JULIO IGLESIAS OTRO CONVIDADO DE PIEDRA
Sin pestañas, la cara rugosa, su
calva disimulada por un bisoñé, tiene que moverse apoyado entre los brazos de
dos chavalas y todo un reguero de acusaciones y sospechas de depredador sexual
y de tratante de blancas, por el camino, el cantante tan popular de los setenta
ochenta y noventa en su casoplón de Miami es la vera efigie del convidado de
piedra.
O. si se quiere, sería la imagen
de referencia para realizar un “meditatio
mortis” mientras las campanas de Miami tocan a clamor y un ángel negro va
cerrando las puertas de cien habitaciones de su mansión (piscinas, gimnasios,
lechos King size para revolcarse en cama redonda y hacer un trío, vajillas de
plata, cubertería de oro) gritando:
─Sic transit gloria mundi
El canto de las nenias en la
Florida se escuchaba ayer en Madrid.
Don Julio el hombre anda un poco
de capa caída y dice Herrera que de cintura para arriba, todo en regla, pero de
cintura para abajo, un desastre.
El que se jactaba de yacer con diez mil mujeres está para el arrastre
y la cosa ya no se le para ni se empina aunque dice el refrán que mientras haya
lengua hay hombre, Julito.
Se corrió la voz de que el
cantante ─poca voz pero mucho estilo algo cursi─ era todo un Barba Azul que se
montó un gineceo a la sombra de las palmeras y los manglares al lado del Atlántico.
Sólo contrataba muchachas bien hechas
Y apetecibles con torrija y todo en su harén. Ay me va, me va, me va. El pelucón
del tonadillero que se ha mercado para cubrir los estragos de alguna enfermedad
venérea lo dice todo. Me va, me va, me va.
Era un tipo bastante besucón muy
apto para el agarrao que las volvía locas a las mozas de mi generación en los
bailongos del Consulado. A mí siempre me pareció un pedante el tío este.
Que se proclamaba muy español y
se hizo norteamericano. Yo prefiero la jota y las rondallas del Mester de
Juglaría o el vozarrón de Rafael. Todo pasa y todo llega. Réquiem por todos
nosotros.
viernes, 23 de enero de 2026
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