2026-02-28

 

MÁS ABULENSE QUE EL CIMBALILLO

 

Peregrinaba por las editoriales con su libro bajo el brazo. Siete personajes iban a la caza de autor pero él ya no tenía espacio ni ilusión. Para eso de publicar se piden bastantes requisitos pero era más abulense que el cimbalillo. Además en los círculos no se presentaba elegante. Iba de trapillo lo cual es un hándicap. Recordaba el incidir de una de sus novelas: aquella tarde brumosa con viento terral habíamos bajado a la huerta. Unos jugaban al futbol cerca de la alberca donde estaban los lavaderos romanos donde acaban los arcos del acueducto. Era el “depuratorium impluvium” y otros se entretenían estampando pelotazos contra el hastial que hacía de frontón era la medianera del teatro Cervantes. Algunos días se escuchaba el sonoro de las películas y al moral del rincón cinco veces centenario se le caían las hojas. Moría la tarde entraba el otoño. Llegaban de roma noticias del conclave y por la comunidad se cruzaban apuestas sobre quien sería el sucesor de Pío. Ganaron los de la porra del rector que iba diciendo por los tránsitos el nombre del ganador:

—Roncalli. Angelo Roncali

A don Julián le salió bien la corazonada. El cardenal de Venecia que no se encontraba entre los papables (Tedeschini, Tardini, Siri, Ciconiani) porque todos designaban a un armenio un tal Tisserant salió papa de aquel conclave. Hubo fumata blanca y bolearon las campanas aquella tarde. La Torre Cardeña tronó por toda la ciudad con su voleo de fiesta

 

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