HOY SAN ANTÓN LA GALLINA PON Y HASTA SAN ANTÓN PASCUAS SON
Uno vive rodeado de refranes y de recuerdos que son refranes
tan abundantes en la lengua castellana que evidencian la sabiduría del pueblo.
Pues sí. “Si con barbas san Antón y sin ellas la Purísima concepción”, se quejaban
algunos pintores malos. El santo eremita vivió 106 años.
Picasso el tan alabado y decadente yo creo que debiera de
tener una estampa del glorioso anacoreta de la Tebaida egipcia en su taller,
aunque no fuese creyente. Para mí (no se espanten si digo una blasfemia contra
el art “Nouveau”) el malagueño es un
decadente pintamonas mamarracho. Pero así van los nuevos tiempos.
Habría que regalarle el Guernica a Donald Trump para que
tuviera el lienzo en su despacho y echase para él una mirada cuando apretara el
botón dando la orden de bombardear el mundo. Ay bendito san Antón que nos lo
pintaban los renacentistas con unas barbas que le llegaban hasta la cintura y
una calva patriarcal. Y un cochinillo a los pies que le hablaba de Dios.
Aquella España campesina que yo conocía fue muy devota de este santo ayunador y milagrero que vivió más de cien años y un cuervo le traía un panecillo en el pico hasta la cueva donde hacía penitencia.
Su norma muy apropiado a día
de hoy donde lo que más se aprecia es la longevidad era el lema siguiente:: “sustine et abstine” (persevera en la
oración y ayuna, abstente de la comida, la bebida, la lujuria, la ira y los
siete pecados capitales).
Hoy era el santo de los burros. Recuerdo un día de San Antón en mi Segovia nevada. Había caído más de una cuarta del blanco elemento y se arremolinaban en el atrio de San Millán la borriquilla del panadero, los caballos del Jurri, los loritos de la marquesa de Lozoya, los galgos y perdigueros de los cazadores y los mulos de la reata de los vinateros de san Pedro Abanto.
Salía don Benito vestido de sobrepelliz el párroco al pórtico acompañado de Nicanor el sacristán con el acetre y lanzaba con profusión el agua bendita sobre el lomo de los nobles brutos. Entonces nadie hablaba de mascotas.
Era una sociedad que amaba a los animales sí, pero sin pasarse y hacer de esos perros y esos gatos los reyes del hogar a los cuales se les profesa una devoción decadente y uno va por las calles de España y ha de tener cuidado de no pringarse con las tarjetas de visita, esas plastas y esas bostas que dejan los cánidos cuya población está aumentando en proporción aritmética en la degenerada España.
Se quiere más a estas mascotas que a los hijos. No acudiré a san Antón a que me dé un hisopazo de agua bendita ese P. Ángel porque en vez de bendecirme a lo mejor nos echa la guija. ¡Vaya un pión!
Pues eso por San
Antón la gallina pon. Mi madre la pobre
desde el día de san Antón les metía el dedo en el culo por ver si ponían
a las gallinas. Era una tradición del bendito mes de enero cuando retumbaban
por la aldea los cantos aleactorios de los gallos primerizos entontando sus
triunfales quiquiriquíes. Hoy es el santo de los burros. Felicidades, Mister
Trump
No hay comentarios:
Publicar un comentario