Una madrugada del 22 de agosto de 1559 en una casa eclesial de Torrelaguna – fue residencia de verano del cardenal Cisneros, su antecesor en la mitra primada- sonaron tres golpes secos. La aldaba al machacar el roble de la puerta de entrada parecía como si sintiera vergüenza del acto que se iba a acometer ese amanecer, un baldón para la historia de la Iglesia y de España. La madera lloraba pero los tres aldabonazos sonaron secos y solemnes.
-Abran en nombre de la Santa Inquisición
Abrió un lego dominico. Un grupo de corchetes armados entraron en el patio porticado en cuyo centro había un pozo con brocal de granito y subieron al aposento del arzobispo. Éste rezaba Maitines y no dio muestras de cólera, sólo la sorpresa se pintó en su rostro al ver que uno de sus fámulos, Diego Ramírez, y hombre de su confianza, era el que había dirigido la operación del prendimiento u encabezaba aquel grupo de gente armada, algunos de los cuales venían borrachos pues habían hecho parada y fonda en un mesón de Valdepielagos. Judas y traidores no faltan en la historia de españa. Que un predicador que hubiera gozado de la privanza y confianza del emperador y del propio monarca es un indicio de cómo estaban las cosas a la sazón por mor de interpretaciones bíblicas y cuan tornadizas pueden ser las afecciones humanas. El encartado era nada menos que la autoridad mayor de la SRI española, el arzobispo de la sede primada toledana. La detención significa la pérdida de la libertad, la confiscación de los bienes. Las mulas con sus arreos, las propiedades muebles, las capas pluviales, los libros fueron puestos en almoneda “por lo que quisieran dar”.
-Entréguese Su Ilustrísima a los oficiales del Santo Oficio.
-¿Vos tenéis mandamiento suficiente para eso?
-Yo no soy más que un mandado- contestó Fr. diego.
Fue la única respuesta del prelado que saltó del lecho, se aderezó y vistió en su presencia y salió con ellos. La escena recuerda la acontecida en Getsemaní y en los oídos repica la frase del evangelista: et per invidiam tradiderunt eum. Por envidia lo entregaron a Carranza sus hermanos de hábito y de palio de la misma forma que hicieron con Jesús los fariseos. Un arzobispo el de Sevilla, Fernando de Valdés que había aspirado a la silla de Toledo y además parece que se sintió despechado por ciertas criticas vertidas por Fray Bartolomé al absentismo de algunos prelados entre los que se encontraba el interesado Valdés que no visitaba su diócesis hispalense desde hacía más de un lustro, y un dominico que había sido compañero de aula y de celda el dominico Melchor cano fueron los denunciantes. El pretexto fue un catecismo que había publicado Carranza en Flandes con algún resabio luterano que nunca pudo ser demostrado a lo largo del dilatado proceso que subsiguió, muy dilatado. Duraría más de quince años. La causa real fueron los enconos, la rencillas rivalidades y el energumenismo de gentes de vida consagrada. La soberbia, la malquerencia, y la utilización del nombre de Dios para justificar sus tropelías de desalmados.
Es posible que en su fuero interior y después de sus giras por Alemania y sobre todo por Inglaterra adonde acompañó como capellán a Felipe II a sus bodas con María Tudor (Carranza en su deposición forense alega en su descargo haber sido baluarte de la fe cristiana y haber mandado quemar en Londres algunos herejes) “se contaminase” de algunos planteamientos de la reforma y albergase dudas sobre el purgatorio, un lugar que no empieza a existir – Jesucristo nunca habla jamás del mismo y sólo se refiere al estercolero o gehenna adonde se almacenan las almas de los condenados- en el siglo XIII por una visión de la plumada catalina de Siena, o el culto a las reliquias tan problemático, o la justificación por la fe, una genialidad de Lutero que se entiende a través de las diferencias filosóficas entre potencia y acto y el abismo que separa entre la criatura y su creador, el infinito y la mortalidad de la carne. Lutero había estudiado con fervor y acuidad las encíclicas de san Pablo. Se siente confundido cuando el Apóstol de los gentiles se queja de su sarcinidad que le arrastra hacia abajo mientras su alma tiende hacia arriba.
Y llega a la conclusión de que el hombre no es nada. Sólo le salvan los méritos de la pasión de Cristo y su sangre derramada. En el ser humano por mucho que se esfuerce la materia, las células lo arrastran. Esta suposición es confirmada por la moderna psicología y por la biología. No somos más que un poco de barro y un poco de agua. Credo quiere decir cruz, carisma, caridad y palabra. Las obras importan poco. Es la concepción germánica del fatalismo germánico frente a la idea judía de que Dios ayuda sólo a aquellos que quieren ayudarse a sí mismos. Pero la encarcelación y el proceso que llena más de un salón de legajos y que han sido estudiados por el sacerdote donostiarra Tellechea, Julio Caro Baroja y otros, pero sobre todo por Marcelino Menéndez y Pelayo, la fuente en la que beben todos los bibliógrafos y estudia el tema con bastante objetividad sin dejar en sus juicios la huella de católico a machamartillo que le caracteriza. Gracias a Dios en la actualidad vivimos en una cultura laica y no podemos entender por qué aquellas pelamesas por un quitadme allá esas pajas. Por el purgatorio una idea abstracta, la comunión en la mano y los enfrentamientos a navaja entre calvinistas y luteranos por cuestiones como la transubstanciación, la cena del Señor, el culto a los santos y a las reliquias que en el fondo no dejan de ser algo insustancial. Dios no puede ser ocasión para hacerse la guerra y para faltar a la caridad. Algo que por desgracia ha ocurrido con demasiada frecuencia en el devenir de la historia. Un pésimo ejemplo que hemos dado los cristianos a la paganizad. Religión quiere decir unión del hombre con la divinidad y estas querellas destruyen ese vínculo para convertirse en materia de escándalo y quebrantamiento del mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. San Agustín dice que las querellas teológicas avivan el fuego de la fe. Opportet esse haereses, dice porque a veces del debate nace la luz. El peligro es que surjan corifeos que se consideren depositarios de la verdad y que la detenten en propiedad. Se coló el viento del maligno y desperdigó la grey. La maciza personalidad de Lutero con sus luces y sus sombras y su altivez de fraile levantisco se alza como un destructor del viejo orden. Hizo la crítica y en algunos puntos de sus noventa y nueve tesis clavadas a las puertas de la catedral de Wittemberg no le falta su punto de razón pero no construyó nada siendo el culpable de tanta sangre derramada en los campos europeos por su alzamiento luciferino de non serviam.
Ahí subyace la gran cuestión. El pensamiento teutónico es mucho más romántico e idealista que el hebreo que sólo creen en las obras. Por sus obras los conoceréis. Lutero encuentra cierta contradicción entre las palabras de Jesucristo cuando habla como un rabino y cuando habla como el salvador y el rescatador de la culpa. Hay una diferencia entre credo y religión. Y en el paroxismo de sus contradicciones el agustino alemán se apoya en la frase de Agustín que es una glosa de la caridad paulina del ama et fac quid vis.
Para los judíos la religión no es credo sino una forma de vida, un conjunto de reglas y de ritos externos (abluciones, bromatología, lo que contamina y lo que no contamina: el cadáver, la carne de liebre, los pájaros estrangulados, el congrio la anguila y todo animal que carezca de pezuña, las estrictas reglas sobre el matrimonio para garantizar la pureza de la raza de los hijos de Israel, etc) que han de ser seguidas al pie de la letra minuciosamente. Dato curioso al formular su teoría de la justificación encienta una olla explosiva y emprende un camino sin retorno.
Al fin y al cabo heresiarca genial vivió bajo el espíritu de la contradicción de manera que le protestantismo por él fundado va a recoger la antorcha de la actitud judía de la justificación por las obras aboliendo el culto divino y dejando de lado a la liturgia proponiendo una relación con el dios personal de los elegidos tal y conforme lo confiesan los judíos. A esto había que agregar los abusos y escándalos de la corrupción eclesiástica por la simonía, el culto a las reliquias, el absentismo episcopal, la depravación de los monasterios. Fray Bartolomé había viajado por Alemania y sobre todo por Inglaterra donde capta aquel ambiente de relajo. Vivió un tiempos duros e incluso él mismo aduce en su testificación que estando en Londres había mandado quemar herejes.
Seguramente regresó a España lleno de dudas. Había nacido en Miranda de Ebro en 1503 de origen converso. En su infancia vio a su madre cocinar la adafina y lavar todas las carnes para que no quedase rastro de sangre la sartén siempre con aceite de oliva nunca manteca. Los siete días siguientes a la muerte de uno de la familia se abstenían de probar ka carne en luto por el difunto. Otras costumbres eran la muda del sábado y ese afán de limpieza que caracteriza al judío y que han heredado los españoles. El rezo del Bendita sea tu pureza es una ancestral reminiscencia conversa. En ella la virgen cristiana sustituye probablemente a la Ester hebrea la de las fiestas del Purín cuando la luna llena de febrero.
Los Carranza iban a misa pero no la oían y seguían guardando en secreto los ritos heredados de sus padres y colgando en el portal de la casa ristras de longaniza para aventar sospechas. Los jamones y los mondongos eran tan sólo de exposición. ¿Era un mal cristiano como le acusan sus enemigos irreconciliables Fernando Valdés y Melchor Cano?
Seguramente que no. Los conversos al abrazar la nueva fe se mostraban más papistas que el papa. Un hecho constante es que la mayor parte de los bautizados que solían tener muchos hijos destinaban a uno o varios a la Iglesia. Al claustro incorporaron un ardor bíblico mesiánico casi característica y una norma de vida que solía ser más temerosa de Dios con el respeto a la familia y a las complicadas leyes genésicas sobre la pureza, los alimentos y la trama social porque entre los judíos el vínculo familiar y la autoridad paterna era muy fuerte. El habito y el beneficio catedralicio fue un ancora de salvación pero conservaría toda su vida ese talante independiente que caracteriza a los de su raza que suelen ser por lo general gente tenaz. Que fuese o no judío el mirandés no hace al caso pero no deja de ser un síntoma del importante ascendiente que van a tener los conversos sobre el proceso de la reforma y de la contrarreforma pues hacen a dos palos y de ese enigma que acompaña al tránsito del pueblo elegido por la historia que es un largo caminar por el desierto.
Al igual que él, Las Casas, homónimo suyo, compañero de hábito y vecino de celda cuando estaban en el noviciado dominico de San Gregorio en Salamanca y que depuso a su favor en el largo proceso que le incoaron, obtuvo ese mismo sambenito. Poco cuenta la genealogía. Son los hechos los que avalan la condición de un personaje y el obispo de Chiapas con su postura contestaria hizo mucho más daño a la SRI y a la causa de España que el pobre primado de Toledo el cual se ve arrollado por los acontecimientos de un siglo que en política y en religión (nunca irán de la mano las fórmulas) fue un vendaval. La Destrucción de las Indias fue un puñado de barro contra el rostro de España y su misión cristianizadota de América por lo que ha contado con todas las bendiciones de los enemigos de la Fe no obstante lo cual Las Casas supo escurrir el bulto y librarse de los calabozos inquisitoriales. Algunos hasta quisieron hacerle santos. Un santo bajado del cielo a garrotazos quizás. Un encomendero venal que luego se metió a fraile y que debió de guardar toda su vida algún reconcomio o un fracaso sentimental y se libró en su descaro del filo de alguna espada porque los conquistadores tenían un respeto reverencial hacia los misioneros. Si a Las Casas le cabe ser padre de la leyenda negra sin razón Carranza lo es de la leyenda blanca con razón pues tanto el injusto sumario en el que se vio enredo como la probidad de su vida y de sus costumbres hoy causan cierto sonrojo. El uno no se metió en teologías ni escribió catecismo alguno. Era un loco repúblico que diría Quevedo sagaz y listo que sabía tirar la piedra y esconder la mano, que hizo valer su condición de encomendero y obviar su clase de erasmista convencido. El otro tuvo el coraje de predicar contra el absentismo episcopal, un tema tabú. Los peces gordos de la iglesia española se dieron por aludido y tomando el rábano por las hojas harían del tema una cuestión personal. Existe pues un paralelismo sorprendente entre los dos bartolos.
Pero la devoción típicamente del periodo filipino no lo achacan sus biógrafos a que Felipe II fuera un pacato meapilas. Eso está muy lejos de la realidad. Respondía a una visión del mundo bajo el prisma de un universo católico. Roma es la depositaria de la fe verdadera y no hay otra. Era el pensamiento de Trento. Cualquier desviación cualquier desvarío o concesión curva a la linealidad del dogma rectilíneo podía costarte la vida. El cargo público, la sinecura, el chollo, el beneficio catedralicio, la canonjía. Cesaropapismo puro y neto. Pensar alto y augusto. Trono y altar cogidos de la mano. Poder jerárquico y absoluto. Una misma grey bajo el cayado de Roma. Era la visión de los Austrias pero uno tiene la sensación de que la historia les jugó una mala pasada al jugárselo todo a una sola carta la del papado - y esto lo decimos desde la perspectiva de hoy- porque en Roma no pensaban lo mismo. Un error del catolicismo hispano es haber querido ser más papistas que el papa sin caer en la cuenta de que en toda empresa terrenal existen luces y sombras. Los franceses anduvieron más listos y de ahí que en esa pugna por la hegemonía de la cristiandad tenían otro sentido de estado que les lleva a contubernios incluso con el turco. Así la Casa de Foix donde crece la flor de lis ha sido proclamada la hija predilecta de la Iglesia y eso que uno de los herederos del Trono de San Luis se atrevió a decir Paris bien vale una misa. Entre los roles de los blasones castellanos y las barras siniestras crecen los cardos borriqueros - The order of the Thistle- y alguna amonestación papal como la de Julio II donde sientan el culo estos cabrones no volverá a crecer la hierba[1]. La idea de que la autoridad viene de Dios a través del rey temporal y del rey espiritual un concepto con el que hace malabarismos san Ignacio de Loyola en contra precisamente de la monarquía española era el único camino abierto que les quedaba a los defensores de la monarquía absoluta. Creyeron en ella los Austrias pie juntillas llevadas de un mesianismo que empiezan a predicar asesores regios como Ginés de Sepúlveda y que canta en sus sonetos Juan de Herrera. La corona y la potestad clavium. Contra esta potestad de las llaves se sublevó Lutero. El papa vicario de Cristo en la tierra. Pero si no era más que un hombre. Algunos como Alejandro VI hasta tuvieron querida y se enorgullecían de la presencia de hermosos niños rubios que andaban correteando por los jardines de Juan de Letrán y antes casi de la pubertad recibían el capelo cardenalicio. A todos nos ha deslumbrado alguna vez la belleza de Lucrecia Borja y nos hemos sentido enternecido por los comentarios de Isabel de Castilla cuando el cardenal de España presentaba en sociedad en la corte a una nutrida cohorte de mozalbetes - debían de ser diez o doce- muy lindos: Ya veo ya, Eminencia, los bellos pecados del cardenal. Eran Mendozas de pura cepa pero hijos ilegítimos. El puritanismo del norte acusaba a los dogmáticos del sur más abiertos de costumbres atacándole por donde más pecado había: la incontinencia del alto y del bajo credo. Lutero en el paroxismo de su soberbia predicaba la castidad y la morigeración pero cayó en aquellos vicios que tanto fustigaba después de haber desnudo los altares y sometido a sus compatriotas a la férula de un cristianismo a palo seco: la glotonería y la lujuria. Todo comenzó por una trifulca entre agustinos y acabó en líos de faldas. “Pedro, ¿me quieres tú más que estos? Sí, Señor. Tú sabes que te quiero. Apacienta mis ovejas apacienta mis corderos” esta frase del Evangelio en que se fundamenta la potestad de las llaves concedida al primero de los apóstoles va a ser el soporte de la gran polémica, el lío cruel que hizo correr la sangre y el fuego por los campos de Europa. El heresiarca tenía una inteligencia fuera de los común un tanto diabólica y la lanza contra Roma diciendo que es una manipulación de los textos bíblicos y del mandato nuevo. Es un cura el que habla un lobo disfrazado de cordero que invita a la cristiandad a volver a la Iglesia primitiva sin boato de ropajes sin liturgia ni cantos en una lengua misterioso pero atractiva. El motete catedralicio es sustituido por el himnos himno de la capilla. Sí Ahora todo se entiende porque hasta los palurdos de Sajonia comprenden la letra pero se ha arrebatado a los creyentes el privilegio de gozar de los misterios de los ritos órficos. Lutero traduce la biblia a buen alemán pero la biblia que cada uno puede interpretar como le dé la gana se convierte en piedra de discordia y una pretexto para asesinar en nombre de la divinidad privando al pueblo de la sacralizada liturgia, de los misterios órficos. Es el peligro de las lenguas vernáculas en toda religión. Que se entienden demasiado pero no se comprenden bien y cansan al auditorio sobre todo cuando la exégesis es mala. Lutero no era más que un letrero que aparte de denudar los altares tuvo una larga serie de predicadores e impostores que aun colean en el mundo protestante. Son los tele predicadores. Los falsos profetas que engatusan a sus congregaciones y hacen milagros córam pópulo a cambio de nutridos cheques en la bandeja gestatoria. El cepillo es lo único que no suprimió Lutero de sus templos reformados. Así y todo clava sus 99 tesis sobre las puertas nieladas de la catedral de Wittemberg y con ello hinca sus colmillos en los lomos tiernos de la iglesia universal. En parte llevaba razón pero el fraile iba con mala fe. Quería destruir y moler. No reconstruir. Su caballo de batalla es la doctrina de las indulgencias que había degenerado en depravación simoniaca. Se montan negocios a costa de las ánimas benditas del purgatorio en espera de las mandas testamentarias del encargo de misas y de las donaciones pro ánima que constituyan el sustentáculo de la riqueza inamovible de bienes mostrencos de posesiones relictas de las órdenes monásticas durante toda la edad media.
Estamos ante un clérigo que habla el lenguajes de los clérigos. Palabra muerta. Pensamiento barroco. Barroco que quiere hacer volver la religión a sus primitivas esencias. Mas, no la toquéis más que así es la rosa. Se armó un barullo. Era peor el remedio que la enfermedad. Lo inefable no necesita explicaciones pero Lutero pertenecía a una raza que ama los sermones porque la palabra es poder y pulpito y palpito de lo trascendente. Hay muchas moradas en la casa del padre. A Jesús se puede llegar por muchos caminos. Los quietistas y deixados españoles contestarían a las reconvenciones luteranas subiéndose a la columna de Simón el Estilita.
Había que regresar a la caridad cristiana y a la vida en comunista de las primeras iglesias. En las catacumbas se llegó a conseguir el comunismo. Todos compartían. Se amaban unos a otros. Buscando la utopía se contaminó de herejías y a los obispos les lee la cartilla con una frase del evangelio. Es más difícil que un rico se salve que un camello entre por el ojo de una aguja. Ahí os quedáis vosotros con vuestras mitras incrustadas de pedrerías, vuestras caligas de seda y el esplendor de vuestro oro. Con vuestras ínfulas y las fimbrias de bellísimo encaje, los roquetes de lino nuevo y los sobrepellices de blonda. Las catedrales de fina labra, los edificios imponentes. La iglesia mora en casas suntuosas y palacios mientras el pueblo habita sus chozas. Fray Martín era un campanero que desemcampanó a la encampanada Germania. El Maestro se sentó en una piedra del campo para predicar el sermón del Monte y estos se suben a los tronos y son portados en sillas gestatorias. Las ánforas de barro en que bebía el Pescador se han transformado en cálices y vasijas de metales preciosos. Ay fray martín el campanero ya no tocan las campanas,
Acabo de presenciar por la televisión una misa de pontifical en una ciudad a orillas del Vístula. Nunca se juntaron tantas casullas tantas mitras, tantas panzas, tantas ínfulas y capas pluviales en una misma manada. No sé por qué el catolicismo polaco me recuerda la lucha de las investiduras. Con la larda que echasen las barrigas de los monseñores en la sartén se podrían llenar las calderas de Pedro Botero y todo el infierno ardería bien. Se podría asimismo nivelar la balanza de pagos con el oro de las alhajas que llevaban encima los prelados. Esta mañana de domingo de octubre del 2007 bella y serena en Madrid he reflexionado sobre estas cosas y comprendo a fray Martín viendo desfilar a los polacos. En vez de una misa parecía un circo o un gathering de una convención electoral yanqui. Aquel fraile tentó a dios y nos despojó de la liturgia. En ciertos puntos no le faltaba la razón. Con él se acabaron misas gregorianas y los sufragios por los difuntos de los que comía todo un convento. La secularización de los monasterios en que se embarca Enrique VIII es la respuesta a ciertos abusos. Las propiedades monásticas se multiplicaron en proporción geométrica gracias a los responsos y a las donaciones pro anima de los ricos que compran con oro un enterramiento en la iglesia a ser posible cerca del altar mayor. Pero por este motivo vino la rapiña, la destrucción de obras de arte y el furor fundamentalista y puritano de un Cromwell por ejemplo y las guerras de religión que todavía colean en el Ulster. En la barriga de Lujero se introdujo el diablo y el mundo ya no volvió a ser el mismo. Era un vehemente y la pasión le juega una mala pasada.
Niega la transubstanciación, el culto a las imágenes, el sacerdocio universal y deja los sacramentos reducidos a dos: el bautismo y el orden pero al propio tiempo defiende el sacerdocio universal. Reniega de la virgen. Las iglesias luteranos se quedaron sin madre y en Inglaterra y en Francia los hugonotes desmontan las capillas dedicadas a la Madre de Dios. Que dejen de sonar las campanas de Notre Dame. Afirma que las relaciones del hombre con Dios -y esta es otra de sus contradicciones pueden hacerse sin intermediario según la ley rabínica, él que era un declarado antisemita- sin intermediarios y sin sacramentos. Sólo a base de la justificación por la fe. Los meros meritos de la pasión de Xto. salvan al creyente. En sus planteamientos afina lo suyo: según Fray Martín el hombre es inane, nunca podrán vencer su naturaleza ni sabrán corregirse, está sometido a la tiranía de sus células. Pero Jesús en su reencarnación abolió la culpa.
Por otra parte en Lutero nos encontramos con el mayor exegeta del espíritu y la letra de las epístolas paulinas. El Apóstol de Gentiles es para el ex agustino un factotum. Pocos calaron en el mensaje de san Pablo como Martín Lutero. Pablo se rebela contra la sinagoga que pretende la deificación del ser humano a través de su caminar por la historia pues considera que la raza humana es eterna y aspira a un reino mesiánico en que se suprema el dolor y la muerte mediante los avances científicos. Saulo por el contrario cuando cae derribado del caballo camino de Damasco mira al cielo y busca lo trascendente. Abomina de su cuerpo. Habla del alma excelsa e inmaterial que un día podrá encontrarse con dios cara a cara. El judío de Tarso pero también el cives romano se alza contra la utopía sionista que cree en el advenimiento del Mesías. Pablo recorre las sinagogas y crea un cisma dentro del judaísmo diciendo que el Mesías ya llegó, murió cruficiado y los suyos no lo recibieron ni lo conocieron y habla de la parusía o segunda venida del Salvador que él creía inminente y por anunciar su llegada tenía prisa. Se equivocó de calendario o por lo menos su error dura ya más de dos mil años pero un día de dios es muy diferente a un día del hombre y el Señor hace su cuenta por otros cálculos. Predica Pablo la inconsistencia y caducidad de las cosas de esta vida que no es sino un paso breve para la otra. Congruente. Pero sus hermanos de raza quieren lapidarlo. A él solo le interesa el pueblo de Israel y de ahí dimanan sus desavenencias con Pedro que quiere cristianizar a los paganos. El pan de los hijos no es lícito echárselo a los perros aduce Pablo. Así y todo estos le denuncian a los romanos y es martirizado. Muere creyendo que Jesús vendría en muy poco tiempo y amonesta a sus discípulos a que estén preparados llevando vida espiritual en la frugalidad y en la modestia lejos de los banquetes, las orgías, la fornicación y las contiendas. Le toma por su palabra Lutero que insistimos es un clérigo que parla el lenguaje de los clérigos con sus virtudes y sus vicios retóricas y encarecimientos. Conviene prevacaverse siempre con los fervorines. El celo apostólico es una navaja de doble filo. No se daba cuenta de que tenía en sus manos una escopeta cargada de futuro, sí, pero las armas las carga el diablo. El cristianismo no se explica con la nuda escritura ni a Cristo se le envuelve con palabrería y esa ganga retórica de los sermones campanudos de las bravatas desde el púlpito que siempre fue un oráculo de poder y que, mal utilizado, puede volverse contra ti. Pero el fraile reformista es un flautista de Hamelín que arrastra tras sí a muchos detrás de su gaita. ¿A Carranza? Tal vez pero el arzobispo de Toledo es un hombre de buena fe y un religioso de vida edificante virtudes que nunca tuvo Lutero en su dossier. No se equivocó en lo que dijo pero sí en cómo lo dijo. Lutero es un verdugo y Carranza se va a convertir en víctima de la intolerancia la presunción y la soberbia de sus camaradas en el episcopado y el sacerdocio. La paciencia con que se condice en medio de la tribulación y que él ofrece a Cristo por la expiación de sus pecados el trato humillante de sus esbirros el apartamento de los sacramentos al serle confiscadas las cartas dimisorias para celebrar misa demuestra su fe berroqueña que le mantiene y le lleva a mostrar indiferencias frente a las cosas del mundo que siempre pasan. Ama y haz lo que quiera. Esa premisa agustiniana al heresiarca alemán le lleva a la rebelión pero al pobre obispo español le ilumina en un cierto quietismo de abandono en los brazos de Dios. Carranza puede que fuese un deixado en la misma onda que Teresa de Ávila y Juan de la Cruz o Juan de Ávila pero sin tanta fortuna.
El siglo XVI es el siglo del amor pero también el de la biblia. También el libro es amor. El invento de Guttemberg había abarato los costes de producción y las prensas o paran de funcionar llevando las ideas de un lado a otro. Aquel acarreo de libros o colportaje debía de ser un espectacular. Carros llenos de incunables cruzan los pirineos a través de Navarra y la región de bearn con gran escándalo de los inquisidores. No hay que pueda detener a las nuevas ideas como tampoco nadie podrá poner puertas al campo. El protestantismo va a entrar por Aragón cuyos caminos se ven plagados de reatas de arrieros con las mulas - doctas mulas las llamaba la Inquisición en la silla algún fraile o algún obispo oyes desde el siglo XV cuando los prelados dejaron de ir a la guerra tenían prohibido por humildad ir a caballo pudiendo tan solo cabalgar machos burdeños y borricos- que van a fomentar incendios reformitas o conventículos que aparecen en Valladolid, en Toro o en Sevilla. Pero en curiosamente en Navarra y Aragón el Santo Oficio no actúa para quemar herejes. Lo que le preocupan son las brujas de Zarragamurdi según han demostrado Menéndez y Pelayo y don Julio Caro Baroja.
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