DOLORES MEDIO
Fui a tirar la basura
(los escritores siempre estamos yendo a comprar el pan o haciendo los mandados
del ama) y me encuentro en una obra de la urba a un morito que me saluda
ceremonioso
─Salam malikum
─Malikum salam
Los informativos hablan
del tema presente y omnipresente porque nuestra historia está regada con sangre
de ambas naciones.
Marruecos siempre Marruecos.
Es posible que el
atentado de Algeciras haya puesto una nube de recelo en las relaciones con nuestros
vecinos y ellos quieren hacerse simpáticos.
Hablamos del hermoso día
de febrero. Sol en todas las caceras.
Las encinas centenarias
florecen en esta época y cuajan para noviembre. Dulces glandes y bellotas con
su cabillo vegetal, de la patria mía. La encina, el carballo, la cajiga son
obras de arte de nuestra floresta.
Sin que yo le pregunte me dice que españoles y
musulmanes somos hermanos, estamos mezclados y dice que el atentado del
yihadista que degolló a Diego el sacristán fue cosa del diablo (dhil) y
me quedo pensativo. Dios bendiga a este morito.
Muchos españoles pensamos lo mismo. Paz. Salam.
Hay miedo por ambas partes.
Repito el saludo de paz islamista
y regreso a mis libros.
Hoy toca Dolores Medio.
Después de todo no
estamos tan mal a pesar de todas esas lubricidades que cuentan nuestros medios:
el caso del futbolista brasileño que forzó a una moza en una disco de
Barcelona, los amores o desamores de Vargas Llosa al que según parece no se le erecha
qué cosa puede esperarse de un ochentón, o la machaconería del sí es sí no sí. Vaya
un galimatías.
Nunca hubo para mí ─a la
vejez viruelas ─ en mí tanta felicidad como de jubilado pese a mis dolamas y mis
desalientos de esta hora apocalíptica. Apocalipsis quiere decir cambio. Puedo atracarme
de los libros de mi extensa biblioteca, escribir lo que me da la gana. Publicar
y editar es ya otro cantar.
Gracias a LNE que da
salida a los pensamientos de este valetudinario y viejo periodista transterrado
a mi Asturias del alma.
A Dolores Medio la
conocí y tomé café en el Gijón. Conozco casi todas sus obras.
Era pelirroja y algo desgarbada, de una gran
bondad y con un sentido del humor ovetense.
“Nosotros los Riveros”
en la que narra las vicisitudes de una familia que se está derrumbando en medio
de las convulsiones de la revolución del 34. Es uno de los mejores premios
Nadal y yo creo que supera a Nada de Laforet.
Por desgracia en este
país unos crían la fama y otros portan el agua.
Es la gran novela de
Oviedo, su Oviedin del alma, después de la Regenta de Clarin.
Con el dinero del galardón se compró un piso
en Ríos Rosas y allí vivió hasta su muerte en compañía de una hermana.
Un cuento maravilloso es
“Un puñado de hierba”. El aldeano cierra la casa en su pueblo, pero antes de
partir guarda en bolso un puñado de hierba y la hoja de una sebe, y se va a trabajar
a Ensidesa o emigra a Cataluña.
Se equipará esta
narración en belleza idiomática y en poesía al “Adios Cordera”.
También “Diario de una
Maestra” otro libro y por último otro más flojo “Lena Rivero” cerrando la tabla.
A Dolores no le gustaba Madrid, debió de tener
un amor despechado imposible que sale a relucir como un fantasma en sus
escritos y toda su vida añoró la tierrina.
Fue una adelantada del
feminismo, una actitud de exaltación de la mujer que nada tiene que ver con el
torcaz feminismo pregonero de la Montero y otras hierbas.
Era socialista.
Curiosamente en los años
franquistas se abrió paso la literatura escrita por mujeres (Laforet, Elena
Quiroga, Concha Alós, Carmen Martín Gaite) que hoy brilla por su ausencia. Dolores
Medio me hizo sentir la belleza. La alegría y la tristeza de Asturias impregna
la obra de esta escritora.
Su prosa galana hace
pensar que la literatura carece de sexo.
Novelas que salieron de la pluma de estas
artistas aportan una visión femenina de la realidad humana, grandes dotes de
observación, sensualidad, apego a la tierra, pero el alma humana es la misma,
ora en varón ora en hembra.
Jamás puede hacerse dicotomía
hasta que llegaron los separadores con ánimo de quebrar esa dualidad excelsa de
nuestra fisiología
viernes, 3 de febrero de
2023
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