2017-05-11

CANTANDO AL BUEN AMOR CON EL ARCIPRESTE DE HITA







AGUA DE MAYO UNA BENDICIÓN
Opima y copiosa cayó la lluvia que esponjó nuestros corazones. Madrid castillo famoso siempre llueve por san Isidro. En el patinillo enveraron los ailantos crecen solemnes las parras trepan enroscadas las madreselvas un chaval cruza montado en bici la cuesta abajo mientras me hago el primer café asperjo los geranios arraigados sobre la roca viva. Los geranios cara al sol son fuertes y contundentes como el derecho romano. Leo al Arcipreste que en el libro del Buen Amor hace un íncipit en forma de cantiga que es un canto a la Virgen que me llena de fervor en el recuerdo de aquellos días del florido cuando íbamos con flores a María, candor y estrella de nuestra infancia:
Oh María luz del día. Tú mi guía. Todavía. Dame gracia y bendición. Y de Jesús consolación.
El Arcipreste se muestra en estos versos enamorado del amor divino que es amor de salvación y no en el amor humano que trae tristeza y destrucción aunque necesario para la perpetuidad de la especie. Alguien ha de romper la vasija y es preciso que venga el escándalo pero ay de aquel por el que viniere el escándalo dijo Cristo.
Este formidable Akathistos escrito  c. 1334 por un clérigo de rito mozárabe en el que se explayan los siete dolores y los siete gozos de Nuestra Señora en 24 estrofas según la tradición oriental porque esta devoción de amparo y misericordia surgió en Constantinopla a mediados del siglo V, con motivo de las invasiones bárbaras, en el que se critican las licenciosas costumbres del clero de Talavera le costó a Juan Ruiz pena de cárcel. Estuvo trece años  en chirona por orden del cardenal Gil de albornoz. Luego el Papa de Aviñón le levantaría la excomunión.
Siguiendo una tradición muy española, los mejores libros de la literatura castellana fueron escritos entre rejas: “El Quijote”, “Los Sueños”, casi toda la obra de Jovellanos, o en el exilio Ruiz de Iriarte. A mal tiempo buena cara, el padre de la literatura picaresca que nos caracteriza, que surge en los atrios de las iglesias a cargo de clérigos desparramados y correntones, inicia un genero literario. con un exorcismo a la melancolía. Fortuna te dé Dios, hijo. Toda la literatura picaresca es un canto a la vida. Bien lo pone de manifiesto en las primeras
 estrofas:
Como dijo Aristóteles cosa es verdadera
Por dos cosas trabaja el hombre
La primera por haber mantenencia
La otra cosa era por haber ayuntamiento
Con fembra placentera




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