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L HOMBRE QUE INVENTÓ EL ESTADO Y
TENÍA A ESPAÑA EN LA CABEZA Posted: 16 Feb 2019 04:04 PM PST
IV CENTENARIO
CONDE DUQUE OLIVARES
Aparecido dos
capitulo en CORREO ZAMORA, agosto de 1987
Pocos
españoles tan polémicos y de tan brioso rasgo y que hayan dejado en pos de sí
huella tan señalada como el conde duque. Este año se celebra cuarto
centenario de su nacimiento. Un orto que en contramedida significa el ocaso
del imperio la secesión de Portugal el amotinamiento de Cataluña y el enojo
de Aragón. En Flandes se puso el sol. El nombre de Gaspar de guzmán y
Pimentel rivera Velasco i Tovar – un godo de cuerpo entero no hubiera sangre
más limpia que la suya en castilla irá unido a dos señalados conceptos que
los españoles tienen en alta estima: el poder y su excelencia, la pasión por la
literatura y la pintura (eso era antes). Decir conde duque de Olivares es
decir ambición mando. Es la idea que trasmina en el grandioso retrato
ecuestre que Velázquez legó a la posterioridad a lomos de ese caballo puesto
de manos y haciendo la empinada el jinete con los arreos de capitán general
sombrero chambergo banda y bastón de mando mirando altanero para la cámara al
fondo el perfil serrano de la sierra de Guadarrama skykine de encinas
chaparrales y quebradas a lo lejos. El caballero se ofrece a los ojos del que
mira con garbo de apoteosis triunfal. El valido del monarca español estaba al
frente del mayor imperio que conocieron los humanos desde Roma. Don Diego de
Velázquez transmite a su paleta esa sensación de orgullo y energía del ovante
caballero con dominio de rienda y estribo como diciendo mío es el mundo. Había nacido en Roma cabeza de la catolicidad donde
su padre el aristócrata sevillano era embajador de España ante la santa sede.
Los guzmanes (gut y mann hombres buenos en la lengua germánica) eran godos
por los cuatro costados y aunque aposentados en Sevilla desde Fernando III el
Santo su casa solariega la tenían en León: Toral en la vega del Esla y Toro
fue la ciudad que más amara. Durante sus estancias en la corte se retiraba a
una casa de campo en Loeches. Quien tuvo
retuvo y el que hizo deshizo. Nada se movía en España sin su consentimiento
ni papel que no pasase por su mano. Hombre oficinesco pasaba largas horas en
su despacho desde las seis de la mañana hasta la noche (hasta sus enemigos
reconocen y alaban su patriotismo y su capacidad de trabajo). Él es el padre
de nuestra burocracia. Inventó el papel de estado. Nos imaginamos a don
Gaspar en manguitos trabajando a la luz de una vela caladas las antiparras
con montura de concha. Suena el golpe de tampón lacrando cualquier documento.
Archívese, sobreséase lácrese. Cuando perdió la privanza de Felipe IV acabó
de corregidor en la villa de Toro. Tenía una idea de la España total y
unitaria en la cabeza. Su enérgica replica a la insurrección de los Segadores
evitó la secesión catalana aunque ello costara la segunda de nuestras guerras
civiles la primera la de los comuneros y después vendrían la carlistada y el
funesto 36, intentó sofocar a sangre y fuego el levantamiento portugués
contra la corona española pero la muerte le sorprendió en su querida villa de
Toro cuando prevenía un ejercito contra el portugués. Fue mucho
mejor corregidor que primer ministro (les llamaron validos pero su función se
equiparaba a los de un premier británico) España crió buenos alcaldes y malos
hombres de estado. España tiene la sangre municipal y espesa. Prevalece la
inmediatez porque aquí la política fue un reclamo a la cleptomanía. Como
muestra valga un botón. La Cataluña independentista de Jordi Pujol
transformada en cueva de ladrones. En don Gaspar, sin embargo, porque venía
del gran misticismo católico predomina la pasión del poder sobre el oro. La
austeridad el estoicismo pero también la soberbia la contumacia y un cierto
aldeanismo en la visión del mundo. Castilla desprecia cuanto ignora. Su
acendrado fervor de viejo católico le hizo cometer atropellos y tomar
decisiones impolíticas que no favorecieron a sus súbditos. Tiene la figura de
don Gaspar resabios de cacique. Y España en su declive se batía contra todos;
Francia, Inglaterra, Portugal, los estados pontificios. Conjuras en Venecia
sublevación de los moriscos en Valencia y en Granada. Toda Europa ardía en
contiendas de religión y el grande de España animoso trabajador altanero
hubiera sido un buen corregidor de cualquier villorrio castellano mecenas de
los poetas y protector de los conventos y mentor de fiestas y cuchipandas de
toros y cañas pero le faltó talento y mano izquierda para transformarse en un
Richelieu, su gran enemigo, por cierto. Todo lo demás
ha sido contado por plumas tan eminentes como Gregorio Marañón aunque al
famoso clínico e historiador según Julio Camba que decía que el doctor
Marañón era el español que no se reía nunca le faltaba el sentido del humor.
Su libro sobre el valido plenipotenciario de Felipe IV es un ejemplo de cómo
este personaje fue tan maltratado por la historia injustamente porque el
periodo de su mandato coincide con el triunfo del arte español en pintura en
arte dramático en novela. Las musas mimaron a esta España contra todos dando
a nuestra patria un tiempo de esplendor como no ha conocido nunca. El sumo pintor
de cámara es Velázquez y don Diego trasladó al lienzo desde su taller en
Sevilla toda esa augusta vividura representada por Quevedo Lope Calderón
Cervantes Tirso de Molina el Greco. ¿Fue su vida la historia de una ambición
que terminaría en quimera? Cuando el conde duque ministraba un veterano de la
campaña contra el turco mutilado de guerra y que se ganaba la vida como
alcabalero plasmaba en un libro el sueño de esa quimera de esa utopía y así
nacía el Quijote. Nacido en Roma
el día de Reyes de 1587 segundo vástago de enrique de olivares virrey de las
dos Sicilias embajador ante la Santa Sede, contador mayor. Todos los blasones
convergían sobre la cabecita de aquel bautizando en la pila de Santa María la
Mayor. Sólo le faltaba la corona de rey. Su juventud la pasó en Salamanca
donde se doctora en leyes. Este temple de jurispericia va a ser el baremo de
toda su carrera política. Ejerció la cátedra de derecho Canónico durante
algún tiempo y estuvo a punto de alcanzar las ordenes mayores pero el joven
rector de Salamanca en contra de la costumbre de los “segundones” no siente
inclinación por la vida eclesiástica aunque Felipe III le concede una
encomienda y le nombra reitre de la orden de Calatrava pero du fervor
religioso y su acendrado afán de defensa de la catolicidad, que le lleva a la
política, va a ser una de las pautas de su carácter. Vive un tiempo de
exaltaciones religiosas y atraviesa en su vida por etapas místicas. Hombre de
su tiempo al fin y al cabo y fiel representante de la España que le tocó
vivir que era una España milagrera y que se creía la nación destinada a
extender el reinado de Cristo por todo el orbe. No tenía hijos. Su mujer doña
Inés de Zúñiga pasaban los años y no le daba un descendiente varón al conde
duque. Su confesor un jesuita organiza una novena en el convento de san
Placido y para rogar la intervención divina. Y mientras el coro monjil
salmodiaba Vísperas una tarde de febrero en el convento benedictino de San
Plácido el conde y su esposa en un aposento del trascoro “encargaban un niño
a la cigüeña”. Patética escena muy típica de la España ascética del siglo
XVII cuando algunas monjas alumbradas, y el convento de san Plácido donde el
propio rey tuvo una novia novicia a la que visitaba por las noches (el mito
de don Juan) fue epicentro de algunas demasías de “deixados” y anduvo bajo la
mira de la inquisición. Quedó
preñada la condesa y algunos de sus biógrafos aducen esta anécdota como
demostración de la fe católica que pervade el temple del estadista y su
creencia en el milagro. Un coetáneo suyo el embajador Forner que representaba
al señorío de Venecia en Madrid escribe textualmente: “Realiza cada mañana su
ejercicio y el Día de Difuntos tiene por costumbre acostarse dentro de un
ataúd rodeado de cirios. Habla como un fraile a sus criados de lo
efímero de la existencia de las vanidades de las cosas a las que
desprecia solemnemente” Ciertamente, tenía en poco las galas y las glorias
mundanales excepto el poder que en un personaje de su categoría no era
vanidad sino instinto, Elliot, Marañón el padre Salazar y Vico lo describen
como un tipo robusto de una cierta tendencia a la obesidad, cargado de
hombros con un pabellón nasal potente de tez trigueña cabellos rubios y de
elevada estatura. Gastaba peluca para esconder su calvicie. En su mocedad fue
ingenioso y amigo del donaire travieso estudiante en Salamanca pero después
de casado con doña Inés en 1607 su vida matrimonial se muestra intachable, lo
que no deja de ser un contraste en aquel Madrid de depravadas costumbres:
alumbrados, galanes de monjas, en aquella villa y corte que Quevedo constata
como “enjambre de putos y aritméticos hombres mujeres y mujeres hombres”
transexualismo y travestismo en acciones y pelillos de virilidad ambigua.
Tusonas de picos pardos tampoco faltaban. “Han llegado irlandesas y hay
renuevos en la casa del tócame Roque” escribe en las Zahúrdas de Plutón
informando a un amigo ausente. Un pueblo tan festero como el madrileño la mayor
parte de los 365 del año se los pasaba de holgorio o bien honrando a algún
santo o celebrando algún acontecimiento tan importante como los esponsales
del príncipe Carlos de Inglaterra con una infanta. Aquel príncipe no tuvo
suerte. Acabaría sus días en la torre de Londres siendo el primer monarca
inglés al que sus súbditos cortaron la cabeza. El matrimonio no llegó a
celebrarse porque el conde duque aduce que el pretendiente de la infanta
Margarita de Austria no es católico. Se alojó en la casa de las siete
chimeneas y volvió a Londres colmado de honores, de regalos y muy agasajado y
festejado con corridas de toros y cañas y autos sacramentales pero compuesto
y sin novia. El conde duque
fue temido y odiado. Ese odio traspasó las fronteras de la muerte en Toro en
1645 a 22 de julio el día de la Magdalena. Sus enemigos –la furia conversa-
quisieron quemarlo en efigie en un auto de fe. No era simpático a los judíos
que le acusaron de hereje y judaizante paradójicamente por lo antes apuntado
de correr por sus venas sangre tan limpia como la de los Guzmanes. Tampoco lo
era para las mujeres. Hubo dos que precipitaron su caída: la reina Isabel y
sor María de Agreda la mística con la que se carteaba el rey y de la que se
supone estuvo enamorado porque el cuarto de los Felipes poseía una sexualidad
inagotable quasi femenina que nunca se agotaba aunque parece ser que estos
encuentros- el primero fue al regreso del monarca de la guerra de Cataluña-
fueron totalmente inocentes y platónicos. La reina porque temía que don
Gaspar con su fuerte personalidad hubiera sorbido el sexo al rey amante y
cazador. Los conversos y estas dos mujeres precipitaron su caída. Hoy se
catalogaría al de Olivares en la vitrina de los machistas. Marañón va un
punto más allá en esa enemiga que le profesan las mujeres. Sus retratos nos
reflejan un tipo pícnico corpulento de naturaleza hiperviril amantes de una
sola mujer y pájaros de un solo nido porque dice el famoso endocrinólogo que
el Tenorio tenía alma de marica quería probarse a sí mismo demostrar toda la
testosterona de la que es capaz. Por el contrario representan al verdadero
macho. Y en aquel tiempo de aventuras extra conyugales y de hijos bordes a
son Gaspar sólo se computa un bastardo un tal Julián nacido de sus amores con
una cómica. Toda su vida fue leal a su doña Inés de Zúñiga y Velasco. Módico
en la mesa y de costumbres irreprochables. Sólo bebía agua. Sumamente
laborioso se levantaba con la aurora y a media mañana antes de la entrevista
cotidiana con el rey con el que conferenciaba a través de un locutorio ya
había revisado los papeles más importantes. Tajante y meticuloso
todo lo supervisaba desde los saraos las corridas regias las
visitas al sacramento y los triduos que solían celebrarse en la casa de los
jesuitas de la calle Toledo la prevención de la flota o la disposición de las
alcabalas. Era una maniático de los impuestos y los gravámenes y exacciones
fiscales para financiar las guerras fueron motivo de escándalo y de su mala
fama entre el pueblo
ESPAÑA MI NATURA |
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L HOMBRE QUE INVENTÓ EL ESTADO Y
TENÍA A ESPAÑA EN LA CABEZA Posted: 16 Feb 2019 04:04 PM PST
IV CENTENARIO CONDE DUQUE OLIVARES
Aparecido dos capitulo en CORREO ZAMORA, agosto de
1987
Pocos españoles tan polémicos y de tan brioso rasgo
y que hayan dejado en pos de sí huella tan señalada como el conde duque. Este
año se celebra cuarto centenario de su nacimiento. Un orto que en
contramedida significa el ocaso del imperio la secesión de Portugal el
amotinamiento de Cataluña y el enojo de Aragón. En Flandes se puso el sol. El
nombre de Gaspar de guzmán y Pimentel rivera Velasco i Tovar – un godo de
cuerpo entero no hubiera sangre más limpia que la suya en castilla irá unido
a dos señalados conceptos que los españoles tienen en alta estima: el poder y
su excelencia, la pasión por la literatura y la pintura (eso era antes).
Decir conde duque de Olivares es decir ambición mando. Es la idea que
trasmina en el grandioso retrato ecuestre que Velázquez legó a la
posterioridad a lomos de ese caballo puesto de manos y haciendo la empinada
el jinete con los arreos de capitán general sombrero chambergo banda y bastón
de mando mirando altanero para la cámara al fondo el perfil serrano de la
sierra de Guadarrama skykine de encinas chaparrales y quebradas a lo lejos.
El caballero se ofrece a los ojos del que mira con garbo de apoteosis
triunfal. El valido del monarca español estaba al frente del mayor imperio
que conocieron los humanos desde Roma. Don Diego de Velázquez transmite a su
paleta esa sensación de orgullo y energía del ovante caballero con dominio de
rienda y estribo como diciendo mío es el mundo. Había nacido
en Roma cabeza de la catolicidad donde su padre el aristócrata sevillano era
embajador de España ante la santa sede. Los guzmanes (gut y mann hombres
buenos en la lengua germánica) eran godos por los cuatro costados y aunque
aposentados en Sevilla desde Fernando III el Santo su casa solariega la
tenían en León: Toral en la vega del Esla y Toro fue la ciudad que más amara.
Durante sus estancias en la corte se retiraba a una casa de campo en Loeches. Quien tuvo retuvo y el que hizo deshizo. Nada se
movía en España sin su consentimiento ni papel que no pasase por su mano.
Hombre oficinesco pasaba largas horas en su despacho desde las seis de la
mañana hasta la noche (hasta sus enemigos reconocen y alaban su patriotismo y
su capacidad de trabajo). Él es el padre de nuestra burocracia. Inventó el
papel de estado. Nos imaginamos a don Gaspar en manguitos trabajando a la luz
de una vela caladas las antiparras con montura de concha. Suena el golpe de
tampón lacrando cualquier documento. Archívese, sobreséase lácrese. Cuando
perdió la privanza de Felipe IV acabó de corregidor en la villa de Toro.
Tenía una idea de la España total y unitaria en la cabeza. Su enérgica
replica a la insurrección de los Segadores evitó la secesión catalana aunque
ello costara la segunda de nuestras guerras civiles la primera la de los
comuneros y después vendrían la carlistada y el funesto 36, intentó sofocar a
sangre y fuego el levantamiento portugués contra la corona española pero la
muerte le sorprendió en su querida villa de Toro cuando prevenía un ejercito
contra el portugués. Fue mucho mejor corregidor que primer ministro (les
llamaron validos pero su función se equiparaba a los de un premier británico)
España crió buenos alcaldes y malos hombres de estado. España tiene la sangre
municipal y espesa. Prevalece la inmediatez porque aquí la política fue un
reclamo a la cleptomanía. Como muestra valga un botón. La Cataluña
independentista de Jordi Pujol transformada en cueva de ladrones. En don
Gaspar, sin embargo, porque venía del gran misticismo católico predomina la
pasión del poder sobre el oro. La austeridad el estoicismo pero también la
soberbia la contumacia y un cierto aldeanismo en la visión del mundo.
Castilla desprecia cuanto ignora. Su acendrado fervor de viejo católico le
hizo cometer atropellos y tomar decisiones impolíticas que no favorecieron a
sus súbditos. Tiene la figura de don Gaspar resabios de cacique. Y España en
su declive se batía contra todos; Francia, Inglaterra, Portugal, los estados
pontificios. Conjuras en Venecia sublevación de los moriscos en Valencia y en
Granada. Toda Europa ardía en contiendas de religión y el grande de España
animoso trabajador altanero hubiera sido un buen corregidor de cualquier
villorrio castellano mecenas de los poetas y protector de los conventos y
mentor de fiestas y cuchipandas de toros y cañas pero le faltó talento y mano
izquierda para transformarse en un Richelieu, su gran enemigo, por cierto. Todo lo demás ha sido contado por plumas tan
eminentes como Gregorio Marañón aunque al famoso clínico e historiador según
Julio Camba que decía que el doctor Marañón era el español que no se reía
nunca le faltaba el sentido del humor. Su libro sobre el valido
plenipotenciario de Felipe IV es un ejemplo de cómo este personaje fue tan
maltratado por la historia injustamente porque el periodo de su mandato
coincide con el triunfo del arte español en pintura en arte dramático en
novela. Las musas mimaron a esta España contra todos dando a nuestra patria
un tiempo de esplendor como no ha conocido nunca. El sumo pintor de cámara es Velázquez y don Diego
trasladó al lienzo desde su taller en Sevilla toda esa augusta vividura
representada por Quevedo Lope Calderón Cervantes Tirso de Molina el Greco.
¿Fue su vida la historia de una ambición que terminaría en quimera? Cuando el
conde duque ministraba un veterano de la campaña contra el turco mutilado de
guerra y que se ganaba la vida como alcabalero plasmaba en un libro el sueño
de esa quimera de esa utopía y así nacía el Quijote. Nacido en Roma el día de Reyes de 1587 segundo
vástago de enrique de olivares virrey de las dos Sicilias embajador ante la
Santa Sede, contador mayor. Todos los blasones convergían sobre la cabecita
de aquel bautizando en la pila de Santa María la Mayor. Sólo le faltaba la
corona de rey. Su juventud la pasó en Salamanca donde se doctora en leyes.
Este temple de jurispericia va a ser el baremo de toda su carrera política.
Ejerció la cátedra de derecho Canónico durante algún tiempo y estuvo a punto
de alcanzar las ordenes mayores pero el joven rector de Salamanca en contra
de la costumbre de los “segundones” no siente inclinación por la vida
eclesiástica aunque Felipe III le concede una encomienda y le nombra reitre
de la orden de Calatrava pero du fervor religioso y su acendrado afán de
defensa de la catolicidad, que le lleva a la política, va a ser una de las
pautas de su carácter. Vive un tiempo de exaltaciones religiosas y atraviesa
en su vida por etapas místicas. Hombre de su tiempo al fin y al cabo y fiel
representante de la España que le tocó vivir que era una España milagrera y
que se creía la nación destinada a extender el reinado de Cristo por todo el
orbe. No tenía hijos. Su mujer doña Inés de Zúñiga pasaban los años y no le
daba un descendiente varón al conde duque. Su confesor un jesuita organiza
una novena en el convento de san Placido y para rogar la intervención divina.
Y mientras el coro monjil salmodiaba Vísperas una tarde de febrero en el
convento benedictino de San Plácido el conde y su esposa en un aposento del
trascoro “encargaban un niño a la cigüeña”. Patética escena muy típica de la
España ascética del siglo XVII cuando algunas monjas alumbradas, y el
convento de san Plácido donde el propio rey tuvo una novia novicia a la que
visitaba por las noches (el mito de don Juan) fue epicentro de algunas
demasías de “deixados” y anduvo bajo la mira de la inquisición. Quedó preñada la condesa y algunos de sus
biógrafos aducen esta anécdota como demostración de la fe católica que
pervade el temple del estadista y su creencia en el milagro. Un coetáneo suyo
el embajador Forner que representaba al señorío de Venecia en Madrid escribe
textualmente: “Realiza cada mañana su ejercicio y el Día de Difuntos tiene
por costumbre acostarse dentro de un ataúd rodeado de cirios. Habla como un
fraile a sus criados de lo efímero de la existencia de
las vanidades de las cosas a las que desprecia solemnemente” Ciertamente,
tenía en poco las galas y las glorias mundanales excepto el poder que en un
personaje de su categoría no era vanidad sino instinto, Elliot,
Marañón el padre Salazar y Vico lo describen como un tipo robusto de una
cierta tendencia a la obesidad, cargado de hombros con un pabellón nasal
potente de tez trigueña cabellos rubios y de elevada estatura. Gastaba peluca
para esconder su calvicie. En su mocedad fue ingenioso y amigo del donaire
travieso estudiante en Salamanca pero después de casado con doña Inés en 1607
su vida matrimonial se muestra intachable, lo que no deja de ser un contraste
en aquel Madrid de depravadas costumbres: alumbrados, galanes de monjas, en
aquella villa y corte que Quevedo constata como “enjambre de putos y
aritméticos hombres mujeres y mujeres hombres” transexualismo y travestismo
en acciones y pelillos de virilidad ambigua. Tusonas de picos pardos tampoco
faltaban. “Han llegado irlandesas y hay renuevos en la casa del tócame Roque”
escribe en las Zahúrdas de Plutón informando a un amigo ausente. Un pueblo tan
festero como el madrileño la mayor parte de los 365 del año se los pasaba de
holgorio o bien honrando a algún santo o celebrando algún acontecimiento tan
importante como los esponsales del príncipe Carlos de Inglaterra con una
infanta. Aquel príncipe no tuvo suerte. Acabaría sus días en la torre de
Londres siendo el primer monarca inglés al que sus súbditos cortaron la
cabeza. El matrimonio no llegó a celebrarse porque el conde duque aduce que
el pretendiente de la infanta Margarita de Austria no es católico. Se alojó
en la casa de las siete chimeneas y volvió a Londres colmado de honores, de
regalos y muy agasajado y festejado con corridas de toros y cañas y autos
sacramentales pero compuesto y sin novia. El conde duque fue temido y odiado. Ese odio
traspasó las fronteras de la muerte en Toro en 1645 a 22 de julio el día de
la Magdalena. Sus enemigos –la furia conversa- quisieron quemarlo en efigie
en un auto de fe. No era simpático a los judíos que le acusaron de hereje y
judaizante paradójicamente por lo antes apuntado de correr por sus venas
sangre tan limpia como la de los Guzmanes. Tampoco lo era para las mujeres.
Hubo dos que precipitaron su caída: la reina Isabel y sor María de Agreda la
mística con la que se carteaba el rey y de la que se supone estuvo enamorado
porque el cuarto de los Felipes poseía una sexualidad inagotable quasi
femenina que nunca se agotaba aunque parece ser que estos encuentros- el
primero fue al regreso del monarca de la guerra de Cataluña- fueron
totalmente inocentes y platónicos. La reina porque temía que don Gaspar con
su fuerte personalidad hubiera sorbido el sexo al rey amante y cazador. Los
conversos y estas dos mujeres precipitaron su caída. Hoy se catalogaría al de Olivares en la vitrina de
los machistas. Marañón va un punto más allá en esa enemiga que le profesan
las mujeres. Sus retratos nos reflejan un tipo pícnico corpulento de
naturaleza hiperviril amantes de una sola mujer y pájaros de un solo nido
porque dice el famoso endocrinólogo que el Tenorio tenía alma de marica
quería probarse a sí mismo demostrar toda la testosterona de la que es capaz.
Por el contrario representan al verdadero macho. Y en aquel tiempo de
aventuras extra conyugales y de hijos bordes a son Gaspar sólo se computa un
bastardo un tal Julián nacido de sus amores con una cómica. Toda su vida fue
leal a su doña Inés de Zúñiga y Velasco. Módico en la mesa y de costumbres
irreprochables. Sólo bebía agua. Sumamente laborioso se levantaba con la
aurora y a media mañana antes de la entrevista cotidiana con el rey con el
que conferenciaba a través de un locutorio ya había revisado los papeles más
importantes. Tajante y meticuloso todo lo
supervisaba desde los saraos las corridas regias las visitas al
sacramento y los triduos que solían celebrarse en la casa de los jesuitas de
la calle Toledo la prevención de la flota o la disposición de las alcabalas.
Era una maniático de los impuestos y los gravámenes y exacciones fiscales
para financiar las guerras fueron motivo de escándalo y de su mala fama entre
el pueblo
ESPAÑA MI NATURA |
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eñ hombre que llevaba a españa y al
esado en la cabeza artifice de la union iberica Posted: 16 Feb 2019 05:53 PM PST
EL CHAMBERGO DEL CONDE DUQUE DE OLIVARES Antonio Parra Camino de mis pomaradas el día de Santa Ana no paró
de llover- Sacramenia honra a la abuela de la Virgen como santa tutelar desde
el siglo X- paso por Toral de los Guzmanes pueblo leonés donde los haya,
páramos de tierra rodena, verde de las riberas del Esla, tierra de fray
Gerundio de Campazas, bodegas de clarete encuevadas en la ladera del pardo
mogote León por Castilla fieras torres de los fueros campos góticos. Siempre
España. Este pueblo leonés polvoriento todo él de adobe con sus paredes
rojizas tiene toda la gracia de las casas deshabitadas. Pasado y presente se
dan mano y no puedo menos al pasar de evocar la grandeza del Conde Duque que
me mira mefistofélico desde el caballo condescendiente y altanero desde ese
caballo que pintó Velázquez y se nos va a la empinada. Y que con su gallarda
cabriola y su coqueta mirada cuando le veo en el Prado siempre me dice: -Arriba España y viva el papel de estado. Los funcionarios le deben la sinecura a este prócer
sevillano nacido en Roma que llevaba al Estado en la cabeza. Mire, las
oposiciones. Venga. El conde duque. Danos y danos hasta que no te conozcamos.
Ley de las tabernas. Una sinecura. Una cátedra. Un buen y oscuro pasar un
puesto inamovible. Ahí está el Conde Duque con su estatua garantizando ese
áurea mediocritas al que aspira todo español (el 75 por
ciento de nuestros jóvenes quieren ser funcionarios pero España amigos no da
para más y los ala tristes no nos la defienden más bien al revés con gran
complacencia de nuestros enemigos históricos que pagan estos bestsellers). Y
ahí nos las den todas. Et chacun a son gîte que
dirán los franceses. Cada gallo en su quintana y cada mochuelo a su olivo.
Noches para destetar hijos de puta y días para que las gallinas no pongan
huevos sino cabrones. No está el verde para pitos ni el tafetán de Magdalena
para primores y zampoñas. Las nuevas generaciones lo van a pagar caro. No
saben historia de España o la aprendieron mal en Oxford o en
Amsterdam. Gibson es un headmaster inglés, sin cabeza porque lo de head es un
suponer porque si se la abriéramos encontraríamos su sesera hecha agua y odio
con pinta de rabino que habla muy mal castellano y lo escribe peor a pesar de
sus muchos años en Madrid que va a utilizar the birch (el látigo) esto es la
disciplina inglesa contra todos vosotros. Nunca aprenderéis. Otra de García
Lorca. Cuando mandaba don Gaspar de Guzmán todavía
éramos grandes. Hoy en cualquier momento nos podemos ir a tomar por el culo y
algún jefe de negociado de los que ficha y está en nómina se puede quedar con
la tarjeta en la mano y la candela al rabo. Pero viva siempre el papel de
estado. Mírala. Es mucho mayor por lo que hizo que la puerta
de Alcalá. Lo malo de mucha gente es que desconocen su historia y no sabían
quien era don Baltasar de Guzmán. Peor para ellos pero la España a la que él
dio fuero y prematica ahí está. Nos miró una mirada de inteligencia desde el
caballo y ahí queda eso. Desde entonces los españoles estamos bajo la
protección de su chambergo, ese pavero al que Esquilache quiso quitar retal y
rebajar centímetros. Al pueblo se le subieron los humos. En España puede
estallar una revolución por una cuestión de centímetros. Por el cipo de una
finca, por el ceder el paso en una acera, por el quítame allá esas páginas y
claro está aquí todos preferimos el embozo y el ala ancha, los alas tristes
que se los coman los dragones. Total una revolución contra los masones
y la vieja retórica contra iudeos y pueden arder las sinagogas
como otrora prendieron fuego a las basílicas, mucho mondongo, por el fuero y
el huebo y aquí todos somos algo taurinos con un si es no de católico y de
sentimental. Temo que me lo desgobiernen. La frase de Felipe II se cumplió en
aquel Valido. El chambergo del Gran Guzmán, Zp oído al
parcha y ojos de Argos, un símbolo pero viene a ser para nosotros
aval de libertad. Somos el pueblo más libre de toda la cristiandad. Ah
sombrero que significas albedrío pero que no nos hurguen mucho los cojones.
El sombrero del Conde Duque luchó contra los nobles y como en su España de
entonces nos crecen los enanos. Cada uno quiere ser un cacique y nos quiere
gobernar. Olivares desmochó sus torres. No admitía a su vera señores de horca
y cuchillo. -Reverte se ha hecho rico a costa de la derrota pero
no da una a derechas. No hay que fiarse nada de los murcianos ni gitanos de
mal vivir. Y las alas de nuestro pavero no son tristes y alicaídas
sino enhiestas y bramadoras como el báculo de un garañón en celo. Entramos en
Breda y conquistamos Mastrique. Rocroi fue una batalla que perdimos pero con
un soldado menos también se gana la guerra. -Furrieles a la mira. Tercios a mí. Ya lo sé. Nos
traicionó la sinagoga de Amsterdam. Inglaterra conspiró en Portugal y Francia
en Cataluña. No hubo nación más grande que España. Ni con tantos enemigos
tampoco y en ese empeño seguimos y no hay tutía. -El Conde Duque fue un triunfador. A pesar de todo y
muchos españoles le deben la sinecura y el papel de estado, las oposiciones
con que siempre nos usan la pluma por el pico a los laborales. Nadie mejor
para hacer la estatua. Un gigante en medio de enanos según Marañón. Pero le
odiaban las monjas y las mujeres y ello fue causa de su desgracia.. aquí como
caigas mal a las señoras vas de culo. Y si los funcionarios le deben el puesto fijo, los
taurinos le deben todo. El conde duque era un torero. Gallardo y sublime. Muy
español, algo putero, muy trabajador al que nada se le ponía por delante. Muy
religioso hasta rozar la misma superstición. ¿Qué más se puede pedir? -La decadencia -Hombre, no me fastidie. ¿Se puede llamar decadencia
a un tiempo en que Quevedo escribía sus maravillosas prosas, Tirso hacía
encajes de bolillos con sus comedias de costumbres y Alarcón con las de
enredo y en los corrales estrenaba Lope y en el Alcázar pintaba el aire don
Diego y en Flandes aun no se había puesto el sol con nuestros navíos bojando
la esfera armilar? ¿Y el pueblo español hizo lo que siempre supo
hacer mejor que nadie: vivir de gorra? ¿Un poco exagerado no? -Cierto. -Pues sí. Buen canto a España nuestra
natura y a Italia nuestra ventura y a la puta Holanda nuestra sepultura. Toral de los Guzmanes es el alma mater de la familia
goda con más abolengo de las Españas. Junto a los muros del palacio no cabe
tanta grandeza deshabitada. Gutte Männer (Guzmán) nos refieren a los
hombres buenos, probos, los leales vasallos del Alto Alemán. Honor
y honra como norma. Principio vasallático. El caballo de Carlo Magno parece
que pasó por aquí camino de Santiago. ¿Peregrino o un soldado disfrazado? No
sé. Niego la menor. Esta familia dio guzmanes para dar y tomar. El
primero el Bueno el gobernador de Tarifa. Ahí tenéis mi puñal le dijo a los
moros. No cabe más orgullo ni más honra en una frase. Cien obispos y treinta
santos, entre ellos el inventor del Rosario y más de treinta reinas y
princesas desde doña Urraca a Eugenia de Montijo. Siempre que cruzo Toral en
la noche me asaltan fantasmas de grandeza y el Conde Duque con su gran pavero
se me viene al encuentro. Arriba brilla una estrella y en lontananza adivino
las espiras gélidas de la catedral gótica. Romero soy y peregrino de una
España sublime a la que algunos historiadores y novelistas a sueldo
extranjero hacen astillas. -Buenas noches, don Baltasar de Guzmán.
Chapó. Usía y yo no somos derrotados. Por haber amado y comprendido a este
país que siempre da la espalda a sus hijos mejores. Y que el chambergo del Conde sea nuestro
refugio cuando vengan mal dadas. Bajo el ala de su sombrero y al pairo de su
espuela y fusta caballista consumado nos colocaremos. En España ya lo sabemos
la vida es una perenne lidia, mas velay un español con las virtudes y
defectos de la raza. En esta pintura ecuestre don Diego Velalquez no pinta
solamente a un jinete magnífico sino que también traza con su pincel la
semblanza psicológica de un país que prefirió los torneos y las monterías,
los juicios de Dios y las procesiones a los trabajos del día a día, un país
jeroíco y tendente a lo sublime pero haragán y descuidado con esa haronía que
mata. El conde duque representa el ansia de poder. Todo para mí. Es un
caudillo de la totalidad que aborrece las medias tintas. Ahí le veis con cara
de ordeno y mando, muy taurino él, muy putero y tan religioso como fanático.
Muy tío y muy viril y amigo de los jesuitas aunque la espiritualidad de éstos
por entonces no había adquirido el nimbo ñoño que tendría tiempo adelante.
Díganlo si no los deliquios en aquel convento de San Plácido calle de San
Roque muy cerca de donde está joy la Ballesta en que don Gaspar en un lateral
del crucero se ayuntaba carnalmente con doña Inés su legítima mientras las monjas
cantaban tercia en el coro para pedir un milagro al Todopoderoso y que
hiciera que su esposa esteril concibiera un heredero. El cielo le negó esa
gracia y el valido de Felipe IV tuvo que conformarse con legar a un bastardo
toda su fortuna. Este es el siglo del milagro y a mí no
me parece un tiempo de decadencia sino el del triunfo de la fe española pese
a nuestros descalabros bélicos en los Países Bajos en pugna con los herejes.
Este auriga del cuadro de Velázquez representa para mí la encarnación de ese
triunfo. Marañón dijo que se retardó su nacimiento un siglo que hubiera sido
un excelente ministro de Carlos V y de Felipe II pero el Conde Duque fue un
hombre de su tiempo, un hijo de su época empeñado en defender los intereses
de la corona española. A los ingleses los tuvo en jaque y su obsesión y casi
un sosias alternativo era Richelieu. La frialdad del francés contrasta con el
apasionamiento de este sevillano. Y las mujeres de palacio le odiaban por
eso. Por ser demasiado tío y hay hembras que se sublevan a presencia del
macho dominante. Isabel de Valois la esposa del monarca fue su rival durante
lustros pero sobre todo su gestión política suscitó la enemiga de una monja
milagrera que se carteaba con Felipe IV y tenía fama de milagrera visionaria
y hasta gozaba de las gracias de la transverberación y la bilocación según el
historiador Seco Serrano. A mí lo que más bien me parece es que fue una amiga
platónica y quien sabe si de a hecho pues fue en una opcasión a visitarla a
su convento del rey que tenía reputación de galán de monjas, lo de las rejas
y los capisayos en encierro le ponía y proclaman los psiquiatras que esto era
a causa de su sexualidad insaciable y casi femenina. Que era un patriota nadie se lo podrá
negar. Aunque sin demasiado tacto. Gracias a él se consiguió aplastar la
sublevación de los catalanes y a Andalucía que también quería ser
independiente la metió en vereda. No vivió para contemplar la secesión de
Portugal pero en sus últimas horas de agonía gritaba pidiendo no un confesor
sino armas y levas para levantar gente para ir contra los lusitanos apoyados
por Inglaterra. “Ah cuando yo era rector de Salamanca”, dijo poco antes de
expirar desengañado de las cosas del siglo. Casi cuatrocientos años después la
figura de este personaje uno de los más importantes de la historia española
se alza egregia y trágica a la vez. Por su catolicismo lo que no obviaba la
crueldad porque ya Quevedo lo expresa muy bien en aquellos versos: “católica
y cruel Majestad,…etc” fue puesto en berlina. En ese cuadro ecuestre
Velásquez lo retrata de cuerpo entero a lomos de ese caballo de ancas anchas
cabeza corta y melena de yegua ojos de ternerita, estampa casi femenina pero
era lo que se dice todo un caballo andaluz para un jinete castellano aunque
don Gaspar fuese de Sevilla y entonces había una recia polémica entre
andaluces y castellanos y hubo un duque que pidió para aquel reino la
independencia y el regreso a los taifas. Olivares que tenía un concepto
unitario del Estado abominaba de aquella nobleza altanera y privilegiada.
Todo su afán fue preservar la monarquía frente a las acechanzas de
la nobleza insolidaria. Ahí está el caballero sujeta bien la rienda la
espuela en su sitio y la montura haciendo corbetas. Retrato de cuerpo entero.
El pintor vio no solamente una psicología personal sino que plasma a toda una
época desde su caballete en uno de los cuartos de Felipe IV. Velay una
español con las virtudes y defectos de la raza el ansia de poder y el afán de
mando auriga de los destinos por lo visto de nuestra decadencia. Mandaba y
alanceaba toros. La burocracia unida a la tauromaquia. El conde diuque sabía
halagarle los gustos al pueblo: romerías triduos y fiestas de toros y caña.
En todos los labios del pechero y del pequeño terrateniente a la cuarta preguinta
siempre una interrogante ¿Llegó la escuadra? Y el oro de Indias que iba a
parar a Flandes. Pero don Gaspar no podía tener una estampa más recia y más
viril que la que luce en el cuiadro. Por demasiado macho las mujeres de
palacio le odiaban. Esta razón o sinrazón puede que fuese la causa de su
caída. Una monja visionaria amiga del rey que le escribía cartas desde su
convento en Ágreda y la malquerencia o la suspicacia de la reina Isabel de
Valois que se esforzó en parir y a veces vanamente principes herederos y le
nacían infantinas que se mor´ñian antes del destete y basta para ello
recorrer el pudridero y esas cruces tumables del cementerio de párvulos del
pudridero escurialense le declararon la guerra al valido. El rey estaba a la
suyo con sus cómicas y sus novicias. “Las monjas a rezar y las mujeres a
parir” esta frase del de Guzmán le trajo la ruina. Nada que escandalizarse y
el condeduque no hizo más que retomar la vieja enseñanza de las epistolas de
san Pablo que la mujer se salve mediante la paciencia y la gfeneración de los
hijos pero el feminismo le puso la proa y a la cosa no sirve darle vueltas.
Se trata de una de las verdades de la biología pero rel Cálido sigue
ofreciendo las manzanas de la tentación a Eva y ahí siguen muchos queriendo
cambiar la hiustoria y devanandose la sesera para descubrir el andao palante.
El condeduque era un populista. Hoy en día a lo mejor le caía el sambenito de
fascista. Llevaba al estado en la cabeza y en una España de pícaros y
paniaguados todos esperando el maná de las Indias yh las pagas de la benefica
él estba en su despacho a las seis de la mañana. Hombre al parecer de
conducta intachable y de una sola mujer su doña Inés él se empeñó en mantener
la unidad del imperio frente a las acechanzas de la sinagoga de Ámsterdam o
la rapacidad de Richelieu o la perfidia inglesa que solivintió as los
portugueses contra los españoles. La secesión de Portugal no la vieron sus
ojos pero cuando yacía en su lecheo de muerte en Toros quiso levantar gente
de armas para ir contra Lisboa alzada en armas. Los piratas asolaban el
Levante y Drake azupaba sus bucaneros por la costa andaluza. Quiso ser un
atlante pero el peso de la carga era demasiado para un solo hombre enfrentado
a su destino. Castilla estaba exhausta derrengada. Era un Tit´çan pero españa
ya no estaba en racha. Demasiado fue el esfuerzo, Castilla desangrada.
Marañón con la acuidad y solercia que le caracteriza y su gran ojo clínico
(el libro de estre autor sobre el gran valido es una de las biografías mejor
escritas de la literatura) descubre el anacronismo de su nacimiento. Olivares
vino al mundo con un par de siglos de retraso. Hubiese sido un gran ministro
de los Reyes Católicos o de Carlos V. Su mundo no pertenecía al de la Reforma
y al de “París bien vale una misa” de Enrique IV sino al del medievo. Su
nacimiento en Roma puede que determinase huella profunda en su carácter de
católico a machamartillo supersticioso y clericaloide pero nadie le podrá
negar la ortodoxia de su fe recia aunque, perdida la privanza, lo acusaron
sus enemigos de hereje pero es el axioma ineludible de una país que sabe ser
católico pero también cruel y donde no se perdona al que fracasa. El
magnetismo de su personalidad tuvo un gran atractivo para los historiadores
ingleses. De hecho sus mejores biógrafos hasta Marañón fueron Hume y Arnold
Benett más tarde Elliott. poPorjemplo en Oxford escuché la idea de que omitió
craso error al impedir el casorio del príncipe de Gales Carlos I con una
hermana de Felipe IV pero lo hizo por convencimientos religiosos. El novio no
era católico y así se inclina por un francés. El fantasma de aquel prpríncipe
después desafortunado rey que murió en el cadalso anda vagando por la Casa de
las siete Chimeneas en la Plaza el Rey madrileña donde estuvo hospedado
mientras cortejaba a una gazmoña infanta. Se le despachó a Inglaterra cargado
de un tesoro de regalos. Es posible que aquellas calabazas de no haberse
producido hubieran cambiado la historia de España y del mundo. No respondió a
la voz del deseo. El alegato para deshacer el noviazgo fue una supuesta razón
de estado. El siglo XVII fue un siglo milenarista. La corona de Castilla
pelea como un atlante contra las fuerzas oscuras del Averno que quieren echar
a pique la Barca del Pescador que por aquellas fechas no era una
frágil lancha de cabotaje sino una enorme urca. En su capacidad de
valido o de premier o primer piloto quiere conducir la nave a buen puerto
sorteando los escollos. Si bien es cierto que con frecuencia las metáforas
nos pierden y la razón da de través encallando contra la sinrazón. El duque
se obcecó tal vez. Era demasiado temperamental muy taurino y muy español. Le
faltó sangre fría pero es ilícito hablar de decadencia según insiste la
leyenda negra alimentada mayormente por judíos y por los perdedores que según
un dicho inglés beggars and losers can´t be choosers (mendigos
y perdedores no pueden elegir) pero en este caso sí: España era el país más
rico de Europa y donde mejor se vivía. Lo que ocurre es que
hay veces en las cuales parece que descarrilla la historia y los
comienzos y comedios del seiscientos al menos en lo que a España afecta
pudieron ser una de ellas. Había sed de absoluto y de aspiraciones
purificadoras pero esta gran utopía luego se transforma en desengaño y
consecuentemente en picaresca. Ante los vientos fuertes y portantes y al
desarbolarnos el enemigo algún obenque el timonel hubo de navegar en ceñida.
Don Gaspar hubo de ahogar en sangre la rebelión de Cataluña. España entonces
se ensimisma. Se entrega a sus profundos y vaporosos sueños y se cierra en
banda camino de la iglesia. Los días y meses pasan entre triduos y novenas al
efecto eran famosas las cuarenta horas que se celebraban en el convento
imperial de San Isidro a las cuales asistía el Rey con toda su corte y las
fiestas de toros y cañas en el retiro. Majeza y fervor religioso se conjugan.
El cesaropapismo está dando las últimas arcadas. Pero la historia de España
ronda por entonces su linea asíntota la tangente de la curva del infinito. No
hubo días mayores. ¿Cómo van a ser decadentes los cuatro lustros que marcan
la apoteosis del teatro español? El reinado del Cuarto de los Felipes
coincide con Lope Calderón Tirso Alarcón Mateo Alemán... él mismo fue gran
mecenas de las artes y él mismo escritor de un opúsculo El Lisandroun
pliego de descargos en el que plasma don Gaspar desde el destierro de Toro su
melancolía y su desencanto ante el desasimiento de la idea imperial o aquel
España contra todos a los que se refiere Quevedo. Hombre de gabinete y un
tanto papelista España le debe al conde ese concepto de unidad que sin llegar
a ser centralistas funciona muy bien bajo los austrias pero que llega a ser
siniestra con los Borbones. Fueron dos siglos de esplendor desde el día de
Santo Matías de 1500 hasta el de Difuntos de 1700 a la muerte de Carlos II el
Hechizado. Dos siglos en los cuales España no ve ponerse el sol bajo sus
dominios. Nuestro hombre no sólo inventa el papel sellado y el cargo de
primer ministro - ordena a Felipe IV a que asista a los consejos a través de
un ventanuco- sino al propio Estado. Su gran afán fue precisamente el
desmembramiento de dicho estado. En Barcelona sofocó con mano firme el
levantamiento de los segadores el día del corpus y se enfrenta en todo
momento a los manejes de la sinagoga que es la que patrocina las guerras de
religión. Nuestra derrota en Rocroi marca el principio del fin de nuestra
derrota en los Low Landers pero nuestros tiempos siguieron allá batallando.
La toma de Ostende y de Fuenterrabía serían los grandes éxitos militares del
conde duque mas ya casi en la agonía y desde su retiro toresano escribe una
carta al monarca pidiendole autorización para levantar gente de leva y
ponerse al frente de un ejercito que fuese contra los lusitanos. El motín lo
apoyaba como no la sinagoga de Amsterdam y la corte de San Jaime gran aliada
de Portugal contra España. Se exageró la visión derrotista de aquel mundo
dada nuestra atávica tendencia al auto flagelo. Cierto que las condiciones de
vida en aquella Castilla esquilmada y dominadora eran miserables pero sin
duda mucho mejores que las de los habitantes de Paris o Londres. Rusia estaba
en aquella época en estado semi salvaje. Cierto que el fanatismo y la
superstición la milagrería y la credulidad raíces acaso de muchos vicios
nacionales cañaban estragos en los de arriba y en los de abajo pero nunca
rayó tan alto la cultura española como en los años del mandato del gran
valido de Felipe IV un hombre excesivo dominador visceral y con las virtudes
y defectos de la raza por lo que fue tan adulado como odiado. Desconocía los
términos medios y su carácter pícnico tendía hacia esa exuberancia del
barroco. Por Toral de los Guzmanes y por estos páramos del viejo reino de
León cruza su efigie clásica su silueta tan distinguida enigmática y prócer.
Los guzmanes eran la cifra y el compendio del señorío. Paradójicamente y
siguiendo la tendencia de los Reyes Católicos también quiere desmochar las
torres de los castillos feudales y a los que más ataca es a los de su estirpe
y a los hidalgos de nacencia. De un golpe de vista comprendió que los males
de España arrancan de ese feudalismo que se transforma en caciquismo y en esa
tendencia a las taifas (lo vemos en este momento en que escribo 2006) Él
quiso cortarles los vuelos a los privilegios porque tenía una idea unitaria de
la centralidad del mando. Hubo un tiempo en el que odiado por los de arriba
era venerado por los de abajo a los que con temple de dictador trata de hacer
concesiones y granjerías para hacerles más llevadera la existencia. Favorece
la tutela de los desvalidos fomenta las obras públicas. Quería ser querido
pero más que querido fue temido. Era un caudillo un dictador. Nada se hacía
sin consentimiento. Su verdadera pasión era el mando. “Ahora todo mío” fue la
frase con la que despidió al anterior valido el Duque de Lerma en el alcázar
madrileño. El caciquismo y el separatismo son males heredados de la lucha de
reinos de taifas y de la guerra civil que enfrentó a la corona y a la nobleza
en los tiempos de los Trastamaras. Lo de las autonomías acaso no sea sino el
reverdecimiento de aquellos instintos puesto que la cabra tira siempre al
monte a los que don Gaspar de Guzmán trató de meter en vereda gobernando por
decreto y en centralista. La alcurnia entonces se le subió a las barbas se le
puso de manos con el mismo brio que el corcel al que le sube don Diego
Velázquez para retratarlo en los encinares del Pardo al fondo el horizonte de
las crestas guadarrameñas. El arte de Apeles alanza altas cotas en este
cuadro. Los de su clase no lo podían ver. No hay peor cuña que la de la misma
manera. De los influyentes nobles - ya se sabe que este tiempo como todos fue
gobernado por las dichosas cien familias- no era bien quisto. Tampoco le
amaban las mujeres que fueron las artífices de su caída y eso no deja de ser
fatal en un político. A Napoleón le ocurría lo mismo. Cuando cruzo en mi
automóvil camino de Asturias por este pueblo terrizo de casas de adobe ródeno
[el alma mater de los palacios hispanos está construido con paja y barro]
orillas del Esla en esa gran recta de cerca de cincuenta kilómetros que va de
Benavente hasta León entono una plegaria por su alma. Dios perdone sus
pecados que fueron los de ansias de poder y de grandeza. Decía un pasquín de
la época: “sisas y alcabalas y papel de estado me tienen desollado”. Pienso
que acaso llevara razón Marañón cuando afirma que el favorito de Felipe IV
era un gigante entre pigmeos. De Toral de los Guzmanes de ahí venimos. Por
ahí empezó la cosa.
Miércoles, 27 de septiembre de 2006 y escrito el 7
de julio de ese mismo año
ESPAÑA MI NATURA |
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Posted: 16 Feb 2019 03:58 PM PST
CONDE DUQUE DE OLIVARES IV
CENTENARIO. EL HOMBRE QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO
Antonio Parra El Correo de Zamora miércoles 1 de abril de 1987 (transcripción 8 de julio de 2007) Fue hombre que se adelantó a su
tiempo. El gran mentor de Velázquez o la pasión del poder. Pocos españoles tan polémicos y de tan brioso rasgo
y que hayan dejado en pos una huella histórica así de señalada como la del
Conde Duque de Olivares. Este año se celebra el
cautricentenario del orto de esta figura que paradójicamente significa el
ocaso del imperio español, la secesión de Portugal, el amotinamiento de
Cataluña- recuerdese el himno de AEls Segadors@-, la quiebra de la hacienda pública, el enojo de
Aragón, la vida disipada de la corte y la miseria del pueblo. En
Flandes se puso el sol.
El nombre de don Gaspar de Guzmán y
Pimentel, Rivera, Velasco y de Tovar- un godo de cuerpo entero pues a
tenor con sus apellidos no pudiera ser encontrado sangre más limpia y de
mayor nombradío en Castilla, a pesar de que los guzmanes eran de tierra
adentro, de León, y luego formarían la cantera de capitanes de la escuadra
española- irá siempre unido al concepto de orgullo de casta que tienen los
españoles, el blasón, la ejecutoria de hidalguía. Es un apellido equivalente
a excelencia. Olivares encarna la pasión del mando. La
apoteosis de la religión y de la cultura. Decir conde duque es
decir también ambición. Y valido. Fue un ministro
plenipotenciario un primer primistro diríase hoy. Pero conviene
advertir que su figura nada hubiera llegado a ser sin el concurso de los
pinceles de Velázquez que lo inmortalizó en un cuadro ecuestre y dentro de un
marco bastante rupestre, el de los encinares del Pardo, con el caballo a la
empinado y la bengala, el chambergo, los arreos de capitán
general. El maestro sevillano hizo de su persona un retrato
psicológico y su obra es cumbre de la pintura. Cabalgando una
alazana que caracolea en la instantanea que traza el artista. Como
marco y bifuminado los chaparros del monte del Pardo, un coto de caza donde
los haya. Su mirada es penetrante, altanera y casi de
brujo. El caballero triunfal parece que nos domina. Su
aspecto imponente hace que el paisaje de la bella naturaleza retratada pase a
segundo plano. No es una bengala general esca lo que sostiene en
la mano diestra (con la siniestra empuña las riendas) sino un verdadero
cetro. Simboliza el poder ejecutivo y la burocracia. El
rey cazaba y firmaba. Don Gaspar gobernaba. En verdad
estre hombre fue el rey de un imperio donde no se ponía el sol. El
más extenso que conocieron los siglos. Aunque sevillano de origen y romano de
nacimiento. Los guzmanes [de gut o bueno y Mann, hombre en alemán]
estuvieron en la conquista de Sevilla por Fernando El Santo y llevaban
aposentados a orillas del Guadalquivir tres generaciones. Pero,
insistimos, su ascendencia era astur leonesa, la casa solariega en Toral
orillas del Órbigo y Toro fue la ciudad que amó más. Trabajador
incansable y fundador de la burocracia y del papel de estado no había
documento que no pasase por sus manos. Subió mediante intrigas en
la corte frente al Duque de Lerma pero el que a hierro mata a hierro esas mismas
intrigas se lo llevaron por delante y acabó desterrado en sus posesiones de
Loeches y acabó su vida de corregidor. Seguramente hubiera sido un
excelente alcalde según es tradición inveterada en la querida España que
produce malos políticos pero que siempre dio excelentes
alcaldes. Quizás por eso a este sevillano de sangre municipal y
espesa la política internacional le venía un poco grande. O no
entendió el mundo o no lo entendieron. Pero también fue rector de Salamanca a
los quince años y un católico a machamartillo que dio en beato. Se
hizo amigo de los jesuitas pero éstos que no se suelen casar con nadie le
pusieron la trabilla y fueron los que maniobraron su perdida de la
privanza. El confesor de la reina era un padre de esa
orden. Dicen sus biógrafos que el de Guzmán fue mucho mejor
alcalde que primer ministro sirviendo un poco así de espejo a las miserias y
grandezas del alma castellana. Empeño, rigor, abnegación y
laboriosidad-despachando negocios a las siete de la mañana- y austeridad
fueron su divisa pero también contumacia, rigidez y escasa visión
política. Aldeanismo se llama esa figura. Don Gaspar tenía madera
de cacique. Lo suyo hubiera sido la vara de corregidor de
Toro. Todo lo demás respecto a su singular figura ya fue contado
por plumas tan egregias como la de Gregorio Marañón que estampa un cuadro
clínico del personaje desmenuzando la personalidad del privado (aunque por
ventura le falte a tan encumbrado clínico y ensayista el sentido del humor
puesto que bien decía Julio Camba de él ADon Gregorio es un español que no se ríe nunca@) en su piedad que roza la superstición y en esa
intolerancia que le lleva a meter en un calabozo a Francisco de
Quevedo. Ciertamente, puede ser que el autor de ALos sueños@, según
descubrimientos de ciertos archiveros, no fuera un santo, es posible que lo
que le llevara a la cárcel no fuera el famoso soneto en la servilleta del
Monarca sino un caso de alta traición a favor de los
franceses. Quevedo debió de andar metido en una conspiración en la
que participaban los jesuitas que fueron primero sus amigos y más tarde sus
detractores.
Episodios aparte, al Conde Duque lo han elegido como
chivo expiatorio y malo de la película. Quizás convenga aducir en
su descargo que gracias a él fue posible Velázquez, Quevedo, el gran teatro
grande de nuestro siglo de oro. Es la cumbre del espíritu magnífico de
aquella centuria: Lope, Tirso, Cervantes y también aunque se sitúa en un
tiempo anterior, el Greco. Y ese espíritu es trasladado al lienzo,
a los grandes monumentos, y a la prosa. )Decadencia? Nunca conoció la nación
hispana, (que quiere que
les diga! Puede que la vida de don Gaspar de Guzmán fuera la
historia de una ambición terminada en quimera. Pero esto es la
vida misma y la historia de todos los pueblos.
Nacido en Roma el día de los Santos Reyes de 1587
hijo segundo de don Enrique de Olivares, virrey de las dos Sicilias,
embajador de España en Roma, contador mayor de Castilla, cargo en el que
sucedió a don Juan de Cuéllar, el protector de san Ignacio y de Germana de
Foix. Todos los títulos de grande de España, toda la alcurnia,
convergen sobre su persona. Sólo le faltaba a este guzmán el cetro
y la corona, aditamentos a los que aspiraba. Estudió a Salamanca
donde casi un adolescente se convierte en su rector. Felipe III le
concede una encomienda y le confiere el hábito de la Orden de
Calatrava. Pese a su piedad, el joven rector de Salamanca no
siente inclinación por las órdenes sagradas y además es el
primogénito. Ama la Iglesia pero le fascina el
poder. Desdeña todas las vanidades de la tierra y hasta, de
acuerdo con lo refiere el embajador italiano Corner, se disciplinaba y hacía
cada día el Ameditatio
mortis@metiendose dentro de un
ataúd que tenía aparejado en sus aposentos. Era un ascético que
domeñaba su carne y pudo someter todos los vicios excepto el de la
soberbia. había nacido para ser hombre de gobierno. Su
religiosidad era atractiva y su fe profunda que aunque supersticiosa con
arreglo a los parámetros de la época no finca en la
mojigatería. En su mocedad fue ingenioso y amante del donaire y
bastante continente para lo que era frecuente en aquellos años pues sólo se
le conoce un bastardo al que por cierto testa por heredero. A su
jefe y señor el rey don Felipe IV se le cuentan noventa y
tantos. Ya hablaremos en otra ocasión de la libido del Cuarto de
los Felipes a la que Marañón describe como Afuriosamente uterina@ esto es insaciable e
incontrolable En el año 1607 -hace cuatro siglos por tanto cuando
esto escribo- contrae nupcias con doña Inés de Zúñiga. Es el
momento seguramente más importante de su vida porque gracias a esta señora
-detrás de todo hombre grande suele haber una mujer más grande todavía- marca
el camino de gloria y su ascenso al poder. Doña Inés una mujer de
gobierno tenía vara alta en la corte. pese a todo el matrimonio lleva una
vida monacal y obsesionado con la descendencia de patriarca bíblico y Dios
sólo le daba hijas, y los esposos buscaban con ahínco un varón heredero,
comete algunos atropellos. Según un cronista de la época, en
cierta ocasión, Don Gaspar y doña Inés hicieron el amor en la iglesias del
convento de San Placido coram populo. Mientras la pareja manos a
la obra, un clérigo atacaba las letanías y las monjas desde el coro cantaba
Vísperas. Desconocemos si doña Inés quedó preñada pues el
amanuense no lo explica pero aquello debió de ser todo un espectáculo y no
infrecuente por cierto puesto que para extender cedula de legitimidad la
noche de bodas en los casamientos regios había un fedatario o fieldefechos
como testigo de cargo durante el coito o los coitos nupciales. En el viejo Madrid de los Austrias aun se detecta la
huella entre piadosa y barrocamente católica y divertida del gran valido de
Felipe IV. El año que contrae matrimonio recién trasladada la
corte a Madrid desde Valladolid don Gaspar que aparte de primer ministro
tenía vocación de alcalde y su sangre era municipal y espeso da cima a una
serie de monumentos que hoy podemos admirar hoy (el convento de Jesuita, las
Descalzas, las carmelitas de Santa ana y toda una larga ristra de monasterios
y de beguinatos, capillas, fiestas y sobre todo la afición a los toros a los
que era muy adicto como buen jinete. es el Madrid de la sopa boba de los
mendigos los picaros, las cuarenta horas, los triduos, los novenarios, los
lazaretos como el de san Juan de Dios en la calle Atocha, las casas a la
malicia y las damas de toldo y arandela. El de los galanes de
monjas, pues por lo visto el propio rey don Felipe era inclinado a amoríos
con novicias. Pero también merodeaban por allí los alumbrados, los
bufones y los enanos. El Madrid de las sempiternas
putas. Quevedo que debía de frecuentar los lugares a la malicia de
la corte se pregunta en una de sus cartas:)han llegado irlandesas?. Y es que Madrid como pasaba con Londres
era buena casa de acogida de las muchachas de la Verde Erín como ahora mismo
da la bienvenida a las rumanas, polacas, ucranias y toda esa etnia variopinta
que menea las caderas por la Casa Campo. Era el Madrid del Prado y
de los gays. Otra vez Quevedo, un archivo viviente, nos informa de
las presencias de Anutrido
enxambre de putos y arisméticos, mujeres hombres y hombres mujeres y mujeres
hombres en acciones y pelillos o putos ambigui géneris@. Se daba la alerta de la llegada de
nuevas remesas de profesionales del viejo oficio. Más o menos,
igual que ahora. Lean si no las Zahurdas de Plutón de
Don Francisco de Quevedo y Villegas.
La gente se lo pasaba bien o eso dicen pues eran
días de holganzas por fiestas religiosas y triduos entreaño, celebraciones
como el arribo de la flota a puerto de Sevilla, bodas y casamientos de
infantes y de grandes del Reino, novenarios y fiestas de toros y cañas que
solían celebrarse en la plaza mayor o en el bosque del buen retiro, el Prado,
la ribera del Manzanares. Y desde la Paloma la primera que Dios
envía en agosto hasta San Eugenio por noviembre de puertas abiertas a los
moradores de la corte para ir a coger bellotas en los montes del Pardo no
paraban las romerías, las verbenas, las procesiones con tarascas y
estafermos, los toros y cañas, los galantes paseos en carroza por el
Prado. La ciudad estaba llena de arribistas, miramelindos,
busconas fregatrices que se paseaban en carroza pues querían ser damas de
troníos. La monarquía absoluta y la religión eran el
todo. Alguna celebraciones duraban semanas enteras como la habida
con motivo de los esponsales del príncipe de Gales con una hermana de Felipe
IV, boda que deshizo por cierto el Conde Duque de Olivares llevado por
ciertos escrúpulos religiosos. )Cómo iba a
emparentar su católica y real majestad con un hereje? Hoy suena
extraño tal planteamiento pero por aquellos días esta razón tenía mucho
momento. Total que era un Madrid alegre y confiada donde era fácil
la vida lo mismo que la muerte. )Trabajar? Que
inventen ellos. De los trabajos ínfimos o indecorosos se
encargaban los extranjeros. Había censados muchos vecinos
franceses a los que el pueblo difamaba bajo sospecha de espionaje. El de Olivares fue temido y odiado a un tiempo,
habida cuenta del inmenso poder que recabara. Los odios y fervores
contra él fueron más allá de su muerte acaecida en Toro el 22 de julio de
1645 según nos dice Marañón. algunos de sus enemigos, que los tuvo a puñados,
quisieron desenterrar su cadáver y quemarlo en efigie. Se le
acusaba de hereje y de judaizante habida cuenta de que siempre favoreció
tanto a los jesuitas como a los cristianos nuevos. No deja de ser
paradójica tal vesania y puede que las heridas sigan estando abiertas durante
no poco tiempo pero en el caso del conde duque resulta casi inconcebible por
él pertenecer a uno de una de las familias más linajudas. Y en
definitiva di ce bastante de las mentalidad clasista que no racista del
español pues aquí mas que el color de la piel importa tu religión y de aquel
mundo de los asuntos de fe y de las ejecutorias de hidalguía. Fue un hombre, tras los escarceos de juventud, de un
solo amor. Tuvo una desgracia: no caerle bien a las
mujeres. Fueron precisamente dos de ellas, María de Ágreda la
monja visionaria y la reina Isabel, quienes precipitaron su
caída. Hay que volver al estudio psicológico que sobre la
personalidad del gran valido aduce Marañón tratando de explicar esa
inexplicable enemiga que suscitaba en los corazones femeninos.
De acuerdo con la diagnosis en cuestión, Olivares
era del tipo pícnico. Gordo, fornido, con una tendencia a la
calvicie. Estos caracteres son hiperviriles. Según su
teoría, el macho-macho, por oposición al veleidoso tipo donjuanesco, de una
mujer a otra, de brazos en brazos, y de lecho en leche, es pájaro de un solo
nido. Hombre de una sola mujer como algunas especies de la
biología, la tórtola y la cigüeña por ejemplo, se contrapone al
promiscuo. Marañón sostiene que Don Juan tiene algo de marica o
posee al menos rasgos femeniles. Su virilidad no es del todo firme
por eso siempre anda hablando de sus conquistas. Una jactancia
sospechosa pues se suele blasonar la gente de aquello que carece. El
verdadero conquistador amoroso rara vez explica sus conquistas. Y
con su conducta marca la antítesis de Felipe IV, incontenible adorador de
Venus. por contra, al Conde duque, una vez casado, no se le conoce ni un
desliz. Le fue leal a su doña Inés de Zúñiga y Velasco hasta la
muerte. de costumbres austeras e intachable. Dice Vico que gozaba
de una gran salud y eso era debido a la frugalidad en la mesa. El
agua era su bebida pero no es extraño que debido a las costumbres culinarias
de la época acabara gotoso. Su capacidad de trabajo también era
proverbial en un Madrid donde no pegaba golpe. Se levantaba al
alba y a las diez tenía su conferencia con el Rey, el cual solí asistir a los
consejos de ministros a través de un ventanuco los días que no estaba de caza
o cortejando. Tenía un carácter meticuloso y tajante y todos los
papeles habían de pasar por sus manos, desde la organización de los saraos
hasta la disposición de la flota y las alcabalas. Para recaudar
fondos al erario público inventó el papel del estado y fue muy oneroso en las
tasas y pechas que habían de pagar los de abajo. Esto le hizo
bastante popular con los de abajo. Un maniático de los impuestos
sí pero había que pagar a los soldados. Estaba España embarrancada
en las guerras con Cataluña, con Francia y en Flandes. Se estaba
poniendo el sol desde luego pero duraría mucho aquel ocaso, mucho más que el
que nuestros enemigos los franceses y los ingleses hubieran
deseado. La corona de Castilla seguía siendo la primera potencia
del mundo y un lugar para vivir. se vivía mucho mejor en Madrid incluso el de
los Austrias que en Londres y en Paris donde las costumbres seguían siendo
más barbaras. Siempre llevaron aquellos vida de herejes y en
España seguía luciendo el sol de cierta tolerancia del cachondeo de los
jolgorios pero claro unos llevan la fama y otros cardan la
lana. Don Gaspar de Guzman es un personaje que ofrece bastante
carnaza a nuestrros cronistas de la Leyenda Negra. El lascasismo
es un mal que habita entre nosotros. Así y todo viva España y
honra le sea dada al Conde Duque, el de las ansias de mando y el caballo a la
empinada. Es la otra cara de la moneda o sobrehaz de la figura de
Velazques tan solemne y grande como el Cuadro de las
Lanzas. Apoteosis de la pintura que queda reflejada en este soneto
que dedica el poeta Manuel Machado al retrato de Felipe IV en el Prado
pintado por don Diego: Nadie más cortesano ni pulido que nuestro rey Felipe, que Dios guarde. Siempre de negro hasta los pies vestido Es pálida su tez como la tarde cansado el oro de su pelo undoso y de sus ojos, el azul, cobarde Sobre su augusto pecho generoso ni joyeles perturban, ni cadenas, el negro terciopelo silencioso Y, en vez de cetro real, sostiene apenas con desmayo galán un guante de ante la blanca mano de azuladas venas
8 de julio de 2007
ESPAÑA MI NATURA |
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Posted: 16 Feb 2019 03:56 PM PST
CONDE DUQUE DE OLIVARES IV
CENTENARIO. EL HOMBRE QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO
Antonio Parra El Correo de Zamora miércoles 1 de abril de 1987 (transcripción 8 de julio de 2007) Fue hombre que se adelantó a su
tiempo. El gran mentor de Velázquez o la pasión del poder. Pocos españoles tan polémicos y de tan brioso rasgo
y que hayan dejado en pos una huella histórica así de señalada como la del
Conde Duque de Olivares. Este año se celebra el
cautricentenario del orto de esta figura que paradójicamente significa el
ocaso del imperio español, la secesión de Portugal, el amotinamiento de
Cataluña- recuerdese el himno de AEls Segadors@-, la quiebra de la hacienda pública, el enojo de
Aragón, la vida disipada de la corte y la miseria del pueblo. En
Flandes se puso el sol.
El nombre de don Gaspar de Guzmán y
Pimentel, Rivera, Velasco y de Tovar- un godo de cuerpo entero pues a
tenor con sus apellidos no pudiera ser encontrado sangre más limpia y de
mayor nombradío en Castilla, a pesar de que los guzmanes eran de tierra adentro,
de León, y luego formarían la cantera de capitanes de la escuadra española-
irá siempre unido al concepto de orgullo de casta que tienen los españoles,
el blasón, la ejecutoria de hidalguía. Es un apellido equivalente a
excelencia. Olivares encarna la pasión del mando. La
apoteosis de la religión y de la cultura. Decir conde duque es
decir también ambición. Y valido. Fue un ministro
plenipotenciario un primer primistro diríase hoy. Pero conviene advertir
que su figura nada hubiera llegado a ser sin el concurso de los pinceles de
Velázquez que lo inmortalizó en un cuadro ecuestre y dentro de un marco
bastante rupestre, el de los encinares del Pardo, con el caballo a la
empinado y la bengala, el chambergo, los arreos de capitán
general. El maestro sevillano hizo de su persona un retrato
psicológico y su obra es cumbre de la pintura. Cabalgando una
alazana que caracolea en la instantanea que traza el artista. Como
marco y bifuminado los chaparros del monte del Pardo, un coto de caza donde
los haya. Su mirada es penetrante, altanera y casi de
brujo. El caballero triunfal parece que nos domina. Su
aspecto imponente hace que el paisaje de la bella naturaleza retratada pase a
segundo plano. No es una bengala general esca lo que sostiene en
la mano diestra (con la siniestra empuña las riendas) sino un verdadero
cetro. Simboliza el poder ejecutivo y la burocracia. El
rey cazaba y firmaba. Don Gaspar gobernaba. En verdad
estre hombre fue el rey de un imperio donde no se ponía el sol. El
más extenso que conocieron los siglos. Aunque sevillano de origen y romano de
nacimiento. Los guzmanes [de gut o bueno y Mann, hombre en alemán]
estuvieron en la conquista de Sevilla por Fernando El Santo y llevaban
aposentados a orillas del Guadalquivir tres generaciones. Pero,
insistimos, su ascendencia era astur leonesa, la casa solariega en Toral
orillas del Órbigo y Toro fue la ciudad que amó más. Trabajador
incansable y fundador de la burocracia y del papel de estado no había
documento que no pasase por sus manos. Subió mediante intrigas en
la corte frente al Duque de Lerma pero el que a hierro mata a hierro esas
mismas intrigas se lo llevaron por delante y acabó desterrado en sus
posesiones de Loeches y acabó su vida de corregidor. Seguramente
hubiera sido un excelente alcalde según es tradición inveterada en la querida
España que produce malos políticos pero que siempre dio excelentes
alcaldes. Quizás por eso a este sevillano de sangre municipal y
espesa la política internacional le venía un poco grande. O no
entendió el mundo o no lo entendieron. Pero también fue rector de Salamanca a
los quince años y un católico a machamartillo que dio en beato. Se
hizo amigo de los jesuitas pero éstos que no se suelen casar con nadie le
pusieron la trabilla y fueron los que maniobraron su perdida de la
privanza. El confesor de la reina era un padre de esa
orden. Dicen sus biógrafos que el de Guzmán fue mucho mejor
alcalde que primer ministro sirviendo un poco así de espejo a las miserias y
grandezas del alma castellana. Empeño, rigor, abnegación y
laboriosidad-despachando negocios a las siete de la mañana- y austeridad
fueron su divisa pero también contumacia, rigidez y escasa visión
política. Aldeanismo se llama esa figura. Don Gaspar tenía madera
de cacique. Lo suyo hubiera sido la vara de corregidor de
Toro. Todo lo demás respecto a su singular figura ya fue contado
por plumas tan egregias como la de Gregorio Marañón que estampa un cuadro
clínico del personaje desmenuzando la personalidad del privado (aunque por ventura
le falte a tan encumbrado clínico y ensayista el sentido del humor puesto que
bien decía Julio Camba de él ADon Gregorio
es un español que no se ríe nunca@) en su piedad
que roza la superstición y en esa intolerancia que le lleva a meter en un
calabozo a Francisco de Quevedo. Ciertamente, puede ser que el
autor de ALos sueños@, según descubrimientos de ciertos archiveros, no
fuera un santo, es posible que lo que le llevara a la cárcel no fuera el
famoso soneto en la servilleta del Monarca sino un caso de alta traición a
favor de los franceses. Quevedo debió de andar metido en una
conspiración en la que participaban los jesuitas que fueron primero sus
amigos y más tarde sus detractores.
Episodios aparte, al Conde Duque lo han elegido como
chivo expiatorio y malo de la película. Quizás convenga aducir en
su descargo que gracias a él fue posible Velázquez, Quevedo, el gran teatro
grande de nuestro siglo de oro. Es la cumbre del espíritu magnífico de
aquella centuria: Lope, Tirso, Cervantes y también aunque se sitúa en un
tiempo anterior, el Greco. Y ese espíritu es trasladado al lienzo,
a los grandes monumentos, y a la prosa. )Decadencia? Nunca conoció la nación
hispana, (que quiere que
les diga! Puede que la vida de don Gaspar de Guzmán fuera la historia
de una ambición terminada en quimera. Pero esto es la vida misma y
la historia de todos los pueblos.
Nacido en Roma el día de los Santos Reyes de 1587
hijo segundo de don Enrique de Olivares, virrey de las dos Sicilias,
embajador de España en Roma, contador mayor de Castilla, cargo en el que
sucedió a don Juan de Cuéllar, el protector de san Ignacio y de Germana de
Foix. Todos los títulos de grande de España, toda la alcurnia,
convergen sobre su persona. Sólo le faltaba a este guzmán el cetro
y la corona, aditamentos a los que aspiraba. Estudió a Salamanca
donde casi un adolescente se convierte en su rector. Felipe III le
concede una encomienda y le confiere el hábito de la Orden de
Calatrava. Pese a su piedad, el joven rector de Salamanca no
siente inclinación por las órdenes sagradas y además es el
primogénito. Ama la Iglesia pero le fascina el
poder. Desdeña todas las vanidades de la tierra y hasta, de
acuerdo con lo refiere el embajador italiano Corner, se disciplinaba y hacía
cada día el Ameditatio
mortis@metiendose dentro de un
ataúd que tenía aparejado en sus aposentos. Era un ascético que
domeñaba su carne y pudo someter todos los vicios excepto el de la
soberbia. había nacido para ser hombre de gobierno. Su
religiosidad era atractiva y su fe profunda que aunque supersticiosa con
arreglo a los parámetros de la época no finca en la
mojigatería. En su mocedad fue ingenioso y amante del donaire y
bastante continente para lo que era frecuente en aquellos años pues sólo se le
conoce un bastardo al que por cierto testa por heredero. A su jefe
y señor el rey don Felipe IV se le cuentan noventa y tantos. Ya
hablaremos en otra ocasión de la libido del Cuarto de los Felipes a la que
Marañón describe como Afuriosamente
uterina@ esto es insaciable e
incontrolable En el año 1607 -hace cuatro siglos por tanto cuando
esto escribo- contrae nupcias con doña Inés de Zúñiga. Es el
momento seguramente más importante de su vida porque gracias a esta señora
-detrás de todo hombre grande suele haber una mujer más grande todavía- marca
el camino de gloria y su ascenso al poder. Doña Inés una mujer de
gobierno tenía vara alta en la corte. pese a todo el matrimonio lleva una
vida monacal y obsesionado con la descendencia de patriarca bíblico y Dios
sólo le daba hijas, y los esposos buscaban con ahínco un varón heredero,
comete algunos atropellos. Según un cronista de la época, en
cierta ocasión, Don Gaspar y doña Inés hicieron el amor en la iglesias del
convento de San Placido coram populo. Mientras la pareja manos a
la obra, un clérigo atacaba las letanías y las monjas desde el coro cantaba
Vísperas. Desconocemos si doña Inés quedó preñada pues el
amanuense no lo explica pero aquello debió de ser todo un espectáculo y no
infrecuente por cierto puesto que para extender cedula de legitimidad la
noche de bodas en los casamientos regios había un fedatario o fieldefechos
como testigo de cargo durante el coito o los coitos nupciales. En el viejo Madrid de los Austrias aun se detecta la
huella entre piadosa y barrocamente católica y divertida del gran valido de
Felipe IV. El año que contrae matrimonio recién trasladada la
corte a Madrid desde Valladolid don Gaspar que aparte de primer ministro
tenía vocación de alcalde y su sangre era municipal y espeso da cima a una
serie de monumentos que hoy podemos admirar hoy (el convento de Jesuita, las
Descalzas, las carmelitas de Santa ana y toda una larga ristra de monasterios
y de beguinatos, capillas, fiestas y sobre todo la afición a los toros a los
que era muy adicto como buen jinete. es el Madrid de la sopa boba de los
mendigos los picaros, las cuarenta horas, los triduos, los novenarios, los
lazaretos como el de san Juan de Dios en la calle Atocha, las casas a la
malicia y las damas de toldo y arandela. El de los galanes de
monjas, pues por lo visto el propio rey don Felipe era inclinado a amoríos
con novicias. Pero también merodeaban por allí los alumbrados, los
bufones y los enanos. El Madrid de las sempiternas
putas. Quevedo que debía de frecuentar los lugares a la malicia de
la corte se pregunta en una de sus cartas:)han llegado irlandesas?. Y es que Madrid como pasaba con Londres
era buena casa de acogida de las muchachas de la Verde Erín como ahora mismo
da la bienvenida a las rumanas, polacas, ucranias y toda esa etnia variopinta
que menea las caderas por la Casa Campo. Era el Madrid del Prado y
de los gays. Otra vez Quevedo, un archivo viviente, nos informa de
las presencias de Anutrido
enxambre de putos y arisméticos, mujeres hombres y hombres mujeres y mujeres
hombres en acciones y pelillos o putos ambigui géneris@. Se daba la alerta de la llegada de
nuevas remesas de profesionales del viejo oficio. Más o menos,
igual que ahora. Lean si no las Zahurdas de Plutón de
Don Francisco de Quevedo y Villegas.
La gente se lo pasaba bien o eso dicen pues eran
días de holganzas por fiestas religiosas y triduos entreaño, celebraciones
como el arribo de la flota a puerto de Sevilla, bodas y casamientos de
infantes y de grandes del Reino, novenarios y fiestas de toros y cañas que
solían celebrarse en la plaza mayor o en el bosque del buen retiro, el Prado,
la ribera del Manzanares. Y desde la Paloma la primera que Dios
envía en agosto hasta San Eugenio por noviembre de puertas abiertas a los
moradores de la corte para ir a coger bellotas en los montes del Pardo no
paraban las romerías, las verbenas, las procesiones con tarascas y
estafermos, los toros y cañas, los galantes paseos en carroza por el
Prado. La ciudad estaba llena de arribistas, miramelindos,
busconas fregatrices que se paseaban en carroza pues querían ser damas de
troníos. La monarquía absoluta y la religión eran el
todo. Alguna celebraciones duraban semanas enteras como la habida
con motivo de los esponsales del príncipe de Gales con una hermana de Felipe
IV, boda que deshizo por cierto el Conde Duque de Olivares llevado por
ciertos escrúpulos religiosos. )Cómo iba a
emparentar su católica y real majestad con un hereje? Hoy suena
extraño tal planteamiento pero por aquellos días esta razón tenía mucho momento. Total
que era un Madrid alegre y confiada donde era fácil la vida lo mismo que la
muerte. )Trabajar? Que inventen
ellos. De los trabajos ínfimos o indecorosos se encargaban los
extranjeros. Había censados muchos vecinos franceses a los que el
pueblo difamaba bajo sospecha de espionaje. El de Olivares fue temido y odiado a un tiempo,
habida cuenta del inmenso poder que recabara. Los odios y fervores
contra él fueron más allá de su muerte acaecida en Toro el 22 de julio de
1645 según nos dice Marañón. algunos de sus enemigos, que los tuvo a puñados,
quisieron desenterrar su cadáver y quemarlo en efigie. Se le
acusaba de hereje y de judaizante habida cuenta de que siempre favoreció
tanto a los jesuitas como a los cristianos nuevos. No deja de ser
paradójica tal vesania y puede que las heridas sigan estando abiertas durante
no poco tiempo pero en el caso del conde duque resulta casi inconcebible por
él pertenecer a uno de una de las familias más linajudas. Y en
definitiva di ce bastante de las mentalidad clasista que no racista del
español pues aquí mas que el color de la piel importa tu religión y de aquel
mundo de los asuntos de fe y de las ejecutorias de hidalguía. Fue un hombre, tras los escarceos de juventud, de un
solo amor. Tuvo una desgracia: no caerle bien a las
mujeres. Fueron precisamente dos de ellas, María de Ágreda la
monja visionaria y la reina Isabel, quienes precipitaron su
caída. Hay que volver al estudio psicológico que sobre la
personalidad del gran valido aduce Marañón tratando de explicar esa
inexplicable enemiga que suscitaba en los corazones femeninos.
De acuerdo con la diagnosis en cuestión, Olivares
era del tipo pícnico. Gordo, fornido, con una tendencia a la
calvicie. Estos caracteres son hiperviriles. Según su
teoría, el macho-macho, por oposición al veleidoso tipo donjuanesco, de una
mujer a otra, de brazos en brazos, y de lecho en leche, es pájaro de un solo
nido. Hombre de una sola mujer como algunas especies de la
biología, la tórtola y la cigüeña por ejemplo, se contrapone al
promiscuo. Marañón sostiene que Don Juan tiene algo de marica o
posee al menos rasgos femeniles. Su virilidad no es del todo firme
por eso siempre anda hablando de sus conquistas. Una jactancia
sospechosa pues se suele blasonar la gente de aquello que
carece. El verdadero conquistador amoroso rara vez explica sus
conquistas. Y con su conducta marca la antítesis de Felipe IV,
incontenible adorador de Venus. por contra, al Conde duque, una vez casado,
no se le conoce ni un desliz. Le fue leal a su doña Inés de Zúñiga
y Velasco hasta la muerte. de costumbres austeras e
intachable. Dice Vico que gozaba de una gran salud y eso era
debido a la frugalidad en la mesa. El agua era su bebida pero no
es extraño que debido a las costumbres culinarias de la época acabara
gotoso. Su capacidad de trabajo también era proverbial en un
Madrid donde no pegaba golpe. Se levantaba al alba y a las diez
tenía su conferencia con el Rey, el cual solí asistir a los consejos de
ministros a través de un ventanuco los días que no estaba de caza o
cortejando. Tenía un carácter meticuloso y tajante y todos los
papeles habían de pasar por sus manos, desde la organización de los saraos
hasta la disposición de la flota y las alcabalas. Para recaudar
fondos al erario público inventó el papel del estado y fue muy oneroso en las
tasas y pechas que habían de pagar los de abajo. Esto le hizo
bastante popular con los de abajo. Un maniático de los impuestos
sí pero había que pagar a los soldados. Estaba España embarrancada
en las guerras con Cataluña, con Francia y en Flandes. Se estaba
poniendo el sol desde luego pero duraría mucho aquel ocaso, mucho más que el
que nuestros enemigos los franceses y los ingleses hubieran
deseado. La corona de Castilla seguía siendo la primera potencia
del mundo y un lugar para vivir. se vivía mucho mejor en Madrid incluso el de
los Austrias que en Londres y en Paris donde las costumbres seguían siendo
más barbaras. Siempre llevaron aquellos vida de herejes y en
España seguía luciendo el sol de cierta tolerancia del cachondeo de los
jolgorios pero claro unos llevan la fama y otros cardan la
lana. Don Gaspar de Guzman es un personaje que ofrece bastante
carnaza a nuestrros cronistas de la Leyenda Negra. El lascasismo
es un mal que habita entre nosotros. Así y todo viva España y
honra le sea dada al Conde Duque, el de las ansias de mando y el caballo a la
empinada. Es la otra cara de la moneda o sobrehaz de la figura de
Velazques tan solemne y grande como el Cuadro de las Lanzas. Apoteosis
de la pintura que queda reflejada en este soneto que dedica el poeta Manuel
Machado al retrato de Felipe IV en el Prado pintado por don Diego: Nadie más cortesano ni pulido que nuestro rey Felipe, que Dios guarde. Siempre de negro hasta los pies vestido Es pálida su tez como la tarde cansado el oro de su pelo undoso y de sus ojos, el azul, cobarde Sobre su augusto pecho generoso ni joyeles perturban, ni cadenas, el negro terciopelo silencioso Y, en vez de cetro real, sostiene apenas con desmayo galán un guante de ante la blanca mano de azuladas venas
8 de julio de 2007 |
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L HOMBRE QUE INVENTÓ EL ESTADO Y
TENÍA A ESPAÑA EN LA CABEZA Posted: 16 Feb 2019 04:04 PM PST
IV CENTENARIO CONDE DUQUE OLIVARES
Aparecido dos capitulo en CORREO ZAMORA, agosto de
1987
Pocos españoles tan polémicos y de tan brioso rasgo
y que hayan dejado en pos de sí huella tan señalada como el conde duque. Este
año se celebra cuarto centenario de su nacimiento. Un orto que en
contramedida significa el ocaso del imperio la secesión de Portugal el
amotinamiento de Cataluña y el enojo de Aragón. En Flandes se puso el sol. El
nombre de Gaspar de guzmán y Pimentel rivera Velasco i Tovar – un godo de
cuerpo entero no hubiera sangre más limpia que la suya en castilla irá unido
a dos señalados conceptos que los españoles tienen en alta estima: el poder y
su excelencia, la pasión por la literatura y la pintura (eso era antes).
Decir conde duque de Olivares es decir ambición mando. Es la idea que
trasmina en el grandioso retrato ecuestre que Velázquez legó a la
posterioridad a lomos de ese caballo puesto de manos y haciendo la empinada
el jinete con los arreos de capitán general sombrero chambergo banda y bastón
de mando mirando altanero para la cámara al fondo el perfil serrano de la
sierra de Guadarrama skykine de encinas chaparrales y quebradas a lo lejos.
El caballero se ofrece a los ojos del que mira con garbo de apoteosis
triunfal. El valido del monarca español estaba al frente del mayor imperio
que conocieron los humanos desde Roma. Don Diego de Velázquez transmite a su
paleta esa sensación de orgullo y energía del ovante caballero con dominio de
rienda y estribo como diciendo mío es el mundo. Había nacido
en Roma cabeza de la catolicidad donde su padre el aristócrata sevillano era
embajador de España ante la santa sede. Los guzmanes (gut y mann hombres
buenos en la lengua germánica) eran godos por los cuatro costados y aunque
aposentados en Sevilla desde Fernando III el Santo su casa solariega la
tenían en León: Toral en la vega del Esla y Toro fue la ciudad que más amara.
Durante sus estancias en la corte se retiraba a una casa de campo en Loeches. Quien tuvo retuvo y el que hizo deshizo. Nada se
movía en España sin su consentimiento ni papel que no pasase por su mano.
Hombre oficinesco pasaba largas horas en su despacho desde las seis de la
mañana hasta la noche (hasta sus enemigos reconocen y alaban su patriotismo y
su capacidad de trabajo). Él es el padre de nuestra burocracia. Inventó el
papel de estado. Nos imaginamos a don Gaspar en manguitos trabajando a la luz
de una vela caladas las antiparras con montura de concha. Suena el golpe de
tampón lacrando cualquier documento. Archívese, sobreséase lácrese. Cuando
perdió la privanza de Felipe IV acabó de corregidor en la villa de Toro.
Tenía una idea de la España total y unitaria en la cabeza. Su enérgica
replica a la insurrección de los Segadores evitó la secesión catalana aunque
ello costara la segunda de nuestras guerras civiles la primera la de los
comuneros y después vendrían la carlistada y el funesto 36, intentó sofocar a
sangre y fuego el levantamiento portugués contra la corona española pero la
muerte le sorprendió en su querida villa de Toro cuando prevenía un ejercito
contra el portugués. Fue mucho mejor corregidor que primer ministro (les
llamaron validos pero su función se equiparaba a los de un premier británico)
España crió buenos alcaldes y malos hombres de estado. España tiene la sangre
municipal y espesa. Prevalece la inmediatez porque aquí la política fue un
reclamo a la cleptomanía. Como muestra valga un botón. La Cataluña
independentista de Jordi Pujol transformada en cueva de ladrones. En don
Gaspar, sin embargo, porque venía del gran misticismo católico predomina la
pasión del poder sobre el oro. La austeridad el estoicismo pero también la
soberbia la contumacia y un cierto aldeanismo en la visión del mundo.
Castilla desprecia cuanto ignora. Su acendrado fervor de viejo católico le
hizo cometer atropellos y tomar decisiones impolíticas que no favorecieron a
sus súbditos. Tiene la figura de don Gaspar resabios de cacique. Y España en
su declive se batía contra todos; Francia, Inglaterra, Portugal, los estados
pontificios. Conjuras en Venecia sublevación de los moriscos en Valencia y en
Granada. Toda Europa ardía en contiendas de religión y el grande de España
animoso trabajador altanero hubiera sido un buen corregidor de cualquier
villorrio castellano mecenas de los poetas y protector de los conventos y
mentor de fiestas y cuchipandas de toros y cañas pero le faltó talento y mano
izquierda para transformarse en un Richelieu, su gran enemigo, por cierto. Todo lo demás ha sido contado por plumas tan
eminentes como Gregorio Marañón aunque al famoso clínico e historiador según
Julio Camba que decía que el doctor Marañón era el español que no se reía
nunca le faltaba el sentido del humor. Su libro sobre el valido
plenipotenciario de Felipe IV es un ejemplo de cómo este personaje fue tan
maltratado por la historia injustamente porque el periodo de su mandato
coincide con el triunfo del arte español en pintura en arte dramático en
novela. Las musas mimaron a esta España contra todos dando a nuestra patria
un tiempo de esplendor como no ha conocido nunca. El sumo pintor de cámara es Velázquez y don Diego
trasladó al lienzo desde su taller en Sevilla toda esa augusta vividura
representada por Quevedo Lope Calderón Cervantes Tirso de Molina el Greco.
¿Fue su vida la historia de una ambición que terminaría en quimera? Cuando el
conde duque ministraba un veterano de la campaña contra el turco mutilado de
guerra y que se ganaba la vida como alcabalero plasmaba en un libro el sueño
de esa quimera de esa utopía y así nacía el Quijote. Nacido en Roma el día de Reyes de 1587 segundo
vástago de enrique de olivares virrey de las dos Sicilias embajador ante la
Santa Sede, contador mayor. Todos los blasones convergían sobre la cabecita
de aquel bautizando en la pila de Santa María la Mayor. Sólo le faltaba la
corona de rey. Su juventud la pasó en Salamanca donde se doctora en leyes.
Este temple de jurispericia va a ser el baremo de toda su carrera política.
Ejerció la cátedra de derecho Canónico durante algún tiempo y estuvo a punto
de alcanzar las ordenes mayores pero el joven rector de Salamanca en contra
de la costumbre de los “segundones” no siente inclinación por la vida
eclesiástica aunque Felipe III le concede una encomienda y le nombra reitre
de la orden de Calatrava pero du fervor religioso y su acendrado afán de
defensa de la catolicidad, que le lleva a la política, va a ser una de las
pautas de su carácter. Vive un tiempo de exaltaciones religiosas y atraviesa
en su vida por etapas místicas. Hombre de su tiempo al fin y al cabo y fiel
representante de la España que le tocó vivir que era una España milagrera y
que se creía la nación destinada a extender el reinado de Cristo por todo el
orbe. No tenía hijos. Su mujer doña Inés de Zúñiga pasaban los años y no le
daba un descendiente varón al conde duque. Su confesor un jesuita organiza
una novena en el convento de san Placido y para rogar la intervención divina.
Y mientras el coro monjil salmodiaba Vísperas una tarde de febrero en el
convento benedictino de San Plácido el conde y su esposa en un aposento del
trascoro “encargaban un niño a la cigüeña”. Patética escena muy típica de la
España ascética del siglo XVII cuando algunas monjas alumbradas, y el
convento de san Plácido donde el propio rey tuvo una novia novicia a la que
visitaba por las noches (el mito de don Juan) fue epicentro de algunas
demasías de “deixados” y anduvo bajo la mira de la inquisición. Quedó preñada la condesa y algunos de sus
biógrafos aducen esta anécdota como demostración de la fe católica que
pervade el temple del estadista y su creencia en el milagro. Un coetáneo suyo
el embajador Forner que representaba al señorío de Venecia en Madrid escribe
textualmente: “Realiza cada mañana su ejercicio y el Día de Difuntos tiene
por costumbre acostarse dentro de un ataúd rodeado de cirios. Habla como un
fraile a sus criados de lo efímero de la existencia de
las vanidades de las cosas a las que desprecia solemnemente” Ciertamente,
tenía en poco las galas y las glorias mundanales excepto el poder que en un
personaje de su categoría no era vanidad sino instinto, Elliot,
Marañón el padre Salazar y Vico lo describen como un tipo robusto de una
cierta tendencia a la obesidad, cargado de hombros con un pabellón nasal
potente de tez trigueña cabellos rubios y de elevada estatura. Gastaba peluca
para esconder su calvicie. En su mocedad fue ingenioso y amigo del donaire
travieso estudiante en Salamanca pero después de casado con doña Inés en 1607
su vida matrimonial se muestra intachable, lo que no deja de ser un contraste
en aquel Madrid de depravadas costumbres: alumbrados, galanes de monjas, en
aquella villa y corte que Quevedo constata como “enjambre de putos y
aritméticos hombres mujeres y mujeres hombres” transexualismo y travestismo
en acciones y pelillos de virilidad ambigua. Tusonas de picos pardos tampoco
faltaban. “Han llegado irlandesas y hay renuevos en la casa del tócame Roque”
escribe en las Zahúrdas de Plutón informando a un amigo ausente. Un pueblo tan
festero como el madrileño la mayor parte de los 365 del año se los pasaba de
holgorio o bien honrando a algún santo o celebrando algún acontecimiento tan
importante como los esponsales del príncipe Carlos de Inglaterra con una
infanta. Aquel príncipe no tuvo suerte. Acabaría sus días en la torre de
Londres siendo el primer monarca inglés al que sus súbditos cortaron la
cabeza. El matrimonio no llegó a celebrarse porque el conde duque aduce que
el pretendiente de la infanta Margarita de Austria no es católico. Se alojó
en la casa de las siete chimeneas y volvió a Londres colmado de honores, de
regalos y muy agasajado y festejado con corridas de toros y cañas y autos
sacramentales pero compuesto y sin novia. El conde duque fue temido y odiado. Ese odio
traspasó las fronteras de la muerte en Toro en 1645 a 22 de julio el día de
la Magdalena. Sus enemigos –la furia conversa- quisieron quemarlo en efigie
en un auto de fe. No era simpático a los judíos que le acusaron de hereje y
judaizante paradójicamente por lo antes apuntado de correr por sus venas
sangre tan limpia como la de los Guzmanes. Tampoco lo era para las mujeres.
Hubo dos que precipitaron su caída: la reina Isabel y sor María de Agreda la
mística con la que se carteaba el rey y de la que se supone estuvo enamorado
porque el cuarto de los Felipes poseía una sexualidad inagotable quasi
femenina que nunca se agotaba aunque parece ser que estos encuentros- el
primero fue al regreso del monarca de la guerra de Cataluña- fueron
totalmente inocentes y platónicos. La reina porque temía que don Gaspar con
su fuerte personalidad hubiera sorbido el sexo al rey amante y cazador. Los
conversos y estas dos mujeres precipitaron su caída. Hoy se catalogaría al de Olivares en la vitrina de
los machistas. Marañón va un punto más allá en esa enemiga que le profesan
las mujeres. Sus retratos nos reflejan un tipo pícnico corpulento de
naturaleza hiperviril amantes de una sola mujer y pájaros de un solo nido
porque dice el famoso endocrinólogo que el Tenorio tenía alma de marica
quería probarse a sí mismo demostrar toda la testosterona de la que es capaz.
Por el contrario representan al verdadero macho. Y en aquel tiempo de
aventuras extra conyugales y de hijos bordes a son Gaspar sólo se computa un
bastardo un tal Julián nacido de sus amores con una cómica. Toda su vida fue
leal a su doña Inés de Zúñiga y Velasco. Módico en la mesa y de costumbres
irreprochables. Sólo bebía agua. Sumamente laborioso se levantaba con la
aurora y a media mañana antes de la entrevista cotidiana con el rey con el
que conferenciaba a través de un locutorio ya había revisado los papeles más
importantes. Tajante y meticuloso todo lo
supervisaba desde los saraos las corridas regias las visitas al
sacramento y los triduos que solían celebrarse en la casa de los jesuitas de
la calle Toledo la prevención de la flota o la disposición de las alcabalas.
Era una maniático de los impuestos y los gravámenes y exacciones fiscales
para financiar las guerras fueron motivo de escándalo y de su mala fama entre
el pueblo
ESPAÑA MI NATURA |
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eñ hombre que llevaba a españa y al
esado en la cabeza artifice de la union iberica Posted: 16 Feb 2019 05:53 PM PST
EL CHAMBERGO DEL CONDE DUQUE DE OLIVARES Antonio Parra Camino de mis pomaradas el día de Santa Ana no paró
de llover- Sacramenia honra a la abuela de la Virgen como santa tutelar desde
el siglo X- paso por Toral de los Guzmanes pueblo leonés donde los haya,
páramos de tierra rodena, verde de las riberas del Esla, tierra de fray
Gerundio de Campazas, bodegas de clarete encuevadas en la ladera del pardo
mogote León por Castilla fieras torres de los fueros campos góticos. Siempre
España. Este pueblo leonés polvoriento todo él de adobe con sus paredes
rojizas tiene toda la gracia de las casas deshabitadas. Pasado y presente se
dan mano y no puedo menos al pasar de evocar la grandeza del Conde Duque que
me mira mefistofélico desde el caballo condescendiente y altanero desde ese
caballo que pintó Velázquez y se nos va a la empinada. Y que con su gallarda
cabriola y su coqueta mirada cuando le veo en el Prado siempre me dice: -Arriba España y viva el papel de estado. Los funcionarios le deben la sinecura a este prócer
sevillano nacido en Roma que llevaba al Estado en la cabeza. Mire, las
oposiciones. Venga. El conde duque. Danos y danos hasta que no te conozcamos.
Ley de las tabernas. Una sinecura. Una cátedra. Un buen y oscuro pasar un
puesto inamovible. Ahí está el Conde Duque con su estatua garantizando ese
áurea mediocritas al que aspira todo español (el 75 por
ciento de nuestros jóvenes quieren ser funcionarios pero España amigos no da
para más y los ala tristes no nos la defienden más bien al revés con gran
complacencia de nuestros enemigos históricos que pagan estos bestsellers). Y
ahí nos las den todas. Et chacun a son gîte que
dirán los franceses. Cada gallo en su quintana y cada mochuelo a su olivo.
Noches para destetar hijos de puta y días para que las gallinas no pongan
huevos sino cabrones. No está el verde para pitos ni el tafetán de Magdalena
para primores y zampoñas. Las nuevas generaciones lo van a pagar caro. No
saben historia de España o la aprendieron mal en Oxford o en
Amsterdam. Gibson es un headmaster inglés, sin cabeza porque lo de head es un
suponer porque si se la abriéramos encontraríamos su sesera hecha agua y odio
con pinta de rabino que habla muy mal castellano y lo escribe peor a pesar de
sus muchos años en Madrid que va a utilizar the birch (el látigo) esto es la
disciplina inglesa contra todos vosotros. Nunca aprenderéis. Otra de García
Lorca. Cuando mandaba don Gaspar de Guzmán todavía
éramos grandes. Hoy en cualquier momento nos podemos ir a tomar por el culo y
algún jefe de negociado de los que ficha y está en nómina se puede quedar con
la tarjeta en la mano y la candela al rabo. Pero viva siempre el papel de
estado. Mírala. Es mucho mayor por lo que hizo que la puerta
de Alcalá. Lo malo de mucha gente es que desconocen su historia y no sabían
quien era don Baltasar de Guzmán. Peor para ellos pero la España a la que él
dio fuero y prematica ahí está. Nos miró una mirada de inteligencia desde el
caballo y ahí queda eso. Desde entonces los españoles estamos bajo la
protección de su chambergo, ese pavero al que Esquilache quiso quitar retal y
rebajar centímetros. Al pueblo se le subieron los humos. En España puede
estallar una revolución por una cuestión de centímetros. Por el cipo de una
finca, por el ceder el paso en una acera, por el quítame allá esas páginas y
claro está aquí todos preferimos el embozo y el ala ancha, los alas tristes
que se los coman los dragones. Total una revolución contra los masones
y la vieja retórica contra iudeos y pueden arder las sinagogas
como otrora prendieron fuego a las basílicas, mucho mondongo, por el fuero y
el huebo y aquí todos somos algo taurinos con un si es no de católico y de
sentimental. Temo que me lo desgobiernen. La frase de Felipe II se cumplió en
aquel Valido. El chambergo del Gran Guzmán, Zp oído al
parcha y ojos de Argos, un símbolo pero viene a ser para nosotros
aval de libertad. Somos el pueblo más libre de toda la cristiandad. Ah
sombrero que significas albedrío pero que no nos hurguen mucho los cojones.
El sombrero del Conde Duque luchó contra los nobles y como en su España de
entonces nos crecen los enanos. Cada uno quiere ser un cacique y nos quiere
gobernar. Olivares desmochó sus torres. No admitía a su vera señores de horca
y cuchillo. -Reverte se ha hecho rico a costa de la derrota pero
no da una a derechas. No hay que fiarse nada de los murcianos ni gitanos de
mal vivir. Y las alas de nuestro pavero no son tristes y alicaídas
sino enhiestas y bramadoras como el báculo de un garañón en celo. Entramos en
Breda y conquistamos Mastrique. Rocroi fue una batalla que perdimos pero con
un soldado menos también se gana la guerra. -Furrieles a la mira. Tercios a mí. Ya lo sé. Nos
traicionó la sinagoga de Amsterdam. Inglaterra conspiró en Portugal y Francia
en Cataluña. No hubo nación más grande que España. Ni con tantos enemigos
tampoco y en ese empeño seguimos y no hay tutía. -El Conde Duque fue un triunfador. A pesar de todo y
muchos españoles le deben la sinecura y el papel de estado, las oposiciones
con que siempre nos usan la pluma por el pico a los laborales. Nadie mejor
para hacer la estatua. Un gigante en medio de enanos según Marañón. Pero le
odiaban las monjas y las mujeres y ello fue causa de su desgracia.. aquí como
caigas mal a las señoras vas de culo. Y si los funcionarios le deben el puesto fijo, los
taurinos le deben todo. El conde duque era un torero. Gallardo y sublime. Muy
español, algo putero, muy trabajador al que nada se le ponía por delante. Muy
religioso hasta rozar la misma superstición. ¿Qué más se puede pedir? -La decadencia -Hombre, no me fastidie. ¿Se puede llamar decadencia
a un tiempo en que Quevedo escribía sus maravillosas prosas, Tirso hacía
encajes de bolillos con sus comedias de costumbres y Alarcón con las de
enredo y en los corrales estrenaba Lope y en el Alcázar pintaba el aire don
Diego y en Flandes aun no se había puesto el sol con nuestros navíos bojando
la esfera armilar? ¿Y el pueblo español hizo lo que siempre supo
hacer mejor que nadie: vivir de gorra? ¿Un poco exagerado no? -Cierto. -Pues sí. Buen canto a España nuestra
natura y a Italia nuestra ventura y a la puta Holanda nuestra sepultura. Toral de los Guzmanes es el alma mater de la familia
goda con más abolengo de las Españas. Junto a los muros del palacio no cabe
tanta grandeza deshabitada. Gutte Männer (Guzmán) nos refieren a los
hombres buenos, probos, los leales vasallos del Alto Alemán. Honor
y honra como norma. Principio vasallático. El caballo de Carlo Magno parece
que pasó por aquí camino de Santiago. ¿Peregrino o un soldado disfrazado? No
sé. Niego la menor. Esta familia dio guzmanes para dar y tomar. El
primero el Bueno el gobernador de Tarifa. Ahí tenéis mi puñal le dijo a los
moros. No cabe más orgullo ni más honra en una frase. Cien obispos y treinta
santos, entre ellos el inventor del Rosario y más de treinta reinas y
princesas desde doña Urraca a Eugenia de Montijo. Siempre que cruzo Toral en
la noche me asaltan fantasmas de grandeza y el Conde Duque con su gran pavero
se me viene al encuentro. Arriba brilla una estrella y en lontananza adivino
las espiras gélidas de la catedral gótica. Romero soy y peregrino de una
España sublime a la que algunos historiadores y novelistas a sueldo
extranjero hacen astillas. -Buenas noches, don Baltasar de Guzmán.
Chapó. Usía y yo no somos derrotados. Por haber amado y comprendido a este
país que siempre da la espalda a sus hijos mejores. Y que el chambergo del Conde sea nuestro
refugio cuando vengan mal dadas. Bajo el ala de su sombrero y al pairo de su
espuela y fusta caballista consumado nos colocaremos. En España ya lo sabemos
la vida es una perenne lidia, mas velay un español con las virtudes y
defectos de la raza. En esta pintura ecuestre don Diego Velalquez no pinta
solamente a un jinete magnífico sino que también traza con su pincel la
semblanza psicológica de un país que prefirió los torneos y las monterías,
los juicios de Dios y las procesiones a los trabajos del día a día, un país
jeroíco y tendente a lo sublime pero haragán y descuidado con esa haronía que
mata. El conde duque representa el ansia de poder. Todo para mí. Es un
caudillo de la totalidad que aborrece las medias tintas. Ahí le veis con cara
de ordeno y mando, muy taurino él, muy putero y tan religioso como fanático.
Muy tío y muy viril y amigo de los jesuitas aunque la espiritualidad de éstos
por entonces no había adquirido el nimbo ñoño que tendría tiempo adelante.
Díganlo si no los deliquios en aquel convento de San Plácido calle de San
Roque muy cerca de donde está joy la Ballesta en que don Gaspar en un lateral
del crucero se ayuntaba carnalmente con doña Inés su legítima mientras las monjas
cantaban tercia en el coro para pedir un milagro al Todopoderoso y que
hiciera que su esposa esteril concibiera un heredero. El cielo le negó esa
gracia y el valido de Felipe IV tuvo que conformarse con legar a un bastardo
toda su fortuna. Este es el siglo del milagro y a mí no
me parece un tiempo de decadencia sino el del triunfo de la fe española pese
a nuestros descalabros bélicos en los Países Bajos en pugna con los herejes.
Este auriga del cuadro de Velázquez representa para mí la encarnación de ese
triunfo. Marañón dijo que se retardó su nacimiento un siglo que hubiera sido
un excelente ministro de Carlos V y de Felipe II pero el Conde Duque fue un
hombre de su tiempo, un hijo de su época empeñado en defender los intereses
de la corona española. A los ingleses los tuvo en jaque y su obsesión y casi
un sosias alternativo era Richelieu. La frialdad del francés contrasta con el
apasionamiento de este sevillano. Y las mujeres de palacio le odiaban por
eso. Por ser demasiado tío y hay hembras que se sublevan a presencia del
macho dominante. Isabel de Valois la esposa del monarca fue su rival durante
lustros pero sobre todo su gestión política suscitó la enemiga de una monja
milagrera que se carteaba con Felipe IV y tenía fama de milagrera visionaria
y hasta gozaba de las gracias de la transverberación y la bilocación según el
historiador Seco Serrano. A mí lo que más bien me parece es que fue una amiga
platónica y quien sabe si de a hecho pues fue en una opcasión a visitarla a
su convento del rey que tenía reputación de galán de monjas, lo de las rejas
y los capisayos en encierro le ponía y proclaman los psiquiatras que esto era
a causa de su sexualidad insaciable y casi femenina. Que era un patriota nadie se lo podrá
negar. Aunque sin demasiado tacto. Gracias a él se consiguió aplastar la
sublevación de los catalanes y a Andalucía que también quería ser
independiente la metió en vereda. No vivió para contemplar la secesión de
Portugal pero en sus últimas horas de agonía gritaba pidiendo no un confesor
sino armas y levas para levantar gente para ir contra los lusitanos apoyados
por Inglaterra. “Ah cuando yo era rector de Salamanca”, dijo poco antes de
expirar desengañado de las cosas del siglo. Casi cuatrocientos años después la
figura de este personaje uno de los más importantes de la historia española
se alza egregia y trágica a la vez. Por su catolicismo lo que no obviaba la
crueldad porque ya Quevedo lo expresa muy bien en aquellos versos: “católica
y cruel Majestad,…etc” fue puesto en berlina. En ese cuadro ecuestre
Velásquez lo retrata de cuerpo entero a lomos de ese caballo de ancas anchas
cabeza corta y melena de yegua ojos de ternerita, estampa casi femenina pero
era lo que se dice todo un caballo andaluz para un jinete castellano aunque
don Gaspar fuese de Sevilla y entonces había una recia polémica entre
andaluces y castellanos y hubo un duque que pidió para aquel reino la
independencia y el regreso a los taifas. Olivares que tenía un concepto
unitario del Estado abominaba de aquella nobleza altanera y privilegiada.
Todo su afán fue preservar la monarquía frente a las acechanzas de
la nobleza insolidaria. Ahí está el caballero sujeta bien la rienda la
espuela en su sitio y la montura haciendo corbetas. Retrato de cuerpo entero.
El pintor vio no solamente una psicología personal sino que plasma a toda una
época desde su caballete en uno de los cuartos de Felipe IV. Velay una
español con las virtudes y defectos de la raza el ansia de poder y el afán de
mando auriga de los destinos por lo visto de nuestra decadencia. Mandaba y
alanceaba toros. La burocracia unida a la tauromaquia. El conde diuque sabía
halagarle los gustos al pueblo: romerías triduos y fiestas de toros y caña.
En todos los labios del pechero y del pequeño terrateniente a la cuarta preguinta
siempre una interrogante ¿Llegó la escuadra? Y el oro de Indias que iba a
parar a Flandes. Pero don Gaspar no podía tener una estampa más recia y más
viril que la que luce en el cuiadro. Por demasiado macho las mujeres de
palacio le odiaban. Esta razón o sinrazón puede que fuese la causa de su
caída. Una monja visionaria amiga del rey que le escribía cartas desde su
convento en Ágreda y la malquerencia o la suspicacia de la reina Isabel de
Valois que se esforzó en parir y a veces vanamente principes herederos y le
nacían infantinas que se mor´ñian antes del destete y basta para ello
recorrer el pudridero y esas cruces tumables del cementerio de párvulos del
pudridero escurialense le declararon la guerra al valido. El rey estaba a la
suyo con sus cómicas y sus novicias. “Las monjas a rezar y las mujeres a
parir” esta frase del de Guzmán le trajo la ruina. Nada que escandalizarse y
el condeduque no hizo más que retomar la vieja enseñanza de las epistolas de
san Pablo que la mujer se salve mediante la paciencia y la gfeneración de los
hijos pero el feminismo le puso la proa y a la cosa no sirve darle vueltas.
Se trata de una de las verdades de la biología pero rel Cálido sigue
ofreciendo las manzanas de la tentación a Eva y ahí siguen muchos queriendo
cambiar la hiustoria y devanandose la sesera para descubrir el andao palante.
El condeduque era un populista. Hoy en día a lo mejor le caía el sambenito de
fascista. Llevaba al estado en la cabeza y en una España de pícaros y
paniaguados todos esperando el maná de las Indias yh las pagas de la benefica
él estba en su despacho a las seis de la mañana. Hombre al parecer de
conducta intachable y de una sola mujer su doña Inés él se empeñó en mantener
la unidad del imperio frente a las acechanzas de la sinagoga de Ámsterdam o
la rapacidad de Richelieu o la perfidia inglesa que solivintió as los
portugueses contra los españoles. La secesión de Portugal no la vieron sus
ojos pero cuando yacía en su lecheo de muerte en Toros quiso levantar gente
de armas para ir contra Lisboa alzada en armas. Los piratas asolaban el
Levante y Drake azupaba sus bucaneros por la costa andaluza. Quiso ser un
atlante pero el peso de la carga era demasiado para un solo hombre enfrentado
a su destino. Castilla estaba exhausta derrengada. Era un Tit´çan pero españa
ya no estaba en racha. Demasiado fue el esfuerzo, Castilla desangrada.
Marañón con la acuidad y solercia que le caracteriza y su gran ojo clínico
(el libro de estre autor sobre el gran valido es una de las biografías mejor
escritas de la literatura) descubre el anacronismo de su nacimiento. Olivares
vino al mundo con un par de siglos de retraso. Hubiese sido un gran ministro
de los Reyes Católicos o de Carlos V. Su mundo no pertenecía al de la Reforma
y al de “París bien vale una misa” de Enrique IV sino al del medievo. Su
nacimiento en Roma puede que determinase huella profunda en su carácter de
católico a machamartillo supersticioso y clericaloide pero nadie le podrá
negar la ortodoxia de su fe recia aunque, perdida la privanza, lo acusaron
sus enemigos de hereje pero es el axioma ineludible de una país que sabe ser
católico pero también cruel y donde no se perdona al que fracasa. El
magnetismo de su personalidad tuvo un gran atractivo para los historiadores
ingleses. De hecho sus mejores biógrafos hasta Marañón fueron Hume y Arnold
Benett más tarde Elliott. poPorjemplo en Oxford escuché la idea de que omitió
craso error al impedir el casorio del príncipe de Gales Carlos I con una
hermana de Felipe IV pero lo hizo por convencimientos religiosos. El novio no
era católico y así se inclina por un francés. El fantasma de aquel prpríncipe
después desafortunado rey que murió en el cadalso anda vagando por la Casa de
las siete Chimeneas en la Plaza el Rey madrileña donde estuvo hospedado
mientras cortejaba a una gazmoña infanta. Se le despachó a Inglaterra cargado
de un tesoro de regalos. Es posible que aquellas calabazas de no haberse
producido hubieran cambiado la historia de España y del mundo. No respondió a
la voz del deseo. El alegato para deshacer el noviazgo fue una supuesta razón
de estado. El siglo XVII fue un siglo milenarista. La corona de Castilla
pelea como un atlante contra las fuerzas oscuras del Averno que quieren echar
a pique la Barca del Pescador que por aquellas fechas no era una
frágil lancha de cabotaje sino una enorme urca. En su capacidad de
valido o de premier o primer piloto quiere conducir la nave a buen puerto
sorteando los escollos. Si bien es cierto que con frecuencia las metáforas
nos pierden y la razón da de través encallando contra la sinrazón. El duque
se obcecó tal vez. Era demasiado temperamental muy taurino y muy español. Le
faltó sangre fría pero es ilícito hablar de decadencia según insiste la
leyenda negra alimentada mayormente por judíos y por los perdedores que según
un dicho inglés beggars and losers can´t be choosers (mendigos
y perdedores no pueden elegir) pero en este caso sí: España era el país más
rico de Europa y donde mejor se vivía. Lo que ocurre es que
hay veces en las cuales parece que descarrilla la historia y los
comienzos y comedios del seiscientos al menos en lo que a España afecta
pudieron ser una de ellas. Había sed de absoluto y de aspiraciones
purificadoras pero esta gran utopía luego se transforma en desengaño y
consecuentemente en picaresca. Ante los vientos fuertes y portantes y al
desarbolarnos el enemigo algún obenque el timonel hubo de navegar en ceñida.
Don Gaspar hubo de ahogar en sangre la rebelión de Cataluña. España entonces
se ensimisma. Se entrega a sus profundos y vaporosos sueños y se cierra en
banda camino de la iglesia. Los días y meses pasan entre triduos y novenas al
efecto eran famosas las cuarenta horas que se celebraban en el convento
imperial de San Isidro a las cuales asistía el Rey con toda su corte y las
fiestas de toros y cañas en el retiro. Majeza y fervor religioso se conjugan.
El cesaropapismo está dando las últimas arcadas. Pero la historia de España
ronda por entonces su linea asíntota la tangente de la curva del infinito. No
hubo días mayores. ¿Cómo van a ser decadentes los cuatro lustros que marcan
la apoteosis del teatro español? El reinado del Cuarto de los Felipes
coincide con Lope Calderón Tirso Alarcón Mateo Alemán... él mismo fue gran
mecenas de las artes y él mismo escritor de un opúsculo El Lisandroun
pliego de descargos en el que plasma don Gaspar desde el destierro de Toro su
melancolía y su desencanto ante el desasimiento de la idea imperial o aquel
España contra todos a los que se refiere Quevedo. Hombre de gabinete y un
tanto papelista España le debe al conde ese concepto de unidad que sin llegar
a ser centralistas funciona muy bien bajo los austrias pero que llega a ser
siniestra con los Borbones. Fueron dos siglos de esplendor desde el día de
Santo Matías de 1500 hasta el de Difuntos de 1700 a la muerte de Carlos II el
Hechizado. Dos siglos en los cuales España no ve ponerse el sol bajo sus
dominios. Nuestro hombre no sólo inventa el papel sellado y el cargo de
primer ministro - ordena a Felipe IV a que asista a los consejos a través de
un ventanuco- sino al propio Estado. Su gran afán fue precisamente el
desmembramiento de dicho estado. En Barcelona sofocó con mano firme el
levantamiento de los segadores el día del corpus y se enfrenta en todo
momento a los manejes de la sinagoga que es la que patrocina las guerras de
religión. Nuestra derrota en Rocroi marca el principio del fin de nuestra
derrota en los Low Landers pero nuestros tiempos siguieron allá batallando.
La toma de Ostende y de Fuenterrabía serían los grandes éxitos militares del
conde duque mas ya casi en la agonía y desde su retiro toresano escribe una
carta al monarca pidiendole autorización para levantar gente de leva y
ponerse al frente de un ejercito que fuese contra los lusitanos. El motín lo
apoyaba como no la sinagoga de Amsterdam y la corte de San Jaime gran aliada
de Portugal contra España. Se exageró la visión derrotista de aquel mundo
dada nuestra atávica tendencia al auto flagelo. Cierto que las condiciones de
vida en aquella Castilla esquilmada y dominadora eran miserables pero sin
duda mucho mejores que las de los habitantes de Paris o Londres. Rusia estaba
en aquella época en estado semi salvaje. Cierto que el fanatismo y la
superstición la milagrería y la credulidad raíces acaso de muchos vicios
nacionales cañaban estragos en los de arriba y en los de abajo pero nunca
rayó tan alto la cultura española como en los años del mandato del gran
valido de Felipe IV un hombre excesivo dominador visceral y con las virtudes
y defectos de la raza por lo que fue tan adulado como odiado. Desconocía los
términos medios y su carácter pícnico tendía hacia esa exuberancia del
barroco. Por Toral de los Guzmanes y por estos páramos del viejo reino de
León cruza su efigie clásica su silueta tan distinguida enigmática y prócer.
Los guzmanes eran la cifra y el compendio del señorío. Paradójicamente y
siguiendo la tendencia de los Reyes Católicos también quiere desmochar las
torres de los castillos feudales y a los que más ataca es a los de su estirpe
y a los hidalgos de nacencia. De un golpe de vista comprendió que los males
de España arrancan de ese feudalismo que se transforma en caciquismo y en esa
tendencia a las taifas (lo vemos en este momento en que escribo 2006) Él
quiso cortarles los vuelos a los privilegios porque tenía una idea unitaria de
la centralidad del mando. Hubo un tiempo en el que odiado por los de arriba
era venerado por los de abajo a los que con temple de dictador trata de hacer
concesiones y granjerías para hacerles más llevadera la existencia. Favorece
la tutela de los desvalidos fomenta las obras públicas. Quería ser querido
pero más que querido fue temido. Era un caudillo un dictador. Nada se hacía
sin consentimiento. Su verdadera pasión era el mando. “Ahora todo mío” fue la
frase con la que despidió al anterior valido el Duque de Lerma en el alcázar
madrileño. El caciquismo y el separatismo son males heredados de la lucha de
reinos de taifas y de la guerra civil que enfrentó a la corona y a la nobleza
en los tiempos de los Trastamaras. Lo de las autonomías acaso no sea sino el
reverdecimiento de aquellos instintos puesto que la cabra tira siempre al
monte a los que don Gaspar de Guzmán trató de meter en vereda gobernando por
decreto y en centralista. La alcurnia entonces se le subió a las barbas se le
puso de manos con el mismo brio que el corcel al que le sube don Diego
Velázquez para retratarlo en los encinares del Pardo al fondo el horizonte de
las crestas guadarrameñas. El arte de Apeles alanza altas cotas en este
cuadro. Los de su clase no lo podían ver. No hay peor cuña que la de la misma
manera. De los influyentes nobles - ya se sabe que este tiempo como todos fue
gobernado por las dichosas cien familias- no era bien quisto. Tampoco le
amaban las mujeres que fueron las artífices de su caída y eso no deja de ser
fatal en un político. A Napoleón le ocurría lo mismo. Cuando cruzo en mi
automóvil camino de Asturias por este pueblo terrizo de casas de adobe ródeno
[el alma mater de los palacios hispanos está construido con paja y barro]
orillas del Esla en esa gran recta de cerca de cincuenta kilómetros que va de
Benavente hasta León entono una plegaria por su alma. Dios perdone sus
pecados que fueron los de ansias de poder y de grandeza. Decía un pasquín de
la época: “sisas y alcabalas y papel de estado me tienen desollado”. Pienso
que acaso llevara razón Marañón cuando afirma que el favorito de Felipe IV
era un gigante entre pigmeos. De Toral de los Guzmanes de ahí venimos. Por
ahí empezó la cosa.
Miércoles, 27 de septiembre de 2006 y escrito el 7
de julio de ese mismo año
ESPAÑA MI NATURA |
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Posted: 16 Feb 2019 03:58 PM PST
CONDE DUQUE DE OLIVARES IV
CENTENARIO. EL HOMBRE QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO
Antonio Parra El Correo de Zamora miércoles 1 de abril de 1987 (transcripción 8 de julio de 2007) Fue hombre que se adelantó a su
tiempo. El gran mentor de Velázquez o la pasión del poder. Pocos españoles tan polémicos y de tan brioso rasgo
y que hayan dejado en pos una huella histórica así de señalada como la del
Conde Duque de Olivares. Este año se celebra el
cautricentenario del orto de esta figura que paradójicamente significa el
ocaso del imperio español, la secesión de Portugal, el amotinamiento de
Cataluña- recuerdese el himno de AEls Segadors@-, la quiebra de la hacienda pública, el enojo de
Aragón, la vida disipada de la corte y la miseria del pueblo. En
Flandes se puso el sol.
El nombre de don Gaspar de Guzmán y
Pimentel, Rivera, Velasco y de Tovar- un godo de cuerpo entero pues a
tenor con sus apellidos no pudiera ser encontrado sangre más limpia y de
mayor nombradío en Castilla, a pesar de que los guzmanes eran de tierra
adentro, de León, y luego formarían la cantera de capitanes de la escuadra
española- irá siempre unido al concepto de orgullo de casta que tienen los
españoles, el blasón, la ejecutoria de hidalguía. Es un apellido equivalente
a excelencia. Olivares encarna la pasión del mando. La
apoteosis de la religión y de la cultura. Decir conde duque es
decir también ambición. Y valido. Fue un ministro
plenipotenciario un primer primistro diríase hoy. Pero conviene
advertir que su figura nada hubiera llegado a ser sin el concurso de los
pinceles de Velázquez que lo inmortalizó en un cuadro ecuestre y dentro de un
marco bastante rupestre, el de los encinares del Pardo, con el caballo a la
empinado y la bengala, el chambergo, los arreos de capitán
general. El maestro sevillano hizo de su persona un retrato
psicológico y su obra es cumbre de la pintura. Cabalgando una
alazana que caracolea en la instantanea que traza el artista. Como
marco y bifuminado los chaparros del monte del Pardo, un coto de caza donde
los haya. Su mirada es penetrante, altanera y casi de
brujo. El caballero triunfal parece que nos domina. Su
aspecto imponente hace que el paisaje de la bella naturaleza retratada pase a
segundo plano. No es una bengala general esca lo que sostiene en
la mano diestra (con la siniestra empuña las riendas) sino un verdadero
cetro. Simboliza el poder ejecutivo y la burocracia. El
rey cazaba y firmaba. Don Gaspar gobernaba. En verdad
estre hombre fue el rey de un imperio donde no se ponía el sol. El
más extenso que conocieron los siglos. Aunque sevillano de origen y romano de
nacimiento. Los guzmanes [de gut o bueno y Mann, hombre en alemán]
estuvieron en la conquista de Sevilla por Fernando El Santo y llevaban
aposentados a orillas del Guadalquivir tres generaciones. Pero,
insistimos, su ascendencia era astur leonesa, la casa solariega en Toral
orillas del Órbigo y Toro fue la ciudad que amó más. Trabajador
incansable y fundador de la burocracia y del papel de estado no había
documento que no pasase por sus manos. Subió mediante intrigas en
la corte frente al Duque de Lerma pero el que a hierro mata a hierro esas mismas
intrigas se lo llevaron por delante y acabó desterrado en sus posesiones de
Loeches y acabó su vida de corregidor. Seguramente hubiera sido un
excelente alcalde según es tradición inveterada en la querida España que
produce malos políticos pero que siempre dio excelentes
alcaldes. Quizás por eso a este sevillano de sangre municipal y
espesa la política internacional le venía un poco grande. O no
entendió el mundo o no lo entendieron. Pero también fue rector de Salamanca a
los quince años y un católico a machamartillo que dio en beato. Se
hizo amigo de los jesuitas pero éstos que no se suelen casar con nadie le
pusieron la trabilla y fueron los que maniobraron su perdida de la
privanza. El confesor de la reina era un padre de esa
orden. Dicen sus biógrafos que el de Guzmán fue mucho mejor
alcalde que primer ministro sirviendo un poco así de espejo a las miserias y
grandezas del alma castellana. Empeño, rigor, abnegación y
laboriosidad-despachando negocios a las siete de la mañana- y austeridad
fueron su divisa pero también contumacia, rigidez y escasa visión
política. Aldeanismo se llama esa figura. Don Gaspar tenía madera
de cacique. Lo suyo hubiera sido la vara de corregidor de
Toro. Todo lo demás respecto a su singular figura ya fue contado
por plumas tan egregias como la de Gregorio Marañón que estampa un cuadro
clínico del personaje desmenuzando la personalidad del privado (aunque por
ventura le falte a tan encumbrado clínico y ensayista el sentido del humor
puesto que bien decía Julio Camba de él ADon Gregorio es un español que no se ríe nunca@) en su piedad que roza la superstición y en esa
intolerancia que le lleva a meter en un calabozo a Francisco de
Quevedo. Ciertamente, puede ser que el autor de ALos sueños@, según
descubrimientos de ciertos archiveros, no fuera un santo, es posible que lo
que le llevara a la cárcel no fuera el famoso soneto en la servilleta del
Monarca sino un caso de alta traición a favor de los
franceses. Quevedo debió de andar metido en una conspiración en la
que participaban los jesuitas que fueron primero sus amigos y más tarde sus
detractores.
Episodios aparte, al Conde Duque lo han elegido como
chivo expiatorio y malo de la película. Quizás convenga aducir en
su descargo que gracias a él fue posible Velázquez, Quevedo, el gran teatro
grande de nuestro siglo de oro. Es la cumbre del espíritu magnífico de
aquella centuria: Lope, Tirso, Cervantes y también aunque se sitúa en un
tiempo anterior, el Greco. Y ese espíritu es trasladado al lienzo,
a los grandes monumentos, y a la prosa. )Decadencia? Nunca conoció la nación
hispana, (que quiere que
les diga! Puede que la vida de don Gaspar de Guzmán fuera la
historia de una ambición terminada en quimera. Pero esto es la
vida misma y la historia de todos los pueblos.
Nacido en Roma el día de los Santos Reyes de 1587
hijo segundo de don Enrique de Olivares, virrey de las dos Sicilias,
embajador de España en Roma, contador mayor de Castilla, cargo en el que
sucedió a don Juan de Cuéllar, el protector de san Ignacio y de Germana de
Foix. Todos los títulos de grande de España, toda la alcurnia,
convergen sobre su persona. Sólo le faltaba a este guzmán el cetro
y la corona, aditamentos a los que aspiraba. Estudió a Salamanca
donde casi un adolescente se convierte en su rector. Felipe III le
concede una encomienda y le confiere el hábito de la Orden de
Calatrava. Pese a su piedad, el joven rector de Salamanca no
siente inclinación por las órdenes sagradas y además es el
primogénito. Ama la Iglesia pero le fascina el
poder. Desdeña todas las vanidades de la tierra y hasta, de
acuerdo con lo refiere el embajador italiano Corner, se disciplinaba y hacía
cada día el Ameditatio
mortis@metiendose dentro de un
ataúd que tenía aparejado en sus aposentos. Era un ascético que
domeñaba su carne y pudo someter todos los vicios excepto el de la
soberbia. había nacido para ser hombre de gobierno. Su
religiosidad era atractiva y su fe profunda que aunque supersticiosa con
arreglo a los parámetros de la época no finca en la
mojigatería. En su mocedad fue ingenioso y amante del donaire y
bastante continente para lo que era frecuente en aquellos años pues sólo se
le conoce un bastardo al que por cierto testa por heredero. A su
jefe y señor el rey don Felipe IV se le cuentan noventa y
tantos. Ya hablaremos en otra ocasión de la libido del Cuarto de
los Felipes a la que Marañón describe como Afuriosamente uterina@ esto es insaciable e
incontrolable En el año 1607 -hace cuatro siglos por tanto cuando
esto escribo- contrae nupcias con doña Inés de Zúñiga. Es el
momento seguramente más importante de su vida porque gracias a esta señora
-detrás de todo hombre grande suele haber una mujer más grande todavía- marca
el camino de gloria y su ascenso al poder. Doña Inés una mujer de
gobierno tenía vara alta en la corte. pese a todo el matrimonio lleva una
vida monacal y obsesionado con la descendencia de patriarca bíblico y Dios
sólo le daba hijas, y los esposos buscaban con ahínco un varón heredero,
comete algunos atropellos. Según un cronista de la época, en
cierta ocasión, Don Gaspar y doña Inés hicieron el amor en la iglesias del
convento de San Placido coram populo. Mientras la pareja manos a
la obra, un clérigo atacaba las letanías y las monjas desde el coro cantaba
Vísperas. Desconocemos si doña Inés quedó preñada pues el
amanuense no lo explica pero aquello debió de ser todo un espectáculo y no
infrecuente por cierto puesto que para extender cedula de legitimidad la
noche de bodas en los casamientos regios había un fedatario o fieldefechos
como testigo de cargo durante el coito o los coitos nupciales. En el viejo Madrid de los Austrias aun se detecta la
huella entre piadosa y barrocamente católica y divertida del gran valido de
Felipe IV. El año que contrae matrimonio recién trasladada la
corte a Madrid desde Valladolid don Gaspar que aparte de primer ministro
tenía vocación de alcalde y su sangre era municipal y espeso da cima a una
serie de monumentos que hoy podemos admirar hoy (el convento de Jesuita, las
Descalzas, las carmelitas de Santa ana y toda una larga ristra de monasterios
y de beguinatos, capillas, fiestas y sobre todo la afición a los toros a los
que era muy adicto como buen jinete. es el Madrid de la sopa boba de los
mendigos los picaros, las cuarenta horas, los triduos, los novenarios, los
lazaretos como el de san Juan de Dios en la calle Atocha, las casas a la
malicia y las damas de toldo y arandela. El de los galanes de
monjas, pues por lo visto el propio rey don Felipe era inclinado a amoríos
con novicias. Pero también merodeaban por allí los alumbrados, los
bufones y los enanos. El Madrid de las sempiternas
putas. Quevedo que debía de frecuentar los lugares a la malicia de
la corte se pregunta en una de sus cartas:)han llegado irlandesas?. Y es que Madrid como pasaba con Londres
era buena casa de acogida de las muchachas de la Verde Erín como ahora mismo
da la bienvenida a las rumanas, polacas, ucranias y toda esa etnia variopinta
que menea las caderas por la Casa Campo. Era el Madrid del Prado y
de los gays. Otra vez Quevedo, un archivo viviente, nos informa de
las presencias de Anutrido
enxambre de putos y arisméticos, mujeres hombres y hombres mujeres y mujeres
hombres en acciones y pelillos o putos ambigui géneris@. Se daba la alerta de la llegada de
nuevas remesas de profesionales del viejo oficio. Más o menos,
igual que ahora. Lean si no las Zahurdas de Plutón de
Don Francisco de Quevedo y Villegas.
La gente se lo pasaba bien o eso dicen pues eran
días de holganzas por fiestas religiosas y triduos entreaño, celebraciones
como el arribo de la flota a puerto de Sevilla, bodas y casamientos de
infantes y de grandes del Reino, novenarios y fiestas de toros y cañas que
solían celebrarse en la plaza mayor o en el bosque del buen retiro, el Prado,
la ribera del Manzanares. Y desde la Paloma la primera que Dios
envía en agosto hasta San Eugenio por noviembre de puertas abiertas a los
moradores de la corte para ir a coger bellotas en los montes del Pardo no
paraban las romerías, las verbenas, las procesiones con tarascas y
estafermos, los toros y cañas, los galantes paseos en carroza por el
Prado. La ciudad estaba llena de arribistas, miramelindos,
busconas fregatrices que se paseaban en carroza pues querían ser damas de
troníos. La monarquía absoluta y la religión eran el
todo. Alguna celebraciones duraban semanas enteras como la habida
con motivo de los esponsales del príncipe de Gales con una hermana de Felipe
IV, boda que deshizo por cierto el Conde Duque de Olivares llevado por
ciertos escrúpulos religiosos. )Cómo iba a
emparentar su católica y real majestad con un hereje? Hoy suena
extraño tal planteamiento pero por aquellos días esta razón tenía mucho
momento. Total que era un Madrid alegre y confiada donde era fácil
la vida lo mismo que la muerte. )Trabajar? Que
inventen ellos. De los trabajos ínfimos o indecorosos se
encargaban los extranjeros. Había censados muchos vecinos
franceses a los que el pueblo difamaba bajo sospecha de espionaje. El de Olivares fue temido y odiado a un tiempo,
habida cuenta del inmenso poder que recabara. Los odios y fervores
contra él fueron más allá de su muerte acaecida en Toro el 22 de julio de
1645 según nos dice Marañón. algunos de sus enemigos, que los tuvo a puñados,
quisieron desenterrar su cadáver y quemarlo en efigie. Se le
acusaba de hereje y de judaizante habida cuenta de que siempre favoreció
tanto a los jesuitas como a los cristianos nuevos. No deja de ser
paradójica tal vesania y puede que las heridas sigan estando abiertas durante
no poco tiempo pero en el caso del conde duque resulta casi inconcebible por
él pertenecer a uno de una de las familias más linajudas. Y en
definitiva di ce bastante de las mentalidad clasista que no racista del
español pues aquí mas que el color de la piel importa tu religión y de aquel
mundo de los asuntos de fe y de las ejecutorias de hidalguía. Fue un hombre, tras los escarceos de juventud, de un
solo amor. Tuvo una desgracia: no caerle bien a las
mujeres. Fueron precisamente dos de ellas, María de Ágreda la
monja visionaria y la reina Isabel, quienes precipitaron su
caída. Hay que volver al estudio psicológico que sobre la
personalidad del gran valido aduce Marañón tratando de explicar esa
inexplicable enemiga que suscitaba en los corazones femeninos.
De acuerdo con la diagnosis en cuestión, Olivares
era del tipo pícnico. Gordo, fornido, con una tendencia a la
calvicie. Estos caracteres son hiperviriles. Según su
teoría, el macho-macho, por oposición al veleidoso tipo donjuanesco, de una
mujer a otra, de brazos en brazos, y de lecho en leche, es pájaro de un solo
nido. Hombre de una sola mujer como algunas especies de la
biología, la tórtola y la cigüeña por ejemplo, se contrapone al
promiscuo. Marañón sostiene que Don Juan tiene algo de marica o
posee al menos rasgos femeniles. Su virilidad no es del todo firme
por eso siempre anda hablando de sus conquistas. Una jactancia
sospechosa pues se suele blasonar la gente de aquello que carece. El
verdadero conquistador amoroso rara vez explica sus conquistas. Y
con su conducta marca la antítesis de Felipe IV, incontenible adorador de
Venus. por contra, al Conde duque, una vez casado, no se le conoce ni un
desliz. Le fue leal a su doña Inés de Zúñiga y Velasco hasta la
muerte. de costumbres austeras e intachable. Dice Vico que gozaba
de una gran salud y eso era debido a la frugalidad en la mesa. El
agua era su bebida pero no es extraño que debido a las costumbres culinarias
de la época acabara gotoso. Su capacidad de trabajo también era
proverbial en un Madrid donde no pegaba golpe. Se levantaba al
alba y a las diez tenía su conferencia con el Rey, el cual solí asistir a los
consejos de ministros a través de un ventanuco los días que no estaba de caza
o cortejando. Tenía un carácter meticuloso y tajante y todos los
papeles habían de pasar por sus manos, desde la organización de los saraos
hasta la disposición de la flota y las alcabalas. Para recaudar
fondos al erario público inventó el papel del estado y fue muy oneroso en las
tasas y pechas que habían de pagar los de abajo. Esto le hizo
bastante popular con los de abajo. Un maniático de los impuestos
sí pero había que pagar a los soldados. Estaba España embarrancada
en las guerras con Cataluña, con Francia y en Flandes. Se estaba
poniendo el sol desde luego pero duraría mucho aquel ocaso, mucho más que el
que nuestros enemigos los franceses y los ingleses hubieran
deseado. La corona de Castilla seguía siendo la primera potencia
del mundo y un lugar para vivir. se vivía mucho mejor en Madrid incluso el de
los Austrias que en Londres y en Paris donde las costumbres seguían siendo
más barbaras. Siempre llevaron aquellos vida de herejes y en
España seguía luciendo el sol de cierta tolerancia del cachondeo de los
jolgorios pero claro unos llevan la fama y otros cardan la
lana. Don Gaspar de Guzman es un personaje que ofrece bastante
carnaza a nuestrros cronistas de la Leyenda Negra. El lascasismo
es un mal que habita entre nosotros. Así y todo viva España y
honra le sea dada al Conde Duque, el de las ansias de mando y el caballo a la
empinada. Es la otra cara de la moneda o sobrehaz de la figura de
Velazques tan solemne y grande como el Cuadro de las
Lanzas. Apoteosis de la pintura que queda reflejada en este soneto
que dedica el poeta Manuel Machado al retrato de Felipe IV en el Prado
pintado por don Diego: Nadie más cortesano ni pulido que nuestro rey Felipe, que Dios guarde. Siempre de negro hasta los pies vestido Es pálida su tez como la tarde cansado el oro de su pelo undoso y de sus ojos, el azul, cobarde Sobre su augusto pecho generoso ni joyeles perturban, ni cadenas, el negro terciopelo silencioso Y, en vez de cetro real, sostiene apenas con desmayo galán un guante de ante la blanca mano de azuladas venas
8 de julio de 2007
ESPAÑA MI NATURA |
|
Posted: 16 Feb 2019 03:56 PM PST
CONDE DUQUE DE OLIVARES IV
CENTENARIO. EL HOMBRE QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO
Antonio Parra El Correo de Zamora miércoles 1 de abril de 1987 (transcripción 8 de julio de 2007) Fue hombre que se adelantó a su
tiempo. El gran mentor de Velázquez o la pasión del poder. Pocos españoles tan polémicos y de tan brioso rasgo
y que hayan dejado en pos una huella histórica así de señalada como la del
Conde Duque de Olivares. Este año se celebra el
cautricentenario del orto de esta figura que paradójicamente significa el
ocaso del imperio español, la secesión de Portugal, el amotinamiento de
Cataluña- recuerdese el himno de AEls Segadors@-, la quiebra de la hacienda pública, el enojo de
Aragón, la vida disipada de la corte y la miseria del pueblo. En
Flandes se puso el sol.
El nombre de don Gaspar de Guzmán y
Pimentel, Rivera, Velasco y de Tovar- un godo de cuerpo entero pues a
tenor con sus apellidos no pudiera ser encontrado sangre más limpia y de
mayor nombradío en Castilla, a pesar de que los guzmanes eran de tierra adentro,
de León, y luego formarían la cantera de capitanes de la escuadra española-
irá siempre unido al concepto de orgullo de casta que tienen los españoles,
el blasón, la ejecutoria de hidalguía. Es un apellido equivalente a
excelencia. Olivares encarna la pasión del mando. La
apoteosis de la religión y de la cultura. Decir conde duque es
decir también ambición. Y valido. Fue un ministro
plenipotenciario un primer primistro diríase hoy. Pero conviene advertir
que su figura nada hubiera llegado a ser sin el concurso de los pinceles de
Velázquez que lo inmortalizó en un cuadro ecuestre y dentro de un marco
bastante rupestre, el de los encinares del Pardo, con el caballo a la
empinado y la bengala, el chambergo, los arreos de capitán
general. El maestro sevillano hizo de su persona un retrato
psicológico y su obra es cumbre de la pintura. Cabalgando una
alazana que caracolea en la instantanea que traza el artista. Como
marco y bifuminado los chaparros del monte del Pardo, un coto de caza donde
los haya. Su mirada es penetrante, altanera y casi de
brujo. El caballero triunfal parece que nos domina. Su
aspecto imponente hace que el paisaje de la bella naturaleza retratada pase a
segundo plano. No es una bengala general esca lo que sostiene en
la mano diestra (con la siniestra empuña las riendas) sino un verdadero
cetro. Simboliza el poder ejecutivo y la burocracia. El
rey cazaba y firmaba. Don Gaspar gobernaba. En verdad
estre hombre fue el rey de un imperio donde no se ponía el sol. El
más extenso que conocieron los siglos. Aunque sevillano de origen y romano de
nacimiento. Los guzmanes [de gut o bueno y Mann, hombre en alemán]
estuvieron en la conquista de Sevilla por Fernando El Santo y llevaban
aposentados a orillas del Guadalquivir tres generaciones. Pero,
insistimos, su ascendencia era astur leonesa, la casa solariega en Toral
orillas del Órbigo y Toro fue la ciudad que amó más. Trabajador
incansable y fundador de la burocracia y del papel de estado no había
documento que no pasase por sus manos. Subió mediante intrigas en
la corte frente al Duque de Lerma pero el que a hierro mata a hierro esas
mismas intrigas se lo llevaron por delante y acabó desterrado en sus
posesiones de Loeches y acabó su vida de corregidor. Seguramente
hubiera sido un excelente alcalde según es tradición inveterada en la querida
España que produce malos políticos pero que siempre dio excelentes
alcaldes. Quizás por eso a este sevillano de sangre municipal y
espesa la política internacional le venía un poco grande. O no
entendió el mundo o no lo entendieron. Pero también fue rector de Salamanca a
los quince años y un católico a machamartillo que dio en beato. Se
hizo amigo de los jesuitas pero éstos que no se suelen casar con nadie le
pusieron la trabilla y fueron los que maniobraron su perdida de la
privanza. El confesor de la reina era un padre de esa
orden. Dicen sus biógrafos que el de Guzmán fue mucho mejor
alcalde que primer ministro sirviendo un poco así de espejo a las miserias y
grandezas del alma castellana. Empeño, rigor, abnegación y
laboriosidad-despachando negocios a las siete de la mañana- y austeridad
fueron su divisa pero también contumacia, rigidez y escasa visión
política. Aldeanismo se llama esa figura. Don Gaspar tenía madera
de cacique. Lo suyo hubiera sido la vara de corregidor de
Toro. Todo lo demás respecto a su singular figura ya fue contado
por plumas tan egregias como la de Gregorio Marañón que estampa un cuadro
clínico del personaje desmenuzando la personalidad del privado (aunque por ventura
le falte a tan encumbrado clínico y ensayista el sentido del humor puesto que
bien decía Julio Camba de él ADon Gregorio
es un español que no se ríe nunca@) en su piedad
que roza la superstición y en esa intolerancia que le lleva a meter en un
calabozo a Francisco de Quevedo. Ciertamente, puede ser que el
autor de ALos sueños@, según descubrimientos de ciertos archiveros, no
fuera un santo, es posible que lo que le llevara a la cárcel no fuera el
famoso soneto en la servilleta del Monarca sino un caso de alta traición a
favor de los franceses. Quevedo debió de andar metido en una
conspiración en la que participaban los jesuitas que fueron primero sus
amigos y más tarde sus detractores.
Episodios aparte, al Conde Duque lo han elegido como
chivo expiatorio y malo de la película. Quizás convenga aducir en
su descargo que gracias a él fue posible Velázquez, Quevedo, el gran teatro
grande de nuestro siglo de oro. Es la cumbre del espíritu magnífico de
aquella centuria: Lope, Tirso, Cervantes y también aunque se sitúa en un
tiempo anterior, el Greco. Y ese espíritu es trasladado al lienzo,
a los grandes monumentos, y a la prosa. )Decadencia? Nunca conoció la nación
hispana, (que quiere que
les diga! Puede que la vida de don Gaspar de Guzmán fuera la historia
de una ambición terminada en quimera. Pero esto es la vida misma y
la historia de todos los pueblos.
Nacido en Roma el día de los Santos Reyes de 1587
hijo segundo de don Enrique de Olivares, virrey de las dos Sicilias,
embajador de España en Roma, contador mayor de Castilla, cargo en el que
sucedió a don Juan de Cuéllar, el protector de san Ignacio y de Germana de
Foix. Todos los títulos de grande de España, toda la alcurnia,
convergen sobre su persona. Sólo le faltaba a este guzmán el cetro
y la corona, aditamentos a los que aspiraba. Estudió a Salamanca
donde casi un adolescente se convierte en su rector. Felipe III le
concede una encomienda y le confiere el hábito de la Orden de
Calatrava. Pese a su piedad, el joven rector de Salamanca no
siente inclinación por las órdenes sagradas y además es el
primogénito. Ama la Iglesia pero le fascina el
poder. Desdeña todas las vanidades de la tierra y hasta, de
acuerdo con lo refiere el embajador italiano Corner, se disciplinaba y hacía
cada día el Ameditatio
mortis@metiendose dentro de un
ataúd que tenía aparejado en sus aposentos. Era un ascético que
domeñaba su carne y pudo someter todos los vicios excepto el de la
soberbia. había nacido para ser hombre de gobierno. Su
religiosidad era atractiva y su fe profunda que aunque supersticiosa con
arreglo a los parámetros de la época no finca en la
mojigatería. En su mocedad fue ingenioso y amante del donaire y
bastante continente para lo que era frecuente en aquellos años pues sólo se le
conoce un bastardo al que por cierto testa por heredero. A su jefe
y señor el rey don Felipe IV se le cuentan noventa y tantos. Ya
hablaremos en otra ocasión de la libido del Cuarto de los Felipes a la que
Marañón describe como Afuriosamente
uterina@ esto es insaciable e
incontrolable En el año 1607 -hace cuatro siglos por tanto cuando
esto escribo- contrae nupcias con doña Inés de Zúñiga. Es el
momento seguramente más importante de su vida porque gracias a esta señora
-detrás de todo hombre grande suele haber una mujer más grande todavía- marca
el camino de gloria y su ascenso al poder. Doña Inés una mujer de
gobierno tenía vara alta en la corte. pese a todo el matrimonio lleva una
vida monacal y obsesionado con la descendencia de patriarca bíblico y Dios
sólo le daba hijas, y los esposos buscaban con ahínco un varón heredero,
comete algunos atropellos. Según un cronista de la época, en
cierta ocasión, Don Gaspar y doña Inés hicieron el amor en la iglesias del
convento de San Placido coram populo. Mientras la pareja manos a
la obra, un clérigo atacaba las letanías y las monjas desde el coro cantaba
Vísperas. Desconocemos si doña Inés quedó preñada pues el
amanuense no lo explica pero aquello debió de ser todo un espectáculo y no
infrecuente por cierto puesto que para extender cedula de legitimidad la
noche de bodas en los casamientos regios había un fedatario o fieldefechos
como testigo de cargo durante el coito o los coitos nupciales. En el viejo Madrid de los Austrias aun se detecta la
huella entre piadosa y barrocamente católica y divertida del gran valido de
Felipe IV. El año que contrae matrimonio recién trasladada la
corte a Madrid desde Valladolid don Gaspar que aparte de primer ministro
tenía vocación de alcalde y su sangre era municipal y espeso da cima a una
serie de monumentos que hoy podemos admirar hoy (el convento de Jesuita, las
Descalzas, las carmelitas de Santa ana y toda una larga ristra de monasterios
y de beguinatos, capillas, fiestas y sobre todo la afición a los toros a los
que era muy adicto como buen jinete. es el Madrid de la sopa boba de los
mendigos los picaros, las cuarenta horas, los triduos, los novenarios, los
lazaretos como el de san Juan de Dios en la calle Atocha, las casas a la
malicia y las damas de toldo y arandela. El de los galanes de
monjas, pues por lo visto el propio rey don Felipe era inclinado a amoríos
con novicias. Pero también merodeaban por allí los alumbrados, los
bufones y los enanos. El Madrid de las sempiternas
putas. Quevedo que debía de frecuentar los lugares a la malicia de
la corte se pregunta en una de sus cartas:)han llegado irlandesas?. Y es que Madrid como pasaba con Londres
era buena casa de acogida de las muchachas de la Verde Erín como ahora mismo
da la bienvenida a las rumanas, polacas, ucranias y toda esa etnia variopinta
que menea las caderas por la Casa Campo. Era el Madrid del Prado y
de los gays. Otra vez Quevedo, un archivo viviente, nos informa de
las presencias de Anutrido
enxambre de putos y arisméticos, mujeres hombres y hombres mujeres y mujeres
hombres en acciones y pelillos o putos ambigui géneris@. Se daba la alerta de la llegada de
nuevas remesas de profesionales del viejo oficio. Más o menos,
igual que ahora. Lean si no las Zahurdas de Plutón de
Don Francisco de Quevedo y Villegas.
La gente se lo pasaba bien o eso dicen pues eran
días de holganzas por fiestas religiosas y triduos entreaño, celebraciones
como el arribo de la flota a puerto de Sevilla, bodas y casamientos de
infantes y de grandes del Reino, novenarios y fiestas de toros y cañas que
solían celebrarse en la plaza mayor o en el bosque del buen retiro, el Prado,
la ribera del Manzanares. Y desde la Paloma la primera que Dios
envía en agosto hasta San Eugenio por noviembre de puertas abiertas a los
moradores de la corte para ir a coger bellotas en los montes del Pardo no
paraban las romerías, las verbenas, las procesiones con tarascas y
estafermos, los toros y cañas, los galantes paseos en carroza por el
Prado. La ciudad estaba llena de arribistas, miramelindos,
busconas fregatrices que se paseaban en carroza pues querían ser damas de
troníos. La monarquía absoluta y la religión eran el
todo. Alguna celebraciones duraban semanas enteras como la habida
con motivo de los esponsales del príncipe de Gales con una hermana de Felipe
IV, boda que deshizo por cierto el Conde Duque de Olivares llevado por
ciertos escrúpulos religiosos. )Cómo iba a
emparentar su católica y real majestad con un hereje? Hoy suena
extraño tal planteamiento pero por aquellos días esta razón tenía mucho momento. Total
que era un Madrid alegre y confiada donde era fácil la vida lo mismo que la
muerte. )Trabajar? Que inventen
ellos. De los trabajos ínfimos o indecorosos se encargaban los
extranjeros. Había censados muchos vecinos franceses a los que el
pueblo difamaba bajo sospecha de espionaje. El de Olivares fue temido y odiado a un tiempo,
habida cuenta del inmenso poder que recabara. Los odios y fervores
contra él fueron más allá de su muerte acaecida en Toro el 22 de julio de
1645 según nos dice Marañón. algunos de sus enemigos, que los tuvo a puñados,
quisieron desenterrar su cadáver y quemarlo en efigie. Se le
acusaba de hereje y de judaizante habida cuenta de que siempre favoreció
tanto a los jesuitas como a los cristianos nuevos. No deja de ser
paradójica tal vesania y puede que las heridas sigan estando abiertas durante
no poco tiempo pero en el caso del conde duque resulta casi inconcebible por
él pertenecer a uno de una de las familias más linajudas. Y en
definitiva di ce bastante de las mentalidad clasista que no racista del
español pues aquí mas que el color de la piel importa tu religión y de aquel
mundo de los asuntos de fe y de las ejecutorias de hidalguía. Fue un hombre, tras los escarceos de juventud, de un
solo amor. Tuvo una desgracia: no caerle bien a las
mujeres. Fueron precisamente dos de ellas, María de Ágreda la
monja visionaria y la reina Isabel, quienes precipitaron su
caída. Hay que volver al estudio psicológico que sobre la
personalidad del gran valido aduce Marañón tratando de explicar esa
inexplicable enemiga que suscitaba en los corazones femeninos.
De acuerdo con la diagnosis en cuestión, Olivares
era del tipo pícnico. Gordo, fornido, con una tendencia a la
calvicie. Estos caracteres son hiperviriles. Según su
teoría, el macho-macho, por oposición al veleidoso tipo donjuanesco, de una
mujer a otra, de brazos en brazos, y de lecho en leche, es pájaro de un solo
nido. Hombre de una sola mujer como algunas especies de la
biología, la tórtola y la cigüeña por ejemplo, se contrapone al
promiscuo. Marañón sostiene que Don Juan tiene algo de marica o
posee al menos rasgos femeniles. Su virilidad no es del todo firme
por eso siempre anda hablando de sus conquistas. Una jactancia
sospechosa pues se suele blasonar la gente de aquello que
carece. El verdadero conquistador amoroso rara vez explica sus
conquistas. Y con su conducta marca la antítesis de Felipe IV,
incontenible adorador de Venus. por contra, al Conde duque, una vez casado,
no se le conoce ni un desliz. Le fue leal a su doña Inés de Zúñiga
y Velasco hasta la muerte. de costumbres austeras e
intachable. Dice Vico que gozaba de una gran salud y eso era
debido a la frugalidad en la mesa. El agua era su bebida pero no
es extraño que debido a las costumbres culinarias de la época acabara
gotoso. Su capacidad de trabajo también era proverbial en un
Madrid donde no pegaba golpe. Se levantaba al alba y a las diez
tenía su conferencia con el Rey, el cual solí asistir a los consejos de
ministros a través de un ventanuco los días que no estaba de caza o
cortejando. Tenía un carácter meticuloso y tajante y todos los
papeles habían de pasar por sus manos, desde la organización de los saraos
hasta la disposición de la flota y las alcabalas. Para recaudar
fondos al erario público inventó el papel del estado y fue muy oneroso en las
tasas y pechas que habían de pagar los de abajo. Esto le hizo
bastante popular con los de abajo. Un maniático de los impuestos
sí pero había que pagar a los soldados. Estaba España embarrancada
en las guerras con Cataluña, con Francia y en Flandes. Se estaba
poniendo el sol desde luego pero duraría mucho aquel ocaso, mucho más que el
que nuestros enemigos los franceses y los ingleses hubieran
deseado. La corona de Castilla seguía siendo la primera potencia
del mundo y un lugar para vivir. se vivía mucho mejor en Madrid incluso el de
los Austrias que en Londres y en Paris donde las costumbres seguían siendo
más barbaras. Siempre llevaron aquellos vida de herejes y en
España seguía luciendo el sol de cierta tolerancia del cachondeo de los
jolgorios pero claro unos llevan la fama y otros cardan la
lana. Don Gaspar de Guzman es un personaje que ofrece bastante
carnaza a nuestrros cronistas de la Leyenda Negra. El lascasismo
es un mal que habita entre nosotros. Así y todo viva España y
honra le sea dada al Conde Duque, el de las ansias de mando y el caballo a la
empinada. Es la otra cara de la moneda o sobrehaz de la figura de
Velazques tan solemne y grande como el Cuadro de las Lanzas. Apoteosis
de la pintura que queda reflejada en este soneto que dedica el poeta Manuel
Machado al retrato de Felipe IV en el Prado pintado por don Diego: Nadie más cortesano ni pulido que nuestro rey Felipe, que Dios guarde. Siempre de negro hasta los pies vestido Es pálida su tez como la tarde cansado el oro de su pelo undoso y de sus ojos, el azul, cobarde Sobre su augusto pecho generoso ni joyeles perturban, ni cadenas, el negro terciopelo silencioso Y, en vez de cetro real, sostiene apenas con desmayo galán un guante de ante la blanca mano de azuladas venas
8 de julio de 2007 |
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eñ hombre que llevaba a españa y al
esado en la cabeza artifice de la union iberica Posted: 16 Feb 2019 05:53 PM PST
EL CHAMBERGO
DEL CONDE DUQUE DE OLIVARES Antonio Parra Camino de mis
pomaradas el día de Santa Ana no paró de llover- Sacramenia honra a la abuela
de la Virgen como santa tutelar desde el siglo X- paso por Toral de los
Guzmanes pueblo leonés donde los haya, páramos de tierra rodena, verde de las
riberas del Esla, tierra de fray Gerundio de Campazas, bodegas de clarete
encuevadas en la ladera del pardo mogote León por Castilla fieras torres de
los fueros campos góticos. Siempre España. Este pueblo leonés polvoriento
todo él de adobe con sus paredes rojizas tiene toda la gracia de las casas
deshabitadas. Pasado y presente se dan mano y no puedo menos al pasar de
evocar la grandeza del Conde Duque que me mira mefistofélico desde el caballo
condescendiente y altanero desde ese caballo que pintó Velázquez y se nos va
a la empinada. Y que con su gallarda cabriola y su coqueta mirada cuando le
veo en el Prado siempre me dice: -Arriba España
y viva el papel de estado. Los
funcionarios le deben la sinecura a este prócer sevillano nacido en Roma que
llevaba al Estado en la cabeza. Mire, las oposiciones. Venga. El conde duque.
Danos y danos hasta que no te conozcamos. Ley de las tabernas. Una sinecura.
Una cátedra. Un buen y oscuro pasar un puesto inamovible. Ahí está el Conde
Duque con su estatua garantizando ese áurea mediocritas al
que aspira todo español (el 75 por ciento de nuestros jóvenes quieren ser
funcionarios pero España amigos no da para más y los ala tristes no nos la
defienden más bien al revés con gran complacencia de nuestros enemigos
históricos que pagan estos bestsellers). Y ahí nos las
den todas. Et chacun a son gîte que dirán los
franceses. Cada gallo en su quintana y cada mochuelo a su olivo. Noches para
destetar hijos de puta y días para que las gallinas no pongan huevos sino
cabrones. No está el verde para pitos ni el tafetán de Magdalena para
primores y zampoñas. Las nuevas generaciones lo van a pagar caro. No saben
historia de España o la aprendieron mal en Oxford o en Amsterdam.
Gibson es un headmaster inglés, sin cabeza porque lo de head es un suponer
porque si se la abriéramos encontraríamos su sesera hecha agua y odio con
pinta de rabino que habla muy mal castellano y lo escribe peor a pesar de sus
muchos años en Madrid que va a utilizar the birch (el látigo) esto es la
disciplina inglesa contra todos vosotros. Nunca aprenderéis. Otra de García
Lorca. Cuando
mandaba don Gaspar de Guzmán todavía éramos grandes. Hoy en cualquier momento
nos podemos ir a tomar por el culo y algún jefe de negociado de los que ficha
y está en nómina se puede quedar con la tarjeta en la mano y la candela al
rabo. Pero viva siempre el papel de estado. Mírala. Es
mucho mayor por lo que hizo que la puerta de Alcalá. Lo malo de mucha gente
es que desconocen su historia y no sabían quien era don Baltasar de Guzmán.
Peor para ellos pero la España a la que él dio fuero y prematica ahí está.
Nos miró una mirada de inteligencia desde el caballo y ahí queda eso. Desde
entonces los españoles estamos bajo la protección de su chambergo, ese pavero
al que Esquilache quiso quitar retal y rebajar centímetros. Al pueblo se le
subieron los humos. En España puede estallar una revolución por una cuestión
de centímetros. Por el cipo de una finca, por el ceder el paso en una acera,
por el quítame allá esas páginas y claro está aquí todos preferimos el embozo
y el ala ancha, los alas tristes que se los coman los dragones. Total una
revolución contra los masones y la vieja retórica contra iudeos y
pueden arder las sinagogas como otrora prendieron fuego a las basílicas, mucho
mondongo, por el fuero y el huebo y aquí todos somos algo taurinos con un si
es no de católico y de sentimental. Temo que me lo desgobiernen. La frase de
Felipe II se cumplió en aquel Valido. El
chambergo del Gran Guzmán, Zp oído al parcha y ojos de Argos, un símbolo
pero viene a ser para nosotros aval de libertad. Somos el pueblo
más libre de toda la cristiandad. Ah sombrero que significas albedrío pero
que no nos hurguen mucho los cojones. El sombrero del Conde Duque luchó
contra los nobles y como en su España de entonces nos crecen los enanos. Cada
uno quiere ser un cacique y nos quiere gobernar. Olivares desmochó sus
torres. No admitía a su vera señores de horca y cuchillo. -Reverte se ha
hecho rico a costa de la derrota pero no da una a derechas. No hay que fiarse
nada de los murcianos ni gitanos de mal vivir. Y las alas de
nuestro pavero no son tristes y alicaídas sino enhiestas y bramadoras como el
báculo de un garañón en celo. Entramos en Breda y conquistamos Mastrique.
Rocroi fue una batalla que perdimos pero con un soldado menos también se gana
la guerra. -Furrieles a
la mira. Tercios a mí. Ya lo sé. Nos traicionó la sinagoga de Amsterdam.
Inglaterra conspiró en Portugal y Francia en Cataluña. No hubo nación más
grande que España. Ni con tantos enemigos tampoco y en ese empeño seguimos y
no hay tutía. -El Conde
Duque fue un triunfador. A pesar de todo y muchos españoles le deben la
sinecura y el papel de estado, las oposiciones con que siempre nos usan la
pluma por el pico a los laborales. Nadie mejor para hacer la estatua. Un
gigante en medio de enanos según Marañón. Pero le odiaban las monjas y las
mujeres y ello fue causa de su desgracia.. aquí como caigas mal a las señoras
vas de culo. Y si los
funcionarios le deben el puesto fijo, los taurinos le deben todo. El conde
duque era un torero. Gallardo y sublime. Muy español, algo putero, muy
trabajador al que nada se le ponía por delante. Muy religioso hasta rozar la
misma superstición. ¿Qué más se puede pedir? -La decadencia -Hombre, no me
fastidie. ¿Se puede llamar decadencia a un tiempo en que Quevedo escribía sus
maravillosas prosas, Tirso hacía encajes de bolillos con sus comedias de
costumbres y Alarcón con las de enredo y en los corrales estrenaba Lope y en
el Alcázar pintaba el aire don Diego y en Flandes aun no se había puesto el
sol con nuestros navíos bojando la esfera armilar? ¿Y el pueblo
español hizo lo que siempre supo hacer mejor que nadie: vivir de gorra? ¿Un
poco exagerado no? -Cierto. -Pues
sí. Buen canto a España nuestra natura y a Italia nuestra ventura
y a la puta Holanda nuestra sepultura. Toral de los
Guzmanes es el alma mater de la familia goda con más abolengo de las Españas.
Junto a los muros del palacio no cabe tanta grandeza deshabitada. Gutte Männer (Guzmán) nos refieren a los hombres
buenos, probos, los leales vasallos del Alto Alemán. Honor y honra
como norma. Principio vasallático. El caballo de Carlo Magno parece que pasó
por aquí camino de Santiago. ¿Peregrino o un soldado disfrazado? No sé. Niego
la menor. Esta familia dio guzmanes para dar y
tomar. El primero el Bueno el gobernador de Tarifa. Ahí tenéis mi
puñal le dijo a los moros. No cabe más orgullo ni más honra en una frase.
Cien obispos y treinta santos, entre ellos el inventor del Rosario y más de
treinta reinas y princesas desde doña Urraca a Eugenia de Montijo. Siempre
que cruzo Toral en la noche me asaltan fantasmas de grandeza y el Conde Duque
con su gran pavero se me viene al encuentro. Arriba brilla una estrella y en
lontananza adivino las espiras gélidas de la catedral gótica. Romero soy y
peregrino de una España sublime a la que algunos historiadores y novelistas a
sueldo extranjero hacen astillas. -Buenas noches, don Baltasar de Guzmán. Chapó. Usía
y yo no somos derrotados. Por haber amado y comprendido a este país que
siempre da la espalda a sus hijos mejores. Y que el chambergo del Conde sea nuestro refugio
cuando vengan mal dadas. Bajo el ala de su sombrero y al pairo de su espuela
y fusta caballista consumado nos colocaremos. En España ya lo sabemos la vida
es una perenne lidia, mas velay un español con las virtudes y defectos de la
raza. En esta pintura ecuestre don Diego Velalquez no pinta solamente a un
jinete magnífico sino que también traza con su pincel la semblanza
psicológica de un país que prefirió los torneos y las monterías, los juicios
de Dios y las procesiones a los trabajos del día a día, un país jeroíco y
tendente a lo sublime pero haragán y descuidado con esa haronía que mata. El
conde duque representa el ansia de poder. Todo para mí. Es un caudillo de la
totalidad que aborrece las medias tintas. Ahí le veis con cara de ordeno y
mando, muy taurino él, muy putero y tan religioso como fanático. Muy tío y
muy viril y amigo de los jesuitas aunque la espiritualidad de éstos por entonces
no había adquirido el nimbo ñoño que tendría tiempo adelante. Díganlo si no
los deliquios en aquel convento de San Plácido calle de San Roque muy cerca
de donde está joy la Ballesta en que don Gaspar en un lateral del crucero se
ayuntaba carnalmente con doña Inés su legítima mientras las monjas cantaban
tercia en el coro para pedir un milagro al Todopoderoso y que hiciera que su
esposa esteril concibiera un heredero. El cielo le negó esa gracia y el
valido de Felipe IV tuvo que conformarse con legar a un bastardo toda su
fortuna. Este es el siglo del milagro y a mí no me parece un
tiempo de decadencia sino el del triunfo de la fe española pese a nuestros
descalabros bélicos en los Países Bajos en pugna con los herejes. Este auriga
del cuadro de Velázquez representa para mí la encarnación de ese triunfo.
Marañón dijo que se retardó su nacimiento un siglo que hubiera sido un
excelente ministro de Carlos V y de Felipe II pero el Conde Duque fue un
hombre de su tiempo, un hijo de su época empeñado en defender los intereses
de la corona española. A los ingleses los tuvo en jaque y su obsesión y casi
un sosias alternativo era Richelieu. La frialdad del francés contrasta con el
apasionamiento de este sevillano. Y las mujeres de palacio le odiaban por eso. Por ser
demasiado tío y hay hembras que se sublevan a presencia del macho dominante.
Isabel de Valois la esposa del monarca fue su rival durante lustros pero
sobre todo su gestión política suscitó la enemiga de una monja milagrera que
se carteaba con Felipe IV y tenía fama de milagrera visionaria y hasta gozaba
de las gracias de la transverberación y la bilocación según el historiador
Seco Serrano. A mí lo que más bien me parece es que fue una amiga platónica y
quien sabe si de a hecho pues fue en una opcasión a visitarla a su convento
del rey que tenía reputación de galán de monjas, lo de las rejas y los
capisayos en encierro le ponía y proclaman los psiquiatras que esto era a
causa de su sexualidad insaciable y casi femenina. Que era un patriota nadie se lo podrá negar. Aunque
sin demasiado tacto. Gracias a él se consiguió aplastar la sublevación de los
catalanes y a Andalucía que también quería ser independiente la metió en
vereda. No vivió para contemplar la secesión de Portugal pero en sus últimas
horas de agonía gritaba pidiendo no un confesor sino armas y levas para
levantar gente para ir contra los lusitanos apoyados por Inglaterra. “Ah
cuando yo era rector de Salamanca”, dijo poco antes de expirar desengañado de
las cosas del siglo. Casi cuatrocientos años después la figura de este
personaje uno de los más importantes de la historia española se alza egregia
y trágica a la vez. Por su catolicismo lo que no obviaba la crueldad porque
ya Quevedo lo expresa muy bien en aquellos versos: “católica y cruel
Majestad,…etc” fue puesto en berlina. En ese cuadro ecuestre Velásquez lo
retrata de cuerpo entero a lomos de ese caballo de ancas anchas cabeza corta
y melena de yegua ojos de ternerita, estampa casi femenina pero era lo que se
dice todo un caballo andaluz para un jinete castellano aunque don Gaspar
fuese de Sevilla y entonces había una recia polémica entre andaluces y
castellanos y hubo un duque que pidió para aquel reino la independencia y el
regreso a los taifas. Olivares que tenía un concepto unitario del Estado
abominaba de aquella nobleza altanera y privilegiada. Todo su afán
fue preservar la monarquía frente a las acechanzas de la nobleza
insolidaria. Ahí está el caballero sujeta bien la rienda la espuela en su
sitio y la montura haciendo corbetas. Retrato de cuerpo entero. El pintor vio
no solamente una psicología personal sino que plasma a toda una época desde
su caballete en uno de los cuartos de Felipe IV. Velay una español con las
virtudes y defectos de la raza el ansia de poder y el afán de mando auriga de
los destinos por lo visto de nuestra decadencia. Mandaba y alanceaba toros.
La burocracia unida a la tauromaquia. El conde diuque sabía halagarle los
gustos al pueblo: romerías triduos y fiestas de toros y caña. En todos los labios
del pechero y del pequeño terrateniente a la cuarta preguinta siempre una
interrogante ¿Llegó la escuadra? Y el oro de Indias que iba a parar a
Flandes. Pero don Gaspar no podía tener una estampa más recia y más viril que
la que luce en el cuiadro. Por demasiado macho las mujeres de palacio le
odiaban. Esta razón o sinrazón puede que fuese la causa de su caída. Una
monja visionaria amiga del rey que le escribía cartas desde su convento en
Ágreda y la malquerencia o la suspicacia de la reina Isabel de Valois que se
esforzó en parir y a veces vanamente principes herederos y le nacían
infantinas que se mor´ñian antes del destete y basta para ello recorrer el
pudridero y esas cruces tumables del cementerio de párvulos del pudridero
escurialense le declararon la guerra al valido. El rey estaba a la suyo con
sus cómicas y sus novicias. “Las monjas a rezar y las mujeres a parir” esta
frase del de Guzmán le trajo la ruina. Nada que escandalizarse y el
condeduque no hizo más que retomar la vieja enseñanza de las epistolas de san
Pablo que la mujer se salve mediante la paciencia y la gfeneración de los
hijos pero el feminismo le puso la proa y a la cosa no sirve darle vueltas.
Se trata de una de las verdades de la biología pero rel Cálido sigue
ofreciendo las manzanas de la tentación a Eva y ahí siguen muchos queriendo
cambiar la hiustoria y devanandose la sesera para descubrir el andao palante.
El condeduque era un populista. Hoy en día a lo mejor le caía el sambenito de
fascista. Llevaba al estado en la cabeza y en una España de pícaros y
paniaguados todos esperando el maná de las Indias yh las pagas de la benefica
él estba en su despacho a las seis de la mañana. Hombre al parecer de
conducta intachable y de una sola mujer su doña Inés él se empeñó en mantener
la unidad del imperio frente a las acechanzas de la sinagoga de Ámsterdam o
la rapacidad de Richelieu o la perfidia inglesa que solivintió as los
portugueses contra los españoles. La secesión de Portugal no la vieron sus
ojos pero cuando yacía en su lecheo de muerte en Toros quiso levantar gente
de armas para ir contra Lisboa alzada en armas. Los piratas asolaban el
Levante y Drake azupaba sus bucaneros por la costa andaluza. Quiso ser un
atlante pero el peso de la carga era demasiado para un solo hombre enfrentado
a su destino. Castilla estaba exhausta derrengada. Era un Tit´çan pero españa
ya no estaba en racha. Demasiado fue
el esfuerzo, Castilla desangrada. Marañón con la acuidad y solercia que le
caracteriza y su gran ojo clínico (el libro de estre autor sobre el gran
valido es una de las biografías mejor escritas de la literatura) descubre el
anacronismo de su nacimiento. Olivares vino al mundo con un par de siglos de
retraso. Hubiese sido un gran ministro de los Reyes Católicos o de Carlos V.
Su mundo no pertenecía al de la Reforma y al de “París bien vale una misa” de
Enrique IV sino al del medievo. Su nacimiento en Roma puede que determinase
huella profunda en su carácter de católico a machamartillo supersticioso y
clericaloide pero nadie le podrá negar la ortodoxia de su fe recia aunque,
perdida la privanza, lo acusaron sus enemigos de hereje pero es el axioma
ineludible de una país que sabe ser católico pero también cruel y donde no se
perdona al que fracasa. El magnetismo de su personalidad tuvo un gran
atractivo para los historiadores ingleses. De hecho sus mejores biógrafos
hasta Marañón fueron Hume y Arnold Benett más tarde Elliott. poPorjemplo en
Oxford escuché la idea de que omitió craso error al impedir el casorio del
príncipe de Gales Carlos I con una hermana de Felipe IV pero lo hizo por
convencimientos religiosos. El novio no era católico y así se inclina por un
francés. El fantasma de aquel prpríncipe después desafortunado rey que murió
en el cadalso anda vagando por la Casa de las siete Chimeneas en la Plaza el
Rey madrileña donde estuvo hospedado mientras cortejaba a una gazmoña
infanta. Se le despachó a Inglaterra cargado de un tesoro de regalos. Es
posible que aquellas calabazas de no haberse producido hubieran cambiado la
historia de España y del mundo. No respondió a la voz del deseo. El alegato
para deshacer el noviazgo fue una supuesta razón de estado. El siglo XVII fue
un siglo milenarista. La corona de Castilla pelea como un atlante contra las
fuerzas oscuras del Averno que quieren echar a pique la Barca del Pescador
que por aquellas fechas no era una frágil lancha de cabotaje sino
una enorme urca. En su capacidad de valido o de premier o primer piloto
quiere conducir la nave a buen puerto sorteando los escollos. Si bien es cierto
que con frecuencia las metáforas nos pierden y la razón da de través
encallando contra la sinrazón. El duque se obcecó tal vez. Era demasiado
temperamental muy taurino y muy español. Le faltó sangre fría pero es ilícito
hablar de decadencia según insiste la leyenda negra alimentada mayormente por
judíos y por los perdedores que según un dicho inglés beggars and
losers can´t be choosers (mendigos y perdedores no pueden elegir)
pero en este caso sí: España era el país más rico de Europa y donde mejor se
vivía. Lo que ocurre es que hay veces en las cuales parece que
descarrilla la historia y los comienzos y comedios del seiscientos al menos
en lo que a España afecta pudieron ser una de ellas. Había sed de absoluto y
de aspiraciones purificadoras pero esta gran utopía luego se transforma en
desengaño y consecuentemente en picaresca. Ante los vientos fuertes y
portantes y al desarbolarnos el enemigo algún obenque el timonel hubo de
navegar en ceñida. Don Gaspar hubo de ahogar en sangre la rebelión de
Cataluña. España entonces se ensimisma. Se entrega a sus profundos y
vaporosos sueños y se cierra en banda camino de la iglesia. Los días y meses
pasan entre triduos y novenas al efecto eran famosas las cuarenta horas que
se celebraban en el convento imperial de San Isidro a las cuales asistía el
Rey con toda su corte y las fiestas de toros y cañas en el retiro. Majeza y
fervor religioso se conjugan. El cesaropapismo está dando las últimas
arcadas. Pero la historia de España ronda por entonces su linea asíntota la
tangente de la curva del infinito. No hubo días mayores. ¿Cómo van a ser
decadentes los cuatro lustros que marcan la apoteosis del teatro español? El
reinado del Cuarto de los Felipes coincide con Lope Calderón Tirso Alarcón
Mateo Alemán... él mismo fue gran mecenas de las artes y él mismo escritor de
un opúsculo El Lisandroun pliego de descargos en el que plasma
don Gaspar desde el destierro de Toro su melancolía y su desencanto ante el
desasimiento de la idea imperial o aquel España contra todos a los que se
refiere Quevedo. Hombre de gabinete y un tanto papelista España le debe al
conde ese concepto de unidad que sin llegar a ser centralistas funciona muy
bien bajo los austrias pero que llega a ser siniestra con los Borbones.
Fueron dos siglos de esplendor desde el día de Santo Matías de 1500 hasta el
de Difuntos de 1700 a la muerte de Carlos II el Hechizado. Dos siglos en los
cuales España no ve ponerse el sol bajo sus dominios. Nuestro hombre no sólo
inventa el papel sellado y el cargo de primer ministro - ordena a Felipe IV a
que asista a los consejos a través de un ventanuco- sino al propio Estado. Su
gran afán fue precisamente el desmembramiento de dicho estado. En Barcelona
sofocó con mano firme el levantamiento de los segadores el día del corpus y
se enfrenta en todo momento a los manejes de la sinagoga que es la que
patrocina las guerras de religión. Nuestra derrota en Rocroi marca el
principio del fin de nuestra derrota en los Low Landers pero nuestros tiempos
siguieron allá batallando. La toma de Ostende y de Fuenterrabía serían los
grandes éxitos militares del conde duque mas ya casi en la agonía y desde su
retiro toresano escribe una carta al monarca pidiendole autorización para
levantar gente de leva y ponerse al frente de un ejercito que fuese contra los
lusitanos. El motín lo apoyaba como no la sinagoga de Amsterdam y la corte de
San Jaime gran aliada de Portugal contra España. Se exageró la visión
derrotista de aquel mundo dada nuestra atávica tendencia al auto flagelo.
Cierto que las condiciones de vida en aquella Castilla esquilmada y
dominadora eran miserables pero sin duda mucho mejores que las de los
habitantes de Paris o Londres. Rusia estaba en aquella época en estado semi
salvaje. Cierto que el fanatismo y la superstición la milagrería y la credulidad
raíces acaso de muchos vicios nacionales cañaban estragos en los de arriba y
en los de abajo pero nunca rayó tan alto la cultura española como en los años
del mandato del gran valido de Felipe IV un hombre excesivo dominador
visceral y con las virtudes y defectos de la raza por lo que fue tan adulado
como odiado. Desconocía los términos medios y su carácter pícnico tendía
hacia esa exuberancia del barroco. Por Toral de los Guzmanes y por estos
páramos del viejo reino de León cruza su efigie clásica su silueta tan
distinguida enigmática y prócer. Los guzmanes eran la cifra y el compendio
del señorío. Paradójicamente y siguiendo la tendencia de los Reyes Católicos
también quiere desmochar las torres de los castillos feudales y a los que más
ataca es a los de su estirpe y a los hidalgos de nacencia. De un golpe de
vista comprendió que los males de España arrancan de ese feudalismo que se
transforma en caciquismo y en esa tendencia a las taifas (lo vemos en este
momento en que escribo 2006) Él quiso cortarles los vuelos a los privilegios
porque tenía una idea unitaria de la centralidad del mando. Hubo un tiempo en
el que odiado por los de arriba era venerado por los de abajo a los que con
temple de dictador trata de hacer concesiones y granjerías para hacerles más
llevadera la existencia. Favorece la tutela de los desvalidos fomenta las
obras públicas. Quería ser querido pero más que querido fue temido. Era un
caudillo un dictador. Nada se hacía sin consentimiento. Su verdadera pasión
era el mando. “Ahora todo mío” fue la frase con la que despidió al anterior
valido el Duque de Lerma en el alcázar madrileño. El caciquismo y el
separatismo son males heredados de la lucha de reinos de taifas y de la
guerra civil que enfrentó a la corona y a la nobleza en los tiempos de los
Trastamaras. Lo de las autonomías acaso no sea sino el reverdecimiento de
aquellos instintos puesto que la cabra tira siempre al monte a los que don
Gaspar de Guzmán trató de meter en vereda gobernando por decreto y en
centralista. La alcurnia entonces se le subió a las barbas se le puso de
manos con el mismo brio que el corcel al que le sube don Diego Velázquez para
retratarlo en los encinares del Pardo al fondo el horizonte de las crestas
guadarrameñas. El arte de Apeles alanza altas cotas en este cuadro. Los de su
clase no lo podían ver. No hay peor cuña que la de la misma manera. De los
influyentes nobles - ya se sabe que este tiempo como todos fue gobernado por
las dichosas cien familias- no era bien quisto. Tampoco le amaban las mujeres
que fueron las artífices de su caída y eso no deja de ser fatal en un
político. A Napoleón le ocurría lo mismo. Cuando cruzo en mi automóvil camino
de Asturias por este pueblo terrizo de casas de adobe ródeno [el alma mater
de los palacios hispanos está construido con paja y barro] orillas del Esla
en esa gran recta de cerca de cincuenta kilómetros que va de Benavente hasta
León entono una plegaria por su alma. Dios perdone sus pecados que fueron los
de ansias de poder y de grandeza. Decía un pasquín de la época: “sisas y
alcabalas y papel de estado me tienen desollado”. Pienso que acaso llevara
razón Marañón cuando afirma que el favorito de Felipe IV era un gigante entre
pigmeos. De Toral de los Guzmanes de ahí venimos. Por ahí empezó la cosa.
Miércoles, 27
de septiembre de 2006 y escrito el 7 de julio de ese mismo año
ESPAÑA MI NATURA |
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Posted: 16 Feb 2019 03:58 PM PST
CONDE DUQUE
DE OLIVARES IV CENTENARIO. EL HOMBRE QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO
Antonio Parra El Correo de
Zamora miércoles 1 de abril de 1987 (transcripción 8 de julio
de 2007) Fue hombre que
se adelantó a su tiempo. El gran mentor de Velázquez o la pasión
del poder. Pocos
españoles tan polémicos y de tan brioso rasgo y que hayan dejado en pos una
huella histórica así de señalada como la del Conde Duque de
Olivares. Este año se celebra el cautricentenario del
orto de esta figura que paradójicamente significa el ocaso del imperio
español, la secesión de Portugal, el amotinamiento de Cataluña- recuerdese el
himno de AEls Segadors@-, la quiebra de la hacienda pública, el enojo de
Aragón, la vida disipada de la corte y la miseria del pueblo. En
Flandes se puso el sol.
El nombre de
don Gaspar de Guzmán y Pimentel, Rivera, Velasco y de Tovar- un
godo de cuerpo entero pues a tenor con sus apellidos no pudiera ser
encontrado sangre más limpia y de mayor nombradío en Castilla, a pesar de que
los guzmanes eran de tierra adentro, de León, y luego formarían la cantera de
capitanes de la escuadra española- irá siempre unido al concepto de orgullo
de casta que tienen los españoles, el blasón, la ejecutoria de hidalguía. Es
un apellido equivalente a excelencia. Olivares encarna la pasión
del mando. La apoteosis de la religión y de la
cultura. Decir conde duque es decir también ambición. Y
valido. Fue un ministro plenipotenciario un primer primistro
diríase hoy. Pero conviene advertir que su figura nada hubiera
llegado a ser sin el concurso de los pinceles de Velázquez que lo inmortalizó
en un cuadro ecuestre y dentro de un marco bastante rupestre, el de los
encinares del Pardo, con el caballo a la empinado y la bengala, el chambergo,
los arreos de capitán general. El maestro sevillano hizo de su
persona un retrato psicológico y su obra es cumbre de la
pintura. Cabalgando una alazana que caracolea en la instantanea
que traza el artista. Como marco y bifuminado los chaparros del
monte del Pardo, un coto de caza donde los haya. Su mirada es
penetrante, altanera y casi de brujo. El caballero triunfal parece
que nos domina. Su aspecto imponente hace que el paisaje de la
bella naturaleza retratada pase a segundo plano. No es una bengala
general esca lo que sostiene en la mano diestra (con la siniestra empuña las
riendas) sino un verdadero cetro. Simboliza el poder ejecutivo y
la burocracia. El rey cazaba y firmaba. Don Gaspar
gobernaba. En verdad estre hombre fue el rey de un imperio donde
no se ponía el sol. El más extenso que conocieron los siglos. Aunque
sevillano de origen y romano de nacimiento. Los guzmanes [de gut o
bueno y Mann, hombre en alemán] estuvieron en la conquista de Sevilla por
Fernando El Santo y llevaban aposentados a orillas del Guadalquivir tres
generaciones. Pero, insistimos, su ascendencia era astur leonesa,
la casa solariega en Toral orillas del Órbigo y Toro fue la ciudad que amó
más. Trabajador incansable y fundador de la burocracia y del papel
de estado no había documento que no pasase por sus manos. Subió
mediante intrigas en la corte frente al Duque de Lerma pero el que a hierro
mata a hierro esas mismas intrigas se lo llevaron por delante y acabó
desterrado en sus posesiones de Loeches y acabó su vida de
corregidor. Seguramente hubiera sido un excelente alcalde según es
tradición inveterada en la querida España que produce malos políticos pero
que siempre dio excelentes alcaldes. Quizás por eso a este
sevillano de sangre municipal y espesa la política internacional le venía un
poco grande. O no entendió el mundo o no lo entendieron. Pero
también fue rector de Salamanca a los quince años y un católico a
machamartillo que dio en beato. Se hizo amigo de los jesuitas pero
éstos que no se suelen casar con nadie le pusieron la trabilla y fueron los
que maniobraron su perdida de la privanza. El confesor de la reina
era un padre de esa orden. Dicen sus biógrafos que el de Guzmán
fue mucho mejor alcalde que primer ministro sirviendo un poco así de espejo a
las miserias y grandezas del alma castellana. Empeño, rigor,
abnegación y laboriosidad-despachando negocios a las siete de la mañana- y
austeridad fueron su divisa pero también contumacia, rigidez y escasa visión
política. Aldeanismo se llama esa figura. Don Gaspar tenía madera
de cacique. Lo suyo hubiera sido la vara de corregidor de
Toro. Todo lo demás respecto a su singular figura ya fue contado
por plumas tan egregias como la de Gregorio Marañón que estampa un cuadro
clínico del personaje desmenuzando la personalidad del privado (aunque por ventura
le falte a tan encumbrado clínico y ensayista el sentido del humor puesto que
bien decía Julio Camba de él ADon Gregorio
es un español que no se ríe nunca@) en su piedad
que roza la superstición y en esa intolerancia que le lleva a meter en un
calabozo a Francisco de Quevedo. Ciertamente, puede ser que el
autor de ALos sueños@, según descubrimientos de ciertos archiveros, no
fuera un santo, es posible que lo que le llevara a la cárcel no fuera el
famoso soneto en la servilleta del Monarca sino un caso de alta traición a
favor de los franceses. Quevedo debió de andar metido en una
conspiración en la que participaban los jesuitas que fueron primero sus
amigos y más tarde sus detractores.
Episodios
aparte, al Conde Duque lo han elegido como chivo expiatorio y malo de la
película. Quizás convenga aducir en su descargo que gracias a él
fue posible Velázquez, Quevedo, el gran teatro grande de nuestro siglo de
oro. Es la cumbre del espíritu magnífico de aquella centuria: Lope, Tirso,
Cervantes y también aunque se sitúa en un tiempo anterior, el
Greco. Y ese espíritu es trasladado al lienzo, a los grandes
monumentos, y a la prosa. )Decadencia? Nunca
conoció la nación hispana, (que quiere que
les diga! Puede que la vida de don Gaspar de Guzmán fuera la historia
de una ambición terminada en quimera. Pero esto es la vida misma y
la historia de todos los pueblos.
Nacido en Roma
el día de los Santos Reyes de 1587 hijo segundo de don Enrique de Olivares,
virrey de las dos Sicilias, embajador de España en Roma, contador mayor de
Castilla, cargo en el que sucedió a don Juan de Cuéllar, el protector de san
Ignacio y de Germana de Foix. Todos los títulos de grande de
España, toda la alcurnia, convergen sobre su persona. Sólo le
faltaba a este guzmán el cetro y la corona, aditamentos a los que
aspiraba. Estudió a Salamanca donde casi un adolescente se
convierte en su rector. Felipe III le concede una encomienda y le
confiere el hábito de la Orden de Calatrava. Pese a su piedad, el
joven rector de Salamanca no siente inclinación por las órdenes sagradas y
además es el primogénito. Ama la Iglesia pero le fascina el
poder. Desdeña todas las vanidades de la tierra y hasta, de
acuerdo con lo refiere el embajador italiano Corner, se disciplinaba y hacía
cada día el Ameditatio
mortis@metiendose dentro de un ataúd que tenía aparejado en
sus aposentos. Era un ascético que domeñaba su carne y pudo
someter todos los vicios excepto el de la soberbia. había nacido
para ser hombre de gobierno. Su religiosidad era atractiva y su fe
profunda que aunque supersticiosa con arreglo a los parámetros de la época no
finca en la mojigatería. En su mocedad fue ingenioso y amante del
donaire y bastante continente para lo que era frecuente en aquellos años pues
sólo se le conoce un bastardo al que por cierto testa por
heredero. A su jefe y señor el rey don Felipe IV se le cuentan
noventa y tantos. Ya hablaremos en otra ocasión de la libido del
Cuarto de los Felipes a la que Marañón describe como Afuriosamente uterina@ esto es
insaciable e incontrolable En el año 1607 -hace cuatro siglos por
tanto cuando esto escribo- contrae nupcias con doña Inés de
Zúñiga. Es el momento seguramente más importante de su vida porque
gracias a esta señora -detrás de todo hombre grande suele haber una mujer más
grande todavía- marca el camino de gloria y su ascenso al
poder. Doña Inés una mujer de gobierno tenía vara alta en la
corte. pese a todo el matrimonio lleva una vida monacal y obsesionado con la
descendencia de patriarca bíblico y Dios sólo le daba hijas, y los esposos
buscaban con ahínco un varón heredero, comete algunos
atropellos. Según un cronista de la época, en cierta ocasión, Don
Gaspar y doña Inés hicieron el amor en la iglesias del convento de San
Placido coram populo. Mientras la pareja manos a la obra, un
clérigo atacaba las letanías y las monjas desde el coro cantaba
Vísperas. Desconocemos si doña Inés quedó preñada pues el
amanuense no lo explica pero aquello debió de ser todo un espectáculo y no
infrecuente por cierto puesto que para extender cedula de legitimidad la
noche de bodas en los casamientos regios había un fedatario o fieldefechos
como testigo de cargo durante el coito o los coitos nupciales. En el viejo
Madrid de los Austrias aun se detecta la huella entre piadosa y barrocamente
católica y divertida del gran valido de Felipe IV. El año que
contrae matrimonio recién trasladada la corte a Madrid desde Valladolid don
Gaspar que aparte de primer ministro tenía vocación de alcalde y su sangre
era municipal y espeso da cima a una serie de monumentos que hoy podemos
admirar hoy (el convento de Jesuita, las Descalzas, las carmelitas de Santa
ana y toda una larga ristra de monasterios y de beguinatos, capillas, fiestas
y sobre todo la afición a los toros a los que era muy adicto como buen
jinete. es el Madrid de la sopa boba de los mendigos los picaros, las
cuarenta horas, los triduos, los novenarios, los lazaretos como el de san
Juan de Dios en la calle Atocha, las casas a la malicia y las damas de toldo
y arandela. El de los galanes de monjas, pues por lo visto el
propio rey don Felipe era inclinado a amoríos con novicias. Pero
también merodeaban por allí los alumbrados, los bufones y los
enanos. El Madrid de las sempiternas putas. Quevedo que
debía de frecuentar los lugares a la malicia de la corte se pregunta en una
de sus cartas:)han llegado
irlandesas?. Y es que Madrid como pasaba con Londres era buena casa de
acogida de las muchachas de la Verde Erín como ahora mismo da la bienvenida a
las rumanas, polacas, ucranias y toda esa etnia variopinta que menea las
caderas por la Casa Campo. Era el Madrid del Prado y de los
gays. Otra vez Quevedo, un archivo viviente, nos informa de las
presencias de Anutrido
enxambre de putos y arisméticos, mujeres hombres y hombres mujeres y mujeres
hombres en acciones y pelillos o putos ambigui géneris@. Se daba la alerta de la llegada de
nuevas remesas de profesionales del viejo oficio. Más o menos,
igual que ahora. Lean si no las Zahurdas de Plutón de
Don Francisco de Quevedo y Villegas.
La gente se lo
pasaba bien o eso dicen pues eran días de holganzas por fiestas religiosas y
triduos entreaño, celebraciones como el arribo de la flota a puerto de
Sevilla, bodas y casamientos de infantes y de grandes del Reino, novenarios y
fiestas de toros y cañas que solían celebrarse en la plaza mayor o en el
bosque del buen retiro, el Prado, la ribera del Manzanares. Y
desde la Paloma la primera que Dios envía en agosto hasta San Eugenio por
noviembre de puertas abiertas a los moradores de la corte para ir a coger
bellotas en los montes del Pardo no paraban las romerías, las verbenas, las
procesiones con tarascas y estafermos, los toros y cañas, los galantes paseos
en carroza por el Prado. La ciudad estaba llena de arribistas,
miramelindos, busconas fregatrices que se paseaban en carroza pues querían
ser damas de troníos. La monarquía absoluta y la religión eran el
todo. Alguna celebraciones duraban semanas enteras como la habida
con motivo de los esponsales del príncipe de Gales con una hermana de Felipe
IV, boda que deshizo por cierto el Conde Duque de Olivares llevado por
ciertos escrúpulos religiosos. )Cómo iba a
emparentar su católica y real majestad con un hereje? Hoy suena
extraño tal planteamiento pero por aquellos días esta razón tenía mucho
momento. Total que era un Madrid alegre y confiada donde era fácil
la vida lo mismo que la muerte. )Trabajar? Que
inventen ellos. De los trabajos ínfimos o indecorosos se encargaban
los extranjeros. Había censados muchos vecinos franceses a los que
el pueblo difamaba bajo sospecha de espionaje. El de Olivares
fue temido y odiado a un tiempo, habida cuenta del inmenso poder que
recabara. Los odios y fervores contra él fueron más allá de su
muerte acaecida en Toro el 22 de julio de 1645 según nos dice Marañón.
algunos de sus enemigos, que los tuvo a puñados, quisieron desenterrar su
cadáver y quemarlo en efigie. Se le acusaba de hereje y de
judaizante habida cuenta de que siempre favoreció tanto a los jesuitas como a
los cristianos nuevos. No deja de ser paradójica tal vesania y
puede que las heridas sigan estando abiertas durante no poco tiempo pero en
el caso del conde duque resulta casi inconcebible por él pertenecer a uno de
una de las familias más linajudas. Y en definitiva di ce bastante
de las mentalidad clasista que no racista del español pues aquí mas que el
color de la piel importa tu religión y de aquel mundo de los asuntos de fe y
de las ejecutorias de hidalguía. Fue un hombre,
tras los escarceos de juventud, de un solo amor. Tuvo una
desgracia: no caerle bien a las mujeres. Fueron precisamente dos
de ellas, María de Ágreda la monja visionaria y la reina Isabel, quienes
precipitaron su caída. Hay que volver al estudio psicológico que
sobre la personalidad del gran valido aduce Marañón tratando de explicar esa
inexplicable enemiga que suscitaba en los corazones femeninos.
De acuerdo con
la diagnosis en cuestión, Olivares era del tipo pícnico. Gordo,
fornido, con una tendencia a la calvicie. Estos caracteres son
hiperviriles. Según su teoría, el macho-macho, por oposición al
veleidoso tipo donjuanesco, de una mujer a otra, de brazos en brazos, y de
lecho en leche, es pájaro de un solo nido. Hombre de una sola
mujer como algunas especies de la biología, la tórtola y la cigüeña por
ejemplo, se contrapone al promiscuo. Marañón sostiene que Don Juan
tiene algo de marica o posee al menos rasgos femeniles. Su
virilidad no es del todo firme por eso siempre anda hablando de sus
conquistas. Una jactancia sospechosa pues se suele blasonar la
gente de aquello que carece. El verdadero conquistador amoroso
rara vez explica sus conquistas. Y con su conducta marca la
antítesis de Felipe IV, incontenible adorador de Venus. por contra, al Conde
duque, una vez casado, no se le conoce ni un desliz. Le fue leal a
su doña Inés de Zúñiga y Velasco hasta la muerte. de costumbres austeras e
intachable. Dice Vico que gozaba de una gran salud y eso era debido
a la frugalidad en la mesa. El agua era su bebida pero no es
extraño que debido a las costumbres culinarias de la época acabara
gotoso. Su capacidad de trabajo también era proverbial en un
Madrid donde no pegaba golpe. Se levantaba al alba y a las diez
tenía su conferencia con el Rey, el cual solí asistir a los consejos de
ministros a través de un ventanuco los días que no estaba de caza o
cortejando. Tenía un carácter meticuloso y tajante y todos los
papeles habían de pasar por sus manos, desde la organización de los saraos
hasta la disposición de la flota y las alcabalas. Para recaudar
fondos al erario público inventó el papel del estado y fue muy oneroso en las
tasas y pechas que habían de pagar los de abajo. Esto le hizo
bastante popular con los de abajo. Un maniático de los impuestos
sí pero había que pagar a los soldados. Estaba España embarrancada
en las guerras con Cataluña, con Francia y en Flandes. Se estaba
poniendo el sol desde luego pero duraría mucho aquel ocaso, mucho más que el
que nuestros enemigos los franceses y los ingleses hubieran
deseado. La corona de Castilla seguía siendo la primera potencia
del mundo y un lugar para vivir. se vivía mucho mejor en Madrid incluso el de
los Austrias que en Londres y en Paris donde las costumbres seguían siendo más
barbaras. Siempre llevaron aquellos vida de herejes y en España
seguía luciendo el sol de cierta tolerancia del cachondeo de los jolgorios
pero claro unos llevan la fama y otros cardan la lana. Don Gaspar
de Guzman es un personaje que ofrece bastante carnaza a nuestrros cronistas
de la Leyenda Negra. El lascasismo es un mal que habita entre
nosotros. Así y todo viva España y honra le sea dada al Conde
Duque, el de las ansias de mando y el caballo a la empinada. Es la
otra cara de la moneda o sobrehaz de la figura de Velazques tan solemne y
grande como el Cuadro de las Lanzas. Apoteosis de la pintura que
queda reflejada en este soneto que dedica el poeta Manuel Machado al retrato
de Felipe IV en el Prado pintado por don Diego: Nadie más
cortesano ni pulido que nuestro
rey Felipe, que Dios guarde. Siempre de
negro hasta los pies vestido Es
pálida su tez como la tarde cansado el oro
de su pelo undoso y de sus ojos,
el azul, cobarde Sobre su
augusto pecho generoso ni joyeles
perturban, ni cadenas, el negro
terciopelo silencioso Y, en vez de
cetro real, sostiene apenas con desmayo
galán un guante de ante la blanca mano
de azuladas venas
ESPAÑA MI NATURA |
|
Posted: 16 Feb 2019 03:56 PM PST
CONDE DUQUE DE OLIVARES IV
CENTENARIO. EL HOMBRE QUE SE ADELANTÓ A SU TIEMPO
Antonio Parra El Correo de Zamora miércoles 1 de abril de 1987 (transcripción 8 de julio de 2007) Fue hombre que se adelantó a su
tiempo. El gran mentor de Velázquez o la pasión del poder. Pocos españoles tan polémicos y de tan brioso rasgo
y que hayan dejado en pos una huella histórica así de señalada como la del
Conde Duque de Olivares. Este año se celebra el
cautricentenario del orto de esta figura que paradójicamente significa el
ocaso del imperio español, la secesión de Portugal, el amotinamiento de
Cataluña- recuerdese el himno de AEls Segadors@-, la quiebra de la hacienda pública, el enojo de
Aragón, la vida disipada de la corte y la miseria del pueblo. En
Flandes se puso el sol.
El nombre de don Gaspar de Guzmán y
Pimentel, Rivera, Velasco y de Tovar- un godo de cuerpo entero pues a
tenor con sus apellidos no pudiera ser encontrado sangre más limpia y de
mayor nombradío en Castilla, a pesar de que los guzmanes eran de tierra adentro,
de León, y luego formarían la cantera de capitanes de la escuadra española-
irá siempre unido al concepto de orgullo de casta que tienen los españoles,
el blasón, la ejecutoria de hidalguía. Es un apellido equivalente a
excelencia. Olivares encarna la pasión del mando. La
apoteosis de la religión y de la cultura. Decir conde duque es
decir también ambición. Y valido. Fue un ministro
plenipotenciario un primer primistro diríase hoy. Pero conviene advertir
que su figura nada hubiera llegado a ser sin el concurso de los pinceles de
Velázquez que lo inmortalizó en un cuadro ecuestre y dentro de un marco
bastante rupestre, el de los encinares del Pardo, con el caballo a la
empinado y la bengala, el chambergo, los arreos de capitán
general. El maestro sevillano hizo de su persona un retrato
psicológico y su obra es cumbre de la pintura. Cabalgando una
alazana que caracolea en la instantanea que traza el artista. Como
marco y bifuminado los chaparros del monte del Pardo, un coto de caza donde
los haya. Su mirada es penetrante, altanera y casi de
brujo. El caballero triunfal parece que nos domina. Su
aspecto imponente hace que el paisaje de la bella naturaleza retratada pase a
segundo plano. No es una bengala general esca lo que sostiene en
la mano diestra (con la siniestra empuña las riendas) sino un verdadero
cetro. Simboliza el poder ejecutivo y la burocracia. El
rey cazaba y firmaba. Don Gaspar gobernaba. En verdad
estre hombre fue el rey de un imperio donde no se ponía el sol. El
más extenso que conocieron los siglos. Aunque sevillano de origen y romano de
nacimiento. Los guzmanes [de gut o bueno y Mann, hombre en alemán]
estuvieron en la conquista de Sevilla por Fernando El Santo y llevaban
aposentados a orillas del Guadalquivir tres generaciones. Pero,
insistimos, su ascendencia era astur leonesa, la casa solariega en Toral
orillas del Órbigo y Toro fue la ciudad que amó más. Trabajador
incansable y fundador de la burocracia y del papel de estado no había
documento que no pasase por sus manos. Subió mediante intrigas en
la corte frente al Duque de Lerma pero el que a hierro mata a hierro esas
mismas intrigas se lo llevaron por delante y acabó desterrado en sus
posesiones de Loeches y acabó su vida de corregidor. Seguramente
hubiera sido un excelente alcalde según es tradición inveterada en la querida
España que produce malos políticos pero que siempre dio excelentes
alcaldes. Quizás por eso a este sevillano de sangre municipal y
espesa la política internacional le venía un poco grande. O no
entendió el mundo o no lo entendieron. Pero también fue rector de Salamanca a
los quince años y un católico a machamartillo que dio en beato. Se
hizo amigo de los jesuitas pero éstos que no se suelen casar con nadie le
pusieron la trabilla y fueron los que maniobraron su perdida de la
privanza. El confesor de la reina era un padre de esa
orden. Dicen sus biógrafos que el de Guzmán fue mucho mejor
alcalde que primer ministro sirviendo un poco así de espejo a las miserias y
grandezas del alma castellana. Empeño, rigor, abnegación y
laboriosidad-despachando negocios a las siete de la mañana- y austeridad
fueron su divisa pero también contumacia, rigidez y escasa visión
política. Aldeanismo se llama esa figura. Don Gaspar tenía madera
de cacique. Lo suyo hubiera sido la vara de corregidor de
Toro. Todo lo demás respecto a su singular figura ya fue contado
por plumas tan egregias como la de Gregorio Marañón que estampa un cuadro
clínico del personaje desmenuzando la personalidad del privado (aunque por ventura
le falte a tan encumbrado clínico y ensayista el sentido del humor puesto que
bien decía Julio Camba de él ADon Gregorio
es un español que no se ríe nunca@) en su piedad
que roza la superstición y en esa intolerancia que le lleva a meter en un
calabozo a Francisco de Quevedo. Ciertamente, puede ser que el
autor de ALos sueños@, según descubrimientos de ciertos archiveros, no
fuera un santo, es posible que lo que le llevara a la cárcel no fuera el
famoso soneto en la servilleta del Monarca sino un caso de alta traición a
favor de los franceses. Quevedo debió de andar metido en una
conspiración en la que participaban los jesuitas que fueron primero sus
amigos y más tarde sus detractores.
Episodios aparte, al Conde Duque lo han elegido como
chivo expiatorio y malo de la película. Quizás convenga aducir en
su descargo que gracias a él fue posible Velázquez, Quevedo, el gran teatro
grande de nuestro siglo de oro. Es la cumbre del espíritu magnífico de
aquella centuria: Lope, Tirso, Cervantes y también aunque se sitúa en un
tiempo anterior, el Greco. Y ese espíritu es trasladado al lienzo,
a los grandes monumentos, y a la prosa. )Decadencia? Nunca conoció la nación
hispana, (que quiere que
les diga! Puede que la vida de don Gaspar de Guzmán fuera la historia
de una ambición terminada en quimera. Pero esto es la vida misma y
la historia de todos los pueblos.
Nacido en Roma el día de los Santos Reyes de 1587
hijo segundo de don Enrique de Olivares, virrey de las dos Sicilias,
embajador de España en Roma, contador mayor de Castilla, cargo en el que
sucedió a don Juan de Cuéllar, el protector de san Ignacio y de Germana de
Foix. Todos los títulos de grande de España, toda la alcurnia,
convergen sobre su persona. Sólo le faltaba a este guzmán el cetro
y la corona, aditamentos a los que aspiraba. Estudió a Salamanca
donde casi un adolescente se convierte en su rector. Felipe III le
concede una encomienda y le confiere el hábito de la Orden de
Calatrava. Pese a su piedad, el joven rector de Salamanca no
siente inclinación por las órdenes sagradas y además es el
primogénito. Ama la Iglesia pero le fascina el
poder. Desdeña todas las vanidades de la tierra y hasta, de
acuerdo con lo refiere el embajador italiano Corner, se disciplinaba y hacía
cada día el Ameditatio
mortis@metiendose
dentro de un ataúd que tenía aparejado en sus aposentos. Era un
ascético que domeñaba su carne y pudo someter todos los vicios excepto el de
la soberbia. había nacido para ser hombre de
gobierno. Su religiosidad era atractiva y su fe profunda que
aunque supersticiosa con arreglo a los parámetros de la época no finca en la
mojigatería. En su mocedad fue ingenioso y amante del donaire y
bastante continente para lo que era frecuente en aquellos años pues sólo se le
conoce un bastardo al que por cierto testa por heredero. A su jefe
y señor el rey don Felipe IV se le cuentan noventa y tantos. Ya
hablaremos en otra ocasión de la libido del Cuarto de los Felipes a la que
Marañón describe como Afuriosamente
uterina@ esto es
insaciable e incontrolable En el año 1607 -hace cuatro siglos por
tanto cuando esto escribo- contrae nupcias con doña Inés de
Zúñiga. Es el momento seguramente más importante de su vida porque
gracias a esta señora -detrás de todo hombre grande suele haber una mujer más
grande todavía- marca el camino de gloria y su ascenso al
poder. Doña Inés una mujer de gobierno tenía vara alta en la
corte. pese a todo el matrimonio lleva una vida monacal y obsesionado con la
descendencia de patriarca bíblico y Dios sólo le daba hijas, y los esposos
buscaban con ahínco un varón heredero, comete algunos
atropellos. Según un cronista de la época, en cierta ocasión, Don
Gaspar y doña Inés hicieron el amor en la iglesias del convento de San
Placido coram populo. Mientras la pareja manos a la obra, un
clérigo atacaba las letanías y las monjas desde el coro cantaba
Vísperas. Desconocemos si doña Inés quedó preñada pues el
amanuense no lo explica pero aquello debió de ser todo un espectáculo y no
infrecuente por cierto puesto que para extender cedula de legitimidad la
noche de bodas en los casamientos regios había un fedatario o fieldefechos
como testigo de cargo durante el coito o los coitos nupciales. En el viejo Madrid de los Austrias aun se detecta la
huella entre piadosa y barrocamente católica y divertida del gran valido de
Felipe IV. El año que contrae matrimonio recién trasladada la
corte a Madrid desde Valladolid don Gaspar que aparte de primer ministro
tenía vocación de alcalde y su sangre era municipal y espeso da cima a una
serie de monumentos que hoy podemos admirar hoy (el convento de Jesuita, las
Descalzas, las carmelitas de Santa ana y toda una larga ristra de monasterios
y de beguinatos, capillas, fiestas y sobre todo la afición a los toros a los
que era muy adicto como buen jinete. es el Madrid de la sopa boba de los
mendigos los picaros, las cuarenta horas, los triduos, los novenarios, los
lazaretos como el de san Juan de Dios en la calle Atocha, las casas a la
malicia y las damas de toldo y arandela. El de los galanes de
monjas, pues por lo visto el propio rey don Felipe era inclinado a amoríos
con novicias. Pero también merodeaban por allí los alumbrados, los
bufones y los enanos. El Madrid de las sempiternas
putas. Quevedo que debía de frecuentar los lugares a la malicia de
la corte se pregunta en una de sus cartas:)han llegado irlandesas?. Y es que Madrid como pasaba con Londres
era buena casa de acogida de las muchachas de la Verde Erín como ahora mismo
da la bienvenida a las rumanas, polacas, ucranias y toda esa etnia variopinta
que menea las caderas por la Casa Campo. Era el Madrid del Prado y
de los gays. Otra vez Quevedo, un archivo viviente, nos informa de
las presencias de Anutrido
enxambre de putos y arisméticos, mujeres hombres y hombres mujeres y mujeres
hombres en acciones y pelillos o putos ambigui géneris@. Se daba la alerta de la llegada de
nuevas remesas de profesionales del viejo oficio. Más o menos,
igual que ahora. Lean si no las Zahurdas de Plutón de
Don Francisco de Quevedo y Villegas.
La gente se lo pasaba bien o eso dicen pues eran
días de holganzas por fiestas religiosas y triduos entreaño, celebraciones
como el arribo de la flota a puerto de Sevilla, bodas y casamientos de
infantes y de grandes del Reino, novenarios y fiestas de toros y cañas que
solían celebrarse en la plaza mayor o en el bosque del buen retiro, el Prado,
la ribera del Manzanares. Y desde la Paloma la primera que Dios
envía en agosto hasta San Eugenio por noviembre de puertas abiertas a los
moradores de la corte para ir a coger bellotas en los montes del Pardo no
paraban las romerías, las verbenas, las procesiones con tarascas y
estafermos, los toros y cañas, los galantes paseos en carroza por el
Prado. La ciudad estaba llena de arribistas, miramelindos,
busconas fregatrices que se paseaban en carroza pues querían ser damas de
troníos. La monarquía absoluta y la religión eran el
todo. Alguna celebraciones duraban semanas enteras como la habida
con motivo de los esponsales del príncipe de Gales con una hermana de Felipe
IV, boda que deshizo por cierto el Conde Duque de Olivares llevado por ciertos
escrúpulos religiosos. )Cómo iba a
emparentar su católica y real majestad con un hereje? Hoy suena
extraño tal planteamiento pero por aquellos días esta razón tenía mucho
momento. Total que era un Madrid alegre y confiada donde era fácil
la vida lo mismo que la muerte. )Trabajar? Que
inventen ellos. De los trabajos ínfimos o indecorosos se
encargaban los extranjeros. Había censados muchos vecinos
franceses a los que el pueblo difamaba bajo sospecha de espionaje. El de Olivares fue temido y odiado a un tiempo,
habida cuenta del inmenso poder que recabara. Los odios y fervores
contra él fueron más allá de su muerte acaecida en Toro el 22 de julio de
1645 según nos dice Marañón. algunos de sus enemigos, que los tuvo a puñados,
quisieron desenterrar su cadáver y quemarlo en efigie. Se le
acusaba de hereje y de judaizante habida cuenta de que siempre favoreció
tanto a los jesuitas como a los cristianos nuevos. No deja de ser
paradójica tal vesania y puede que las heridas sigan estando abiertas durante
no poco tiempo pero en el caso del conde duque resulta casi inconcebible por
él pertenecer a uno de una de las familias más linajudas. Y en
definitiva di ce bastante de las mentalidad clasista que no racista del
español pues aquí mas que el color de la piel importa tu religión y de aquel
mundo de los asuntos de fe y de las ejecutorias de hidalguía. Fue un hombre, tras los escarceos de juventud, de un
solo amor. Tuvo una desgracia: no caerle bien a las
mujeres. Fueron precisamente dos de ellas, María de Ágreda la
monja visionaria y la reina Isabel, quienes precipitaron su
caída. Hay que volver al estudio psicológico que sobre la
personalidad del gran valido aduce Marañón tratando de explicar esa
inexplicable enemiga que suscitaba en los corazones femeninos.
De acuerdo con la diagnosis en cuestión, Olivares
era del tipo pícnico. Gordo, fornido, con una tendencia a la
calvicie. Estos caracteres son hiperviriles. Según su
teoría, el macho-macho, por oposición al veleidoso tipo donjuanesco, de una
mujer a otra, de brazos en brazos, y de lecho en leche, es pájaro de un solo
nido. Hombre de una sola mujer como algunas especies de la
biología, la tórtola y la cigüeña por ejemplo, se contrapone al
promiscuo. Marañón sostiene que Don Juan tiene algo de marica o
posee al menos rasgos femeniles. Su virilidad no es del todo firme
por eso siempre anda hablando de sus conquistas. Una jactancia
sospechosa pues se suele blasonar la gente de aquello que
carece. El verdadero conquistador amoroso rara vez explica sus conquistas. Y
con su conducta marca la antítesis de Felipe IV, incontenible adorador de
Venus. por contra, al Conde duque, una vez casado, no se le conoce ni un
desliz. Le fue leal a su doña Inés de Zúñiga y Velasco hasta la
muerte. de costumbres austeras e intachable. Dice Vico que gozaba
de una gran salud y eso era debido a la frugalidad en la mesa. El
agua era su bebida pero no es extraño que debido a las costumbres culinarias
de la época acabara gotoso. Su capacidad de trabajo también era
proverbial en un Madrid donde no pegaba golpe. Se levantaba al
alba y a las diez tenía su conferencia con el Rey, el cual solí asistir a los
consejos de ministros a través de un ventanuco los días que no estaba de caza
o cortejando. Tenía un carácter meticuloso y tajante y todos los
papeles habían de pasar por sus manos, desde la organización de los saraos
hasta la disposición de la flota y las alcabalas. Para recaudar
fondos al erario público inventó el papel del estado y fue muy oneroso en las
tasas y pechas que habían de pagar los de abajo. Esto le hizo
bastante popular con los de abajo. Un maniático de los impuestos
sí pero había que pagar a los soldados. Estaba España embarrancada
en las guerras con Cataluña, con Francia y en Flandes. Se estaba
poniendo el sol desde luego pero duraría mucho aquel ocaso, mucho más que el
que nuestros enemigos los franceses y los ingleses hubieran
deseado. La corona de Castilla seguía siendo la primera potencia
del mundo y un lugar para vivir. se vivía mucho mejor en Madrid incluso el de
los Austrias que en Londres y en Paris donde las costumbres seguían siendo
más barbaras. Siempre llevaron aquellos vida de herejes y en
España seguía luciendo el sol de cierta tolerancia del cachondeo de los
jolgorios pero claro unos llevan la fama y otros cardan la
lana. Don Gaspar de Guzman es un personaje que ofrece bastante
carnaza a nuestrros cronistas de la Leyenda Negra. El lascasismo
es un mal que habita entre nosotros. Así y todo viva España y honra
le sea dada al Conde Duque, el de las ansias de mando y el caballo a la
empinada. Es la otra cara de la moneda o sobrehaz de la figura de
Velazques tan solemne y grande como el Cuadro de las
Lanzas. Apoteosis de la pintura que queda reflejada en este soneto
que dedica el poeta Manuel Machado al retrato de Felipe IV en el Prado
pintado por don Diego: Nadie más cortesano ni pulido que nuestro rey Felipe, que Dios guarde. Siempre de negro hasta los pies vestido Es pálida su tez como la tarde cansado el oro de su pelo undoso y de sus ojos, el azul, cobarde Sobre su augusto pecho generoso ni joyeles perturban, ni cadenas, el negro terciopelo silencioso Y, en vez de cetro real, sostiene apenas con desmayo galán un guante de ante la blanca mano de azuladas venas
8 de julio de 2007 |
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