2026-01-18

 ENRIQUE IV DE CASTILLA REY DIFAMADO


"para colorir este yerro
llamaron al príncipe don Enrique,
ya viudo de dña Blanca de Navarra,
que murió moza y harto desabrida,
pues la primera noche de novia
conoció la falta de ser el príncipe para poco"
Cristobal Lozano Historias y Leyendas

Al cruzar por Turegano se me vienen a las mientes el estruendo de cadenas y el gemir de dientes de los personajes que allí dieron carena y condena en los bajos de sus mazmorras. Recuerda un poco a Chinchilla y un mal fario persigue a los pueblos que tuvieron penal: San Miguel de los Reyes en Valencia, el Puerto de Santa María, el Dueso, Zamora y Alcalá donde estaba la cárcel de los curas y frailes rebeldes etc.
"Tengo un hermano en el  Puerto y el otro está en Regulares y el más chiquito dellos lo tengo en Alcalá de Henares", según cantaba la antigua copla carcelera.
Turegano yo no sé si sería o no villa episcopal (el obispo de Segovia tenía allí una finca de veraneo) pues no consta en los anales eclesiásticos. Sepúlveda sí lo era hacia el año 711. Lo que sí  sé es que fue una cárcel de "alta seguridad" donde enchiqueraron a personajes de alcurnia como Francisco I y a don Álvaro de Luna el valido de Juan II y de allí lo sacaron al cadalso de Valladolid para cortarle la cabeza. Fascinante personaje muñidor de enredos y espejo de ambiciones pero uno de los más apasionantes de la historia castellana.
Después de servir a Juan II más de cuarenta años y acusado de alta traición y de nigromante lo condujeron a la cárcel del Portillo para ser ajusticiado el condestable en el rollo de la Ciudad de Pisuerga. El ajusticiamiento fue uno de los motivos del conflicto entre el rey y su heredero a la sazón príncipe de Asturias. Juan II y Enrique IV se hicieron la guerra. Los hechos no están claros acerca de cual fue el conflicto pero tengo para mí que Enrique IV fue un monarca muy difamado y al que la historia que lo trata como el risum teneatis de la dinastía no es justa con su persona. Murió envenenado en el Pardo, se encaró a los nobles y había salido en defensa de Álvaro de Luna, enfrentandose así a su padre y a su madrasta, la reina doña Juana.
En lo que respecta a la otra historia trágica del reinado de los Trastamara la  ejecución quedó inmortalizada para la historia en ese patético mural de Padilla pintor romántico  en el que aparece el reo decapitado y su cabeza colgada de un garfio, un fraile encapuchado y  al lado del cadáver entre dos blandones una bacinilla para la limosna.
Quien había sido el más poderoso y rico hombre del reino hubo de ser enterrado de caridad. Dejemos sin embargo a Lozano que nos describa la escena de la decapitación: "habiendo don Álvaro de Luna confesado sus pecados y recibido Comunión lo sacaron de la cárcel el 5 de julio de 1453 año desgraciado e infeliz para toda la cristiandad pues se perdió Constantinopla cabeza del imperio griego. Sacaronle, pues, en enlutada mula rodeado de guardas y ministros y a la voz del pregonero lo llevaron al suplicio. El alguacil que iba delante marchaba diciendo esta es la justicia que manda hacer el rey a este cruel tirano. Llegaron a la ancha plaza do estaba puesto el cadalso y en él alzada una cruz con dos hacheros a los lados. Desenredado el capuz fue subiendo la escalera don Álvaro acompañado de un fraile francisco que le ayudó a bien morir. Luego que hubo subido al tablado hizo a la cruz una profunda reverencia y sentado en la silla entregó a un paje que le había asistido un sombrero y un anillo diciéndole: esto es lo postrero que te puedo dar. Prorrumpió el paje en grandes sollozos y lágrimas en consideración de espectáculo tan triste viendo entregado a un verdugo a quien pocos días antes y en aquella misma plaza los grandes señores de Castilla le rendían reverencia. Hallose en presencia Barrasa caballerizo del heredero y llamandole don Álvaro le dijo id y decid al príncipe don Enrique de mi parte que en premiar a sus criados no siga el ejemplo del rey su padre. Vio el reo un garfio de hierro clavado en una escarpia y preguntó al que le iba ejecutar que a qué efecto estaba allí. Y le respondió que para clavar su cabeza cortada. A lo cual repuso el condestable: "muerto yo, haced vos de mi cuerpo lo que quiseredes que a los hombres de valor ni la muerte ni los ultrajes los afrentan". En diciendo esto se desabrochó la camisa y con ánimo constante entregó al cuchillo la cabeza"



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