miércoles, 18 de enero de 2017

PODER TERAPETICO DE LA LITERATURA DICE UNA DE LEÓN

ana gaitero | león
Vicente Morán García estudió medicina por vocación y se hizo librero por convicción, aunque de «manera inconsciente», apostilla. «Tengo una visión muy social de la medicina, pero trabajo en un ámbito especializado y echaba en falta un componente más humano», explica este intensivista del Complejo Asistencial Hospitalario de León (Caule) a la vez que uno de los socios y fundadores de las librerías Artemis de León.
De su pasión por los libros y de cómo han influido, como objeto de escritura y fuente de lectura, en el ser humano a lo largo de la historia hablará hoy (20.00 horas en el Palacio de Gaviria)en la primera conferencia de las terceras tertulias que bajo el epígrafe Actualidad, Pensamiento y Psiocaonálisis organizan la Universidad de León y el Colegio de Psicología de Castilla y León.
Pese al título de la charla, Morán empecerá diciendo que el libro «es un peligro» porque «como dijo S. Roncagliolo, de la literatura nadie sale indemne» y, la escritura puede ser peligrosa: para el lector, si es lo suficientemente poderosa para cambiar su concepción del mundo y, para los escritores, como seres heridos que crean otra realidad», como afirma Paul Auster, uno de sus autores favoritos hasta que descubrió al checo, y no menos pesimista, Bohumil Hrabal.
El riesgo que hay en los libros no impide que sean una buena receta. «La escritura nos permite alcanzar  mayores niveles de profundidad  y nos aporta puntos de vista diferentes», apostilla. Los libros pueden desencadenar la «catarsis aristotélica» cuando se llega a su final y permiten «viajar, vivir aventuras, desconectar, enriquecer las relaciones...».
El médico y librero es poco amigo de los libros de autoayuda, «son los crecepelo de hoy», aunque comprende su función en «una sociedad muy necesitada». «Son un agarradero y que pueden ser la puerta a «iniciar una terapia de verdad».
Vicente Morán también hablará de su relación con el psicoanálisis, que usó para «conocerme, quitarme cosas y ponerme en el lugar que me corresponde, con mis virtudes y mis defectos, pero más satisfecho», confiesa.

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