miércoles, 18 de enero de 2017

carta abierta a un mal compañero



ORGULLOSO DE SER ESPAÑOL Y A MUCHA HONRA. CARTA ABIERTA A UNO DEL ADELANTADO DE SEGOVIA

 

Oye Vitito te has pasado tres pueblos con esa frase “de soy español porque no puedo ser otra cosa”. Sonó como un latigazo en mis orejas. Tú no debes de haber leído a Joaquín Costa porque también dijo que el problema nuestro es una cuestión de escuelas y despensa” y tú con todo lo que tanto sabes o crees saber y dices atar cabo pues los atas malamente. Fuiste a Salamanca pero Salamanca no entró en ti. Y eso que te la das de oráculo en las paginas de opinión del Adelantado de Segovia Quod natura non dat tú atas cabos y quieres matar moscas con el rabo cuando yo me la cojo con papel de fumar.

Siento tristeza porque fuimos compañeros de curso, te llamé para la reunión que venimos celebrando todos los años por septiembre todo emocionado por recuperar a un viejo amigo pero ¡qué decepción! Se me cayeron los pelos del sombrajo. Estuviste borde y mal educado. Yo no he perdido la fe aunque esta Iglesia de hoy no tenga nada que ver con aquella a la cual amamos y sufrimos. A raíz de la iniciativa escribí una novela reportaje “Seminario Vacío. Los pecados mortales de la Iglesia” con un formulario profético y en plan yo acuso: se despertaron los escándalos de pederastia, se vació la institución de su contenido soteriológico pero eso conservó —eso sí— el poder, la hipocresía, la falta de caridad y esa dureza clerical tan deshumanizada que fue fórmula de compromiso entre los miembros de la clerigalla romana. Algunos fueron victimas de aquella mala educación sentimental de esa soberbia curial de ese menosprecio a todo el género humano y ahora puede que lo estén pagando. Aquí no hay más que envidia, me dijo uno. Otro dijo “cada uno va a lo suyo”. No nos reconocíamos. Se había perdido el alma adolescente y cándida de los niños que fuimos.

Dando de lado a su gran tradición teológica, patrística y liturgia, la Barca de Pedro convertida en una vulgar enejé con un vicario de Cristo que no es otra cosa que un vicario del Poder, el Dinero y la Gloria, —favorece la islamización de la Europa— es un agente de Soros, el Vaticano presenta un rostro irreconocible, acaso el de la Bestia. Este libro lo escribí a partir del desengaño y la esperanza pero está ahí. La curia no quiere saber nada de mi propuesta de ordenar hombres casados y no ha pedido perdón por la crudeza y abusos psicológicos de los que fuimos objeto alguno de aquellos pobres niños que poblaron los seminarios de postguerra.

Pese a todo yo no he perdido la fe, sigo cultivando algunas de las devociones que nos inculcaron, sobre todo el amor a la Virgen (signo de preestimación) y la inclinación a los libros. El seminario estaba vacío y en los nidos de antaño no quedaban ya pájaros hogaño. Mi convocatoria fue acogida con reticencia. Tuve ocasión de comprobar que los que alcanzaron el presbiterado no eran los mejores del dote. Les tocó vivir tiempos difíciles: el concilio, aguantar al obispo, tener que guardar el celibato y arrastrar toda esa serie de traumas y complejos con que la iglesia latina trata de disimular y refrenar el instinto genésico. La procreación es uno de los derechos humanos fundamentales. Y les fue negada. Me parecieron unos tarados. Los rechazados por el contrario fuimos tipos mucho más normales. Cargamos con nuestra cruz. Amar a una mujer, sufrir los latigazos del desamor, fundar una familia siempre me pareció más heroico que la actitud comodona de estos solterones hipócritas. Mi olla mi misa y mi marialuisa…

 La humanidad no cambia. Percibí que muchos arrastraban las envidas las mezquindades y los odios de aquel entonces.

Tendría que decir parodiando a Graham Green, England made me (Inglaterra me hizo) y a nosotros la iglesia nos hizo y nos deshizo.

La escritura ha sido una válvula de escape pero observo con tristeza cómo aquellos a los que yo tenía en estima y alta consideración me calumnian, me ningunean. Esto es una carrera de ratas quítate tú que me pongo yo. Y ese es lastre de la malquerencia en la que se nos formó. La mala educación sentimental de los que se prepararían para el sacerdocio para ser la sal de la tierra. Sé que intrigas para que no se diga en Segovia ni media palabra de mi último libro en que descubro al autor del lazarillo.

Oye baja un poco el pistón. Aterriza que tú no das la talla de Paco Umbral y eso de que son solo españoles aquellos que no pueden ser otra cosa es una solemne sandez, es fácil tomar el rábano por las hojas. Yo podría haber sido inglés pues viví nueve años en rel Reino Unido nueve años o norteamericano —cuatro años en Nueva York— incluso podía haberme hecho ruso o alemán idiomas que conozco un poco pero ni me da la gana.

Yo soy español y católico y digo con Gracián aquello de español hasta la gola que sólo la libertad fue española” y mira que no soy facha no soy hijo de un comisario de Turegano que perseguía o mandaba para el penal de Cuellar a los rojos. Aquí los caciques quieren mandar siempre AUNQUE TENGAN QUE CAMBIAR DE CHAQUETA, aquí fusilan siempre los mismos. ¿Y el pueblo? Que se jodan. Tenemos delante un pavoroso problema de educación como señalaba Joaquín Costa el León de Grau y quítate tú que me pongo yo. Otra vez que cites a ver si citas bien que no te enteras, contreras, pues ya sabes que el que casa de viejo pronto entrega el pellejo. Lo de borreguero te toca, que siempre fuiste un borrego

No hay comentarios: