2026-02-28

 

EL CABALLO DEL APOCALIPSIS

Posted: 22 Dec 2018 01:03 PM PST

 

SONIOIES

Betulia era mi monte y Sonipiés el nombre de mi caballo, alzarán de la imaginación que trotaba por los desfiladeros de la ribera del río Junquillo que también llamaban el Botijas. Por esta parte del mundo nos sobran todos los ríos que nunca vienen secos ni por agosto. Sus aguas entonando himnos litúrgicos y cabrilleando en ondas salmoneras van a morir horadando las quebradas altísimas a rendir tributo a la mar por la concha de Ulliegos.

 Un poco más allá, pasados los cuetos de la Venta Jamona estaba el río Zurdillo llamado así porque su cauce da la impresión de no venir a derechas sino a reculas. Parece que sube cuando baja y al revés. Llega oculto entre los humeros o alisos de hojas fuertes y acorazonadas como los del ablanedo pero no son avellanos sino alisos. Esta vena fluvial que se despeña desde las breñas de Peñamía se detiene y realiza muchos meandros y corregimientos al bordear los pagos de Valdebriga que es un soto amenísimo a la sombra del campanario de su iglesia románica y atraviesa el puente de los peregrinos bajo unos ojos de arcadas imponentes. Por arriba en tiempo de verano no cesa el goteo de romeros en transito hacia Compostela: alemanes, polacos, franceses, algún escandinavo, bastantes italianos.

El Zurdillo o Zurdín no ha de confundirse con su hermano el Esguin su hermano hidrográfico que desemboca como media legua más arriba pasa lamiendo las tapias de un viejo convento muzárabe el Premaris desde donde se oteaba el mar como haciendo vasija. El monasterio hoy es extinto Pero en la cárcava donde estaba la cilla algunos pàisanos dicen haber escuchado el eco de cantos religiosos, ruido de goznes, chirriar de rastrillos conventuales y campanas que tocan solas.  Es creencia que aquellas comunidades a las que los primeros reyes de la dinastía hispanica, Silo y Mauregato, dejaron mandas, escribían con grafía ulfiliana y que fueron refractarios a renunciar a su emanatismo arriano. Estaban en contacto con los monjes de las Batuecas y otros de la Galia y de Britanbiua. Su abad se carteaba con Carlomagno y con Alcuino de Eboracum. Se supone que el miniatursita que escribió el Beato de Liébana estuvo bajo la disciplina y el cordón  de esta comunidad y desde su celda del Premaris avistando la mar oceana escribió los comentarios al libro del Apocalipsis, summa de errores contra  el adopcionismo del obispo Elipando de Toledo que consideraba tres personas distintas y un solo dios verdadero. Hasta ahí todo correcto en la procesión trinitaria pero añadía una muletilla de su coecha. Jesucristo hijo amantisísimo del padre, progtegido y espejo del hijo y adoptado por el espíritu. Quedan algunos farallones de las paredes de su iglesia. A Nicomedes le gustaba pasear sus melancolías y sus desencantos por aquellas soledades de la rasa. Sólo se escuchaba el grito de las gaviotas y los estampidos de las olas cuando entraban en los cañones de las rocas.

 Cuando las desamortizaciones algunas piedras fueron llevadas a la iglesia de la parroquia dedicada a san Martín y donde se venera una virgen negra que llaman Nuestra Señora del Focin. Entre ellas varias columnas y un  albalá misterioso o alfiz sobre cuyo dintel aparece un fraile muy tonsurado y con un cinturón que le cuelga de la sotana tan largo que y gordo que semeja un pene humano en reposo. Hay una expresión obscena en esta figurilla como si su grabador anónimo en el momento de moldear la roca con la gubia y el coincel hubierase sentido acosado por el ludibrio de una siesta cuando acomete el deseo de la lujuria puescomo ya se sabe con harta frecuencia los monaterios relajados son recintos donde tienen asiento los siete pecados capitales.  El modelo por lo visito aunque era corto de estatura debía de tenerla larga y con su corona sostiene la pila del agua bendita. Y vestía el hábito de los frailes menores lo que da pábulo a la creencia de que en Premaris desde el siglo VIII  hasta el XIX siempre hubo vida consagrada pero durante la baja media fue un importante centro franciscanos que iban predicando la misión por las aldeas y pidiendo limosna con un saco a las espaldas reclamando con frecuencia el derecho de pernada hasta tal punto que era prurito de humor regional el decir nadie puede decir que mi padre no cante en el coro del Premaris. El antiguo claustro era un rodal de zarzas y una guarida de la fuina, la zorra, el gochu y otras alimañas. Todo se fue poir la posta. Aquel mundo tranquilo y pacifico marcado por los sones eufónicos de la esquila baca Marela o el agradable sonido del segador que afila su guadaña en una cerca una larga tarde de mayo está a punto de ser arrollado por el estrepito del tráfico y el flujo que no cesa de autos que corren por la autovía que profana el viejo paisaje. Ahora la autovía iba a dar paso a la autopista que llamaban del Aquilón. Sólo los iniciados como Nicomedes que en el trazado destructor de tanta naturaleza y del severo impacto medioambiengtal latía una idea de involución del hombre con su entorno que le conduciría al Apocalipsis.

Un túnel había horadado las entrañas del monte Betulia pero pasaba oculto y sin alardes. Todo lo contrario que la nueva autopista que iban a construir los hombres con gran enojo de los dioses del terruño que ya habían manifestado su desacuerdo con aquella obra faraónica que iba a sembrar de puentes colgantes entre colina y colina, desbaratando  los mapas y planos de los ingenieros.

Al poco de comenzar la obra una extraña enfermedad afligió a la mayor parte de los operarios. Uno cayó al vacío al tratar de colocar un encofrado en lo alto la pirámide y se mató. A un gruista le aquejaban las almorranas y tuvo que dejar los mandos en manos de un nigeriano que acababa de llegar en pateras y que ni siquiera hablaba la lengua del país y mucho menos sabía manipular aquellos chismes. Una mañana su mastodóntica excavadora hizo molino y se fue al fondo de un talud. Al conductor lo excarcelaron de entre los hierros con la cara cubierta de hematomas y las piernas tronzadas. Al palista en cuestión que se llamaba Oyabongo se le trató como a un héroe. Vinieron los de la televisión regional y le sacaron varias entrevistas y reportajes. Se abrió una colecta para repatriarlo a su país pero el mutilado dijo que nanay que se quedaba aquí cobrando una buena pensión. El derrubio le había dejado sin piernas pero tenía la vida asegurada. Querían alzar unos pilares de más de cien metros.

-        El día que sople nordeste a muchos conductores se les van a poner de corbata circulando por ahí arriba.

-        Todo lo tenemos previsto.

La verdad era que aquella inmensa construcción era un desafío a las leyes de la naturaleza y no es extraño que los dioses domésticos que habían reinado siempre con los animales y divinidades del bosque manifestasen su enojo con los ingenieros de caminos, sembrando el descontento, el desanimo y la galbana entre los obreros, permitiendo la caída al vacío de un palista o permitiendo que el gruista negro estuviera a punto de morir aplastado por los relejes y azudes de su pala mecánica.

-        ¡Menuda obra! ¡Parece cosa de romanos!

-        Pues el proyecto es norteamericano.

-        Lloran las xanas ante el destrozo que están haciendo esos desaprensivos descuajando castaños y abedules centenarios.

-        Es el peaje que hay que pagar en aras del progreso.

-        Bonita frase pero aquí mucha gente quiere adorar el santo por la peana. Ponen el carro antes que los bueyes.

Las ninfas del agua, las esfraguitidas ante tanto furor arboricida lloraban lágrimas verdes y los esforrocinos abandonaban sus nidales en lo alto de la copa de los pinos. Una seña inequívoca de la furia de los dioses forestales. Moloch hacía su agosto aquellos veranos tórridos. Era el espíritu que enviaba la llama a la tierra convirtiendo en secarrales las arboledas. El lecho del río Esguín antes oculto entre la maleza enseñaba sus carnes despiadadas. La devastación podía ser observada por los satélites artificiales. El río Esguín río salmonero también lloraba. Una mística deletérea caninita satánica debelaba el paisaje haciendo tabla rasa con la historia. Los romanos muy cuidadosos con las tradiciones politeístas de los pueblos que conquistaban allí sobre la cumbre del Betulia donde los viejos iberios adoraban a Sepulcro alzaron un ara a Hermes Crisoforo cuya cabeza en la forma de un joven rabadán con la cabellera rizada y portando a las espaldas un cordero recental aparecía en uno de los bajorrelieves por allá encontrados cuando se efectuaron excavaciones arqueológicas. Recordaba a la estatua del Buen Pastor que guardaba una de las entradas de una de las catacumbas. Hermes se cristianizó sin más y vino a representar el buen pastor que da su vida por sus ovejas. Con el correr de los siglos el templo a Trismegisto y a Sepulcro cambiaría de advocación. Los godos que venían huyendo de la morisma desde la Betica y Toledo construyeron una ermita a la gloriosa Santana. Las creencias pueden cambiar de mano. No así la fe de un pueblo. Pero mucho me huelgo yo en mi helicón punto de fuga, redondel donde quieren hacer diana todos los dardos que he disparado con el arco de mis sueños. Este nido de golondrina que parece colgado de una escondida de un arbol del monte sagrado de los celtas o adentro mismo de las socarrenas que hienden en las peñas del acantilado adonde embisten las olas con sus espuelas de espuma- hubo mares arboladas este año por las mareas de san Agustín- que chocan contra los perfiles de la ribera. A mis soledades voy, de mis soledades vengo que para andar conmigo me valen sólo mis pensamientos y de siempre tuve yo un temple soledoso. Esta aspiración al Beatus Ille, y a ser villano en su rincón anida en el corazón de todo español. Ande yo caliente riase la gente. Dichosa la duerte del que huye del mundanal y sigue la escogida senda de los pocos sabios que en esta vida han sido y en el campo deleitoso con pobre mesa y casa con sólo Dios se acompasa y vive ni envidiado ni envidioso.

Más que las honras y los honores o el andar tu nombre en lenguas, que apareciese tu apellido cada dos por tres en los periodicos o que tu celular no pare de sonar pidiendote cita para una entrevista por televisión, Nicomedes había concentrados sus esfuerzos en esta mira de refugiarse en su Helicón, tener comercio carnal con las musas, beber hasta saciarse del agua fresca del hontanar de Castalia.

          -A mí que me olviden.

Cerca de los últimos laureles y del rodal de abedules que no habían tronzado los leñadores dendricidas[1]los negros que llegaron tocando el tantán a aquellas nórdicas tierras y los machupichis que  venían en busca del oro que robaron los conquistadores. Alguien había abierto el portillo de la revancha y salió de toriles el cinqueño de la ignorancia y del odio. Pero aquel escondedero- la selva estaba siendo devastada y el hacha de los constructores de la autopista dejaban en evidencia su casa- era el adarve tras cuyis muros se encastillaba oyendo de los cantos de la sibila. La sibila como no podía ser menos tenía forma de mujer, un par de tetas como dos carreetas, el cuero de pez, los cabellos de mala hembra y el rostro de víbora.

Trienta era el castigo que los dioses le enviaron en vida por sus pecados. En su pecho alentaba la llama del fuego sagrado de los infiernos portátiles. Vayas adonde vayas allá estaba Trienta blandiendo el gario diabólico. Hay pobres diablos que no se casan con una mujer sino que matrimonian contra ella. Como si el estado de la felicidad conyugal al que aluden ciertos autores no fuera otra cosa que un partido de rugby, un combate de boxeo. Aquella dueña malvada hizo de la suya la más triste de las existencias hasta el punto de que a veces pensó acabar con aquel forúnculo que le emponzoñó la sangre de pus. Hubiera sido la solución más fácil poner una cucharada de cianuro en el café del desyuno. Y después ¿qué? Podría haber simulado un accidente. Pero tú que te crees: ¿ que la policía se chupa el dedo? Nicomedes tú no eres un asesino no permitas que tu nombre venga un día en la lista negra de las páginas de sucesos. Te mancharás las manos del oráculo.

Hizo caso del oráculo y huía, por más que a veces se refugiase en la botella. Toda su vida fue una esampida, un perpetuo huir de sí mismo, de la violencia machista, un lenitivo o remisivo de la sociedad moderna. En marcha toda una revolución sexista. Tiraban la piedra y escondían la mano envenenada con el sanies de la manzana de Eva. Trienta no hablaba. Pinchaba. Le hacía sentirse un máfrfir. Lo habían echado a los leones  



[1]Dendricida lo mismo que arboricida

 

ESPAÑA MI NATURA

 

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