|
TRENOS
DE GUMERSINDO ARIJE PRIMER CAPITULO DE MI NOVELA Posted: 22
Dec 2018 07:36 AM PST
MI AMIGO GUMERSINDO ARIJE A
Arije me lo encuentro todos los días yendo y viniendo por los bulevares
de la Reina Madreallí donde hay una clínica que fue hospital de sangre
para todos los soldaditos de nuestras guerras africanas. Aparece en imagen
una enfermera de bronce que atiende compasiva a un cabo de infantería, herido
de bala, abierta la sahariana con los ojos turnios agonizantes. Del pecho se
escapa un chorro de sangre. Mi amigo quedaba conmovido al
contemplar la estatua. Tarde de mayo dolor de España horas sin amor. Auras de
juventud. Esta zona de la capital me recuerda los tiempos de estudiante, la
parada del F, el autobús que nos llevaba a la facultad, casa de ladrillo
rojo. El cobrador era un gallego rubio uniforme gris como de presidiario y
una visera-bonete con un guarismo de registro, por cima de la visera, picaba
con gesto indolente los pases que eran veinte números desparramados en cada
uno de los cuatro ángulos sobre un cartón blanco. Se sacaban estos
itinerarios en la taquilla de la empresa municipal o en cualquier estanco por
un duro. Nos vamos a Orense. Tira, Manolo. el trolebús arrancaba.
No va más. Billetes por favor. Muchos se colaban. Al gallego le veía yo todos
los miércoles al bajar a la clase de prima cuando tocaba latín con el
profesor Mariner, un catalán clásico emblema de la sabiduría y perdil romano.
Aparecía sentado en su telonio como un buda mirando alegremente para
la juventud divino tesoro que nunca vuelve. Una vez me tocó detrás de una
monja concepcionista que arrimaba el culo arrecachado. Yo, por mi parte,
acercaba el material. Hambre sexual de los sesenta. Mi amigo Molina
malignamente me hablaba del placer que suponía a los milicianos invadir los
conventos y forzar a la madre superiora. Muchas daban gracias al cielo sin
importarles mucho ser mártires victimas de las sacrílegas turbas. Aquella
zona estaba en los límites de la glorieta donde había un cine grande en que
veíamos películas de espías alemanes y un bailongo en los bajos. Sara Montiel
acudía a una famosa cafetería del primer piso y se la veía muchas tardes
mirando por la cristalería del ventanal mostrando sus torneadas rodillas de
rolliza manchega que por aquellos días eran una inducción al pecado mortal.
Estaba cantando el ultimo cuplé y la canción “fumando espero”. Por las noches
en las campas circulaban por los solares del Canalillo mujercillas de virtud
incierta. Este ajetreo ya pasaba en los tiempos de Galdós. Una paja una
peseta; un polvo con goma un duro. Frenética actividad meretriz se
condesaba en la trasera del Gran Hospital cuando los amaneceres sabían a
leche condensada. Y es que Eros y Tanatos son Castor y Póllux subidos al mismo
caballo. Compañeros de viaje. En la mili te daban bromuro y a lo mejor el
tiro de un moro a los que hicimos el sorteo y nos tocó en África. La
escena del cabo moribundo de bronce en manos de la enfermera me recordaba a
mis compañeros del tabor de regulares cando serví a la patria; aun sabiendo
que esto hoy no se lleva Arije se sentía muy ufano de haber hecho la mili en
regulkares y cantar por lo bajini aquello de soldado estoy de España y estoy
en el cuartel contento y orgulloso de haber sentado plaza en él. Florence
Nightingale habita entre nosotros y si no hubiese sido por estas enfermeras
que son monjas laicas y a su vez matronas y madrinas de guerra que dieron su
vida por España hubieran muerto solos como los perros en algún blocao de
Xauen o de Dar Akoba nuestros queridos soldaditos llenos de valor. Eso se
supone. ¡Bah! no me quiero poner sentimental. Canta la coruja en la rama del
roble. Ya están llamando. Vuelvo sobre mis pasos a desandar lo andado.
Enrollo el cordel y el zumbel de la memoria empieza a moverse sobre el firme
del bulevar. Camino solo ladera abajo con mis pesadumbres. No es que quiera
mucho a los moros. Les comprendo. Son algo testarudos, muy orgullosos.
Respeto sus lilailas pero yo me quedo con los salmos. No va a ser cosa de
cargar las tintas y aljamiarse y renegar de la fe de Cristo como hacen
algunos. Conozco
a los musulmanes y ellos creo que me conocen a mí pero ni tanto ni tan calvo.
No lo puedo remediar. Dicen que es un pecado matar en el nombre de
dios pero la biblia es un libro de hazañas bélicas con resabios porno y yo
marcho a rebalgas perseguido por mi sombra por Reina Victoria. Debo parecer
un paracaidista inglés desfilando por Buckingham Palace en la parada
del Trooping of the Colour. El día del santo de la reina que
acontece en London en los bellos día de junio. Me dicen los ingleses que como
su Majestad le da que se las pela al zumo destilado del enebro con gaseosa no
se le acabará el carrete. La reina madre vivió 102 y ella puede que se plante
en los 115. Así que el heredero al que llaman el Orejas el que soñaba con ser
tampón higiénico de doña Camila la mujer del alabardero para verla
más de cerca lo tiene claro. Tengo
una gran colección de arabismos que exornan (palabras que empiezan con el
artículo al) nuestros diccionarios pero de niño sobre la cabecera de mi cama
de madera había un cromo de la batalla de Clavijo en el que el artista
pintaba torpemente la figura de Santiago Matamoros alzando su espada sobre un
caballo tordo. Derribados y bajo los cascos del caballo del apóstol aparecen
unos cuantos turbantes pidiendo árnica. Siempre me impresionaron los rostros
desencajados de esos agarenos que el pintor rural quiso que fueran negros o
medio mulatos de modo que sus pelambres contrastan con las barbas y melenas
de un blondo triunfal Hijo del Trueno que para eso fue patrón de los godos
durante muchos siglos. Ya que buen trabajo le costó a Francisco de Quevedo
defender su auspicio castizo de España por San Jacobo dándose de cuchilladas
con el de los conversos, que defendían a santa Teresa en el compatronato, y
bajarle a Boanerges de su pedestal glorioso al grito de Santiago cierra
España. Estábamos trazando rayas en el aire, queríamos arar surcos en la mar.
Nos falta a los españoles voluntad colectiva, por eso somos un país de
conversos, desdichados y a media hacer enfundado a las veleidades de una
monja andariega e inquieta que podía ser precisamente la que me arrimaba las
nalgas en el trolebús a mí. apañados y apretujados íbamos aquellos
estudiantes sardinas en lata del futuro. Nos hemos olvidado del caballo
blanco de Santiago. Por estos tesos pululan los curas libidinosos, las monjas
que se dan a la fornicación y ansían ser penetradas por el dardo divino. Yo
por lo menos le prefiero a la Mística Doctoraque según revelan ciertos
documentos se acostaba con el padre Gracián. Así que aun entonces ya yo
bajaba letra herido por la cuesta de Reina Victoria, sin saber qué hacer, por
dónde tirar, inhalando el humo salutífero de mi cachimba, fracasado de
mujeres, barruntando cielos color mortal y rosa y el odio católico de los
neos, enfrascado en tan tristes pensamientos, acordándome de la Reina
Madreque vivió más de cien años dándole a la ginebra con tónica. La madre que
la parió. Chinchín. Bríndenos a vuestra salud. La endrina es baya milagrera.
Alarga los años. Es el antídoto contra la lucha de clases. El pan candeal se
amasa con la harina del trigo trujillo. Aquí cada cual propende a llevar el
agua a su molino y dejar seco el de su vecino y habla despacín no nos
oya el mio vecin que diz en la Asturiasgalana. Do va la mar
vayan las ondas. Que allá darás rayo en ca Tamayo. Conviene esperar a que
pase todo esto porque cuando Dios lo quiere todos los aires llueven. Mayo
mangonero, pon la rueca en el humero. Pedrada cantada, nunca ganada. El que
calla piedras apaña. Piedra sin agua no aguza en la fragua. A piedra movediza
el moho no cobija, y metimos un ratón papal en nuestro granero y se hizo amo
del cillero. Palabra y piedra suelta no tienen vuelta. Al buen
callar llaman Sancho, y entretanto llevaré este canto. Non lu quieru non lu
quiero pero échelo vosté la puchero. Dádivas quebranta peñas. los refranes
eran para mi personaje un consuelo y éste en concreto le retrotraía a Arije a
London mientras esperaba a una novia que no fue. Le dijo que tenía la nariz
muy grande. La esperaba en el salón cortinas rojas en la ventana y un viejo
sofá comprado en a almoneda de Fulham Road cerca del campo de futbol del
Chelsea. se paseaba por la acera de los jardines de Roland la sombra del
fantasma del conde Kelly. Aquel amor lo desbarató la iglesia. Teresa Calatos
le dejó a la puerta de la iglesia, se fue con el cura. Los refranes desde
aquella vez eran el refugio de las decepciones del desamor. Cabe las mujeres
a Arije le fallaban los arrimaderos. Era un aficionado a la paremiología. El
ojo del amo puede que engorde al caballo. Carbón y leña no la compres cuando
hiela. Cuando la Calatosvino a verle al piso en su algorín de South
Kensington nevaba. Apagose el tizón pero todavía no parece el que lo
encendió. Dio la piedra en el canto y mal para el cántaro. De tanto penar y
sufrir yendo a la fuente al pobre Arije el botijo se le quebró y vagaba por las
calles de las ciudades cantando con voz solemne de barítono dedicando versos
a la maritornes del Julifer que le decía que Zamora no se gana en una hora.
“Yo soy casada gilipuertas”. El
Santi se descojonaba. La Leono le hacía caso pero había una vinoteca al
lado, para su consuelo; compraba dos botellas y se las chiscaba gluglú en un
banco del bulevar cerca de la floristería abandonada. El vendedor de rosas
había matado a la mujer y fue a la cárcel. Su chiscón abandonado era el
refugio nocturno de los vagabundos del Este que trampeaban por la avenida.
Que al as de oros no lo juegan bobos. La floristería era una vecera de cerdos
humanoides. Huelgome un poco, mas hilo mi copo. No hay bronce que años tenga
mas de once ni mas lana que saber que no hay mañana. Leña de romero y pan de
panadera la bordonería entera. Chimenea y huerto y un hogar do calentar las
posaderas, el sueño del pícaro y del rufián. todos vamos a donde dan.
campanas de mi aldea tilín tilán. Aldeana es la gallina pero comenla en
Sevilla y viva la gallina con su pepita. Dentro de la concha está la perla
para quien sepa verla. Añoso luchador el pino de Formentor. Do no valen cuñas
aprovechan uñas. Guardate del viento acanalado y del hombre mal barbado que
porta en la cara las siete señas del hideputa (el signo más conspicuo: la
barba en parrpoquias), al loco y al aire calle. La sangre se hereda y el
vicio se apega. Soplar y sorber juntos no pueden ser. Me deslizaba al esconce
de la floristería después de estas subidas y bajadas, ▬cuando perdía el último
autobius a causa de su aficción al pimple y no podía regresar a su hogar, así
que quedaba a dormir en la leonera de los vagabundos▬ por los colmados
alcohólicos, veía venir a las marimantas. los dias que atardecía sereno
tomaba el 623 y se refugiaba en su casa, aquel chiscón que había comprado con
sus ahorros en Majadahonda. Seguía escribiendo al dictado de la botella
porque para él la escritura era una purificación una catarsis para un tiempo
en el cual la poesía había muerto. Quien bestia va a Roma de allá bestia
torna. En el camino a muchos se les trompe el botijo, digo la sítula. Luego
vienen los grandes pecados capitales de nuestro pueblo: ira, gula, lujuria,
soberbia, homicidios, omecillos, robos, desfalcos, temeridades, contumelia,
bandos, disensiones, mecachis en la mar. Acaso el proel de los vicios sea la
protervia que la soberbia reconcentrada y la obstinación en el mal son
licencias que marchan delante. Mascarón de proa de la vida nacional. De la
cantidad de nuestra dura mater depende el pensamiento. Los hombres con cabeza
pequeña tienen parvo entendimiento. Porque el viento gordo genera craso
intelecto y yo estoy demasiado gordo, padezco de crasitud mórbida. Así, como
los naranjos que portan poca médula y cáscara canteruda, me aflije a mi la mucha
cáscara y escaso pipo, debe de ser porque estoy enfermo del alma. Mi madre y
todas las mujeres que he conocido me lo dijeron “eres parvo, Gumersindo
Arije”. mi amigo Manahén Enalgramado, que es un traidor, no piensa lo mismo,
tú vales mucho, chico, lo que ocurre es que te minusvalora y por eso echaste
tu vida a rodar. A Manahén le gusta dar coba. Aunque el poder cognoscitivo de
las potencias del alma acaso se mayor de lo que se cree. Son poderosos los
mastines con carlanca y olfatean el aire los podencos, eso me pasa a mí
cuando veo a una persona por primera vez que le calo y sé de qué va y por
donde va a salir. En el
Kiss bailaba la bacante Micaela. Había algo divino, un halo superior en
aquella negra. Parecía una sacerdotisa de Venus color ébano pero
el diablo, que siempre anda por Cantillana, movía la lengua y le hacía
pronunciar cosas extrañas en diversas lenguas. Yo salía renovado de aquel
cuchitril de paredes rojas color vino de la calle la
Ballesta. EnGran Vía un argelino me quitó la cartera y anduve tiempos
metido en pleitos de la mano de rábulas vocingleros extorsionistas que
querían demostrar que mis ojos grises eran negros. Este es un mundo ovil con
muchos recovecos. En Madrid siempre cazan ratas al amanecer. El remedio
contra esta carrera de ratas son los cuatro espíritus vitales de los romanos:
Tracrix Retentrix Conmcotrix y Expultrix. Según Roma, la tribulación aguza la
inteligencia y la alegría hace bajar la guardia a los humanos. Para los
talmudistas es un error imperdonable ir de bueno por el mundo. Estaba
Santi el del Julifer, el bar de la esquina, hecho un brazo de mar
en su telonio despachando cañas de cerveza y mirando de reojo. Zamora no se
ganó en una hora. Qué va a ser... lo de siempre. Ya no vas al Kiss. Qué es el
Kiss preguntó un cliente con pinta de guardia civil franco de servicio y dijo
Santi un puticlú y yo dije ya no me vaga estoy jubilata soy un cabo pieza al
que se le jodio el goniómetro y el Santi que aquel día se había levantado con
el pie torcido se cachondeaba de mí ante el secreta. Además repuse lo
cerraron desde que mataron a Manolo Cantalejano. Creo que fue la mafia rusa y
Santi corroboró: —Je a
éste cualquier día le colocamos las pulseras y lo llevamos a
la comandancia. Lo malo es que tiene las muñecas gordas. El Santi
era un suma y sigue de su hermanan Leonor a la cual le gustaba faltarme al
respeto cuando subía a tomar café de las mañanas del tiempo que se fue. Por
sus interferencias la hubiese dado yo una en los morros pero no valía la
pena. Hay que resistir cuando la gente pide bronca y poner en practica el
consejo de mi abuelo que era de la Benemérita“paso corto, vista larga;
ojo al cristo que es de plata y ojos de halcón diente de lobo y hacerse el
bobo”. Leonor era una verdadera Euménide. Yo me pregunto qué es lo que habré
hecho yo pobre funcionario sin mando en plaza, marinero de tercera para caer
mal a la gente. Debe de ser mi gordura mórbida que les asusta pero de mozo
cuando vivía en London era cenceño, tenía buena facha, me acostaba con
mujeres que no eran de pago, y feliz. En el Kiss una sacerdotisa
de Venus echaba las cartas, dominaba la guija, vaticinaba el porvenir como la
mejor veedora de Galicia aunque ella era andaluza; decían las compañeras que
aprendió las artes mágicas en el Vaticano en su calidad de primera daifa de
los cardenales de la curia, hizo una prognosis terrible de mi condición
psicológica y sexual: — Tú
tienes madera de asesino en serie. —
¿Quién yo? —Sí,
tú. No te hagas el longuis —¿Por
qué? — Buscas el trato torpe con mujeres públicas. Eres
algo seductor y encantador de serpientes pero insensible al dolor ajeno.
Hundes tus fauces en el légamo del egoísmo. Tienes los pies planos y me da
que eres algo impotente. Esto de la impotencia de don Juvenal fue corroborado
por el sanabrés que poseía buen ojo clínico para tales alicientes El
camarero sanabrés pronunciaba su diagnóstico de manera contundente.
Seguramente había leído a Freud. No. Eso imposible: Santi era de los que
jamás han leído un libro. Esos españoles que pertenecen a un país en el que
menos se lee y más se publica. Vanidad de vanidades. Me quedé de un aire. Ser
gordo en España y atiborrarse de lecturas, mala cosa. Pero nunca pondréis,
malditos, bozal al buey que trilla. La Leonos miraba desde el alguarín
de sus premisas una cocina de metro cuadrado, verdadero banderín de enganche
de potas y perolas, donde fregoteaba con sorna y empezó a decir sandeces y
blasfemias contra mí. Y yo no cesaba de decir para mi camisa santo dios por
qué le caeré tan mal a la gente. Arije, espabila. No merece perder el tiempo
hablando con esta gente. Juvenal, que jugaba al tute con los jubilados, me
guiñó un ojo desde el taburete donde echaba la partida: —
Calma no hagas caso a esa bruja. Pese
a las impertinencias y humillaciones, estaba yo allí todos los días a la hora
el cafetín. Me atraía el abismo. Templanza. Moderación. Circunspección y voto
de silencio. Todo menos darla un par de hostias. No te pierdas, Guemersindo.
Y por más que me proponía alcanzar tales virtudes jamás lo conseguía. A lo
mejor el Santi llevaba razón: yo, arrastrado de mis malas inclinaciones,
podía liarla parda hasta el punto de convertirme en un asesino en serie. No
me gustaba mirar los telediarios porque me daban ganas de vomitar y después
matar a ZP. A la rubia de bote el chocho morenote esa lozana andaluza que
pronuncia encendidos discursos simulando la verborrea de los delegados de
curso de la Facultad de Económicas y presidía un gobierno de
corruptos y de puteros yo también me la cargaba. Mi país estaba envenenado
por la política que torna a los hombres tristes y rencorosos Por las noches
se me acercaban los vampiros y creía entrar a bueyes volando por mi
dormitorio. Alguien soltaba el buho que revoloteaba por la camarilla.
Graznaba la lechuza en una rama del árbol de la sabiduría. Me convertí por
esta causa difunto de taberna y entraba desesperado en la barra del Julifer
(acrónimo de Julito y Fernando no vayan a pensar ustedes otra cosa pues eran
los dos socios que montaron el chiringuito) para que la Leonor me
escupiese exabruptos y su hermano me preguntase con un aire místico si me
pasaba por el Kiss. Templanza. Moderación, restricción, recato. No hagas
caso, Arije. Lanzaba la peonza. El zumbel de mi vida daba vuelta y vueltas.
Se desplazaba en circulo y la mecha se le iba diluyendo hasta que sonaba el
cimbel del convento de las Clarisas a la hora de vísperas. El impulso
cinético concluido, el trompo quedaba tendido panza arriba como el cadáver de
un ahogado sobre el enlosado del bulevar. Así que cimbel y zumbel es lo que
soy ya digo. No había matado a mi mujer pero no sería por falta de ganas sino
porque ya iba para mayor y me fallaban las fuerzas. Las daifas del Kiss
también se reían de mí. Lo mejor en esta vida no es el amor mercenario sino
compartir el secreto de la botella de Erifos. Vaya usted por la sombra y no
se le ocurra escalar algunas de las brancas del crecal que es árbol sagrado.
Que hay moros en la costa y centinelas apostados entre los merlones y almenas
de la muralla de Niebla que es la más importante de Andalus. Con que ya me
dirás Ruibrás. El zumbel tornaba movido por la fuerza centrifuga de la cuerda
a compás de los tiempos de la gran zurra. Había que ahogar las crisis de fe
en la caneca de aguardiente y reírse de la opulencia de las cosas nuevas de
las gentes que van en el metro mirando para la consola de su móvil y meneando
con agilidad el dedito de la comunicación virtual que se mide en baremos de
incomunicación física. Suena el cimbelillo de las monjas que llevan a las
masas a la fantasmagoría de las redes que son las nuevas arpías de los
capiteles románicos donde todo está dicho y augurado. Se nos aparecen los
monstruos de dos cabezas y la mona que se muestra impúdica ostentando la gran
vagina de la mandorla mística. Lo que iba a pasar en los tiempos venideros ya
lo sabían los constructores de catedrales del siglo XII. Las iglesias estaban
vacías pero las santas pobres mujeres seguían acudiendo a la novena. ¿Quién
murió? El niño de la Exuperia. — ¿A causa de la tos ferina? — Paez que sí Llevaba
el féretro un carro tirado por un tronco de corceles blancos y a Arije que
caminaba detrás del cura portando la cruz alzada y cantando el entierrillo
aquellos caballos le parecieron que iban trotando por los cielos nuncios del
Apocalipsis. Mientras
tanto, los narcopoetas escanciaban yámbicos blancos y las
poetisas se llamaban poetas desde que se popularizaron los versos
perroneros de Gloria Fuertes que era bollera. alzaron el pendón del orgullo
vaginal. no somos poetisas que nos llamen poetas. hay que ver estos de la
involución feminista en qué tonterías se fijan llevadas por su odio al macho
y sus deseos de aniquilar la vida. Yo quise entonces cambiar el mundo
mediante la palabra pero no pudo ser. Mis parientes ponían oídos de mercader
o se mofaban de mis súplicas. En España escribir es un vicio y yo no era más
que un flor de jara, un hijo de la lluvia. El arcipreste Julito y el padre
Eguillor que se torra en los infiernos ya me lo habían dicho: — Arije, tú nunca entrarás n el paraíso. Mala suerte,
chaval. Te salió el esteatoma. Y un zaratán en los pies es para las
ocasiones. Creciste en un mundo sin amor. A
pesar de todo fui por el mundo anunciando nuevas y contando cosas navegando
por mares de envidia y mediocridad. No entendían mi lenguaje por yo empleaba
los subjuntivos y la consecutio temporum latina y ellos
pagados de si mismos se creían los reyes del mango pegados a la alcachofa, y
micrófono, verdaderos “maqueraux” de los portavoces profanadores del lenguaje
de la comunicación, butanitismo informativo, cabrones con
pintas. Mi tío Hans murió en Stalingrado y monta guardia en las estrellas. En
noches de desolación nos comunicamos utilizando un télex particular que me
conecta con la ultratumba. Escucho los tambores que anunciaron la desolación.
Siento piedad por tío Hans y todos los que cayeron en aquel terrible mes de
enero e 1943. Nuestro futuro se derrumbó entonces y vamos muchos dando tumbos
por el mundo. Sin embargo llegaría un día de venganza. La mentira no puede
durar mil años. Los serviolas de proa anuncian una noche larga en la mar.
Surgen sombras a popa. Caminarás sobre el áspid y el basilisco, romperás los
eslabones de las cadenas que te ataron. La nieve y la escarcha (Imbert et
nix) pasarán pero no mi palabra. El Señor que es buen marinero de altura
nos largará una estacha. Mientras tanto, escucho el ruido de los cerrojos que
se abren y cierran en libertad. Los mueve una mano invisible. Ecos que se
grabaron en la piedra de los castillos y matacanes por cuyos pasadizos yo
corría en mi infancia. La piedra guarda los mensajes crípticos. Son ondas del
más allá. Haplología cíclica. El pan de los mastines. Los guardias de
seguridad que guardan la viña bajo el gario de oro de los cuatro dientes;
justicia, fortaleza, prudencia y templanza. Todas ellas abocan a la
continencia, la modestia y la abstinencia que proporcionan alegría al mal y
al cuerpo buen banzo. Son sus contrarios el hambre, la peste y la guerra.
Después como todo se renueva florece un tiempo distinto ex novo el abismo.
Los poetas son sus heraldos pero muchos son crucificados porque no son del
gusto de los tiranos los profetas y de los adoradores del Becerro de Oro que
se suben al carro del vencedor arreado por sus teloneros periodistas
comprados y abogadotes rábulas picapleitos. Los lobos sin embargo se
desinflan y se estrellan contra el asfalto del Paseo de la Castellanaen
medio del estruendo de palabras altisonantes altoparlantes: democracia,
solidaridad, feminismo, sexo y café para todos, globalismo, derechos humanos,
lucha de género que ha venido a sustituir a la lucha de clases, el euro, la
Merkel, Donald Trump, la Maritere inglesa. Los apoltronados de Bruselas. Ya
no hay propiedad privada la gran aspiración de las clases medias merced a la
corrupción sistemática de los partidos políticos que operan bajo la fórmula
de “I will buy you out”. Somos unos vendidos. Estos señores nos
compraron. Todo es escaparate y jactancia en este mundo sometido a la
dictadura del dinero, el hedonismo y la fuerza bruta que es la fuerza de la
masa. Nos dan gato por libre cantidad por calidad y eso sí grandes
superficies y Black fridys. Los gobiernos que ponen al frente son una
almáciga de mediocridades porque piensan los que mandan que los ineptos son
más corruptibles y manejables Una
cuadrilla de negros en un banco en mitad el bulevar recién desembarcados de
la patera y a las que las autoridades habían mandado para acá estaban
sentados sin trabajo. Iban pululando de acá para allá y robaban
carteras a los borrachos mientras dormían descuidados sobre los bancos del
bulevar la zorra suprema zupia calimocho y ginebra de garrafón mezclas
explosivas. Todos -eran lo menos ocho- ocupaban un banco municipal. No tenían
currele y estaban de brazos caídos porque esto no era lo que les habían
dicho: esto es el paraíso. —
Venimos a España a que nos mantengan. No vamos a pegar golpe. Acababan
de aterrizar en Madrid como aquel que dice pero después de la patera ¿Qué?
¡Pobrecillos! A matar o a robar o hacerse el culo de una puta vieja. —
Pues ninguna lástima te han de dar, Arije — solía decir mi novia Etsi En
ese caso estaríamos hablando de turismo sexual o de un nuevo tipo migratorio.
Me daban un poco lastima, la verdad. Este país fue cruce de razas y empalme
de fronteras. La esbeltez de las nubias contrasta con las abotagados rostros
ecuatorianos de piel cobriza que parecen mismamente corchos de botella con
perdón pues así tienen el talle y cara de buenas personas casi todos estos
ecuatorianos inditos que a mí no me molestan. Madrid ya no es rompeolas de
las españas sino el abra donde convergen todos los mares del mundo. ¿Esto es
malo o bueno? Yo que sé. Al principio nos preocupábamos y decíamos pero esto
ya no puede ser. Venida la pella, y como no los puedes vencer, únete a ellos,
sálvese el que pueda. A la España de mis amores no lo conoce ni la
madre que lo parió. Además, estos encastes transandinos y subsahariano pueden
mejorar la raza hasta el punto de perder nuestra identidad pero nada podemos
hacer. Entré
en el bar Tera. Zamora no se gana en una hora. La Leonorestaba de muy
mala leche. Manolo su marido hecho un brazo de mar al igual que Domingo y
Santi los camareros. Todos son hermanos de por ahí de la raya de allá donde
el Duero se va a cantar fados a Portugal. Hablan medio gallego y
su parlar guardaba desinencias troncales del frontón de la gaita zamorana. El
establecimiento me recordaba a mí viejos cantares de la ronda sanabresa.
Buena gente. Entre pecho y espalda me metía mis dos buenas botellas de peleón
alguna vez clarete y me ponía a cantar el quien dirá que no son cinco tres de
blanco y dos de tinto — esto de los restoranes familiares que a mí me van:
plato del día y tercio de vino con gaseosa, aunque ya van quedando menos en
Madrid —es lo mejor que tiene esta ciudad. Día sí y
otro no, cocido maragato con su compango, chorizo de bola y todo
bien regado con tintorro de la frasca y ahí me las den todas. Arije se había
sentado en la mesa de enfrente. No hablaba. Estaba cetrino. Sentí como un mal
barrunto el aleteo de un cuervo. El aliento de una mala sombra se esparcía
por las techumbres del establecimiento, las sillas parecía que empezaban a
moverse. Yo juraría que Arije un viudo jubilado que come todos los días a la
misma hora, una y media, sentía que yo había detectado algo del tenor de su
gafancia. Pero no te apures le dije. Si eres gafe todo se soluciona menos la
muerte. Por lo menos has tenido suerte. Las parcas se han llevado a tu mujer
(qué buena era, lo dicen todos, aunque en el fondo todos sentimos una cierta
envidia a los viudos de pata negra) y a ti no te vamos a ver en danza por la
sección de suceso de los periódicos pues hoy es muy habitual que los
jubilatas se lleven por delante a la parienta. No te quejes, Arije, chico.
Eres un suertudo. En Madrid soltero y con dinero Baden- Baden te lo digo yo
échate una novia una de esas rusas de cuerpos macarrón o esas rumanas fetén
con ojos eslavos de aguamarina y a vivir que son dos días y déjame de mirar
con esos ojos de buey que se me atraganta la sopa. Oye y no engordes mucho
cuídate. Mis amonestaciones no servían para nada. Mi comensal era victima de
una de esas ligaduras misteriosas o lo que los italianos denominan la jettatura.
Deja de ser el hilo conductor de toda esa trama maléfica, hazte con las
riendas del mundo, domínate a ti mismo. Tener tan elevados pensamientos en el
preciso instante en que uno se zampa un cocido de garbanzos y mientras
Domingo bajaba por la escalera de caracol con la bandeja no es que sea muy
edificante. Primum vivere deinde philophare pero yo soy
capaz de hacer las dos cosas a la vez. A Alfredo Mirlo se le había muerto su
mujer Brontea haría un par de meses y a la legua se notaba que era uno de
esos individuos que no pueden estar solos porque le falla una cromosoma de la
falta de emotividad. El buey suelto bien se lama. Había sido un marido
dominante y posesivo que había dado mala vida a su señora y si no la tuvo
atada a la pata la cama allá que se iba pero ahora todo eran lagrimas duelos
y quebrantos por ella. Como Brontea malparió una hija le nació tonta y se la
llevaron a Quitapesares un preventorio psiquiátrico. Esa era otra. Pero ¿tu
eres mi hermano Gumersindo di? Nos han ocurrido cosas terribles. Cuando te
encuentro por el camino siempre me ocurre una desgracia. —No
digas sandeces, Fabiniano. Pocas
veces le había escuchado llamarme por mi nombre pero aquella vez su llamada
sonó apelativa y tierna transmitiendo en su inflexión ciertas querencias de
la infancia olvidada. Se sintió generoso y luego le invitó a absenta después
de comer. A la salida del zamorano cada uno de los dos hermanos tiró para su
lado el uno para la derecha y el otro por la izquierda. Cuídate y
no te apures. Todo eso que pasó ya pasó y habrá que echarlo en el olvido. Si
no fueras tan gafe, te llamaría de vez en cuando pero la gafancia no se
cura... y. Tocó madera. Había una papelera de bambú en las escalerillas del
metro y la rozó con la mano izquierda. Estoy seguro de que Fabiniano ya me ha
pasado la galerna. Era como si en el alma me hubieran sacudid un linternazo.
Un ventalle de perdición, hijo mío. Yo soy Baruj Arije y no se por que me
pusieron Baruj ni cual es la raíz del arije. Seguro que es un nombre moro.
Recordó a Malitva una hermana que había fallecido de cáncer de tiroides. La
salieron unos bultos en el cuello y se le inflamaron como cuévanos las
cuencas oculares. Era muy guapa y rubia y de la noche a la mañana perdió el
pelo. Se puso monstruosa. Ella también era una Arije. Vivió poco tiempo:
treinta y cinco años. Dicen que lo del tiroides la vino en el sobreparto al
tener el primer hijo o fue el marido que era un pirata y un moro en el mal
sentido de la palabra. Pobre hermanita. No
tenemos mucha suerte los de la familia. Avanzamos por la vida con
la cargazón de la culpa. Pagamos por los pecados de otros. Somos del pueblo
elegido. Elegidos sí para sufrir. La cosa no es para tomárselo a broma pero
yo suelo hacer de tripas corazón. Le saco partido a la vida. Buen yantar
buenos vinos buenas mujeres alguna que otra si se tercia y sobre todo buenos
libros y buen tabaco. Me he fumado lo mejor de Vuelta abajo me he bebido
cubetes enteros de Vega Sicilia. He amado la literatura profesión que nos
inmortaliza y no fenece. Que grande eres, Dios de Israel. Como cuidas de
nosotros aunque a veces nos mandes castigo. Será que nos lo merecemos. Hemos
siempre de estar preparados y ser congruentes con nosotros mismos para cuando
sople el viento de perdición que extinga la llama de todos los cirios. Otros
tienen oscuridad pero los Arijes vamos por la vida destellando rayos
lumínicos. ¿Será eso por lo que el profeta nos define como Vas electionis?
¿Será eso por lo que me pusieron al nacer Baruj? Y
entretenido en estos pensamientos místicos deambuló por la ciudad. La
Avenida de la reina Madre le condujo hasta un barrio lejano que casi
desconocía donde todos hablaban cheli de los bajos instintos. Es
un Madrid que me daba cien patadas sobre todo cuando esos majos se descuelgan
de repente con una parrafada que parece un chotis y muy enviserados y
chulaponas se van a bailar a la Verbenade la Palomasobre un lauril
en “La Bombilla”. Todo eso es falso. Esa zona de la ciudad tan mitificada por
Ramón es un pufo que la etnología nos ha metido. Áspero y bronco Madrid.
Mucho Madrid. Es como arrancarse por peteneras y darle una buena soba a
Yoquecojones Nesti para los amigos el chamarilero de los libros de lances por
bocazas. Lleva visera de los de los legítimos y se enfunda el blusón de
menestral. Pero lo perdonó. “ese seguro que reventará cualquier dia como el
lagarto de Jaen sin que nadie le siente las costuras y le haya partido la
boca por mentar a mi madre, que se muera Madrid era una ciudad
fantasma. Quebraban albores. En el Paseo del Prado al bueno de Baruj el
peripatético le salieron unas damas al encuentro hablando en suahili. Todas
eran pigmeas la piel negra pero todas ellas vestida de blanco. Sólo sabían
una frase en castellano la de la quinta pregunta: —
Chupaaa.... folláaaaa —Bueno,
bueno niñas qué cosas tenéis. Dejadme en paz. Yo tengo otras preocupaciones.
Ale ale a casita que llueve. Pero
cuanto más les amonestaba mas se le arrimaban las pigmeas. Se llevó la mano a
la cartera. Estas prendas vienen por algo. Tuvo que ponerse serio Arije y
sacar la poderosa cabritera de muelle que llevaba en bolsillo. Al
ver la de Albacete se espantó toda la bandada y lo dejaron tranquilo. En sus
cavilaciones se le había pasado la noche y tuvo que esperar barzoneando hasta
que abrieran el primer metro. De noche la ciudad resulta casi una desconocida
otro dibujo otra alma y otra vida pero él habia sido un noctívago dado al
trasnoche y amaba las madrugadas sobre todo las amanecidas aldeanas cuando se
escucha a los gallos quebrar albores. A las cinco de la mañana todo parecía
que despertaba y poco a poco se notaba un aire de actividad y de currele.
Tenía frío. Era lunes santo y ya se notaba la proximidad de la primavera. Se
escuchaban cantar los pájaros en las frondas del Retiro. Toda aquella huida
de Arije de su propio laberinto y de su castillo interior a la negrura de la
noche tenía una explicación. Se había pasado la tarde entre bostezo y bostezo
haciendo zapping por televisión hojeando a rastras insustanciales
periódicos y suplementos dominicales subidos de color y de desnudeces pero
entecos de ideas. Para él estaba visto que la belleza no estaba plasmada
meramente en el felpudo de la modelo exhuberante que por una vez se retrasa
mostrando sus líneas. Para él la belleza era la filocalía. No estaba en
torsos ni en senos flotantes sino en la belleza interior. Una mirada una
palabra amable una risa feliz una canción de quintos. Los nuevos periodistas
explicaban a sus lectores a lo largo de una serie de reportaje su pan comido:
ha nacido, señores, una nueva religión. Ahora todos somos laicos. Los
gimnasios habían sustituido a las capillas en su misión soteriológica. Era el
síndrome de la catedral vacía de fieles y llena de turistas. La descristianización
progresiva, los largos puentes de fin de semana. El alzamiento de pesas. La
barra fija. La bicicleta estática y otras calistenias. La gordura es un
pecado mortal y el peor diablo el de la grasa. Los flamines del tercer nivel
habían sustituido a los curas y a los obispos. Echaron el cierre las rejillas
de los confesonarios, derribaron pulpitos y ambones, el purgatorio no existe
y el infierno fue una fabula que se inventó el Dante así que hemos instaurado
la religión nueva. Todo cambió. Acababa de hacer explosión el coche bomba en
Leganés. Le daban escalofríos de pensarlo. Aquel piso que saltó por los aires
entre suras a Alá y la muerte de un geo. Dios aparta de mí este cáliz.
Líbranos de la peste y la guerra. Era buena persona en realidad Arije. Le
tocó vivir un tiempo difícil a lo mejor la culpa la tendría su hermano el
gafe o que un resorte había fallado. Estaban sin embargo cumpliéndose los
designios que había ido desparramando a lo largo de su obra anepigráfica. —Tío,
eres todo un baluarte —Pero
carezco de antivirus —Que
va. Lo que pasa es que estas apoltronado hecho un oso buco. Has de caminar
más. Pasas las horas muertas ante la cuartilla blanca. Eternidades de
ordenador. Pero ve lo que aguardabas se ha cumplido. Has logrado tus sueños.
Tú sabes. Tú puedes. —Ya
lo sé. Había
que quitarse el sombrero. Arije no había fallado un punto en sus vaticinios.
Ya lo sé que te has pasado tres pueblos que vives en otro mundo pero que se
le va a hacer. Sonreías a los insultos. Eres un cobarde y encima te quejas. Todas
estas predicas difundidas a beneficio de inventario sin embargo no valían
para nada, no le decían nada. Arije se paseaba por la roca del precipicio
haciéndole un calvo a la vida y a la muerte. Vio unos demonios so capa de
monos forajidos copulando furiosa y fugazmente sobre la rama de un ailanto
del jardín botánico. Ciertamente había demonios en el jardín. En ese jardín.
En todos los jardines. Quizás el jardín se alzaba sobre un cementerio y allí
estaban los huesos del profeta Ezequiel en trance de alzarse y muchas noches
sobre los cielos turbios de la capital se elevaban como vaharadas las
trazadoras de los fuegos fatuos. Debían de ser lo muertos de la guerra civil
o el ralentí de ciertas bombas que no estallaron. Castor y Pollux un poco más
ya junto a la fontana de la Cibelesque iban tan amigos montando un mismo
caballo se liaron de repente a guantazos y todo era furor por las esquinas y
los esquinazos. —A
que no me coges. —Uy
esos. Parece que van mal. Por
fin llegó tras mucho caminar, pasados los pontones del olvido, al
intercambiador Digital una cochera inmensa debajo de los cimientos mismos del
Arco de Triunfo. Estuvieron trabajando obreros actividad frenética día y
noche para tenerlo a punto que lo tenía que inaugurar don Cejas para la
Trinidad pero puso algunas objeciones la Celadorade la
Comunidad el mando estaba bastante dividido y era todo un descojone,
entran y salen cuatro como antaño en el cine Montijilla y ya se sabe unos por
otro y la casa sin barrer. La Trinidadse pasa mire usted que guasa y
para las navidades el intercambiador de marras seguía aún sin remozar. Tenía
unas escalinatas de tracción mecánica muy molonguis que bajaban desde las
mismas bodegas del Arco de Triunfo. Avanzó entre el polvo el ajetreo de la
rush hour y el hedor a humanidad. Había una luz fúnebre como de tanatorio
iluminando toda aquella actividad. Yo soñé alguna vez en la escala de Jacob
pero el bueno de Arije se me despistaba. Dos ex presidiarios de un lejano
campo de concentración supervivientes del Shoah se entretenían jugando al
parchís cerca de un panel de indicaciones salidas llegadas y una zorra los
miraba. Una fuina se agazapaba seguramente porque sus ojos tibios y
acostumbrados a la oscuridad no podían soportar la luz fúnebre mientras una
cotorra charlatana no paraba de hablar. Seguramente que se había soltado de
la jaula de un cuentacuentos: —El
39 fue un año triunfal. Ese año un primero de abril entró la fuerza por acá,
en este mismo punto donde nos encontramos. Entraron las banderas por Princesa
y justo aquí fue el empezar y se desplegó la roja y gualda. Un alférez alto y
grande la llevaba. —Que
bonito! —dijo el de la partida que tenía un brete y una pihuela atados al
zapato — pero para de hablar, lechuza que nos interrumpe. Lo que nos traemos
nosotros entre manos es importante. —¿Qué
puñetas hacéis? —Estamos
conspirando. —¿Así,
con ese uniforme de penitenciarios? Ya tendréis ganas. —Tú
ya verás. Tú a oír ver y callar. Puede
que el 39 fuera año triunfal pero de aquella fecha ya nadie se acordaba. Ahí
estaba la fecha de la inscripción latín con una leyenda en números romanos.
La zorra mirando para arriba. El asno de Buridán plegó las orejas y un
hermeneuta con un puntero iba desglosando como un parte de incidencias el
meollo de la frase: “Armis hic victoribus mens jugiter vitura monumentum hoc”
(A las armas victoriosas este tributo). Los romanos más que escribir
esculpían como acuñando moneda para la eternidad y vio por un resquicio de la
memoria al autor un catedrático con las manos llenas de tiza y la chaquetilla
cubierta de polvo que hablaba con una palatización de abiertas como en el
Ampurdán. Lo escrito en piedra no es lo mismo que la escritura en papel o en
papiro que es un poco la escritura en la pared de la cena de Baltasar. Frases
para durar. No una pluma yo lo que anhelo es un buril. Y allí vio en lo alto
del cielo al profesor Mariner mártir de la democracia o la contrademocracia
fulgiendo como una ángel al lado de San Juan y de Tito Livio y de Virgilio.
Armis hic victoribus. Mas todo eso pasó. Se fue. Pasó. Ábrete. Mundus
transit. Pasa página. Animo pues, amigo que para eso tienes nombre de poeta y
apellido de pámpanos. Eres todo ubre y pámpano. Todo medula. Lo veía al pobre
Baruj Arije. Tenía las espaldas un poco encorvadas. Le había tundido lo suyo
la vida y el pelo se le había vuelto totalmente blanco. Andaba gambado por
una ciudad que fue la suya y ya no le pertenecía. Por sus calles iba y venía
meteco o exilado en su propio país. Sólo tus sueños te pertenecen pero la
ciudad ya no es tuya y hasta el habla siendo la misma es
extraña. Todo es extraño. Los rostros, mohínos y distantes la
gente amargada y con cara de ir a lo suyo. En las caras se refleja la
infelicidad que procura el agoismo y la desconfianza. Madrid me mata. Transitar
por el Arco de Triunfo. Circular por debajo del Arco del triunfo por donde
pasaron las las cohortes de Complutum camino de Legio Séptima no es lo mismo
que pasarse todo bajo el arco de triunfo, Arije y hay que pasarte por ese
epicentro del mismo sitio ya sé que tienes anchas espaldas y alforjas
esterones artolas baúl para guardar tantos agravios. Puf.
Todo lo que me echen. Pero
para él las calumnias las injurias no eran tales injurias sino peldaños de la
escalera del Cielo. ¿Agravios? ¿Tantos? Sí. Señor. Tú sufriste muchos y
marcaron tu santa faz en el Lithostros. ¿Entonces de qué coños te
quejas? No seas zarrioso Arije. Vuélvete pa tu casa. De noche en Madrid todos
los gatos son pardos y esta es la ciudad de los gatos. Pasé dolores de
Getsemaní pero sin Magdalenas pero sin magdalenas que ungieran mis piés con
pomos de nardo ni Verónicas que me salieran al encuentro con sus paños. La
conversación con el antiguo colega me ha dejado de un aire y sin saber a qué
carta quedarme. Nadie se solidariza con nadie. Nadie quiere saber ni
entender. Nadie te ayuda. Estás solo. Atravesamos el desierto el ponto
líquido. Tiempo de Acuario. Todo parece que fluye. Es líquido. Tiempo de
liquidez. Un moro bajó entonces por la escalinata con una gran alcatifa a
cuestas. Era un mohame manumiso exarico para los que Madrid nunca será Madrid
sino Majerit. Al menos ellos tienen esa idea. Para ellos no ha pasado la
Reconquista. Estas perdido Arije vuélvete a tu casa. ¿Dónde moras, rabí?
¿Dónde están tu padre y tus hermanos? Mi madre mi padre y mis hermanos son
aquellos que cumplen mi Palabra. Difíciles frases. Nunca estuviste más oscuro
pero seguimos indagando danole vueltas al contexto hermeneutas perdidos por
el vaho del mundo y tratando de entender el sacramental mensaje de tus
palabras. Corre tiempo recio. Señor, sálvanos que perecemos. ESPAÑA MI NATURA |
|
Posted: 22
Dec 2018 06:06 AM PST LUIS SUAREZ Y FRANCO ESPAÑA MI NATURA |
|
Posted: 22
Dec 2018 06:00 AM PST
|

No hay comentarios:
Publicar un comentario