lunes, 27 de febrero de 2017

MARAÑÓN DE NO SER MEDICO ME HUBIERA GUSTADO EJERCER DE LIBRERO DE LANCE"


EL DOCTOR MARAÑÓN TRAPERO DEL TIEMPO

 

“Las cosas no son como son ni como las vivimos. Las cosas son como las recordamos”. El dictamen de Valle Inclán me asalta en este día de febrero lluvioso asturiano. No conocí en persona pero escuché la última conferencia por radio. Otoño de 1958 dos años antes de su muerte. Lo amortajaron con hábito franciscano, cuando se declaró un ateo de toda la vida.

Al gran liberal que no creía en Franco pero que, gracias a él, pudo regresar a su cátedra de Medicina en la Complutense y ser rehabilitado. Pasaba consulta todas las mañanas en el viejo caserón del Hospital Central Museo de Arte Moderno actual.

Si las crujías los patios y las salas de vivisección hablaran los muros de este edificio levantado por Carlos III para la caridad nos contarían historias de mucho dolor humano. El doctor Marañón era un clínico chapado a la antigua de la escuela de Andrés Laguna (su biógrafo don Teofilo Hernando era buen amigo suyo) creyente en la homeopatía.

No hay que recetar demasiado pues decía que no “hay enfermedades sino enfermos”. Marañón se confesaba como un “trapero del tiempo” — no perdía un minuto de su vida, se dormía con un libro en la mano y cuando viajaba  fin de semana a su cigarral toledano en el asiento de atrás de su Chevrolet que conducía un chofer galoneado se leía una obra de teatro o redactaba apuntes para su próximo ensayo— y yo recuerdo aquella voz algo ronca de antiguo fumador empedernido que se había convertido en furibundo antitabaquista con un leve deje de tartamudez hablando de su pasión por los libros.

Si no me hubiese dedicado a la medicina yo habría sido un buen librero. En los libros se encuentra lo mejor que la mente humana haya destilado”.

Ignoro si esta frase se la copió al Caudillo a quien tanto detestaba este viejo liberal poco amigo de los dictadores o fue el propio jefe del Estado quien la tomó dél. Franco también contaba que, de no haber sido militar, le hubiese gustado ser librero de lance. No sé si el Generalísimo hubiera sido capaz de quitarle el puesto a don Alfonso Riudavets el rey de la Cuesta Moyano

Así que nada de banalidades. Time is Money, que dicen os neoyorquinos. Seguramente, esta laboriosidad porque el gran galeno de la Beneficencia se multiplicaba sin haber ganado del cielo el con de la bilocación porque atendía a su vocación de escritor combinándola con la consulta clínica y ese pluriempleo es mucho tomate porque la literatura a mi juicio demanda una dedicación exclusiva.

Tal circunstancia de “surmenage” intelectivo determinó su temprana muerte. Moriría relativamente joven.

Leí “Ensayo biográfico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo”. Lo devoré en tres noches. Quedé maravillado de la sapiencia de don Gregorio que con ojo clínico realizó un retrato psicológico del penúltimo de los Trastámara que pasó a la historia con el remoquete de impotente. Pero nuestro facultativo descifra que su falta de virilidad era solo a medias. El gatillazo lo pegaba solamente con la reina. Funcionaba con las meretrices de Segovia “el rey nuestro Señor había una grande verga e pagaba su débito como cualquier hombre” como cualquier cardador o zurrador de lana del Azoguejo.

A más de eso, tuvo amores con una abadesa de Toledo y con una azafata de su corte, una portuguesa, a la cuala por celo su segunda esposa doña Juana despidió.

Marañón traza una semblanza un tanto peyorativa y sectaria de Enrique IV: los pies planos tendiendo a la soledad y a la melancolía, gustaba de la buena música y se hacía acompañar de una guardia morisca y había en su corte un orfeón de música que al rabel interpretaba canciones melancólicas. Tiempo adelante, descubrí que el retrato de Marañón del infortunado monarca al que siempre persiguió la sombra de la Beltraneja fruto por los visto de los amores de doña Juana con Beltrán de la Cueva se contamina de los prejuicio contra don Enrique a cargo el judío Palencia su biógrafo y de parte de la nobleza y del alto clero que conspiraba contra su persona a favor de su hermanastra Isabel. En suma el doctor Marañón, un liberal de tomo y lomo, aborda la historia con ojo clínico bajo aspectos freudianos “Amiel”, “Historia del Empecinado” “Tiempo Viejo y Tiempo Nuevo” que hoy parecen discutibles. Su prosa, no obstante, es exacta y elegantísima.

Defendió la Medicina privada y de pago. Los practicantes se quedaron sin trabajo. José Antonio Girón y sus falangistas fundaron la Seguridad Social siguiendo las directrices sociales de una Falange entusiasmada con el lema franquista de trabajo fijo, hogar, lumbre y asistencia médica gratuita para todos. Marañón era un enemigo declarado de los falangistas a los que hoy acusan de paternalismo social.

El año en curso 2017, vuelven a flamear aquellas viejas banderas liberales contra la seguridad social. Sufrirían los españoles desheredados aquellos que no pueden volar a Houston para curarse un cáncer pongamos por caso.

Recuerdo que mi abuelo el año 56 tuvo que vender sus fincas para costearse la iguala del cirujano que le operó de una próstata maligna.

Y en esas estamos a día de hoy. Vuelven los liberales. Dios nos libre de los liberales que dijo el otro. He aquí las luces y las sombras de un hombre de ciencia apasionado por la literatura.

sábado, 11 de febrero de 2017

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