocaba, resultando el bufón de corte (pudo ser también el enano de
las “Meninas”) un místico con desapego a las cosas del mundo, profeso de la
orden de la desventura y de la Hermana Pobreza por único dios su propio
pellejo, hábil y sutil en el manejo de la lengua, habla en germanía pero su
español es de tal calibre que por lo acendrado del estilo supera a toda la
novelística del genero, el Lazarillo incluido y los libros menores de
Cervantes. No pudo ser testigo de tantas guerras ni metido en tantos follones
por lo que cabe dudar de su afán autobiográfico.
El libro
está escrito en primera persona pero ello también ocurre en el Pedro de
Urdemalas atribuido al doctor Laguna. El médico de Carlos V nunca pudo viajar a
Turquía. Recoge la información de centones, habladurías, lo que se escribía y
decía en aquella época. El siglo XVII fue muy hablador.
Aunque
gallego de Salvatierra, desprecia a su patria con una frase que haría a más de
uno del BNG llevarse las manos a la cabeza… “antes puto que gallego”… “soy
Estebanillo González y fui niño de las escuelas, gorrón de nominativos y
llamador de molleras. Romero medio tunante, fullero de todas las tretas,
aprendiz de guisar panzas, soto alférez de cien banderas,”.
Se
conjetura que su padre, un físico judío que curaba en la corte de Carlos V, que
se retira a Galicia emulando a la del lazarillo hay pasajes en los cuales la
supera, dibujando un cuadro de costumbres de la época tan maravilloso,
trepidante como desenfadado que hacen pensar en una cosa: que no en vano fue
nuestra nación-España contra todos, decía Quevedo- el primer país del mundo de
grato vivir y fácil amar a despecho de las penurias y congojas de un galleguiño
que marcha a Roma en busca de fortuna y en recorridos por el mundo ejerce todos
los oficios: paje, escudero, estudiante, buhonero, cohén de una coaxca
(burdel), monaguillo de un clérigo y ordenanza de un capitán de los tercios
viejos. Es también anónima aunque publicada casi medio siglo más tarde que la
de su modelo.
El autor debió de ser, lo mismo que el de
Lázaro de Tormes, o un cura rebotado a la delincuencia, o un soldado de los del tornillo , esto
es, desertores que acaba en galeras sentado en el duro banco del cómitre junto
a los remos, la barriga llena de torreznos y de frascas del tonel, harto de
vino y comiendo tajadas de raya y filetes de tiburón, en coloquio perpetuo con los
atunes pues aquí una de tres o iglesia, mar, o casa real. Boga, boga,
marinerito.
La
escuadra castellana era temida en todos los mares. El protagonista conoció las
tres bazas como seminarista en Alcalá, embarcado en la marina de guerra
comandada por antonio de Oquendo el que combatió a los piratas ingleses que
asolaban las costas de Cádiz. En un pueblo de córdoba estando un capitán de
banderas “haciendo gente” después de su naufragio en el Golfo de las Yeguas[12]
vio los fuegos de San Telmo haciéndose soldado de tierra en Arahal. El cabo o
capitán de aquella compañía marchaba para Mastrique pero como de los arteros se
hacen los osados volvió a desertar quedándose en el Potro de Córdoba de
vendedor ambulante. Comió el potaje de frangollo[13]
de los cuarteles, compartió tasajo bacalao y cecina[14]
con la chusma de forzados.
Arreó
mulas cerriles y cabañiles con los monteros de Sierra Morena Fue lugarteniente
de pobres, mozo de espuelas de un caballero santiaguista, galán de monjas y
flor de conventos a cuyos muros se arrima en procura de la sopa boba. Lo mejor
de la picaresca es lo que tiene de exagerado, de esperpéntico. No deja de ser
más que una deformación literaria de la realidad como la novela negra o el
wertern de invención anglosajona. Lo que ocurre es que aquí son más realistas y
tratan los autores de hacer un poco de crítica social. La vida se vivía con
mayor intensidad por tales fechas.
Esculpe
un cuadro brioso de costumbres, un kaleidoscopio de la vida bajo el reinado de
Felipe III y de Felipe IV cuando paradójicamente España se militariza y la
gente viaja de modo constante. El imperio español era aun el mayor de Europa y
no había sobrevenido el declive ue con tanto tesón intentan adelantar los
apasionados de la Leyenda Negra. El hambre y la penuria eran mayores en
Inglaterra, los Nederlands o Francia de donde llegaban todos los buhoneros de
Madrid a vender baratijas y alfileres a la dama boba. Vualá. Pero esos
no nos lo cuentan. España era el país más libre de la Tierra. El verdugo de la
Torre de Londres no paraba de cortar cabezas y en Paris se organizaban a cada
poco noches de San Bartolomé.
Tardaría casi dos siglos más en ponerse el
sol de los Austrias y en glandes Apolo
calentaba a los hugonotes a conciencia pues para eso allí estaban los sucesores
del Duque de Alba. ¿Quién dijo que España estaba machacada? Con el cuarto de
los Felipes nuestra monarquía alcanza su glorificación visto a través de la
lenta cóncava y convexa de un gallego cara linda y mucho donaire que decía de
sí mismo ser un hijo de puta… pues antes puto que gallego. Hijo de padre
desconocido que debió de ser un cura o un militar. Desde las orillas de
Rivadavia se dirige a las riberas del Betis atravesando Portugal que seguía
siendo español por aquel entonces y nos cuenta sus aventuras. Debía de gustarle
el vino por cierto… “soy un cuba en Sahagún y en San Martín pellejo, piezgo y
odre del de Rivadavia, del de Montilla consuelo y al de Sacramenia no le hago
ascos”[15].
Se
embarca con la flota, se desembarca, es pícaro de costa[16].
Sube, baja, la acción de la novela es un truculento vaivén que a veces porque
las tretas y añagazas son siempre las mismas y no tan ingeniosas como las de
Lázaro de Tormes aunque cuando engaña a los judíos de Ruana demuestra que no
hay cuña peor que la de la misma madera. El episodio se parece al de los
yangüeses del Quijote y al cervantino daca la cola, asturiano. El Esteban se
hace pasar por el hijo de un portugués quemado por la Inquisición y se presenta
en la sinagoga de Rouen con unos papeles y la redoma en que traía las cenizas
de su progenitor que fue carne de hoguera y hablándoles en su lengua les pidió
ayuda. Todos con el rabí a la cabeza soltaron el trapo y muy compungidos
aflojaron la mosca y le dieron junto con una bolsa de monedas un salvoconducto
para que se presentase ante un “mercadante” de París, pues decía que iba -¿No
serían estas cenizas falsificadas un anticipo de la profecía del Shoah?- camino
de Viena a visitar a deudos suyos y al pasar por Pirineos fue asaltado por unos
ladrones.
Los
hebreos se mostraron conmovidos por la historia que les contara el portugués
(toda una patraña) y le pidieron algunos de aquellos polvos para quedárselas
como reliquias de mártir pero él dijo que no les podía dar mas[17] y
ellos bendijeron al peregrino y cantaron la chemá[18]…
el dio de Israel te de infinita gloria pues mereciste corona de mártir.
Con los
veinticinco ducados que escotaron aquellos buenos hijos del profeta Moisés en
la faltriquera y una carta de recomendación para el tratante de París, de su
mismo gremio, Estebanillo tomó el olivo orgulloso y ovante… alegre de haber
salido tan bien del encuentro con aquella gente que siempre engañan y jamás se
dejan engañar.
No pudo
ser más gloriosa su entrada en Paris con dinero fresco y la promesa de un
empleo… cata Francia, Montesinos, cata París la ciudad, escucha cantar
en ladino a los mercachifles prófugos de Sefarad.
El que le esperaba entre grandes reverencias,
porque los informes no podían ser mejores, le puso a vender agujas. Pertenecía
la tienda a otro de los expulsados de España que se llamaba Granados y por lo
visto se sabía de coro el romancero y lo contaba por tierras ajenas para su
consuelo de desterrado con voces tan
poco entonadas que resonaban por todo el faubourg de Saint Germain des
Prés.
Los
parroquianos se preguntaban unos a otros por el nombre del que cantaba y
temiendo no iría a llover se decían:
-Nous aurions
de la pluie, monsieur.
-Ah bon
-Tiens, ils
sont içi les espagnols
-Deja?
-Oui
Luego se
fue a ver al embajador de Felipe IV que se llamaba el Marqués de Miravel, don
Antonio Dávila y Zúñiga, gran diplomático supuestamente de la tribu de Abrahán
pero bautizado por lo que alcanzaría preeminencias en la corte del francés que
seguía curando lamparones todavía según nos informa el protagonista de esta
novela[19]
Nos cuenta que en Cazalla (Sevilla) cada día
cogía a un lobo por las orejas y a una zorra por el rabo[20].
Haciendo
alarde de ese menoscabo de las cosas del mundo que caracteriza al pícaro y al
místico (la honra, las riquezas, el nombradío, el abrigo, la salud) no le da
demasiada importancia a que lo tomen por cornudo, en Constantina tiene a un
cabrero por amo el cual no se siente avergonzado de echarse a cuestas un
cabrito de pitones considerables “ a causa de ser el animalejo de buen tamaño”.
En místico este tropo se denomina santa indiferencia y Sta. Teresa lo explaya
en su célebre soneto “Vuestra soy para vos nací”.[21]
Al sexo
y eso que dicen el amor no lo tiene en mucha estima Estebanillo aunque tampoco
lo desdeña, si a mano viene. La carencia de obsesiones carnales y de pasiones
[la maté porque era mía] otorga al libro ese desenfado y donaire que impregna
sus páginas, con dosis de senequismo, aguante ante las adversidades, estoicismo
y hasta resignación cristiana, lo cual tampoco quiere decir que la satisfacción
del apetito genésico no fueran en aquella época tan cabal como en la
actualidad.
El gran protagonista de la novela picaresca
son Hambre y Desnudez. Pues la pereza
engendra pobreza y aquellos haraganes no pegaban golpe. Comer más que holgar
era el primer objetivo… “vendí mi hijo de cabra por cuatro reales, aplaqué
el cansancio con ostiones[22]
crudos y camaroncitos con lima. Fuime a dormir a la calle La Galera donde
hospedan de ordinario a la gente de mi porte”. Así entra en Sevilla persignándose
pues al andaluz hazle la cruz.
A la
mañana[23]
siguiente se fue a la Cartuja donde le dan de comer los hijos de San Bruno
habas o frangollos y ración de brandevín (brande wine, brandy o coñac).
La verdad es que los vagamundos de aquellas horas de imperio pudieron comer
caliente y huir de los corchetes acogiéndose a altana en los refitorios y claustros de los monasterios. Demuestra que
era la suerte que corrían aquellos pobres soldados que habiendo expuesto al tablero
sus vidas por favor al rey, en pago los
desdichados recibían no más que desdén y en fatiga pululaban por los caminos y trochas de media
Europa como espectros, licenciados de las levas por mutilación, por deserción o
porque expiró el contrato…
Tocaban
caja en esta villa para ir en corso contra el Inglés…De esta forma- el estilo es muy
lacónico y desenvuelto en toda la obra- se nos narra cómo se apuntó el “héroe”
al tercio y se fue a combatir a los herejes, más que por patriotismo, pues nos
asegura que para él la bandera de Carlos V no era más que una sábana pintada,
por la hambruna.
Iba al
husmo de las perolas y del rancho del cuartel. Su capitán era don Pedro de
Ulloa En esta primera parte se describen aquellos encuentros guerreros
(autenticas sarracinas) de las guerras de Flandes. En la segunda parte del
libro el autor se muestra menos escéptico, no rezuma su estilo tanta
desfachatez ni tanto donaire. Porque segundas partes y aquí ocurre al revés del
Quijote, nunca fueron buenas. La trama sigue tejiéndose de embustes y fechorías
contadas con no poco despejo y desparpajo.
LUÍS VIVES
Este otoño en los baños de Manzanera un pueblecito de Teruel
coincidí con la Directora de la Biblioteca Luis Vives quien me explicó por qué
los castellanos siempre sentimos una profunda admiración hacia el valenciano y
la enrevesada situación política en nuestro país nos obliga a ser escépticos o
prevenidos contra el catalán, no por el idioma que es hermoso en sí sino por
los vociferantes que lo esgrimen como venablo contra la unidad patria. Claro
que los idiomas nunca pueden ser arma arrojadiza para esgrimirlas en contiendas
políticas. La bibliotecaria nos explicó que el valenciano suena más dulce y el
catalán es áspero. Dicha dulzura planea sobre la figura de Luis Vives el gran
humanista el profesor de Oxford y de Lovaina y vecino de la ciudad de Brujas
durante gran parte de los 48 años de su corta vida, y que posó en Londres
barrio de Chelsea como ayo de la infanta María hija de Enrique VIII y de la
reina castellana doña Catalina de Aragón a la que fue leal. Vives estaba
presente en el castillo de Peterborough cuando ésta falleció y la consolaba en
sus sufrimientos morales y físicos. Tuvo del rey cinco hijos de los cuales
solamente María Tudor se logró. Él llevaba esa cordialidad de la tierra de las
flores en el corazón. Desiderio Erasmo dijo de él que era el ser humano más
admirable del mundo. Fueron amigos pero en el valenciano no se encontrará la
acrimonia del holandés ni la sátira acre de Rabelais. Los tres fueron maestros
del Renacimiento pero Vives más didáctico y jamás cáustico se mantiene en todo
momento adicto a la SRI. Ha sido para mí un autentico gozo disfrutar de su
libro “Diálogos” en versión hecha del latín al castellano don Cristóbal Coret i
Peris canónigo y fabulo del metropolita de la silla arzobispal de Valencia.
Vives, semper vivas (que viva siempre), era la leyenda cuando aprendíamos las
primeras letras en el catón de la editorial del mismo nombre que traía al
reverso una estampa con su nombre tocado de un chapeo y el gabán de los doctores
de Lovaina. Memoria eterna, pues, a este edetano nacido en la calle de la
Taberna del Gallo intramuros y junto al Torno de Santa Tecla y bautizado en la
iglesita de san Martín. En uno de sus
diálogos hace un recorrido nostálgico por aquella su Valencia medieval y
recuerda con cariño a Valdaura, su mujer natural y a sus amigos de la infancia;
Tamayo, Manrique, Castillo, Caruana, Centellas y Lupiano.
Al igual que el doctor Laguna no puede dejar de la mente a su
querida Segovia este otro español universal nunca renegó de su patria.
Emparentado con los Borja, era descendiente de Ausias March. Cuando tenía 19
años su padre comerciante de paños y sedas se traslada a Flandes; el joven
nunca regresó a bañarse en Malva rosa, la playa de su patria chica a la que añora.
Pero el sol levantino sigue brillando a lo largo de su prosa en medio de las
brumas del septentrión flamenco. Venían tiempos de guerra y de discrepancias
teológicas. Moriría en Brujas 1540 a seis de mayo de podagra que le afectó a
las piernas pero la gota (quiragra cuando es a las falanges de la mano)
inmovilizó sus dedos. Al doctor Laguna al que conoció y compartió el afecto del
papa Paulo III no debió de gustarle el juicio que emite Vives en sus Diálogos
sobre los galenos de aquella época, poco disertos y matasanos. “Solvere nodosam[24]
nescit medicinam podagram”
Los Diálogos constituyen un friso en el cual se enmarcan las
costumbres del siglo XVI en sus comienzos que hacen pensar en los cuadros
miniados de los “Pequeñas alemanes”.
Exalta la intimidad del hogar y nos retrata la vida doméstica
en el norte de Europa con precisión de miniaturista redactando en una prosa
excelsa del latín que mereció convertirse en un clásico y en una autoridad
lexicógrafa de mosén Coret que yo creo que supera al latín. Vives era un pozo
de sabiduría y de bondad que sólo merecía tener su libro trasladado al idioma
de Cervantes por un sabio de la categoría de Coret. El translater más que un refitolero o guardián de semana en la que se
sirven a la mesa los majares deliciosos de los Diálogos es, de paso, un
creador. No traiciona el traductor sino que a ratos lo supera. Este libro bien
pudiera estar en el Diccionario de Autoridades.
Nos enteramos cómo eran aquellas gentes lo que comían lo qué
bebían a qué hora se levantaban o se acostaban cómo se calzaban y vestían, cómo
escribían y cómo eran las aulas de los estudiantes de una forma circunstanciada
y sin la acrimonia de los autores antes analizados. Vives no pertenece a la
novela picaresca y como critico de las costumbres es benévolo y sutil. El
hombre más bueno del mundo, decía Erasmo. El padre Erasmo le recomendó
abandonar Oxford donde había sido nombrado preceptor de la infanta María hija
de Enrique VIII por causa de la persecución del cardenal Wosley (Bolseo) contra
los católicos. La facultad humanista oxoniana guarda hasta nuestros días
memoria dél porque puede verse su retrato en una de las salas con el epígrafe
al que sus biógrafos hacen referencia “Vives,
Samper vivas”. Subsiguientemente, fue gran amigo del pintor Alberto Durero
afincado en Bruselas.
Se declaró abstemio y combatió los excesos de la gula y la
bebida. Sus personajes no pasan las hambres del Lazarillo, viven en toda regla.
Antes bien, asistimos a un banquete de estudiante en el que no faltó el
cochinillo, la escarola y toda suerte de pescados: lubina, mujol, sollo, gobios
acompañados con la buena cerveza — Bruselas siempre estuvo considerada como
punto de referencia para los gastrónomos— y citando a los latinos dice que no
hay mejor regalo que la carne de pavo. A los postres, leche fermentada de
yegua, quesos de Peñafiel y de Plasencia, algún palmito de dátiles, carne de
membrillo y hojaldres.
Como de la panza sale la danza los comensales a dedican a
filosofar yendo y viniendo por los corredores del claustro universitario
disertando sobre aspectos del pasado del futuro y del presente. El tono es
peripatético, directo, sencillo, nada engolado pero empedrado de sabiduría y de
citas a los clásicos. Es un referente de información local. En Valencia a
finales del siglo XV los escolares jugaban a la rayuela, a pares y nones, a las
agujetas y al hoyuelo (el guá) se levantaban al rayar el día escribían en una
tablilla y el maestro utilizaba un puntero con que señalaba los mapas y a veces
lo utilizaba de palmeta o vara de castigo. Merendaban pan y manteca, alguna
avellana, almendras, cuajada y fruta: ciruelas albérchigos priescos, carne de
membrillo y untaban el pan con aceite y azúcar y un poco de almodrote. A las
comidas en las familias cristianas el padre bendecía la mesa y daba gracias al
levantar manteles. La madre les hacía llevar las uñas bien limpias y gargarizar
de mañana para zafarse de los males de garganta. A su tutor le gustaban las
ensaladas porque son alimentos ligeros y de poco tuétano, así como hierbabuena,
perejil, nastuerzo o berros, el hisopo siempre al lado de las fuentes
cristalinas. Prohibía el uso de los mondadientes y si Ludovico se limpiaba la
boca con la manga de la almilla y no con la servilleta recibía un pescozón.
Candorosamente todas estas vicisitudes de su infancia valenciana cuenta. Debió
de sufrir un choque al emigrar a Flandes. Los brujenses eran poco amigos de la
erudición pero no así los bruselenses que enviaban a sus hijos a las mejores
escuelas para labrarse un porvenir aunque los profesores vivieran pobres y mal
pagados porque la cátedra y la escritura son poco redituables a diferencia de
las artes mecánicas donde se hacía dinero. Aunque gocen las profesiones
liberales de más prestigio, pero no hay sitio donde se tenga en menos la
filosofía que en Brujas, se lamenta. ¡Desconocía nuestra humanista los
estertores y el abismo en que cayó la cultura española en el siglo XXI!...
Gramil en ristre, mide y valora las costumbres de aquella
Europa, aconseja, vitupera, ensalza virtudes como la frugalidad en la mesa de
la que siempre habrá que levantase con un poco de hambre. Los espíritus quedan
amortiguados por la ingesta. Abomina de los borrachos y dice que lo mejor para
la resaca es un vaso de aguardiente efervescente, como recomiendan los homeópatas.
Hay que beber hasta alegrarse nunca embriagarse. “El vino en la botella puedes hacer de él cuanto quieras pero metido en
tu cuerpo hará de ti lo que le parezca. Te tiene y te pierdes, te conviertes en
bestia. Cuidado con el vaso de Circe
que hará que andes a gatas”.
Toda esta sabiduría la vuelca desde los consejos de los
peripatéticos griegos. El filosofo yente y viniente formula conceptos que valen
para el hombre de todas las épocas. Nos muestra los aposentos donde vivían los
estudiantes de Brujas: el tinelo, la capilla, la sala, la secreta o vater
siempre en la parte más escondida de la casa, la cocina y los dormitorios. A la
puerta de la vivienda los romanos tenían una estatua de Hércules para impedir
la entrada del diablo. Hércules luego sería sustituido por una imagen del
Salvador. Objetos cotidianos como la sartén, la perola, las trébedes y el
sillico para remedio de toda necesidad fisiológica. Ha de escribirse con pluma
de ganso a la que el calígrafo tendrá que tajar previamente. Y por ambas caras
de la hoja (opistografía, del griego pistos que significa detrás) pues los
reversos son tan importantes como los anversos. Estos Diálogos constituyen
lectura deliciosa aun para el hombre de nuestros días. Tono didáctico humanismo
puro. Esencial daguerrotipo de la vivencia de Flandes a principios del edad
moderna. Vives, semper vivas
EL LAZARILLO DE MANZANARES
Lázaro de Tormes tuvo secuaces e
imitadores pero en manos de tales émulos, (caso semejante con el Quijote de
Avellaneda o el Guzmán de Alfarache cuya segunda parte firmó un fraile de
Valencia) el género degenera; la acción que es limpia, lineas y candorosa en el
modelo se vuelve complicada y borrosa a par de tortuosa; en fin, una caicatura.
El estilo decae y se transforma em tramas truculentas, párrafos farragosos, y
aventuras en las que se explota el morbo místico y el embaimiento truculento.
Cosas disparatadas y estupendas. Los libros de caballería admitían tales
disparates. En novela picaresca se vuelven ridículos. No se narran historias,
se cuentan cuentos. Pero España a la sazón se interesaba por la literatura como
vehiculo de la mística. El picaro es un asceta que perdió el camino y se pierde
en los laberintos de su existencia. A regañadientes admite la compañía de
truhanes y bellacos pero al correr de sus aventuras está huyendo no sólo de la
inquisición sino de sí mismo.
Juan Cortés de Tolosa publica el
“Lazarillo de Manzanares” en el que se narra las tretas de que se valen dos
picaros que se hacen pasar por frailes para conseguir los favores y el dinero
de una garrida moza. El único lugar en el que se podía entonces hablar con la
novia era esperar a la salida de la iglesia al pie del agua bendita. Los
pretensores cuentan con la connivencia de celestinas y comadres. Se presentan
como “santos” que leen las conciencias y hacen grandes penitencias, se
disciplinan en público y se explayan en parlamentos como el siguiente mientras
se azotan las espaldas: no cree vana
gloria el asno… oremos, hermano, por estas santas. Dios las conserve en su
gracia. Los supuestos penitentes se llaman Pedro Pecador y Juan de la
Miseria (sic). En este Lazarillo yo he visto una sátira contra santos de
aquella época como Juan de la Cruz o Juan de la Cruz los cuales se servian del
valimiento de sus supuestos carismas para tener acceso a sus “amigas” o ganar
favor de los poderosos. Otro tema recurrente es la salvaguarda de la honra que,
como dice el interfecto “es como el vidrio, no aguanta un segundo golpe” y cada
vez que se pierde no se recupera nunca. El plot es una maraña de malentendidos,
de cartas, secretas y billetes enviados por salvoconducto. “En la ciudad de Jaen hubo una comadre
llamada Beatriz moza muy hermosa y de buenas partes…” ella y su madre van a
ser victimas de dos bellacos. Al final de la aventura éstos después de dejarlas
preñadas y recien paridas se largan con el dinero de las parturientas y las
joyas a Barcelona.
Y como demostración de que la novela
picaresca tiene un arranque en Segovia en el siguiente tranco titulado la
novela del licenciado Periquín hace nacer a su protagonista que se arroga el
titulo de Lazarillo del Manzanares en la
Ciudad del Acueducto: “Nació Pedro de la
Oliva en Segovia, hijo de Pedro de Oliva y María de Ocetas, gente pobre, mas
muy bien nacida”. Este don Perico vino al mundo de pies y nació riendo
cuando otros nacen llorando al revés que los demás mortales. Falleció su padre
y María de Oceta lo acomodó con un mercader de paños en cuya casa aprendió a
leer escribir y contar. Luego se va a servir a un clérigo en Madrid que le mata
de hambre y lo muele a palos pero le enseña una oración asaz interesante: “Gracias te doy, Señor porque no me hicieses
piedra ni palo ni conde ni marqués”
A consecuencia de una de las palizas acaba
con una herida en la cabeza en el hospital de Antón Martín y así sucesivamente.
Se asentó en ca un abogado hombre celoso, Periquín se hace querer y entretiene
con sus chistes y donaires a la señora de la casa y a las doncellas, una de
ellas le gusta el fresco del sereno y deja por las noches la ventana abierta. “Con tanto aire en su aposento se le ha
hinchado el vientre de la suerte que vuesa merced ve”. Las yeguas las
empreña el viento cantaba don Luis de Góngora y Agorte. ¿Generación espontanea?
Ni mucho menos. La barriga de la dama se debía a causas menos poéticas y más
pedestres. Ay, Pedro, Pedro, en ese bombo se palpa el resultado de tus
travesuras. Perico toma el portante después de enamorar a la señora de la casa,
de desenojar al marido, y hacerle un chico a la Juana otra chica del servicio,
y acaba en Ciudad Real. Unas viuda le hace profesor de latines de sus hijos.
Como allí también había una hija moza, el segoviano no perdió el tiempo y lo
que tenía que pasar pasó. Pedro de Oliva en su salacidad extrema viene a ser
antitesis de su homónimo el de Tormes. Aquel da por sobreentendido el amor,
éste se enfrasca en aventuras galantes que darán con sus huesos en galeras. Un
barullo en el que se percibe el apresuramiento del novelista al que la trama se
le va de las manos. Don Pedro de Oliva tras larga peripecia, paso por Salamanca
y como pasante de un letrado en Orense deja de ser periquín y se convierte en
todo un capitán de los Tercios de Sicilia, enamorado de una moza de ascendencia
segoviana por nombre Clementa. El lector pierde el hilo ante tanta truculencia
de amoríos, cartas desafíos, y porfías. Sin embargo, Cortés de Tolosa del que
se tiene noticia que embarcó para las Indias y murió peleando en Chile bajo las
banderas de Ercilla, el autor de la Araucana, es importante por una cosa: es el
autor en el que se inspira Francisco de Quevedo para su magnífico retrato del
Domine Cabra en el Buscón. ¿Copia es del Gran Tacaño la Novela de un Hombre Miserable? ¿Cometió plagio el Caballero de las
Espuelas de Oro? Este párrafo al menos así lo corrobora o al menos lo hace sospechar:
“… era alto, blanco, muy flaco, ojos
azules, hundidas las sienes, la frente preñada, las narices grandes con un poyo
en medio para las antiparras, calvo, macilento y zazo[25],
era don Gonzalo el hambre y la sed juntas… usaba una sotanilla por mitad como
tierras de pan llevar los cuartos delanteros de bayeta y traseros autem de
bocací, el herreruelo jamás tuvo conformidad con su esposa la sotana, el jubón
fue de tafetán en los tiempos de los Reyes Católicos”
RATIÑOS LA NIÑA DE LOS EMBUSTES
A los del Bierzo otrora ratiños se les llamaba pasado Astorga
eran coritos y más allá gallegos a secas de Ponferrada o por mejor decir de
cangas de morrazo era Catalina Cascabelos y lo mismo que la lozana andaluza que
era de la peña de Martos las putas también van por la vida con denominación de
origen. Castillo Solorzano en esta obrita "La niña de los embustes Teresa
de Manzanares" dechado de los primores y amarguras de la novela picaresca
vierte su sabiduría y su buen humor al abordar un tema tan viejo y escabroso
como el mundo. A Catalina Cascabelos, su madre, “Catuxia” para los amigos, le
hizo un chico un arriero segoviano que pasaba por allí. Ella dijo que el
“chichón” era debido a un atracón de castañas en un magosto de aldea pero la
barriga fue creciendo, naturaleza siguió su curso y a eso de los nueve meses
malparió. Sus progenitores para lavar la culpa mandaron a la muchacha a servir
a Madrid y este es el comienzo de la aventura. La cabra tira al monte y al cabo
de algún tiempo la moza leonesa rubia y garrida se convirtió en una de las
cortesanas más famosas y generosas del Madrid de Felipe IV. Confeccionaba
pelucas al portador.
Castillo Solorzano
data su libro en 1632. Es la historia
del ascenso y caída al hilo de una historia de amor/desamor. Entremedias
infinidad de enredos y follones duelos y espadachines que se baten a muerte por
las calles del viejo Madrid narrados tales lances con mucho donaire y el
desenfado propio del género picaresco cuyos protagonistas antagonistas y
heterogonistas pusieron siempre al mal tiempo buena cara. Trata de blancas. Los
negocios de la carne.
Dijo Cristo que habló muy poco de sexualidad y de escribir no
escribió prácticamente nada (sólo con un dedo en la arena) lo siguiente:
“Preciso es que venga el escándalo pero ay de aquel por quien viniere el
escándalo. Mejor que lo atasen al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al
mar”.
Roma la ciudad de los papas era el principal punto de destino
de estas pobres mujeres que llevaban engañadas a ejercer prostitución.
Enseguida, Estambul. Los turcos tan libidinosos practicantes de la ley de
Mahoma acrecían su demografía violando a todas las muchachas de los territorios
que conquistaban en el Este europeo llevándolas luego a sus serrallos, lo mismo
hacían con los efebos porque un turco hace siempre a pelo y a pluma. A Paris
venían desde Escandinavia, Alemania y Polonia a servir al monarca cristianísimo
y en Madrid llegaban de toda Europa y del Nuevo Mundo a retozar en la corte de
Su Católica Majestad. A Londres no hacía falta proceder a esta clase de
importación, salvo alguna que otra irlandesa descarriada, porque Inglaterra
siempre estuvo bien surtida de daifas, trotonas y tusonas de cualquier índole.
Catuxia era una gallega aseada y limpia a la que Tadeo, el
peraile del Azoguejo (de Segovia ni la burra ni la novia) que así se llamaba el
rufián que sedujo la enamoró cantándole coplas a la oreja con la música de una
bandurria o discantillo para dejarla luego tirada por los caminos. ¡Ah
Marusiña, Marusiña… eu quería me casare…!
En el Madrid de los Austrias las mozas de partido eran
galaicas, para amas de cría las asturianas las fregatrices de Burgos y las
aguadoras de Toledo aunque en Castilla antes se dijo que para putas Toro. Ellas
no tenían que pasar el puerto de Rabanal para marchar a la Corte. Ni besar la
cruz do ferro que se alza en lo alto y donde rezan una oración los gallegos que
parten a tierras ajenas. Era la niña incauta y bozal en caminos pero pronto
aprenderá. El Tadeo buen punto filipino que acompañaba como mozo de mulas al
deán de Compostela desapareció pero la providencia no desdeña a la pobre Catuxia, “sedutta e abandonata”
que camina con paso firme sin admitir requiebros ni martelos hasta la ribera
del Manzanares y alcanza por fin a lomos de un mulo romo que le prestó un
tratante de las Rozas la puente Castellana, ingresa en aquel Madrid que
denomina el autor “gomia” de sabandijas y se pone a servir en el Mesón de la
Hermosas sito en la Cava de san Francisco (hoy Cava Baja). Aldonza una
compañera la inicia en el arte de la prostitución pero este no es el final de
la historia sino el principio galas abalorios van a vestirla en los bodegones
de tela que había en la calle de Toledo la calzan de chapines ponen en sus
dedos sortijas y hala todas a hacer hacer la carrera al Prado o a la ribera del
Manzanares. Nada les gustaba tanto a las aldeanas recién llegadas a la corte
como disfrazarse de señoras. Les salen no pocos pretendientes que el autor
denomina "pretensores"
A Catalina le gusta un
buhonero francés que vendía hilos y baratijas. Casa con él y de la unión nacerá
la Niña de los embustes. Pronto enviuda porque su marido muere a causa de una
borrachera. Crónicas de la vida airada. Esta es una de las novelas picarescas
más realistas donde se hace una relación circunstanciada de la topografía
urbana y la demografía del Madrid durante el reinado del cuarto Felipe mecenas
de las artes y muy putañero que era el buen rey y también devoto porque en la
España de aquel tiempo religión y sexo andaban puerta por medio y lupanares y
conventos eran vecinos pero en el ambiente según reflejan los tramos de este
libro no podía ser más distendido aún en medio de un mundo cruel. A centones y
tolondrones nos pone al hilo de las tretas y estratagemas en que habían de
emplearse las muchachas de provincias para sobrevivir en aquella villa y corte
trufada de matones buscavidas, beatas, maridos cornudos, letrados picapleitos,
clérigos de mala fama, azacanes, taberneros, hidalgos pobretones. Tenían que
emplearse a fondo en subterfugios infinitos. Así que la gallega del Bierzo la
ratiña pronto deja de ser bozal en caminos y se vuelve una experta en el oficio
de solicitud. Maldice a su violador con un conjuro en gallego " doucho
demo al home" (Solórzano debía de ser de la terriña) y haciendo de tripas
corazón se embarca en múltiples embustes o tretas para salir adelante en aquel
Madrid que era gomia de sabandijas. Allí hay que oler bien según decía paco
umbral y para bien parecer cuidar el atuendo porque a la persona según se la ve
así se la trata. Catuxia se pone de punta en blanco: manteo azul con su poca de
guarnición pajiza, basquiña y jubón de estameña, mantellina de bayeta de
Segovia camisas valonas y cofia y chapines de plata adquiridos en la almoneda
de la plaza de la Cebada. Apacible era la gallega y graciosa en su lengua
pronto aprendió a bailar la capona y acudir a las meriendas veraniegas que
tenían lugar en las riveras del cristalino Manzanares. Se va a casar con su
francesillo un buhonero gascón de buen porte y bien vestido -ropilla de veintidoseno
de Segovia, capa terciada- que rondaba la calle de la gallarda gallega un tal
Pierre y se van a vivir a la calla Majadericos donde nace Teresa, la niña de
los embustes, depósito de chanzas y diluvio de los chistes que va a ser. A los
diez años queda huérfana pelos postizos un amante que se llama Tristán que se
va a vivir a una casa a la malicia en la Red de san Luis por no pagar
impuestos, se casa con un septuagenario que la mata de hambres y de celos pero
burla al marido con el estudiante y aprendiz de cómico Sarapia
El donado hablador, vida y aventuras de Alonso, mozo de
muchos amos
Jerónimo de Alcalá (1571-1632) tiene una plaza dedicada en la
imponente plaza comunera de Medina del Campo cabe las dos esfinges y al pie de
la iglesia románica de San Martín. era un murciano que ejerció de cirujano en
la ciudad del Acueducto. Su "Donado hablador mozo de muchos amos"
denota la decadencia en la cual está cayendo este género literario. El libro en
algunos pasajes calca al Buscón quevedesco faltándole el ingenio. Ahora bien,
es un testimonio de las costumbres de la época. El protagonista narra sus
desventuras a un vicario al que informa de las estrecheces que pasó en casa de
un tío cura también gran tacaño, un sacristán que maltrataba a la esposa, un letrado,
un mozo de mulas. un arriero etc. Está escrita en una parrafeo lineal bien
sazonado de de refranes y paremiología como cuando dice tratando de impedir que
su amo pegase a su mujer "entre dos muelas molares nunca metas los
pulgares" o al lamentarse de su mala fortuna; "nadie podrá huir de lo
que las estrellas le tienen señalado".
Hacía las veces de
sacristán y de monago, tañía las campanas y rapaba las velas. Cansado de
penurias se marchó a Salamanca como escudero de unos estudiantes los cuales al
llegar a la universidad le dan novatada. le cubren de gargajos y el ferreruelo
todo nevado hecho un cristo igual que don Pablos. Jerónimo de Alcalá era un
hombre devoto y se abstiene de criticar a los clérigos, no se moza de los
galenos y elogia la virginidad de las monjas. Además, el libro es farragoso y
reiterativo, aunque el más clásico de los buscones y lazarillos, con un pulso
narrativo desigual en el que se advierte la presencia de un sucedáneo con sus
extravagancias mitológicas y citas a los Santos Padres. La trama se disloca.
Con todo y eso, don Julio Cejador al igual que Valbuena Prat
aseguran que las obras de Jerónimo de Alcalá lo mismo que las de Cortés de
Tolosa no son malos libros aun teniendo en cuenta su carácter de servil
imitación del Lazarillo y del Buscón.
A ambos se parece en que el hilo conductor de estas obras sea
el hambre y la desgracia aunque el Lazarillo de Cortés y el Donoso de Alcalá
sirviendo casi a los mismos amos que el modelo de Tormes al que intentan emular
no pasan tanta gazuza.
Claro que el Tormes y el Eresma son afluentes del Duero y las
aguas del Manzanares "el río más alegre de fregonas y el más paseado de
lacayos de cuantos se conocen en España" desembocan en el Tajo, sin dar de
lado el hecho de ser unos y otros arquetipos del hambre que se pasaba en toda
Europa a fines del siglo XVI cuando se produce el gran cambio climático que
redundará en malas cosecha, inundaciones e inviernos polares. Son prosas
barrocas y culteranas que se nos dan envueltas en la amargura de Quevedo, el
pesimismo de Mateo Alemán, el moralismo de Espinel. Siguen la misma ruta de
sentenciosidad didáctica y frialdad expositiva entreverada de alusiones
mitológicas las obras de Salas Barbadillo, de Castillo Solorzano, López de
Úbeda, Luis Velez de Guevara o Juan de Luna. Da la impresión de que todos ellos
miran a través del espejo del Azoguejo segoviano un martes de mercado. Con
frecuencia se quiebra la ilación de la trama argumentativa con la naración de
historias o cuentos mitológicos ocurridos en Grecia o en Italia en los cuales
los dioses se muestran airados o compasivos. Aparecen canónigos, ermitaños,
minoristas granujas, amos tacaños y miserables. Todos ellos son buenos
retratistas de aquella sociedad y feudatario de un casticismo que convierte a la
lengua castellana a una de las más ricas y expresiva de las literaturas
europeas.
DELICADO BAEZA. LA LOZANA ANDALUZA
A Lozana la conocemos bien los hispanos. Es un personaje como
el quijote, una especie de caballero andante del amor que ha cabalgado por
Europa, una especie de santa Nefixa que lo hacía por caridad y de balde,
ejecutora del amor dulce y venusto, repartiendo sus gracias al prójimo desde la
benevolencia del deleite, retratado con donaire y haciendo gala de un idioma
que revela las interioridades del tesoro de la lengua castellana, venero
irrestañable del ir y venir por los colmados, las casas llanas, mancebías,
burdeles, bochinches del tócame roque, casa con dos puertas difícil de guardar,
por su autor un cura cordobés de origen converso, del que se sabe poco pero que
es la cumbre de la literatura picaresca. A Lozana no la conocí pero la imaginé
y es parte de mis sueños y de mis sonrisas. Los mis pecados perdónelos Dios que
a nadie amarga un dulce. Sin meretrices- comenta san Agustín en uno de sus
opúsculos- grandes daños sobrevendrán a la republica. Ellas son la vida misma
formando parte del oficio más viejo del mundo. Escuadras de soldaderas,
cantineras, monjas profesas de la diosa Venus. Los lupanares de Europa siempre
estuvieron manejados por judíos. Delicado Baeza que antes de recibir ordenes
mayores debió de dedicarse al viejo oficio furibundo y no me digan que todas
esas bellaquerías que sabe y que plasma a lo largo de los 66 mamotretos o
capítulos de su novela que se leen de un tirón por su modernidad, por el
donaire y por el gran aparato paremiológico e histórico que esgrime. Hace un
retrato de las orgías y desacatos de la Roma de los Borgias la del papa
Alejandro VI y de Julio II pontificando sobre un corte corrompida pero llena de
ardor guerrero y de artes. Es un libro moralizante pese sus descripciones del
trato torpe en la lengua del lupanar, pues determina que hay tres profesiones
en el mundo que suelen acabar mal, la de las putas y los soldados y las de los
banqueros en una tumba de oro. Publicado en 1524 anuncia proféticamente el saco
de Roma que sobrevendría tres años más tarde por los lansquenetes hambrientos e
iracundos del Duque de Alba que no habían cobrado sus pagas e irrumpen en la
Ciudad Eterna a sangre y cuchillo. ¿Castigo divino? El nombre de Roma es
acróstico del amor. Lozana aborrece el tocino, no blasfema y se abstiene de
mentar el nombre del Dio, guarda el sabat siempre que puede, trata con clérigos
y con monseñores. Un canónigo al que “curó de lo suyo” y éste le hizo un hijo
era su protectora fue su protector por conducto de un macarra trujillano por
nombre Rampín. Es Rampín el cohén o
caudillo de la mancebía típico un bellacazo desflorador de coños devoto
de Santa Nefixa que nos pasma con
sus longuerías y sapiencia lupanaria. Sieneses en Italia y trujillanos en
España que a todos engañan. El tal Rampin [26]
debía de ser buena pieza como gran parte de muchas extremeñas y extremeños que,
perseguidos por la Inquisición, se buscaron la vida en la corte pontificia
donde hallaron protección. La cabeza de la catolicidad paradójicamente estuvo
dominada por hebreos de distinta proveniencia que allí ejercen las profesiones
liberales. Los médicos y los banqueros de los papas, como los de los
emperadores (Carlos V, el converso segoviano Andrés Laguna y los Fuggers o
Fucares alemanes de la judería de Francfort) eran de la rama de Israel. Se
calcula que la Roma Meretriz acogía a más de 50.000 –ya es un numero-
provenidas de todos los rincones de Europa y Berbería y Turquía. Las españolas
que ofrecían el grupo más nutrido habían asimilado de las costumbres moriscas
la depilación de sus partes íntimas. Lozana la garrida que adopta este nombre
de guerra cuando llega a la Ciudad de los Césares, la llamaban Aldonza o
Alaroza en el perchel malagueño, en las gradas de San Felipe, en el Zoco de Ver
toledano, en el azoguejo segoviano, el Fontán ovetense y en el Potro cordobés, su tierra natal.
Alaroza es nombre árabe que significa jarifa, bien plantada. Cuando se jubiló y
marchó desterrada a Lipari su ínsula barataria o Sicilia donde acabó sus días
muriendo al parecer de morbo gálico adoptó el cognomen castellano de Velluda
(la bien hecha) a fe que debió de ser un personaje real que conoció el clérigo
que la describe oriundo de Martos en Jaén
a lo largo de sus izas, rabizas y colipoterras. Muy hermosa y afamada
debió de ser. También sabia y graciosa. En esta novela dialogada nos maravilla
con sus advertencias y observaciones sobre sí y la gente de su oficio. Anda
puta que no serás buena. Pues que ha de hacer si so de Llerena. Se siente muy
judía pero también muy española. La palabra jodío en romance no es como algunos
piensan el participio pasado de un verbo que los hispanos pronunciamos cada dos
por tres, se refiere al judío y al jodío que es como designa a sus camaradas
esta simpática cordobesa, que si hoy viviera, ganaría millonadas acudiendo a
los programas de la entrepierna o dejándose retratar en el Hola. Se lamenta de que en Italia ni el hoder [27]ni
el comer tenga sabor que en la mi tierra
es más dulce que el cantar de la serena.
Su valedor es otro converso extremeño que se llamaba
Trujillo. Cerraba los sábados el burdel, preparaba la adafina los viernes. Era
un varón temeroso de Dios que explotaba esas debilidades cristianas por el
vino, las mujeres y las fiestas religiosas. Su mancebía se ubicaba en la Vía
Asinaria pero luego la trasladó al barrio de los jodíos catalanes y españoles
que son los más letrados y ricos, pues saben su Ley, a diferencia de los
tudescos y franceses que tiran al gentílico
en Campo di Fiori. Sabe que navegante del océano del amor ha de arfar su nave
por aguas ariscas dada su condición de jodía y de puta. Vulto romano y cuerpo
sionés, andar florentino y hablar boloñés. Los italianismos y hebraísmos plagan
esta deliciosa novela que es sobre todo un cuadro de costumbres pintado con
desenfado y al desgaire. En toda la obra medra el ingenio y maravilla el
donaire, trufada de refranes que ofrendan el conocimiento de la sabiduría de la
calle pues quien dice la verdad cobra odio aunque los duelos con pan sean
menos. Y vos, pariente, aparéjame los dientes. Ay tiritin tiritaña soy gloria
de España discípula de aquella doña Violante cordobesa amante de tres reyes
cristianos y dos califas. Dámelo venga que me meo toda. Gallinas y muyeres
todas ponemos. Unas, huevos y otras, cuernos. Ay tiritin tiritañas que soy la
gloria de España. Allá viene la vieja Celestina vieja cargada de cuentas y más
barbas que Ruy Díaz. Todas son putas y mozas de partido, unas de natura, putas
usadas, de puerta cerrada, ninfas del cantón, putas de celosía y putas de empanada. Así era la vida
en los siglos renacentistas. En el Prado de Madrid se alquilaban coches que
bajaban y subían con las cortinas bajadas. Entraban duques y marqueses en el
alquiler, algún que otro obispo y arciprestes a mogollón. Mira como tengo esto.
Alzonza fue muy festejada entre las meretrices muzárabes de Zocodover. Fue puta
apasionada y puta estregada, putas de cabo de ronda que acudían a los cuarteles
y se lo montaban con el centinela en la garita y putas místicas que captaban
clientela en los triduos y rosarios de las iglesias de Madrid. Hubo siempre
putas buenas y putas malas, putas güelfas y putas gibelinas, putas solteras,
putas casadas. Las candiotas – nos asegura- son muy serias y bien cumplidas.
Son de las que no hablan a diferencia de las malagueñas que son malignas y de
mala digestión. Salga pasico su merced y cierre la puerta. Eh tú, pero ¿cuando
acabas? No soporto a los tardones que me destrozan y me meten dentro las
paredes y enfermo del mal de madre. Rampín es su proxeneta que era discreto
nada celoso e hinchaba la medida esto es la satisfacía en la cama. Lo cogió de
quince años y lo guarda consigo. Todo un perro fiel pero guárdate del mozo cuando le nace el bozo. Si lo sopiera más presto
soltaría las riendas de mi querer. Pasico, bonico, quedito, anda conmigo, no me
la hinquéis… ay que priesa os dais y no miráis que yo no so de las que se
quedan atrás…mira que no por mucho madrugar amanece más ahína. Besaros he.
Ansí. Ansí, veis qué bien. Por ahí seréis maestro que aquí se verá el correr de
esta lanza cuando se quiebra… en el coso te tengo, la garrocha es buena… camino
lleváis, no paréis que la liebre ya está echada… daca la mano y tente a mí que
el almadraque[28] es corto, aprieta, cava y ahoya y todo a un
tiempo… a las crines corredor, cabalga caballo mío, mi vida, que me va el
recuero[29].
Ay amores que soy toda vuestra. Quitaos la camisa que sudáis. ¡Cuánto tiempo
que no comía cocho! [30]…
en mi vida vi mano de mortero tan bien hecha ¡y qué gordo que es! parece nabo
de Jerez… que la habla me quitó; no tenía por do resollar… ay qué miel tan
sabrosa…dale, dale que le das y a la par, a la para llegaremos a Jodar”
En pocas literaturas se ha descrito con tanta viveza y
donaire el encuentro carnal humano. Luego se va Lozana muy feliz a la plaza
Nagoya. Era día de mercado y va a ver a Trigo el jodío cacereño que la puso
casa. Lenguaraz y vivaracha derrama refranes y sentencias. Ve do vas y como
vieres así haz y como el pandero sonare así bailarás. La visita un fraile que
todo lo toma a tarja pero que tiene vara alta en su orden y llena la despensa
de la atajía o colmenar de las magdalenas que no van a la iglesia a rezar sino
a captar clientes. Pero a santa Nefixa la que lo hacía de balde –un ejemplo que
siguió la princesa doña Urraca con los cristianos, pero, patriota al fin y al
cabo a los moros por dineros- se le ponen velas en los prostíbulos y a María
Magdalena no más. Cristo andaba con publicanos y pecadores y se dejaba besar
los pies por mujeres públicas. Dijo el que esté limpio de pecado que tire la
primera piedra, lo que evidencia la sabiduría del Espíritu Santo pero no fue
demasiado prolijo en esta materia a diferencia de muchos moralistas católicos
que se referían a la fornicación mal de siempre con lengua hipócrita.
Contra las enfermedades Lozana manda untos de friz o flor de
haya. El pipo del elaboro y la mandrágora son buenas para la liendre. Las bubas
no tenían cura sino el hospital de la sabana blanca que llamaban al de san juan
de dios en Antón Martin. A los enfermos se les trataba con paños calientes de
vapor y cataplasmas. Las aguas ferruginosas y la ruda era recomendada por
galenos y curanderas para las damas que quedando preñadas querían abortar. Es
más viejo que la ruda, se sigue diciendo en Castilla cuando se recurre a un
procedimiento aparentemente novedoso. Sahumerios por abajo y barbas de cabrón
para la impotencia. Ella vino huyendo de la quema y de los corchetes de la
inquisición. Pretende conservar su dignidad humana en todo tiempo como
laborante del amor. Mirad la puta como es criada y la camisa como es hilada.
Las crónicas no dicen si fue encorozada por el Santo Tribunal muy activo en la
ciudad de Córdoba por tales fechas. Lo más seguro es que sí porque a Roma llegó
emplumada y con el pelo rapado. Siguiendo la suerte de millares de españolas
que iban a Roma en romeraje a
alcanzar la gran perdonanza y regresaban en carruaje como matronas respetables.
Roma doma, según dicen. Ellas son como el caracol y las lagartijas que por
donde pasan mojan. Las meretrices que tenían mucha fama por entonces eran las
Valencianas y las zamoranas. Para putas, Toro. Allí hacía la carrera muy
discretamente cerca de la colegiata una que llamaban La Siete Coñicos porque
era bella como la Imagen de la Dolorosa. Nuestra Señora de los Siete Coñicos. O
roma meretrice, enjambre y pósito de oficios y beneficios. Ay marica cuecelo
con malvas, pintalo de verde pues más me sobajais vos que cualquiera. Al que
habla es a un cardenal. Sin embargo, esta gran maestra del rameraje y el
romeraje se guarda mucho vive Dios de proferir ninguna herejía o razón que
atente contra la fe o lo que nos enseña Nuestra Santa Madre Iglesia y por todo
el libro deja sonar las carcajadas de Israel contra las necedades de la credulidad
pazguata de los simples. Sexo es poder y en la ciudad de los papas estaba el
poder. Tira más coño que soga. Su decepción, el desaliento de esta mujer se
compadece con la que tuvieron otros españoles que peregrinaron allá como el
arcipreste de Hita o Ximenez de Cisneros para apelar ante la curia. Yo vi allá
en Roma do es la santidad que todos al dinero facían humildad. Roma la que a
los locos doma, censal de oportunos importunos, alfolí de bulas, despensa de
las indulgencias para ganar el cielo. Al canónigo que acude a visitarla le
lavará lo suyo con vino griego. Ya está al caer mi micer. Vendrá a descargar
sus barriles. Ya está aquí. Ya sube. Hecho es. Allá vienen con él sus
feligresas: la Velasco, la Miramontes y la hija morilla del almotacén que se
llamaba Aixa. Tres moritas me enamoran en Jaén. Al penitenciario que la visita
le gusta hacerlo de varias posturas. Su preferida era la de batiponiente esto
es por detrás o baticulo que es préstamo del idioma marinero por palo de mesana
o cangreja. Imitando el coito de los cangrejos en resumidas cuentas. Mucho
sabía el señor deán. Por las manos o entre las piernas de la andaluza pasan
abades que de lo que cantan comen, peregrinos, soldados con licencia,
menestrales, pajes, caballeros, bulderos, madama Terencia con su escudero
Silvano, el Oliva y la Imperia, un balijero, dos aguadores, algún que otro
sacristán al que pusieron el mote del Alforjillas, y micer Porfirio el
bachiller robusto. Un prostíbulo es como el gran teatro del mundo. Delicado
Baeza casi pretende agotar la materia pero ésta es inagotable. En este libro
consigue mucho nivel dando a la estampa un autentico quijote de la literatura
erótica tan abundante en nuestro siglo de Oro. Los españoles no nos asustamos
de nada. Esto es más viejo que la ruda. Ya quisiera Henry Millar y otros
literatos americanos como el que escribió the
fucking machine[31] haber firmado si
quiera alguna pagina de esta formidable novela dialogada. El inglés es menos
preciso y carece del donaire con que lo abordan los escritores del XVII
castellanos. Francisco de Quevedo que posee una obra muy seria y de altos
vuelos pues era un místico era habitual de aquellas casas llanas que conoció el
Madrid de los Austrias todas de tapadillo pero muy visitadas y conocidas. Y
cuando escribía a sus amigos les informaba de las novedades del lenocinio: “han
venido irlandesas que es bueno que las putas muden de sitio cada tres meses por
parecer fruta nueva”. A mí que conozco a la Velluda por señas, pecador de mí,
todas estas izas, rabizas y colipoterras no encanecieron un adarme mi fe en
Jesucristo. Negar o desconocer esta realidad, como cosa propia de camándulas y
de hipocritones tartufos, es volver la cara a una parte importante de la
Iglesia que es también pecadora. Seminario vacío. Los pecados mortales de la
Iglesia. La Lozana planea como un fantasma sobre la paginas de mi novela o por
ahí anda la cosa.
TRAE
LA VIHUELA Y TOCAREMOS EL PANDERO. LA LOZANA ANDALUZA
La novela de delicado Baeza es vademécum para conocer el
habla y el pensamiento del tiempo imperial. La lengua castellana se forja en
Italia por boca de frailes, soldados y romeros que iban a visitar la tumba del
primer apóstol y ganar la perdonanza en un ir y venir del convento al cuartel,
del burdel a la taberna, de la cárcel a galeras y, ganada la libertad, a los
caminos y a las plazas de las villas. Roma es ciudad abierta o de acarreo como
se decía entonces. Aun no había surgido el concepto de nación. De reinos y
estados y señoríos se hablaba pero nunca de naciones tal como hoy se conoce.
Carlos V adalid del afán del gobierno común, trono y altar unidos; la cruz al
lado de la espada y el idioma compañero del imperio, pretendió restaurar el
sacro imperio germánico y restituir el cetro de los cesares en el capitolio.
Fue el sueño de Carlomagno el fundador del papado. Fracasó por las
desavenencias y traiciones entre los príncipes cristianos de Francia,
Inglaterra y los mismos papas. Imbuido de la noción de reconquista que
convierte a castilla y Aragón en bastiones contra el Islam Carlos V quería
echar a los sarracenos de Europa pero el turco estaba a las puertas de Viena.
Cansado de aquel sueño europeo que no da fruto Cesar regresa a España y se hace
medio monje en Yuste. Con el desistimiento de la utopía, entre sus vasallos se
produce en una huida hace adelante que redunda por un lado en el misticismo de
una España quijotesca, ensimismada y algo mística que contrasta con la
sanchopancesca del bien vivir, la buena mesa y el goce de los sentidos.
Sobreviene en una relajación de las costumbres sobre todo en el clero que tanto
critican los reformadores que no reformistas como Carranza, Cisneros o fray
Hernando de Talavera. Todos ellos en su mayor parte eran conversos y de estos
españoles venidos de la grey mosaica el exponente de sus críticas a este tipo
de cristianismo es el Lazarillo de
Tormes. Delicado Baeza abunda en lo mismo pero su crítica es aun más feroz
porque viene a decir que Roma era predio de las rameras españolas y de los
banqueros hebreos que administraban los dineros de san Pedro. No obstante tales
supuestos, en la península ibérica caen en soco estas prédicas de los
moralistas de nuevo cuño. El vulgo sigue manteniendo sus fiestas a los santos y
mártires muchos ellos dudosos y de origen del culto sincretista y pagano más de
las tres cuartas partes del año. Toros y cañas. Folixia. Desde san Antón hasta
las candelas y desde san marcos hasta san miguel y san Lucas. La Biblia a palo
seco como pretendían los erasmistas sonaba a herejía. Los sastres seguían
invocando a san Homobono, los carreteros a san Cristóbal y los sacamuelas a
santa Apolonia, los músicos a santa Cecilia y llegado junio por todas partes se
glorificaba a san Antonio a san juan bautista a san pedro y a san pablo y a san
pablin. Mientras Lutero desnudaba los altares y predicaba una religión a palo
seco bastando la Biblia para salvarse, aquí se tejían blondas de oro para las
Dolorosas de los Siete Cuchillos y las pobres mujercillas del oficio más viejo
del mundo se encomendaban los 22 de julio a María Magdalena y a santa Nefixia.
Habiendo triunfado en el norte el erasmismo, por el sur cierran filas contra la
heterodoxia, se fundan nuevas órdenes religiosas, jesuitas, teatinos,
carmelitas descalzos, franciscanos observantes etc. Poco a poco y pese a seguir
aferrados a la fe del carbonero y disculpando los abusos y malos ejemplos de
ciertos sacerdotes se va imponiendo la reforma pero dentro del dogma a cargo de
eminencias como San Juan de Ávila el apóstol de Andalucía. Todos ellos braman
contra la forma de vivir disoluta pero los curas siguen teniendo ama y nadie se
atreve a cerrar un prostíbulo. España se ensimisma frente a Europa, que no la
comprende, torna a la vida interior o se marcha a las Indias.
Fue un tiempo de guerras, pestes, hambrunas y otros flagelos.
Cristóbal de Castillejo un cisterciense que cuelga los hábitos para sentar
plaza en el ejército, toma parte en la defensa de Viena contra los turcos
encuadrado en los tercios viejos se hace esta pregunta:
-¿Qué viniste a hacer tú, Castillejo, en Alemania, estando
tan bien en España?
El poeta se contesta a sí mismo:
-Vine para defender a mi rey y por el amor de una dama.
Esa misma cuestión la encontramos, aunque no expresa sino
tácita, cuando leemos las Moradas de
santa Teresa o la mística ciudad de dios de
sor maría Agreda. España contra todos, nos refiere Quevedo. Se enfrenta a los poderes infernales de mundo, demonio
y carne alzando el perdón de la cruz. Ah pero la carne es débil y los españoles
frágiles. Se busca un punto de fuga, una evasión que nos libere de la ingrata
realidad. Peguemos de calabazadas contra los molinos de viento. Busquémonos en
nuestro interior. Es el sentimiento trágico de la vida del que habla Unamuno y
que vemos alzarse en el siglo XVI en plena apoteosis de la idea imperial. La
carne es débil. El convento es la prolongación de la taberna, el cuartel o del
prostíbulo. En todos estos sitios se juega a las cartas. Al tute, a la brisca,
al cinquillo. Los españoles, seguros de poseer la verdad católica, adictos a la
fe del carbonero, dejan de un lado los libros religiosos – somos la Biblia en
verso- habiéndose escrito tanto en nuestra patria (España es una nación
grafómana, primera potencia mundial de la edición) y se escuchan los gritos de
envido, arrastro, mus por cárceles, conventos, sacristías, audiencias, patios
como el de la universidad de Alcalá, escuela de tahúres, y hasta en los
hospitales de san Juan de Dios. En el de la sabana blanca de Antón Martin se
espantaba a la muerte con los dados. La baraja tenía que ser después
descontaminada. País militar y religioso. Se escucha por las ciudades el
arrastre de las cadenas de las procesiones penitenciales acompañando a los
cristos yacentes que ofrecen gracias al buril de los imagineros una viveza y
sensualidad al límite. El español tiene que tocar y ver en lo cree. Su
catolicismo es tan apasionado como dolorista y colorista, por lo mismo,
masoquista, ay Señor, Señor. En las villas con el volteo de las campanas se
escucha el clarín castrense de las levas de los tercios que eran enviados a
Flandes. Delante iban los guiones y las banderas con la cruz. Detrás con la
impedimenta y las mulas reverendas de los clérigos las soldaderas. La
soldadesca entraba a saco en algunos pueblos robando, matando o forzando mozas.
Contra ellos se alza la vara de Pedro Crespo contra esta vorágine. España ya
está acostumbrada. Conoció múltiples invasiones desde la de las legiones
romanas y la francesada, los cien mil hijo de san Luis, las guerras de Cataluña
hasta los furores cainitas de 1936 cuando nos alzamos contra la masonería y el
anticristo hoy triunfal en este acosado planeta Tierra. La horda marxista fue
un primer aviso del actual acontecer. La serpiente cambia de camisa y hoy se ha
hecho liberal capitalista. Europa a las órdenes de esa zarrapastrosa alemana
con cara de pepona, hija de un rabino, llamada Frau Merkel.
Volvamos a la Lozana pariente lejana de estos reviragos que
hoy nos imponen su Ley, que tenía la crija rajada en su sitio y que triunfó y
fue famosa en la corte de los papas.
-Mira cómo tengo esto
-Subamos un ratico. ¿Tú qué me das? No hay coño de balde.
-Dos ducado.
-Viene bien prevenido vuesa merced
-Vamos.
-¡Ay Nicolás otra vez más¡
Con sus ojos de alinde bruñidos como un espejo escruta la
realidad. No se la escapa una. Así se somete a la concupiscencia de sus johnies[32]
humillándose para triunfar. She stoops to conquer, según el título
de la obra de Marlowe. Hay que tener mucha mano izquierda. Metamos el pájaro en
el infierno. Sus clientes marchan contentos. Con una sonrisa de oreja a oreja.
La vida airada tiene lindes propios con puertas que dan al campo del
misticismo. Esa es otra. La prostitución fue la primera forma de liberación de
la mujer e influye en ese misticismo castellano de signo hebraico. Cuando
Teresa de Jesús describe su transverberación- un ángel rubio la entró en el
cuerpo hiriéndola con un dardo de fuego
que metía y sacaba quedando yo llena de paz, dice la santa- nos recuerda a
la narración de La Lozana Andaluza con sus habituales. Si santa Teresa tuvo
dificultades con el Santo Oficio- aquel nuncio que la definía como monja
inquieta y andariega y algo arrobadiza-, el personaje de Delicado Baeza anduvo
bajo el escrutinio de los inquisidores que quisieron apiolarla no por puta sino
por nigromante y por bruja practicante del arte adivinatorio y de los ensalmos.
Tuvo la suerte de hallarse en Roma y tener en la curia valedores importantes,
que la frecuentaban en su piso de la vía Asinaria que si no…
Sus críticas a la religión del crucificado no son grano de
anís. Decía que sus seguidores andaban de fiesta las tres cuartas partes del
año y no practicaban la caridad que tanto predicaban. Festejan a los santos y a las doce fiestas del calendario, confían sus
secretos a los escribanos y dan sus dineros a los usureros jodios que les
despellejan. Y aquí la caridad es sólo de oficio o de boquilla. Nunca de
ejercicio. Oímos hablar della siempre por escrito y pintada et neque si
Spiritus Sanctus esse audivimus[33]
Mujer festejada de galanes que atracó en puertos notables
como los soportales de Toro, el Arenal de Sevilla, en que ejerció el amor dulce
a las ordenes de una madama por nombre Sietecoñicos, el Perchel malagueño, el
puente de Rialto en Venecia y el barrio judío de Nápoles, etc debía de tener
buen tiento para contentar a sus amantes de ocasión. Aquí te pillo y aquí te
mato. En la Ciudad Eterna fue su protector un cardenal por conducto del jodío
extremeño Julián Trigo (el buen judío
hace de la paja oro), nos dice. Tal personaje arrimaba el género a
eclesiásticos importantes por lo que parece. Se le confirmaba como el gran
cohén o barrachel de todos los prostíbulos transtiberinos. La andaluza reina de
la colmena fungía como el no va más de aquel enjambre.
-Pellejame el cojón.
-Señor. Sí.
- Hecho es
La segunda dama era la Galinda una asturiana que siguiendo el
ejemplo de santa Nefixia lo hacía por caridad. Luego cambió de idea. En una
ocasión a un perusino le urdió una treta. Le dio un brebaje que le descompuso
el vientre, fue a hacer de cuerpo, con tan mala suerte que pisó una tabla mal
colocada y se sumió en una letrina. Esta historia de la privada la tomó el
autor del Decamerón. Huyó despavorido oliendo a mierda y fue a bañarse al Tiber
un río muy traicionero tanto como el Tormes. Estaba el pobre hecho una
melcocha. Tomado por la corriente se ahogó en un bodón.
-entren mis feligreses todos con orden y no digan mal de mí
si quieren joder de balde. Hoy me siento generosa
Y entró toda una compañía de soldados españoles. Si alguno
presentaba signos de alguna enfermedad la andaluza no le hacía ascos pues así
acabó como acabó.
-Esto no es nada, compañero. Sólo que llevas la cara
hinchada.
Gonorrea al canto. A las bubas las denominaba frejolón. Ella
que aborrecía el tocino curaba la orquitis, no sin mucho asco, restregando los
dídimos con unte de cecina.
-Bueno. Pecado callado, medio perdonado. Vengan los polvos de
la madre Celestina.
La sombra de la vieja alcahueta influye en los retraeres,
dichos y sentencias que aduce en su novela Delicado Baeza. Es el desparpajo, el
donaire.
-Semen[34]
a la settimana nunca hizo daño a nadie.
Las frases circulan con el desenfado y la desvergüenza de la
vida airada.
- Se ve que su mercé lo tiene grueso que el otro día me
metiste las paredes adentro. Pero quedé contenta.
-Dámelo de argento, Lázara
-Lo mío de oro es. Soy vuestra hasta las trencas.
El dialogo ágil, presto a la facundia hace que la Lozana
Andaluza sea obra llena de modernidad. Máximo exponente de la literatura crural
que debió de ser abundosa en su siglo. Muchos de los textos se han perdido o no
se dieron a la estampa por temor a la censura eclesiástica. La única debilidad
es la monotonía de situaciones y caracteres. No hay trama. Todo es lo mismo.
Nada más aburrido que el folleteo. Ahora la pornografía corre por las
televisiones de banda ancha, los circuitos integrales, las sacerdotisas de lo
inane y las revistas en cuatricromía. España es el país del quijote pero
también de celestina y de ahí que tengan tanto arraigo los programas de la
Campos y de Ana Rosa que se han hecho millonarias descorriendo la cortina de la
alcoba de los famosos. Se trata de una pornografía de guante blanco pero mucho
más deletérea, cursi, y peligrosa que el sexo duro. Nuestro país en manos de
estas discípulas de Celestina se ha convertido en un tendido de mirones y un
coso de acusicas hedonistas y bobalicones. Ningún valor añadido. Deja vu.
Consumado el acto viene la tristeza postcoital. Ay si
hubiéramos sabido que el amor era eso. Con frecuencia la sensación es de asco y
de melancolía. ¿Somos verdaderamente libres? El amor dicen que es química los sabihondos
y se sujeta a las normas biológicas ineluctables del apetito.
Desde los tiempos de Cicerón las soldaderas que acompañaban a
las legiones recibían un beneficio o sinecura. El estado les ponía las famosas
tabernas tributarias. En España a las viudas de guerras se las colocaba en una
expendeduría lotera o un estanco. Lozana no lo consiguió pese a sus
influencias. El canónico que la hizo un crío se desentendían y la antigua
cortesana hubo de mudar de aires. La novela se termina cuando llega a Sicilia.
No pierde su desenfado contándonos cosas de su tiempo. Por ejemplo, no
aguantaba a los catalanes decían que era un pueblo duro de cerviz, más que los
judíos. Más tacañotes y mirados del dinero que no convidaban más que dos veces
una en vida y otra en muerte. De ahí debe de venir la proverbial sentencia de
que esto es un convite de catalanes o merienda de negros por lo escaso de la
comida y por el desbarajuste en esos velatorios que se preparan entre los
lemusinos cada cap d´anni. Y como
conoce a las mujeres dice de ellas que están muy pegadas a la tierra, no
entienden de brillantes ideas y de grandes propuestas. “Ellas en política y en religión carecen de banderas. Los ojos de las
mujeres se hicieron para la bragueta del hombre. Siempre miran para allí donde
se sentirán dominadas”. Amarga verdad que echa por tierra tanto la castidad
de las vestales como la idealización del matrimonio como estado paradisíaco.
Quevedo da razón a Lozana y dice que los casamientos que empiezan en besos y
abrazos acaban en golpes. Él los llamaba infiernos portátil. La mujer a decir
de los padres de la iglesia medievales carecía de alma. Era todo carne. Una
visión un tanto extrema que de forma tácita pregona una gran verdad. Aviso a
navegantes y mareantes ilusos que piensan que en el matrimonio van a encontrar
la vida perfecta y la felicidad.
Cuando doña Aldonza se retira del oficio tomando por nombre
el de Velluda se hace del gremio de la guija, echa las cartas, hace el corro de
los conjuros:
Yo sé ensalmar,
encomendar y santiguar, se quitar ahítos y aojamientos, que una vieja me vezó
que era saludadora, sé encontrar remedio para cuartanas y hacer que no duelan
los riñones, sé sonar renes, sé cortar frenillos de bobos[35],
sé la quiromancia de la mano. Echo agüeros, domo serpientes porque para ganar
de comer he de decir que no sé mucho más de lo que sé que unos crían las
gallinas y nosotros comemos los pollos sin perjuicio ni fatiga”
Ella se siente un poco como la hierba canilla que crece en
los tejados (parietaria) y con ella curaba el estreñimiento. Un albollón de
ingenio lo que surge por esa boquita de la grandísima alcahueta, émula de
Celestina a la que supera. La grandísima gran puta que tuvo a Rompín por
macarra que también era bueno y barato.
MELCHOR
CANO
La estatua que se erigía dentro del casco urbano de
Segovia apareció hace poco decapitada.
Era un monumento en honor del gran teólogo dominico, prior del convento de
Santa Cruz de abajo antiguo hospicio y hoy centro universitadrio. La
cristofobia no cesa y esta decapitación obedece a un designio programado como
es la quema de capillas y la quema de imágenes que vuelve. En barbaridades como
ésta se juntan, como el hambre y las ganas de comer, la ignorancia con la
vesania. Se trata de una forma salvaje de autodestruirnos. A par de todo eso la
envidia y la emulación constituye un poco el patrimonio macabro —triste
herencia— de la ciudad donde yo nací. Segovia no quiere tampoco profetas en su
tierra.
Independientemente de tales agravios, este fraile segoviano
de padres recien bautizados (en Segovia pocos fueron entregados al brazo
secular todos se convirtieron de fuerza o de grado o para disimular) gran
teólogo, luz de Trento y “martillo de herejes”. Fue el encargado de pronunciar
la oración fúnebre en el auto de fe celebrado en Valladolid en 1558 donde
ajusticiaron al doctor Cazalla y quince de sus compañeros. Su estatua presidía
los parterres de unos jardinillo al pie de la torre de los Dávila, otros
insignes conversos que dieron a la iglesia obispos como Arias Dávila y conquistadores
peruleros. Fue profanada y masacrada impunemente en alevoso acto.
Seguramente no habían leído sus súmulas escritas en latín,
que aportan una visión interesante y diferente del estudio de los evangelios.
Melchor Cano no era tomista y en algunas de sus proposiciones
fustiga al doctor Angélico, condenando a teólogos incondicionales suyos como
Ginés de Sepúlveda que defendía la guerra justa contra el infiel y otros
notables de la escuela de Salamanca sobre la licitud del tiranicidio. Al frente
de esta proposición figuraba el jesuita portugués Francisco Suárez y
determinaría el enfrentamiento de la corona española con la inglesa asi como la
persecución de los católicos en las Islas Británicas. Amigo del P. Las Casas,
su hermano de hábito, profesaba el credo agustiniano sobre la fundación de la
Ciudad de Dios bajo el supuesto de que Dios es amor y el amor es belleza y
armonía. Una idea platónica que revuelca los postulados aristotélicos que hace
suyos santo Tomás en sus súmulas.
Ahora bien, despliega este dominico, quien debió de
granjearse muchos enemigos (lo mandaron desterrado a la silla de Canarias) un
gran conocimiento bíblico a la luz de los dictámenes de los padres orientales:
San Clemente Alejandrino. Eusebio de Cesárea, Teodorito, san Epifanio, san Hilario,
san Nicéforo, san Basilio, el Crisóstomo, así como los padres de Occidente: san
Cipriano, Agustin, san Jeronimo, Quintiliano etc. Todos los Santos Padres cuya
lectura por premiosa hoy la han descatalogado los propios hombres de iglesia
Refuta a Erasmo, aun siendo amigo y compañero de juegos de
infancia de Andrés Laguna y otros próceres del humanismo renacentista, y a las
herejías arrianas, donatistas, valdenses y demás. Su familiaridad con los
autores griegos le conduce a dudar o, si no dudar, al menos mostrar ciertas
reservas sobre la primacía del pontífice romano. Para él Cristo es la verdadera
cabeza de la iglesia, y ésta, como institución, no es un fin en sí misma sino
un medio para la salvación del género humano. Un concepto revolucionario y audaz
para aquellos tiempos y que mantienen plena vigencia de actualidad. Ainda más,
donde descarga el tarro de las esencias es cuando llega a afirmar que la
historia escrita por los hombres es parcial y subjetiva. Según eso, Tito Livio
cuenta batallitas en sus anales, aduciendo el testimonio de Quintiliano a tal
respecto: “scripta sunt ad narrandum not
at probandum” (los escritos cronológicos no son un argumento sino una
narración de hechos coacervados por un historiador que difieren en muchos casos
con los que refleja otro historiador.)
Si la historia es subjetiva al dar cuenta de algo que no vio
el lector, la fe es objetiva, revelada por Dios. Por ese cauce el P. Cano
desemboca en el delta de la duda. La incongruencia y contradicciones que se
detectan en el evangelio donde la acción es muy rápida y quedan sueltos muchos
cabos patentizan una oscuridad soteriológica y los misterios de nuestra
religión pero el teólogo apostilla:
—¿Y qué? …“De nimis non
curat praetor”[36]
No es conveniente
perderse en pataleas y nimiedades. La Resurrección de Cristo es el baluarte de
la fe que lleva la redención a los pueblos a través de la singladura de la
iglesia navegando por los océanos de los siglos, pilotada por el papa asistido
por el colegio de los obispos. Piensa que la autoridad de la iglesia es sinodal
y se regula por el concilio bajo la égida del obispo romano.
Tanto más su versión de la genealogía del Salvador suscitó
polémica en su tiempo (Cano era un converso y había leído la Escritura en
hebreo y en griego) y, aún manteniéndose en el postulado de la palabra
“hermanos” entre los judíos tenía una acepción diferente que entre los romanos,
estudia las versiones de los comentaristas griegos reputándolas de admisibles.
Básicamente son estas:
■ San José tenía 80 años cuando se desposó
con la Virgen María
■ Pudo haber estado
casado con María de Cleofás, su hermano carnal. Siguiendo la tradición judía,
al morir Cleofas, según conjeturaban san Eusebio y _Egesipo, la retuvo como
esposa.
■ María de Cleofás
aportó al matrimonio varios entenados o “prole de un costado”: Santiago, Simón,
Judas Tadeo, hijos todos ellos de la viuda y a losa que adoptó el casto José.
Maria de Cleofás era en verdad tía política de Jesús.
■ María Salomé pudo
ser hermana del padre putativo y esposo de Nuestra Señora. Más aún los griegos
no afirman ni niegan tal hipótesis porque los evangelistas, no en detrimento
sino para aumentos de nuestra fe, que es creer lo que no vimos, se muestran muy
parcos o nada explícitos al detallar el
árbol genealógicos del Mesías,
Para el teólogo segoviano lo verosímil juega al escondite con
lo inverosímil, por lo que tales incongruencias son indiferentes al hecho de
nuestra fe.
GINES DE SEPÚLVEDA. LEGITIMACIÓN DE LA GUERRA JUSTA.
FRANCISCO I CONTRADICE A ALEJANDRO VI SU ANTECESOR
Imágenes turbulentas llegan estos días; el paso de Calais una
valla donde aguarda turbamulta de descamisados para saltar al paraíso trae de
cabeza a la unión europea. Se cumple la profecía que me formuló un compañero de
mesa, un tipo de León que había sido misionero en Burundi colgó los hábitos y
se hizo periodista, no le arrendaba la ganancia pero dijo: “Vendrán a morir a
nuestras puertas”. Oye, la clavó. Las noticias sobre la llegada masiva de
inmigrantes acongoja a muchos y no se trata de una serpiente de verano sino un
problema crítico que afectará a nuestros bolsillos.
Ficistelo en Pajares
pagarlos en Campomanes a pie de puerto, afirma un refrán asturiano de
arrieros. Y de aquellos polvos tales lodos. Y en esas estamos con el alma en
vilo y la soga al cuello. Vienen en oleadas, presidente. Son los desplazados,
las victimas de las guerras coloniales como Etiopía o las interétnicas como
Yugoslavia.
Lo que no consiguieron ni Julio Cesar ni Napoleón ni los
galeones de la Invencible —invadir Gran Bretaña— lo tienen al alcance de las
manos estas tribus heteróclitas de expulsados de sus países por el hambre y la
guerra. ¿El precio de la culpa? Todos son adrollas, pretextos y mohatras al
respecto, y noticias, cada vez más preocupantes, noticias sobre una humanidad
desamparada que los “announcers” y
hombres áncora” televisivos, dando el parte, como en los tiempos franquistas,
sólo falta el cornetín de órdenes tararí ti –esto es la guerra— de amargura,
nos comunican.
Debatían el tema ayer en una cadena alemana y en el panel se
sentaba una mora con su almejía cubierta como una monja de ojos grandes e
interrogantes palabras a sobaquillo. Mucho hablar y no hacer nada. Unos
predican y otros dan trigo, unos ensillan otros cabalgan, uno llevan la fama y otros
cardan la lana.. Frente a la ola “aliya” que nos invade Europa se muestra indefensa tornada sobre sí
misma mirándose el ombligo juntos y
revueltos ovejas y cabritos, entretenida hasta el aburrimiento en sus coloquios
y circunloquios ovejas y borregos que balan mientras da vueltas al redil el
lobo que acecha. Un disco rayado de politólogos y comunicadores incomunicados
en la caja tonta que espantados de la verdad se escuchan a sí mismos. El
periodista encaramado hoy tiene maneras de gángster. Que pague Alemania. ¿Pero es esa la solución?
Hacen frases, discursean, ganan cuartos ¿Se trata tal vez la
revolución solapada sin armas sin cañones y sin trincheras? Just people.
El personal mete cabeza bajo el ala y hace el gesto del avestruz y a cobrar.
Con tal de que nos dejen tranquilos... Velay: ha estallado aquella bomba
nuclear de la cual hablaba Mao the bomb
people explotando en la recamara de una demografía que crece en proporción
geométrica. Somos más de siete mil millones de seres humanos en este afligido
planeta. Los ingleses no caben en la isla. Los blancos acantilados de Dover que
yo he avistado multitud de veces yendo y viniendo a la Rubia Albión en viajes
placenteros, a pesar de que en una ocasión las impetuosas corrientes del Canal
de la Mancha en una de mis travesías estuvimos a punto de zozobrar el ferry,
eran un viaje de placer. Hoy son un desastre esos campamentos en Calais que
parecen aduares. Los desarrapados se
suben al tender de esos trenes balas que van de Paris a Londres en media hora.
Quedan electrocutados o se acomodan al asalto dentro de camiones frigoríficos
llegando “pajaritos” a su destino. A mi juicio es el resultado de aquellas
guerras de nuestros antepasados aunque sólo hayan transcurrido a la sazón un
par de décadas: Kosovo Iraq Libia. Etiopía, Ucrania bendecidas por la ONU y por
la OTAN. Habías de dar salida al negocio de las armas. Se basaban, mutatis mutandis, tales conflictos en
las teorías formuladas por un clérigo cordobés: Ginés de Sepúlveda que,
siguiendo las admoniciones de que la vida es milicia y la humana existencia un
combate, animó a los españoles a beligerar con todas las de la ley contra el
turco o imponer el reinado de la cruz en América.
Se alzaba así el pendón de la civilización contra la barbarie
y esa enculturación y asimilación del indio por quienes ellos llaman,
despectivamente, conquistadores nunca fue del agrado de los instalados en la
hispanofobia, dando pábulo a toda clase de patrañas sobre nuestra historia.
Ladran y escupen contra nosotros como anticristos y adoran al diablo
encendiendo siete velas con siete brazos, los cuales representan las robustas
mentiras del crecal ese olivo de tocones y ramajes retorcidos, un árbol que
siendo enseña de la paz, ellos trocaron en símbolo de la guerra. Creo que el sionismo
va contra las leyes promulgadas a Moisés en el Sinaí y está triturando a los
propios judío… pero “speret Israel in
Domino, tenga confianza en Yahvé”.
Sus frutos son aceitunas amargas de odio y de revancha. Los
demiurgos de la Nueva Era movidos por el deseo de establecer la democracia en
todo el planeta deberían haber leído, en vez de a Rousseau y a Hobbes, a este
fraile en sus largas y plúmbeas parrafadas en latín sobre la guerra justa.
Fusilaron a Gadafi, ahorcaron a Sadam Hussein, asesinaron a
Isaac Rabin. ¿Y ahora qué? Europa sufre las consecuencias de tales dislates, de
aquellos polvos estos lodos. Y, como de los escarmentados nacen los arteros,
uno duda en principio de que haya voluntad de fajarse con el grave problema de
la inmigración sin control por los políticos y tertulianos encastillados en sus
coches blindados y en sus torres de marfil y que gobiernan este planeta en
petit comité. Ellos, los de la cresta de la ola, tan agustito en sus casas de
la Moraleja pues no tienen que viajar en metro ni apretujarse en vagones
atestados de una población haloétnica.
Avanza la serpiente multicolor y es a los pobres a quienes
estruja en sus arillas no a los magnates ni a los políticos que no residen en
Vallecas. Llegan y llegan, presidente, y
es el pueblo el que ha de convivir con los recién llegados, competir por un
trabajo y una vivienda de día en día más
precarios, aguantar sus miradas atravesadas en el metro, haciendo ostentación
de sus hábitos culinarios de su vestimenta exótica chilaba griñones — nada de
bautizarse ni adoptar las costumbres de la patria que los acoge—, almaizares
turbantes y yamulcas y hay frases que lo dicen todo: nosotros llegamos en patera y vosotros vais a salir a nado o por
piernas. Aquí estoy porque he venido. Os vamos a pasar la pluma la pluma
por el pico.
Silencio, se rueda. Y
los operarios del gran diseño crearon el mito de Bin Laden como un
santiago matamoros al revés (hasta lo subieron a un caballo blanco e hicieron
blandir la cimitarra amenazante utilizando al Islam como ariete, brigola y
helépolis de asalto a la fortaleza, divide y vencerás para sus propósitos de
conquista y destrucción del mundo civilizado) los pecios de aquel naufragio,
los hijos de aquellas guerras “justas en nombre de la democracia” llaman despavoridos
a las puertas de una Europa que se
descristianiza e islamiza a marchas aceleradas.
Big Brother es la mano que mece la cuna desde bastidores. El
papa de Roma bendice la algarada por ahora pacífica y en harapos. El FMI suelta
los caballos de Troya y dentro va una tropa variopinta de enejes con tiendas de
campañas botiquines y dineros. Si
abrimos el baúl hasta podríamos encontrarnos al P. Ángel descorbatado y sonrisa
de calavera.
Los jueces les dan papeles, los alcaldes los empadronan en
sus municipios. Una población envejecida. En España no está de moda tener
hijos. La maniobra se desarrolla a cencerros tapados sin alharacas, como todo
lo inicuo. El que se mueva no sale en la foto. Al que se queje le colocarán el
sambenito de nazi o de extrema derecha. Un propósito alberga esta movida: la
creación del Eretz Israel. El
Apocalipsis habla de estos grandes movimientos migratorios bajo el nombre de “pressura gentium”
Quieren tierra quemada en su distrito, prolongar la frontera
más allá de los Altos del Golán. Que los sirios los partos y los medos se maten
entre sí. He aquí toda una añagaza y una nueva forma hasta ahora no ensayada de
conflicto a la moderna, circunscrito a un área determinada del mundo, esa
pesadilla de Oriente Medio. La media luna al servicio del candelabro de siete
brazos y la cruz hecha astillas. Sí, los nuevos demiurgos deben de haber leído
a fray Ginés (1491-1573) pero al revés y pro
domo sua. Y practican la vieja estrategia de los emperadores romanos de “divide et impera”.
El pensamiento único manda en página. Es un trágala. Pero
esta es una idea robada, un refrito de lo que afirmaba este cronista a
referencia de los herejes y citando al pontífice reinante en aquel entonces
Alejandro VI: “resistir o contradecir a
sus leyes y públicos decretos es cosa nefanda y castigada con pena de herejía”.
La idea de la evangelización americana surgió bajo los auspicios de aquel
vicario de Cristo en el Tratado de Tordesillas 1492 al albur de la santa
cruzada, absolutamente lícita según Sepúlveda: “… son guerras que se emprenden con todo derecho por una nación humana
contra gentes bárbaras que vivían como bestias y se comían unos a otros… no
sabían antes de nuestra llegada qué cosa fuesen caballos, cabras, trigos y
otras cosas que ahora abundan llevadas por nuestra gente”. La tesis fue
combatida por Las Casas unido a los jesuitas.
El brillante teólogo cordobés fue una primera victima
sacrificial de las fuerzas oscuras que ya en aquel entonces empezaron a
barrenar y a blasfemar con gargajos de la anti-España.
Muerto el emperador, Sepúlveda, lleno de amargura y
desaliento, tuvo que retirarse a su quinta de Pozo Blanco. Sin la intervención
de aquel papa valenciano— Alejandro VI ha sido uno de los pontífices más
poderosos y a la vez más discutidos—la obra ingente de España y Portugal, que
algunos han dado en llamar el hecho más portentoso en los anales después de la
creación no hubiese fraguado. Esto es el colmo, señor del Olmo. Yo creía que el
papa estaba siempre con los buenos y ahora se pasa a los otros.
<<… para que
entiendas que no sólo fue lícito por las leyes humanas sino por las naturales,
a tus abuelos Fernando e Isabel, reyes de España, nación excelsa por su
humanidad, y a todos sus descendientes, someter al Nuevo Mundo. Pues tal
decisión no sólo la aprobó Alejandro VI, sumo pontífice y vicario de Cristo,
sino que la ordenó con alabanza; exhortándoles a que no se apartasen del
propósito por ningún temor, con tal de que se extendiera el nombre de Xto y la
predicación de la Fe entre aquellas gentes>> “Del reino y oficio de rey”
por Ginesio Sepúlveda en su admonición a Carlos V.
Seguía los planteamientos teológicos de bello justo vel injusto de otro gran obispo de Roma, san
Gregorio Magno. La conjunción de trono y altar como emanación de la autoridad
divina es otra de las tesis del imperio carolingio que plasma en un soneto Hernando de Acuña:
“ya se acerca, señor, y ya es llegada
La edad gloriosa en que promete el cielo
Una grey y un pastor solo en el suelo
Por suerte a nuestros tiempos reservada”
Francisco I en
su última gira no sólo no comulga con el contenido de este soneto sino que
afeando la conducta de los españoles en la América hispana contradice la tesis
de su antecesor en la silla de Pedro y ha pedido perdón en Paraguay por los
atropellos cometidos durante la conquista. Claro que el papa reinante es un
jesuita y la Compañía fue excluida por los monarcas de Castilla en la
evangelización del continente. Sólo se les permitió una pequeña parte de la
tarea la reducción jesuítica del Paraguay. Eran unas instituciones
independientes de la Corona y autónomas como bien refleja esa película
antiespañola “La Misión”
protagonizada por Jeremy Irons.
Esta condena que ha escandalizado a muchos de nosotros nada
tiene que ver con la infalibilidad pontificia. Se trata de una opinión de
carácter político y por lo tanto contendible y debatible. Se le puede objetar
al Papa con las palabras del apóstol san Pedro ante el Sanedrín cuando los
sacerdotes le llevaron a la cárcel por predicar a “ese hombre”. Dijo san Pedro al
gran sacerdote de los judíos: “debemos
respetar la opinión de los hombres pero antes que a los hombres hemos de
obedecer a Dios (Hechos, 5, 12-32).
La obra de España en América surgió al albur de un afán
apostólico y civilizador. Los españoles no sólo buscaban oro y las fuentes de
la eterna juventud, sino que también buscaban a Dios. La gesta no tuvo un
carácter de explotación económica aunque hubiese abusos atropellos y
despilfarros como en toda obra humana. Eminentemente se ajustó a un carácter
espiritual utópico y quijotesco que siempre nos echan en cara los que no
perdonan. Gran parte de los conquistadores eran adalides de la cristiandad
llevados de una afán aventurero, es cierto, pero también de cristianización
civilizadora.
En ese
argumento se basa Sepúlveda para justificar la guerra justa. Se le echó encima
el sanedrín de teólogos de Salamanca, y la gran reciella de juristas jesuitas del bando del P. Suárez ¿Por qué el
antiguo Testamento permite la venganza y el ojo por ojo, y los ismaelitas hacen
de la guerra santa un dogma de su religión mientras los cristianos nos vemos
obligados a poner la otra mejilla cuando se nos ataca?, se pregunta Ginesio en
un tratado humanista escrito en forma dialogada el “Democrates
Gran pregunta para la que no caben muchas respuestas. Afirma
el humanista español con San Pablo que la “vida milicia es”. ¿No estaría el
apóstol yéndose por las ramas? He ahí el busilis. Unos ensillan y otros
cabalgan. Para mí lo ancho y para lo ti lo estrecho. La ley del embudo y dicho
con toda mi llaneza y todos los respetos para el pontífice reinante: el Papa
Francisco con su aire de bufón no está con su grey sino con los muñidores de
este gran enredo que se propone la descristianización. Ahora pienso con
angustia en la parábola del buen pastor que da la vida por sus ovejas. A lo que
se ve haciendo mangas y capirotes de la tradición y la gran teología católica
el señor Bergoglio no muestra un interés por el martirio. Al contrario, se
siente fascinado por los halagos del mundo, sus pompas y vanidades. También
tendrá que dar cuenta a Dios al cohonestar por buenas a estas oleadas de
emigrantes, sin condenar a quienes no mueven un dedo por los desarraigados, los
causantes de su desgracia y de las guerras que destruyeron sus hogares. No
tiene en cuenta el adagio latino “pro
patria et altariis” lema bajo el cual empuñaban las armas los antiguos.
Pero tales retraheres y dichos suenan a música celestial en los oídos de este
argentino.
Claro que Ginés de Sepúlveda al que sus biógrafos retratan
como una caballero medieval prevenido en frontera, en vez de lanza, pluma en
ristre, que hubiera sido un buen capellán de los tercios de Flandes y sólo fue
un confesor y secretario particular del Emperador, fue un perdedor. Su retiro a
la quinta que tenía en Sierra Morena, tras perder la privanza de Felipe II,
coincide con la de Carlos V al monasterio de Yuste, amargado por las luchas y
guerras constantes en Europa, lo que llama Menéndez y Pidal “desistimiento de
la idea imperial” y las luchas internecinas dentro de la cristiandad.
Sin embargo, su obra escrita en latín, en un estilo elegante
y ciceroniano (entonces los grandes tratadistas en su afán universalista
desdeñaban la vernácula, del mismo modo que hoy se escribe en inglés) queda ahí
casi intacta. Muchos españoles no la han leído por desgracia.
A Juan Ginés de Sepúlveda lo llamaban el Cordobés Divino y releerle es como
encontrar el hilo y el eslabón perdido del alma hispana sobre todo en
uno de sus textos Epistolario de Juan
Ginés de Sepúlveda, vertido al castellano del elegante latín en que
escribía este clérigo de Priego, donde se retiraba a escribir en su finca del
Gallo, una choza de adobe construida por sus propias manos, en la región de los
Pedroches
Fue cronista y capellán del cesar Carlos V. Estudió en el
colegio de san Ildefonso de Alcalá bajo dictámenes de Cisneros y marchó a
Bolonia y después a Roma, ordenado sacerdote, a enseñar Moral.
Fue capellán y cronista de Carlos V, ya digo, y tutor de
Felipe II al que enseña arqueología. Se carteó con los hombres más importantes
de su tiempo: Erasmo de Rótterdam, el Duque de Alba, el príncipe Alberto Pío,
el padre de Góngora Francisco de Argote que era pariente suyo, con Fernando de
Valdés el Inquisidor, con Simón Colindo su editor de París, con el cardenal
Contaran al que expresa su preocupación ante ciertos casos de inmoralidad del
clero romano y fustiga la lujuria de la Curia. También cartea con el duque de
Frías condestable de Castilla, con el aragonés Alfonso Guajardo, con Pérez de
Oliva y con Santiago Enhila su amigo intimo.
Algunas de esta misivas son un testimonio época de primera
mano y algunos merecerían el calificativo de reportaje periodístico.
Amante de la paz y de la tolerancia a la complutense (fue
Alcalá semillero de grandes intelectos, venero de tradición que bebe en los
clásicos griegos y latinos por oposición a Salamanca que siempre más
escolástica y rigorista) se constituyó en detractor de Fray Bartolomé de las
Casas cuya Destrucción de las Indias
desmonta una por una en todas sus tesis. Los indios le deben más al Arcipreste
de Ledesma por sus escritos que al propio padre de la “Leyenda Negra”. El
pronóstico de Ginés de Sepúlveda es la cultura, la civilización, el abandono de
los sacrificios humanos o el canibalismo. El del obispo de Chiapas es el buenísimo. El mundo le debe mucho más
que Las Casas por el capitulo de los Derechos Humanos una filosofía que se
inventó en España. En opinión de Sepúlveda no se puede exterminar a los
bárbaros sino persuadirles con paciencia y afabilidad a que practiquen la ley
natural abandones la antropofagia y el espiritismo pero siempre con mansedumbre
apostólica y caridad cristiana. Para su desgracia Las Casas contaba con un
bunker de chismorrería y palabrería y
todo un dispositivo de apoyo en Salamanca de donde al profesor de Moral le
vinieron no pocas calumnias y muchísimos disgustos.
Muchos de sus libros son un clamor pregonando que el indio es
persona humana pero que hay que civilizarlo. “No mantengo que debamos privarles de sus bienes ni pisotear sus
costumbres ni cometer contra ellos actos de injusticia alguna; no mantengo que
debamos abusar de nuestro dominio… pero debemos arrancarles de sus aberraciones
paganas e impulsarles a que adopten el Derecho Natural”. Este párrafo de la
carta a Francisco de Argote es el germen de toda la filosofía de los
derechos humanos antes desde luego que el propio Francisco Suárez y que Fray
Bartolomé Las Casas que era un dominico algo loco, taimado y resentido y de la
mejor escuela de ergotistas salamantinos.
En sus libros escribió— alrededor de 50 de los que se
conservan la mitad y algunos de ellos no han sido aun bien estudiados— late el
amor profundo a la naturaleza, la observación de los ciclos estacionales, nos
da noticias de las cosechas y de los pájaros que él escuchaba cantar o veía
crecer en su quinta de Los Perdroches. Y se observa también un cierto
cansancio, un desistimiento de la idea imperial.
Excusa razones de salud y de edad para no acompañar al
emperador en sus campañas por lo cual está pidiendo informes a terceros sobre
las actividades de Carlos V del que fue biógrafo y cronista oficial. De la
misma manera que Fray Luis de León harto de tantas peleas escolásticas se
retiraba a su quinta de la Flecha —que por cierto un proceso como el que se
incoa al agustino en Salamanca hubiera sido imposible en Alcalá donde siempre
hubo una mayor alternancia y fluidez en el intercambio de pareceres— y su
cansancio era el cansancio de España a la que amaba.
Los claros varones
castellanos que fueron siempre incomprendidos buscaban la querencia horaciana
del Beatus Ille. Sobre Sepúlveda se
cierne a veces la sospecha maligna inquisitorial pues era un helenista eximio y
se había especializado en las Epístolas de San Pablo. Estudiar a San Pablo o
ser especialista en sus escritos era por entonces peligroso.
Este libro fue precisamente el que llevó a Lutero a la
rebelión contra el papa. Otra nube de sospecha que se cernía sobre él era haber formulado una pregunta en uno de sus
sermones sobre si debe ser mayor la autoridad del Concilio que la del Papa.
Una pregunta hoy
inocente pero que entonces pues corrían tiempos recios y un vulgar catecismo
había servido para empapelar al primado de Toledo tenía muchísimo calado.
Precisamente con Fray Bartolomé Carranza no tuvo correspondencia epistolar, o
al menos no se conserva ninguna carta a él dirigida.
Sacerdote intachable por más que alarmado por la licencia y
el libertinaje de algunos curas, o el absentismo de los obispos, un punto en el
que coincide con el propio arzobispo de Toledo procesado por el Inquisidor
Fernando Valdés, reclama la reforma de la SRI y la convocatoria del concilio de
Trento.
Sobre el celibato sostiene un criterio muy original. A decir
suyo, el sacerdote no tiene una familia a la que mantener pero se le arraciman
los parientes y criados algunos de ellos intratables y muy insolentes. Es una
carga muy dura no por la abstinencia sexual dice sino por el contexto social.
También critica la ferocidad con que los frailes y los
arciprestes célibes se despedazan unos a otros y llega a insinuar la velada
sugerencia a la vista de su experiencia y de muchos casos deplorables que el
matrimonio fuera un fórmula ad libitum
para los curas. Los tiros no iban por ahí. Trento le quitaría la razón.
Implanta los seminarios conciliares y los convictorios con lo
que el problema hasta hoy sigue sin ser atajado de raíz. Se lamenta también
Ginés de Sepúlveda de los posaderos malignos e interesados y de lo incomodo y
peligroso que era viajar en aquellos tiempos.
Sin embargo él hace el viaje desde la región de los vacceos
hasta la de los turdetanos dos veces al año en trayecto de ida y vuelta de
Valladolid a Córdoba a lomos de una hacanea. Las personas consagradas podían
cabalgar sólo en mulo o en burro. Los jumentos trotaban por los caminos de
España cargados de libros. Todo sea por Aristóteles. Y en loor de Platón.
Erasmo le desplacía al cronista de Carlos V el cual para desenmascarar sus
errores escribe la “Ananpología” un
lamento de “esta época de miserias que vivimos”. Creía que Dios estaba
castigando a la Iglesia por la depravación de las costumbres del clero, la
avaricia de los potentados, la credulidad y superstición de la plebe, las
guerras entre los príncipes cristianos.
Gines de Sepúlveda el cordobés divino es la esmeralda escondida
fulgor oculto en los anales del entendimiento hispano por su elegancia
andaluza, por sus estoicismos, por la probidad de su vida. De todo sabía. Dice
por ejemplo que Cesar cometió un error de siete días al establecer el primer
día del año doce días después del solsticio de invierno. Y el papa Gregorio se
inspira en sus escritos para cambiar el calendario juliano el año en que nace
santa Teresa de Jesús.
A Felipe II le enseña a leer los miliares o cipos que había en las estradas romanas.
Cada mil pasos una estela con su marca. Hasta Bibilis tantos pasos y hasta
Astorga tantos…
La legua de los españoles son cuatro miliarios esto es cuatro
mil pasos (5.572 m.) y le da consejos itinerarios cuando el futuro rey entonces
príncipe de Asturias se desplace por la ruta de vacceos y vetones camino de
Lusitania. En Carcaboso pudo leer una columna votiva dedicada al emperador
Adriano el que restauró la calzada de la Plata construida por Augusto.
Y de filología toponimia adorna sus escritos con celo de
erudito ilustrado. Asi dice que Badajoz viene de Pax Augusta. Los moros lo
pronunciaron por Baxago y de ahí la denominación actual. Ecija es Astigis
romana e hidalgo viene de Italicus. Para no pagar tributo los de esa ciudad de
Andalucía adujeron tener privilegio de ciudadanos romanos.
Su correspondencia con Alfonso de Stuñiga o Zúñiga de una
familia de gran prelación de Plasencia es memorable. Habla en esa carta de
palomas y palomares y los litigios que surgían entre los campesinos cuando
estas avecicas bajaban a comer en sembrado ajeno. Situa el lugar exacto donde
queda emplazada Numancia, liquidando así una antigua polémica que la ubicaban
en Zamora por un error de Orozco. Polibio que acompañó a Scipión localiza el
lugar exacto en Garray.
Diserta sobre la frugalidad que alarga la vida y de las
directrices que deben acompañar a todo buen funcionario. “Yo soy de la opinión que todo buen funcionario ha de cumplir con sus
deberes u oficios para con el Estado. Si no cumple con su obligación o no pone
interés en su servicio es un infractor de la ley y provoca consecuencias
perniciosas para el país y los ciudadanos a los que sirve.” Este juicio
revela al gran humanista alcalaino que llevaba dentro.
Nada humano le era ajeno y ahí glosa a san Pablo el fundador
del cristianismo y una de las grandes pasiones de Ginés de Sepúlveda. Lo había
estudiado de cabo a rabo. ¿Marta o María? ¿Vida contemplativa en compañía de
las musas (pimplea) o vida activa?
¿Vivir o filosofar? ¿Misantropía y desengaño del mundo o práctica ejecutiva de
la milicia, el foro, la medicina?
El autor que habla con regodeo de su quinta de Pozoblanco al
pie de la sierra siguiendo el ejemplo de Cayo Tulio Cicerón que apacentaba sus
soledades en la famosa Tusculana desde donde escribe una carta a Papiro Peto y
le dice: “tengo yo más pavos reales en mi
finca que tú pichones” contesta a los detractores que le echaban en cara su
regalo con un texto de San Pablo en el que era experto: “El Reino de dios no es ni comida ni bebida, sino más bien paz y gozo en
el Espíritu Santo”. Esto es alegrarse con las cosas honestas y con los
regalos que dios envía.
Y agradece en una misiva al obispo de su diócesis Leopoldo de
Austria hijo bastardo de Maximiliano emperador y hermano de Carlos V que le
haya regalado un jabalí. Dice que su carne es de entre la caza el bocado más
sabroso y exquisito. Él enmendándole plana a Cicerón que en su libro de Officiis se decantaba por Marta.
Para él el empleo ideal era el de la política seguido de la milicia se decanta
por María.
Toda su obra es una loa a la vida retirada de oración,
estudio y escritura. Solía rezar el breviario todas las mañanas paseando por
las aleas de la Quinta del Gallo y
decía misa cada tres días. Las fiestas de guardar, todas. El teólogo se siente
orgulloso de su colmenar pues las abejas le recuerdan en su actividad sin parar
el buen funcionamiento de una república.
Hay cartas emocionantes como la que escribe con impresionante
imperturbabilidad a su sobrino el canónigo racionero de la Mezquita catedral
indicándole el texto que en el epitafio habría de labrarse con el remoquete de
SVF (sibi vivens fecit) lo escribió
estando en vida y dice así: Genesius
Sepúlveda qui se ita gerere studebat ut ipsius moris probis piisque viris et
doctrina scriptique de Teología Philosophia hitoriarumque libri doctis et
aequis probarentur (Aquí yace Ginés de Sepúlveda que trató con denuedo que
sus libros de filosofía teología y de historia recibieran la aprobación de los
doctos y ecuánimes varones tanto como sus costumbres).
Tuvo su año climatérico o peligroso a los 64 años cuando fue
desahuciado por los médicos. Citando a Gelio, asegura que el año 63 suele ser
crítico en la vida del hombre y suele padecerse alguna enfermedad corporal o
psíquica que ocasiona la muerte. Es una fecha fatal para todos los ancianos.
Cesar Augusto la temía. Murió en ese tiempo.
Gines se lo cuenta de esta manera a Fernando de Valdés el
inquisidor general y llama al arzobispo de Sevilla su mecenas. Algo más humano
jamás podrá encontrarse en la sencillez y piedad de los escritos de nuestro
clérigo al que las calumnias y disgustos de sus parientes provocaron una
enfermedad. Viviría 19 años más, alcanzando la provecta edad de 83 años.
Fernando de Valdés sale en su favor en la reyerta teológica que tuvo con los de
Salamanca, auténticos tábanos con sotana y muy testarudos, que estaban del lado
de las Casas. No obstante se excusa de haberle visitado en su palacio de
Sevilla.
Estaban las sospechas de las epístolas de San Pablo, el
presidio de Carranza, el ambiente envenenado que reinaba en España por la
cuestión protestante. Todo el mundo era sospechoso de herejía. Cauto y,
temiendo los afilados aguijones de la maledicencia, huyó a Córdoba la Llana. La
astucia del zorro o la picadura del escorpión contra el que no hay cauterios,
prefiere ver subirse a los nidales de sus gallinas y regar sus acequias en la
finca de los Pedroches antes que viajar a Sevilla a entrevistarse con el
temible prelado asturiano. Fue su valedor pues declaró que su Demócratas Segundo por él escrito se
imprimiera con letras bien gordas y que los párrocos en su diócesis lo leyesen
al final de su homilía.
En este opúsculo desbarataba las pretensiones de los
controversistas que capitaneados por Carranza un charlatán, un bocazas, sobre
la guerra injusta. Sepúlveda matiza que hay ocasiones en que la guerra se
justifica cuando es en legítima defensa o para castigar la perversidad de
criminales recalcitrantes o para afianzar el reinado de la religión cristiana
amenazada por los enemigos no solo de la fe sino de la ley natural o en caso de
invasión.
El divino cordobés sale en defensa del pan y la justicia, del
honor de las mujeres. Cualquier invasión, según eso, a un país, sería
condenable. Sin embargo, el buenísimo, la panfilia pueden ser un signo de
debilidad según Aristóteles y conducir a males mayores de desorden y de oprobio
que los males de la guerra. Sed buenos pero no tontos. Cierto que el evangelio
nos manda amar a los enemigos y la caridad con el prójimo que comienza por uno
mismo. La legitimación del crimen, la dilapidación de la fortuna o de la propia
fama y aquí puso un ejemplo condenable. El de san Ambrosio cuando se enteró que
había sido preconizado obispo de Milán que él no quería y mandó llamar a su
casa a todas las meretrices para que supiesen sus admiradores a “qué clase de
obispo iban a nombrar” y para demostrar que era indigno.
Según nuestro tratadista, san Ambrosio no sólo se pasó tres
pueblos sino que cometió un pecado. Desde luego la atracción mutua que existe
entre el Inquisidor Valdés y el cronista de Cesar tiene un aspecto interesado.
Carranza que era algo pánfilo y buenista, un argumento que
siempre esgrimieron los protestantes y los cristianos de base para justificar
sus errores en el fundamentalismo al pie de la letra, acusaba al obispo de
Sevilla de no estar nunca en su diócesis sino en Valladolid o en Salas o
cazando por los montes de León y Gines de Sepúlveda que había sido nombrado
arcipreste de Ledesma la antigua Bletissa romana, sin embargo jamás portaba por
su parroquia. Tenía un sustituto.
Se defiende de los que le atacan con el Derecho Canónico en
la mano. Y en una carta a Gaspar de Castro que le reconviene por esta ausencia
dice que lo suyo es leer, escribir y además tiene bula de la santa sede y del
emperador, y que cuida a una familia de 20 personas entre criados y fámulos,
algunos de los cuales son sacerdotes en Córdoba y que los tres mil ducados de
renta anuales se le van en atender a los gastos de sus allegados y en socorrer
a los pobres de Pozoblancao. Que celebra el Santo Sacrificio de la misa
miércoles viernes y domingos pero que el oficio divino lo reza en privado todos
los días. Una carta muy humana y realista.
La lectura de estas relaciones que plasman un cuadro
maravilloso de cómo era la vida cotidiana sin alharacas sin mixtificaciones y
con gran realismos en el siglo XVI para un latinista que iba a su aire. Es una
crónica realista sin demasiados misticismos triunfalistas. Trató de ser un buen
sacerdote y un buen cristiano.
Lo odiaron tanto Las
Casas y su cuadrilla porque valía. Dios se haya apiadado de su alma y lo tenga
con Él en su morada. Para salvarse no hace falta hacer grandes cosas. Basta la
paciencia para soportar la persecución, un poco de Aristóteles, cierta cordura
que nos aleje de la locura, los estragos del vicio, un lugar cerca del fuego y
una buena pipa. Y dejarse de historias.
Un libro y un amigo
quiero yo en mis lares un ángulo secreto que me ponga a recaudo de lágrimas y
pesares. Por los rinconcitos y entre libritos que diría el Kempis.
Es la norma del Beatus
ille. Dichoso el sabio que se retira de este mundo malvado y con pobre mesa y
casa con solo dios se acompasa y vive ni envidiado ni envidioso. Varones tan
esclarecidos como este escritor le hacen sentir el orgullo de ser español a
pesar del cansancio de la idea de España.
Sus textos que a los no avisados pueden resultar plúmbeos
poseen una modernidad en carne viva y su prosa en latín es una lira de diez
cuerdas que mucho complace. Porque suena con arreglo a las estrictas reglas del
concento y la filosófica armonía. Hizo un esfuerzo titánico por reconciliar a
Aristóteles con la doctrina de Jesús pero un Jesús humano, no el Jesús
posibilista que quiso deformar y hacer suyo la herejía protestante. Y desde
luego el Arcipreste de Ledesma no es un escritor recomendable a los Neocom de
hoy en día. Serían incapaces de manipularle. O de entenderles. Salve, Juan
Ginés de Sepúlveda, el “Cordobés Divino” un auténtico guerrillero de la
palabra.
domingo, 09 de agosto de 2015
MATEO ALEMÁN EL GUZMÁN DE ALFARACHE
Tres “santas”, aparte de la “parienta”, tuvieron bien
amarrados a los españoles: la Santa Inquisición la Santa Hermandad y la Santa
Cruzada. De la primera mejor no hablar porque del Rey y de la inquisición
chitón; de la Segunda “los mangas verdes” que tuvieron a raya el bandolerismo
anarquista que con frecuencia nos aflige decía Mateo Alemán que era un cuerpo
integrado por facinerosos. De los mangas verdes tomaron la antorcha los hijos
del Duque de Ahumada de los cuales nadie en la España moderna puede hablar mal
y de la Santa Cruzada es un equivalente a la SRI. Es el poder de la Iglesia
“con la Iglesia hemos topado, Sancho”. Somos el emblema de la catolicidad los
que llevamos la cruz a otros mundos pero una cosa es la fe y otra cosa es la
política. Cristo redime pero las curias con frecuencia atan. Es lícito al
escritor católico formular ciertos reparos al aparato eclesial sin merma de sus
creencias cristianas. No se crean que vayan a ir al cielo los que se bañan en
pilas de agua bendita. Tampoco estarán entre los justos los que mucho dicen
Señor, Señor. Mando en plaza y aquí no hay más que hablar. El Guzmán de
Alfarache a nuestro juicio no es tan lineal como sus antecesoras en el género
de la briba y el vagabundaje. El autor peca de la verbosidad característica del
decir andaluz que es ingenioso en el idioma hablado pero que en su traslado a
la literatura pierde fuerza. Al autor al faltarle la unidad porque escribió el
libro no de recorrido sino a muchos ratos perdidos (su novela contempla no
pocas digresiones que la adornan pero distraen al lector, pues son verdaderas
novelas cortas insertas en las que destaca el gran aparato paremiológico.
Alemán debía conocer de a hecho todos los refranes. Hay en el texto menos citas
mitológicas que en el Lazarillo o en Cristóbal de Villalón pero refleja las
penalidades y agobios del trajín picaresco, el hambre y los andrajos. Fue para
no quebrantar la regla (el Arcipreste de Hita, Cervantes, Quevedo, Espinel,
Jerónimo de Alcalá) un español con poca fortuna que conocería los malos tragos
del infortunio la deshonra o la cárcel. Es un moralista y un filósofo que pinta
la vida valiéndose de la grandeza y de las prefundidas herramientas del idioma
castellano. Es también un asceta socarrón conformado con su infortunio en sus
andanzas por España, aceptando lo que el destino le depara: su estadía en
Sevilla, en Madrid en Salamanca o en Italia. A la par de todo ello dentro del
género de la renacentista se abstiene de atacar gratuitamente a la Iglesia y a
las costumbres del clero, estamos ante el escritor más católico del arte briba.
En todas la aventura el personaje mejor tratado por Alemán y el que mejor trata
al guzmanillo es un monseñor de Roma príncipe de la Iglesia.
Nació don Mateo en Sevilla el 28 de septiembre de 1547 hijo
de un cirujano de la Cárcel Real, cristiano nuevo. Se graduó en filosofía en
Salamanca y luego Medicina carrera que dejó sin acabar en Alcalá y fue allí a
la vera del Henares por cuyas aguas cenagosas discurría el venero genial de la
lengua castellana donde aprendió su elocuencia y se graduó en el arte de bien
decir. En 1580 quiso pasar a Indias pero su solicitud fue rechazada. Publica el
Guzmán de Alfarache en 1598 en Madrid. Tres años más tarde aparece una segunda
edición de su libro firmada por un tal Juan Martí valenciano. Tuvo buena
acogida en sus cinco tomos pero la literatura no le sacó de pobre y
prácticamente se fue de este mundo en la miseria y el olvido de la emigración.
Una biografía, no obstante, de San Antonio de Padua le vuelve
el escritor más popular en Lisboa y allá que fue el sevillano. Se le pierde el
rastro y no sale de sus apuros; lo ganado con la pluma lo pignora en el juego,
las mujeres y el vino. Hacia 1609 sus biógrafos lo constatan en Sevilla donde
se embarca para México. La nao en la que viajaba fue asaltada por piratas
ingleses que lo despluman a él y su familia y tiran por la borda sus escritos.
Había escrito la tercera parte del Guzmán de Alfarache. Demasiadas desdichas
que se plasman en el alma del artista y están reflejadas en sus escritos
cuajados de longanimidad paciencia y humor negro dentro de un estilo donoso a
veces enrevesado y fluctuante que no puede escapar a la sombra del pesimismo.
Alemán predigistador de la palabra riza el rizo. Es un malabarista de la frase
rotunda. Con frecuencia parece que se le enciende la sangre. Al igual que
Lazarillo el Guzmanillo es hijo de la piedra o de padre desconocido porque sus
respectivas madres practicaban el oficio más viejo del mundo. Un picaflor de
las artes liberales va saltando de oficio en oficio sirviendo a muchos amos. “En Madrid fue la primera vez que vi. a la
necesidad su cara de hereje” pero la contraria fortuna hace a los hombres
avisados y prudentes. Ojo Pablo que asan carne. Abre el ojo, estate atento,
mira dónde pones pie. No dejes que te
muelan la parva, Antoñito.
Guzmán era un adolescente cuando se escapó de la casa de sus
padres putativos para correr el mundo; pasaba noches a la luna de Valencia o en
algún pajar y se alimentaba del pan y tocino que llevaba un fraile caritativo,
pasado la Venta de Cardeña en Despeñaperros, en el morral que se compadecía
dél. Sirve a un cocinero celoso de la plaza de Santo Domingo (no dejaba ni
salir a misa a su mujer porque no le vieran los hombres), comete pequeños
hurtos y es despedido después de una aventura nocturna en la cual se escuchan
maullidos de gatos y sale el amo desnuda y la encuentra en la escalera.
Creyendo que se trataba del alma de un difunto la mujer se caga de miedo, hay
acontecimientos después “yo era aunque mozo hombre y ella la Venus desnuda”. La
flojedad del vientre a causa del miedo es un recurso al que acude el escritor
en otra notable ocasión cuando una noche en Genova estando en su posada se le
acercan a la cama unas carátulas y él creyendo que eran fantasmas excreta las
sábanas pero no eran fantasmas sino bujarrones de carne y hueso. Al guzmanillo
lo mantearon y no conformes con eso lo sodomizaron salvajemente aunque parece
ser que ya había perdido la virginidad con la cocinera. Nadie puede decir de
esta agua no beberé ni conocer la experiencia de montar en globo.
Como todos robaban y sisaban yo aprendí a hacer lo mismo.
“Andando entre lobos aprendí a dar aullidos que la vida es breve, el arte
larga, la experiencia engañosa y el juicio difícil”, la frase está impregnada
de senequismo y el guzmanico no para de dar consejos sobre la vanidad de las
cosas humanas, la falacia del amor humano y la estupidez de la honra de sus
compatriotas que se jactaban provenir de la pata del Cid y tataranietos de don
Pelayo cuando el abuelo a lo mejor tenía colgada coroza del techo de la bóveda
de la catedral de Toledo. Esta mirada critica al orgullo racial que proyectan
los conversos en sus libros no es frecuenta en ninguna de las literaturas
europeas salvo en las obras de estos cristianos nuevos quienes por ventura se
muestran los más patriotas pechando contra la hispanofobia allende nuestras
fronteras. El antiespañolismo equivaldría, mutatis mutandis, al antisemitismo
hoy. Llamaban en Flandes, en Italia y en Francia a los españoles “marranos”.
Los héroes son antihéroes que no pueden asegurar quien fue su
verdadero padre. Carcajada que surge de las profundidades del alma isrealita.
Don Mateo se burla de forma despiadada de las ejecutorias de hidalguía y de esa
alcurnia que en tanto aprecio se tenía. La necesidad le llevó al vicio. La cava
de son Rodrigo es una cueva de ladrones. Pero a unos les ahorcan al primer
hurto y otros mueren de viejos, dichosos y respetables. Quizás, viéndolas
venir, el guzmanillo por el ojo de la cerradura del tiempo futuro vio, profeta,
sentarse en el banquillo a Roldán ese aragonés infame ministro del gobierno
Felipe González, que cinco siglos más tarde huiría con la caja de los huérfanos
de la GC al extranjero; la cultura del pelotazo de los Conde, de los Griñán,
los Chávez, o las mohatras del sindicalista asturiano Villa, los gatuperios del Bono en el viejo reino de
Toledo, o el caso Gurtel; los maletines viajando a Suiza o a Andorra de los
Pujol y otros prebostes independentistas. Nuestra divisa en el ejercicio de la
función pública tiene mucho que ver con la bribática picaresca. Las yeguas
andaluces no han menester garañón quedan preñadas por el céfiro un viento
acostumbrado a meter la mano en el cajón. Parlen otros del gobierno del mundo y
sus monarquías, yo busco guarida en mi castillo interior. Dejemos que nos
machaquen las meninges todos los días con el berbiquí de la comunicación:
pleitos, debates, contiendas. Son costales de malicia. Adonde dieran estos “no quedará ni raso ni velloso” igual
que ahora. Porque en Malagón en cada casa un ladrón y en al del alcalde su hijo
mayor. La España de la transición es un calco desmañado, una opera bufa de la
España imperial. Claro que aquella poseía mucho más tronío y éramos una nación
respetable por cuanto que ahora parecemos un atajo de apátridas. Así que
andando entre lobos hemos aprendido a ulular largo y tendido. Los alacranes no
muerden con la boca, hieren con la cola. Temed al adulador y lisonjero.
Alemán se vuelve gnómico y sentencioso, quiere que el lector
escarmiente en cabeza ajena e imbuido de moralina trata de mostrar las
consecuencias de la inmoralidad para su gobierno en tanto él guarda estos
primores del idioma castellano en el garniel de su repertorio léxico. Guzmán de
Alfarache será insigne por la riqueza del palabrero un gozo de los sentidos,
para los amantes de la palabra en propiedad, la frase ingeniosa y la mejor
aliñada sentencia. Esgrime sin pretensiones los interiores maravillosos de
nuestra lengua. En puro contraste con el desinterés, la chabacanería y la
pobreza idiomática en que crecen nuestras generaciones en el siglo XXI. Hay que
sufrir con paciencia las injurias y aguantar los despechos de la voltaria diosa
Fortuna.
Sale de Madrid, después de “lo del cocinero y su señora” por
la cuesta de la Vega y la bolsa bien repleta de dineros entra solemne en el
viejo reino de Toledo, deambula por Zocodover, no hay calle que no pasee, ni
triduo en el cual no aparezca, y, muy galán y peripuesto, asiste a las misas de
la iglesia mayor. Allí va a ser victima de del timo una moza de partido que se
hacía pasar por grande de España. En realidad se trataba de una graciosa
cordobesa moza de partido que en connivencia con su rufián rapaba las bolsas de
los incautos, dando el pego de ser una respetable dama desposada con un viejo
que la gruñe. Así las cosas concierta una cita de noche en su casa con el
recién llegado a la Ciudad Imperial que dice provenir de Toral la estirpe más
linajuda de los godos. La treta está bien urdida. A la media noche acabada la
cena pican a la puerta. Ay que viene mi marido. Escóndete en esa tinaja, etc.
El tema está tomado del Decamerón. Son las burlas del amor airado. El pobre
Guzmán fue a por lana y vuelve trasquilado y reconoce su error. “rieronse mucho dello y más de mi poco
entendimiento por fiar de moza de venta”. Regresa el espectro de
Maritornes. Aventuras amorosas que acaban en burlas. El que lejos va a casar o
va engañado o va a engañar.
Entonces el sollastre de cocina se vuelve pícaro redomado y
del mal el menos pero se mantiene sereno y con la cabeza alerta. Detesta la
embriaguez: “en el beber fui templado
pues me parecía ver a mis compañeros borrachos que privándose del sentido y
razón de hombres andaban enfermos, roncos, enfadosos de aliento y trato, los
ojos encarnizados, dando traspiés y reverencias, haciendo danzas con cascabeles
en la cabeza, echando contrapasos atrás y adelante siendo fiesta de muchachos
risa del pueblo y escarnio de todos”.
Si entra en Toledo `por la puerta de Bisagra sale por la del
Cambrón. Toda la vida huyendo de sí mismo, de sus amores sin provecho que
acepta siempre el personaje con una sonrisa. Se hace pasar por provenir de la
casa de los grandes linajes leoneses, los guzmanes. ¿Quién es ese caballero?
Don Juan de Guzmán que viene de Toral de los Guzmanes. Con estas prendas sienta
plaza de soldado en almagro y se une a una bandera que partía para Italia. Por
el camino hasta alcanzar el puerto de Cartagena a la espera de la galera, no
menguaron sus desventuras y no pudo encomiar como Cervantes la vida libre de
Roma sirviendo al Rey. No eran los costales tales, ni oro todo lo que reluce.
Si Erasmo, Villalón, Delicado Baeza, Boscán y Garcilaso se hacen lenguas de las
venturas de la Toscana a la cual dedican sonetos, Alemán es tan cauto como
Quevedo, que declara que por allá detestan a los españoles. Maquiavelo pensaba
que había que matarlos a todos y el papa Alejandro VI —sostenella y no
enmendalla— como buen baturro decía de los tercios “donde sientan las posaderas
estos cabrones no volverá a crecer la hierba”. Por cierto no nos odiaban por
ser españoles sino por ser un ejército invasor. Y cuantas cabezas tantos
pareceres. Los españoles de Bolonia eran unos capigorristas mal encarados y
perniciosos. Cuelgan por todas partes sambenitos a nuestra espalda. A Francisco
de Quevedo por poco lo matan los conspiradores de Venecia. La mafia siciliana
estaba haciendo acto de aparición. En Genova detestable ciudad para el
protagonista donde va a tener que soportar los insultos y los golpes de los que
le llaman marrano o perro judío español le van a dar por el culo unos bellacos.
El autor del Alfarache huele el poste y revela las cartas. Pero Italia bien lo
reconoce es otro mundo. Allí se le acabó la bolsa y el capitán de la compañía
que cuando gastaba y convidaba ponía al personaje en un altar, agotado el
fardel de los dineros y sin blanca lo miraba con gesto de beber vinagre. Deja
de ser don Juan de Guzmán para regresar a su cargo de cocinero. Tardaron tres
meses en venir las galeras y en este tiempo guzmanillo gastó más de lo
conveniente. Él mismo se arrepiente de su vana prodigalidad por gastar su
peculio en mesones y farras. Pero tendría que comer pan de trastrigo; comerse
la hogaza entera. En fin, que la vida es breve, el arte largo, la experiencia
engañosa y el juicio inseguro porque cuantas cabezas tantos pareceres unos
decían que sí y otros que no. Lo mantearon en Genova y otras cosas que no se
pueden decir por nefandas pero que el autor con una sutilidad andaluza cuadra
en los siguientes términos; “cerré la puerta
no por lo que me pudieran hurtar sino por lo que, por muchacho, pudiera suceder.
Sus sospechas eran cabales porque a medianoche volaron murciélagos disfrazados
de fantasmas. A renglón seguido explica la causa de por qué aborrecen a los
españoles en toda Europa porque, aparte de blasonarnos de provenir de la pata
del Cid somos judíos (marranos) heterodoxos. De más de eso somos demasiado
orgullosos e intransigentes, lomienhiestos, dice: que eres español y por nuestra soberbia somos aborrecidos y malquistos.
Esta razón la esgrime Vicente Espinel y se repite en el Estebanillo y en toda
la novela picaresca. Somos altaneros, envidiosos y malos unos con los otros.
Muy católicos pero de cristianismo poco.
Roma es la mejor ciudad del mundo para la limosna. Guzmán se
dedica a la mendicidad y dicta un código
ético para triunfar como pordiosero (pedir con voz afligida, simular heridas y
muñones, ponerse a la puerta de la iglesia lo más cerca posible de la pila de
agua bendita, aprenderse oraciones y recitarlas, nunca ejercer el oficio por
bodegones y tabernas, echar los ochavos a un sombrero, pedir con niño y que las
mendigas den el pecho a un niño en la vía publica que es treta certera para
inspirar lastima aunque al rorro previamente lo adormezcan con hierbas o no
esté mamando leche sino vino, quedarse
quedo de un pie como grulla, etc.)
Si no fuera tan premioso como compendioso es el Lazarillo, el
Guzmán en algunos de sus capítulos sería el texto mejor logrado de la novela
picaresca, la de mayor trabazón y la más ecuánime y supero al Quijote. Unos
crían la fama y otros cardan la lana en este país. Las filias idólatras hacia
la persona de Cervantes, a mi juicio, sirvieron de comodín a los perezosos y
aduladores bibliófobos. Estadísticas recientes refieren que más de un ochenta
por ciento de los hispanos no leen un libro en todo el año y frecuentemente
durante su vida. Pero hablando del Quijote se les hace la boca agua. Esto veda
muchos el acceso a autores tan eminentes como Mateo Alemán y otros muchos de la
gran galaxia, verdaderas constelaciones que empiedran el firmamento del genio
español cuya luz brilla mortecina pero que por desgracia muchos desconocen,
siendo para nosotros la luz que nos alumbra. Son la luminaria no sobre el
candelero sino sobre el celemín.
VICENTE ESPINEL
Plaza
de santa Catalina de los donados. Voy al Santo Niño del remedio. Es una de las
plazas aun recoletas que quedan del antiguo Madrid. De allí fue capellán
Vicente de Espinel autor de una novela que se engloba dentro del género
picaresco, marcos de obregón, pero que es una semblanza autobiográfica de la
España del siglo de oro finales del XVI e inicios del XVII una España que
recorrió en veinte años de intenso caminar y cuyos mares navegar así como los
dominios de Nápoles y Flandes como soldado y como marino al servicio de la
escuadra, la segunda Invencible que iría a luchar contra los ingleses comandada
por el almirante asturiano don pedro Menéndez de Avilés. En uno de los bajeles
tomó el grado de alférez pero aquella malhadada expedición nunca zarpó del
puerto de Santander. Se declaró la peste.
Protegido
por el conde duque de Olivares acabó ordenándose sacerdote el viejo soldado y
obtuvo una capellanía primero en una iglesia de Ronda. Más tarde, un beneficio
en el cabildo de San Ginés. Se enmarca, pues, en el capítulo de los grandes de
la literatura castellana junto con Lope, con Calderón, con Mira de Amescua o
Góngora todos ellos sacerdotes. Es una deuda que tiene nuestra lengua con la
iglesia española que acogió en su seno a aquellos pobres vagabundos librándoles
del hambre y la pobreza.
Espinel
fue también músico y maestro de capilla. Añadió a la guitarra una sexta cuerda.
Gran parte de su composición polifónica anda perdida pero debió de ser el
gaditano un gran chantre o precentor. Lo que no fue óbice para gozar y padecer
de una vida aventurera llena de sobresaltos y de peligros que superó “merced a
su gallardo entendimiento”. Su Marcos de Obregón a decir de la crítica supera
por la veracidad y la contextura de su narrativa de hechos reales al Lazarillo
o al Guzmán de Alfarache. Encuentra ciertas similitudes con el Estebanillo con
cuyo autor debió de coincidir en Flandes pero su estilo es menos abigarrado y
conceptista. No se puede codera con el Buscón que es un libro aparte pero todas
estas obras del genero picaresco coinciden en:
a) la
existencia apabullada y trajinante de los personajes.
b) el
hambre como preocupación existencial ya que en sus páginas no hay sexo y todas
los lances de amor acaban de mala manera como lo que le pasó a Marquillos
saliendo de Bilbao que por no entender el vascuence no pudo declarársele y
acabó siendo arrastrado por el azud de una alberca que por poco se le lleva la
corriente y en Zaragoza (dice que los aragoneses son celosísimos) con otra
ventanera. En la picaresca el sexo se aborda de una manera bufa y de pasada, lo
que revela cierta misoginia del carácter hispano. Terrible cosa es la mujer. Y
el que casa de viejo pronto entrega el pellejo. Satiriza y de qué manera a los
maridos lo mismo que Quevedo. Pero el gran teatro clásico no podría ser
comprendido sin los malentendidos y sin los cuernos. De las costumbres amorosas
de aquella centuria mejor no hablar. Las carrozas que subían arriba y abajo del
Prado madrileño eran prostíbulos ambulantes donde se fornicaba a calzón caído y
con las cortinillas echadas, las puertas del carruaje cerrados a cal y canto
haciendo de mamporreros los lacayos.
c) la
longanimidad en las adversidades, la resignación cristiana y el desarraigo. En
el fondo dentro del pícaro late un alma mística que desprecia al mundo y a sus
vanidades.
Espinel
nació en la hermosa y arriscada ciudad de Ronda hacia 1545. Sus padres eran de
origen asturiano, encomenderos a los que los Reyes Católicos asignaron tierras
en Andalucía cuando se ganó Granada. Hidalgos pobres. Su progenitor había sido
soldado con el Gran Capitán y al mandarle a estudiar a Salamanca le entrega una
bolsa con pocos dineros y una espada que el joven no sabe qué hacer con ella y
la empeña a unos hojalateros en el Potro de Córdoba. Cruza una Mancha
semidesierta expuesto al peligro de los bandoleros moriscos, a los cuatreros, a
los venteros y a los carreteros una profesión que maldice… Dios me libre de
rufianes en cuadrilla y los arrieros eran por lo visto de mala condición, robaban
a los que portaban en el carro y violaban a las mujeres que iban de recua. Las
ventas son igual de pestilentes “donde suele haber malas aguas por lo que
importa beber vino” y los mesoneros en lo redomazos se traen un aire con los
arrieros, todos ellos moriscos y de condición inicua. Impía gente son los
arrieros y sin caridad crueles a tal extremo que su misma crueldad va contra
natura. Como tratan tanto con las bestias algo dellas siempre se les pega.
Tienen muchas posadas y pocos amigos. Así nos describe la venta de Cardeña en
el paso de Despeñaperros, todo un lugar común en la literatura picaresca.
En
Salamanca se presenta vestido de ferreruelo y de una sotanilla de veintidoseno
de Segovia. En la ciudad del Tormes va a correr no pocas aventuras como las
novatadas aunque están no son tan rigurosas como en Alcalá el Buscón dixit. No
puede pagar el pupilaje de casa no le llegan dineros y entra a vivir con otros
estudiantes en el refugio donde el hambre y sobre todo el frío de los crudos
inviernos serán origen del cuento del zancarrón de un mulo que echaron a la
lumbre pensando que era un tuero y olía a rayos. Todo lo soporta con la virtud
de la paciencia “que es amiga del buen humor y del donaire”. Salamanca la
blanca tenía buenas pastelerías. Los estudiantes pasan la hora del quiete o
recreo en el Desafiadero. Marquillos se pone a dar clases de canto para
socorrerse pero tales lecciones aunque bien dadas estaban mal pagadas. Y con
las mismas hace un canto al saber y a esa vida oculta que se encuentra agazapada
entre los libros donde el ser humano puede encontrar consuelo a sus
desventuras. No se murieron de asco por lo de la pata del mulo que echaron a la
lumbre. Fueron castigados a diez azotes por aquella travesura.
La
obra tiene un sentido gnómico en clave moralizante con una proa cuajada de
refranes y de sentencias. No hay que desesperar. Cuando una puerta se cierra
otra se abre pues más gusto se halla en un higo que en ceinte calabazas. ¿Cómo
luchar contra los males estudiantiles que son la pobreza y la desnudez? Espinel
no otorga otro remedio que poner buena cara al mal tiempo. La humildad ante los
poderosos es el fundamento de la paz y la soberbia, la destrucción de nuestro
sosiego. Agua y ajo por tanto y mucha resignación cristiana.
En
Córdoba le roban un macho y en la feria de Ronda se lo tratan de vender unos
gitanos. Era una acémila de muy mal carácter que tiraba al jinete, se espantaba
e iba a la empinada con harta frecuencia. El mulo atraillado parecía manso pero
Marcos sospecha. Y efectivamente querían venderle el mismo que le habían robado
y en un tente mientras cobro antes de llevarlo al mercado le dieron a beber un
azumbre de vino. Cuando se le pasó la borrachera el animal volvió por donde
solía y no se cansa de dar patadas y respingos. Si bien me quieres trátame como
sueles. Escasee la carne en el garabato por falta de gato y uno tienen ventura
y otras ventrada. Unos ensillan y otros cabalgan. Al protagonista de esta
narración le pasan mil desdichas pero pronto se resabia y aprende a afrontar
los engaños. Su hégira discurre por caminos inciertos y mal resguardados
pernoctando en ventorros donde se dormía con un ojo solo y había que andar
listo no te dieran por zumaque un vino que el ventero tasaba como de calidad y
con más hojas que un calepino. Se encuentra con donilleros y con clérigos de
mala ralea que rezaban en latín con acento gallego y a veces con fantasmas y
aparecidos. Las ventas donde para son la de la Murga en Ademuz, la de Viveros
en Alcalá y la famosa venta de de viveros en plena sierra morena donde
recalaban a la sazón todos los viajeros que pasaban de Castilla a
Andalucía.
EL REVELLÍN
Sancho Albuerne un asturiano que militaba en el tercio de Cerdeña a las
ordenes de Diego Ortuño el 22 de agosto de 1568 entró en Bruselas dejó escrita
una relación de sus azares en la vida de campaña con la infantería española,
parece ser que pretendía escribir una crónica de tipo militar con elementos de
juicio extraídos de sus experiencias en campaña. La crónica la dejó sin
terminar pues pereció en una emboscada que le tendieron los enemigos de nuestra
fe y el modo de ser y de vivir en España. Los conversos que traficando con las
guerras de Flandes se hicieron con un dineral y a sus fondos fueron a parar el
oro y la plata que viajaban en los galeones españoles, denunciaron, según
parece, a Albuerne a los facciosos de Guillermo de Orange. Pereció, agujereada
su piel por múltiples heridas de espada, una noche cuando salía de una
cervecería de La Haya.
Los cabos- dice el legionario asturiano en este papel escrito con todo
el pundonor de aquel que supo militar a las ordenes de don Fadrique Álvarez de
Toledo- se emplearon a fondo mientras los
cornetas tocaban al arma. Se dieron presos los condes rebeldes de Horn y
de Lamur. Para sofocar la conjura de las fuerzas herejes de Guillermo de Orange
los nuestros tuvieron que poner en ejecución medidas drásticas y tomar sus
precauciones en forma de represalia. Los protestantes planeaban degollar a diez
banderas. Fueron apresados el señor de Villiers y el obispo luterano de Dalem
con todo su bagaje. En la plaza de los Espejos de la capital belga empezó a
dictar sentencia el Tribunal de la Sangre. Poco después nuestra infantería se
acercaba a los muros de Mastrique.
Hubo un combate espantoso en los marjales espinosos de la la abadía de
Heyligherbe. Tuvimos allí grandes bajas porque nuestros carros se atascaban en
los terrenos pantanosos y los arcabuces no hacían chispa.
La pólvora iba mojada pero, recibiendo refuerzos desde Frisia y de
Brabante, el tercio de Sicilia batió la redolada. Grande fue el botín y la
pecorea surgida luego a gran escala, se quemaron las casas y por todas las
partes se esparcía el llanto de los viejos y el grito de las mujeres violadas.
Era la ley de la guerra. Los españoles recogieron cuarenta banderas del
enemigo, recabaron 16 piezas de artillería y pusieron fuera de combate a más de
10.000 hombres. Por todos los países bajos sus habitantes pronunciaban con
terror el nombre del Duque de Alba. Solingen aguardaba y allí todo el trabajo fue
de los arcabuceros del tercio de Lombardía. La universidad de Lovaina volvió a
abrir sus puertas que habían sido clausuradas por mandato del de Orange y el
obispo católico salió a recibirnos ad forasentonando un Tedeum y bajo palio
nuestras tropas ingresaron en la plaza. ¡Viva el Duque de Alba!
Pero en Rotterdam los judíos españoles expulsados en 1492 que pulían el
diamante y eran los amos de la banca traicionaron al Duque de Medinaceli
mediante engaños y halagos. En connivencia con el enemigo los pérfidos
sefarditas lograron que el conde de Bossu entrase en Delfshaven. Los rebeldes
degollaron a la guarnición integrada por veteranos italianos, alemanes, y un
grupo de aragoneses que hacían llamarse la “Compañía de Roger de Lauria”.
Nuestro sargento mayor Sancho Ortuño perdió un brazo aunque consiguió escapar
de la matanza. Fueron pasados por las armas los capitanes Cristóbal de Corcuera
y Alonso de Mesa. Yo mismo que era atambor salvé el pellejo, oculto entre las
hierbas de un almiar.
Sin embargo, nos aguardaban hechos más luctuosos y horas de amargura. En
Harlem la lucha fue feroz. Los flamencos tiraban las cabezas de los prisioneros
ejecutados por entre las almenas de la muralla. Ello instigó nuestro furor y a
los tres meses de grandes batallas y después de haber dejado a la ciudad sin
agua entramos en Harlem a escalo. Los de la guardia Valona los esguízaros y una
sección de los tercios de san Felipe y Santiago debelaron a los holandeses.
Después nos embarcamos en charrúas y vimos a dar con nuestros huesos integrándonos
al grueso del ejercito primero en Leyderdorp y después en la Haya.
Nuestras columnas iban mandadas por los capitanes Gaytán, Armengol y
Carreras que eran familiares de nuestro general cuando asumió el mando don Luis
de Requessens otro gran catalán que había sido primero maestre de campo del
tercio de Lombardía”.
Aquí acaba la crónica de Sancho de Albuerne según los papeles de un
manuscrito muy antiguo que encontré en una casona de Cangas de Narcea del que
era propietario un sacerdote y que vivía en una amplia rectoral llena de libros
y de cuadros de vírgenes y cristos. Su casa destartalada olía a libros viejos a
humedad y a ratones.
Por lo visto el tal Albuerne era un antepasado de aquel cura de aldea.
El cual en medio del fragor de las batallas y la vida incomoda de la guerra
consiguió pergeñar algunos folios sobre sus aventuras y referirlas por carta a
algún pariente que residía en la vieja casona solariega.
El destino que le cupo al buen soldado sería el que aguardaba a tantos
soldaditos de España y que refleja el dicho: “España mi natura, Italia mi
ventura y Flandes mi sepultura”. Parece que lo estoy viendo hacer fuego, desde
la tronera del revellín donde se hacían fuertes los tercios viejos, para
defensa de la plaza de culebrina, y hacer fuego de arcabuz o prender mecha a
las espingardas contra los enemigos de la Religión y de España al grito de
“desperta ferro” o “Santiago y cierra España”, un grito del que ahora se mofan
zamoranos con coleta. Pues zamoranos fueron don Opas y Bellido Dolfos.
Su testimonio cobra singular relieve por sus
declaraciones sobre la conjura y las trampas que les prepararon los conversos
al Duque de Alba, al de Medinaceli y a don Luis de Requessens. También, Antonio
Pérez el gran traidor de Felipe II pertenecía a la misma laya. Españoles contra
españoles. Cristianos nuevos contra cristianos viejos. Ello forma parte de
nuestra historia y de nuestro drama.
CANTO A LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
Hijo
de un hidalgo de gotera ovetense que se afincó en Ronda el autor de Marcos de
Obregón obra insigne de la gran literatura picaresca nos embarca en las galeras
que fueron a Lepanto y nos muestra los caminos que llevan a Flandes y además
puso una cuerda más a la guitarra española. Asendereado personaje y escelso
escritor, su prosa limpia, castiza y salpicada de donaire, se parangona con la
de Miguel de Cervantes.
Cuando
todos iban a estudiar a Alcalá, el rondeño, por su parte, con una espada que le
dio su padre, viejo soldado a las órdenes del Gran Capitán, que pesaba más que
él y que empeña en un mesón del Potro de Córdoba arriba a la ciudad del Tormes
y a la vista de sus torres prorrumpe en esta loa: “ vi en aquellas columnas sobre quien estriba el gobierno universal de
toda Europa las bases que defienden la verdad católica. Vi al padre Mancio cuyo
nombre estaba ya esparcido por todo lo descubierto… vi al abad Salinas el ciego
el más docto varón en música especulativa que ha conocido la cristiandad no
sólo en el genero diatónico y cromático, sino en el armónico de quien tan poca
noticia se tiene hoy[37] y que fue sucedido en la cátedra por Bernardo Clavijo doctísimo en
entender y obrar el concento y el concierto de partituras, hoy organista de
Felipe III”.
Comenta
después este aprendiz de la supervivencia que es frecuente contraer sarna los
estudiantes primerizos merced a la blancura del pan tierno y el agua finísima
que e bebe en Salamanca, “mala para los dientes”. En resolución, recomienda a
los estudiantes no estragarse ni abusar de la comida o la bebida y emplearse en
los comedimientos de la templanza “que conserva la salud y aviva el ingenio”.
Es la misma conjetura con que nos apabulla a los lectores y degustadores de
esos tesoros de la lengua castellana que son las novelas de esos pobres seres
humanos, esos pequeños diablos corredores que son los pícaros a lo largo y lo
ancho del mapamundi.
Otros
catedráticos a los que menciona es al doctor Medina facultativo de prima en
aquel claustro y gran médico.
El
elogio que hace de los libros tampoco queda atrás y son frases esculpidas en la
celda o en la torre de marfil de estudiosos y poetas.
“los libros hacen libres a los que les
quieren bien. Con ellos me consolé en la prisión que se me aparejaba y
satisfice el hambre en un pedazo de pan conservado en una servilleta envuelta
en un papel que traía un capítulo de alabanza al ayuno. ¡Oh libros, fieles
consejeros, amigos sin adulación, despertadores del entendimiento, maestros del
alma y gobernadores del cuerpo, guiones para bien vivir y centinelas del bien
morir”
Protagonista
de esta novela dechado de perfección del genero picaresco es el hambre,
compañera de cama de la resignación, cómitre de la longanimidad y amiga del
buen humor y del donaire. He aquí reflejado en el espejo de las páginas de Marcos de Obregón el carácter español en
sus miserias y en sus grandezas, sus euforias y sus congojas, baluarte del
catolicismo en defensa de cuyo empeño se granjea la enemistad de todos e
incluso la ira y el recelo de los Papas. Castilla he aquí que se ensimisma, se
adoba en una segunda piel, la del escepticismo senequista, pelea con la espada
en Flandes y esgrime en las Américas el crucifijo. España siempre con la cruz a
cuestas, escarnio de todos y contra todos, transporta sus sueños de redención
mesiánica, fatigada de Europa, a bordo de las carabelas. Es el mismo concepto
que explaya a lo largo de sus libros ese gran patriota que se llamaba Francisco
de Quevedo y Villegas.
Las
noticias que da de la Salamanca universitaria del XVII son cabales: las
pastelerías del Desfiladero, las calles de Santa Ana y san Vicente, la posada
de Gálvez donde estuvo a pupilo y para sacudirse si buen apetito daba lecciones
de canto “bien dadas pero mal pagadas”. Un pícaro ha de estar siempre no sólo a
la que salta sino también tener buenas tragaderas. El asqueroso episodio del
zancarrón del mulo que los pobres pupilos echan a la estufa tratando de
sacudirse el frío de un crudérrrimo jueves de febrero creyendo que era un leño
y por poco se atufan todos da una idea de las condiciones de vida de la
Salamanca de aquellos tiempos. “Hacía
tanto frío que en echando agua en la calle se tornaba cristal”. El siglo
decimoséptimo de la era en Europa produjo un gran cambio climático, algo que
seguramente tuvo que ver con las manchas solares. Los geólogos hablan de una
nueva glaciación hacia 1623. Hubo
cambios extremos y mudanzas en la temperatura. El invierno de 1623 fue el más
crudo en varios siglos y en 1666 los calores fueron tales que muchos creyeron
que venía el fin del mundo. Se quemó la gran ciudad de Londres.
La
prosa de Vicente Espinel es muy musical y agradable como la de la mayor parte
de los escritores que tienen buen oído. Maneja el contrapunto. Por eso no se
hace indigesta, une a su amenidad el fruto del buen consejo- “la humildad
frente a los poderosos es fundamento de la paz y la soberbia, la destrucción de
nuestro sosiego”. Para él el oficio de escribir es enseñanza de la paciencia y
conformidad con la desventura y reveses de fortuna. A tal efecto moralizante de
la escritura tan importantes son las
fábulas de Esopo como las estratagemas de Horacio. Más gusto se encuentra en un
higo que en una calabaza. Este oficio de longanimidad es uno de los
aprendizajes del estudiante salmantino que vive en la pobreza y la desnudez. El
dolor es el crisol del amor. Este concepto inusual en otros libros del género
acredita a Espinel como el más católico de los picaros españoles. Marcos de
Obregón es un hijo del barroco.
TERCIOS
DE FLANDES
La
actualidad “apud nos” está que trina pero a mí los dimes y diretes de doña Jopé
la niña de las bragas de oro la “presidenta” la hija del ganadero que de mayor
quería convertirse en Thacher hispana y todos estos enjuagues de Carmona, de
Carmina y de Carmena. Yo estoy al pairo aunque dolido y expectante llorando
sobre los muros de la patria mía. Hay que largarse con la música a otra parte.
Si
preguntáramos a cualquier colegial de esos que van en el autobús enfrascados en
sus digitos del móvil y dando al aparatito quién era don Juan de Austria o qué
pasaba con los Tercios viejos, ni sabría por donde se anda.
Y no es
de ellos la culpa sino los desastrosos planes de educación que inició la
Aguirre cuando era ministra de Instrucción Pública y decretó que el inglés
fuera la asignatura más importante del temario.
Las
nuevas generaciones gracias a esta señora que es algo burra y se las da de
castiza aquí nada es lo que parece una rubia de bote y ya sabes el chocho
morenote (perdonen mi lenguaje cuartelero) desconocen su propia historia. Están
salvajes, apaciguadas las tribus ninis desde arriba por el gran gregarismo en
el Cuadragésimo Año Triunfal de la democracia. Cuarenta tacos ya.
El
sionismo de Bilderberg nos marcó los deberes, y a muchos escritores que amamos
a España, se nos indicó la puerta; ahora viajamos en un vagón de tercera al
exilio interior, camino de nuestro propio Auschwitz.
Paso de
política y me alisto en las filas de una sección de la infantería española. La
lectura es el mejor placer cruzando las barreras del espacio y del tiempo.
¡Bendito sea dios que puedo hacer lo que más me agrada!
El
banderín de enganche estaba en Móstoles. Escuchad el ruido de los tambores y la
música de los pífanos. Pasa el alarde,
marcan los soldados el paso. Marchan
cantando:
—España
mi natura, Italia mi ventura y Flandes mi sepultura.
Hay
algunos sorches en la cantina. Es la hora de arriar bandera. Pronto tocarán
silencio.
Viene un
barrachel hacia mí. Es un tipo alto con unas espaldas de casi seis palmos,
anchas como el lábaro de las legiones romanas, y unos bigotes engomados
apuntando hacia arriba y me toma la filiación sin demasiados requilorios. No me
pone ningún impedimento a pesar de mi sangre manchada de converso.
Cumplimentados
los trámites de alistamiento, me entrega una chapa en la cual viene escrito mi
nombre, encuadre, compañía, fecha de nacimiento. Si pasa algo el alférez sabrá
quién fue baja en un ataque.
Quiero
servir al rey. Valor se te supone y el sargento con voz de mando y los ojos
chiquitines y maliciosos; hay en su habla un cierto deje italiano porque en la
compañía militan muchas etnias (milaneses, calabreses, sicilianos, alemanes,
zuavos, portugueses, croatas, algún griego y bastantes franceses.)
Doy tres
vivas al emperador. Saco pecho. Me cuadro. Olímpica sensación.
Sus
águilas triunfales me acogen. En la taberna los veteranos de un jarro que van
pasando beben vino de Toledo. Es embocado, sabe algo dulzón, pero pasa bien.
Observo
que aquellos infantes, desde hoy, fecha en que me alisto a la bandera, mis
compañeros de fatigas, curtidos en cien batallas, muestran chirlas, jabeques y
marcas de cicatrices profundas por todo el jeme, su entonación es circunspecta
y dolorida cual habla de alumbrados.
Son
rostros tan españoles que parecen haber aterrizado, en este banderín de levas
en la villa de Mistoles, desde el cuadro de “Los Borrachos” de Velázquez. O del
de “Las Lanzas”.
Parecen
valientes, duros, berroqueños…picos palas y azadones. Las cuentas del Gran
Capitán.
Hablan
de mujeres y de desafíos. Todos votan a bríos y lanzan por esa boquita
mostachuda que se han de comer los gusanos mil reniegos, porfías y porvidas. No
parecen teatinos. No. Ni enagüillas. Ni chicas de la tele o muchachos de la
Banda. Ni tertulieros fementidos. No
Ya soy
soldado.
Uno de
los cabos me entrega el equipo: una pica, un peto, un espaldar, la escarcela o
fazete, brazales, manoplas, calzas, celadas blancas limpias relucientes y el
indefectible morrión de acero con su visera que relucía bajo el sol en un
brillo que intranquilizaba al enemigo.
Muchos
hugonotes se dieron a la fuga al divisar a lo lejos aquel fatídico resplandor
que anunciaba la llegada de los pabellones castellanos. Esto hay que mojarlo,
me dicen mis colegas y todos bebemos a la salud del Rey nuestro Señor. Ya soy
soldadito de España.
—La
pica- me dice el sargento un leonés que se llama Lorenzana- téngala a cobro
vuesa merced. De ella depende la vida en cualquier asechanza, fiere sin ser
ferido, siempre al enemigo alcanza.
En
aquellos tiempos una pica española era tan contundente como hoy puede serlo un
“Mercaba” israelí. Era la reina de las armas.
En su
punta de lanza residía la fuerza y el poder mortífero del escuadrón.
Por eso
se dice aquello de clavar una pica en Flandes. Medía más de palmos y pesaba un
poco menos de un kilo, astil de madera o asidero y una vaina protectora que le
servía de funda para que nunca se embotara. Después de cada combate había que
amolarla.
Tras el
toque de varas el sargento Lorenzana me larga una arenga:
—Ya,
recluta, eres de los nuestros. Derramarás hasta la última gota de la sangre por
la vida del emperador.
A partir
de aquel día empezó mi tiempo de instrucción y al cabo de tres meses nos
embarcamos en Santoña en un galeón alto de castillos, atestado de soldados que
cantaban viejos romances tendidos en cubierta en los coys del camarote.
En la
bodega acarreábamos la impedimenta: avantrenes y carruajes piezas de artillera,
carromatos, perolas y cocinas, manteletes, algún que otro piezgo de clarete,
picos palas azadones para los zapadores, ruedas, cuerdas, escalas, forjas,
mulas de madera y caballos de Frisia para los sitios cenagosos, almocafres,
alcotanas, puntas y tornillos; los acemileros navegaban cerca de la
santabárbara junto a los mozos de espuela y la pólvora mucha pólvora para
alimentar los arcabuces y mosquetes.
Esto que
cito era sólo una parte mínima del bagaje. Infinidad de cosas llevó en su
gloriosa panza el “Nuestra Señora del Rosario” que nos trasladaba a tierra de
infieles. Al triunfo o a la muerte. A las tres semanas desembarcamos en un
puerto de poco bajío de los Paises Bajos. El nombre de la ciudad no recuerdo
bien cómo se llamaba
En los
tercios no había artillería pesada. Sólo artillería ligera que porteábamos
nosotros mismos en los asaltos y montábamos rápidamente. El arcabuz, del que
decía nuestro emperador Carlos V que era un invento tan mortífero, que hubiese
sido mejor que nadie lo hubiese descubierto, nos salvaba la vida en los asaltos
pero no valía tanto como la pica, al cuerpo a cuerpo.
El
arcabuz es un cañón pequeño de mínimo afuste transportado por dos infantes que
dispara bolas de plomo muy manejable con su varilla de carga, armón, rapador,
pólvora que porteaban los mochileros a las espaldas.
Había
que evitar, y para ello se introducía agua en vejigas de cerdo, que el
fulminante se mojase. Nos fue muy útil
el arcabuz en Berbería. Los moros al oír la detonación se asustaban y el
impacto de sus balas de acero de dos onzas (22 gramos) era capaz de trapasar
una muralla.
El
arcabucero que tiene que ser solerte y hábil artillero, habrá de cuidar mucho
que no se caliente el ánima del cañón porque puede entonces fundirse la culata,
con riesgo de explosiones y “misfiring” y hay que refrigerarlo en agua
de nieve.
La
pólvora la preparábamos nosotros, cuando sonaban las cajas de guerra y
convocaban los pífanos al arma, con
proporciones de salitre, azufre, carbón y mecha. Los cañones eran de bronce
como las campanas pero los herreros de Euscalerría o del Milanesado los fundían
en hierro. La munición se la comprábamos a los judíos de Medina que eran los
aposentadores nuestros, estadizos en el regimiento aunque no hacían
imaginarias.
Cuando
nos movíamos, ellos se trasladaban siguiendo a la guarnición. Por aquellas
landas con nuestra impedimenta. En los carromatos de los enseres siempre
viajaban mercaderes hebreos y detrás del convoy iban las soldaderas que eran un
remedio a las necesidades fisiológicas de la tropa. Y estas meretrices nos
hacían no poco bien porque evitaban que en el asalto a las plazas y en la
pecorea subsiguiente fueran las flamencas forzadas por nuestros hombres.
La
violación era un delito castigado con la pena de muerte por el gran Duque de
Alba.
Pero ya
les iré contando más cosas de mi vida de campaña en los tercios viejos si Dios
es clemente y misericordioso y sobrevivo a tantos azares. Los nuestros son gente curtida en batallas.
JUAN DE
TIMONEDA LIBRERO VALENCIANO Y LA ESCUELA DE EDITORES DE INCUNABLES DE SEGOVIA
De por qué nos gustan los libros los que nacimos a la sombra de los arcos
del acueducto existe una explicación biológica el mundo judío y los impresores
que acompañaron a varios viajeros alemanes que llegaron a la corte de enrique
IV junto a Juan Parix del que fue la gloria de dar a la estampa los sinodales
de Aguilafuente. Dicen que es el primer libro impreso en España el año 1463
pero antes se produjo el primer incunable en el reino de valencia en cualquier
caso Segovia y valencia abrieron la racha de los vuelos de la imaginación en
alas del águila de Guttemberg cuyas garras iniciaron los trabajos de hércules
proteo voló hacia lo alto y se derrumbó después entre las peñas porque la
imprenta es la encarnadura del mito de tántalo y el acto de escribir un hecho
profético. Por los caminos que conducen desde Aguilafuente a Turégano y
Basardilla se vio el ir y venir de los libreros ambulantes con sus chibaletes y
las cajas que portaban los tipos móviles eran los primeros colporteurs adalides
de la cultura europea nacidos a los pechos de la iglesia medieval. El libro era
un lujo y la profesión de librero gananciosa. La reina Isabel guardaba sus
misales iluminados como un tesoro y poseer un tomo de aquellos que se vendían
por los primeros editores equivalía a sus buenos talegos en el banco. La red de
libreros valencianos se estableció en Bernardos donde vivió y murió Matías
Timoneda cerca de la corte de Juan II y de Enrique IV monarcas castellanos que
hicieron una gran labor por cultura y han sido tan injustamente denostados. La
corte estaba en el alcázar palacio de invierno en verano se situaba extramuros
en lo que se llamaba la dehesa del campillo en los predios del monasterio de
san antonio el real. Cuando yo era niño de coro y ayudaba a los canónigos en la
vieja liturgia me impresionaban aquellos enormes cantorales de piel becerro con
letras enormes del cuerpo 120 para que los reverendos pudieran ver las letras
del oficio divino y salmodiar sin levantarse del sitial. Algunos de estos
pergaminos eran de esta época. Bajo la enorme arquería de la dama de las
catedrales nació en mí la vocación de la palabra y la pasión por la literatura
soy de Segovia tierra de buen trigo excelentes caldos y mejores tórculos. Sobre
estas letras de molde del chibalete los poetas honrando a las nueve musas
estamparon sus sueños. No eres de donde naces sino de donde paces. El sitio de
nacimiento empero imprime carácter. Aun parece que estoy escuchando la salmodia
de aquellos frailes que cantaban a la Virgen sus vísperas en latín en aquellas
tardes de agosto. Los hermanos Timoneda desde los naranjales levantinos
trajeron a estas altas parameras el invento y no hemos parado a la sazón de
darle a la tecla. Escribir es un acto profético entras en un nirvana
trascendente te alzas arriba del bien y del mal eres admirado eres maldecido
mueres pobre y tus criterios que para algunos se transforman en dicterios re
pueden llevar a presidio porque cuantos practican ese menester con frecuencia
sufren el castigo del destierro e incomprensión de la patria y el arte al cual
sirven. En el pecado llevan la penitencia y pagan caro su fruición de robarles
el fuego a los dioses.
Si el teatro nació cabe los atrios de las iglesias y la pintura moderna en
cuanto representación de los misterios santos y mártires de la fe evangélica
actuando la SRI como gran mecenas el arte de novelar encuentra sus manantiales
en la narración oral de las fábulas que proceden de oriente. A Timoneda que
cultivó este tipo de novela bizantino que los sajones denominan ficción y que
para los españoles es el género supositicio lo llama Menéndez y Pelayo tío y
ayo de Cervantes. Este librero bibliopola o bibliognosta que escribe en
castellano y en valenciá y escuchó contar las fabulosas “novelas” o
“rondielles” que luego va a estampar en los muchos títulos de su prolija obra
en las sacristías de boca de los frailes y chantres a la hora del coro nos
depara la novela bizantina y las embaúla en su libro más famoso que publicó
bajo el humilde título del “Patrañero” una gavilla de historias fabulosas que
se traman en Armenia en Chipre o en Alejandría y narran los amores de reyes y
reinas pastores cabañeros yo a los palacios subí y a las chozas bajé. El hilo
de lo narrado es tan sutil que el lector más avisado ni lo percibe y le ocurre
lo mismo que con algunos thrillers americanos que se nos caen de las manos al
discurrir por sus complicados laberintos de la gestión los vasallajes los
malentendidos y los innuendos y confusiones permutaciones disfraces expósitos
niños muertos estupros frailes pedigüeños y señores marqueses y todo ese
desarreglo de pasiones e intereses que constituyen los huevos revueltos de la
condición humana mirtos floridos nuestra bajeza nunca recabará el ideal al cual
propende. Termina la edad media no hay naciones sino estados y los reinos de la
cristiandad forman asociaciones comerciales o ligas militares contra el
sarraceno. Como en los cuentos de Cantorbery o Bocaccio se repiten las anécdotas
burlescas que contaban los peregrinos de vivo voz sobre el amante que quedó
sumido en una privada o el pacto de los novicios que se comprometen en regresar
al mundo de los vivos para contarle al amigo los avatares que experimentan
después de la muerte o tratan de los “enojos que suelen acontecer entre marido
y mujer por celos”. Arsenio por ser amante de Sabelina fue de adulterio culpada
y librole un nigromante. El siglo XVI es la centuria del amor y en Europa la
edad media expira en medio de un ambiente a la vez tremendista y galante.
Muchos buscan en el aventino romano la piedra de la verdad sin encontrarla que
yacía en el lecho de la fuente del oráculo. Todos querían saber y preguntaban a
la esfinge. Somos hojas caedizas y no podemos turar aquí nada es duradero ni en
riqueza ni en amores por eso se consultan a los astros. Hete aquí el punto
original del nacimiento de la novela. Está en la naturaleza humana el fabular.
Necesitamos ser engañados de nuestra condición para luego desengañarnos. El
arte sirve de puente entre esas dos vertientes o incógnitas. Son crónicas del
tinelo historietas entretenimiento fábulas que calman un poco los rigores de la
existencia. Rebotica moral y toda esa laureola de fulgor estético que corona la
testa de Europa la bolsa y el esquero. En la patraña quinta se cuenta la
historia del papa Gregorio VII: un niño en la mar fue hallado y un abad lo
doctrinó y Gregorio fue llamado al que
dios papa lo coronó. La fábula del niño perdido y hallado en una cajuela es un
remedo del naufragio de Moisés en el Nilo, ribaldo y borde niño nacido fuera
del matrimonio o bastardo. Aparecen maridos burlados reyes de Dinamarca esposas
que no son un dechado de fidelidad matrimonia príncipes consortes y aguadores
cornudos. Hay bulla y encuentros a la espada llega el porquerón y se lleva a
los espadachines a la trena. No ha sido muy estudiada la influencia que ejerce
Juan de Timoneda el librero valenciano sobre Cervantes empedernido lector que
acostumbra a leer incluso los papeles viejos que encuentra en el trapero sobre
todo en las novelas ejemplares. Por ejemplo en la ilustre fregona aquel aguador
asturiano que tratando de ayudar a un tirafuera de los que iban con los
cantaros en sus artolas por las calles de Toledo daca la cola asturiano y asturiano
daca la cola pues se queda con el apéndice del burro en la mano hay un eco del
burro desrabado en el Patrañuelo. En el siguiente capitulo la historia novena
de Severino al que cautivaron los turcos y acaba casándose con Rosina anticipa
tanto en la temática como el estilo los “Baños de Argel” cervantinos.
En el precursor del Ingenioso Hidalgo se refleja el fin de la era medieval
con su entusiasmo católico la exaltación de la utopía y las barbaridades de una
sociedad mutante a punto de estallar la crisis religiosa que la conmovería en
sus cimientos. Los ladrones eran desorejados, las doncellas recibían las
estrenas de sus padrinos por la epifanía y a los adúlteros y burladores le
esperaba el “jubón de azotes” o tunda de rebencazos a manos del verdugo. La simonía
eclesiástica a la orden del día un rey o
cualquier príncipe podían proclamar o destituir abades y a abadesas a su
antojo. Un lector moderno sigue el hilo de la narración con cierta dificultad
porque se abordan situaciones actualmente inconcebibles pero admira la
jugosidad estilística y el sabroso léxico empedrado de viejos refranes como
debajo de pobre capa yace buen bebedor y las chicas piedras mueven grandes
carretas. Pasa igual con los libros olvidados y aquellos autores en que se
condensa la pequeña literatura. Juan de Timoneda es el padre literario de
Miguel de Cervantes del que hereda virtudes y defectos.
EL
OSARIO HEBREO DEL PINARILLO
El cementerio judío de Segovia está en frente de la casa, a
la vera del río Clamores, donde vine al mundo. Sentí hoy, al visitarlo, como
tengo por costumbre, una gran paz recorriendo, en la mañana triste y lluviosa,
las tumbas o más bien mastabas excavadas
en plena roca caliza, gran trabajo tendrían los enterradores. Sobre las
sepulturas hay piedras en lugar de flores. Vuelvo a mis raíces. Algunos no
entienden:
— ¿Tú aquí?
—Yo sí. Entre los elegidos. Mi vida es lucha, mirada
profética. Busco a Adonai entre las piedras y los pinos de la sabiduría. La
torre excelsa de la catedral nos mira arropando a este barrio de la muralla
donde estaba la judería vieja. Desde su altura iluminada se comprende mejor el
mundo de los conversos. Y desde lo alto de la espira bajo el rayo convertido en
una fuerza. La vida es energía y la muerte no existe. Ruedan los cantos por el
río portando en volandas a la mar que es el morir el murmullo de generaciones
de la raza perseguida que aquí amaron, odiaron, se casaron, escribieron y
rezaron, de acá se fueron. Estoy triste y a la vez feliz, satisfecho conmigo
mismo. Por hablar sin rebozo y predicar lo que otros callan. Hagan juego,
señores, vengan al albur. "Tristitia rerum". El humanismo
renacentista y converso escribía en latín. Por estas sendas que dan vueltas por
el pinar salía a por moras y majuelas las tardes de septiembre Andrés Laguna.
Junto a la puerta del Socorro residía el padre del Buscón don Pablos e iba y
venía el Donoso Hablador de Jerónimo de Alcalá en búsqueda de amo. Israel es un
referente místico, acaso un ente de razón no una superpotencia, vulgar nación,
como las demás, con dotación nuclear, aguerrida y armada hasta los dientes.
Esto es al menos los que explican los almudistas.
En Segovia ni la burra ni la novia. Nos maldicen temiendo
siempre la furia y la risa del converso.
Una voz interior me advertía que la vida es lucha por la
verdad. No tengan miedo. Adoras a Cristo mientras tu alma se cuelga de las
ramas del crecal, olivo sagrado en cuya copa se espiga una única palabra
"shalom", paz y perdón. Canto uno salmos. De mi boca brotan las
lamentaciones de un kadish.
—Requiem aeternam dona eis Domine. Te decet, Dominus Deus
hymnum in Sion et Tibi reddetur votum votum in Jerusalem exaudi; orationem meam
ad te omnis caro veniat. (dalos descanso eterno, Te cumple oh Dios el himno
de todo Sion, administras el voto de Jerusalen. Escucha mi oración porque a ti
regresan los huesos y la carne)
Escucha mi oración. Solo soy polvo El antisemitismo como la
cristofobia pertenece a las artes diabólicas. Israel el don y el bien de los
hombres poco tiene que ver con la rebelión del Sionismo. ¿Quien ha vuelto a
alzar la espada de Luzbel?
No caminéis hermanos de espaldas al Sinai, de la misma forma
que los que se dicen seguidores del Crucificado se han olvidado de las Siete
Palabras del Gólgota. Cánones, falsos testimonios, ese constante temor, la
ineludible frustración, hogueras excomuniones el ladrillo de Roma. En frente de
ahí en eso yo nací. Es una fuerza que me sobrecoge y apabulla. Un compromiso
con la historia. Clama, no ceses. Buscad al último justo de Israel. No me
entienden. Pero Él me comprende. Esto es un encargo de profecía. No perdí la
brújula. Shalom. Israel pueblo salvador de donde brota el raudal de la palabra
soteriológica. Nada que ver con la política. Speret Israel in Domino. Nuestro
auxilio está en el Señor. Del que depende la vida, y la muerte. He visto la luz
de Israel brillar en este osario. Yo sé que no es un fuego fatuo. Espero no ser
víctima de una alucinación. El año antes, una mañana de sol, pasé por allí y
asaltaron mi mente las mismas duras y reflexiones.
La verdad que en esta hermosa mañana de viernes de vuelta a mi
ciudad he sentido un estremecimiento en mi alma a la vista del osario o
cementerio judío una lápida en hebreo y en castellano encima la estrella de
David. Yo nací justo enfrente de estas mastabas al otro lado del Clamores en la
puerta de San Andrés o del Socorro. Algo muy adentro vibró en mí como un
latigazo. Casi rompo a llorar recordando vivencias de mi infancia y aquella
tarde de febrero cuando camino de la piedad con otros niños vimos a un sacerdote
revestido con el efod y envuelto en el paño de oración leer en un breviario
mientras hacía genuflexiones de cabeza hasta tocar casi la roca con la cabeza
(lo he contado ya en alguno de mis libros) eran los tiempos del franquismo y
entre la arboleda hacía un frío que pelaba. Nadie dijo una palabra. El
sacerdote después de rezar a toda prisa plegó su libro recogió su dulleta y
desapareció. Enterraban de pie a los hijos de Israel mirando al Este en
sepulcros excavados en la roca caliza que eran auténticas tumbas egipcias.
Durante la baja y alta edad media este era uno de los dos osarios que había en
Segovia pero el del Pinarillo era el más importante por la proximidad a la
judería vieja entre las Escalerillas de San Roque y la catedral en cuya bajada
estaban los obradores de los orífices y los tenderetes de los prestamistas. Los
católicos oramos al Señor en la lengua de Israel. ¿Dónde se queda la más
hermosa palabra del idioma hebreo que es “Shalom”? ¿Es lícita la venganza y la
ley del Talión para reconquistar unas tierras que pertenecieron a nuestros
antepasados? Puede que las respuestas a tan inquietantes interrogantes la
tengan los muertos que yacen en el osario de Segovia. Vana ilusión, afán de
poder y de granjería. Todo quedará sumido en el polvo de los huesos dispersos
por los fúnebres monumentos que guardan los huesos que serán polvo de
eternidad. Mi alma se vuelve ceniza. Nadie duda de ese misterio que
acompaña a los hijos de David en su peregrinar por la historia. Fueron los
patrocinadores del imperio español y a su cargo corrió (siempre fueron
excelentes administradores y ecónomos) la obra de la colonización americana e
incluso apuntalaron a la iglesia católica cuando esta se derrumbaba a
consecuencia de la rebelión protestante del norte europeo. Ahí están las
grandes eminencias místicas: Teresa de Jesús, Juan de Ávila, Ignacio de Loyola
y en literatura el Lazarillo, todo Tirso, Quevedo acaso Cervantes que procedía
de una aljama en la raya de Galicia. Algunos en secreto siguieron observando
las tradiciones del pueblo elegido otros se exaltaron y quisieron ir más allá,
en su catolicismo de bríos nuevos, cayendo incluso en aberraciones como las de
los alumbrados. Sea como fuere el caso es que nadie profesó un amor a
Jesucristo tan depurado como Teresa de Jesús. Ben Gurion en la declaración de
independencia de 1947 evitó pronunciar ni una sola vez la palabra Yahvé (yo soy
el que soy) y sólo se refirió a la Roca de Israel. Una roca como la de este
viejo osario judío de mi pueblo que hoy me hizo estremecer. Prorrumpí en un
kadish, con la recitación del salmo 62: Oh dios tú eres mi dios/ a quien busco
con denuedo/ sedienta está mi alma de ti/como tierra árida sin agua/ porque tu
misericordia es mejor que la vida/.
Impávida,
alta solmene, ebúrnea la torre excelsa de la catedral segoviana nos miraba. Yo
escuchaba el murmullo lejano de las aguas del Clamores, fecundando los tablares
de las huertas entre las peñas con alientos de eternidad. Corrían las aguas de
nuestra segunda corriente fluvial ajenas a nuestras discusiones por causa de
los odios religiosos o las efervescencias políticas. Que poco tienen que ver
con el Israel que nos enseñó a rezar y cuyos salmos cantamos. Dejemos que los
muertos entierren a sus muertos. Ahora comprendo también lo que me declaró a mí
una vez la señora Golda Meir en una conferencia de prensa: “Para un judío
España no es un país como otro cualquiera”. Quizás nos aguarde un tiempo de
purificación. No echemos la culpa a los judíos de nuestros desafueros y yerros.
Pero tampoco Israel debe mirarnos con deseos de vindicta. Que resuene por
doquier la palabra más hermosa jamás pronunciada por labios humanos que es la
palabra “Shalom”.
LA CATEDRAL DE
SEGOVIA EN LA LITERATURA
La
catedral está bien situada (leemos al comienzo de la novela de Jesús Fernández
Santos “Las catedrales”), en el lugar más alto de la ciudad. Es la segunda que
alzó el cabildo. La primera estuvo asentada en lugar más bajo y menos
protagonista y, además, estorbaba el ardor guerrero del alcázar”. Gótico tardío
como gustaba de llamarla Umbral. Constituye junto con la de Oviedo y la de
Salamanca el último suspiro de la arquitectura medieval. Las tres diseñadas por
Gil de Hontañón Pero la de Segoviana turris
ebúrnea es la más alta de toda. Su cimborrio puede otearse los días
claros a cien kilómetros. Son cuatrocientos treinta escalones desde la base al
campanario. Imponente mole. Su erección,
comenzada después de ser destruida la anterior en la guerra de las Comunidades,
costó sesenta muertos de todos los oficios albañiles carpinteros fumistas
vidrieros talabarteros e incluso un canónigo se ahorcó era el limosnero (no le
salían las cuentas al hacer el arqueos), vio bajar al sepulcro y ser coronados
a diez obispos, recibió victoriosa las banderas de Flandes, lloró a muchos
muertos. Campanas de gloria y misas de réquiem de todo hubo. Convidado de
piedra y testigo mudo del paso de ocho generaciones Detrás de estos hermosos
edificios se oculta una historia de afanes, pleitos, dilaciones, obreros que
fallecían al caerse del andamio, canónigos fabriqueros que la palmaban a causa
de un berrinche con los capataces, encargados que desaparecían con el dinero
del cepillo de las ánimas, paros en la construcción por falta de presupuesto.
Un ir y venir. Doscientos años en la vida de una ciudad de para muchos
encuentros y desencuentros —Notre Dame de Paris tardó algo más y la
construcción de la catedral de Lincoln llevó tres siglos— y este es el punto de
arranque de esta excelente novela. La iglesia mayor de Segovia dedicada a Santa
María es cifra y compendio de esa catolicidad titánica de nuestros ancestros.
La jerarquía inspiró de la mano de la tradición y de la escritura pero quien
puso manos a la obra fue el pueblo. Aquella Europa de las catedrales quiso
edificar la ciudad de Dios, arduo empeño que se llevó por delante muchas vidas.
En lo
alto de la torre allí donde se abren los cuatro ventanos vivía el campanero con
su familia: la madre, el padre, Inés y Agustinillo al que pegaron un tiro en el
Cerro Matabueyes; una familia con sus aperos de labranza, los cacharros de
cocinar, la lumbre y las trébedes y hasta un cerdo que mataban por san Andrés.
Fernández
Santos sitúa la acción durante la guerra civil cuando la torre catedralicia era
un centro de vigilancia a los aviones. Un radar que escudriñaba los horizontes
de la Mujer Muerta y Siete Picos.
El libro
debe de ser autobiográfico pues la familia del escritor se refugió en la Ciudad
del Acueducto al venir el Movimiento. Describe el fervor con qué se subió en
procesión a la Virgen de la Fuencisla desde el santuario para evitar que los
“otros” entrasen y supone que tal vez a esta intercesión milagrosa se evitó la
destrucción de la milenaria urbe romana.
Encontré
en las páginas de esta novela enigmática retazos de mi infancia mirando siempre
para aquella catedral totémica con un campanario que eran cuatro ojos miraderos
de una suprema atalaya.
A
Fernández Santos lo conocí en el café Gijón allá por el año 93, iba por el
sexto gintonic decía que tenía
dolores y la ginebra le calmaba. El y yo, más sobrio que un fiscal, compartimos
los dos recuerdos de la Dama de las Catedrales.
Uno fue
monaguillo o seise de la santa iglesia catedral, sotana roja con esclavina
roquete blanco las mangas perdidas de cera. Me dejaron entrar porque me sabía
de memoria el “confiteor”.
Fueron las oposiciones más fáciles y agradables que hice en mi vida.
Toda una
serie de personajes de la vida real que conocimos — S. Santos alarga el
catalejo desde su atalaya en lo alto y trata de encontrar el pulso vital de
Segovia c. 1937 como Clarín describe el Oviedo del finiseculo del XIX — y ahí
nos encontramos a don Cristino el archivero toda una vida leyendo y tomando
apuntes para preparar un libro sobre la historia del cabildo. He aquí que se
acuesta una noche decidido a emprender la tarea y a la mañana siguiente amanece
sin memoria, victima del alzheimer. Don Cristino nunca publicó sus memorias.
O al
deán Fernando Revuelta el amigo del general Varela al cual le apasionaba la
Historia de los Heterodoxos de Menéndez y Pelayo aunque no tanto como los
automóviles y las carreras de motos, sobre todo el biscuter, que estaban
probando en la fábrica de Caretas y el SEAT 600. Un día en la sacristía
mientras se desvestía, al cabo de una misa pontifical, le pregunté a bocajarro
al señor deán:
— ¿Por
que no se usted echa coche don Fernando?
—Niño —
dijo— ¿para qué quiero coche si no tengo para gasolina? Soy un cura pobre
Y era
verdad; el cabildo y el obispado eran riquísimos en bienes raíces casas pinares
huertas pero sin apenas liquidez; a muchos canónigos en cuanto si les llegaba
para mantenerse con la prestamera del beneficio.
Leyendo
este hermoso libro a ratos melancólico, otras procaz, (podían ocurrir muchas
cosas al subir los cuatrocientos y pico escalones de la escalera de caracol,
que también allí el diablo se esconde por los rincones, aunque un letrero a la
entrada del claustro lo exprimiese bien tajante: “pena de excomunión para el que en este sagrado recinto tenga
pensamientos impuros o haga actos deshonestos”) he recuperado el niño y
adolescente que fui.
Toda una
familia vivía arriba con sus gallinas, el cerdo en la cohorte, y el aceite
hirviendo en la perola donde la madre freía torreznillos.
Luego,
cuando pusieron luz eléctrica, no hubo necesidad de campanero. Colocaron abajo
el telefonillo y las campanas repicaban solas, accionando el interruptor de un
circuito electrónica desde la sacristía.
Ya no
fue necesario que el señor Sebastián aquel morañero pequeñito pero recio - me
parece que era de Abades,- el sacristán,
todo un atleta, ágil como una ardilla
(eso yo lo he visto) trepase por la cuerda que colgaba de lo alto de la bóveda
y gateara hasta arriba.
Una vez
en la cúspide, desenrollaba la cuerda del badajo que estaba enroscada. Luego descendería sus cincuenta y tantos
metros descolgándose por la maroma con habilidad, y tan pichi. Aquello parecía
un número de circo.
Los
esculcas desde la atalaya en tiempo de guerra avisaban de la inminencia de un
bombardeo pero la fuerza de Riquelme con los internacionales no pasó del Cerro
Matabueyes. Allí estaba la Virgen de la Fuencisla cerrando el paso. Nombraronla
capitana generala.
Fueron
contenidos por la infantería del general Varela, que me parece que era algo
amigo del deán, Allí fue donde le sacudieron un tiro a Agustinillo. Ese es uno
de los ejes de marcha del argumento de esta novela sin tratamiento lineal sino
a saltos siguiendo el esquema de la narrativa moderna donde los hechos reales
se entreveran con los flujos de conciencia.
Subieron
en procesión a la Patrona desde su santuario. La catedral era un hormiguero de
gente y su torre un pararrayos. Cumplió
su misión estratégica.
Hoy ya
no hay gallinas en el último piso. El campanario se ha convertido en un centro
de atracción turística que ofrece las mejores vistas de la ciudad. ¡Viva la
concordia y la paz aunque no vaya tanta gente a misa!
LUISA DE CARVAJAL LA ESPAÑOLA INGLESA
El 2 de agosto 1615 zarpaba del puerto de Southampton el
“María Luisa de Londres” rumbo a Laredo con los restos mortales de doña Luisa
de Carvajal fallecida un año antes, diz que de pulmonía, después de estar presa
en el presidio de Newgate a causa de sus ideas religiosas, aunque lo más
probable es que fuese envenenada por orden del obispo anglicano de Cantorbery,
Robert Abott. Padeció agonía dolorosísima, lo que indica fuese víctima de las
hierbas.
Sólo tenía 48 años de los que pasaría en Londres cerca de
diez, sumida en la mayor pobreza, sin llegar a dominar bien la lengua, tratando
de ayudar a los súbditos de su majestad graciosa, que se resistían a abandonar
la fe romana, por lo cual eran encarcelados torturados o ajusticiados; corrían
tiempos recios.
Y esta audaz mujer viviendo en la indigencia y de la caridad
de los embajadores españoles en la corte de san Jaime en aquel tiempo (el conde
de Gondomar, Pedro de Zúñiga, Alonso de Velasco, Bernardino de Mendoza) “in
partibus infidelium” acariciaba un ideal quijotesco: la conversión de los
ingleses.
Visitaba esta señora española las cárceles, asistía a los
enfermos y recogía las reliquias de aquellos que morían por la fe de Cristo,
socorría a los veteranos de los tercios de Flandes que vagabundeaban por la
corte de Jacobo I. Las autoridades la acusaron de espionaje.
Mar gruesa en el Canal de la Mancha estuvo a punto de
estrellar el castillaje y toda la obra muerta del galeón contra las rocas de
Normandía y la nave hubo de regresar al punto de partida y ser reparado.
Los que conducían el cadáver, una comitiva expedida por don
Diego Sarmiento y Acuña, uno de los más prestigiosos embajadores que tuvo el
reino de España en el Reino Unido a las órdenes del Duque de Lerma, tomaron
tierra en Fuenterrabía al cabo de dos meses de navegación.
Algunos vieron en esta azarosa singladura una señal de que
aquella monja seglar (beguina) que había ido a Inglaterra a misionar y a
convertir “herejes” se resistía a dejar atrás los blancos acantilados de
Dover.
Ella dijo que el destino le condujo a aquellas islas de
conjuras y de perfidias siguiendo una llamada del altísimo. Su estancia
londinense residiendo en casas de ínfima salubridad y pobreza, de la Barbacana,
Chiswick o el Cheapside, fue un perenne suplicio.
Está claro que aquel empeño que la condujo a tierra de
infieles fracasó. Los ingleses incluso los que practicaban la fe católica la
consideraban una vagabunda. No obstante, resistió a las presiones, tanto de los
diferentes embajadores como de su familia y algunas de las compañeras que
secundaron su labor en aquel beaterio húmedo e insalubre a orillas del Támesis,
para que regresara a la Península.
Pasó hambre, vivió de limosna, cuando no podía vender los
encajes de blonda y las casullas bordadas de oro pues había aprendido el oficio
de hilandera en Madrid, sacaba algún dinero.
María Luisa Pinillos Iglesias en su impresionante biografía
sobre esta pobre señora la define como la “hilandera de Dios”[38].
Alta la frente despejada cubierta con un monjil las manos
juntas y una mirada bondadosa y trascendida por una luz mística, de rodillas
ante un libro de rezos, en el único retrato que se conserva, obra de Sánchez
Coello (rompió todos pues no quería lisonjas ni que alabaran su belleza, sólo
sufrir y padecer por Xto.) algunos encuentran en su semblante trazas de loca.
Luisa no se compadece con la noción de místico castellano del
Siglo de Oro. Es un caso único dentro de su especie. Y un caso ignorado por la
historia. Acaso por sus orígenes porque, en contra de lo afirmado por sus
biógrafos, pudo ser una hija natural del Duque de Lerma, don Francisco de
Rojas, marqués de Denia. Habida de sus amores con la cacereña doña Inés de
Vargas a la que casó con Rodrigo Calderón, aquel que murió en la horca y según
Federico C. Sainz de Robles[39],
“cornudo de condición”.
A ambos personajes trata la vidente con veneración y loables
consejos en sus cartas, pues uno era su padre putativo y el otro su padre
natural al objeto de que esta bordadora fuese adoptada por los Mendoza.
El destino de la bastardía en aquella España tan estamental
era el convento pero -otro signo de rebeldía amparada por heroica humildad,
quizás- ella fue refractaria a tomar hábito en una orden de clausura y quiso
permanecer en el siglo. Fue inhumada en el convento de Porta Coeli de
Valladolid y se le dispensaron honras fúnebres en las ciudades importantes
(Sevilla, Cáceres, Almazán. Madrid).
No se cumplió su deseo de recibir cristiana sepultura en la
iglesia de los jesuitas de Lovaina. Reinaba Felipe III. La Carvajal es una de
las personalidades más seductoras e interesantes del movimiento místico
español. No se trata de una “deixada”
sino de una “abatida” que quiso
seguir al Señor desde el menoscabo y desdén del mundo sus pompas y vanidades
El IV Centenario de Luisa de Carvajal coincide pues con el V
de Teresa de Jesús. Si la reformadora del Carmen, según expongo en mi libro
“Teresa la conversa”, tuvo una visión mesiánica en la que contempló cómo caían
incesantemente almas en el infierno a causa de las guerras de religión en el
norte europeo, esta briosa extremeña que ni siquiera profesó en una orden
religiosa regular aunque estuvo muy relacionada con las agustinas recoletas del
monasterio madrileño de la Encarnación, materializa el sueño carmelitano de ir
a convertir herejes. Marchó a tierra de moros, como hizo Teresa de niña
acompañada de su hermano Rodrigo.
Sólo que los británicos tan coriáceos, tan suyos y tan
renuentes a ser pastoreados por extranjeros resultaban un hueso tan rudo de
roer como los propios mahometanos, que rara vez se convierten al catolicismo.
Lo que buscaba en realidad doña Luisa era el martirio. Deseaba ser mártir,
demostrando un arrojo y una valentía poco frecuente en la iglesia católica de
su tiempo y mucho menos hoy. Quijotesco propósito poco realista pero que no
merma el temple y el coraje de esta feminista a lo divino, verdadera hija de la
raza, de españoles y de españolas colosales tallados en piedra berroqueña.
Representa en sus extremos las grandezas y miserias de un país. Una aventurera
y una conquistadora al estilo extremeño como Hernán Cortés, Pizarro, Pedro de
Alvarado, Valdivia, o Núñez Cabeza de Vaca.
Margarita Nelken, la ministra de la República, que conocía
sus escritos— cartas, algunos romancillos de tenor místico inspirados en san
Juan de la Cruz y los quince o veinte folios en los que relata la historia de
su vida—dice que escribe el castellano más puro y elegante de su siglo.
¿Quién era en realidad la Beata Luisa de Carvajal? ¿Una espía
en Londres del Duque de Lerma? ¿Monja galante al estilo de sor María de Agreda
consejera del rey Felipe IV que se cartea con el primer ministro y gran valido
duque de Lerma y su secretario Rodrigo Calderón a los que aconseja en asuntos
políticos y cuestiones de religión que pasaban siempre por las manos del
privado? ¿Una iluminada? ¿La amante desdichada de un alto personaje a la cual
se le ordena adoptar un género de vida religiosa?
No es fácil encontrar una respuesta al trasluz de datos
biográficos. Hay episodios que pasman. Su personalidad y su figura poco se
compadecen con la mentalidad de hogaño, ni incluso con la manera de ser y de
pensar de la España mística del siglo de Oro. Los rusos definirían a esta
extremeña de Jairacejo, tan española y tan inglesa, como una “yurodivi” (loca
del amor de Dios) que iba por el mundo con el evangelio de san Juan en la mano.
Hay en su ascetismo rasgos que la acercan al pensamiento del cristianismo según
Tolstoi dentro de los parámetros de un despojo absoluto de superfluos: honores,
medallas, reglas, constituciones, hagiografías, eucologios, jerarquías,
cánones. Su vida martirial fue un perpetuo grito:
—Sólo Dios basta.
La relación de su trayectoria vital, aun siguiendo rutas
diferentes, tiene bastante que ver con la reformadora del Carmelo. Pasó por el
mundo de una forma elegante y novelesca. Hay en su biografía puntos de contacto
con los libros de Caballerías como el Palmerín de Inglaterra y con la novela
picaresca. Tan intrépida como “La Monja Alférez” y exultando en ricas y
desgraciadas experiencias como el “Guzmán de Alfarache” o el “Estebanillo
González”.
Estuvo dotada de un carácter libertario, apasionado,
contradictorio y muy español. Fue hija de la raza y de la época a la que
perteneció. Tuvo algo de la monja alférez, de Teresa de Jesús y de capitana de
los Tercios de Flandes a lo divino haciendo ostentación de una valentía y un
arrojo que asombra a día de hoy.
De haber pasado a Indias, hubiera sido un Hernán Cortés, un
Maldonado, un Cabeza de Vaca, o una evangelizadora al estilo del Beato Juan de
Ávila o Toribio de Mogrovejo. Desgraciadamente, fue a dar in partibus
infidelium con gentes tan sibilina y tenaz como la británica.
Inglaterra no creía en las lágrimas y menos en aquel tiempo
de convulsiones religiosas, profesaba odio a los frailes que habían cometido
tantos atropellos durante la edad media. En dicho país se cuestionaba la
“potestas clavium” o autoridad papal. Las jerarquías y gran parte del clero
inglés disputaban sobre tal preeminencia el que un obispo extranjero quisiera
gobernar las cuestiones del fuero interior que consideraban un asunto personal.
Al verdugo de la Torre de Londres no le faltaba trabajo y
muchos súbditos de su Graciosa Majestad eran despedazados en la plaza pública
por rezar en latín o llevar al cuello un rosario.
Roma tampoco era un ejemplo de moralidad en tiempo de los
papas Borgia. La corrupción de las costumbres es antesala de la muerte y de la
guerra. Esta mujer llena de candoroso ardor misionero y de amor a la Iglesia puede que ignorase
tales antecedentes. Trató de escalar una montaña inaccesible como es el
Establishment. Los ingleses siempre nos ganan a los españoles. Discutir con
ellos es como estrellarse contra un muro, y no hay manera. Sin embargo ahí
quedó el gesto y el reto de la Beata Luisa de Carvajal madre coraje de amor a
la Iglesia y de amor a España (“Quiero a mi patria con todo mi corazón y vivo
en una tierra de hiel y de sabandijas”) declara en una carta a su hermano
nombrado corregidor de San Clemente (Cuenca).
Estableció como norma de vida de la máxima teresiana de
“sufrir y padecer” siendo oprobio del mundo, despreciada y abandonada por los
suyos por amor a Jesús. Renunció a todo: alta cuna —era nieta del obispo de
Coria don Gutierre Carvajal que tuvo una multitud de hijos naturales—títulos
nobiliarios, la honra, el buen nombre y la fama. Hizo mangas y capirotes de
algo tan importante para los españoles de su tiempo como el honor. “Quiero ser
pisoteada, negada, ridiculizada, puesta en el último lugar para que todos me
olviden o se rían de mí”. Y por último en su profesión realizada en un cuarto
oscuro en Madrid la calle de Toledo, puesto que atendía a las enfermas de bubas,
donde se había dedicado a cuidar de las prostitutas hizo voto de martirio. No
lo conseguiría físicamente pero los dos lustros últimos de su vida en
Inglaterra fueron un auténtico calvario
La honra la perdían las mujeres (nunca el varón) por
cualquier desliz erótico o dedicarse al oficio más antiguo del mundo; por no
proceder de un linaje limpio, por ocuparse en trabajos serviles, ser asalariado
y no vivir de las rentas, por derramar sangre cuando el asesinato no era en
legítima defensa. Por padecer del vicio del vino o por andar desnudo y en
harapos. Sin embargo se podía ser pobre y no desmerecer a los ojos de la
sociedad. De ahí el dicho de “pobre pero honrado”. Una vez perdida la honra, no
se recupera jamás. Es el equivalente a una muerte civil. Luisa puso su honor a
los pies del Crucificado.
En el marco de aquella sociedad estamental y clasista como
era la España de su tiempo plantea con su labor ideas revolucionarias más allá
de las particularidades de la Reforma. Amiga y protegida de los jesuitas, rechaza,
sin embargo, la disciplina de las constituciones y las voces de mando del jefe.
La vida religiosa no es para ella milicia sino un sumirse en la inmensidad del
Criador, un abandonarse a la Providencia, como hacían los quietistas y
alumbrados aceptando el sufrimiento como camino de perfección y garantía de
selección. Esta dejadez casi anarquista, con una fe ciega y amor al Esposo, la
colocaría más cerca de lo que hoy se denominan cristianos de bases que de un
instituto religioso convencional. Verdaderamente, si todos la dejaron en la
estacada, Cristo nunca la abandonó. Esta es la grandeza del Evangelio que en su
lado esotérico a los lerdos no se les alcanza, y la prueba del nueve y la
primacía del catolicismo sobre otras religiones monoteístas. No hay consensos
ni enjuagues que valgan. Cristo es la verdad y la vida. La Verdad que corre
larga y tendida por el mundo de los libros—un venero que tratan de ocluir los
del “pensamiento único” —y la Vida que germina en los plantíos y viveros del
grano de mostaza. Mediante intercesiones desde lo alto, soluciones
inexplicables, guardas en enfermedades y peligros. Cristo a través de sus
escogidos se manifiesta en la historia mediante el carisma de una Teresita de
Lisieux, de un Antonio de Padua, de san José, de Teresa de Jesús, de Judas
Tadeo y ante todo y sobre todo a través de Nuestra Señora la Virgen María
medianera de todas las gracias.
Se trata de una vida y una vivencia oculta pero real y
perceptible sólo a través de la fe y nos ratifica en la esperanza de la gracia
y la interacción dentro del cuerpo místico de la iglesia triunfante militante y
purgante. Enigma total. Sólo mediante este misterio vale la pena considerar que
una derrota a los ojos de los hombres podría convertirse en victoria a los ojos
del Padre. Dios tiene otros baremos, diferentes varas de medir
Como los monasterios a la sazón estaban llenos y con
frecuencia la “vocación” tenía que ver más con la “boca” que una verdadera
llamada a la vida consagrada habiéndose convertido muchos dellos en aparcadero
de damas burladas o en verdaderos prostíbulos, ella renuncia a ese título de
ser monja. Se queda en beguina y cerca de, o al cabo de, la calle de Toledo
funda un beaterio en compañía de dos sirvientas: Ana de la Ascensión e Inés de
la Cruz. La casa, un sotabanco, se encuentra al lado de una mancebía y se
convierte en centro de acogida para mujeres maltratadas y prostitutas enfermas.
Inés de la Cruz protesta:
—Van a pensar que nosotras somos iguales, unas tales.
Para doña Luisa esa sospecha motivo de oprobio se convierte
en vínculo de caridad y una ocasión de ser humillada y tenida en menos por amor
del Redentor. Intensifica sus penitencias, porta una cruz de rallo (una especie
de almohaza de pincho) aderezando sus pechos como prenda íntima y una cuerda de
esparto atada a las caderas. Todos los viernes del año no probaba alimento,
dormía sobre una márfega, bebía en vasos utilizados por enfermos con bubas y
con sarna.
Nos dicen los expertos en lomología que el mal francés y la
peste bubónica eran el flagelo de la cristiandad en el s. XVI. Los males
empeoraron en la centuria siguiente con un cambio climático en Europa veranos
más tórridos malas cosechas inviernos de fuertes cierzos y vientos polares.
En Madrid la Carvajal cura a los sifilíticos ocupándose como
operaria en el hospital de Anton Martín el de la sabana blanca curaban el
trepanómana o morbo sifilítico con baños al vapor y en Londres fue su rival la
peste bubónica traída por las ratas viajando en los barcos que atracaban en los
muelles del Támesis.
Aun no había sido fundado el St Stephen Hospital y las
condiciones de salubridad e incluso de vida de los londinenses eran mucho más
penosas que la de los madrileños.
Detecta aires de levantamiento popular en la corte del
Defensor de la Fe, James I. por el contrario, en la corte de Su Católica
Majestad Felipe III temo que me lo gobiernen un rey débil muy piadoso y austero
pero en manos de sus validos que lo engañaron con sus adrollas y gatuperios; el
mal era la corrupción en la nobleza y en el estamento eclesial. A ellos iba a
parar el oro de las Indias y a los vivanderos judíos de los ejércitos de
Flandes. El pueblo llano vivía en una estado de postración miserable
conformándose con las procesiones triduos novenas corridas de toros y cañas y
de vez en cuando algún auto de fe en la plaza mayor. Adrollas, embustes,
mohatras, trapazas, picaresca y misticismo sed de aventura y esa enorme
vitalidad que siempre tuvo la nación española. Ese mundo del Buscón y la
picaresca lo refleja en su poesía y en su prosa sin paragones el genial
Francisco de Quevedo. Luisa de Carvajal es contemporánea de la publicación de
los “Sueños” y del “Quijote”
No nos encontramos en la presencia de una mística arrobadiza.
Desdeñaba los éxtasis, trances, llagas, bilocaciones y otros fenómenos
preternaturales, harto frecuentes entre los alumbrados. Vivió amarrada al duro
banco de la realidad desde la renuncia y la autoinmolación. Era una
contemplativa atípica sin aditamentos ni alharacas aunque parece ser que estuvo
penetrada del don de clarividencia que le hacía ver el futuro y el interior de
las conciencias.
Asimismo, tuvo el galardón tanto de la templanza como de la
fortaleza. Salió indemne por la gracia de Dios de los peligros de aquel Madrid
bullicioso y putañero siempre al verlas venir entre chupicaldos de sopa boba,
metiendo los pollos en el corral. Llevaba las putas a casa para sacarlas de la
mala vida sin miedo a sus cohenes y rufianes.
A la hija del Duque de Almazán no se le caían los anillos por
andar en compañía de pobres vergonzantes receptando limosna a la puerta de san
Ginés o hablando con los desheredados de la fortuna en las gradas de San Felipe
y otros mentideros de la villa.
Si, por casualidad, cualquier pariente veía a la hija de un
grande de España emparentada con los Mendoza y los Duques del Infantado en tal
condición de mendiga, miraban para otro lado. Este desdén que mortificaba su
orgullo eran para la vagabunda motivo de santificación, las humillaciones y
desprecios abren al justo las puertas del Paraíso. Supuestamente…
En Londres donde nadie la conocía pero pronto la
identificaron por española a causa de su acento, su compostura y que llevaba un
cristo crucificado al pecho, el juego resultaba mucho más peligroso.
La insultaban, la maltrataban, se mofaban de sus creencias
papistas, la decían lárgate a tu país. Cuantas veces los hispanos que hayan
vivido en las Islas durante algún tiempo habrán escuchado la pregunta:
—When are
you going back? [40]
Ella había ido allí para sufrir por Cristo. Anhelaba el
martirio del que hizo voto al formular su profesión de vida consagrada en 1598
cuando empezó a acariciar la idea de pasar el canal de la Mancha para morir por
Dios.
Huérfana desde los seis años y adoptada por don Diego Hurtado
de Mendoza embajador en Alemania su infancia y su juventud los pasó en la corte
de Felipe II. A la muerte del monarca entra al servicio de don Francisco de
Sandoval y Rojas duque de Lerma primer ministro del monarca quien en 1600
traslada la corte a Valladolid.
La comunidad de la calle de Toledo se cierra (dos se metieron
agustinas y una tercera Isabel se casó) y los jesuitas le procuran un aposento
similar muy cerca del Colegio de la Compañía, el Seminario Irlandés. Es allí
donde tiene una revelación: tendría que irse de misionera a Inglaterra.
Camino de la Rubia Albión salió de la Ciudad del Pisuerga a
27 enero 1605 en una expedición de siete personas que dirigía el P. Walpole
s.j. cabalgaron por toda Francia atravesando un país de herejes a lomos de una
hacanea. Sor Luisa nunca había montado en mula. En otra expedición más suntuosa
viajaba don Juan de Tassis conde de Villamediana con el que se reunieron en
Burdeos siguiendo ruta hacia Calais. Allí se embarcaron en una patera. El
viento desfavorable desviaba la embarcación hacia Holanda un país siempre
peligroso para un católico español pero el piloto un viejo lobo de mar
vascongado logró gobernar la embarcación y atracar en un grao próximo a Dover.
A la vista de los blancos acantilados la española inglesa cayó de rodillas y
prosternada en oración dio gracias a Dios por el fin de tan azarosa singladura.
Tassis acudía a la corte de san Jaime para comprar la paz entre España a peso
de oro. Felipe III enviaba a su homólogo la suma de medio millón de ducados a
fin de concertar el patrimonio del príncipe de Gales, Carlos, el heredero, con
la infanta Ana de Austria. Este matrimonio estaría abocado al fracaso. Encontró
un Londres tétrico. No había pasado la era del terror y los católicos ingleses
se mostraban atemorizados de mostrar abiertamente su religión católica que
muchos seguían practicando en la clandestinidad. El choque psicológico para la
recién llegada fue brutal: la incomodidad del acomodo, el ambiente de
suspicacia, la mala comida, la pobreza, el hambre y la enfermedad, la
descortesía de las clases bajas que culpaban a los extranjeros del hambre y las
malas condiciones de vida, el desconocimiento de la lengua y la fonética
cockney tan enrevesada para los no nativos. Tal cúmulo de factores así como las
grandes penitencias y ayunos minaron su salud y la condujeron a una muerte
prematura.
Buena parte de los españoles residentes en Gran Bretaña a lo
largo de los siglos siempre atravesaron esa dificultad que ella misma padeció.
Este choque psicológico se detecta en la correspondencia
enviada por valija diplomática o en cifra a Madrid. Mandaba romper estos envíos
a sus destinatarios. El espionaje inglés y el francés funcionaban a las mil
maravillas en la corte de Felipe III y es aquí donde se pierde el rumbo místico
para adentrarse en los atolladeros de la política: el Duque de Lerma, el conde
de Villamediana, los saludos que envía a la regente de los Países Bajos Isabel
Clara Eugenia, su compañera de juegos de infancia, e hija de Felipe II nombrada
gobernadora de Flandes, que nunca obtuvieron respuesta. En fin, un enigma. La
buena voluntad de esta sierva de Dios choca con las perversiones de los
intereses estatales o papales. Se confiesa desarmada y como “una pobre y ruin
mujer” pero, si fracasó la carne, el espíritu salió airoso de aquella lucha,
por más que a la interesada le fuese la vida en el empeño.
Luisa de Carvajal era un alma grande e ingenua raza extremeña
de conquistadores. Ignoraba los gatuperios y tahurerías del Duque de Lerma o
los desvíos amorosos de Villamediana o la participación de su hermano el
corregidor de San Clemente en el asesinato de un hombre por orden de su jefe
don Rodrigo Calderón que luego sería ajusticiado en Madrid y de ahí el dicho de
más porfiado que don Rodrigo en la horca. Un paradigma de contumacias y
obstinación. El que movía los hilos era el gran privado, el duque de Lerma,
quien para librarse del patíbulo se hizo religioso y “para no ser ahorcado-reza
el dicho popular- se vistió de colorado”
JUAN
GINÉS DE SEPÚLVEDA EL CORDOBÉS DIVINO, UN ESCRITOR QUE HACE SENTIRSE ORGULLOSO
DE SER ESPAÑOL
Uno de los regalos que
dios envía al archivero en celo por la guarda de los viejos documentos y amante
de los libros de la España contra la cual tantos se ensañan que no perece ni
perecerá por los siglos de los siglos a pesar de las inconstancias y
desavenencias de nuestros políticos, revisteros, gacetilleros, agiotistas
especuladores de la idea y otros papanatas
y reyes pasmados, es encontrar el hilo y el eslabón perdido del alma
hispana en textos como los del Epistolario
de Juan Ginés de Sepúlveda, vertidos al castellano del elegante latín en
que escribía este clérigo de Priego -no sé si de Cabra o de Priego pero que se
retiraba a escribir en su finca del Gallo, una choza de adobe construida por
sus propias manos en la región de los Pedroches-, por Ángel Losada [Instituto
de Cultura Hispánica. Centro de Estudios Hispanoamericanos, 1979]. Todo el
texto es un gozo de los sentidos.
Gracias, Señor, por
haberme hecho archivero. Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573) era de origen
judío seguramente y uno de esos grandes conversos que iluminaron de sabiduría y
de amor el firmamento de España en la etapa más gloriosa de su historia.
Fue cronista y
capellán del cesar Carlos V. Estudió en el colegio de san Ildefonso de Alcalá
bajo dictámenes de Cisneros y marchó a
Bolonia y después a Roma, ordenado sacerdote, a enseñar Moral. Fue capellán y
cronista de Carlos V, ya digo, y tutor de Felipe II al que enseña arqueología.
Se carteó con los hombres más importantes de su tiempo: Erasmo de Rótterdam, el
Duque de Alba, el príncipe Alberto Pío, el padre de Góngora Francisco de Argote
que era pariente suyo, con Fernando de Valdés el Inquisidor, con Simón Colindo
su editor de París, con el cardenal Contaran al que expresa su preocupación
algunos casos de inmoralidad del clero romano y fustiga la lujuria de la Curia,
con el duque de Frías condestable de Castilla, con el aragonés Alfonso
Guajardo, con Pérez de Oliva y con Santiago Enhila su amigo intimo. Algunas de
esta misivas son un testimonio época de primera mano y algunos merecerían el
calificativo de reportaje periodístico.
Amante de la paz y de la tolerancia a la complutense (fue
Alcalá semillero de grandes intelectos, venero de tradición que bebe en los
clásicos griegos y latinos por oposición a Salamanca que siempre más
escolástica y rigorista) se constituyó en detractor de Fray Bartolomé de las
Casas cuya Destrucción de las Indias
desmonta una por una en todas sus tesis. Los indios le deben más al Arcipreste
de Ledesma por sus escritos que al propio padre de la “Leyenda Negra”. El
pronóstico de Ginés de Sepúlveda es la cultura, la civilización, el abandono de
los sacrificios humanos o el canibalismo. El del obispo de Chiapas Padre es el buenísimo. El mundo le debe mucho más
que Las Casas por el capitulo de los Derechos Humanos una filosofía que se
inventó en España. No por los norteamericanos
En opinión de
Sepúlveda no se puede exterminar a los bárbaros sino persuadirles con paciencia
y afabilidad a que practiquen la ley natural abandones la antropofagia y el
espiritismo pero siempre con mansedumbre apostólica y caridad cristiana. Para
su desgracia Las Casas contaba con un bunker
de chismorrería y palabrería y todo un dispositivo de apoyo en Salamanca
de donde al profesor de Moral le vinieron no pocas calumnias y muchísimos
disgustos.
Muchos de sus libros son un clamor pregonando que el indio es
persona humana pero que hay que civilizarlo. “No mantengo que debamos privarles
de sus bienes ni pisotear sus costumbres ni cometer contra ellos actos de injusticia
alguna; no mantengo que debamos abusar de nuestro dominio… pero debemos
arrancarles de sus aberraciones paganas e impulsarles a que adopten el Derecho
Natural”. Este párrafo de la carta a FRANCISCO de ARGOTE es el germen de toda
la filosofía de los derechos humanos antes desde luego que el propio Francisco
Suárez y desde luego que Fray Bartolomé Las Casas que era un dominico algo
loco, taimado y resentido y de la mejor escuela de ergotistas salamantinos.
En sus libros –escribió alrededor de 50 de los que se
conservan la mitad y algunos de ellos no han sido aun bien estudiados- late el
amor profundo a la naturaleza, la observación de los ciclos estacionales, nos
da noticias de las cosechas y de los pájaros que él escuchaba cantar o veía
crecer en su quinta de Los Perdroches. Y se observa también un cierto
cansancio, un desistimiento de la idea imperial.
Excusa razones de salud y de edad para no acompañar al
emperador en sus campañas por lo cual está pidiendo informes a terceros sobre
las actividades de Carlos V del que fue biógrafo y cronista oficial. De la
misma manera que Fray Luis de León harto de tantas peleas escolásticas se
retiraba a su quinta de la Flecha –que por cierto un proceso como el que se
incoa al agustino en Salamanca hubiera sido imposible en Alcalá donde siempre
hubo una mayor alternancia y fluidez en el intercambio de pareceres- y su
cansancio era el cansancio de España a la que amaba.
Los claros varones
castellanos que fueron siempre incomprendidos buscaban la querencia horaciana del
Beatus Ille. Sobre Sepúlveda se
cierne a veces la sospecha maligna inquisitorial pues era un helenista eximio y
se había especializado en las Epístolas de San Pablo. Estudiar a San Pablo o
ser especialista en sus escritos era por
entonces peligroso.
Este libro fue
precisamente el que llevó a Lutero a la rebelión contra el papa. Otra nube de
sospecha que se cernía sobre él era
haber formulado una pregunta en uno de sus sermones sobre si debe ser
mayor la autoridad del Concilio que la del Papa.
Una pregunta hoy
inocente pero que entonces pues corrían tiempos recios y un vulgar catecismo
había servido para empapelar al primado de Toledo tenía muchísimo calado.
Precisamente con Fray Bartolomé Carranza no tuvo correspondencia epistolar, él
que tenía correspondencia epistolar con todo el mundo y conocía a todos en la
curia y en la corte o al menos no se conserva ninguna carta.
Sacerdote intachable
pero alarmado por la licencia y el libertinaje de algunos curas, el absentismo
de los obispos, un punto en el que coincide con el propio arzobispo de Toledo
procesado por el Inquisidor Fernando Valdés, reclama la reforma de la SRI y la
convocatoria del concilio de Trento.
Sobre el celibato sostiene un criterio muy original. A decir
suyo, el sacerdote no tiene una familia a la que mantener pero se le arraciman
los parientes y criados algunos de ellos intratables y muy insolentes. Es una
carga muy dura no por la abstinencia sexual dice sino por el contexto social.
También critica la ferocidad con que los frailes y los
arciprestes célibes se despedazan unos a otros y llega a insinuar la velada
sugerencia a la vista de su experiencia y de muchos casos deplorables que el
matrimonio fuera un fórmula ad libitum para los curas. Los tiros no iban por
ahí. Trento le quitaría la razón.
Implanta los seminarios conciliares y los convictorios con lo
que el problema hasta hoy sigue sin ser atajado de raíz. Se lamenta también
Ginés de Sepúlveda de los posaderos malignos e interesados y de lo incomodo y
peligroso que era viajar en aquellos tiempos.
Sin embargo él hace el viaje desde la región de los vacceos
hasta la de los turdetanos dos veces al año en trayecto de ida y vuelta de
Valladolid a Córdoba a lomos de una hacanea- las personas consagradas tampoco
los obispos podían ir a caballo sólo en mula- cargada de libros y seguido por
una escolta de escuderos y de criados derrotando por caminos infames y parando
en ventas siniestras, como era costumbre entre los dómines de Alcalá.
Todo sea por Aristóteles. Y en loor de Platón. Erasmo le
desplacía al cronista que Carlos V el cual para desenmascarar sus errores
escribe la “Ananpología” un lamento de “esta época de miserias que vivimos”.
Creía que Dios estaba castigando a la Iglesia por la depravación de las
costumbres del clero, la avaricia de los potentados, la credulidad y
superstición de la plebe, las guerras entre los príncipes cristianos.
Gines de Sepúlveda el
cordobés divino es la esmeralda escondida fulgor oculto en los anales del
entendimiento hispano por su elegancia andaluza, por sus estoicismos, por la
probidad de su vida. De todo sabía. Dice por ejemplo que Cesar cometió un error
de siete días al establecer el primer día del año doce días después del
solsticio de invierno.
Y el papa Gregorio se
inspira en sus escritos para cambiar el calendario juliano el año en que nace
santa Teresa de Jesús.
A Felipe II le enseña
a leer los miliares que había en las estradas romanas. Cada mil pasos un cipo y
una marca. La legua de los españoles son cuatro miliarios esto es cuatro mil
pasos (5.572 m.) y le da consejos itinerarios cuando el futuro rey entonces
príncipe de Asturias por la ruta de vacceos y vetones se interne hasta
Lusitania. En Carcaboso pudo leer una columna votiva dedicada al emperador
Adriano el que restauró la calzada de la Plata construida por Augusto.
Y de filología toponimia adorna sus escritos con celo de
erudito ilustrado. Asi dice que Badajoz viene de Pax Augusta. Los moros lo
pronunciaron por Baxago y de ahí la denominación actual. Ecija es Astigis
romana e hidalgo viene de Italicus. Para no pagar tributo los de esa ciudad de
Andalucía adujeron tener privilegio de ciudadanos romanos.
Su correspondencia con
Alfonso de Stuñiga o Zúñiga de una familia de gran prelación de Plasencia es
memorable. Habla en esa carta de palomas y palomares y los litigios que surgían
entre los campesinos cuando estas avecicas bajaban a comer en sembrado ajeno.
Situa el lugar exacto donde queda emplazada Numancia, liquidando así una
antigua polémica que la ubicaban en Zamora por un error de Orozco. Polibio que
acompañó a Scipión localiza el lugar exacto en Garray.
Diserta sobre la frugalidad que alarga la vida y de las
directrices que deben acompañar a todo buen funcionario. “Yo soy de la opinión que todo buen funcionario ha de cumplir con sus
deberes u oficios para con el Estado. Si no cumple con su obligación o no pone
interés en su servicio es un infractor de la ley y provoca consecuencias
perniciosas para el país y los ciudadanos a los que sirve.” Este juicio
revela al gran humanista alcalaino que llevaba dentro.
Nada humano le era ajeno y ahí glosa a san Pablo el fundador
del cristiano y una de las grandes pasiones de Ginés de Sepúlveda. Lo había
estudiado de cabo a rabo. ¿Marta o María? ¿Vida contemplativa en compañía de
las musas (pimplea) o vida activa?
¿Vivir o filosofar? ¿Misantropía y desengaño del mundo o práctica ejecutiva de
la milicia, el foro, la medicina?
El autor que habla con regodeo de su quinta de Pozoblanco al
pie de la sierra siguiendo el ejemplo de Cayo TULIO Cicerón que apacentaba sus
soledades en la famosa Tusculana desde donde escribe una carta a Papiro Peto y
le dice: “tengo yo más pavos reales en mi finca que tú pichones contesta a los
detractores que le echaban en cara su regalo con un texto de San Pablo en el que
era experto: “El Reino de dios no es ni comida ni bebida, sino más bien paz y
gozo en el Espiritu Santo”. Esto es alegrarse con las cosas honestas y con los
regalos que dios envía.
Y agradece en una
misiva al obispo de su diócesis Leopoldo de Austria hijo bastardo de
Maximiliano emperador y hermano de Carlos V que le haya regalado un jabalí.
Dice que su carne es de entre la caza el bocado más sabroso y exquisito. Él
enmendándole plana a Cicerón que en su libro de Officiis se decantaba por
Marta. Para él el empleo ideal era el de la política seguido de la milicia se
decanta por María.
Toda su obra es una
loa a la vida retirada de oración, estudio y escritura. Solía rezar el
breviario todas las mañanas paseando por las aleas de la Quinta del Gallo y decía misa cada tres días. Las fiestas de
guardar, todas. El teólogo se siente orgulloso de su colmenar pues las abejas
le recuerdan en su actividad sin parar el buen funcionamiento de una república.
Hay cartas emocionantes como la que escribe con impresionante
imperturbabilidad a su sobrino el canónigo racionero de la Mezquita catedral
indicándole el texto que en el epitafio habría de labrarse con el remoquete de
SVF (sibi vivens fecit) lo escribió
estando en vida y dice así: Genesius
Sepúlveda qui se ita gerere studebat ut ipsius moris probis piisque viris et
doctrina scriptique de Teología Philosophia hitoriarumque libri doctis et
aequis probarentur (Aquí yace Ginés de Sepúlveda que trató con denuedo que
sus libros de filosofía teología y de historia recibieran la aprobación de los
doctos y ecuánimes varones tanto como sus costumbres).
Tuvo su año climatérico o peligroso a los 64 años cuando fue
desahuciado por los médicos.
Citando a Gelio
asegura que el año 63 suele ser crítico en la vida del hombre y suele padecerse
alguna enfermedad corporal o psíquica que ocasiona la muerte. Es una fecha
fatal para todos los ancianos y Cesar Augusto la temía. Murió en ese tiempo.
Gines se lo cuenta de esta manera a Fernando de Valdés el
inquisidor general y llama al arzobispo de Sevilla su mecenas. Algo más humano
jamás podrá encontrarse en la sencillez y piedad de los escritos de nuestro
clérigo al que las calumnias y disgustos de sus parientes provocaron una
enfermedad. Viviría 19 años más, alcanzando la provecta edad de 83 años.
Fernando de Valdés sale en su favor en la reyerta teológica que tuvo con los de
Salamanca, auténticos tábanos con sotana y muy testarudos, que estaban del lado
de las Casas. No obstante se excusa de haberle visitado en su palacio de
Sevilla.
Estaban las sospechas
de las epístolas de San Pablo, el presidio de Carranza, el ambiente envenenado
que reinaba en España por la cuestión protestante. Todo el mundo era sospechoso
de herejía. Cauto y temiendo los afilados aguijones de la maledicencia huyó a
Córdoba la Llana. La astucia del zorro o la picadura del escorpión contra el
que no hay cauterios, prefiere ver subirse a los nidales de sus gallinas y
regar sus acequias en la finca de los Pedroches antes que viajar a Sevilla a
entrevistarse con el temible prelado asturiano. Fue su valedor pues declaró que
su Demócratas Segundo por él escrito
se imprimiera con letras bien gordas y que los párrocos en su diócesis lo
leyesen al final de su homilía.
En este opúsculo desbarataba las pretensiones de los controversistas
que capiteanados por Carranza un charlatán un bocazas sobre la guerra injusta.
Sepúlveda matiza que hay ocasiones en que la guerra se justifica cuando es en
legítima defensa o para castigar la perversidad de criminales recalcitrantes o
para afianzar el reinado de la religión cristiana amenazada por loe enemigos no
solo de la fe sino de la ley natural o en caso de invasión.
El divino cordobés
sale en defensa del pan y la justicia, del honor de las mujeres. Cualquier
invasión, según eso, a un país, sería condenable. Sin embargo, el buenísimo, la
panfilia pueden ser un signo de debilidad según Aristóteles y conducir a males
mayores de desorden y de oprobio que los males de la guerra. Sed buenos pero no
tontos. Cierto que el evangelio nos manda amar a los enemigos y la caridad con
el prójimo que comienza por uno mismo. La legitimación del crimen, la
dilapidación de la fortuna o de la
propia fama y aquí puso un ejemplo condenable. El de san Ambrosio cuando se enteró
que había sido preconizado obispo de Milán que él no quería y mandó llamar a su
casa a todas las meretrices para que supiesen sus admiradores a “qué clase de
obispo iban a nombrar” y para demostrar que era indigno.
Según nuestro tratadista san Ambrosio no sólo se pasó tres
pueblos sino que cometió un pecado. Desde luego la atracción mutua que existe
entre el Inquisidor Valdés y el cronista de Cesar tiene un aspecto interesado.
Carranza que era algo pánfilo y buenista- un argumento que
siempre esgrimieron los protestantes y los cristianos de base para justificar
sus errores en el fundamentalismo al pie de la letra- acusaba al obispo de
Sevilla de no estar nunca en su diócesis sino en Valladolid o en Salas o
cazando por los montes de León y Gines de Sepúlveda que había sido nombrado
arcipreste de Ledesma la antigua Bletissa romana, sin embargo jamás portaba por
su parroquia. Tenía un sustituto.
Se defiende de los que
le atacan con el Derecho Canónico en la mano. Y en una carta a Gaspar de Castro
que le reconviene por esta ausencia dice que lo suyo es leer, escribir y además
tiene bula de la santa sede y del emperador, y que cuida a una familia de 20
personas entre criados y fámulos, algunos de los cuales son sacerdotes en
Córdoba y que los tres mil ducados de renta anuales se le van en atender a los
gastos de sus allegados y en socorrer a los pobres de Pozoblancao. Que celebra
el Santo Sacrificio de la misa miércoles viernes y domingos pero que el oficio
divino lo reza en privado todos los días. Una carta muy humana y realista.
La lectura de estas relaciones que plasman un cuadro
maravilloso de cómo era la vida cotidiana sin alharacas sin mixtificaciones y
con gran realismos en el siglo XVI para un latinista que iba a su aire. Es una
crónica realista sin demasiados misticismos triunfalistas. Trató de ser un buen
sacerdote y un buen cristiano.
Lo odiaron tanto Las
Casas y su cuadrilla porque valía. Dios se haya apiadado de su alma y lo tenga
con Él en su morada. Para salvarse no hace falta hacer grandes cosas. Basta la
paciencia para soportar la persecución, un poco de Aristóteles, cierta cordura
que nos aleje de la locura, los estragos del vicio, un lugar cerca del fuego y
una buena pipa. Y dejarse de historias.
Un libro y un amigo
quiero yo en mis lares un ángulo secreto que me ponga a recaudo de lágrimas y
pesares. Por los rinconcitos y entre libritos que diría el Kempis.
Es la norma del Beatus
ille. Dichoso el sabio que se retira de este mundo malvado y con pobre mesa y
casa con solo dios se acompasa y vive ni envidiado ni envidioso. Varones tan
esclarecidos como este escritor le hacen sentir el orgullo de ser español a
pesar del cansancio de la idea de España.
Sus textos que a los no avisados pueden resultar plúmbeos
poseen una modernidad en carne viva y su prosa en latín es una lira de diez
cuerdas que mucho complace. Porque suena
con arreglo a las estrictas reglas del concento y la filosófica armonía. Hizo
un esfuerzo titánico por reconciliar a Aristóteles con la doctrina de Jesús
pero un Jesús humano, no el Jesús posibilista que quiso deformar y hacer suyo
la herejía protestante. Y desde luego el Arcipreste de Ledesma no es un
escritor recomendable a los Neocom de hoy en día. Serían incapaces de
manipularle. O de entenderles
domingo, 23 de noviembre de 2008
VOLVIENDO A LA GARRAFATINA
El día de Nuestra Señora 15 de agosto
Ya han pasado muchos
años de aquellos 15ª pero mi alma venerara y rememora. Se han gastado las
páginas de aquel misal olvidado de tanto pasar las hojas mojando con saliva el
papel. Te igitur, clementissime… aquel niño de las misas pontificales en la
catedral portando el acetre o la naveta del incensario es un viejo diacono
olvidado, un literato sin fortuna, acaso un vagabundo con poca suerte pero
agradecido a Dios por la fe y por todo cuanto fui. Yo creía en la utopía. La
noche pasada mientras rezaba el oficio cantaba en el bosque un mochuelo el cual
con su particular lúgubre llamada que por estos pagos llaman miago.
Inconfundible el lamento de la curuxia (lechuza) como un himno epicinio de las
ninfas de la naturaleza sonando allá atrás en la aliseda. Creí interpretar el
sentido de las palabras del pobre autillo de mi pueblo que visita estas
soledades una madrugada sí y otra no:
Arca non putri fabricata ligno
Manna tu servas, fluit undique virtus
Ipsa qua surgent animata rursus
Ossa sepulcros
Surge, dilecto pete
Nixa celum
Sume consertum diadema stellis
Este himno de
salutación mariana nos cerciora de que la Virgen estaba hecha de otra pasta al
resto de las hijas de Eva, que su carne incorruptible no pasó por los estragos
de la muerte y que se durmió en el regazo de su hijo y se fue al cielo cercada
de ángeles y pisando una diadema de estrellas. Exageración tal vez hiperdulía
pero hay cosas que no acierta a comprender la razón y el corazón entiende. Sin
proponérselo el “miagón” escondido entre las ramas del “humero” le cantaba a la
Deipara una copla de resurrección. Ya solo las aves nocturnas rezan en latín
los curas y al hilo de esto me encuentro sorprendido e indignado con el circo
que se ha montado en este país a costa de la visita papal. Benedicto XVI nos lo
presenta la “media” (aquí hay gato encerrado y se percibe claramente una burda
e inicua maniobra) no como al siervo de los siervos que son lo que los papas
son sino como una suerte de vicedios robándole competencias al propio
Jesucristo y a su Madre Santísima. Happenings, espectáculos, tenidas, misas con
el acompañamiento anti -litúrgico de rock and roll. Jóvenes y jovenas de todo
el mundo, un chorro de dinero que para acoger a estas juventudes vaticanas han
salido del contribuyente español. Este Benedicto o es tonto o es un bendito de
Dios. No se ha enterado que nuestros hijos están en paro, que hay angustia en
las familias, que en el seno de las familias se percibe recelo y poco amor, que
existen problema muy de fondo en nuestra sociedad cristiana aterida por el
consumismo y la desorientación sin que la Iglesia predique contra tales abusos.
Antes bien se ha adherido a los banqueros y el clero se ha vuelto capitalista,
escucha las soflamas de la COPE o las catilinarias burdas de Intereconomía y ha
vuelto a leer el ABC sionista. Y tiene que soportar a un obispo con cara de
palo Rouco o aguantar las boutades de Martínez Camino. El pueblo de Dios está
desorientado o que le llevan los demonios. Uno no sabe si Benedicto XVI es el
heraldo de Jesús o el de la banca Morgan que estomago agradecido condona todos
los crímenes y aberraciones del estado hebreo que es el que corre con gran
parte de los gastos y al cual todo el Vaticano se encuentra sometido vía
twitter y facebook. Twit en inglés es gilipollas y facebook cara de libro
paniaguados. Roma trata a su gente como gilipollas y paniaguados. Pero de esto
ya nos puso en antecedentes el Salvador cuando predicó a los hipócritas a los
levitas, a los fariseos, a los curas encastillados en la soberbia y en el
poder. Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y fue asaltado por ladrones que
lo dejaron medio muerto. Pasó un sacerdote y cruzó de largo. Vino después un
escriba el cual tampoco se detuvo. Sin embargo, acertó a bajar por allí un
samaritano, pecador, algo borrachín y con no muy buena reputación el cual cargó
con el herido a su jumento, lo llevó a curar y dijo a los sanitarios que todos
los gastos correrían de su cuenta. Hoy día de la Asunción a la vista de una
Iglesia que nada tiene que ver con aquella que yo soñé de niño y al que podría
aplicarse la parábola del buen samaritano (cuantas veces estuve en dificultades
y pedí auxilio sus sacerdotes, sus escribas, sus levitas se desentendieron
mostrando una falta de humanidad rayana en el paroxismo) he rememorado aquellos
quince agosto cuando en el valle suenan los estrepitosos voladores. Hoy es
fiesta en muchos pueblos de por aquí. Mi fe en Cristo Jesús y mi amor a la
Virgen poco tienen que ver con este circo y estas maniobras comecocos del
sucesor de Wojtyla. ¿Llega un vicedios o un embajador del diablo? O un nuevo
judas que ajustó la venta de la iglesia al sanedrín por veinte siclos. Pese a
las traiciones Cristo está en la historia y el atardecer es hermoso.
La plenitud del verano el sol en su cenit nos acogía tiempo
de augusto. Íbamos al valle de Tejadilla a coger moruelas. La oxicanta o el
escaramujo pintaban entre las zarzas.
—Estas son buenas, Teodoro.
Mi amigo Doro y el que suscribe cuando amanecía dios por los
torrentes y blanquea la cal por las torreras antes del amanecer cogíamos el
fruto medicinal y poco a poco las echábamos en un bote. Eran buenas para el
hígado y el boticario de Santiespiritu las pagaba a duro el cuarto kilo. Al
alba un jolgorio de campanas llenaba la ciudad se místicas y alegres
sonoridades. Era el único día que subían los sacristanes a la torre de la
llamada Dama de las catedrales. Melecio el sacristán mayor que era pariente del
deán y que solía recorrer el templo con un atadijo de llaves y era un segoviano
de pelo fuerte muy cano y de fácil sonrisa dirigía aquel repique. Una vez
subimos con él los cien metros de escalera. El huso de la empinada escalera era
tan estrecha que había que subir de costadilla pisando palomizo y gallinácea.
Chovas, golondrinas y aves de todas las especies habían posado allí durante
siglos. Merecía con todo pasar canguelo trepando por las angostas oscuridades.
Desde lo alto del campanario se divisaba en la majestad de sus campos media
Castilla. El tañer de la campana gorda sólo una vez por año la mañana del 15 de
agosto se esparcía por la ciudad
amurallada con euforia de ritmos y megafonías triunfales porque ese día no se
tañía “de sencillo”. Era el Día de la Virgen. Nos habían hablado del sueño que
tuvo san Agustín sobre la mística ciudad de Dios basada en la armonía, el
concento y el contento, la ausencia de maldades sin crímenes ni robos ni
borracheras ni bandos bajo el báculo del obispo y la espada del príncipe que
velaban por la seguridad de los súbditos y fomentaban la conllevancia entre las
diferentes clases sociales meditante los gremios- a casa uno le correspondía un
oficio y todos los miembros de la comunidad eran útiles y estaban adscritos a
un puesto, a un lugar. Era la utopía y aquellas campanas de mi pueblo recogían el
eco de aquella llamada a la excelsitud. Hay que buscar la excelencia. Miremos a
lo alto. En el cielo sonreía la Virgen maternal con un niño en brazos. Aquella
mujer que aplastaría la cabeza del dragón había estado subida a aquel trono de
nubes desde mucho antes. Los egipcios la llamaban Isis y Horus. Para los
romanos era una diosa que se paseaba por los campos en un carro de fuego tirado
por leones. La diosa Cibeles. No importa la denominación pero en algo hay que
creer. Bebamos de los vasos sagrados. No rompamos las orzas. Sagrado es el
vientre de la mujer. En ella nos concibieron pero estamos hechos de barro.
Había un grito triunfal que al final de la liturgia prorrumpía el subdiácono:
—In conceptione tua inmaculata fuiste
Y contestaba el orfeón:
—Ora pro nobis Deo qui Verbum peperisti.
—Assumpta es in coelo.
Te llevaron al cielo en volandas. Y para ti la tierra te fue
leve porque te dormiste. Asunción dormición de acuerdo con la tradición
oriental. Un serafín entona hoy con más brío las estrofas del Akathistos.
Alegraos mujeres del mundo porque en Ella está vuestro triunfo. En España el
país de la Virgen pura cristiana pero que rindió culto a Cibeles, a Isis y
Horus y otras deidades ibéricas de la fecundidad se escucha la voz del serafín
anunciando la búsqueda perpetua del amor que no se extingue o la llama que no
se apaga pero también suenan pasacalles. Tan. Tan. Talan. Tan. El grito de
aquel bronce en día tan significado lo llevo inscrito en mi memoria. Debe de
ser que la fe entra por el oído como decían los padres de la iglesia y la
religión tiene que ver mucho con la acústica. Sin ortofonía ya no queda
armonía. Y han derribado los púlpitos.
Derribado el tornavoz que en su techo mostraba la paloma del
Espíritu y suprimida la predicación pues la Iglesia ha suprimido la predicación
que tiraría por tierra la sagrada didascalia sólo nos quedan las campanas para
hablarnos de Dios.
Bajo la atenta mirada del sacristán mayor al que recuerdo con
su cara bondadosa y caminando por las naves de la iglesia arrastrando los pies
(debía de tenerlos planos) con un manojo de llaves engarzados a la cintura tres
mozos de la parroquia elegidos por sorteo para repicar se las veían y deseaban
para girar la melena de la gran campana. El bronce y el roble eran símbolo de
los días augustos. Segovia y concretamente aquella iglesia mayor, un canto del
cisne del gótico tardío producto del ingenio del gran arquitecto Juan Guas,
consagrada a la Asunción, festejaba a su patrona. Era fiesta mayor y uno de los
días más hermosos de aquellos estíos de mi infancia cuando íbamos a coger moras
a Tejadilla o a Juarrillos para luego bañarnos en los peñascales del río
Eresma. Las gentes, las casas y los objetos parecían tener un fulgor particular
ya en los comedios del verano. La mies se acumulaba en los trojes acabada la
bielda. Los majuelos en sazón mostraban racimos como ubres bajo los entorchados
de las parras o las cepas crecidas de pámpanos. Días de Baco y de Ceres que
retornaban bajo diferente adoración. El sol augusto amparaba los campos y, el
verano de vencida, los barrios estaban repletos de veraneantes. A todas las
horas pululaba el gentío por la calle real. Los primeros turistas americanos e
ingleses se hacían fotos en el pretil de la Canaleja. El bigote de Clark Gable
sonreía, morboso, en los carteles anunciaban películas como el “Viento se
llevó” que fue prohibida por inmoral. Era un 3R pecado mortal. Total por un par
de besos que le da el bueno del Orejas el pabellón auricular más sexy de
Hollywood se armó un escándalo. ¿Qué hubiera hecho o dicho el obispo fray
Daniel hoy en día ante la ola de pornografía que nos invade? Volverse a morir.
La castidad ya no se estila. Las púberes canéforas han dejado de ir con flores
a María y hasta la duquesa de Alba, ese carcamal, se ha echado un novio
funcionario al que pasea por Sevilla. Entonces las mujeres para entrar en la
casa de Dios tenían que ir recatadas. La manga corta y los escotes, cosa
prohibida. Se quema incienso en los altares paganos al adulterio, al hedonismo.
Tetas y coños melenas al viento ululan y pululan por las viscerales revistas
del corazón. En veinte siglos de
cristiandad no había padecido España la peor lacra que acomete a un pueblo: la
baja natalidad. Destruida la autoridad paterna muchos padres están acobardados
sin saber por donde tirar. Se ha destruido a la familia y muchos hogares son un
sufrimiento. ¿A quien recurrir? A la Virgen de Agosto. Pero no nos engañemos.
Entonces también se hacía el amor. A la caída de la tarde los bosques del
pinarillo se poblaban de mirones que iban a espiar los muy sádicos a las
parejas en faena. La Farela que era la mancebía que estaba en la Calle de
Cantarranas puerta por medio del convento de Santa Isabel tenía mucho trabajo
con la venida de los de la IPS. No tiene enmienda pero entonces las cosas se
hacían con más recato y a los jóvenes se nos inculcaba un código de valores
para discernir el bien y el mal. Emborracharse o irse de putas no eran actos
para merecer una condecoración. Hoy los amoríos y líos de falda se pagan mucho
dinero en exclusivas en las revistas del corazón. Si había habido buena cosecha
todas las mesas de la terraza del Columba bajo los arcos del Azoguejo estaban
ocupadas de gente de los pueblos que acudía los jueves al mercado de la capital
y entre el ir y venir de camareros de blancas chaquetillas y rojas
charreteras —todo parecía como
militarizado y reglamentado por aquellos días se veía a los tratantes de
Turegano fumándose un farias. — Corrían por la bandejas bastantes billetes verdes.
Los marraneros de Extremadura saldaban buenos tratos con la venta del cerdo
jaro y para Nochebuena tras la matanza del marranillo morato comíamos morcillas
y jamón de jabugo. Por la calle Real para arriba para abajo no se veían más que
gorras de plato. Por todas partes, militares. A los de la guarnición se
agregaban los estudiantes de la IPS que hacían la mili durante tres veranos en
Robledo y salían de alféreces. Y estudiantes muchos estudiantes que enviaban
sus padres para estudiar una carrera o prepararse para la Escuela de Magisterio.
La pluma la cruz y la espada eran la marca de España. Hoy esto muchos lo
encuentran anacrónico o fascista pero había mucho más respeto, mejor
convivencia, más alternancia y más
posibilidades, hoy los caminos se han cerrado para los jóvenes sin que
el papa haya dicho ni esta boca es mía al respecto.
La imagen que da la
informativa zapateril no se corresponde con las realidades pero han vuelto a
este país los torticeros de la historia los muñidores de la infamia. Los bobos
de Intereconomía y de la COPE, los insidiosos del ABC que quieren copiar en
Madrid al New York Times. Estos bobos son los de siempre. Entre bobos anda el
juego. Zapatero a tus zapatos y cuando la clerigalla mete los hocicos en
político en este país vamos marcha atrás. Los curas no se resisten a perder la
parcela pero España es laica, ha dejado de ser católica y la culpa es de ellos.
Dios es un proscrito en nuestra vía diaria. Se ha mandado al exilio el culto a
la belleza inmaterial para quemar incienso en las aras de la cutrez, la ordinariez,
el morbo. Sólo vale todo lo que se come, se esgrime y se caga en inglés y a las
nuevas generaciones de españoles se les ha negado el privilegio de conocer su
historia, de hablar su idioma y la jerarquía que no ha movido un músculo para
evitarlo antes bien se unió a la ola es culpable de este orden de cosas.
Entretanto, Doro y yo introducimos las bayas en una cesta y a
lomos de nuestras bicis cruzando el Puente de Hierro y por detrás de los
ventorros camino de Hontoria subimos a Valdevilla. El puente romano parecía
nuevo flamante y sus piedras tenían dos mil años. Por ellas caminaron las
legiones de Augusto y los rabadanes de la mesta. Seguía el concierto campanero
impregnando de melodía el aire de la mañana. Todas las torres se pusieron a
tocar para acompañar a la campana gorda. Como la señora Teo había ido a la
peinadora mi amigo Doro desayunó en casa. Restauradas las fuerzas a base de un
café con leche y picatostes, nos pusimos el traje de los domingos y otra vez
pedaleamos por el Camino Nuevo hasta llegar a la catedral. Don Asterio el
precentor encargado de dirigir las voces blancas ya nos estaba echando en
falta.
—Creí que no llegabais.
—Es que fuimos a Tejadilla por un mandado.
—Hoy no se va a por moras. Hay que estar aquí derechos como
velas para cantar a la Patrona. ¿Estamos?
—Sí don Asterio- respondimos los dos escolanos agachando las
cabezas.
El día de Nuestra
Señora el aire de la ciudad, las caras iluminadas de las gentes, las palabras y
hasta las broncas del maestro de capilla no sonaban tan impetuosas. En aquel
momento entraron en la sacristía dos sacerdotes con capa pluvial que llevaban
una barra de plata rematada en un santo cristo cada uno de los dos. Eran los
pertigueros. Los prestes se atacaban el alba con el cíngulo o se echaban la
casulla cerca de las cajoneras de la gran sacristía contemplándose en los
oscuros espejos devolvían una imagen triste y fantasmagóricas de sus figuras.
Algunos comentaban incidencias de la vida local y Melecio el sacristán le
hablaba de un automóvil que acababa de salir al mercado.
—Don Fernando, porqué no se compra un 600. Ese coche le
vendría bien para ver las tenadas y las algarrobas que tiene en su pueblo.
—¿Y para qué quiero yo un 600, hijo, si no tengo para
gasolina?
—Pues tambien es verdad, señor deán. No me había dado cuenta.
Echarse coche es fácil. Lo peor es mantenerlo.
El obispo, hombre muy bondadoso, no decía nada pero asistía a
la conversación con una tímida sonrisa mientras se colocaba la mitra toda de
nieve. El maestro de ceremonias golpeó con una vara uno de los bancos y al son
de tres golpes secos la escolanía entonó la antífona de entrada.
—Niños a coro- exclamó don Asterio
Y se inició la procesión. El grupo de acólitos con nuestras
sotanillas rojas de lana abríamos carrera al séquito que a través de la girola
detrás del altar mayor recorría las naves y las múltiples capillas luciendo la
pompa y esplendor del rito visigótico a lo largo de aquel templo que era el más
grande de España después del de Sevilla. Abría carrera la cruz procesional
flanqueada por los ciriales. Yo caminaba portando el acetre con el hisopo y la
naveta haciendo las veces de ayudante de Teodoro que oficiaba de turiferario.
La comitiva ascendió las gradas del presbiterio y el cabildo cruzó el enlosado
de la nave central con enterramientos de todos los obispos de la diócesis desde
san Hieroteo hasta la fecha y todos ocuparon su sitial. Tras el canto del
magnificat se iniciaron los Kyries de la misa cum jubilo. Las deprecantes notas
del responsorio surgían como voces clamando al cielo iban a besar las impostas
o se esfumaban por las bóvedas de crestería. Las voces se habían escuchado allí
durante siglos deprecantes, compungidas, pidiendo la misericordia divina. Ten
misericordia de nosotros, señor. Aquella plegaria había sonado en aquel recinto
miles de veces. Kyrie eleison. Una fila de clérigos con los ornamentos más
ricos que guardaba la eucaristía para aquel jueves que relucía más que el sol —
había casullas y dalmáticas del siglo XI y una regalada por doña Berengüela que
enseñaban estampados y fimbrias que eran obras de arte, nuestros antepasados
reservaban lo mejor de sí mismos para la Virgen y el Señor, no había codicia
ninguna en las legaciones— y don Asterio nuestro precentor que aquel jueves
oficiaba como subdiácono llevaba una gorjal en el cogote que le hacía muy
respetable, se parecía a san Lorenzo, con fimbrias hiladas en oro macizo que
debieron de costar un dineral (andando el tiempo tuve ocasión de admirar en un
archivo la preciosa tunicela). A pesar de las joyas que llevaba encima don
Asterio era pobre como una rata y moriría en pobreza. ¿Quién podrá acusar de
avaricia a aquellos pobres clérigos de Segovia? Vivían de un magro estipendio,
alguna capellanía monjil, y algún funeral por el que percibía un duro por misa.
No. Es posible que en el Vaticano sean ricos pero los curas son pobres. Son de
los nuestros y además tenía Asterio que aguantar al edecán del obispo que era
un hombre pequeñito de pelo blanco y de sonrisa bonancible sometido a la regia
voluntad de su fámulo. De la gestión y el mangoneo de la diócesis se encargaba
Julián Tuero un asturiano fornido que había nacido en el pueblo del Inquisidor
Valdés. Sus gestos eran muy vivos y la mirada penetrante. Daba órdenes al
cabildo haciendo sonar su gran vozarrón. Gustaba ser denominado hijo del
trueno. Era un aristócrata. El obispo, un pordiosero.
Me releo, consuelos de mis relecturas que son mis
desventuras. Una pena que todo este
esfuerzo de mi redacción ininterrumpida caiga en baldío. Palabras de consuelo que no llegarán a un
oído y remiembro la parábola del Sembrador.
Buena y mala semilla. Pero para
semilla las cenizas de Agustín polvo escondido debajo de las raíces fuertes de
una malva. Tiramos y no las podíamos
arrancar. Cuidado no te hagas daño. Sigo
bajo la impresión de muestra nada y vuelvo a Garrafatina. José García Acuña digo yo en mi manuscrito
“Diaconías” es un clásico, un clásico de Segovia pero no lo conoce ni la madre
que lo echó al mundo. De vita et
moribus. Lecturas olvidadas en España de cuerpo presente. La derecha extrema
sus medidas y su persecución afloran vigilantes por todas las partes. Lo mismo que Antonio Martínez Merchán. Él es
uno de los del 68. Como Umbral, como Raúl del Pozo, Chus Amilibia, Payno, José
Luis Balbín, Jesús Quintero. Torbado, o el gran musicólogo Joaquín Díaz el que
nos resucitó las viejas canciones de España, o yo mismo. Debió de ser uno de
esos chicos que guitarra al hombro, un macuto y un buen dedo para hacer
auto-stop se lanzaron a los caminos allende el Pirineo. Querían ver arder Paris
y París no ardió. Triste y sola queda Fonseca y tristes y solitarias quedaron
las aulas de la Sorbona. Ellos fueron los que se perdieron por las cavas
existencialistas de la orilla izquierda del Sena, se emborracharon de cerveza y
de ideología, arrancaron unos cuantos adoquines del bulevar de San Germán el de
los Curas y los lanzaron contra los gendarmes que exhibían porras y vestían
unos impermeables siniestros. Hizo frío en aquella lluviosa primavera. Se
volcaron algunas lecheras celulares y se escucharon algunos discursos
incendiarios de un muchacho judío pelirrojo. Hoy Cohn Bendit se ha jubilado de
una multinacional alemana con un pingüe buen pasar. A Rudi el Rojo lo mataron o
murió al poco tiempo. Pero aquello no fue una revolución. Una algarada no más
de la que sólo queda alguna que otra canción protesta. Se hablaba de un
marxismo de salón que daría en España copiosos frutos porque a partir de aquel
movimiento sucedáneo les fue bien a los que cambiaron de chaqueta. A los
Felipes, a los Solanas, a los Guerras. A los que no tuvieron esa osadía que
supondría renegar de sus principios y abrazar el cambio para que todo siguiera
igual les fue mal y fueron considerados como bichos raros. Fueron considerados
como metecos o extranjeros en la república de las letras. A mí me parece que un
español no nació para ser ni idiota ni ilota y está claro que el liberalismo
económico al que se adhieren aquellos marxistas y socialistas de aluvión ha
sido un hecho redituable en sus carreras y en sus vidas. ¿A cambio de qué?
Vender a la patria. Comulgar con ruedas de molino y es aquella España y
concretamente aquella Segovia que se fue para no volver la que yo trato de
revivir en estas páginas. En nuestra adolescencia conocimos los últimos
coletazos del medievo: aquella vida del campo con sus aperos, tríllos, horcas,
máquinas de beldar, zoquetas, trillos, garabatos, y hoy estamos en el teléfono
móvil, en el ipod y en el televisor con quinientos canales. Queríamos cambiar
el mundo y es el mundo, la vida, las nuevas tecnologías, los que nos han
cambiado a nosotros. Claro que por aquellos días jugábamos con ventaja. Sobraba
lo que hoy falta: trabajo. Glosando la frase de MacMillan el primer ministro
inglés “we never had it so good”. Y
en verdad algunos no lo tuvieron tan a huevo. En el 64 un mozo de Segovia con
veinte años cumplidos se fue a Londres a fregar platos. Pensé que nunca
volvería llevado por la creencia papanata un vicio muy de aquel reemplazo que
en el extranjero ataban galgos con longaniza. Pero regresé. La luz de Segovia
atrae como un imán y a estas alturas de mi vida albergo mis dudas sobre si
Europa debe “segovianizarse” o Segovia convertirse en California renunciando a
sus antiguos valores ancestros, y ser una especie de punto de contacto o
encrucijada, un nuevo Venta de Baños global. Para mí volver a garrafatina es
retornar a mis raíces sin renunciar a la vieja rebeldía, aquella llama de furor
en la cual me consumo y que no consiguieron apagar los huracanes de mi
existencia. Yo también soy un indignado pero a mí manera pero mis indignados no
son los del 2011 sino los de 1968, algunos de los cuales, ay, ya crían malvas y
todos peinamos canas o estamos calvos. Al escribir este libro desearía volver a
ser aquel niño que fui. Asomarme al balcón de la infancia y contemplar otra vez
la ciudad en que nací y que acaso no sea más que un ente de razón, un punto de
referencia estética que no existió sino en mi cabeza como el Dublín de Joyce,
la Vetusta clariniana, el Petrogrado de Dostoyevski, el Moscú de Chejov, el
Madrid de Galdós, la Barcelona de Agustí. Todo un tótem de referencias
literarias y de anhelos. Algunos de ellos se han cumplido. Otros pasaron de
largo pero que me han hecho vivir la vida en escritor, comunicador, periodista.
La bruja que ha guiado mis pasos y que marcará el rumbo hasta que el corazón
deje de latir.
Garrafatina
no es más que el fruto del algarrobo disecado.
Las que compraba yo a la Isabel la de la cesta viuda de guerra que
paseaba su pobreza y sus churros a perra chicas por el real de la feria cuando
venían caballitos al Paseo del Salón o por los alrededores de la dehesa de
Enrique IV detrás del cuartel de la guardia civil donde se instalaba el
circo. Ya no hay real. Plantaron olmos y han crecido. Hoy hay un bosque camino de la estación pero el cuartel de la
GC sigue así con sus ventanas cerradas y la puerta mayor pintada de verde el
color del cuerpo. Garrafatina para
todos. En la plazoleta de Santa Eulalia
crece solemne el viejo almez. Es el
árbol de las catorcenas. Sus ramas
amparaban los gallardetes de las fiestas tristes y hasta me pareció escuchar
los ejercicios de música de aquel dulzainero en el portal de una casa de
Cantarranas donde planeaban las moscas. Debía de ser medio pariente de Agapito
Marazuela. La casa del hidalgo sigue con sus soportales sobre macizos
intercolumnios de granito y un letrero en la ventana que pon: se vende.
¿Zabarcera señá Isabel adonde te
habrás ido caminando con tu cestilla, hijo, hijo? ¿Y tus pendientes de aljófar
aquellos que gastaban las segovianas de pro y el recuerdo de tu marido muerto
en guerra, toda de luto por él y por los que llevaron a presidio? Mis vivencias de Segovia son puras. Hay codas del himno catedralicio, percibo
fulgores de ocasos olvidados. Luz de
Segovia cromatismos inconfundibles vida y recuerdos para mi persona. ¿Dónde se
han metido las chovas augurales anidando en las socarrenas de las murallas en
cuyos sillares romanos —había uno frente a la casa donde
yo nací dedicado a un tal Juvenal filio de Juvenalis— y
aquel patricio romano debió de ser muy juvenil, que yo desde la Casa de la
Troya que vieron mis ojos cabe la puerta del Socorro miraba aquellas grafías
embelesado que luego determinaron para mi desgracia o suerte mi vocación de
latinista y mi amor a la Iglesia? Un
poco más arriba crecía una mata grande de parietaria. Todas estas sensaciones levitaran en la
memoria y parece que estoy viendo salir a uno de la IPS con una sonrisa de
oreja a oreja de la casa de la Farela. Somos polvo pero aquel alférez había
echado un buen polvo. Avatares de la vida misma. El sexo en la Farela un jardín de delicias y
una caja de torturas contra cuyas puertas acorazadas de cinc los chicos de ayer
arrojábamos pedradas. ¡Que sacrilegio!
Acantear al amor era ir contra la vida pero como los curas- y era esa una de las máximas obsesiones de
entonces- decían que era pecado y que te ibas al infierno, pues eso: a cantazo
limpio. A pesar de todo las cigüeñas seguían machacando el ajo sobre los
belvederes románicos y el chapitel pizarra de San Esteban era una pista de
patinaje donde aterrizaban ángeles del cielo y eran reconducidas suavemente por
el pararrayos hasta el cristo de la mano tendida del desenclavo. Estaban las
escuelas teológicas. En Segovia se
detecta la presencia de los grandes dominicos como Melchor Cano con sus debates
y sus historias de Trento. Peleas de
cura por un artículo, la forma de un verbo o una copulativa expletiva. La cosa
va de enclíticos. Hay minucias que
pueden desencadenar grandes tormentas.
Los laxistas de Juan Eudes y los rigoristas de Carlos Borromeo. Vuelvan
tales pendencias y a mí me tiene tomada la medida un tal Ismael con su rostro
perfilado de cogujada un pájaro menor que apenas canta y solo se ve correr por
el sembrado robando migas. ¿Con cual de las dos escuelas yo estoy? Ni con una ni con otra. Hombre me gusta Aristóteles pero nunca le
negaría favores a Platón. Santo Tomás y san
Buenaventura cada uno en su castillo pero amo el cister con su mística. Nos vendrían bien unos cuantos cistercienses
con sus cantos a la Virgen, algo que ahora sólo hacen los rusos y lo hacen muy
bien por Internet. Es una gozada escuchar atentos las 24 estrofas del
Akathistos que recita con voz solemne y bien timbrada un diacono. Europa si renuncia al monacato una de sus
esencias tendrá la batalla perdida.
Monje yo soy monje que voy recitando mis plegarias camino del trabajo y
solicito el concurso del divino Miguel. Melchor Cano 1503-1560 y Domingo de
Soto 1494-1560 fueron mis conterráneos ambos padres tridentinos y con aula y
cátedra en el colegio de abajo lo que es ahora la Sek y antes era el
hospicio. Oh Segovia de mis amores
ciudad perfecta elevada en la cúspide con un aire inmarcesible, columna de la
iglesia. Sus cien torres son
silogismos. Curiosamente estos dominicos
eran de padres conversos. Que no nos
hablen en Segovia de judíos. Todo ese
mundo lo conocemos. Que no nos toquen a
los judíos pero nuestro Israel no está en un lugar concreto en la tierra
prometido donde los ríos manan leche y miel sino en la ciudad de dios en un
ente de razón. Y la Fuencisla es la más
hebrea de todas las vírgenes del mundo. Bajó del cielo para tender su manto
como un paracaídas y que aquella israelí no se hiciera daño. Miriam del Salto y nuestra patrona fueron las
primeras victimas de esa violencia que se da en llamar ahora de género y de
degenerados. La verdad que el que pega a
una mujer no tiene perdón de dios y la verdad es que todos hemos degenerado
algo. Los marranos del sanedrín local la
despeñaron acusándola de adulterio. En
Segovia unidos a la devoción a Fuencisla
todos somos María del Salto. Que
no nos despojen de nuestras leyendas ni de nuestros mitos. Con ella nos
despeñan o nos despeñamos. Torre de san
Justo y del Salvador son dos vigilantes de los días y las noches segovianas
dando escolta a los cipreses detrás de la tapia del cementerio del Santo Ángel
en otro cerro. La muerte tiene su literatura
y su sobrecarga por estos sexmos. La
muerte no existe. Es tan familiar a nuestros recios huesos que pasamos sobre
ellas como de puntillas. Taller de
ruedas del pobre quico Sabaté. ¡Cuantos se han ido! Y Ramón y la señora Antonia. Una resaca de emociones de versos y de papel.
Montones por los que andamos encaramados dando voces. Segovia en la memoria. Segovia en el corazón. Hoy a perderme por las tabernas de los
barrios y en Cándido daré gusto a mis quijadas y despedir a todo eso que se va
con besos al jarro. Y esto no es una figura retórica, quiero decir un cleuasmo
sino palabra de vida y de verdad.
Paraclética actitud. Os estoy
mirando. Sic igitur ad astra,
remozo mis clásicos.
EL DÍA DE MI PRIMERA COMUNIÓN HACE 56 AÑOS
Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves
Santo Corpus Christi y el Día de la Ascensión. Aquel día en mi querida Segovia
era la fiesta de la Ascensión día gris encapotado de nubes y de dulces cantos
silentes del serafín de la dicha. Hoy a este lado de la Mujer Muerta y Siete
Picos cúspides sagradas de mi niñez que yo veo o intuyo desde los campos de
Brunete, campos de mi “vejentud” luce un sol espléndido de 56 años después y
hoy es el Corpus la fiesta solemne de la Eucaristía que en griego significa sentir
la gracia y estar en onda con la belleza. Eucaristías y eulogías en mi corazón.
Eulogía es hablar bien. Prosperar en comunión con el Logos. El Verbo. In principio erat Verbum. Uno desde
entonces ha sido un Eulogio que va por el camino mirando para la hostia que
está perpetuamente expuesta en el corazón y que irradia fuego interior. El fuego divino ha bajado a la tierra y estará
con nosotros hasta la consumación de los siglos. Este misterio ningún mortal
después de Juan Evangelista supo traducirlo a palabras de hombre con tanta
acucia y perspectiva como Tomás de Aquino. Teología global. Pange lingua gloriosi Corporis Mysterium sanguinisque pretiosi quem in mundi pretium fructus
ventri generosi Rex effudit gentium (canta lengua mía el misterio del
cuerpo glorioso y de la Sangre que el Rey de las naciones hijo del generoso
vientre de una Madre derramó por rescatar al mundo). Mis amigos de la infancia
se llamaban Toñi, Merceditas, Rafita, José Luis y mi hermano Javi. La víspera
de aquel día la recuerdo perfectamente. Era un día de calor. Toñi, Rafita,
Merche, José Luis Casado y yo mientras todas las campanas de las cuarenta y
tantas iglesias de Segovia repicaban a gloria jugábamos a la malla por entre
las peñas del Río Clamores. Todavía había neveros blancos en la sierra. Al
abuelo Benjamín lo recuerdo sentado en la terraza de aquella casa de Valdevilla
recién estrenada. Había traído una cesta de guindas cogidas la víspera del
huerto y pan blanco reciente.
—Ten, hijo, todavía
puedes comer hasta las doce de la noche
—¿No peco abuelito?
—No pero tienes que
ser bueno y bien mandado.
—Sí.
Aquella merienda fue exquisito yantar de dioses con un
corrusco de la hogaza encentada a mano al lado del querido abuelo Benjamín que
se había echado la boina sobre los ojos perezosamente para resguardarse de los
rayos de Apolo que doraban los pretiles del puente romano y proyectaban
resquicios lumínicos entre las hojas de la acacia joven. A partir de la
medianoche no se podía tomar ni un vaso de agua y la norma del ayuno era guardada
religiosamente en la católica España que yo ahora añoro y tan es así que
algunos sentían escrúpulos si por descuido habían ingerido algún alimento y
cometido sacrilegio. Me desperté casi al alba y en el comedor estaba la
sorpresa: mi traje de primera comunión que había hecho para mí a la medida Blas
Carpintero el sastre de Segovia al que recuerdo su calva su gran nariz y sus
dedos expertos y acariciantes cuando me tomaba medidas. Tan locuaz y buena
persona y unos anillos de oro en sus dedos que debían valer una pasta. Por
aquel día el sartorial menester de los alfayates daba para una posición
acomodada. Era un traje blanco con capa y bordados como el de Joselito y al que
cantaba Antonio Molina. Todo era blanco y puro. Una buena capa todo lo capa pero
aquel traje de mi primera comunión que me sentaba que ni pintada no tapaba sino
que enseñaba un niño puro y feliz. Blanco de arriba abajo. Blanco hasta los
zapatos: la corbata pajarita, el chaleco, la camisa, el cinturón, el pasador,
las presillas. Todo. El señor Casado y la señora Henar los padres de Merceditas
vinieron a participar ver salir de casa al comulgando.
—A ver si nos
ensuciamos eh.
Y con las mismas nos encaminamos a pie toda una comitiva de
quince o veinte personas porque me acompañaban mis padres mi abuelillo Benjamín
mis tíos y mi hermano Javi que iba vestido de marinero y que recibió la primera
tunda de mi primera comunión que no era la suya pues no se le ocurrió otra cosa
que meterse en un charco y ponerse perdido el traje de marinero. Se plantó a
llorar y a decir:
—Yo quiero ir
primera comunión como mi hermano
—Déjale que está
burrísimo— dijo mi padre dándole un pequeño azote en el culo pero con lo fuerte
que era mi padre y lo gorda que tenía la mano de cuadrar piezas de artillería
en los campamentos una caricia suya era como la confirmación del obispo.
—Tira palante.
—Yo quiero ir de
primera comunión con un traje como el de mi hermano.
—A ver si te
callas, Javierito que si no cobras
Cuando llegamos a la
iglesia de los claretianos el atrio estaba lleno de familias acompañando a los
comulgantes. Bendito jolgorio infantil.
—La vela ¿Habéis
traído la vela, chiquitos?
—No.
El señor Casado el hombre otra de las personas buenas que
jalonaron mi infancia [era brigada de Artillería] fue arreando a comprarla a
una cerería. Las cererías abundaban en Segovia por aquel entonces pues éramos
católicos a machamartillo y nada de cultura laica. Y con aquel cirio en la mano
me acerqué por primera vez al altar. Recuerdo la misa, el sonido del armonium, los
cantos como el “Cerca de Ti Señor” el fulgente retablo, las casullas blancas de
los oficiantes y las dalmáticas y gorjal de los diáconos y sobre todo la mirada
piadosa de la Virgen. La iglesia estaba atestada. De la mano del Padre Sanabria
que fue el padrino de todos subimos a la grada y el preste era el rector el
padre Alonso nacido en Urueñas y hasta el monaguillo que sostiene la
palmatoria. Todos íbamos de blanco. Se llamaba Otero y pertenecía al gremio de aquellos monaguillos
pillos que se guardaban las perras en el bolsillo. La iglesia estaba de bote en
bote. El padre Alonso nos echó una plática tan breve como hermosa. Habéis
venido a recibir a Jesús y este cuerpo que acabáis de tomar os va a convertir
en otros cristos. No entendí de todo bien la frase pero se me quedó grabada y
desde entonces la vela, mi vela, la que me compró el brigada Casado a toda
prisa, estuvo encendida. Luego el desayuno: café con leche y churros con
picatostes. Mi madre invitó a todo el barrio. En aquella España las casas estaban
abiertas las veinticuatro horas del día y todos éramos de la familia. Ah mi
capa blanca, una capa blanca todo lo tapa. Que tape mis pecados. No la llevé
puesta sobre mis hombros más que unas horas pero aun me abriga en los recuerdos
de los cierzos hielos y escarchas de mi existencia. Ahora al cabo de muchos
años entiendo perfectamente a Napoleón, el introductor de la cultura laica,
cuando vencido y desterrado en santa Elena le preguntaban:
—Mariscal ¿Cuál fue
el día más feliz de vuestra vida? ¿Fue Austerlitz ¿Fue Egipto? ¿Fue el día en
que vos entrasteis en Paris para proclamar el imperio?
Y Bonaparte movía la cabeza con tristeza a todas esas
insinuaciones.
▬No. Os equivocáis.
▬Entonces ¿Cuál fe?
▬El Día de mi
primera comunión.
Lo mismo digo. Bendito seas, Señor. Aquel día de cielo gris y
nubes bajas llegó hasta mí envuelto con este recordatorio que subo aquí el
cayado del Buen Pastor y la Túnica bendita el olor a rosas. El sabor a guindas
del huerto de mi abuelo, el traje blanco. Fue un jueves que lució más que el
sol. Aquel 22 de mayo de 1952 día de la Ascensión. Cuando mi hermano Javierito
cobró. Dejale que está burrísimo…
VIENDO PASAR LA PROCESIÓN
Era Jueves Santo y en Segovia
nevaba. El capirote es un poco cegato y la tela tapa el globo ocular de modo
que no sabes adonde pisas, adonde vas. El penitente ha de profesar una
obediencia de cadáver hacia el mayordomo, como si fuera un profeso jesuita con
el cuarto voto; el Supercofrade pega un golpe seco con la carraca en una de las
andas laterales y grita entre bastidores: al cielo con ello. De ahí esa mirada
de los capuchones de Semana Santa que a mí me asustaban desde niño y podían ser
tan amedrentantes como los zangarrones de Carnaval.
—¡Uh. Uh¡ Que te asusto.¡
Uh. Uh! El coco te va a comer.
En estas manifestaciones de fervor
religioso en mi católica y milenaria ciudad el quid de la cuestión estaba en el
morbo masoquista de los flagelantes o en el canto como un lamento de las
manolas que procesionaban descalzas entonando el perdona a tu pueblo,
Señor… Luego ese capirote ridículo que no era sino los viejos remilgos
del alma colectiva de un pueblo que temblaba ante la Inquisición y tenía que
hacer muestra y profesión publica de fe en mi Segovia, y eso que allí hemos
sido de siempre cristianos viejos. También a los relajados al brazo secular del
Santo Oficio lo vestían con una túnica morada, les tapaban el rostro y les
subían en un jumento. Que habrían de cabalgar cara atrás.
A la hoguera se iba siempre a
reculas; el reo no tenía que mirar nunca para el verdugo aunque Quevedo nos
confiesa que el padre del Buscón Pablillos subió a la horca contando chistes y
haciendo recomendaciones a los corchetes para que arreglasen un poco la
tablazón del patíbulo para la próxima ocasión porque algunos peldaños estaban
rotos.
Las procesiones son remembranza enigmática de
aquel abigarrado ambiente dogmático del vivir teológico de nuestros
antepasados. Había triunfado el catolicismo. Casi nadie explica cómo perviven
tales representaciones del fervor popular hasta el día de hoy pero esto forma
parte del enigma de esta España misteriosa y singular.
Por unas horas aquellas masas
férvidas quitaban a Dios de las manos de los curas y lo sacaban a la calle bajo
estandartes. Era también un mundo gremial. Ciudades divididas en barrios. En el
horizonte las cofradías. Las hermandades competían como en un campeonato de mus
por exhibir el mejor cristo y la Dolorosa más expresiva. Los Siete Cuchillos de
la de Santa Eulalia pugnaban ferozmente con la Virgen al pie de la cruz de
Aniceto Mariñas de San Millán. A ver quien sacaba el paso más cargado de
flores, el más perfumado de incienso. Nosotros éramos de los Dolores de Santa
Eulalia, por otro nombre Nuestra Sra. De los Siete Cuchillos.
Antiguamente sector textil, mayormente tintoreros y peraíles. Los de San Millán
eran alarifes y albañiles. Los del Salvador los sastres y alfayates pero esos
no tenían Virgen. Sacaban el santo Cristo de los Gascones, una talla
impresionante, que trajeron unos monjes templarios de Gascuña en el siglo XII.
Por las calles de mi pueblo aquella noche que
nevaba (era la acción de los vientos exhidras o favonios que para los romanos
anunciando lluvia traían la primavera)
porté mi cruz y camine descalzo y con cadenas por el piso helado. Bajo el capuz
sonaban en mis orejas determinativas las imprecaciones del santo Profeta en los
oficios de viernes santo “Di mi cuerpo a
los que me herían y mis mejillas a los que me mesaban el cabello: no aparté mi
rostro de los que me injuriaban y escupían. El Señor era mi auxilio” [Isaías
50,5,10].
A lo largo de mi vida he sabido lo que es la
calumnia y el gargajo de las bocas purulentas pero mis lomos estaban bien
amarrados. Sint lumbi vestri precinti
(hay que atarse los machos) otras palabras que recordé al ceñirme el cíngulo o
la soga de esparto de cofrade Ninguna asechanza a mi salud no obstante, a
pesar de aquella burrada de caminar descalzo y con una cruz que pesaba ciento
veinte kilos a la costilla. Sólo agujetas un par de días pero luego como si tal
cosa oye. ¿Milagro? ¿Autosugestión? No
lo sabría explicar pero algo hay.
Uno se siente reo no sabe por quien y con
complejo de culpa. La culpa. Oh félix culpa. Luego lo comprendí, era
gente menos aficionada a los toros que a los autos de fe. Allí siempre gustaban
las procesiones y cabalgatas. Pasos. Carrozas. El Santísimo Sacramento. La tarasca
de Corpus. Las fiestas de la Catorcena. La Piedad de Aniceto
Mariñas. El novenario de la Fuencisla. El gallo de san Pedro. La espina
de Santa Rita de Casia. Gigantes, cabezudos y estafermos por San Juan de Junio
y hasta el brazo incorrupto de San
Antonio María Claret que vino a visitarnos un perverso día de enero de 1956. Yo
he visto desfilar bajo los ojos solemnes y ensimismados del acueducto porque
todas las procesiones las de la Semana Grande y las otras confluían en la Plaza
del Azoguejo a gentes variopintas muchas de las cuales ya no pertenecen al
padrón de los vivientes pero que fueron segovianos con algún renombre como
Mariano Conejo o Puchero que dejaron constancia buena o mala de su paso por
esta vida.
No había cine, pocos teatros y muchas ganas de
aprender y de ver cosas.
Los rostros de aquellas grotescas
tallas y esos cristos moribundos, sanguinolentos, llagados y con la expresión
de la agonía, los pelos lacios, hirsutas barbas y esas vírgenes atormentadas de
expresiones compungidas blondas de seda, justillos de encaje, y moqueros de
puntilla, siendo así que las lágrimas eran de cristal, arrastrando mucho peplo
y mucha joya bajo el palio de brillantes se me metieron, alma arriba. Había una
sensualidad entre caótica y teatral en estos desfiles religiosos. Fueron
sensaciones perdurables de las que hemos vivido y aun recordamos. Que llevo
marcadas en lo más profundo de mi ser.
▬ ¿Por qué suelta usted
tanto latinajos en sus escritos, Ejusmodi?
▬ Toma por que va a ser porque parece que
retumban en mis oídos los ecos del canto de la passio que hacían a tres voces
los chantres de mi catedral —Dimas, Jerónimo y don
Bernardino, el bajo Jesús, el contralto, la sinagoga y el tenor, cronista—
dijo don Verumtamen
Y aquellas voces, aquella melodía, suenan como
un grito inmortal en mi memoria. El ámbito de las procesiones era una plástica
muy vigorosa. Sermones tallados en imágenes de escayola labrados en piedra o en
madera de Espirdo. Una teología que entra por los ojos y de la que a lo largo
de tus días no podrás deshacerte jamás. Lo mismo que el sonido lejano de
clarines, timbales y tambores cuando abrían carrera una cohorte de soldados de
la Base Mixta vestidos de romanos detrás del lábaro que portaba un alférez
portaestandarte esgrimiendo la insignia del SPQR (senado y pueblo romano). O el
silencio vibrante del Cristo de los Gascones. Nos llevaban a todas nuestros
padres cuando éramos peques.
Recuerdo un Domingo de Ramos que mi hermano
Nano agarró un berrinche porque quería que los subieran en la borroquilla de
Jesús del paso en la que el Señor hacía su entrada triunfal en Jerusalén.
—Yo quiero ir ahí—decía el niño.
—Hijo mío, no seas caprichotoso, que esto no son los caballitos.
Es Jesús que pasa camino de Jerusalén; tírale un beso
—Yo quiero subir al
burro. Pues sí, pues sí y sí.
Y el Naneras se revolcó en el barro
poniéndose perdido el traje de marinero recién estrenado. Le tuvieron que
calentar el canto, mas ni por esas. Él berreaba aún con más fuerza. Había cogido tal perra que algunas de las
beatas que escoltaban al paso con un cirio encendido y al pecho un escapulario
empezaron a protestar. Chist… silencio, Hagan callar a ese crío que nos disipa.
No se puede cantar ni gritar recio en Jueves Santo. Se ha muerto Dios.
—Estamos de luto—terció
la que iba detrás atusándose un poco la puntilla del velo y arreando casi un
puntapié a la que iba delante.
—Chica, que me estás
echando toda la cera y me pones perdidos los zapatos que acabo de estrenar.
Mi padre estaba hecho todo un brazo
de mar y no sabía qué hacer ni qué arrimos buscar.
Estábamos en la acera de la calle de
Muerte y Vida viendo pasar la procesión y los berridos de mi hermano que estaba
de antojo creo que se escuchaban en la Escarelillas de San Roque a la otra
punta. El deán de la comitiva, don Fernando Revuelta, que bien me acuerdo de su
nombre y de su prócer figura, casi dos metros medía, nos miraba de reojo y un
canónigo pertiguero estuvo a punto de acceder a los deseos del enano y ponerle
sobre los lomos del borriquillo de cartón en lo alto del paso.
—¿Y
ahora qué hacemos, Desiderio?
—Auparle
en lo alto la carroza, don Fernando, a
ver si se calla. ¡Qué chillidos más desoladores!
—Y, si le seguimos dando el gusto, nos pide la luna. ¡Condenado
nene!
—Déjenlo ustedes, señores curas, déjenle que está burrísimo
–terció mi pobre padre.
Aquel día Naneras se acordó de la tunda que le dieron
por ser Domingo de Ramos
Las procesiones duraban tres horas y era casi
media noche cuando regresábamos a casa, mis hermanos medio derrengados y
despeados de tanto estar de pie horas y horas, los pequeños dormidos en brazos
de mi madre. Mi padre nos llevaba a la gigantilla
o en cuello. Papá, cógeme que me
canso.
En el cielo asomaba solemne y
compasiva la luna de Pascua. Sólo comíamos torrijas el jueves y el viernes y
los soldados que desfilaban y los que estaban cubriendo carrera con el ánima
del fusil mirando para abajo. Por la
radio sólo ponían saetas y canto gregoriano (ojalá volviesen aquellos días) y
las calles se llenaban de un sorprendente mujerío. De las hermosas Manolas con
el rosario de cuarzo y la mantilla que iban a velar a Cristo muerto. Los
hombres se metían en las tascas a beber una limonada que hacía que se te
doblaran las piernas y una cazalla que llamaban los taberneros matajudios,
especial de la casa para los dísantos.
Las pítimas que se cogían eran procesionales.
En las iglesias el monago no tocaba la campanilla sino una carraca y los santos
de los retablos estaban tapados tras un lienzo nazareno.
— ¿Por qué
está triste la luna, papá?
A mí ya por entonces me llamaban en
casa el filósofo porque era muy repensado y tenía unas caídas chocantes y se me
ocurría lo que no se ocurre a nadie.
—Porque se
ha muerto Dios, hijo.
Y las campanas de las catorce
parroquias y de los treinta y tantos conventos y monasterios de Segovia estaban
toda la noche tocando a muerto. Tan… tan… tan…tan. Y hasta el Río Clamores
lamía las murallas y la hoz del Pinarillo embebecido de silencio como si
llevase tristeza litúrgica en su raudal. Toda la ciudad estaba de duelo.
Ese mundo de mi infancia es el que quise
recuperar yo hace unos años cuando me vestí de nazareno. Detrás de la Dolorosa
de Santa Eulalia la de los artilleros con las insignias de las lombardas al
través sobre el montón de granadas en el peto de la carroza. Los cabos
gastadores cubrían armas. Nos habíamos puesto el hábito a la bajada de la
cuesta de Cantarranas, enristré las cadenas eslabonadas a un brete que
servía de cerco a los pies y yo debía de ser un espectáculo porque el metal al
contacto con los adoquines tintineaba que las llevaban los demonios o como si
acabase de aterrizar toda una división acorazada en plena Calle Real. Los grilletes
y los golpes de rebenque era una escena antigua de los viejos disciplinantes.
Condenados a galeras por Jesucristo así nos sentíamos, estamos aquí para
cumplir una promesa, para purgar nuestros pecados. Al fin y al cabo todos somos
cómitres y remeros de la vida. Túnicas moradas y hermanos mayores con hábito de
galas, muy distintos al de los vulgares nazarenos con aires prepotentes
subiendo para arriba y para abajo,
dándose mucha importancia. Estos
capuchones que tomaban la delantera y vigilaban la línea eran gordos y con
barriga por lo general. Ostentaban ya una pasión por el mando.
—Siga la
fila, penitente, y ese capirote va de medio lado. – ordenaba el Cofrade Mayor
como si fuese un mariscal de campo.
Yo le había reconocido. Era el
sargento Brocos un gallego que estaba en Mayorías amigo de mi padre y que una
vez jugando al tute en el cuerpo de guardia le dijo:
—Mira, Silvino, lo que más me gusta
a mí en la vida es ir en la procesión de contramaestre. Te recuerdo que yo he
nacido para dar órdenes.
—Sí, sí—rezongaba mi progenitor—
todos los de Orense sois iguales mecachislá.
—Batería… a formar… ar
Estos capuchones impertinentes eran
los capataces y comisarios de la procesión. Esos cabos de vara que siempre te
encuentras en cualquier punto de España. Porque aquí unos van en la procesión y
otros la ven pasar. Esa es la fija. Los que te metían en vereda y hacían
guardar la línea. Y te daban un poco de aguardiente de guinda si desfallecías.
Mi cruz pesaba un huevo. La habíamos
traído de Valsaín y las cadenas eran
especiales. No sé cómo resistí en aquella tarde fría de nevasca los pies
desnudos detrás de mi Santa Eulalia. Cada uno tome su cruz y sígame. Me hacía
mucha ilusión seguir al Señor. Le pedía por mi familia. Por mis hijos. Le
agradecí haber salido con bien de una grave enfermedad (había estado dos años
con unos dolores tremendos de barriga y
pasaba las noches en un grito). De vez
en cuando mi vista se concentraba en las aceras.
Algunas mujeres me miraban con
compasión, los niños, aterrados, y algunos hombres descreídos como si aquello
fuera una broma. Inquiriendo con los ojos. Pero tú ¿de que vas tío? Y yo con la
mirada les respondía: por una promesa, sí por una promesa. ¿Sabe usted?
Horas antes de que comenzara el
desfile penitencial unos gamberros habían esparcidos cristales y puntas por el
firme de la calzada por donde había de
pasar Dios. Ninguno de los nazarenos se lastimó, sin embargo
¡qué cosas! Un milagro que hizo Nuestra Señora de la Soledad así de sencillo y
sin ir más lejos.
A la catedral llegamos derrengados
pero airosos y con unas ganas fatales de mear. No me aguanto. No me aguanto. Ay
que me lo hago. Preguntamos a un canónigo que nos miró de arriba abajo, como si
fueramos la escoria de la sociedad. Aquí no se mea. Está prohibido. Con un
gesto de superioridad y como diciendo pero mira que chiste (ya sé porque le
llamaban el chistoso aquel tonsurado) como si los hombres fuéramos ángeles y no
estuviéramos sujetos a las leyes imperativas de la fisiología.
Cuando haya WC en las iglesias, ermitas
y catedrales católicas, la humanidad habrá dado un paso importante en la
historia de la eclesiología; por ahora los obispos duro hablar de caridad y de
servir al prójimo y se muestran remisos a habilitar evacuatorios en los
templos.
En la sacristía de la iglesia mayor de Segovia
había un triste meodromo rudimentario. Nos vedaron la entrada a los nazarenos
pues estaba reservado a clérigos, monjas y para personas consagradas y nosotros
éramos vulgares penitentes. Pecadores del montón así que buscamos el rincón más
oportuno, salimos al enlosado de los autos de fe y exoneramos nuestras vejigas
bajo las dovelas de los postigos. Meadas de caballo, meadas homéricas o mejor
dicho de verdaderos padres de la iglesia. Ay que gusto. De los placeres sin
pecar cagar y mear…
Por debajo del halda de nuestras
túnicas de nazarenos brotaba la espuma del pis. Orinamos junto a la pared de la
fachada más impresionante de este templo de la catolicidad, la del Oeste, de
todo el gótico flamígero sin darnos cuenta de que era del siglo XIV. Es la
puerta de Santa Bárbara una especie de Sarmental en Segovia donde yo he visto
lucir las más impresionantes puestas del sol. Que cada uno cargue con su cruz.
Que cada palo aguante su vela. Creo que desde su camarín la atalajada Virgen de
los Dolores miraba para nosotros con compasión como diciendo: “pobriños”. Juan
Guas el arquitecto se asomaba a la torre y le decía a su maestro de
obras que surgía el colodro por una tronera:
—Mira bien lo que hacen esos meones
no sea que se larguen con algun candelabro de la iglesia o arramplen con alguna
ménsula de la enjuta.
—Descuide vuese merced que como a
vos cumple se hará. Yo no les quito ojo.
Eran dos espectros que habían vuelto
de la eternidad para ver llegar la procesión a la catedral que ellos construyeron.
Impresionante mole.
Los canónigos empezaban ya a cantar el “Stabat
Mater” y el personal se disponía a participar en las horas santas o a
discurrir por la ciudad visitando monumentos que lucían como ascuas; algunas
iglesias cerradas, entreaño, el Jueves Santo abrían por única vez sus puertas
lo que daba ocasión para descubrir rincones recónditos llenos de misterio.
Estos lugares se saturaban de una alegría melancólica.
Se había muerto Dios y olía a primavera. Los
procesionarios pasionistas acabamos derrengados pero contentos. Habíamos
andando descalzos todo el camino arrastrando cadenas y ni un rascuño ni un
cardenal. Los pies, intactos. Habíamos cumplido una promesa. Dios os ama,
chiquitos, y cuidará de vosotros
LA MUJER MUERTA
Segovia
buenos aires alta ciudad cuajada de elevados empeños. Cuando se asoma el
visitante por ese balcón bien ventilado
que es la Canaleja se le aparece la Mujer Muerta amortajada entre sus
berroqueños pliegues el niño a la cabecera y el diseño en forma de túmulo del
vientre las rodillas y los pies.
Cuenta la leyenda que era una hermosa goda que
se interpuso cuando justaban por ella dos caballeros un moro y un cristiano y
quedó atravesada por el afilado acero de uno de ellos. Fue mártir del amor.
Este panorama ofrece al viajero una esencia mística de amor intacto
circunscrito al ideal de la pureza de un deseo… ¡oh el amor siempre el amor!
Mas, si se quiere entrar con la realidad de España habrá de bajar unos metros
al real de la feria del azoguejo. Todos los jueves, mercado.
Venían
los labrantines de villa y tierra con sus pellizas sus dientes de ajo puestos
de albarcas candiles aperos (horcas, foces, trillos, bieldos, zoquetas,
sombreros) yo los contemplé de niño, era una viva escena del medioevo. Todavía
caminaba bajo los arcos del entrecuesto del acueducto algún señor envuelto en
la capa parda el sombrero rematado en cucurucho calzado con piales y albarcas a
la vieja usanza.
Azoguejo pequeño zoco viene del árabe. El
lugar fue una de las universidades donde nació la picaresca. El Portillo de
Valladolid, el arrabal de Arévalo, Zocodover en Toledo, el Potro cordobés y el
Perchel malagueño atraían a la gente desocupada y errante. En Segovia los
perailes. En Córdoba los agujeros o vendedores de agujas. En Madrid en las Escaleras
de San Felipe y la Puerta de Guadalajara soldados licenciados de las guerras de
Flandes y muchos que para vivir habían de azuzar el ingenio.
Triana
y la Puerta del Sol ofrecían el grado de pícaro. El doctorado honoris causa
pero eran sitios peligrosos. En Segovia en Valladolid en León o en el Fontán
ovetense en comparación no eran más que noviciados. Los perailes los del gremio
de cardar y apartar y los tundidores eran los que vareaban la lana y otros se
hacían con el provecho los mercaderes de Ávila y Medina, judíos todos o
conversos, que comerciaban con los Países Bajos el famoso límiste segoviano.
Dicen
los historiadores que la vida en la edad media era gremial sin embargo en
Segovia cada una de las profesiones se constituyen en barrios o en parroquias:
la Trinidad era el barrio de los caballeros junto a otra parroquia la de San
Juan. En San Esteban los escuderos y los curiales del cabildo capitular. En San
Millán los areneros y hortelanos. Los agricultores pertenecían a la parroquia
de Santo Tomás y el Cristo del Mercado. En San Lorenzo barrio de ascendencia
morisca los alarifes. En el Salvador los sastres. En Santa Eulalia toda la gama
de la industria textil y así sucesivamente. Segovia era una de las ciudades más
ricas de Castilla no sólo en el sector lanero y su iglesia mayor poseía la
renta más elevada e3n trigo avena y cebada que se guardaba en un silo
administrado por un canónigo que desempeñaba el cargo de cillero.
Por
el entrecuesto o aceña del acueducto manaba no sólo agua sino tambien dineros.
Eso lo supieron los romanos. Mis paisanos desde Trajano hasta nuestros días
prefieren la austeridad al lujo y suelen disimular bajo un aire ropavejero sus
riquezas. Debajo de una mala capa hay un buen bebedor. Si los de Segovia fueran
marineros- y algo deben de serlo porque el alcázar semblanza ofrece de un navío
que surca los trigales de la vega baja hacia la Almunia- podría cabe decir de
mis paisanos que se aferran a la grímpola de la prudencia y aferran con tesón
el cataviento de la lealtad.
En
el azoguejo al pie del acueducto por lo demás yo he presenciado cómicas escenas
de tratantes y gitanos bajo los augustos arcos y otros muchos lances de la
inventiva picaresca.
EL
ACUEDUCTO DE SEGOVIA NO FUE OBRA DE TRAJANO SINO DE CESAR AUGUSTO
Un periodista
viene a ser un zahorí que practica las viejas artes de la rabdología o
rabdomancia. Su varita de virtudes es la pluma, cierta intuición adobada de
acumen. y a lo que voy: No existe una fecha exacta de su construcción, porque
la lápida del edículo dedicado al dios en la parte posterior del arco mayor de
los 167 que conforman el impresionante edificio, se encuentra borrada. Pero
allí había una figurilla que los niños de mi generación decíamos que era el diablo
pero puede tratarse del divino "sebastos" con que los romanos
designaron a Cesar Augusto cuando construyó el Ara Dei de Roma lo componen
aunque se vino atribuyendo a los emperadores Nerva y a Trajano de origen
español. Sin embargo he descubierto que la
magnífica mole se tiene en pie sin argamasa —angulares de granito injertos en
hierro fundido— desde fecha anterior. Acaso, Julio Cesar que acampaba sus
huestes en los aledaños de Coca y que reclutaba a sus manipulos entre las
tribus de arévacos y vacceos dominados en Segovia fuera su constructor. Los mejores
soldados de la Legio VII se acuartelaban por estos pagos y fueron los que
entraron en las Galias y desembarcaron en Britannia.
Existe aun una piedra colocada como
mampuesto en la parte sur de nuestra muralla, justo debajo de las almenas que
dan al colegio de las Madres Jesuitinas, que debió de ser un hito miliar o
monumento funerario a un tal Juvenal y es un tal Juvenal, decurión, el que
inicia el asalto a los blancos acantilados de Dover. Según se relata en la obra
de Julio Cesar en "De Bello Gállico" Está probado que la
Legión VII Gémina o Duplex (porque la integraban divisiones y manípulos
procedentes de Oriente y Occidente, era una legión mixta, peleó también en el
Helesponto lo que hoy es Rumania), o leonesa, también Asturica, operó en
la campaña de Inglaterra dirigida por Julio Cesar. Consta, asimismo, que
Octavio Augusto estuvo al mando de los ejércitos de su tío durante las guerras
en Hispania. Los que hemos estudiado algo de la maravillosa historia de Roma
sabemos que aquel emperador que pacificó el mundo y en cuyo tiempo nació
Nuestro Señor Jesucristo se caracteriza por esa "cupiditas aedificandi"
o afán arquitectónico del más grande de los césares. Trazó calzadas y vías de
comunicación a lo largo y a lo ancho del imperio, el que más. Elevó acueductos,
termas, coliseos, circos, anfiteatros, al tiempo que desbarataba conjuras y
extendía los dominios de Roma desde Hibernia hasta Armenia, sometiendo a
Germania y a Panonia. El ladrillo, la pala arenera y la llana fueron las bases
del esplendor del imperio, así como el restablecimiento del antiguo culto a los
dioses. Aparte de eso, sus dos grandes cónsules Agripa y Mecenas protegían a
escritores y poetas como Horacio, Virgilio, Propercio, y su hijo Tiberio se
encargaba de organizar los censos. En uno de esos censos o mandatos de
empadronamiento tuvo lugar el nacimiento de Jesús en Belén. Su esposa Livia que
debió de ser una gran mujer promulgó la ley Julia castigando el adulterio y el
libertinaje y secundó esa época de esplendor y buen gobierno que caracteriza a
la paz octaviana. Augusto prohibió que se le adorase como a una divinidad pero
no pudo impedir la injerencia de las creencias y costumbres venidas del Asia
Menor y de Egipto donde se rendía culto a los faraones, le alzasen imágenes en
su honor invocando su protección. El Ara Pacis o altar de la paz tuvo en su
origen la idea del emperador Augusto como la encarnación de un dios protector
de la republica. En Roma se le conocía bajo el apodo de "sebastos"
término griego que quiere decir el divino[1]. Y un "sebastos" de
escayola bastante desfigurado era la imagen que presidía la hornacina o edículo
del acueducto que mira hacia el lado norte desde donde sopla el viento de
Aquilón que es un viento inclemente, nefasto y destructivo que sopla de norte.
En el edículo de poniente hay otra
estatua que es la imagen de la Virgen de la Fuencisla que aun mira y protege a
los que pasean por el Azoguejo. En definitiva, tengo para mí que el acueducto
tiene que ver con el Ara Pacis de Roma y es un monumento a Cesar Augusto.
Ni Nerva ni Trajano construyeron
tantas obras de infraestructura como su predecesor. Ambos emperadores carecían
de la "cupiditas aedificandi" de Augusto y se enfrascaron en campañas
militares para someter a los pueblos asiáticos.
[1] Es posible que el culto a san
Sebastián sea una de las herencias de Roma que han quedado impregnadas dentro
de la liturgia católica como reminiscencia de la adoración a las deidades
ocultas
[1]
Era costumbre en las universidades españolas ordenar a todos los graduados.
Quevedo llegó a minorista pero no accedió al diaconato ni al presbiterado. Es
más que probable que el Dr. Laguna se ordenara de presbítero
[2]
Todos estos datos los exhibe don Teofilo Hernando en la biografía del
Segoviense.
[3]
Carguerio o carguío es la acémila de transporte, vieja palabra castellana que
el Dr. Laguna resucita
[4]
La pregunta de Matalascallando es del todo congruente porque en los tercios de
Flandes las cantineras o soldaderas acompañaban a los ejércitos y formaban
parte de la impedimento o bagaje
[5]
De ahí viene la palabra espía que se incorpora al español a través del alemán
“sphae”
[6]
Reverendísima santidad ¿adonde camina tan de mañana su Beatitud?
[7]
Las gente común sólo quiere pan y toros, dejarse de filosofías
[8]
Tal vez sea casualidad pero puede referirse a Segovia con sus fiestas rotativas
de la Catorcena
[9]
Me gusta Inglaterra y su campiña que son suaves como un beso
[10]
Tienen la cara de ángeles y el alma de diablos. William Shakespeare sobre los ingleses.
[11]
Lenguaje de los hermanos, surgió con la guerra de las Comunidades, un lenguaje
cifrado que por Cantalejo llaman gacería
[12]
Era el espacio comprendido entre el Puerto de Santa María y Canarias temido por
los navegantes a causa de sus temporales
[13]
arroz con legumbres
[14]
dieta casi exclusiva de los embarcados
[16]
los que desvalijaban las embarcaciones y robaban a los marinos cuando estaban
borrachos o dormidos. Eran muy hábiles descuideros y carteristas. Eran del
Gremio de la Ganzúa que también describe Cervantes
[17]
yo como mostrando un poco de sentimiento, diles amplia comisión, reservando
algunas de aquellas cenizas para mí pues perdí parte de dichos polvos en una
tormenta que tuvimos en el Estrecho de Gibraltar
[18]
plegaria hebraica
[19]
se creía que el rey de España era exorcista capaz de expulsar demonios y el de
Francia curaba la escrófula (lamparones) y las llagas del mal gálico o sífilis
[20]
una buena borrachera
[21]
Vuestra soy para vos nací ¿qué queréis hacer, Señor de mí? Dadme alegría o
tristeza, dadme riqueza o pobreza, sol con nubes, sol sin velo… pues del todo
me rendí ¿qué queréis, Señor, hacer de mí?
[22]
ostras
[23]
la palabra es de origen inglés
[24]
Nescit medicinam nodossam curare podagram ( la medicina es incapaz de curar la
gota y la artritis de las articulaciones
[25]
Zazo balbuciente y tartamudo
[26]
La voz inglesa pimp que significa
chulo, macarrón, rufián debe de ser un préstamo del castellano
[27]
hoder viene de fodio fodis fodere, que significa cavar en latín, y da poder,
hoder y por ultimo joder, una palabra que muchos españoles no apean de la
boquita
[28]
almadraque cojín almohada
[29]
arriero, automedonte de la recua
[30]
comida cocha o kosher carne trufa propio de la dieta alimenticia del Talmud
[31]
la maquina de fornicar
[32]
Hombre que frecuenta a prostitutas, del inglés
[33]
nunca hemos oído hablar del Espíritu Santo de
la carta de San Pablo ad Corintios
[34]
un polvo a la semana nunca hizo mal a nadie
[35]
bobos así llamaban los judíos a los incircuncisos infieles
[36]
El juez no se ocupa de minucias. Un dicho romano por el que se afirma que el
derecho romano se apoya en lo sustancial no en lo accidental
[38]
Hilando Oro, Ediciones El Laberinto,
Colección Hermes. Madrid 2001
[39]
Madrid, autor tgeatral. Editorial Cunillera, Madrid 1973
[40]
¿Cuándo te vuelves pa España?
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