viernes, 30 de diciembre de 2016


BOTELLÓN LA NOCHE DE SAN MIGUEL

 

Antonio Parra

 

Era el día de san Miguel patrón de iglesia y sinagoga y yo quería soñar no sé por qué en el largo de los caminos tépida noche de otoño las aceras de Veláquez alfombradas de las brillantes y rotundas pilongas que por cierto fueron la base del descubrimiento por el israelí Weissemann en 1942 del TNT (no creo ser yo un químico profesional pero tampoco hablo a humo de pajas) ofreciendo su virginidad a los pies de los pasantes urbanos; noches de Madrid en que la ciudad parece que trae música en el aire y nostalgia de juventud.

 Beba, padrecito. Corro de jóvenes del botellón saliendome al paso por una alea del parque, me vacilaban y chicoleaban desde los jardines de Moncloa. Probé pero no degusté al igual que Xto en la vía dolorosa. Buenos chavales algo pijos faltos de mili. Un paso ligero os daba yo. Algún que otro refuerzo y veintisiete imaginarias. Lo que ven mis ojos es una tenida triste pero hay noches en que uno no está ni para ver visiones. Te quedas clavado en la albarrada. Bolsas de plástico y ginebra de garrafón risas y carreras todo a favor de muy dolorosa resaca y vómitos al pie de un pino oh divino arcángel resguardame bajo tus alas. Los setos de circunvalación hacen las veces de columna mingitoria y las muchachas sin ningún pudor acuden a mear en batallón entre risas y chanzas y mensajes SMS con llamadas de móviles. Se bajan los vaqueros y las bragas y hacen un calvo a los viandantes pero no pasa nada. Algún mamporrero debe de haber oculto entre la oscuridad dandose un lote de vista pero no aparece en el horizonte.  Todo es como muy jovial. No hay altercados lo que demuestra que  saben beber si no con moderación al menos con tiento estos chavales que decía ya mi abuelo al agua como rey y al vino como rey.

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