lunes, 22 de agosto de 2016

EPIQUEYA Y CORDURA ES LO QUE HACE FALTA EN NUESTRO PERIODISMO


EPIQUEYA CARTA A UNA GRAN MUJER Y PROFESIONAL DEL PERIODISMO DOÑA TERESA HERRANZ DE CONTRERAS, NIETA DEL MARQUÉS DE LOZOYA

 

Querida directora Teresa:

Hace ya muchos años, otoño de 1966 tu abuelo el Sr. Marqués de Lozoya dio una conferencia en la Escuela de periodismo sobre reconstrucción de monumentos, yo le hablé de la ermita de san Vicente del pueblo de mis padres que desconocía pero me dijo todo lo que es románico tiene un valor incalculable y hay que salvarlo (palabras textuales) Creo que él desde el Cielo se habrá alegrado este reportaje sobre el día de san Bernardo en Fuentesoto.

A la sazón era una cuadra y estaba en ruinas. Hoy se ha salvado mediante su reconstrucción. El marqué de Lozoya fue el adalid y el pionero de estas campañas y gracias a tu abuelo le debemos este patrimonio ARTÍSTICO GLORIOSO que es base de la riqueza turística de la ciudad y, gracias a ti, el que uno de los periódicos más antiguos del periodismo español siga a pie de obra cuando tantas publicaciones han fenecido RESULTA UN HECHO QUASI MILAGROSO. Es una pátina y una solera de la que carecen muchos y que nos honra.

Periodista profesional, me gané los gabrieles en esta hermosa dura profesión y admito que estamos en crisis pero ¿por qué?

Yo creo que por la baja calidad del producto.

Sólo a fuerza de chorros de dinero que manan  de Dios sabe donde se mantienen algunas cabeceras de prestigio que sufren la competencia de las Redes pero un periódico de calidad puede beneficiarse de esta sociedad interactiva, donde la información, que es poder, ha sustituido a la sociedad de la producción. Es en el campo de la información donde se está dando la batalla de apertura de mercados.

El Adelantado mantiene su pátina y el pedigrí centenario; su fabulosa hemeroteca electrónica que es el paraíso de los archiveros e historiadores de los que día a día manejan el mundo de la información. Yo quisiera anunciarles a todos los segovianos lo siguiente: cada mañana llega a sus quioscos un buen diario confeccionado y maqueteado —gracias, amable, directora por haber resucitado la figura del corrector de pruebas que fue el compañero de viaje de los viejos periodistas que escribimos tan deprisa y a veces cometemos errores— por buenos profesionales que aman y se desviven por el progreso y el bienestar de su ciudad. Dilo en la redacción.

Desde el punto de vista de la jurisprudencia, epiqueya, según el diccionario, significa la interpretación moderada y clemente según las circunstancias personales de tiempo lugar y circunstancia de las leyes. Cela diría que donde falta epiqueya sobra desmelenamiento y esa epiqueya como informadora y como mujer al frente de uno de los vespertinos con mayor prestigio de nuestro gaceterismo te caracteriza y engrandece.

El acceso a las profesiones liberales (abogacía, medicina, mundo de la empresa cirugía, aeronautita, fuerzas armadas) ha sido una de las grandes conquistas de la sociedad española. Ahora bien si todas las candidatas al sacerdocio fueran como Teresa Herranz Contreras, yo, romano pontífice, no tendría ninguna inconveniencia de hacerlas diaconisas, presbíteras e incluso obispas, pero debajo de esta maniobra subyace, a mi juicio, una trampa, con la entrega al Papa de un caramelo envenenado de las “Fem”. Casi parece un ultimatum.

La ley divina y la ley natural a veces van juntas pero otras veces se cruzan y discurren por sendas diferentes. Tengo para mí que los problemas de la iglesia no se resolverían permitiendo que las hembras cantaran misa.

Son mucho más profundos que eso; paulatina descristianización, negación de los misterios que convierten en sagrada la misión de cualquier religión, la secularización, la paganización y el dogmatismo de los políticamente correctos que a mí, que soy segoviano y algo comunero y siempre fui por lo libre, me recuerdan malos modos antiguos y empapelamientos del Santo Oficio. Esas no son formas, hombre, no metáis al pobre Papa Francisco al que solo utilizáis cuando os interesa en un trágala. Dejemos que obre la gracia y el soplo del Espiritu. Epiqueya, pues.

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