jueves, 13 de julio de 2017

SEMANA NEGRA
 Me calé el gorro frigio y las antiparras y marché a Gijón a la Semana Negra. Doña Rosa Montero presentaba su novela y daba una conferencia con su voz de urraca narrando las desventuras de un desamor a los sesenta. La protagonista desiste del consolador y contrata los servicios de un “gigolo”. Sexo de pago lo que hacen ahora muchas “maduras”. ¡Caspita que noticia! Nunca fui capaz de terminar ninguno de estos libros de esta colega reciclada a quien cuando estaban trabajando en el Arriba sección de patrulla 142 (empezó de reportera) le tiraba los  trastos a Lalo  Azcona pero aquel Gary Cooper asturiano le daba calabazas a la rosa insatisfecha y se hizo novio de Maite una guapa donostiarra.
Lo cual que la Montero, bastante feucha, remató en escritora feminista que es un oficio bastante aburrido. Ahora es una habitual de las semanas negras y de las ferias del libro que se celebran por estos reinos. Sigue apostrofando a las masas con su voz de urraca y acento cheli la consigna pasionaria de hijos sí maridos no y de hijos ni eso, porque la mayoría son machorras y no hay quien las haga un favor. Después del Arriba entró en la cuadra del Cebrián y del canario Tuercebotas, ahora gran jefe de una editorial de la Cosa,! Señor que Cruz! A la sazón andaba por Londres en los años 70 con un talego a cuestas y algunos decían que dentro llevaba una bomba del polisario. Cuan bajo ha caído nuestra literatura. Clarin, Tuero y los grandes escritores de la tierrina deben de llorar en sus mohosas tumbas del cementerio de san Salvador de Oviedo ante tanto gatuperio, tanta prójima que aspira a un sitio en el parnaso mientras trincan comisiones.  Tanto intrusismo en nuestra gloriosa profesión.
Hoy cuando todos y todas pretenden ser novelistas se nos caen de las manos sus excrecencias en formas de abortos literarios.
 Esta chica no rige o debe de cagar sin la adecuada regularidad porque lo principal en un escritor es la buena salud y hacer bien las digestiones. Pero en las noveles olas todo es péptico. Y sus libros se nos atragantan.
 Otro de los que firmaban ofrecía una historia novelada del coronel Aranguren un jefe de la Benemérita que se pasó a los separatistas de Companys.
 Como es obvio, los nacionales le fusilaron. Delito de sedición castigado en el código de justicia militar con pena capital.  Al tan jaleado general Escobar lo pasaron por las armas por lo mismo.

Pero este plumilla se hacía cruces y despotricaba poseído de la furia de Podemos contra los gobernantes de Madrid. Este semana negra entre los del culo “mollado” me pareció más negra que de costumbre por la exaltación que se hizo del separatismo y por los gritos de esa urraca que se las da de novelista del régimen indefectible en estos eventos. Cebrian se llevó de Arriba al País a los mediocres.

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