SAN SIMÓN ESTILITA
Subido a mi columna veo pasar las glorias, grandezas y miserias del mundo. El esplendor y los harapos. Guardo un silencio contemplativo aprendido en los libros y desde lo alto canto la epístola de los vencidos que luego triunfarán y recibirán la corona de los que siguieron a Xto por caminos de abrojos, sufrieron desprecios, fueron tenidos en menos, padecieron persecución y de ellos nadie se acuerda pero el Señor escribirá su nombre en el Libro de la Vida.
Yo conocí a un Estilita santo laico y era el Cerillero del Café Gijón
Alfonso Pérez Pintor (ver mi libro Un amor inglés). Siempre sonaba por toda la
sala su voz obediente:
─Voy
Con tales mimbres se trenza la cesta del amor. Simeón Estilita 387-4549 vivió y murió subido a una columna en Capadocia que es tierra de santos. No hablaba y si le preguntaban algo decía con la cabeza decía sí o no.
Nació en el desierto de Arabia y sus primeros días los pasó como camellero de los rebaños de un poderoso señor.
Cuentan las crónicas que un día al entrar en una iglesia se transfiguró oyendo los cantos diaconales del oficio divino y decidió hacerse monje en un monasterio de Siria (Toledan) y como la celda a la cual lo destinan le pareció poca penitencia pidió al abad subirse a una barda del corral que era el nido deshabitado de una cigüeña.
La escarcha, el hielo, los ardores del estío y la lluvia no lo arredran.
Era su forma de orar y luchar contra el demonio.
estas penalidades increíbles las pudo aguantar a pie enjuto por ser hijo de pastores nómadas del desierto.
Las noches las pasaba contemplando las estrellas y los días observando los movimientos del sol que iluminaba con fuerza Tel-Nashin. Para no caer se ciñó con un arnés que lo amarraba a la base de la columna.
Por eso le llamaban el Estilita. Cuentan las crónicas que desde su humilde aposento predicaba, curaba las enfermedades y apostrofaba a los déspotas. Se reías de los judíos.
Su fama de santidad cundió por toda la cristiandad. En España
se le veneró como abogado contra la
muerte repentina Fue el Estilita un maestro del silencio. Enseñó al mundo a
callar. Murió en olor de multitudes en la ciudad de Antioquía
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