viernes, 24 de febrero de 2017

UNA HISTORIA DE AMOR EN LA HABANA CUBA


HERNANDO DE SOTO DESCUBRIÓ LA FLORIDA Y EL MISSISSIPI

 

En una visita a La Habana Vieja hace ya muchos años. Me encontré junto al Morro un edificio que llamaban el Bastión con sus garitas sobre las poternas mirando al mar por donde llegaban los barcos de España y los cosarios ingleses. En lo alto de la toirre había una veleta que llamaba  los habaneros giraldilla. Detrás de esta rosa de los vientos había una bella historia de amor. Resulta que la esposa del Adelantado Hernando de soto salía todas las tardes a mirar para la mar en la esperanza del regreso del barco donde su esposo Hernando de Soto regresara de Tierra Firme. Se había embarcado con un centenar de su gente y un escuadrón. En aquella expedición el valiente adalid extremeño descubriría el Mississipi, pero él nunca regresó. Fue muerto por una fecha envenenada de un cacique indio que lo traicionó. Don María sigue esperando asomada al Morro de la Habana en efigie de piedra.

La vida heroica y aventuras (sólo pasó 42 años en este mundo) del Adelantado Hernando de Soto vuelve apotegma el título de la novela de Pedro de Lorenzo Cuando los dioses nacían en Extremadura. Este extremeño nacido en el pueblo pacense de Jerez de los Caballeros de origen asturiano es lo que más se parece a in héroe homérico. Es el adalid de los viejos cantares de gesta. Le llamaron el Amadís de la Florida y Centauro de las Indias. Caballero prevenido en frontera hábil jinete prócer de las artes desultorias cabalgó desde Arcansas y Oregón hasta la Patagonia escaló dos veces la cordillera de los Andes. Con un escuadrón de poco más de dos centenares conquistó Nicaragua ─ la más bella y la más amable para los españoles ─ en nombre del emperador que era quinto suyo; ambos nacieron en 1500. Por su apostura viril pese a ser pequeño de cuerpo le valieron la admiración de los caciques quienes le obsequiaron con el “jus primae noctis” de las reglas hospitalarias de la antigüedad y de estas uniones hubieron descendencias, pero don Hernando casaría con doña Juana Hernández su mujer natural la primera española que llegó al Nuevo Mundo en viaje nupcial y como se quejase al esposo de su poca formalidad el extremeño de ascendencia astur sus ancestros provinieran de Soto de Luiña éste le hacía ver que no diese al asunto demasiada importancia pues las indígenas consideraban de poco decoro la guarda de la virginidad “si Dios no lo dio será por algo”. Ellas serán las ermitas pero “vos, señora de mis altos pensamientos sois la catedral”. Así nacería la inculturación y el mestizaje. La conquista es la prolongación de la reconquista. Se embarcan los castellanos a donde nacen las fuentes de la eterna juventud. Aquellos locos andantes habían leído demasiados libros de caballería. El Amadis de Gaula y Lanzarote del Lago eran sus referentes. Lo que vendría tiempo adelante Buffalo Bill y las novelas del Oeste fueron un sucedáneo que empachó nuestras mentes. A los salvajes se les liquidaba, mientras los denominados “conquistadores” (preferiría el nombre de evangelizadores o colonos) les hacían bautizarse por los misioneros y se casaban con sus mujeres. No encuentran el manantial de la eterna juventud y el oro y la plata estaban en su imaginación porque Atahualpa y Moctezuma andaban en taparrabos. Por tanto, ni lo uno ni lo otro. Arrostran los peligros de una naturaleza salvaje con los azares de las alimañas el frio y el calor intenso las flechas enherboladas de los aztecas. Algunas tribus saludan su llegada como si fueran extraterrestres y a la vista de sus caballos y de sus lombardas se llenan de temor porque aquellos hombres blancos irrumpen como heraldos de un tiempo nuevo que habían profetizado sus chamanes.  Poco tienen que ver que estos españoles míticos con los de la cultura del pelotazo.

La exploración de los territorios de lo que hoy constituyen los USA fue la más dificultosa por la adversidad climática y las hostilidades de los pieles rojas. Todos ellos se agrupaban en tribus divididas con distinta lengua y diferentes costumbres. Mutuamente se hacían la guerra.

En el subcontinente las mujeres y los misioneros que predicaban el amor y recriminaban los sacrificios humanos fueron el polo de atracción y el eje de fuerza que determinaría la colonización del Nuevo Mundo en poco más de tres cuartos de siglo. Las Casas hace una interpretación sectaria de aquella magna empresa, la mayor, después de la Creación, a tenor con los cronistas, en la que se embarcaron los españoles. Hombres frágiles pecadores algunos analfabetos e incluso asesinos avanzan detrás de la Cruz Alzada. La gesta hubiera sido imposible sin el concurso de la Providencia. 

Así y todo, el asunto presenta una cara oculta enigmática mesiánica algo milagroso y ahí queda del nombre de Hernando de Soto el primer europeo que avistó la tierra de las vacas corcovadas en el Cañón del Colorado y el descubridor de la Florida. A su muerte tomaría el relevo del extremeño/astur otro asturiano: Pedro Menéndez de Avilés. Poco tienen que ver estos gigantescos españoles con los diminutos españolitos  por su talla moral  de ahora. Somos gentes medrosa y llena de complejos a los que Radio Macuto Ondas de la Conspiración impartiendo noticias deletéreas a todas horas que son consignas a todas horas. Los cantares de gesta dieron paso a los cuentos de Blanca Nieves y los Siete Enanitos. 

 

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