lunes, 24 de octubre de 2016

REUNION DE LOS SEMINARISTAS VETERANOS 2016


LA REUNION DE OCTUBRE 2016 SEMINARIO

 

 


 

 

Éramos doce apóstoles esta vez y a tu casa hemos llegado veinticinco caballeros y uno me dijo creo que fue el latinista Nequaquam que mal cantas pero que bien escribes y me negaron el derecho a entonar n viejo responso o kadish por el difunto cura de Abades que este año el pobre no acudió a la cita le dio un infarto una semana antes. Bueno eso ya me pasó la primera vez cuando el que hacía de preste me cortó cuando cantaba el símbolo de la Fe el credo de Nicea en esas estamos y otro les dijo a los comensales de cachondeo y como si yo fuera un iluso mirai tiene un blog y luego voy en un arranque de coraje y como por venganza escribo una novela. Mi Seminario Vacio es un libro algo profético apéndice sinóptico de muchos males que afligen a la iglesia desde el concilio y no entro más en detalle que yo a lo mío siguiendo mi camino rezando por los que me maldicen ofreciendo la otra mejilla a los que me sacuden si me piden el manto les doy la camisa y si me suplican que les acompañe un kilómetro voy con ellos hasta Compostela es un decir pero entre mis pipis hay gente buena y muy lista los mejores de todos no son los que entonces eran los primeros de la clase que a esos les zurró bien la vida sólo triunfaron los que por aquellos días nos parecían del montón sin alcanzar la categoría de mediocres. Los que llegaron a dar con la cabeza en un pesebre. Lo pasamos bien comimos mal en el restaurante los camareros servían tiznados de tatuajes iban con coleta debían de ser de Podemos Possumus Non Possumus Yes you can. Sabemos de dónde venían los sirvientes. El pincerna contemplaban los machones de la ataujía morisca labrada en el techo del viejo monasterio hace seis siglos. Cantamos a la Virgen el Veni Creator y dimos el benedicamus Domino con que el presidente de semana o refitolero ordenaba romper silencio en el refectorio y hablar por los codos. Me alegró mucho encontrarme con mi compañero de terna Jesús de Pablo y con mi amigo Virseda. En medio del cenáculo se alzó la voz de la memoria y aunque no reconocíamos al niño que fue se notaba la presencia de un cariño fraternal. Allá había algo.

 

 

 

 

 

 

 


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